martes, 6 de junio de 2017

Nosotros los rojos (la distopía de Yevgueni Zamiatin, inspiradora de otras obras como “Un mundo feliz” (1932) de A. Huxley o “1984” (1948) de George Orwel. Lenin y el taylorismo




                                                    Yevgueni Zamiatin



                                              We o Nosotros (novela)




NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG: Le he añadido todos enlaces a este magnífico artículo  de Pedro Perucca, que contextualiza la novela de Nosotros de Yevgueni Zamiatin, escrita en el 1921 en el contexto del comunismo de guerra de 1917 a 1921.

También se le puede añadir las obras de Rosa Luxemburgo sobre las críticas a  la revolución socialista en Rusia y las críticas que recibió por parte de los bolcheviques (Lenin, Trotsky y Stalin). Al final del texto le voy adjuntar estos textos.




Esta es la fuente

Nosotros los rojos







- Eso es una locura. ¿Es que no te das cuenta de que lo que
                                                                                proyectas es una revolución? - Sí, una revolución..., pero ¿por qué ha de ser una locura?
- Porque nuestra revolución fue la última de todas, ya no puede haber una nueva revolución. Esto lo sabe todo el mundo.

 Nosotros, Evgueni Zamiatin

Durante noviembre, como todos sabemos, se cumple el aniversario de la revolución de Octubre de 1917 (extrañeza onomástica debida al desfasaje entre calendarios julianos y gregorianos). Así que no es un mal momento para abordar algún aspecto cultural relacionado con aquella enorme y contradictoria gesta revolucionaria. Y en este número de Batalla de Ideas se planteó el desafío de comenzar a proponerle a nuestros lectores algunos pequeños ensayos o artículos vinculados con el área cultural. Y, finalmente, sucede que quien suscribe es un ñoño fanático de la ciencia ficción. Entonces ¿habrá alguna posibilidad de conjugar revolución rusa/cultura/CF? Bueno, más allá de que el campo de la ciencia ficción soviética es gigantesco (ya sólo la obra de los prolíficos hermanos Arkady y Boris Strugatsky -autores de Picnic Extraterrestre, maravillosa novela en la que se inspira la no menos maravillosa Stalker de Tarkovsky- ameritaría un artículo extenso) para este número hemos elegido abordar el caso, posiblemente menos conocido, del escritor ruso Evgueni Zamiatin y de su obra más polémica y relevante, la estremecedora distopía Nosotros.

El comunismo de guerra

Siguiendo la periodización más o menos clásica que hace el camarada Víctor Serge en su El año I de la revolución rusa, podemos decir que el primer período revolucionario, el de ese año intenso en el que centrará su análisis, se caracteriza por ser “la fase de las conquistas del proletariado” (conquista del poder, del territorio, de la producción y del derecho a la vida, creación del Estado y del Ejército, etc.). La épica revolucionaria también motorizó un estallido cultural, como no podía ser de otra manera. Al decir de Manuel Vázquez Montalban (en su artículo “Carvalho en el país de los soviets”, donde analiza la literatura post revolución rusa), “fue como una tela en blanco. Los artistas se lanzaron a la búsqueda de un nuevo destinatario y de un nuevo lenguaje”.



Luego, en 1918, el desencadenarse de la revolución espartaquista en Alemania abre la fase siguiente. Citamos in extenso a Serge en su breve descripción de esta fase, “la de la lucha internacional (o más concretamente, la de la defensa armada -defensa agresiva en ciertos momentos- del hogar de la revolución internacional)”, por ser la más relevante para nuestro análisis:

En 1919 se forma la primera coalición contra la República de los Soviets. Pareciendo a los aliados insuficientes el bloqueo, fomentan la formación de Estados contrarevolucionarios en Siberia, en Arkhangelsk, en el Mediodía, en el Cáucaso. Durante el mes de octubre de 1919, al finalizar el año II, la República, asaltada por ejércitos blancos, parece estar a punto de sucumbir. Kolechak avanza sobre el río Volga; Denikin, después de invadir Ucrania, avanza sobre Moscú; Yudenich avanza sobre Petrogrado, apoyándose en una escuadra inglesa. Un milagro de energía da la victoria a la revolución. Continúan reinando el hambre, las agresiones, el terror, el régimen heroico, implacable y ascético del “comunismo de guerra”. Al año siguiente, en el momento en que acaba de decretarse el fin del terror, la coalición europea lanza a Polonia contra los Soviets. El Ejército rojo llega al pie de las murallas de Varsovia, en el momento mismo en que la Internacional Comunista celebra en Moscú su segundo congreso, y alza sobre Europa la amenaza de una nueva crisis revolucionara. Termina este período en los meses de noviembre-diciembre de 1920 con la derrota de Wrangel en Crimea y con la paz con Polonia. Parece haber terminado la guerra civil, pero el levantamiento de los campesinos y la insurrección de Kronstadt ponen brutalmente de manifiesto el grave conflicto entre el régimen socialista y las masas del campo.



A continuación vendrá la fase de “reconstrucción económica”, centralmente caracterizada por el famoso “paso atrás” de la Nueva Polí- tica Económica leninista (NEP) y, luego de constatado su éxito económico y sus resultados pacificadores, a partir del año 1925/26 se abre una cuarta fase, “de industrialización”, en la que, no sin mortal polémica, acaba afianzándose la concepción stalinista del socialismo en un solo país para, desde allí, “alcanzar y superar” al capitalismo. Y hasta aquí llega Serge, que está escribiendo su libro en 1930. De todas maneras, es todo lo que necesitamos por el momento, así que lo despedimos con un abrazo agradecido.


Zamiatin y Nosotros


Evgueni (o Yevgueni o Evgenü) Zamiatin, como puede constatar cualquiera consultando Wikipedia, había nacido en 1884 cerca de Moscú, de familia relativamente acomodada. Cursó la carrera de ingeniería en San Petersburgo y fue arrestado por sus simpatías bolcheviques en 1905 y 1911. Durante la Primera Guerra Mundial publicó la novela En el quinto infierno, censurada por el zarismo por su contenido antimilitarista. De resultas de una larga estadía en Inglaterra para perfeccionarse como ingeniero naval en 1918 publicó Los insulares, donde satirizaba al imperialismo inglés y a las costumbres isleñas, obra con la que obtendría un cierto reconocimiento. Por extensión, luego se utilizó el nombre “insulares” para identificar a un grupo de artistas “compañeros de viaje, cercanos a Zamiatin, a los que Trotsky les dedica más de un párrafo crítico en su indispensable Literatura y revolución (sobre la que ya volveremos).


La cuestión es que entre 1919 y 1921 Zamiatin, sin llegar a renegar explícitamente de sus simpatías revolucionarias, estuvo elaborando una serie de producciones que, con razón, fueron leídas como críticas al poder rojo. Una de ellas es Los fuegos de Santo Domingo (Ogní svyatogo Domínika), una obra teatral que propone leer las etapas evolutivas del comunismo soviético en el mismo orden que las cumplidas por el cristianismo -con una inicial “fase profética” propia de las catacumbas, una subsiguiente “fase apostólica” de difusión de la palabra y por último una final “fase eclesiástica” donde ya desde el poder comienza a aplicarse una política de salvación forzosa y obligatoria-, y la otra es Nosotros (Мы), una ficción anticipatoria que, con incuestionable agudeza, extrapola algunos de los peores aspectos totalitarios del período del comunismo de guerra. Esta última, cuya publicación fue denegada en la Unión Soviética, fue enviada por el autor a Londres, donde se editó en 1924 en una versión incompleta (aquí fue donde le dieron el nombre por el que la conocemos, ya que su autor siquiera la había titulado). Luego, en 1927, fue publicada en la joven Checoeslovaquia, en entregas, en el periódico Volya Rosii, sin permiso de su autor (curiosamente, también la única versión cinematográ- fica inspirada explícitamente en Nosotros es Wir, filmada en 1982 por el director checoeslovaco Vojtech Jasný). Por supuesto, en el caldeado ambiente soviético de 1927 (año de la deportación de Trotsky a AlmaAta, entre otras cosas), esto no cayó demasiado bien y la vida del autor pasó de difícil a decididamente incierta, debiendo soportar incluso el reiterado pedido de lectores y colegas de que se lo condenara a la pena capital.


Pero ¿por qué una novela de ciencia ficción era capaz de irritar tanto a las jerarquías soviéticas?



Bien, resumiendo un tomo y tres apéndices, digamos que Nosotros, ubicada en una suerte de Utopía revolucionaria del siglo XXVI, relata autobiográficamente el proceso de conversión de su protagonista principal, D-503 (todos los habitantes de este paraíso tecnológico del futuro se identifican por números), constructor del Integral -un vehículo espacial destinado a expandir la ideología del “Estado Único” por el universo-, de número sumiso y dócil a individuo portador “de un alma” y, por lo tanto, rebelde. En la ciudad de los números la naturaleza salvaje ha quedado excluida al otro lado del “Muro verde”, mientras que de éste lado no hay plantas ni animales, sólo calles rectilíneas, viviendas indiferenciables, simetría absoluta y uniformidad en el vestir. Las relaciones entre los sexos se rigen por contratos que mediante unas papeletas rosas asignan acompañantes sexuales y sesiones íntimas (en las que se pueden correr las cortinas de las casas -transparentes para facilitar la vigilancia perpetua- y gozar de unos momentos de intimidad). Todas las horas del día del número están regladas según la tabla de Taylor, que prevé hasta la cantidad de veces que hay que masticar cada bocado (50). La música se produce en serie (se acaba de inventar una máquina capaz de componer tres sinfonías por hora), la danza es considerada hermosa en tanto “movimiento regulado, no libre, porque su sentido más profundo es la sumisión estética perfecta, la idealizada falta de libertad” y la poesía sólo sirve para alabar los avances de la técnica o la clarividencia del Benefactor, a quien se ratifica anualmente en su cargo soberano en el Día de la Unanimidad. Los protectores, espías estatales a quien nuestro protagonista inicialmente considera “ángeles de la guarda”, velan por la seguridad del Estado Único e intentan detectar cualquier síntoma de disidencia en el afiatado organismo social. Se ha descubierto la forma de “extirpar quirúrgicamente” la fantasía (considerada “el último obstáculo en el camino hacia la felicidad”) y el Estado va a comenzar a operar compulsivamente a los números para irradiar “ese diminuto nudo en la base craneal” y curar definitivamente a todos los enfermos de fantasía.


Todo muy lindo, muy ameno, hasta que aparece I-330, una mujer misteriosa que le mueve la estantería a D-503. Aquí la mujer juega, como en el 1984 de Orwell (y como en el Génesis bíblico, ya que estamos), un papel central como disparador de rebeldía y como guía en el proceso de paulatina desalienación del protagonista.





En este opresivo mundo futuro, no sólo la relación sociedad/individuo se resuelve mecánica y fatalmente en favor del primer término sino que es incluso inmoral cuestionar ese orden de cosas: “Imaginé- monos dos balanzas, una de las cuales contiene un gramo y la otra una tonelada; es como si en una estuviera el “yo” y en la otra el “nosotros” del Estado único. Consentir al “yo” cualquier derecho frente al Estado único sería lo mismo que mantener el criterio de que un gramo pueda equivaler a una tonelada. De ello se llega a la siguiente conclusión: la tonelada tiene derechos y el gramo deberes, y el único camino natural de la nada a la magnitud es: olvidar que sólo eres un gramo y sentirte como una millonésima parte de la tonelada”

En síntesis, como en un momento explica uno de los personajes, trazando los lineamientos de su última apología del sistema dominante: “Es la vieja leyenda del Paraíso, claro que amoldada a nosotros, trasladada al presente. A aquellos dos, en el Paraíso, se les había puesto ante una alternativa: o dicha sin libertad o libertad sin dicha.


Y aquellos ignorantes eligieron la libertad. Era de esperar. Y la consecuencia natural y lógica fue que durante siglos y siglos añoraron las cadenas. En esto consistió toda la miseria de la humanidad. Y solamente nosotros somos los que nos hemos dado cuenta de cómo puede recuperarse la dicha... Volvemos al Paraíso, volvemos a ser pobres de espíritu e inocentes como Adán y Eva. Ya no existe un bien o un mal. Todo carece de complicación y todo se ha vuelto simple y sencillo, paradisíaco, infantilmente simple”.


Y parece que esta despiadada proyección literaria no cayó demasiado bien en aquél caldeado ambiente político del país de los soviets de 1927. El Kremlin no estaba para bollos.

Una extraña influencia

En la Rusia prerrevolucionaria eran muy leídos los precursores de lo que luego se llamaría ciencia ficción, especialmente Herbert George Wells (novelista, historiador y filósofo británico, autor, entre otras maravillas, de La máquina del tiempo, novela que puede, sin demasiado esfuerzo, ser leída en clave de lucha de clases) y el prolífico genio galo Jules Verne (recordemos además que en la Rusia zarista el francés era la segunda lengua de la aristocracia). La influencia de Wells será particularmente significativa porque Zamiatin llegó a conocerlo en una de sus estancias en Londres y se manifestó particularmente impactado por su obra de 1905, Una utopía moderna. Recordemos también que el socialista fabiano Wells siguió de cerca el acontecer revolucionario ruso y que incluso llegó a viajar a la joven URSS para entrevistarse con Lenin.


A este background de lecturas fantásticas de Zamiatin también podríamos agregar sin la menor duda a muchas de las producciones situadas en el campo de la utopía, que también tuvieron una importante difusión en la tierra de los zares, aunque no necesariamente con su beneplácito. Ejemplar es el caso del escritor y filósofo naródnik Nikolái Gavrílovich Chernyshevski, autor de la novela ¿Qué hacer? (Inspiradora de toda una generación de revolucionarios, incluido Lenin, que luego la citaría desde el título de uno de sus trabajos más famosos), quien luego de varias visitas a la Fortaleza de San Pedro y San Pablo (prisión emblemática del zarismo), acabaría sus días en Siberia.

Lógicamente, la producción utópica y de ciencia ficción también tuvo un auge vinculado a los períodos revolucionarios manifestando, en algunos casos demasiado evidentemente, sus intenciones “educativas” para el pueblo. Por citar sólo algunos de los casos más representativos, mencionaremos a la utopía Viaje de mi hermano Alexéi a los países de la utopía campesina, de 1920, de Kavarin (autor que si bien al momento de su publicación era considerado prácticamente uno de los máximos representantes de la “ciencia ficción oficial” luego de los vaivenes político/culturales de la década no podrá evitar su destino siberiano), a la precursora Aelita, de 1922, de Alexéi Tolstoi, que relata la exportación del sistema soviético nada menos que a Marte (y que fue la base para la maravillosa película muda homónima de 1924, dirigida por Yákov Protazanov) y Dentro de mil años, escrita en 1927 por Alexandr Beliaev, que puede anotarse la previsión del final atómico de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Por supuesto, también podría incluirse aquí a la obra de teatro La chinche, de Vladimir Mayakovski, que en 1929 utilizó la idea del personaje que queda congelado y despierta 50 años en el futuro soviético para ridiculizar impiadosamente a la lógica y al discurso burocrático, ocurrencia que le costó primero la caída de la gracia stalinista y luego una virulenta campaña en su contra que lo llevaría al suicidio un año más tarde.

Sin embargo, una de las influencias más significativas para la obra de Zamiatin sin duda será la de alguien que no suele vincularse con el campo de la ciencia ficción o la fantasía: Fiódor Dostoyevski. Esta incidencia se hace particularmente notoria si tenemos en cuenta el mensaje crítico respecto de la absolutización racionalista occidental y mecánica que se desprende de obras como Memorias del subsuelo (1864) o Los endemoniados (1872), pero sobre todo va a manifestarse en la construcción del personaje absolutista del Benefactor en Nosotros (antepasado director del Gran Hermano orwelliano), que muchos críticos coinciden en analizar como una relectura del famoso Gran Inquisidor de Los hermanos Karamazov, de 1879.

En cuanto a las influencias de Nosotros en la literatura y el cine, no haremos más que mencionar algunos de los casos más significativos ya que, en tanto fundadora del género distópico, su incidencia es vastísima. En el campo literario (dejando de lado los más evidentes casos de Aldous Huxley y de George Orwell, que luego analizaremos algo más detalladamente) podemos mencionar a autores de la talla de Vladimir Nabokov, Ayn Rand, B. F. Skinner, Kurt Vonnegut, Ray Bradbury, Peter Weiss, A. y B. Strugastsky, Ursula Le Guin, Vladimir Voinovich o William Gibson. Cinematográficamente son deudores de la novela de Zamiatin films que van desde Metrópolis (1927, Fritz Lang) a Carrera contra la muerte (1987, Paul Michael Glaser, con Schwarzenegger, sobre una idea de Stephen King), pasando por Rollerball (1975, Norman Jewison), THX 1138 (1970, el primer largo de George Lucas) y cientos de otras. Hasta la famosa frase de protesta del personaje de la sesentosa serie inglesa El prisionero al inicio de cada capítulo (I’m not a number. I’m a free man) puede y debe ser leída en la huella abierta por Nosotros.

El affaire 1984


Isaac Deutscher, famoso historiador y biógrafo de Trotsky, comenta sobre el caso: “La afirmación de que Orwell ha tomado de Zamiatin los principales elementos de 1984 no es la adivinación de un crítico con habilidad para rastrear influencias literarias. Orwell conoció la novela de Zamiatin y quedó fascinado por ella. A propósito de la misma escribió un ensayo, que apareció en una publicación socialista de izquierda, Tribune, de la que Orwell era director literario, el 4 de enero de 1946, recién editada Animal Farm, y antes de que el propio Orwell comenzase a escribir 1984”. Nuestro Emilio J. Corbière es aún más lapidario en su artículo “George Orwell no escribió, en realidad, 1984”: “El de Orwell fue un plagio consciente, ya que él mismo lo explicó en otro de sus trabajos. La trama argumental, los principales personajes, los símbolos y el clima de su narración, pertenecieron a un escritor ruso de principios de siglo, totalmente olvidado: Evgenü Zamiatin”.

Cierro mi caso. No hay preguntas para los testigos. El jurado ni siquiera necesita reunirse a deliberar. Está bien. Igual lo queremos a George. Rebelión en la granja y Homenaje a Cataluña siguen siendo de lectura obligatoria. Y, más allá de que todas las ideas centrales de 1984 puedan encontrarse más o menos directamente en Nosotros, la antiutopía orwelliana sigue siendo una enorme novela. Tampoco es la originalidad la única piedra de toque para validar o no un producto literario. Pero sí es justo reconocer que las ideas fueron tomadas de otro lado. Llamémoslo un homenaje.


En la reseña publicada en el Tribune (periódico socialista del en el que oficiaba como editor literario), Orwell comenta que leyó el libro del ruso en una edición francesa (fue editado en francés en 1929, aunque incompleto, ya que la primera edición íntegra es la estadounidense de 1952) y queda claro que no lo impresionó demasiado en cuanto a su calidad literaria ya que afirma: “hasta donde puedo discernir no es un libro de primera línea”. Sin embargo sí lo valora en tanto “estudio de la Máquina, el genio al que el hombre irreflexivamente ha dejado salir de la botella y ahora no puede regresarlo a ella otra vez” e incluso afirma que es superior al Brave new world de Huxley en cuanto a sus intuiciones políticas. También aprovecha para hacerse un poquito el asombrado mientras le tira a matar a su colega antiutopista: “Lo primero que hay que destacar acerca de Nosotros es el hecho -nunca señalado, según creo- de que Un mundo feliz, de Aldous Huxley, debe derivarse en parte de él”. Más allá de la mojada de oreja, políticamente el artículo es claro en cuanto a las intencionalidades de Orwell, absolutamente opuestas a ese supuesto antisovietismo o desencanto contrarrevolucionario desde el que una cierta crítica, de neto cuño stalinista, pretende analizar sus obras más relevantes, ya que el artículo sobre Nosotros busca evitar una lectura de la novela exclusivamente en clave antisoviética y aclara que no debiera interpretarse como un alegato contra ningún país o régimen en particular sino como un alerta respecto de los “objetivos implícitos de la civilización industrial”.

Insistimos, la falta de originalidad no le resta un ápice de valor literario ni de relevancia política al 1984 de nuestro querido George Orwell. Por algo para referirnos a un ambiente opresivo y totalitario utilizamos el adjetivo “orwelliano”. Sin embargo, creemos justo recordar que al César lo que es del César, lo cortés no quita lo valiente, el que avisa no traiciona y demás dichos aleccionadores acerca de lo cuestionable de no ser explícito en cuanto a los homenajes.

Leon Trotsky  Literatura y revolución  (1924)



Literatura y revolución


Está más o menos claro que León Trotsky fue uno de los pocos dirigentes bolcheviques (además del nunca bien ponderado Anatoli Lunacharsky) que poseía el background cultural y la agudeza analítica suficientes como para meterse en el complicado terreno de las relaciones entre revolución y manifestaciones culturales sin pasar papelones, tal como lo demuestra su obligatoria Literatura y revolución. Mientras demuestra un conocimiento vastísimo y profundo sobre las tendencias literarias de vanguardia y ofrece agudos análisis capaces incluso de justipreciar los aportes de autores que no simpatizaban con la gesta revolucionaria (además del aporte de una serie de apéndices, entre los que se cuenta la emocionada y emocionante despedida al poeta Sergei Esenin: “El poeta ha muerto, ¡viva la poesía! Indefenso, un hijo de los hombres ha rodado en el abismo”), el texto de Trotsky de 1924 apunta a cuestionar la tendencia a un “arte proletario” (“Carece de todo fundamento oponer la cultura burguesa y el arte burgués a la cultura proletaria y al arte proletario. De hecho, estos últimos no existirán jamás, porque el régimen proletario es temporal y transitorio. La significación histórica y la grandeza moral de la revolución proletaria residen precisamente en que ésta sienta las bases de una cultura que no será ya una cultura de clase, sino la primera cultura auténticamente humana”) y plantea que el rol del Estado revolucionario en el terreno artístico debe caracterizarse por la absoluta garantía de libertad: “Durante el período de transición, nuestra política artística puede y debe consistir en ayudar a los diferentes grupos y escuelas artísticas salidos de la revolución a captar correctamente el sentido histórico de la época y una vez haberles colocado ante el siguiente criterio categórico, “por la revolución o contra la revolución”, concederles una total libertad de autodeterminación en el terreno del arte”.

Esta toma de posición política, que buscaba combatir en su origen las nefastas y limitadas interpretaciones mecanicistas y economicistas de la producción artística que luego cristalizarían en engendros tales como “arte proletario” o “realismo socialista”, no implicaba para nada una ausencia de crítica a las tendencias profundas que subyacían en las producciones artísticas de la mayoría de los llamados “compañeros de viaje” (“No ignoramos los límites, la inestabilidad, las oscilaciones de los compañeros de viaje”). Pero sí plantea un alerta frente a la fatal tendencia empobrecedora que podía implicar un “progrom” a partir de estos cuestionamientos ya que: “Si dejamos a un lado a Pilniak y su Año desnudo, a los “hermanos Serapion” con Vsévolov Ivanov, a Tijonov y a Polonskaya, si eliminamos a Maiakovsky y a Esenin, ¿qué nos queda, aparte de algunos pagarés inseguros sobre una futura literatura proletaria?”.


Una de las tendencias literarias analizadas por León es de los “insulares”, respecto de la que no ahorra arsenal crítico:


Pero no hablemos sólo de los “viejos” que han sobrevivido a Octubre. Al margen de Octubre hay también un grupo de jóvenes literatos y poetas. Escriben relatos, novelas, poemas, con ese arte tan impersonal que era moneda corriente antes. Así se conseguía entonces ser conocido. La revolución (la bota herrada) ha acabado con sus esperanzas. Tratan de hacer creer, en la medida de su capacidad, que no ha ocurrido nada, y en sus versos y prosas carentes de originalidad expresan un orgullo herido. Sin embargo, de cuando en cuando desahogan silenciosamente sus almas burlándose […] El caudillo de todo este grupo es Zamiatin, autor de Los isleños. A decir verdad, el tema lo cogió de los ingleses. Zamiatin los conocía y los pintó bastante bien en una serie de esbozos no malos, pero sí superficiales, como buen extranjero observador y de talento que no tiene pretensiones especiales. Bajo el mismo título ha colocado esbozos de rusos “isleños”, miembros de esa intelligentsia que vive en una isla en medio del océano extraño y hostil a la realidad soviética. Aunque Zamiatin es aquí más sutil, tampoco alcanza gran profundidad. Después de todo, él mismo es un “isleño”, habitante de una isla muy pequeña de la Rusia actual. Escriba sobre los rusos de Londres o sobre los ingleses de Leningrado, Zamiatin sigue siendo un emigrado interior. Por su estilo, algo ampuloso y exponente de las buenas normas literarias que le son propias (y que rayan con el esnobismo), Zamiatin parece haber sido creado para enseñar a los círculos de jóvenes “isleños”, instruidos y estériles.

Poco más adelante continuará su análisis acerca de las tensiones de clase que subyacen a las producciones literarias de este sector cuestionando su cortedad de miras:

Toda gran época, sea la Reforma, el Renacimiento o la Revolución, debe ser aceptada como un todo y no por trozos o a migajas. Las masas, con su instinto invencible, participan siempre en estos movimientos. En el individuo, ese instinto alcanza al nivel del concepto. Sin embargo, los intelectualmente mediocres no se encuentran ni aquí ni allá; demasiado individualistas para compartir la percepción de las masas, están poco desarrollados todavía para tener una comprensión sintetizad.


Luego de cuestionar la “psicología del parasitismo y de la prostitución” y de calificar a Zamiatin como un “snob flemático”, plantea con brillantez la necesidad de contextualizar política, histórica y socialmente el análisis de estas producciones literarias que “reflejan, bajo un aspecto muy fragmentario, el estado de ánimo de la aldea en la época de la requisa forzada de semillas. Era la época en que buscando refugio contra el hambre en las aldeas, acumularon sus impresiones. Su balance es por lo menos ambiguo. No debe ser considerado fuera del período que terminó con la revuelta de Kronstadt”.


Precisamente el contexto de comunismo de guerra en el que planteamos necesario analizar el Nosotros de Zamiatin, el que es probable que Trotsky no hubiera leído al momento de la redacción de este trabajo pero respecto del que consideramos que ofrece algunas fértiles claves analíticas.


El cero y el infinito


En su antiorwelliano artículo ya mencionado, Emilio Corbiere agrega acerca de Zamiatin:

No lo citamos para ensañarnos con las inexactitudes de este párrafo de nuestro querido socialata sino porque concentran una serie de errores bastante reiterados en las diferentes reseñas biográficas del autor de Nosotros. La primera y más grosera es la de plantear que Zamiatin ya puede ser calificado como un “desilusionado del socialismo” luego de la revolución rusa de 1905 (ya mencionamos, por ejemplo, que volvió a visitar las cárceles zaristas por sus simpatías revolucionarias en 1911 y no tenemos noticia de que se haya ubicado en una trinchera antibolchevique en 1917/18). Luego también equivoca al señalar que el ruso se exilió en París al sobrevenir la revolución de octubre. Lo del “anticomunismo” de su obra puede ser discutido, claro, pero lo cierto es que la historia de su exilio es un poco más complicada que una mera defección como rechazo a la ascendente marea revolucionaria del año de esos diez días que cambiaron al mundo.



Zamiatin, como ya mencionamos y como se desprende de la defensa crítica que hace Trotsky de él y su sector, no estaba pasándola bien en el naciente país de los soviets. Su producción cuestionadora del poder rojo durante los años del comunismo de guerra no le había granjeado amigos, pero la situación se volvió decididamente insostenible luego de que en 1927 se conociera la edición checoeslovaca de Nosotros. Este hecho coincidió fatalmente para Zamiatin con la consolidación del poder stalinista luego del trágico XV Congreso del PCUS y con la “crisis de las cosechas”, que desata un nuevo panorama de desabastecimiento y hambrunas.
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HISTORIA DEL PARTIDO COMUNISTA (BOLCHEVIQUE) DE LA U.R.S.S.


Nikita Khrushchev Informe Secreto al XX Congreso del PCUS
 25 de febrero de 1956


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La situación del escritor se torna desesperada. Se levantan sus obras de teatro, las editoriales le devuelven sus trabajos, los periódicos se niegan a publicarle sus artículos, la prensa desata una campaña de demonización en su contra. Con el alejamiento de Anatoli Lunacharski como comisario de Instrucción del Narkompros (Comisariado Popular para la Instrucción Pública) en 1929 ya queda clarísimo que la política de domesticación y sumisión estatal del arte y la cultura no hará sino agudizarse. Entonces Zamiatin se decide por un curso de acción desesperado: por intermedio del escritor Máximo Gorki (en ese momento cercano al centro de poder del Kremlin, un poder de simpatías tan volátiles y caprichosas que se dice que pocos años después ordenó la muerte por envenenamiento de Gorki, aunque la fatalidad se atribuyó, lógicamente, a la oposición trotskista) le hace llegar una carta a Stalin para pedirle que lo autorice a abandonar la Unión Soviética.

En esta carta impresionante Zamiatin le señala al Benefactor que “el Código Penal soviético prevé una pena aún peor que la pena capital: la expulsión del país. Si realmente soy un criminal y merecedor de una pena, con todo, pienso que no puede ser tan grave como la muerte literaria; y por eso pido su sustitución por la expulsión de la URSS”. Luego se detiene a detallar algunos aspectos de su “desesperada situación como escritor dentro de la URSS, debido a la sentencia de muerte que ha sido dictada contra mí como escritor”.




Carta de  Evgeni Zamiatin a  losif Visarionovich o Iósif Stalin junio del   1931



Cartas a Stalin de Mihail Bulgókov , Evgeni Zamiatin

Carta de  Evgeni Zamiatin a  losif Visarionovich o Iósif Stalin junio del   1931


Sin embargo, a pesar de estar implorando nada menos que un acto de piedad del poder absolutista, su misiva no es vergonzosa. De hecho, parece bastante corajudo escribirle en 1929 a Stalin cosas como las siguientes:

De ningún modo pretendo representar la inocencia ultrajada. Sé que, durante los 3 ó 4 primeros años que siguieron a la revolución, escribí algunas cosas que han podido dar pie a ciertas acusaciones. Sé que tengo la mala costumbre de decir en un momento determinado, no lo que podría resultar provechoso, sino lo que creo que es verdad. Particularmente, nunca he ocultado mi actitud ante el servilismo literario, el vasallaje y la hipocresía: consideraba, y sigo considerando, que eso rebaja tanto al escritor como a la revolución.


A Stalin. En 1929, cuando una coma o un adjetivo fuera de lugar podían implicar Siberia o la muerte.


Luego continúa denunciando la campaña desatada en su contra:


Desde entonces, esa campaña, por diferentes motivos, continúa hasta el día de hoy; y finalmente ha llegado a tales extremos que la calificaría de fetichismo: como cuando en otros tiempos los cristianos, para mayor comodidad, crearon el diablo como personificación de todas las formas del mal; así, la crítica ha hecho de mí el diablo de la literatura soviética. Escupir al diablo se considera una buena acción y nadie se priva de hacerlo, de una forma o de otra.


Y concluye, lúcidamente:

Sé que la vida en el extranjero no me resultará fácil, porque no puedo permanecer allí, en un medio reaccionario; de eso ofrece suficientes testimonios mi pasado (me afilié al partido bolchevique durante los tiempos zaristas, fui encarcelado en esa misma época y fui exiliado dos veces; tuve que responder ante un tribunal durante la guerra por un escrito antimilitarista). Sé que aquí, debido a mi costumbre de escribir según mi conciencia y no por mandato alguno, se me considera un escritor de derechas; mientras que allí, por esa misma causa, tarde o temprano me tildarán probablemente de bolchevique.


Finalmente Stalin, vaya a saber por qué, se compadeció del pobre Zamiatin y luego de tomarse apenas dos añitos para considerar su petición, autorizó su exilio en 1931. Entonces sí emigró primero a Praga y luego a Paris donde, como pronosticaba su carta, sobrevivió pobremente con algunos trabajos como escritor. Durante sus últimos años vivió recluido y solitario en la Ciudad luz y eligió no mantener contactos con otros exiliados rusos (si por decisión de no ser parte de la campaña antisoviética en el exilio o por temor al largo brazo represivo del stalinismo, nunca lo sabremos). El 2 de marzo de 1937 su corazón acabó con todas las preocupaciones de Evgueni.


Algunas conclusiones elementales


El primer acto de justicia elemental tiene que ver con restituir a esta novela de tan particular recorrido (Nosotros recién va a ser publicada en su lengua original en la URSS con el deshielo de Perestroika, en 1988) el muy significativo lugar que ocupa en la historia de la literatura.



No son muchas las obras que pueden atribuirse la creación de un nuevo campo literario. En general hay consenso crítico en ubicar a Nosotros como la primer novela distópica o antiutópica, en algunos casos repartiendo el honor con la maravillosa RUR de Karel Çapek, de 1921 (RUR es el acrónimo de Rosumovi Umelí Roboti -Robots Artificiales Rossum- y la novela plantea un mundo en futuro en el que los robots -palabra que crea y lega al futuro- enfrentan una lucha por la liberación comparable a la del proletariado)

Luego, hacernos cargo de la incomodidad que implica saber que la novela no fue escrita en 1929, durante la consolidación de los aspectos más retrógrados y totalitarios del stalinismo, ni durante los trágicos juicios de Moscú de 1934, ni en el contexto de posguerra de 1948 como su prima orwelliana. Más allá de que su ambiente opresivo y policial inmediatamente nos evoque el imperio de la GPU y el terror dictatorial desatado por el Kremlin en la década del 30, lo cierto es que Nosotros fue elaborada entre 1919 y 1921, es decir, con Lenin vivo y en la plenitud de sus facultades mentales y con Trotsky como Comisario de Guerra.

Dirección General para la Protección de Secretos de Estado en la Prensa o Glavlit agencia de la censura fue establecida en 1922



Finalmente, reiterar la necesidad de contextualizar una obra para su análisis más fecundo. Siguiendo los lineamientos propuestos por Literatura y Revolución, debemos recordar que Nosotros es escrita en el contexto de esos terribles años de “comunismo de guerra” en los que el Ejército Rojo debió apelar a medidas draconianas para mantener viva a la joven república soviética y que allí se manifiesta claramente un reflejo del “estado de ánimo de la aldea en la época de la requisa forzada de semillas”. Sin embargo, esta constatación no debe servir para empañar la agudeza de la percepción artística de un autor que fue incuestionablemente capaz de extrapolar algunas tendencias y posibilidades de una situación contradictoria para construir un escenario que, a la vez, funcionara como alerta.


Criticando abierta y explícitamente a los simplificadores que de la constatación de que algunos elementos propios de lo peor del stalinismo ya podían detectarse en los primeros años de la revolución derivan la igualdad entre leninismo y stalinismo, sí necesitamos reconocer que efectivamente, algunos de estos aspectos totalitarios podían estar presentes ab initio, en germen o más desarrollados. Sin embargo, no es lo mismo interpretar analítica y prácticamente los recortes democráticos como terribles necesidades derivadas de una situación casi insostenible para una joven revolución socialista que “hacer de la necesidad virtud” y teorizar explícitamente la necesidad del poder absoluto, de la omnipresencia policial y de la subordinación absoluta del arte y del pensamiento a las necesidades del Estado.



De Alexei Tolstoi a Zamiatin







Zamiátin: un visionario en medio de la tormenta


Estimado Stalin, écheme del país




Lenin y el taylorismo

El «caso Zamyatin»: una advertencia censurada. Ciencia ficción, taylorismo y despotismo estatal




El «caso Zamyatin»: una advertencia censurada




Las tareas inmediatas del gobierno soviético”, Lenin 
Lenin Tomo VIII 1918  (desde la página 38 hasta la página


En inglés


23 de Mar 1918:


28 de Mar 1918


Programa 159 - Las tareas inmediatas del poder soviético (Lenin)





DOS ARTÍCULOS DE VLADIMIR ILICH LENIN

1 SISTEMA “CIENTÍFICO” DE ESTRUJAR EL SUDOR (“Pravda”, núm. 60, 13 de marzo de 1913)

2 EL TAYLORISMO ES LA ESCLAVIZACIÓN DEL HOMBRE POR LA MAQUINA (Publicado en “Put Pravdi”, núm. 35, el 13 de marzo de 1914)


VI   Lenin  La esclavitud del Sistema de Taylor-Man de la Máquina
Publicado: Ponga Pravdy No. 35, 13 de marzo de 1914. Firmado: M. M. . Se publica de acuerdo con el texto en Pravdy Ponga



El sistema de Taylor - la esclavización de la máquina humana





Gramsci y el Marx desconocido (V)



Leon Trotsky  Control obrero y nacionalización
Redactado9 de marzo de 1918.
"La actual baja productividad es una reacción natural que surge de la organización del trabajo característica del viejo régimen. A su tiempo esto será superado por estándares de eficiencia a ser adoptados por cada sindicato por oficio, y se le negarán las ventajas de ser miembros [de éstos] a los trabajadores que no alcancen o no puedan alcanzar esos estándares. Además, la producción colectiva hará un gran uso del sistema taylorista de administración científica[4]. . Éste no ha sido popular entre el proletariado porque como es aplicado ahora principalmente aumenta las ganancias para los capitalistas con muy pocos beneficios para el trabajador o el público consumidor. Cuando toda la economía de esfuerzo que se logra con éste, se acumula para la sociedad de conjunto, éste será adoptado en forma generalizada y con entusiasmo, y el trabajo prematuro, el trabajo prolongado y el exceso de trabajo se abandonarán porque no serán necesarios".






Escrito por RODRÍGUEZ CARRASCO José Manuel

ALEXEI GASTEV AND THE SOVIET CONTROVERSY OVER TAYLORISM, 1918-24


ALEXEI GASTEV Y LA CONTROVERSÍA SOVIÉTICA SOBRE TAYLORISMO, 1918-24
Por KENDALL E. BAILES


Alekséi Gástev


Aleksei Gastev







Editado por primera vez en España 1970

NOSOTROS Yevgueni Zamiatin

Título original: We Traducción: Juan Benusiglio © 1922 Yevgueni Zamiatin



NOSOTROS Yevgueni Zamiatin

Título original: We Traducción: Juan Benusiglio © 1922 Yevgueni Zamiatin


NOSOTROS Yevgueni Zamiatin (en inglés We)

Prefacio por Gregory Zilboorg en Nueva York 1924








Wir (1982)


We (1982 film)  Nosotros (película de 1982)
Nosotros ( alemán : Wir ) es una película de ficción 1982 ciencia alemana escrita por Claus Hubalek, dirigida por Vojtěch Jasný y producido por la cadena de televisión alemana ZDF . La película presenta un mundo de armonía y conformidad en un estado unido del progresismo tecnocrática. [1] Se basa en la novela 1921 Nos por el escritor ruso Yevgeny Zamyatin .

La fortaleza de cristal , una película de 2016 basada en la misma novela


La fortaleza de cristal (película)


Con subtítulo en castellano

The Glass Fortress/ La fortaleza de cristal 




En inglés
Distopía



Yevgeny Zamyatin



Nosotros (novela)






Este enlace es de la wed de Jackie Jura, es la referencia de todos los medios de comunicación, que hace constancia que George Orwell leyó la novela de Nosotros. Lo que no hace es referencia a la fuente, que lo copió del Isaac Deutscher, famoso historiador y biógrafo de Trotsky.

Isaac Deutscher”1984”: El misticismo de la crueldad 1954




Revisado por George Orwell, en la revista Tribune 4 de enero, 1946





Jackie Jura




1
1984 del pensar? Qué importa que George Orwell pellizca la trama?


2

LA LIBERTAD Y LA FELICIDAD (REVISIÓN DE 'NOSOTROS' POR YEVGENY ZAMYATIN)









Bernard Crick      hizo su doctorado (1950-1952) en London School of Economics estudió entre 6La gente notable  está George Soros


Bernard Crick   George Orwell: A Life


Timothy Garton Ash, si pone este nombre en google y le pones a continuación el nombre George Orwell, comprobará es de los difamadores.



José Ignacio Torreblanca y Timothy Garton Ash entre otros, son voceros y lacayos de los capitalistas (en concreto de George Soros)







Orwell y la polémica con el estalinismo


Otro antiorwelliano

¿Quién fue realmente George Orwell? Los mitos orwellianos: de la Guerra Civil española al holocausto soviético Albert Escusa


GEORGE ORWELL Y LOS ORWELLIANOS: LOS GUERREROS DEL “MUNDO LIBRE” CONTRA EL “EJE DEL MAL” Respuesta a Pepe Gutiérrez Albert Escusa


Recomienda leer un artículo Albert Escusa
TRES LECTURAS NO REALISTAS PARA TIEMPOS DE CRISIS
Se lee por ahí que la novela de ciencia ficción 1984, de George Orwell




Rosa Luxemburgo. La Revolución Rusa
Escrito: 1918




Rosa Luxemburgo y la democracia Juan Manuel Vera



Rosa Luxemburgo. Tesis sobre las tareas de la socialdemocracia de la socialdemocracia internacional (1916)






Rosa Luxemburgo: Utopías pacifistas - Estados Unidos de Europa 1911




Rosa Luxemburgo: El orden reina en Berlín

(14 de enero de 1919)



Rosa Luxemburgo. La Revolución en Alemania de noviembre de 1918 y la Revolución en Rusia de octubre de 1917



Rosa Luxemburgo. Una cuestión de táctica. Escrito: julio de 1899 (La participación activa de los socialistas con un gobierno burgués. La clase obrera no puede aliarse con el enemigo de clase para defender sus conquistas democráticas).



En este documento encontrarás casi todas las obras de Lenin, Trotsky y Stalin acusando a Rosa Luxemburgo. Aunque Lenin y Trotsky lo utiliza apoyándose y defiéndela  en otras de sus obras.

Claudio Albertani. La tragedia de León Trotsky



Rosa Luxemburgo. El Programa de Espartaco. ¿Qué quiere la Liga Espartaco? Nuestro programa y la situación política 1918


Rosa Luxemburgo. Reforma o revolución



Tratado de Brest-Litovsk de 1918 Frenazo a la Revolución
Guy Sabatier




Cantos estelares de un viejo koljós

(La ciencia-ficción soviética de entreguerras)




El papel del marxismo originario en la creación de los fundamentos para una nueva sociología del trabajo 



La organización del trabajo, el sujeto social y el Programa de Transición.









2 comentarios:

  1. Victor Serge: El año 1 de la revolución Rusa

    https://elsudamericano.files.wordpress.com/2013/03/el-ac3b1o-1-de-la-revolucic3b3n-rusa.pdf

    Víctor Serge El año I de la revolución rusa

    https://facundoaguirre.files.wordpress.com/2017/01/el20ano20i20de20la20revolucion20rusa.pdf

    En inglés
    Victor Serge
    https://www.marxists.org/archive/serge/index.htm
    Victor Serge. Un año de la Revolución Rusa (1930)
    Escrito: 1925-1928, Viena, Leningrado, Dietskoye Seloe.
    https://www.marxists.org/archive/serge/1930/year-one/index.htm
    Victor Serge Un año de la Revolución Rusa (Extractos)

    https://www.marxists.org/archive/serge/1930/year-one-ni/index.htm
    Victor Serge Viva el décimo cuarto aniversario del Ejército Rojo!
    (1930)

    https://www.marxists.org/archive/serge/1930/year-one-mil/redarmy.htm


    1926-1929 Un año de la Revolución Rusa
    (traducción alternativa de extractos)

    1930 ¡Viva el Ejército Rojo! (extracto del año I de la Revolución Rusa )


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  2. VICTOR SERGE MEMORIAS DE UN REVOLUCIONARIO

    https://elsudamericano.files.wordpress.com/2013/05/victor-serge-memorias-de-un-revolucionario.pdf

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