jueves, 9 de agosto de 2012

¿Qué fue el estalinismo?


¿Qué fue el estalinismo?
Terrorismo político incesante, omnipresente y casi omnipotente Imprescindible falsificación de su propia naturaleza Capitalismo de Estado dirigido por el Partido-Estado y militarización del trabajo
Agustín Guillamón | Balance. Cuadernos de historia | 30-11-2008 a las 5:09 | 8415 lecturas | 3 comentarios
El estalinismo fue una ideología totalitaria, fundamentada en el culto a Stalin, que utilizaba un lenguaje marxista, y se reclamaba (y legitimaba) como continuidad de las tesis de Marx, Engels y Lenin.
A la muerte de Stalin, los dirigentes del Estado soviético y del PCUS, criticaron las “desviaciones” provocadas por el culto a la personalidad de Stalin. El regreso a una dirección colectiva del PCUS y de la URSS era suficiente (en 1956) para resolver los errores más graves del despotismo de Stalin, denunciados por Kruschov en el XX Congreso del PCUS.
A los herederos de Stalin les bastaba, en 1956, con introducir los principios democráticos en la dirección colectiva del PCUS para declarar que todo estaba arreglado. Para ellos Stalin fue un fenómeno monstruoso, pero ACCIDENTAL, y en todo caso las manifestaciones perversas del sistema estalinista, debidas al culto a la personalidad, se difuminaban y empequeñecían frente a los “gloriosos logros” del sistema soviético. (Para una ampliación de todo esto es muy útil la consulta del tomo III de Kolakowski,  pp. 15-55).
Los errores y horrores de Stalin se limitaban, según los herederos y sucesores estalinistas, al período que iba desde principios de los años treinta hasta su muerte en 1953.  Esta fue la explicación de los estalinistas sin Stalin, que a nadie convenció, pero que sirvió a todos para echar las culpas a un sólo individuo y enterrar todo el período estalinista bajo el cerrojo del olvido, la amnesia y el palimpsesto.
Para un análisis marxista del estalinismo, tenemos a dos excelentes militantes y teóricos marxistas: Munis y Bordiga.
Bordiga (asesorado por Trotsky) se enfrentó a Stalin (asesorado por Togliatti) en el IV Congreso de la IC y tiene varios escritos de crítica del estalinismo: “Diálogo con Stalin” y “Diálogo con los muertos”. Pero la mejor crítica del estalinismo está en Munis (en su libro Partido-Estado-Revolución, reeditado por Muñoz Moya ediciones).
La mejor y más precisa definición del estalinismo es la que hace Munis, que intentaré resumir aquí brevemente. Según Munis, las características de la contrarrevolución estalinista fueron:
1.- Terrorismo político incesante, omnipresente y casi omnipotente.
2.- Imprescindible falsificación de su propia naturaleza contrarrevolucionaria, y de la naturaleza de sus enemigos, especialmente de los revolucionarios.
3.- Explotación de los trabajadores, mediante un capitalismo de Estado, dirigido por el Partido-Estado, que militarizó el trabajo.
Entre los intelectuales burgueses, puede establecerse una especie de escala cronológica en la denuncia del estalinismo, que se centra sobre todo en determinadas fechas conflictivas (insurrección húngara de 1956, o checa de 1968)…. Sartre, Camus,  Merleau-Ponty y un largo etcétera, ante el que cabe preguntarse por qué unos se “despiertan” en 1968 y no antes, en 1956, o por qué no con Orwell en 1937. La respuesta suele ser siempre la misma: oportunismo y ventajas que suponía la tolerancia respecto al estalinismo, con masivas militancias en los PC francés e italiano, y sus evidentes horrores.
Por otra parte, la denuncia del estalinismo suele detenerse en Lenin. Véase por ejemplo el propio Bordiga en su artículo “Lenin en el camino de la revolución” escrito a la muerte de Lenin en 1924, o el de los años sesenta sobre la respuesta a Lenin en su acusación de izquierdismo a las Izquierdas Comunistas alemana e italiana (que incluía al mismo Bordiga).
Fue la Izquierda germano-holandesa (Herman Gorter, Anton Pannekoek, Karl Korsh, Otto Rühle, Jan Appel, etcétera)  espléndidamente traducida al español en varios libros de Ediciones Espartaco Internacional, quien hizo la crítica marxista más temprana y radical al estalinismo y al leninismo.
Es indudable que las raíces del estalinismo se encuentran en la concepción leninista del partido, así como en el wilsoniano  “derecho de las naciones a la autodeterminación”,  propugnado también por Lenin, y por supuesto en el fracaso de la revolución internacional en Alemania, en 1919.
Sobre la crítica a la concepción del partido, y a la pretensión de extender las tácticas rusas a Europa occidental, véase la carta de Gorter a Lenin y sobre todo la crítica rigurosa y fundamental de Pannekoek en Lenin filósofo.
Par una crítica de la concepción leninista y estalinista del nacionalismo véase el texto de Pannekoek, titulado “Lucha de clase y nación” y el de Gorter “El imperialismo, la guerra y la socialdemocracia” (ambos en el libro Contra el nacionalismo de Espartaco).
El enfrentamiento de la Izquierda germano-holandesa con Lenin, en el seno de la III Internacional, era el encontronazo de los marxistas internacionalistas contra un Lenin, nacionalista ruso, imbuido en la tradición y terminología marxista, pero que había abandonado el pensamiento marxista en núcleos esenciales del pensamiento de Marx:
1.- La liberación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores, que adquieren su conciencia en la propia experiencia histórica, sin necesidad de que unos intelectuales burgueses, desde el exterior de la clase obrera, y ajenos a ella, les enseñen la teoría marxista.
2.- El proletariado es internacional e internacionalista, y no tiene que reconocer ningún “derecho” burgués a la autodeterminación. La lucha de clases y la revolución proletaria serán de ámbito mundial, o no serán. 
3.- La revolución rusa de 1917 debía someterse a los intereses del proletariado internacional, y no como sucedió, bajo presión de Lenin y los bolcheviques, que consiguieron someter la Internacional a los designios e intereses de la revolución nacional rusa y de su capitalismo de Estado. Bordiga denunciaba esto como “inversión de la pirámide” (esto es la Internacional sometida a los intereses nacionales del PC de Rusia).
4.- El parlamentarismo y el sindicalismo en Europa occidental han sido absolutamente superados en 1917, donde sólo podían ser   ya instrumentos de sumisión del proletariado. La táctica que Rusia impuso a la Internacional Comunista, de usar parlamento y sindicatos. era absolutamente nefasta en Europa occidental. Esa imposición debió mucho a Lenin, y fue una de las características del leninismo.                                                                                                                                            *
La grandeza del Octubre Rojo radica en que es la primera revolución proletaria de la historia, la primera vez en la que el proletariado tomó el poder, derrocando el gobierno de la burguesía. La revolución comunista sólo podía ser mundial, y fracasó en Rusia cuando se produjo la derrota del proletariado revolucionario en Alemania y la revolución soviética quedó aislada.
Este aislamiento, unido a las catástrofes de la guerra civil, el caos económico, la miseria y el hambre, magnificaron los terribles errores de los bolcheviques, entre los que destacaba la identificación entre Partido y Estado, que condujeron al triunfo inevitable de la contrarrevolución estalinista, desde el seno del propio partido bolchevique que había impulsado la revolución soviética de Octubre de 1917. La contrarrevolución estalinista fue pues de carácter político, destruyó toda oposición política e ideológica, reprimió duramente movimientos y grupos proletarios, indudablemente revolucionarios, y persiguió hasta el exterminio físico a quienes manifestaron la menor disidencia, ya fuera dentro o fuera del partido único bolchevique. En Rusia, el proceso revolucionario iniciado en 1905, obtuvo su primer éxito con la revolución democrática de Febrero de 1917, que derrocó al zar e instauró una república democrática, pero no se quedó a medio camino y llegó hasta el final con la insurrección de Octubre de 1917 en Petrogrado, en la que los soviets tomaron el poder, desplazando a la burguesía del aparato estatal.
La contrarrevolución estalinista fue pues de carácter político, y se encarnó en el monopolio del poder por el propio partido bolchevique, en las medidas de nacionalización y concentración económica estatal (capitalismo de Estado) y en la transformación del Partido bolchevique en un Partido-Estado.
Lejos de ser un banal golpe de Estado, como miente la clase dominante, la revolución de Octubre es el punto más alto que ha alcanzado hasta ahora la humanidad en toda su historia. Por primera vez la clase obrera tuvo el valor y la capacidad de tomar el poder, arrebatándoselo a los explotadores, e iniciar la revolución proletaria mundial. 
Aunque la revolución pronto iba a ser derrotada en Berlín, Munich, Budapest y Turín, aunque el proletariado ruso y mundial tuvo que pagar un precio terrible por su derrota: el horror de la contrarrevolución, otra guerra mundial, y toda la barbarie sufrida bajo los  estados totalitarios estalinistas; la burguesía todavía no ha sido capaz de borrar la memoria y las lecciones de este formidable acontecimiento.
El peor legado del estalinismo ha sido su perversa utilización de la ideología marxista-leninista como desarrollo ortodoxo del “marxismo”, que quedaba así invalidado y desprestigiado como teoría de la revolución proletaria. El leninismo usó un lenguaje marxista para justificar unos regímenes totalitarios, que nada tienen que ver con los análisis de Marx, efectuados entre 1844 y 1883, sobre el capitalismo y la explotación del proletariado. El propio Lenin, en sus concepciones y análisis sobre el partido, los nacionalismos, la revolución rusa, etcétera, se enfrentó frontalmente a otros teóricos marxistas, como Luxemburg, Bordiga, Gorter, Pannekoek, que denunciaron muy tempranamente las peores aberraciones del leninismo.
La concepción leninista del partido considera que la clase obrera es incapaz de alcanzar una conciencia que vaya más allá de chatas concepciones sindicalistas y reformistas. El partido ha de inocular, desde fuera de la clase obrera, la conciencia socialista y revolucionaria. Tal concepción, como demuestra Pannekoek en “Lenin filósofo” (editado en Ediciones Espartaco), es ajena a Marx, que afirmó claramente que “la emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores”.
El derecho (burgués) de las naciones a la autodeterminación, propugnado por Lenin, introduce la ideología nacionalista como objetivo fundamental del proletariado en la lucha por su emancipación. Tal y como debatió Rosa Luxemburg con Lenin, la ideología de liberación nacional de los pueblos oprimidos es una ideología burguesa, absolutamente ajena a la lucha de clases y a la emancipación del proletariado (véase los libros de María José Aubet sobre Luxemburg, editados por Anagrama y El Viejo Topo).
Las tácticas utilizadas por los bolcheviques en Rusia no eran generalizables a la situación existente en Europa occidental, donde los partidos comunistas propugnaban tácticas antiparlamentarias y antisindicales, que fueron condenadas dogmáticamente por Lenin. Véase (en Ediciones Espartaco) la “Carta abierta al camarada Lenin”, que Gorter escribió como respuesta al folleto leninista “El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”.
Existe, pues, todo un corpus marxista, que denunció no sólo la barbarie totalitaria de los regímenes estalinistas y fascistas, sino también algunas de las peores aberraciones teóricas del leninismo: ésa es la herencia irrenunciable que nos han entregado las distintas fracciones de la izquierda comunista.
Ni la ideología leninista, ni el totalitarismo estalinista, son marxistas. Por marxismo hay que entender la crítica de la economía política del capital, efectuada por Marx a mediados del siglo XIX, su método de investigación, y la teorización de las experiencias históricas del proletariado (Manifiesto comunista, El Capital, 18 Brumario, etcétera), proseguidas por Engels, Luxemburg, y la izquierda comunista (rusa, italiana y germano-holandesa). Esta izquierda comunista estaba formada por pequeñas fracciones que, en duras condiciones de aislamiento y persecución física y política, criticaron, usando el método marxista, y en la práctica de la lucha de clases, las tergiversaciones de la Tercera Internacional, y del totalitarismo estalinista y fascista.
La crítica marxista de los regímenes estalinistas, resultado del análisis teórico y de la lucha de estas fracciones de Izquierda Comunista en el seno de la propia Internacional Comunista, que definieron con mayor o menor claridad a esos regímenes como capitalismo de Estado, se encuentra en la bibliografía abajo indicada. 
Agustín Guillamón. 
Bibliografía 
Appel; Gorter; Laufenberg; Meyer; Pannekoek; Pfemfert; Rühle; Reichenbach; Schwab; Wolfheim y otros: Ni parlamento, ni sindicatos: ¡Los Consejos obreros! Los comunistas de izquierda en la Revolución alemana. Ediciones Espartaco Internacional, Barcelona, 2004.
Aubet, María José: Rosa Luxemburg y la cuestión nacional. Anagrama, Barcelona. 1977.
[Bordiga, Amadeo]: Las grandes cuestiones históricas de la revolución en Rusia. Partido comunista internacional, Madrid, 1997.
Gorter; Pannekoek: Contra el nacionalismo, contra el imperialismo y la guerra: ¡Revolución proletaria mundial! Ediciones Espartaco Internacional, Barcelona, 2005.
Gorter; Korsh; Pannekoek: La izquierda comunista germano-holandesa contra Lenin. Ediciones Espartaco Internacional, Barcelona, 2004. [Contiene la “Carta abierta al camarada Lenin”, de Gorter y “Lenin filósofo” de Pannekoek].
Luxemburg, Rosa: La revolución rusa. Anagrama, Barcelona, 1975.
Luxemburg, Rosa: La cuestión nacional. Traducción y prólogo de María José Aubet. El Viejo Topo, Barcelona, 1998.
Mett, Ida: La Comuna de Cronstadt. Crepúsculo sangriento de los Soviets. Ediciones Espartaco Internacional, Barcelona, 2006.
Munis, G.: Revolución y contrarrevolución en Rusia. Muñoz Moya, Llerena, 1999.

Aportación al artículo mía


Desglose
La izquierda bolchevique y el poder obrero 1919-1927, por Michel Olivier, libro de140 páginas
Los nacionalismos contra el proletariado Carlos Marx  Federico Engels, libro de 151 páginas
El materialismo histórico, explicado a los obreros por Hermann Gortes (Stuttgor 1913)
Las diversas tácticas en el movimiento obrero por Anton Pannekoek (Hamburgo 1909)
Libro de 302 páginas
Herman Gorter  Anton Pannekoek, libro de 290 páginas
Contra el nacionalismo, contra el imperialismo y la guerra: ¡Revolución proletaria mundial!
Jan Appel, Hermann Gorte, Heinrich Laufenberg, Ludwig Meyer, Anton Pannekeor, Franz Pfemfert, Otto Ruhle, Berhrd Reichenbach, Alexander Achwab, Fritz Wolffheim y otros
Ni parlamento ni sindicatos: ¡Los consejos obreros! Libro de 355 páginas
Claude Bitot
Investigando sobre el capitalismo llamado triunfante, libro de 142 páginas
Claude Bitot
El comunismo no ha empezado todavía, libro de 341 páginas
Tratado de Brest- Litovsk de 1918
Frenazo a la revolución, por Guy Sabater, libro de 213 páginas
Barricadas en Barcelona
La CNT de la victoria de julio de 1936 a la necesaria derrota de mayo de 1.937
Agustín Guillamón libro de 302 páginas
Ida Mett
La Comuna de Cronstadt
Crespúsculo sangriento de lo soviets, libro de 139 páginas
Gorter; Korsh; Pannekoek: La izquierda comunista germano-holandesa contra Lenin. Ediciones Espartaco Internacional, Barcelona, 2004. [Contiene la “Carta abierta al camarada Lenin”, de Gorter y “Lenin filósofo” de Pannekoek].
H. Gorte K. Korsch   A.Pannkoeh
La izquierda comunista germano-holandesa contra Lenin
Gills Davé y FranÇois Martin
Declive y resurgimiento de la perspectiva comunista
                                              Leon Trosky
Informe de la delegación siberiana, seguido ideología y lucha de clase por Pirre Guillaum y
El “renegado” Kautsky y su discípulo Lenin por Jean Barrot
Obras escogidas  de Rosa Luxemburgo



Culpar de la crisis a la política y los políticos es un discurso fascista



Culpar de la crisis a la política y los políticos es un discurso fascista

Por Gustavo Vidal Manzanares   miércoles, 01 de Agosto de 2012 17:54
Para que el fascismo aterrice es preciso, en primer lugar, desprestigiar la política y motejar a todos los políticos de "ser lo mismo"...
Intuyo que desde siniestras atalayas se ha disparado la siguiente consigna: la culpa de la crisis corresponde a los políticos y a la política, “los políticos nos han metido en esto”, etc, así como otros tópicos
Pues bien, sabemos que los tópicos constituyen el recurso más fácil para quien desea eludir la angustia inherente a la reflexión....
                         LOS VERDADEROS CULPABLES
 Lamentablemente estos lugares comunes comienzan a calar. Y eso me resulta muy sospechoso toda vez que nos encontramos inmersos en una crisis de origen financiero (hasta el presidente de EEUU lo ha reconocido) donde la fuga de capitales alcanza, en España, la cifra de 163.185 millones de euros, tan solo hasta mayo.
   Además, el fraude fiscal se eleva a 90.000 millones de euros al año, equivalente a más de 60 veces el  presupuesto total del Ministerio de Justicia, y a más de mil veces el supuesto ahorro que la condesa Esperanza Aguirre pretendía “vender” con el despido de miles de profesores interinos de la enseñanza pública.
   Pues bien,  este robo a las arcas públicas es perpetrado, en casi un 75%, por empresas agrupadas en torno a la CEOE.  Conviene resaltar que el 25% de nuestro Producto Interior Bruto no se declara a Hacienda, se pierde en los pudrideros del dinero negro. Y los reyes de esas fosas sépticas son de nuevo las grandes fortunas y empresas las cuales, por cierto, apenas generan empleo.
   Mientras tanto se distrae a la opinión pública con las dietas de los diputados, coches oficiales, etc. Asuntos que bien podría revisarse, pero que constituyen el chocolate del loro frente a lo anterior y que sirven para ocultar a los verdaderos causantes de la actual situación.

COMO DECÍA MANUEL FRAGA IRIBARNE…
 Tras lo anterior he de añadir—por más que moleste a amigos con responsabilidades políticas—que el nivel medio de los políticos españoles parece decrecer vertiginosamente desde hace años.
    Sin embargo, como enseñaba Manuel Fraga, “la política es y debe ser la más noble de las ocupaciones”.
   Y cito a este político conservador por tres motivos: 1. No deseo ser tachado de sectario, 2. También opino que la política es y debe ser la más noble de las ocupaciones.
   Y el tercer motivo es el que me parece más importante: la mayoría de las voces que claman por la reducción de la política y los políticos entonan, sin saberlo, un discurso simplemente fascista, esto es el desprestigio de la política en la toma de decisiones. De ahí al surgimiento de un duce, führer o caudillo distan pocos centímetros…
    ¡Pero si lo que necesitamos, como el cuerpo a la sangre, es más política y políticos (de calidad, obviamente) para embridar a las finanzas, la banca, el fraude, el capital especulativo…!
NO NOS DEJEMOS MANIPULAR
 Difícilmente va a conseguirse meter en cintura a  quienes nos arruinan (bancos, especuladores, grandes empresas defraudadoras, fortunas que evaden capitales, etc.) si se desprestigia la política. Sobre todo cuando la denigración se basa en medias verdades. Por ejemplo: “En España hay más de 400.000 políticos, mientras que bomberos, médicos, profesores…”.
    Sí, puede que lo anterior sea cierto, pero ¿por qué no se cuenta toda la verdad? A saber: “En España hay más de 400.000 políticos… ¡de los cuales más del 80% no solo no cobra ni un céntimo, sino que la actividad política les cuesta tiempo, dinero y energías!
   Ciertamente, arribistas, trepas, pillos, corruptos y profesionales del chupoptorio han desprestigiado la política. Cabe, pues, preguntarse: ¿debe mejorarse el nivel de los políticos? Sin duda; ¿deben restringirse los gastos y eliminar los superfluos? Por supuesto; ¿deberían los políticos—especialmente los de izquierda—haber frenado la codicia de “los mercados”? La única respuesta es sí.
   Ahora bien, ¿por qué los cañonazos apuntan hacia la política y los políticos cuando nos encontramos ante una crisis económica, especulativa y financiera?
   Entiendo que por dos motivos. El primero es palmario: las fuerzas políticas, especialmente las de izquierda, no han podido, no han sabido o no se han atrevido a plantar cara al capital (llamado ahora “los mercados”) y han transitado por un pastiche de socialismo-liberalismo abocado al fracaso a medio plazo. Bien, ya hemos entrado en el medio plazo.
    El segundo motivo, lamentablemente, permanece maliciosamente eclipsado tras el marasmo de voces y opiniones contrapuestas: a los poderes financieros especulativos les estorba la democracia. Odian la transparencia y la ley que impide o limita sus abusos a los débiles. Abominan de la participación ciudadana en ayuntamientos, comunidades autónomas, Estados, y desean reducir esta participación a un tamaño fetal.

LA POLÍTICA ES EL INSTRUMENTO PARA CAMBIAR Y MEJORAR LA SOCIEDAD
     El desprestigio a la política, con la coartada de las actitudes  indeseables de algunos políticos, forma parte de la hoja de ruta de banqueros, especuladores, defraudadores, grandes empresarios sin alma y, por desgracia,  este itinerario infame es secundado por  normes e ingenuas masas de ciudadanos.
    Pues bien, desde aquí quiere proclamar que a muchos jamás lograrán engañarnos y que desde nuestras modernas trincheras mediáticas intentaremos desenmascararlos. Nunca nos doblegarán y no hay suficiente oro en el mundo que pueda comprarnos.
   Y esto es así porque gracias a lo política y a políticos abnegados se logró todo lo que tenemos: el sufragio universal, los Derechos Humanos, las vacaciones pagadas, la jornada de ocho horas, la supresión del trabajo infantil, el derecho a la sanidad y educación pública, gratuita y universal,  el acceso a la cultura y el conocimiento, los derechos de mujeres, ancianos y niños…
    Gracias a la política y a políticos valientes se ha conseguido todo lo que permite que la vida sea vivida. Hoy, la codicia de unos pocos y la ingenuidad de muchos puede demoler las piedras del sagrado edificio del bienestar construido con la sangre, la angustia y el sudor de políticos de fuego y de una política como la más noble de las actividades.
    Pero, ¿sabéis una cosa? Parafraseando al premio Nobel masón Rudyard Kipling: “Si ves que las cosas por las que diste tu vida se han deshecho, agáchate y comienza a construirlas de nuevo”.
   Y, ¿sabéis otra cosa? Eso, justamente eso, es lo que vamos  a hacer.

Reflexiones sobre la crisis actual. Un análisis con perspectiva de clase / Graco Pérez


Reflexiones sobre la crisis actual. Un análisis con perspectiva de clase / Graco Pérez

Posted on 2012/07/23
Graco Pérez // Blog O ellos o nosostros // La crisis actual no se inscribe en el vacío, sino que ocurre como una etapa más de un determinado proceso. Para empezar, hay que distinguir las crisis que podríamos llamar “normales” en el capitalismo, las fases recesivas del ciclo de negocios, como dicen los economistas burgueses. Esta no es de ese tipo: es una crisis en que todo el edificio del capitalismo se tambalea, es una crisis estructural, como la de 1929, o como lo fue, quizás no tan grave, la de los años 70.
Pero incluso siendo una crisis estructural, tiene unas características peculiares, porque ocurre como una fase de un proceso histórico específico. Un régimen social, digamos el capitalismo, es estable cuando hace progresar la sociedad, cuando lleva a la sociedad hacia delante, cuando, se viva hoy bien o mal, los diferentes sectores sociales tienen la seguridad de que mañana se estará mejor, quizás pasando por etapas de dificultades, pero la tendencia es clara. Entonces, las diversas clases sociales prestan su confianza y su apoyo a la clase dominante, a la clase social que está al frente de ese proceso y dirige al conjunto de la sociedad, y al hacerlo consolidan y refuerzan dicho sistema. Por eso, en esas condiciones, cuando cada generación ve que vive mejor que la anterior, y que las posteriores vivirán aún mejor, el régimen social del que se trate, en nuestro caso el capitalismo, es estable. El apoyo social hacia la clase dirigente legitima y consolida su poder. Pueden venir todas las crisis que se quiera, que mientras sean vistas como una simple etapa de dificultades temporales dentro de una tendencia general a mejorar, no erosionarán el orden social ni el poder de la clase dominante.

Pero todo régimen social tiene sus límites a los que llegará antes o después. Como explicaba Marx, antes o después el desarrollo de las fuerzas productivas chocará contra los límites del marco que ha hecho posible dicho desarrollo, entrará en conflicto con el modo de producción. Entonces, las clases dominantes, para mantener su poder, su dominación sobre la sociedad, para tratar de contener las fuerzas productivas en desarrollo dentro de los límites del modo de producción, o en palabras más sencillas: para tratar de contener el desarrollo de las fuerzas económicas y los nuevos impulsos en la economía y las relaciones sociales sin que rompan el sistema social, el capitalismo en nuestro caso, comienzan una labor de zapa contra la sociedad. Ese conflicto entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el modo de producción, significa que dicho modo de producción es cada día más ineficiente. En un nivel superior, esto significa que las clases dominantes, para mantener su situación de dominio y de privilegio, e incluso aumentarlos, comienzan, no a impulsar hacia delante la sociedad, sino a devorarla, a desmantelarla, para así tratar de mantener dicha eficiencia.
Es entonces, cuando la clase dominante y el sistema de organización social sobre el que impera impulsa a la sociedad no hacia delante, sino hacia peor; cuando cada generación, no de la clase dominante, sino del resto de clases y sectores, de la masa de la población, ve que cada generación vive no mejor que la anterior, sino peor. Cuando la clase dominante desmantela los mecanismos de reproducción social: servicios, medios de vida de los trabajadores mediante disminución del salario real, educación, sanidad… y lo hace con el único fin de subsistir como tal clase dominante y salvar el orden social, lo que ocurre es que las clases dominadas, en cuanto toman conciencia de que no se trata de una malhadada etapa de dificultades, sino de que es la tendencia del desarrollo social impuesta por el sistema social vigente, dejan de tener razones para apoyar el sistema social, para apoyar a la clase dominante. Entonces se entra en la etapa de inestabilidad social, en la etapa de las revoluciones.
El desarrollo económico desde la Segunda Guerra Mundial, responde a este esquema. La época del capitalismo keynesiano, la llamada edad de oro del capitalismo, fue una época de ascenso, en la que a lo mejor no se vivía tan bien como ahora nos parece recordar, o como nos cuentan, pero la cuestión era lo bien o mal que se estaba a día presente, sino que había una tendencia clara hacia la mejora, una tendencia surcada por altos y bajos, por periodos de abundancia y de dificultades, pero una tendencia clara. Por eso la gente apoyó al capitalismo. Por eso hubo un pacto implícito capital-trabajo, que se encarnaba en el apoyo de las clases obreras a los partidos socialdemócratas, un modelo sindical que tendía cada vez más a convertir los sindicatos en sindicatos de servicios, y muchas otras transformaciones de signo conservador que ocurrieron en aquellos años.
Pero llegaron los años sesenta. En concreto, a mediados de 1966 ya estaba claro en los EEUU que habían comenzado las dificultades. El capitalismo keynesiano ya no permitía a las empresas obtener altos rendimientos, la economía se estancaba, el keynesianismo amenazaba con llevar a las sociedades occidentales a la ruina. Esta fue la raíz de la crisis de los 70. Una crisis que inició una nueva etapa del desarrollo capitalista, que aunque ha pasado por varias fases bastante diferenciadas, se denomina habitualmente con la común etiqueta de “neoliberalismo”.  El capitalismo alcanzó su cima en su Edad de Oro particular con el capitalismo keynesiano, pero con el neoliberalismo empezó a descender por el otro lado de la colina. Desde entonces, comenzamos a caminar cuesta abajo. Se desmantelan servicios, servicios que no son un regalo, sino que son los mecanismos de reproducción social, lo que permite que los trabajadores estén sanos, bien alimentados y bien formados, por ejemplo. La privatización de algunos de estos servicios no supone más que una forma de lo mismo: aquellos servicios que la sociedad, que el esfuerzo común ha llevado a tal nivel de desarrollo que ya son rentables para la explotación del capital privado, se privatizan, pero esa privatización significa restringir el acceso a dichos servicios a amplias capas de la población, y además que, por ejemplo, ya no habrá mas o menos la misma sanidad para todos, sino una sanidad como la que hay ahora para todos, sólo para ricos, una de inferior calidad para los que puedan pagar, y nada para los pobres. Al tiempo, los salarios reales bajan de década en década, se pierden derechos laborales, etc., todo lo cual significa una sola cosa: aumenta el nivel de explotación de la mano de obra, de la fuerza de trabajo por parte del capital, todo en un intento desesperado de éste de compensar la pérdida de eficiencia del capitalismo, su creciente ineficacia y, así, salvar al sistema y a la clase dominante.
Ahora, cada generación vive peor que la anterior. Ahora, aunque se pase por etapas relativamente buenas, la tendencia es a empeorar continuamente. Ahora, el capitalismo sólo es capaz de mantener la economía a flote devorando a la propia sociedad, destruyéndola paso a paso. El capitalismo ya no proporciona a la sociedad una economía, para aquéllos que una sociedad necesita la economía; sino a costa de ello.
El capitalismo, desde hace treinta años, ha entrado en su fase inestable, en la fase que, de tomar conciencia las amplias capas de la población, y en particular la clase obrera, de esta situación objetiva, corresponde a la época de las revoluciones que han de acabar con el capitalismo y traer el socialismo.
Si bien hasta ahora el neoliberalismo les ha funcionado con mucho éxito y más de un tropiezo serio, han logrado mantener el orden capitalista e incluso “celebrar los mercados”, como ha sido a costa de devorar la sociedad, a costa de destruir los mecanismos de reproducción social, a costa de disminuir el nivel de vida de las amplias masas de la población en particular, al salvarlo de ese modo, en realidad estaban salvando no al enfermo, sino el día, y agravando la enfermedad. Era inevitable, como muchos desde el campo del marxismo previeron hace ya tiempo (Sweezy y Baran, por ejemplo), que esto acabara en una crisis estructural como la presente.
Una crisis estructural y sistémica, todo el tinglado se tambalea y cada vez lo hace más violentamente. Pero no en una etapa en que el sistema es estable, sino en una etapa en que el sistema es inherentemente inestable, por lo que explicaba más arriba. Es algo nuevo en la historia del capitalismo: es una crisis de colapso. Es verdad, ha habido épocas en que el sistema ha tendido a colapsar, en el periodo que condujo a cada una de las dos guerras mundiales, pero fueron etapas de dificultades temporales muy, muy agudas, sin que el capitalismo hubiera alcanzado aún su cima, sin que hubiera empezado aún a caminar por la ladera cuesta abajo. Ahora, pues quizás no sea tan grave, tan aguda, la crisis actual (tiene la pinta de que sí), pero el diferente contexto en el que ocurre, el carácter opuesto de dicho contexto, hace que sea mortal de necesidad. Por eso, esta es lo que podríamos llamar, por usar un término gráfico, la primera “crisis de colapso” en la historia del capitalismo.
¿Significa esto que el socialismo está a la vuelta de la esquina, que el capitalismo ya va a morir, que podemos despreocuparnos por esto, incluso ir celebrando ya la muerte del capitalismo y centrar nuestros esfuerzos en ver cómo hacemos para que la crisis no se nos lleve por delante a cada uno de nosotros (algo que de todas maneras no queda más remedio que hacer)? No, no significa eso.
Las leyes del desarrollo histórico no son leyes deterministas. Son leyes tendenciales. Y como el propio Marx explicaba, a las tendencias se le oponen diferentes mecanismos para contrarrestarlas. Esto, lo sabemos de sobra. Está la ley a la disminución de la tasa de ganancia, que es una ley tendencial que se muestra inexorable, el capital la contrarresta aumentando el nivel de explotación del trabajo, disminuyendo salarios reales y nominales, quitando derechos laborales para aumentar la “productividad” del trabajo. Esto es algo que debería comprenderse con facilidad, porque como resalto en este ejemplo, son cosas que vemos todos los días, de la experiencia diaria de todo trabajador. Las leyes tendenciales nos informan acerca de lo que tiene sentido hacer y lo que no, acerca de qué cabe esperar, nos permiten trazar una estrategia y una táctica, pero no nos dicen qué va a suceder, el futuro no hay forma de conocerlo hasta que no llega: sólo podemos barajar posibilidades. Pues lo mismo ocurre con la tendencia actual del capitalismo a colapsar como orden social, y también para la tendencia a que el capitalismo sea sustituido por el socialismo. Y esto tiene importantes consecuencias.
En primer lugar, que el capital, la burguesía va a tratar de echar mano de medidas para contrarrestar esta tendencia de manera cada vez más desesperada. La guerra siempre ha sido una de las mejores maneras del capitalismo para superar una situación difícil; esperemos, pues, más guerras, no menos, conforme el capitalismo se debilita, y precisamente porque se debilita. Por lo mismo, esperemos, conforme el capitalismo es más débil, más ataques contra nuestro nivel de vida, más disminuciones de salarios y de derechos, más recortes, más privatizaciones de servicios públicos, no menos. Sí, precisamente porque el capitalismo es más débil. Esto sólo se puede evitar luchando unida la clase obrera y liderando al resto de la sociedad, y teniendo claro que al luchar por esto, se está luchando por romperle las piernas al capitalismo y tumbarlo en el suelo, porque se están eliminando las medidas para contrarrestar la tendencia a su colapso. Las luchas sociales, inevitablemente, van a aumentar en ferocidad. Pueden tomar un signo u otro, dependiendo de lo que hagamos. Pero esta no va a ser una época apta para cobardes, porque el conflicto es inevitable y promete ser despiadado, a vida o muerte (el capitalismo se juega su subsistencia, y nosotros obreros también), se incline a favor de unos o de otros.
En segundo lugar que las tendencias se pueden verificar, o pueden ser suficientemente efectivas y mantener el capitalismo durante siglos, sumiendo a la gran masa d ella población en la más absoluta de las miserias, e incluso en un caso extremo llevando a la destrucción total del orden social, conforme la burguesía devora a la sociedad para tratar de mantenerse: quizás su empeño por destruir la sociedad para mantenerse ellos alcance pleno éxito. El capitalismo no va a caer si nuestra generación no está dispuesta a darle el último “empujoncito”, y las consecuencias serían fatales para las generaciones futuras, y presentes (ya hemos tomado un pequeño aperitivo de lo que nos espera).
Aquí en Europa Occidental, tenemos precedentes históricos de situaciones similares. El imperio romano, entró en una etapa de declive que duró siglos. La aristocracia, la clase dominante, intentó mantener el orden social pero, al hacerlo, devoraba a la sociedad. Los impuestos necesarios para mantener dicho orden vaciaban las ciudades y la gente huía al campo, por ejemplo. La sociedad colapsó. Pero nada vino a sustituirla. Se mantenía el viejo orden, en lo que era posible, como un zombi, llevando a la sociedad cada vez más a la miseria, a al disminución de población, a la desaparición del comercio y de la producción de mercancías que ya existía en Roma. Esto hizo posible las invasiones bárbaras, que le dieron la puntilla, pero que fuero la consecuencia, y no la causa, del desmoronamiento de la sociedad (aparte de que fueron un proceso muy largo y de múltiples formas, no una especie de guerra relámpago de conquista). Y vino la alta edad media, la edad oscura, de la que, con el transcurrir de más siglos, se acabó saliendo. De acuerdo, la estructura de clases de la sociedad romana, con la importancia de la esclavitud y la incapacidad de los campesinos de ir más allá de las revueltas de vaguadas, hacía difícil el que las cosas fueran de otra forma, y hoy el panorama es el opuesto, parece difícil que las cosas no acaben en el socialismo. Pero no hay nada que se pueda dar por sentado, por eso: porque el futuro no está escrito y depende de nosotros que sea una cosa u otra.
Hay que ponerse a ello con todas nuestras energías. Pensemos en características de la situación objetiva que nos favorecen. Por ejemplo: a grandes rasgos, de manera muy general, puede decirse que los revolucionarios somos los que queremos destruirlo todo, y los reaccionarios los que quieren conservarlo. Pero en una situación como la actual, esto no es así. Queremos la destrucción del actual orden social, porque es el único camino de conservar un orden social, de seguir adelante con el progreso, con la cultura. Son los reaccionarios los que, al tratar de conservar su orden social, su dominación de clase, y como para hacerlo no les queda más remedio que ir destruyendo la sociedad, ir arrasando todo como si hubiera pasado Atila, devorarlo todo… como decía, son ellos los que al tratar de conservar su orden social, están destruyendo la posibilidad de todo orden social. EL instinto de conservación de la gente, no de la clase obrera que tiende naturalmente hacia el socialismo, sino de todo el conjunto de la sociedad excepto el propio gran capital, les atrae de esta manera hacia la revolución socialista, en mayor o menor grado, pero en grado siempre creciente, objetivamente (para que tomen conciencia, para que interpreten correctamente esta situación que tienen ante sus ojos, y en esto también la clase obrera, es por lo que es necesario intensificar al máximo el trabajo político).
Otro rasgo de nuestra época que actúa a nuestro favor es el siguiente: como comentaba el otro día, existen sólo dos verdaderas clases en la sociedad, la clase obrera, y la clase capitalista. La actual fase de desarrollo del capitalismo, su fase de declive, vemos cómo homogeiniza a nuestra clase, cómo los restos de aristocracia obrera, tan importante en el capitalismo keynesiano, tienen a desaparecer al igualarse sus condiciones con las del resto de la clase; cómo al privarnos a todos de derechos, nos convierten a todos en precarios; cómo al reducirnos el salario real a todos, todos somos “mileuristas”. Nuestra clase se unifica, se homogeiniza, se hace un todo. Por el contrario, la burguesía tiende a descomponerse. Su núcleo central, el gran capital, e el terreno de lo objetivo, tiende a quedar abandonado por sus hermanos subyugados de su clase. Los pequeños empresarios, hasta el momento acérrimos defensores del capitalismo, sin embargo claman contra el gran capital centrándose en su forma dominante: el capital financiero, los banqueros. A los profesionales, quizás no tan comprometidos con el capitalismo, con el paro como perspectiva y rotas las promesas que les había hecho el capitalismo de ser gente privilegiada, también claman contra el gran capital y contra su dominación política, si bien su impulso anticapitalista no pasa más allá de una denominación y de la demagogia. Y así sucesivamente. La clase obrera aprieta sus filas, se consolida. La burguesía se descompone como formación social, como clase. Y de nuevo hay que ver aquí que el futuro no está escrito. Esta situación, en especial en lo que respecta a las clases medias, y como ya demostró en el pasado, puede ser perfectamente manejada por el gran capital, utilizando a estas clases medias como base social de la dictadura abierta de la burguesía, lo que habitualmente se llama fascismo, para combatir a la clase obrera. Para que la gente tome conciencia de esta situación objetiva y no se deje embaucar por el gran capital, es necesario el trabajo político, y unas estrategia y táctica políticas flexibles, audaces, rápidos en la respuesta ante los cambios de situación, inteligentes y astutas.
Otro rasgo importante de nuestra época, y también de importantes consecuencias. Se dice, siguiendo a la propaganda burguesa justificadora de lo que se ha dado en llamar “globalización”, así como los procesos de privatización y eliminación de servicios públicos, que los capitalistas quieren destruir el Estado nación y sustituirlo por una especie de gobierno mundial. Sin embargo, esto es confundir unos hechos con otros, un error que además puede llevar a conclusiones muy dañinas. Lo que el gran capital está destruyendo no es el Estado nación, sino aquellas partes del Estado que encarnaban el pacto capital-trabajo que sustentaba el ya desaparecido capitalismo keynesiano (o Estado del bienestar, como lo llaman en la prensa): regulaciones al capital, regulaciones de derechos, servicios públicos, etc. Y a la vez que hacen esto, refuerzan el papel del Estado como sostenedor del propio gran capital. ¿Nadie se ha dado cuenta de los rescates a la banca, por ejemplo? ¿De los préstamos a la banca que el Estado garantiza, es decir: garantiza que se los vamos a pagar nosotros a los capitalistas? ¿De los recortes y los déficits presupuestarios causados por esto, así como para compensar la pérdida de valor de los activos especulativos en manos del gran capital? Y esto son sólo algunos ejemplos. De no ser por el Estado, por el Estado nación, el capitalismo, en la actual crisis, no hubiera sobrevivido hasta el día de hoy. De hecho es que, simplemente, el capitalismo actual no podría ni existir sin el Estado nación, el que provee de infraestructuras, regulaciones, mecanismos, represiones, garantiza la circulación monetaria, los cobros y pagos, los contratos, etc. sobre la base de los cuales funcionan los mercados; contiene y reprime a la clase obrera; disciplina las sociedades según las necesidades del gran capital; podemos incluso ver cómo la banca europea tiene una estructura cien por cien nacional, con lo que uno se puede imaginar en el resto del mundo.
Lo que sí ocurre es que las fuerzas productivas tienden a desarrollarse internacionalmente, los mercados se organizan cada vez más internacionalmente, la producción se organiza internacionalmente, etc. Y esto choca con el carácter nacional del capitalismo, con la imposibilidad del capitalismo de liberarse del Estado nación, de superar sus límites. Esto lo vemos en dos rasgos principales: primero, en que al internacionalizarse bajo las constricciones del estado nación, las desigualdades nacionales cada vez se acentúan más, los países ricos son cada vez más ricos, los pobres, cada vez más pobres y con una economía del todo caótica, subordinada y saqueada por los grandes capitalistas de los más ricos, incluyendo los capitales, que ahora fluyen desde el tercer mundo hacia el centro capitalista (EEUU, Europa y Japón). Es una internacionalización que agrava las tensiones nacionales, es una internacionalización deforme y no armónica, inestable y que sólo se puede mantener, cada vez, más mediante el uso de la fuerza. Incluso dentro de la UE podemos ver cómo esta característica se da, sobre todo ahora con la crisis en que esas divergencias nacionales se están agravando cada vez más rápido. Dicho de otro modo: esa internacionalización, bajo el capitalismo, sólo puede tener la destructiva forma del imperialismo. De eso se trata: de imperialismo, y no de destrucción del Estado nación.
¿Y esto por qué es importante? Porque decir, erróneamente, que el gran capital quiere destruir el Estado nación es poco menos que decir que la manera de enfrentarse al gran capital es defendiendo el Estado nación. Que la manera de enfrentarse a los recortes, a las privatizaciones, es defender el Estado nación. Es una llamada al nacionalismo. Y el nacionalismo puede tener sentido en el enfrentamiento de las naciones dominadas por los imperialistas como manera de combatir ese dominio, pero desde luego no lo tiene aquí, porque sería tanto como unirnos a “nuestros” imperialistas en sus agresiones y rapiñas.
El papel de un revolucionario no es caer en el nacionalismo, sino acabar con el capitalismo para que la tendencia al desarrollo internacional de las fuerzas productivas sea liberada del estrecho marco del Estado nación, para que esa tendencia no se vea constreñida y deformada por el Estado nación, para que ese desarrollo no tenga las características destructivas y antiarmónicas que tiene bajo el capitalismo, bajo el imperialismo, sino que sea un desarrollo equilibrado, armonioso y además igualitario entre las diferente partes del mundo. Las fuerzas productivas chocan contra los límites del capitalismo. Nosotros hemos de derribar esos límites. El capitalismo no puede existir sin el Estado nación Nosotros hemos de llevar a la sociedad a hacer lo que el capitalismo no puede hacer y superar el Estado nación.
Estamos en una región del mundo, Europa, en que vemos precisamente, con la UE, cómo los capitalistas no son capaces de salirse del marco del Estado nación. Cómo los mercados siguen organizados en torno a la nación, y lo único que se ha hecho es liberalizar el tránsito de mercancías y capitales. Cómo las industrias, los sistemas financieros, las agriculturas siguen organizados a la manera nacional. El capitalismo no es capaz de hacer otra cosa. Vemos también cómo las relaciones entre unas burguesías y oras, son relaciones de poder entre dominantes y dominados, relaciones de poder entre burguesías nacionales, típicas del imperialismo. Y vemos cómo se encarna todo esto en el euro, la moneda supuestamente única, pero que actúa como mecanismo de dominio de ciertos capitalistas nacionales sobre otros (no nombraré naciones en particular, porque no quiero hacer ninguna concesión al prejuicio nacionalista). La UE es un engendro imperialista, incapaz de superar los límites nacionales, y que debe ser demolido para dar paso al socialismo, y con el socialismo, a una verdadera unión de los pueblos y trabajadores de Europa, superando así al Estado nación, que tuvo su origen con el ascenso de la burguesía y desaparecerá con el fin del dominio de ésta.
Dentro de esta región particular del mundo en la que estamos, Europa, el propio desarrollo del capitalismo y su crisis, nos marca una tarea que debe ser prioritaria para nosotros: buscar la solidaridad, y más allá de esto la cooperación y la alianza de la clase obrera europea, y de todos sus trabajadores y sus pueblos. Por varias razones. En primer lugar hay que tener claro que, por el distinto ritmo y dirección de desarrollo del capitalismo y su crisis en cada una de las naciones de Europa, la revolución no va a ocurrir, no puede ocurrir, de forma simultánea en todos los países. Necesariamente, y si es que llega a ocurrir, va a ocurrir primero en unos y después en otros. Sólo realizando desde ya la unidad más estrecha posible entre las diferentes clases obreras nacionales de Europa será posible evitar que, cuando la revolución estalle en uno de los países, las burguesías del resto acudan en auxilio de sus hermanos de clase y nos aplasten la cabeza, en un país después de otro. Segundo, orque al tener desarrollada esta unidad de clase a nivel continental, cuando las burguesías de otros países traten de ayudar a los suyos en un país en revolución, eso no haga sino acelerar el proceso revolucionario en sus propios países, levantando la ira de su clase obrera y de su pueblo. Y tercero, porque una vez que la oleada revolucionaria haya barrido Europa, es preciso hacer lo que comentábamos antes: levantar un orden social internacional de carácter socialista, superar el Estado nacional primero mediante federación o como más oportuno se considere, a nivel europeo en una primera instancia. Sólo la revolución socialista puede colmar las aspiraciones de unidad de los pueblos de Europa, unidad entre iguales y no entre dominados y dominadores. Y aunque este proceso de unidad no se vaya a parar en Europa, sería aventurado decir ahora nada acerca de cómo se va a desarrollar con respecto a otras regiones del mundo.
Se trata pues, no de caer en el nacionalismo como respuesta al imperialismo, sino de ser internacionalista.


De paseos zombies y otras diversiones para una noche de verano/Graco Pérez


http://o-ellos-o-nosotros.blogspot.com.es/2012/07/de-paseos-zombies-y-otras-diversiones.html

Desconvocando el 25 de septiembre: una falsa bandera, una provocación, una trampa





Este blog es del Partido Comunista de España en Madrid, por lo tanto este artículo anterior tiene ni pie y cabeza con su trayectoria pro DRY/15Memo.
Tiene esta sección dedicado a ellos
Sección 15-M Movimiento Indignados TomaLaPlaza DRY de www.profesionalespcm.org

sábado, 4 de agosto de 2012

Sobre convocatorias espontáneas y no tanto



Sobre convocatorias espontáneas y no tanto

Hace ya más de un año de nuestra particular 'primavera árabe', aquel 15M que tuvo un amplio eco en las redes sociales y los medios de comunicación convencionales. Aparentemente, un pequeño número de colectivos y asociaciones hasta entonces prácticamente desconocidos consiguieron aglutinar el descontento de millones de personas que salieron a la calle en aquella fecha en todo el estado.
Ya desde un principio estas organizaciones convocantes fueron cuestionadas y perdieron el control sobre las movilizaciones, pasando el peso de las mismas a las propias acampadas y asambleas de barrios que fueron surgiendo, y sin interferir demasiado en las dinámicas, digamos tradicionales, del movimiento obrero.

Buena prueba de ello es la evolución de uno de los principales colectivos que estaban tras la convocatoria inicial, Democracia Real Ya, que si bien aparecía en los medios como uno de los que dirigían las movilizaciones, iba perdiendo protagonismo en las mismas a medida que pasaba el tiempo y era cuestionado. Y todo esto a pesar de que continuaba creciendo a merced de la propaganda gratuita que se les hacía desde los medios de masas, cuando aquell@s que venimos participando de movimientos sociales y revolucionarios desde hace tiempo sufrimos su silenciamiento cuando no su abierta criminalización. Finalmente, del colectivo original surgieron varias escisiones, resultando el episodio más notable aquel 'golpe de estado' efectuado por quienes conformaron la Asociación DRY y se llevaron con ellos las principales cuentas del colectivo en las redes sociales, acaparando unas herramientas de difusión que no les pertenecían.

Muchas más han sido las cosas que han sucedido desde aquel 15 de Mayo. Las protestas se han extendido y diversificado, los movimientos sociales previos  (la llamada 'extrema izquierda') y aquellos que han surgido en las plazas se han retroalimentado, el movimiento obrero también se nutre de la conciencia de clase que resurge de la indignación general y todo esto seguirá creciendo a medida que los derechos que tanto sufrimiento han costado a los trabajadores se vean recortados. Evidentemente, la represión también continuará en aumento. Una de las recientes medidas del gobierno, la de reformar la ley para poder encarcelar a quienes promuevan convocatorias a través de estas redes sociales, ha desatado una suerte de pseudodesobediencia civil consistente en identificarse en la red como promotor/a de las mismas.

Es en este contexto que empiezan a surgir, como hongos tras la lluvia, dudosas convocatorias que más que unir a la gente lo que hacen es generar confusión. Se trata de convocatorias supuestamente espontáneas pero ampliamente difundidas por las redes sociales y de las cuales generalmente se desconoce su procedencia. No hay siglas que las avalen. Normalmente el discurso que acompaña a estas convocatorias es lo suficientemente ambiguo como para sospechar que procedan de la ultraderecha e incluso de las propias 'fuerzas de seguridad' y 'servicios de inteligencia', aunque se dotan de un lenguaje y una cierta estética 'quincemayista' sin duda para atraer ingenu@s indignad@s. Inmediatamente surgen partidarios y detractores de las mismas que dedican sus esfuerzos a convertirlas en un éxito o un fracaso en una auténtica guerra cibernética.

Ya desde un principio la ultraderecha intentó capitalizar las movilizaciones y, aprovechando la confusión inicial, se infiltró en las plazas. Incluso tuvimos que ver al propio Ynestrillas paseándose alegremente por la Plaza del Sol. La mayoría de la ultraderecha fue posicionándose en contra del movimiento que se iba conformando a medida que este se iba definiendo. Much@s de ell@s lo hicieron al ver que l@s 'españolit@s', en vez de cargar contra la inmigración, se dedicaban a parar redadas racistas o deshaucios de familias sin importar su origen ni procedencia, o se reunían en centros sociales okupados por aquell@s a quién consideran 'guarr@s'.
Desde entonces y en otras ocasiones la ultraderecha ha pretendido acoplarse a movilizaciones obreras y estudiantiles tal y como sucedió en la marcha minera, o han convocado más o menos abiertamente bajo lemas como 'defensa social'. Afortunadamente sus convocatorias no tienen demasiado eco y cuando aparecen en las nuestras son convenientemente expulsados, por el momento. Las últimas noticias es que se están coordinando para convocar nuevas manifestaciones en Septiembre, al margen de lo que ellos llaman 'sindicatos, izquierda, perroflautas y progres'.

Otra variante de esta irrupción de 'agentes extraños' en las movilizaciones obreras y sociales la tenemos en la aparición en escena de los sindicatos policiales, amparados por las burocracias sindicales de UGT y CCOO, a raíz de las movilizaciones de funcionarios y trabajadores públicos. Los mismos policías que nos llaman terroristas antisistema, nos pegan, nos detienen, nos encarcelan y nos matan, ahora se manifiestan a nuestro lado portando sus rojigualdas y a veces incluso con camisetas que los identifican como tal. Continúan mirándonos con el mismo desdén sin que falten idiotas que les sigan el juego difundiendo a través de sus perfiles bulos del tipo 'la policía se quita los cascos y se une a los manifestantes', sin contrastar en absoluto esas falsas informaciones que son fácilmente desmontables con una simple búsqueda en la red. El extremo de esta actitud cómplice con aquell@s que nos reprimen lo tenemos en la reciente aceptación del colectivo de 'mossos indignados' como parte integrante de la Asociación DRY.

Y todos estos bulos, todos estos discursos fascistoides y confusos tienen su germen en ciertos planteamientos y eslóganes que han sido ampliamente difundidos a través de los medios de comunicación y de las redes sociales, sin que los medios de contra-información fuesen capaces de contrapesarlos eficazmente. Obviamente me refiero a aquellas consignas que llaman a una falsa unidad tales como 'acudir sin banderas' o 'no somos ni de izquierda ni de derecha, somos los de abajo y vamos a por los de arriba'. Estas 'apolíticas' llamadas a comulgar con ruedas de molino no son tan bienintencionadas como parecen a priori a quienes carecen de un cierto grado de cultura y experiencia 'políticas'. En realidad se trata de edulcorar las protestas y hacer inviable un auténtico cambio social empleando a la ultraderecha y a los agentes represores infiltrados como 'tropa de choque' contra l@s verdader@s revolucionari@s.

Un ejemplo claro de como el fascismo emerge en momentos de crisis, escudado en estos discursos populistas y apoyado por gran parte de los agentes de los cuerpos represivos, lo tenemos en Grecia. Esa misma Grecia que nos lleva un añito de ventaja. Obviamente quienes protestamos contra los CIE'S y contra las redadas racistas no podemos compartir espacios y luchas con aquell@s que llevan a cabo esas mismas redadas, con aquell@s que encerrarían a l@s migrantes en campos de concentración o que pretenden blindar las fronteras con minas. Nadie con un poco de sentido común debería. El peligro, aquí y ahora, es real y el monstruo se alimenta cada vez que difundimos sus confusos y ambiguos discursos o los toleramos en nuestros 'entornos'.

En fin, demasiada confusión en las redes sociales y en las calles que me hacen pensar que ha terminado un ciclo de luchas y se abren nuevos frentes. Es el momento de posicionarse. Ya no valen ambigüedades. Si queremos un verdadero cambio, una auténtica revolución social, más nos vale empezar por cambiarnos a nosotr@s mism@s y nuestras maneras de actúar. No podemos dedicarnos unicamente a difundir dudosas convocatorias e informaciones a través de las redes sociales. Hemos de socializar en la realidad, no solamente en el ámbito virtual. Es el momento de pasar de la indignación a la acción, pero una acción eficaz y organizada. Para eso hay que formarse y elegir. Pensar en lo que realmente queremos y en como vamos a conseguirlo.

Much@s de l@s que 'han despertado' a lo largo del último año han aprendido en las calles y plazas muchas cosas que desconocían, algun@s se han acercado a los movimientos sociales y revolucionarios que ya existían. Se han dado cuenta de que hay que cambiar el sistema de raíz y que simples reformas puntuales no cambiarán gran cosa.  Ahora les toca a aquell@s 'activistas de las redes sociales', han de dar un paso adelante y acercarse a las asambleas, colectivos, movimientos sociales y organizaciones que sean más de su agrado. Y si no hay ninguna o ninguno que sea de su gusto pues han de autoorganizarse con un fin específico o con aquellas personas con las que sienta una mayor afinidad.

Aquell@s que quieran promover cualquier tipo de movilización masiva y unitaria han de sacarse de la cabeza esa idea falsa de que las convocatorias surgen espontaneamente en las redes sociales. Ese trabajo ha de hacerse desde la base y 'poniendo la cara', intentando aglutinar el máximo número de asambleas, colectivos, organizaciones y movimientos bajo los presupuestos comunes, pero sin renunciar ni pretender que nadie renuncie a sus principios ideológicos, sus siglas o sus banderas. No es el momento de eludir las ideas sino de confrontarlas. No está de más que se empiece a ver quién es cada quién y cual es la 'revolución' que se pretende.




EL AVENTURERISMO POLÍTICO, AL SERVICIO DEL PODER


Jueves, 2 de agosto de 2012

EL AVENTURERISMO POLÍTICO, AL SERVICIO DEL PODER

Hay gente que parece no saber que, cuando se hace una propuesta, es el que la hace quien tiene la obligación de defenderla, y que el resto no tiene obligación de darla por buena sin más, y  tiene el derecho de criticarla. Los anónimos convocantes de la pretendida ocupación del Congreso el 25 de septiembre, se sienten molestos por las críticas y, no siendo capaces de responder, desatan la histeria paranoica: quien les critica es un agente del gobierno y cosas parecidas. Lo lógico, lo que imponen las reglas de la razón, es que, primero, demostraran que esas críticas son falsas e infundadas y que, por tanto, sus críticos son reaccionarios, y, con datos en la mano, demostrar que son tal y cual. No lo hacen. No viendo manera de demostrar que las críticas son falsas, se ponen a vociferar lanzando acusaciones a las personas sin basarlas en ningún hecho conocido -o, para le caso, desconocido-. No atacan los argumentos. Ese paso se le saltan. Recurren al estilo demagógico y verdulario propio de las discusiones entre el público de la telebasura. Así, pretenden acallar las críticas. Pura demagogia.
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El Domingo Sangriento en San Petesbrugo
  Ese recurso a la histeria paranoica contra las críticas que son incapaces de refutar, no es el único rasgo. Hay un segundo rasgo. La convocatoria es anónima. Nadie sabe quién convoca. Simplemente, elaboraron un manifiesto (del que trataremos más abajo) lleno de demagogia, al que cualquiera sin mucha cultura política se podía adherir -y abunda la gente así, tras décadas de despolitización y de descuido en la formación de sus militantes por parte de las formaciones de izquierda- e incitaron a esas otras personas a que lo propagaran “viralmente” por medios “virtuales”. Siendo anónimo, uno puede preguntarse: ¿Por qué no dan la cara ante los que convocan? ¿Por qué no defienden su propuesta? ¿Qué pretenden ocultar?

Si la convocatoria es anónima, si no se sabe quién está detrás, si se empeñan en que no se sepa, no hay que ser un “conspiranoico” para llegar a la conclusión de que hay algo oculto detrás, porque son simplemente los hechos. Y cada uno es libre de pensar lo que mejor prefiera, ante semejante empeño por no desvelar quién convoca. Es decir: los responsables de las elucubraciones, son ellos, los que se ocultan, porque no están jugando limpio.

Cuando se les critica su ocultismo, el no querer desvelar quién convoca, salen con una vana excusa: que es que por convocar por Internet puede conllevar hasta dos años de cárcel. ¡Ah, mira tú! Pues... ¿no están convocando ya, solo que anónimamente? ¿De verdad quieren que nos creamos que son tan ingenuos como para que pensemos que ellos no saben, como lo sabe todo el mundo, que, ante un proceso judicial, ese anonimato sería desvelado por una orden judicial ante Facebook? Y además: ¿por qué si pueden convocar por Internet, arriesgándose a esos hasta dos años de cárcel,  toda esa gente que, de buena fé, está propagando su convocatoria? ¿Ellos si pueden ir a la cárcel, y los que han lanzado la iniciativa, no? ¿No es esto hipocresía?

Y esta hipocresía va mucho más lejos que eso. Ellos, por tanto, no se arriesgan, no quieren correr riesgos, temen ser acusados ante un juez con una petición de pena que puede llegar hasta los dos años, nada más y nada menos. Pero están llamando a la gente a ocupar el Congreso, así se llama su iniciativa: “Ocupa el Congreso”. Y todo el mundo sabe lo que ocurre cuando una manifestación trata de aproximarse al Congreso: las palizas y las pelotas de goma por parte de la policía están garantizados. Hará detenidos, a los que pueden acusar ante el juez, con peticiones de pena más altas que esos dos años. Y si de verdad tratan de ocupar el Congreso, puede ocurrir algo mucho más grave. ¿Llaman a la gente a afrontar palizas, pelotazos de goma, ir a la cárcel e incluso si la cosa se desmanda -esperemos que no llegue a tanto la insensatez- puede haber muertos, y ellos, acobardados, dicen que no dan la cara porque les pueden meter en la cárcel hasta dos años? Esto ya no es sólo ser hipócrita: es ser un canalla y un cobarde.

Y además del ocultismo respecto a los convocantes, la histeria paranoica y demagógica contra los críticos al estilo de las “marujas” que se tiran de los pelos en los programas de telebasura y la hipocresía y cobardía hasta lo canallesco de los convocantes, tenemos aquí otra característica, la cuarta: el carácter aventurero de la convocatoria. Lo explica bien Pedro Alberto García Bilbao, de la Federación Republicanos, en su artículo Preguntas necesarias sobre la propuesta del 25S y la toma / ocupación del congreso. Y algo más[ 1 ]. Aquí no hay plan ni puede haberlo, puesto que se llama a a acudir a gente sin organización. Se plantea una acción de tal calibre, sabiendo lo que ocurre cuando se trata de llegar al Congreso, y desde luego lo que puede ocurrir si se trata de “ocuparlo”, sin organización, sin planes, presentándose con una “hoja de reclamaciones” pero no sabiendo qué hacer con ella una vez allí. Toda una aventura. Esto es puro aventurerismo, una locura, una insensatez. Sólo una panda de iluminados, o de gente con oscuras intenciones, puede lanzar una propuesta así.

Veamos ahora el llamado manifiesto [2], la hoja de reclamaciones que pretenden presentar al Zar en su buscada repetición del Domingo Sangriento [3].  ¿Qué presentan? Por un lado, se trata de unas cuantas reivindicaciones sueltas de las que todo el mundo apoyaría: reforma de la ley electoral, auditoría de la deuda pública, derogación de los recortes... Medidas que todo el mundo defiende y que, por tanto, no significan nada. Son medidas recogidas al azar, no cambiaría el carácter del manifiesto si quitas una y pones otra, puede hacerse fácilmente el experimento mental. Son medidas que no se insertan en ningún proyecto de transformación social ni político, sino aisladas. ¿Para qué hacer tal? ¿Qué consecuencias conlleva el hacer cual, o el dejar de hacer esto de más allá? ¿A qué conduce todo esto, si es que conduce a alguna parte? Son propuestas cogidas a voleo, simplemente porque suenan bien, simplemente pensadas para atraer a la gente. No están situadas en ningún contexto. Su única finalidad es atraer a la gente a la convocatoria. Esto es adular a “las masas”, es decirle a la gente lo que quiere oír para atraerla y llevársela detrás como un nuevo flautista de Hamelin.

Por explicarlo con una analogía: son como un fotograma cogido de una película. Tiras la película y te quedas sólo con el bonito fotograma, muy atractivo, que a todo el mundo le gusta. Y con él atraes a la gente, haciéndoles creer que vana ver una película. Y ciertamente la verán, todo se inscribe en algún proceso social, no existe nada en el vacío. Pero se nos oculta la película. No nos dejan saber cuál es. Sólo nos muestran un fotograma. Así, cualquiera tenderá a imaginarse que, la película que va a ver, es su favorita según los prejuicios y preferencias de cada cual. Exactamente, esto es la demagogia política: sacar una reivindicación aparentemente muy bonita, que todo el mundo respalda, y descontextualizarla, para encubrir vete a saber qué, para que cada uno la haga suya imaginando que está haciendo aquello que le gustaría hacer, pero en realidad sólo los de las sombras saben de qué película se trata. Es la demagogia para pastorear al personal manipulando su ira y sus emociones y, con el truco de aislar el fotograma, de no permitirles conocer la película, privarla del uso de la razón crítica.

Por oro lado, hay dos característica más, además del carácter demagógico del manifiesto.

Primero, el objeto contra el que se carga. Se carga contra el Congreso, contra “los políticos”. Los políticos como causa de los males. Se cogen unas cabezas de turco que se arrojan a las masas para que desvíen hacia ellos su ira. Se manipulan de nuevo sus emociones, su cabreo, para sacarles a la calle. Los demagogos siempre apelan a lo instintivo, a lo emocional, y huyen como de la peste de la razón y  de la crítica.

Segundo, al hacer lo anterior, se oculta la verdadera naturaleza de la crisis, que es una crisis del capitalismo, originada por el inevitable funcionamiento del capitalismo. Se oculta el hecho de que, en cualquier Estado capitalista, y por muy democrático que sea, el Estado no es sino la dictadura de clase de la burguesía, entendiendo por dictadura el que su poder es omnímodo y total. No es de ahora, es desde que existe el capitalismo que es así. Nos dicen que hay corruptos, pero nos ocultan que hay corruptores. Que es el propio capitalismo y el carácter de clase del Estado el que origina la corrupción, el que no deja haber otro tipo de políticos más que como son “los políticos” contra los que se carga. Sin embargo, los aventureros que, ocultándose cobardemente, llaman a la gente a acudir a un nuevo Domingo Sangriento, ocultan todo esto.

Cogen falsos hombres de paja a los que apalear, nos dicen que son los culpables, y por tanto nos están diciendo que “otro capitalismo es posible”. ¡Vaya unos supuestos revolucionarios, que se dedican a reforzar los prejuicios burgueses de la población, a acrecentar la predominancia de la ideología burguesa y a cerrar el paso al avance de la ideología revolucionaria!

En una sociedad capitalista, la democracia sólo puede ser como la conocemos. Si uno quiere capitalismo y no quiere esta democracia, está abriendo el paso a la única alternativa posible de forma política bajo el capitalismo: la dictadura. Si se quiere una verdadera democracia, no es contra la democracia contra lo que hay que cargar, sino contra el capitalismo y contra el hecho de que la burguesía sea la clase dominante de la sociedad, porque es el capitalismo el que deforma grotescamente la democracia, la pervierte y la prostituye. Decir otra cosa, como hacen los cobardes convocantes del 25S, es mentir, además de defender a ultranza al capitalismo a costa de la democracia. No es casualidad que se cargue contra el Congreso, precisamente.

A la vez, se pasan por el forro la división de la sociedad en clases. Pretenden que vayamos de la manita obreros y patrones, policías y apaleados, burguesitos cabreados y desarrapados. Esto es el ciudadanismo. Según ellos, nuestros intereses son los mismos que los de eso empresarios que

Si. Todo esto es el populismo. Tenemos demagogia y populismo, es decir: la demagogia populista. Y la demagogia populista es la ideología sobre la que crece el fascismo, todo esto de cargar contra la corrupta democracia burguesa, contra “los políticos”, de decirse anticapitalista porque clama contra los banqueros, como si el capitalismo empezara y acabara en los banqueros. Sí, exactamente todo esto, y con las mismas palabras, dice la extrema derecha, dicen nazis, dicen falangistas. No voy a ayudar a la extrema derecha a hacer su propaganda, pero parece necesario poner algo que lo pruebe. En este enlace se puede comprobar cómo la demagogia populista de los ciudadanistas estos coincide en toda su expresión con la de los fascistas, salvo porque el hecho de que aquí, hablando en tanto que fascistas, no ocultan que lo son. Se trata de la organización falangista “Defensa Social” (ver aquí) http://www.defensasocial.es/  manifiesto, pero cualquier otra página fascista nos llevaría a la misma conclusión, solo que no voy a hacer propaganda de esta gente. Con una muestra, vale.

No es de extrañar, pues, que desde que empezó el ciudadanismo interclasista el 15 de mayo de 2011, la extrema derecha esté pletórica de entusiasmo, haya salido de sus cloacas y ahora tenga una arena pública en la que medrar y avanzar. De hecho, por ejemplo, los nazis de Nuevo Orden también convocan al evento del 25 de septiembre, como puede comprobarse en este enlace: http://www.nuevoorden.es/2012/25-s-ocupa-el-congreso/
 .Todo este movimiento demagógico populista del ciudadanismo interclasista, vemos que no ha conseguido nada, salvo en lo negativo. Ninguna reivindicación ha avanzado. No se ha avanzado organizativamente. Pero en lo ideológico, se ha propagado la ideología demagógico-populista del linchamiento al político y del “otro capitalismo es posible”, sometiendo aún más fuertemente a la gente bajo la férula de la ideología burguesa y cerrando el paso a la ideología revolucionaria de la clase obrera. Y lo que es aún peor, esa misma demagogia populista que es el caldo de cultivo del fascismo, y a la vez se le ha proporcionado espacio público a las organizaciones fascistas para que sean escuchadas, con esa demagogia compartida con unos y con otros, se ha empujado a la gente a escuchar a los fascistas. Estos son sus logros.

Y tiene otro aspecto, este manifiesto. Porque si ideológicamente es el refuerzo del predominio de la ideología burguesa y la proliferación de la demagogia populista prefascista, en lo concreto proponen lisa y llanamente dar un golpe de Estado. Pero es obvio que un grupo de gente desorganizada no puede dar un golpe de Estado. Así que esto es sólo apariencia. Están llamando a un nuevo Domingo Sangriento. Y, ¿qué objeto puede tener esto? Pensemos en la circunstancia en la que nos encontramos, con una crisis económica que ya se transforma en social y que nos arrastra hacia el precipicio, y, ante la falta de apoyo al gobierno del PP y una oposición que no remonta, estamos a las puertas de una crisis política. Y el poder, el poder capitalista, necesitará actuar con mano de hierro, necesita instaurar una dictadura abierta. Pero, para hacerlo, necesita un suceso, algo que ocurra, impactante, que justifique ante los pueblos de España y del mundo este verdadero golpe de Estado (no la aventura simulada, sangrienta -de serlo- para los convocados y no para los cobardes convocantes del 25S). Al igual que Roosevelt necesitó del ataque japonés a Pearl Harbour para convencer al pueblo norteamericano de la necesidad inevitable de la entrada de su país en la Segunda Guerra Mundial, aquí se necesita aplicar la “estrategia del choque” para lograr lo mismo.

Por eso, para evitar todo esto, es por lo que debe boicotearse activamente la convocatoria del 25 de septiembre, denunciándola por lo que es en todas partes.

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[ 3 ] Domingo Sangriento: el cura Gapón, trabajando para la policía secreta zarista, convenció a los obreros de San Petesburgo para que acudieran en manifestación pacífica a presentar al zar de Rusia su “hoja de reclamaciones”. El 9 de enero de 1905 una multitud de 200.000 obreros y sus familias se presentaron a las puertas del Palacio de Invierno. Las tropas que custodiaban el Palacio abrieron fuego matando a 200 obreros, mujeres y niños incluidos, y hiriendo a 800. La represión consiguiente devastó las organizaciones obreras y revolucionarias en San Petesburgo.
Graco Pérez