lunes, 18 de mayo de 2020

Coronavirus: estampas de la clase trabajadora global





Recogemos en esta entrada relatos de tres sectores de actividad en tres lugares del mundo. Si puedes entender perfectamente de qué están hablando, es porque se trata de la misma clase trabajadora global.

Yo te llevo tu comida. ¿No me merezco las protecciones básicas?
Como unos ingresos de emergencia, para empezar.
Por Mariah Mitchell, Seattle, Wa, Estados Unidos. 17/3/2020


SEATTLE – Soy una madre soltera, y trabajo duro para mantenerme en esta ciudad, donde nací. Me gradué en la Universidad de Washington, pero ningún empresario me daba la flexibilidad de horarios que necesitaba para cuidad de mis tres hijas. Este es el motivo por el que empecé a repartir para Caviar hace cinco años. Ahora hago lo mismo para Postmates, DoorDash, Uber Eats e Instacart. También soy conductora para Lyft.
Los trabajos de este tipo de economía me han mantenido con vida, pero suponen un montón de horas para una paga que apenas es nada. Me levanto a las 4:30 de la mañana para llevar los pedidos de desayunos, después me paso a Lyft, para llevar a la gente a sus trabajos. Después, dejo a mis hijas en el colegio y vuelvo online para la hora punta de los desayunos. Por la tarde, recojo a mis hijas de la escuela y trato de ajustar tiempos para darles de comer sin perder las horas puntas de la cena de 5 a 9. Algunos días tengo que trabajar dieciséis horas para que los números cuadren.

Esto era antes del coronavirus.

Desde entonces, el trabajo ha descendido considerablemente. Conduciendo para Lyft cinco horas el viernes, llevé solo tres viajeros. Normalmente hubiera llevado quince. La gente no va al trabajo. No hay recogidas en el aeropuerto, nadie vuela. El reparto de comida ha ido bien, pero hay restaurantes que están cerrando. Si no se mantienen los pedidos, no hay trabajo para mí.


En Postmates las ordenes de trabajo entran rápido, pero la compañía no paga más. En su lugar está contratando a otros trabajadores. La semana pasada nos pagaba primas por buscarlos por ellos – y con tanta gente que se está quedando en el paro, será fácil.

Además de esto, el estado cerró las escuelas, así que mis hijas están en casa. Afortunadamente, no tengo que preocuparme por el cuidado de los niños, como tantos otros trabajadores. Mi hija pequeña se puede quedar en casa con la mayor, que tiene 17. O puede venir conmigo mientras hago repartos. Pero mis hijas recibían desayunos y almuerzos gratuitos en el colegio, y ahora tenemos que ir a recogerlos allí a la hora del almuerzo – justo cuando yo tenía que estar haciendo repartos.

En Seattle, las autoridades han tomado algunas medidas de ayuda. Han prohibido los cortes de suministro de electricidad y agua, y han anunciado una moratoria en el desahucio de inquilinos que no pagan la renta. Eso es bueno, porque el tiempo está siendo muy frio. No necesitamos tener más gente sin hogar – y los trabajadores de mi tipo de trabajo que pierden ingresos serían los primeros.

Mientras el Gobernador rebaja los requisitos para acceder a la baja remunerada y al desempleo, estaría bien que estas medidas se extendieran a las empresas en las que yo trabajo, para las cuales somos trabajadores autónomos. Nosotros también necesitamos ingresos de emergencia. Yo no tendré desempleo si me quedo sin trabajo por culpa del coronavirus. Hay muchas dudas en el aire con nuestra situación, y necesito saber si tendré un ingreso si todo cierra, o si alguien en mi familia se pone enfermo.

Pero eso no puede pasar. Yo no me puedo poner en cuarentena porque no trabajar no es una opción. Si no gano el dinero suficiente, no podré alimentar a mis hijas durante las seis próximas semanas. No voy a parar, con fiebre o sin fiebre. Y esto es lo que otros muchos trabajadores en mi situación van a hacer, porque ninguno de nosotros tiene los ingresos suficientes para ahorrar para una emergencia como esta.

Las compañías como estas deberían ayudarnos durante esta crisis. Nos merecemos ingresos de emergencia para seguir a flote – y los trabajdores de estos sectores necesitan salarios mínimos estándar a largo plazo, de forma que tengamos algo ahorrado cuando llegue la próxima crisis. Por ello es por lo que hemos estado trabajando en la campaña Pay Up, para que se aprueben leyes que protejan las propinas, poner un salario base que garantice los quince dólares a la hora más gastos, y que permita a los trabajadores saber lo que están cobrando y por qué.

Estas empresas deberían pagar a sus trabajadores incluso cuando no pueden trabajar. Si quieren que no propaguemos el virus, deberían pagarnos un salario básico para que nos quedemos en casa. También deberían proveernos con útiles como desinfectante para prevenir la exposición cuando hacemos repartos sin contacto y mantener a los trabajadores sanos. También sería más seguro no tener contacto con el personal de los restaurantes.

Necesitábamos estas protecciones antes de que nos golpeara la crisis, y las necesitamos ahora más que nunca. De alguna forma, los trabajadores en este sector estamos actuando como fuerza de primera línea – asegurando que la gente pueda ir al médico, y conseguirles medicinas y comida si deben quedarse en casa. Cuando tú nos das tu apoyo, lo estás haciendo por la comunidad.


Mariah Mitchell es miembro de la campaña Pay Up a través de la organización Working Washington.

“Teóricamente, se supone que debo hacer 40 horas. En la práctica, no hay más que una montaña de horas.” La distribución alimentaria en Italia en cuarentena.

Senza Tregua; Milán, Monza y Roma, Italia. 19/3/2020


Continuamos con los testimonios de los trabajadores en el momento de la emergencia sanitaria debida al Covid-19, esta vez informando de los jóvenes operarios del sector de la distribución de alimentos. Aunque una gran parte del país está bloqueada, muchos siguen obligados a trabajar. La distribución de alimentos es claramente uno de los servicios esenciales, a diferencia de otros sectores en los que los jefes insisten en continuar con la producción a pesar de que sólo es necesaria para su beneficio, y por ninguna otra razón. Sin embargo, esto no significa que en la distribución de alimentos la emergencia del coronavirus no esté llevando a un aumento de la explotación de los trabajadores. Al contrario, esto es precisamente lo que está sucediendo, ya que hemos recibido varios informes tanto de grandes cadenas (Esselunga, Carrefour, Pam, por nombrar algunas) como de supermercados más modestos.


“Vivimos en un clima de sospecha mutua, ya ni siquiera confiamos en nuestros colegas. Las reglas que han decidido son inviables – dice Andrea (nombre ficticio), un joven trabajador milanés de una conocida cadena – entran escalonadamente pero la distancia de un metro entre los que trabajamos y los clientes nunca existe. Es imposible de mantener. Las máscaras que nos dan son pocas, se terminan y ni siquiera se pegan a la cara, son totalmente inútiles. Justo en estos días muchos colegas están cogiendo la baja por enfermedad para cuidar de sus hijos o simplemente por miedo, y para nosotros que seguimos, los turnos aumentan. La empresa hace todo lo posible para no cerrar aunque el balance sea deficitario, a nadie le importa si estamos tirando una montaña de productos caducados que no se están vendiendo, lo importante es mantener abierto. Tenemos un blanco en nuestras espaldas, nosotros que trabajamos allí, somos los primeros”. Las palabras de Andrea se hacen eco de las de otros trabajadores con los que hemos tenido contacto y que describen una situación similar. Giovanni, empleado en otra cadena de la provincia de Monza, nos cuenta un detalle fundamental: “Los chicos y chicas con contrato estacional, que por ley deberían haberse quedado en casa, recibieron un contrato (no sé de qué tipo ni por qué duración) para hacerlos trabajar, poniéndolos en las condiciones de los demás empleados y exponiéndolos al riesgo de contagio. ¡Quien hizo la ley, hizo la trampa! Es en esta situación de emergencia cuando sale a la luz el estado de explotación en el que se encuentran miles de jóvenes en nuestro país, donde el papel esencial de estos jóvenes en el lugar de trabajo se corresponde con los contratos y los salarios de hambre.

Sin embargo, las peores condiciones se encuentran en los pequeños puntos de venta de las cadenas más pequeñas, tanto en el norte, donde hemos visto una situación muy dramática, como en el centro-sur. “Donde trabaja mi hermano, los trabajadores se ven obligados a trabajar muchas horas extras sin que se les pague, probablemente porque al ser un pequeño particular no tiene ningún control y no tiene nada que ver con los sindicatos – dice Elisa (nombre ficticio) de Roma – Ten en cuenta que les hacen trabajar doce horas y les pagan seis. También en lo que respecta a la seguridad están en mal estado: no tienen máscaras y guantes, ni siquiera zapatos de seguridad. No tienen nada propio. ¡Entra ahí y te llevas las manos a la cabeza de como están!”.

Finalmente, en el muy céntrico Corso Sempione de Milán, Luca (siempre un nombre ficticio) nos da un cuadro estremecedor: “Teóricamente debería hacer cuarenta horas a la semana, en la práctica no hay más que una montaña de horas a la semana, va de un mínimo de cuarenta a un máximo indefinido (mi superior esta semana hizo ochenta y cinco horas, mientras que un colega mío hizo cincuenta y ocho). Hay una enorme escasez de personal en todas partes y actualmente cogen nuestro día libre y lo dividen en dos turnos libres a la semana; esto lleva a un mínimo de seis/siete horas extras hasta que termina la situación de emergencia. Somos tan pocos que aunque algunos colegas están enfermos, aunque no han dado positivo en el test, y el médico de cabecera les ha aconsejado que se queden en casa, tienen que venir a trabajar porque no pueden tomar días de enfermedad”. Cuando se le pregunta sobre las medidas de seguridad, responde: “No tenemos máscaras por el momento, tenemos que conseguirlas nosotros mismos; lo único que nos dan son guantes y un pequeño frasco de medicina parecida a la Amuchina [gel desinfectante] que debe ser suficiente para todos, incluso para los clientes. Objetivamente hablando, es imposible mantener el metro de distancia cuando se trabaja demasiado, ya que somos dos a la vez; se pueden higienizar los carros y las cestas una vez y, desgraciadamente, hay diez veces que no, porque hay demasiado trabajo, se olvida o los clientes se los llevan antes de hacerlo. La situación a veces también se vuelve peligrosa: tuvimos que cerrar nuestras tiendas online durante tres días porque llegaron cincuenta o sesenta pedidos con los repartidores apiñados y algunos de ellos incluso nos atacaron, hasta el punto que tuvimos que llamar a la policía varias veces”. Luca concluye, visiblemente quemado: “Es un desastre, no podemos seguir así. Las empresas no pueden garantizar en absoluto los estándares higiénicos y sanitarios que nos piden y sobre todo no pueden garantizar la salud física y mental de cada uno de nosotros. La semana que viene no sé cuántas horas haré, sólo sé lo que haré mañana y me pidieron “flexibilidad diaria extrema en cada turno”.

Nos han dejado solos

Coordinadora Antiprivatización de la Sanidad Pública de Madrid. España. 20/3/2020




La crisis del covid19 ha permitido descubrir en manos de quienes estamos. Por si alguien no lo hubiera visto aún. La Administración Sanitaria carente de planificación, hace aguas por todas las partes. Y de nuevo los paganos son los trabajadores de la sanidad y la población. Queremos denunciar:

1.-Absoluta falta de previsión en la compra de sistemas de protección (epis, mascarillas, batas, calzas, gafas, pantallas faciales…) ante un virus que se podría transmitir por vía aérea (1). Incluso los servicios de cuidados críticos se están encontrado en muchas ocasiones sin material. Y el existente, es de inferior calidad al de muchos países (2). y (aquí).

2- Modificaciones continuas, incluso en un mismo día, de las recomendaciones en materia de prevención y de los protocolos de actuación (3), lo que hace prácticamente imposible seguirlos.

3.- Caos en la salud laboral: citas eternas para conseguir que se nos hagan los test a los trabajadores sospechosos o incluso con síntomas. Los equipos volantes para la realización de pruebas están absolutamente desbordados. Sus teléfonos no contestan y los buzones están llenos. Criterios cambiantes para solicitarlas y lentitud en avisar con los resultados, lo que implica que nos reincorporemos más tarde al trabajo si somos negativos.

4.- Intereses economicistas por encima de la situación de emergencia. En diferentes hospitales de Madrid los gerentes han dado más importancia a mantener la “normalidad estética” en la asistencia sanitaria. Más preocupados en no afectar a las listas de espera quirúrgicas o de consultas, que a prepararse para la debacle que se avecinaba. Parece que lo importante para los gestores es lograr sus “objetivos”, y sus jugosos incentivos a fin de año. Los gestores y mandos intermedios han conformado en estos años una estructura sobredimensionada y absolutamente ineficaz, mientras las plantillas han sido reducidas drásticamente. ¡¡Moved el culo, dejad los despachos y dad ejemplo, poneos en primera línea para echar una mano!!.

Incongruencia rayando en la chapuza más burda al utilizar hoteles, que nos pasarán luego la factura, es decir, más negocio para la privada, mientras existen plantas enteras cerradas en hospitales.

5.- Escaso número de camas de UCI y de hospitalización, fruto del proceso de privatización y recortes ejecutado a partir de 2005, mediante la Ley 15/97 (aprobada por PSOE, PP, CiU, PNV y CC). Así como la inexistente planificación sanitaria, lo que explica la elevada mortalidad de España, especialmente en Madrid, en contraste con la baja mortalidad de países como Alemania. Este es el único país europeo que cumple con las recomendaciones de la O.M.S., de no tener menos de 800 camas cada 100.000 habitantes (4). Madrid dispondría de 277,09 camas por cada 100.000 habitantes (5). En lo que respecta a cuidados intensivos, España tiene 9,7 camas de hospital por 100.000 habitantes, frente a 29,2 de Alemania (6).

Salas de urgencias en las que no es posible la separación entre pacientes sospechosos y pacientes con otras patologías, falta de respiradores, supresión de cirugías absolutamente necesarias, etc.

6.- ¿Cómo es posible abandonar a quienes más riesgo tienen?. Los más vulnerables, como es el caso de las residencias de ancianos, están abandonadas a su suerte, lo que raya en la negligencia más absoluta. A estas alturas, aun no se han intervenido por el Ministerio de Sanidad las residencias de ancianos.

Como reflexión final, como trabajadores y trabajadoras, así como usuarios de la sanidad, entendemos que somos parte del engranaje de una máquina que funcionará hasta la destrucción de todo lo que conocemos. Si no salimos de esta,” hay gente de sobra” para sustituirnos. Además de una “nueva oportunidad para nuevos negocios”. Si salimos fabricando vacunas, antivirales, nuevos métodos de control social (como los controles masivos telemáticos de geolocalización en China), pues tanto mejor. Les damos igual, somos parte de la maquinaria prescindible del sistema. Y lo peor es que estamos obligados a ser inconsecuentes y salvar la maquinaria si queremos seguir vivos.

Señores políticos, gestores sanitarios, sindicatos oficiales, inspección de trabajo……las medidas cosméticas no sirven. Los aplausos solo son ruido, solo sirven para distraer la atención de los gravísimos problemas que tiene el sistema sanitario en este momento. Nos habéis dejado solos. A los trabajadores sanitarios y a los más vulnerables: personas mayores, “sin papeles”, internos de psiquiátricos, presos, CIEs….y lo que es peor, sin medios para atenderlos, porque vuestros intereses son otros.





(2) Carta de un equipo de intensivos de Singapur donde muestran que están años por delante de nosotros. Están utilizando en UCI y quirófano sistemas de filtrado portátiles de aire (PAPR), aquí posiblemente sólo los tenga el ejército. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/32151274

(3) “Primero mascarillas ffp3, luego ffp2, ahora quirúrgicas, primero una por paciente, luego una por turno…, según la disponibilidad”

(4) Coronavirus y la otra pandemia: el desmantelamiento de la salud en el mundo



Número de camas en cuidados intensivos de algunos países
Estados Unidos  34,7 camas por cada 10.000 habitantes.
Alemania             29,2   camas por cada 10.000 habitantes.
Italia                     12,5
Francia                 11,6
Corea del Sur      10,6
España                   9,7
Japón                     7,3
Reino Unido          6,6




La pandemia del coronavirus COVID-19 en el BOE, desde el martes 10 de marzo de 2020 hasta el domingo 29 de marzo de 2020.



Libro-manual (PDF): Los científicos chinos nos enseñan cómo prevenir y tratar el contagio de coronavirus



Robots, automatización y trabajo asalariado (parte I, II y III) por Duval para el blog Crónica de Clase







6º Cronología de las contrarreformas en la sanidad. La privatización  o saqueo sanitario en España “mata”.
Desenmascarando las mareas ciudadana de colores o tides


El Constitucional avala la ley madrileña que inició la privatización sanitaria
5 MAY 2015

La ley estatal al que se refiere:

Ley 15/1997, de 25 de abril, sobre habilitación de nuevas formas de gestión del Sistema Nacional de Salud.


Ley 15/97, Ley  que facilitó, en 1997, la gestión privada de centros sanitarios públicos.
Votaron a favor PSOE, PP, CC, CIU y PNV; y en contra: IU y BNG


¿Cómo se gesta y a quién beneficia la privatización de la sanidad?
9 de enero de 2014



La política reaccionaria de CIU en Cataluña

CIU aplicó la segunda ley de privatización de la Sanidad comenzó en Cataluña.

Ley 15/1990, de 9 de julio, de Ordenación Sanitaria de Cataluña


LEY 15/1990, de 9 de julio, de ordenación sanitaria de Cataluña


Y siguió con la misma política reaccionaria

Los recortes de la Generalitat, en directo

15/05/2012 


Cómo Cataluña lideró los recortes sociales

 28 SEP 2017





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