Índice
Nota editorial 9
Memoria de un escritor combatiente: Víctor
Serge 13
PRIMERA PARTE. LA CONDICIÓN DEL HOMBRE Y DEL
ESPIRITU 27
I. La condición de los trabajadores
asalariados 29
II. la condición de los obreros. El
trabajo 41
III. La condición de la mujer 47
IV. La juventud 53
V. Campesinos. Artesanos. Administradores.
Creyentes 61
VI. Ciencias, literatura y pedagogía dirigidas
71
SEGUNDA PARTE. EL SISTEMA 83
I. Seguridad general. Delito de opinión.
Pasaportes interiores 85
II. Penitenciarías. Aisladores. Deportación.
Derecho de asilo 95
III. Destino de los socialistas. Destino de
los anarquistas 109
IV. Destino de los comunistas. Muerte de los
opositores 123
V. Vida de los oponentes 133
VI. Los que capitulan 147
VII. El culto al jefe 155
TERCERA PARTE. LA EVOLUCIÓN POLÍTICA (1917-1936) 167
I. De la democracia soviética a (1917-1923) 169
II. El advenimiento de la burocracia
(1924-1927) 181
III. La industrialización y la colectivizaciones
(1928-1934) 195
IV. La gran calamidad de los años 1931-1934 211
V. Las leyes
219
VI. Un cambio: la valoración del rublo
(1934-1935) 225
VII. El asunto Kirov. Un año de
terror 231
VIII. Una Constitución democrática (1936) 241
IX. El proceso Zinoviev- Kamenev- Smirnov 247
X. Explicación y continuación 273
XI. La primera política exterior de Stalin (1927-1934) 291
XII. La segunda política exterior de Stalin (1934-1936) 295
Conclusión 309
EPÍLOGO 323
Treinta años después de la Revolución
Rusa 325
05/07/2010 |
Prólogo de Wilebaldo Solano
Ya tenemos
en las librerías la obra de Victor Serge, Destino de una revolución,
editada por Libros de la Frontera que cuenta con un epílogo del propio Serge
(“su” testamento, un documento en el que concreta sus últimas reflexiones sobre
el fenómeno estaliniano), y un prólogo de Wilebaldo Solano, el último de los
líderes históricos del POUM que reproducimos a continuación.
INDICE
Memoria de un escritor combatiente: Víctor Serge
De Bruselas a Moscú pasando por Barcelona
Las luchas contra el estalinismo
Defensa
crítica de la Revolución Rusa
Memoria
de un escritor combatiente: Víctor Serge
Tuve la suerte de conocer personalmente a Víctor Serge, a mediados de Febrero
de 1939, en París. Después de una larga odisea que nos llevó desde la Prisión
del Estado de Barcelona hasta la capital de Francia, pasando por la cárcel
improvisada de Cadaqués, el cruce de la frontera de los Pirineos y el encuentro
con el comando organizado por Marceau Pivert y dirigido por Daniel Guérin para
salvarnos de un posible ataque estalinista y del campo de concentración, los
dirigentes del POUM recobramos la libertad a orillas del Sena. Y, naturalmente,
una de nuestras primeras preocupaciones fue abrazar a Víctor Serge.
Durante todo el proceso revolucionario iniciado el 19 de julio de 1936, Víctor
Serge había mantenido una estrecha colaboración con el POUM. Desde París o
desde Bruselas, Serge no perdió nunca el contacto con nosotros. Colaboraba
regularmente en nuestra prensa, sobre todo en La Batalla, órgano central del
POUM; nos escribía con frecuencia o nos enviaba mensajes para tenernos
informados de lo que pasaba en el movimiento obrero internacional, en la URSS
de Stalin, en los Círculos intelectuales europeos fascinados por el gran
combate contra Franco. Todo esto era precioso para la dirección del POUM. Y en
particular las opiniones de Víctor Serge sobre las crisis en el aparato de
Stalin y la evolución del Kremlin en su política de intervención en
España.
Estábamos en deuda con Víctor Serge. Y por eso decidimos celebrar la primera
reunión oficial del Comité Ejecutivo del POUM en casa de Serge. Una fría mañana
de Febrero, Juan Andrade, Julián Gorkin, Pedro Bonet, Jordi Arquer, Josep
Rovira, E. Gironella, N. Molins y yo nos dirigimos hacia la casa del
Pré-Saint-Gervais donde vivía el autor de El Año I de la Revolución Rusa y de Destino
de una Revolución. El encuentro fue emocionante e inolvidable.
Sólo Gorkin y Molins y Fábrega conocían personalmente a Serge. Los demás le veíamos
por primera vez, pero sabíamos mucho sobre él. De todos modos, no tardamos en
evocar la ausencia de las dos figuras más importantes del POUM: Andreu Nin,
asesinado por la policía de Stalin en Alcalá de Henares, y Joaquín Maurín,
preso en una cárcel franquista. Nos propusimos salvar a Maurín y aclarar lo que
entonces se llamaba "el enigma de
Nin", es decir, las condiciones en que se había realizado el secuestro
y el asesinato de Nin. No fue nada difícil establecer un plan para alcanzar
semejantes objetivos. Y, como siempre, las ideas y los consejos de Serge fueron
sumamente atinados.
En casa de Víctor Serge hicimos balance de todo el proceso revolucionario
español y adoptamos las primeras medidas para ayudar a los compañeros que
permanecían en España, tanto en la zona Centro-Sur, que escapaba todavía al
control de Franco, como en Cataluña, donde había comenzado el terror
franquista. Serge nos hizo muchas preguntas. Quería saberlo todo. Y, luego,
tuvimos un amplio intercambio de ideas sobre la situación internacional y, en
particular, sobre la crisis en la URSS, donde continuaban los procesos contra
los oposicionistas y se acentuaba la represión estalinista. En fin, aquella
reunión abrió un proceso de colaboración de Víctor Serge con el POUM que ni siquiera
se interrumpió cuando las tropas de Hitler invadieron Francia, y que se
prosiguió hasta la muerte de Serge en su exilio mejicano.
De Bruselas a Moscú pasando por Barcelona
Víctor Serge nació en Bruselas el 30 de
diciembre de 1890 en el seno de una familia de refugiados rusos, y murió en su
exilio mejicano en Noviembre de 1947. Sólo tenía 57 años y estaba en plena
madurez intelectual. Lo sé por las cartas que nos enviaba con bastante
frecuencia al C.E. del POUM residente en el exilio de París y los comentarios
que le sugería la lectura de La Batalla, el periódico que l POUM publicaba en
París. Recuerdo que tenía la nostalgia de París y se preparaba para regresar a
Europa, donde había jugado un papel esencial, como se puede ver por ese libro
que se titula Memorias de un revolucionario y que,
por cierto, aporta muchísimo a la comprensión de los acontecimientos que se
desarrollaron en nuestro continente en los años 20 y 30, desde la victoria de
la Revolución de Octubre hasta el hundimiento de Mussolini y Hitler.
Como, por desgracia, las jóvenes generaciones europeas conocen poco o mal a
Víctor Serge, quizás convenga destacar, aunque sea brevemente, algunos de los
principales rasgos de su vida y de su obra literaria y política. A comienzos
del siglo, Serge fue de la Joven Guardia socialista en Bélgica y muy pronto
militó con los anarquistas franceses, lo que le condujo a la cárcel, donde
estuvo recluido durante 5 años. Cuando alcanzó la libertad, denunció el sistema
penal francés en Los hombres en la cárcel, y se trasladó a Barcelona, donde se
incorporó al potente movimiento anarcosindicalista español y se hizo amigo de
Salvador Seguí, una de las figuras más importantes de dicho movimiento, por lo
que intervino en la preparación de la huelga general de 1917. Y fue justamente
en Barcelona donde se puede decir que nació el escritor Víctor Serge, ya que
adoptó el seudónimo para escribir en el semanario Tierra y Libertad" y
lanzar El nacimiento de nuestra fuerza,
libro inspirado por el movimiento obrero español de aquel entonces.
A fines de 1917, Serge se trasladó a Rusia. Deslumbrado por la Revolución rusa
como tantos otros, Serge se incorporó al bolchevismo sin beatería de ninguna
especie. A diferencia de muchos otros, Serge conservó su agudo sentido crítico.
Joaquín Maurín, líder del POUM, conoció a Serge en Moscú y, muchos años
después, escribió que "Víctor Serge
era claro y sincero; señalaba los defectos y las virtudes, los errores y los
aciertos". No se podía hacer mejor elogio tratándose de una época en
la que prevalecían el culto incondicional o la denigración sistemática. En fin,
Víctor Serge desarrolló una intensa actividad en la Internacional Comunista.
Fue el principal animador de La Correspondencia Internacional (Imprecor),
revista prestigiosa en su tiempo. Zinóviev le confió misiones importantes en
Berlín y en Viena. Escribió obras como El año I de la Revolución rusa,
Petrogrado en peligro (1919) y numerosos ensayos sobre el ascenso del
hitlerismo y la Revolución china, la vida en la URSS y los problemas de la
cultura y de la literatura en la Revolución. Fue amigo de los grandes
escritores .rusos de entonces, en particular de los poetas Esenin y Mayakovsky,
y también de Pasternak y Mandelstan.
Cuando se agravó la burocratización del Estado y del Partido Comunista, Víctor
Serge se incorporó a la Oposición de Izquierda y no abandonó nunca la
resistencia política e intelectual al estalinismo. En los años 1927-1930,
cuando Stalin deportaba al Gulag a los oposicionistas rusos y a los
intelectuales inconformistas pero no se atrevía aún a perseguir a los
revolucionarios extranjeros conocidos, Víctor Serge y Andrés Nin, amigos
fraternales desde 1921, constituyeron, con Alejandra Bronstein (primera esposa
de Trotsky), el último núcleo de resistencia organizada al despotismo
burocrático. Nin fue expulsado de la URSS en septiembre de 1930, y Serge fue
detenido y deportado a Oremburg en 1933. Su liberación y su expulsión de la
URSS se produjeron en 1936, tras una campaña internacional organizada en París
por los escritores Madeleine Paz, André Gide y Marcel Martinet.
Las luchas contra el estalinismo
A su llegada a Bruselas, Víctor Serge asumió con una voluntad de hierro y una
energía sorprendente una labor excepcional de desmitificación del estalinismo y
de defensa de los escritores soviéticos perseguidos, deportados y asesinados.
Poco antes de su deportación, Serge había logrado enviar una carta-testamento a
Madeleine Paz en la que decía que era "un
resistente absoluto en tres principios: defensa del hombre, defensa de la
verdad y defensa del pensamiento". Pues bien, en cuanto se produjo el
primer proceso de Moscú, Serge creó el "Comité de defensa de la libertad de opinión en la Revolución"
y publicó Dieciséis fusilados. El proceso
Zinóviev-Kamenev-Smirnov, el primer análisis serio y preciso sobre el terror
estalinista y los procesos de brujería que organizó la GPU y contra los que
sólo se levantaron el POUM en España y pequeñas minorías del movimiento obrero
y muy pocos intelectuales de izquierda.
Apenas un año después, ese mismo Comité tuvo que promover una fuerte campaña
internacional para tratar de salvar a Andrés Nin y al POUM, sometidos a una
cruel represión por orden de Stalin. Víctor Serge prosiguió incansablemente su
actividad en defensa de sus camaradas de la URSS y de España. "Fue verdaderamente -escribió Serge años
después- la lucha de un puñado de conciencias contra el aplastamiento completo
de la verdad, en presencia de crímenes que decapitaban a la URSS y preparaban
para pronto la derrota de la República española".
En el curso de esa lucha, Víctor Serge escribió De Lenin a Stalin, Destino de
una Revolución, Medianoche en el siglo, y preparó una de sus mejores novelas,
El caso Tulayev, análisis profundo de la mecánica de los procesos y de las
"confesiones" de Moscú, obra que al fin se ha publicado en Rusia,
donde, por cierto, no se han descubierto todavía los manuscritos que la GPU
confiscó al escritor revolucionario antiestalinista.
En espera de que se descubran y se publiquen esos manuscritos, ya es hora que
se vuelvan a publicar las obras de Víctor Serge, que ciertas incurias -por no
decir otra cosa- han alejado de las bibliotecas y de las librerías. Serge no es
un escritor más. Es un escritor militante excepcional del siglo que acaba. Sufrió
cárceles, exilios y toda clase de persecuciones en su gran combate por el
socialismo auténtico y libre. Y, aunque murió demasiado pronto, dejó una obra
capital para la comprensión de los grandes problemas del siglo XX.
El naufragio espectacular de la URSS, el desplome del muro de Berlín y la
-descomposición del movimiento comunista internacional, desfigurado por el
estalinismo, constituyen un fenómeno sin precedentes, que plantea problemas a
todo el mundo. A los defensores del sistema capitalista (incluso a los que a
dan por terminada la Historia), a los comunistas y poscomunistas, a los
socialdemócratas y a los que se disfrazan de tales, y a los marxistas
revolucionarios, que fueron los primeros en reconocer la degeneración de la
Revolución rusa y en combatir con las armas de la teoría y de la práctica
política la gran impostura estalinista con todas sus secuelas. La vida, la
lucha y la obra colocan a Víctor Serge en esta categoría. Él fue uno de los
militantes más clarividentes. Por eso, no hay más remedio que recurrir a sus
escritos para comprender o tratar de comprender el carácter y la significación
histórica del estalinismo, y el sentido de sus nefastas consecuencias. En medio
del confusionismo que reina actualmente en todas las fuerzas de izquierda que
no renuncian a la perspectiva de liberación socialista, Serge y su obra
constituyen algo así como un faro luminoso susceptible de facilitar la
comprensión del pasado y de mejor perfilar el porvenir.
Son muchos los que han sostenido que El año I de la Revolución rusa es una de
las mejores obras de Víctor Serge, un clásico en cierto sentido. Y no faltan
los que afirman que el ensayo Treinta años después, escrito por Serge en
Julio-Agosto de 1947, poco tiempo antes de su muerte, es algo así como el testamento
del gran escritor revolucionario desaparecido prematuramente en Méjico cuando
soñaba con volver a Europa para continuar su combate y su obra. Sea como fuere,
el valor de El año I de la Revolución rusa es evidente. Por lo que se refiere a
20 a Treinta años después -de Octubre de 1917-,
lo menos que se puede decir es que constituye un documento muy valioso en el
que Serge confirma su honestidad intelectual y su alto espíritu crítico.
Está de moda hoy desfigurar y condenar de una manera inapelable la Revolución
de Octubre y el bolchevismo de Lenin y Trotsky. Para algunos, todo fue un
inmenso horror primitivo y bárbaro que explica el triunfo actual del
capitalismo salvaje en Rusia. Figuran entre éstos una larga cohorte de
funcionarios "comunistas" que fueron durante luengos años fieles
soldados de Stalin, y multitud de intelectuales que vivieron y prosperaron
durante una larga parte de su vida rindiendo culto al "jefe genial" y a los otros jefes de
menor cuantía. En Rusia y en los países del Este, esos funcionarios y esos
intelectuales se han convertido hoy en capitalistas sin el menor esfuerzo y
algunos han tenido el descaro de ponerse inelegantes disfraces de
socialdemócratas para conservar un tufillo progresista. Hay que esperar que no
engañen a nadie, después de haberse pasado la vida engañando a los militantes
comunistas desinformados y burlados que creyeron en ellos.
Está de moda también en los medios derechistas y reaccionarios declarar con
altivez y suficiencia que el hundimiento de la URSS no sólo constituye la
prueba definitiva del fracaso total del comunismo, sino que pone de relieve que
el socialismo en general es una enorme utopía absurda y peligrosa. Y,
naturalmente, esto permite asegurar tranquilamente que no existe otra
perspectiva que la continuación (o la restauración) del capitalismo con las
reformas que los tiempos modernos puedan aconsejar a causa del desarrollo de la
ciencia y de la tecnología y de la mundialización de la economía.
Sabemos todo eso, pero lo que nos importa aquí y ahora es la reacción o las
reacciones de millones de personas que creían o imaginaban que en la URSS y en
los países del Este había algo de "socialismo"
o de progresismo y que esto podía ser positivo para las tendencias o las ideas
de transformación social existentes en el mundo. Estas personas son las que
quieren comprender lo que era realmente el estalinismo, cómo fue posible que
prevaleciera sobre las tendencias auténticamente socialistas o comunistas y
durara tanto tiempo, y, sobre todo, cómo fue posible que una revolución que
suscitó tantas esperanzas en el mundo entero acabara en un régimen totalitario
y esclavista, que se desplomó por sí mismo en medio de un desastre repugnante y
sin precedentes históricos.
El ensayo Treinta años después no podía ni puede hoy responder a todas estas
dramáticas interrogaciones. Pero al igual que La Revolución traicionada de Trotsky,
Destino de una revolución de Víctor Serge y el Stalin de Boris Souvarine, aporta elementos
de información y de análisis que pueden ayudar a la comprensión del hundimiento
vertical del estalinismo y de la desaparición de la URSS y sus satélites del
panorama mundial.
Defensa crítica de la Revolución Rusa
Desde luego, Víctor Serge defiende la Revolución Rusa y la justifica frente a
todos los falsificadores que "hablan y escriben sin informarse". Los
había entonces y los hay hoy. Y la defiende brillantemente, destacando el valor
del equipo de Lenin y Trotsky, sus aciertos y sus méritos, pero sin eludir ni
esconder las fases más dramáticas y los errores y faltas que cometieron, a su
juicio, sus dirigentes. Y esto tiene una importancia enorme puesto que, durante
años y años, muchos historiadores y escritores hicieron una apología total de
la Revolución Rusa y la presentaron como modelo a imitar o copiar, del que no
había que separarse ningún precio.
Víctor Serge era otro tipo de hombre y de militante. Su temperamento, su
cultura y su historia militante hicieron que siempre tuviera los ojos muy
abiertos y nunca cayera en la facilidad y la complacencia. Por eso no vacila en
decir que la falta de tradiciones democráticas fue muy grave para la Revolución
y que, en realidad, sólo los mencheviques de izquierda de la tendencia Martov
tenían "una concepción democrática
de la Revolución". Esta herejía, que Serge aprueba implícitamente, va
acompañada de muchas otras. Cuando abre el capítulo de los errores y de las
faltas de los bolcheviques, Serge es muy severo y no se deja casi nada en el
tintero. Para él, el error más "incomprensible"
es la creación de la Checa, tesis
que ya sostuvo en 1939 en su Retrato de Stalin y sobre la que insiste con
severidad en Treinta años después. Y, naturalmente, tras la Checa aparece Kronstadt.
Serge insiste en los argumentos que ya en 1938 le llevaron a una dura polémica
y a la ruptura con Trotsky. Para Serge, su criterio sobre Kronstadt fue
confirmado por Lenin cuando se proclamó el fin del llamado "comunismo de guerra" y se lanzó la
Nueva Política Económica (NEP), pero entiende que
los bolcheviques no supieron sacar todas las consecuencias del reconocimiento
tardío de sus errores y que en 1921 rechazaron "la reconciliación con los elementos socialistas y libertarios
dispuestos a situarse en el terreno de la Constitución soviética" y
les colocaron prácticamente fuera de la ley. Y, por lo demás, no vacila en
reconocer las terribles dificultades del poder soviético y su voluntad de
sostener la revolución europea, que era, a la larga, la única salida. Ahora
bien, Serge piensa que los bolcheviques, prisioneros de su idealismo militante,
se equivocaron en lo que respecta a "la
capacidad política y la energía de las clases obreras de Occidente y, sobre
todo, de Alemania". Y de ahí surgió la teoría del socialismo en un
solo país.
Frente a los que confunden todo y aseguran que existe una continuidad lógica
que lleva fatalmente de Lenin a Stalin, Serge sostiene que hay dos períodos
claramente diferenciados: 1917-1927 y
1927-1937. A nuestro modo de ver, el fenómeno es más complejo. Pero sigamos
a Serge. El hecho esencial para él es que en 1927-1928, por una suerte de golpe de Estado realizado en el núcleo
dirigente, "el Estado-Partido
revolucionario se convierte en un Estado policiaco-burocrático, reaccionario en
el terreno social de la Revolución". Víctor Serge analiza los dos
períodos y pone el acento en la lucha de la generación revolucionaria contra la
burocracia estalinista entre 1927 y 1937.
Los que hemos tenido la posibilidad de consultar los archivos de Moscú en estos
últimos años sabemos que esa lucha fue mucho más importante y más trágica de lo
que se imagina generalmente.
Víctor Serge fue uno de los primeros oposicionistas revolucionarios, es decir,
de los que combatieron contra la dictadura burocrática estalinista en nombre
del bolchevismo traicionado y destruido, y en nombre del socialismo libre.
Primero en la propia URSS en el seno de la Oposición de Izquierda, que, como él
explicó en varias ocasiones, era mucho más amplia y menos sectaria que los que
se reclamaban de ella fuera de Rusia. Y luego, tras su deportación a Oremburg y
la campaña internacional que permitió que saliera de la URSS y se instalara en
Bruselas y en Europa. Y, finalmente, tras la ocupación de Francia por las
tropas de Hitler, en su exilio mejicano, en contacto estrecho con los españoles
y, en particular, con los militantes del POUM. Entre 1907 y 1947, fecha de su
muerte -pronto hará 50 años- Serge fue un escritor revolucionario y
combatiente. En las horas más difíciles, en esa medianoche en el siglo que puso
como título a uno de sus libros, Serge vivió siempre modestamente, con un
optimismo creador sorprendente y conmovedor. Corrió muchos riesgos y los
esbirros de la GPU trataron de hacerle la vida imposible tanto en Bruselas como
en Méjico, donde fue objeto de varias agresiones.
Unos años antes de su muerte, cuando vislumbrara el fin de la segunda guerra
mundial, y pensando en su vuelta a Europa, escribió estas palabras: "Nada ha terminado. Estamos en el comienzo de
todo. A través de tantas derrotas, unas merecidas, otras gloriosamente
inmerecidas, es evidente que la razón más que el error está de nuestra parte.
¿Quiénes son los que pueden decir lo mismo? Solamente al socialismo corresponde
aportar mañana, a la revolución iniciada, una doctrina renovadora de la
democracia, una afirmación irreductible de los derechos del hombre, un
humanismo total que abarque a todos los hombres".
París-Barcelona
"Destino
de una revolución", de Víctor Serge (Libros de la Frontera)
VÍCTOR
SERGE
VICTOR
SERGE. MEMORIAS DE UN REVOLUCIONARIO
Archivo VICTOR SERGE
(1890-1947)
Victor Serge
1937 Adiós a Andres Nin
Edición
de literatura y revolución de Víctor Serge en La Cosecha Anticapitalista...
Obras
escogidas de Víctor Serge
Edición de
literatura y revolución de Víctor Serge en La Cosecha Anticapitalista
Victor
Serge. LO QUE TODO REVOLUCIONARIO DEBE SABER SOBRE LA REPRESION
Víctor Serge
Stalin & Trotsky (2/2)
España
Traicionada (Stalin y la guerra civil) Ronald Radosh, Mary R. Haberck (eds).
Primera parte.
Víctor
Serge. Totalitarismo y capitalismo de
Estado (Deconstrucción socialista y humanismo colectivista)
VÍCTOR
SERGE: TOTALITARISMO Y CAPITALISMO DE ESTADO (DECONSTRUCCIÓN SOCIALISTA Y
HUMANISMO COLECTIVISTA)
Resolución
del Comité Ejecutivo del POUM en los procesos de Moscú (28 de agosto de 1936)
Gran Purga
https://es.wikipedia.org/wiki/Gran_Purga