martes, 16 de abril de 2019

El Espacio de Encuentro Comunista ante la oleada electoral







Por Espacio de Encuentro Comunista

07 Abril 2019

El Espacio de Encuentro Comunista no es un partido. Cuando nos constituimos hace unos años dejamos claro que casi nos veíamos arrastrados a salir a la arena pública debido a la falta de una Organización Comunista en la que pudiéramos hacer el trabajo de militantes. Desde entonces tratamos de aportar ideas al debate marxista y sumar nuestro grano de arena a la construcción de organización. Sirvan estos apuntes para adelantar que nos sentimos muy lejos de ver una opción comunista con perspectivas de medir sus fuerzas de igual a igual con las distintas marcas burguesas en unas elecciones. Sin embargo, esa constatación no significa que pasemos de largo con desdén o con cuatro frases hechas ante la avalancha electoral que se avecina en los próximos dos meses. Todo lo contrario, pensamos que es un momento clave para que ubiquemos cuál debe ser el discurso comunista cuando la clase trabajadora está pensando cómo debería actuar.



Pero antes de llegar a unas conclusiones, hagamos un repaso a los postulados que hemos defendido estos años [1] y veamos cómo nos sirven para ubicarnos en el momento presente.


En noviembre[2] del año pasado el Espacio de Encuentro Comunista celebró una reunión de trabajo que se prolongó en un segundo encuentro en el mes de febrero[3]. El objetivo era poner en común datos para iniciar un trabajo que, debido a la falta de fuerzas, habíamos postergado mucho tiempo: la elaboración de un informe sobre la situación actual de la clase trabajadora. La alta participación y el hecho de que se haya prolongado en dos sesiones, ha permitido que, aprovechando el intervalo entre una y otra, el debate se haya podido completar con datos muy útiles que nos han dado una visión fundamentada del proceso económico y político que ha arrastrado a los trabajadores hasta alcanzar esta situación tan lamentable que ahora ponemos en común.


Estamos convencidos de que cualquier trabajador o trabajadora se reconocerá en muchas de las situaciones laborales y vitales que han expuesto los camaradas presentes en las reuniones (temporalidad, subcontratación, horas extra no pagadas, pagos en negro, trabajos sin contrato, EREs, etc.). Pero si algo detectamos rápidamente los asistentes es que, más allá de las situaciones concretas que cada uno pudiéramos haber vivido o no, había un proceso común que atravesaba las diferentes ocupaciones, niveles de formación o tipos de contrato. En el mundo actual de dispersión ideológica, ese proceso recibe muchos nombres, lo que indica que se intenta analizar y presentar de forma fraccionada y parcial: precariedad, incremento de las desigualdades, liberalización, inseguridad, etc. Sin embargo, como marxistas, ese proceso tiene para nosotros un nombre que lo define de manera precisa: explotación creciente.


La explotación es un ingrediente básico e inevitable del capitalismo. También lo es el hecho de que deba incrementarse, aunque el ritmo de ese crecimiento no está dado, pues se ve afectado por las condiciones materiales y la fuerza que logran oponer los trabajadores. En palabras de Diego Guerrero: “el capitalismo español, como el de todos sitios, se basa en la explotación del trabajo asalariado y la opresión de los demás tipos de trabajo. Lo hace de forma que depaupera cada vez más a los trabajadores, a pesar de que los incrementos de productividad permiten que ese salario relativo decreciente sea compatible con un alza en el salario real. Ese mismo capitalismo se mueve, como es natural, por el estímulo de la maximización de la ganancia, y su dinámica responde por tanto a sus resultados en términos de rentabilidad. Si los beneficios no son suficientes, la acumulación de capital entra en crisis, y la sociedad entera paga las consecuencias. Mientras el capital está sometido a los efectos de la depresión que sigue a la crisis, las mejoras que recibían los obreros en la etapa expansiva desaparecen. Los salarios reales se estancan o bajan; la jornada laboral se intensifica y se alarga; los contratos laborales se hacen más precarios, menos seguros, y contribuyen al deterioro de las condiciones de trabajo y de vida; el desempleo agudiza la competencia interna entre una masa de trabajadores que deben vender, como los capitalistas, su mercancía en un mercado, en este caso el de trabajo, pero frecuentemente no pueden y se convierten en parados que no pueden ejercer su actividad esencial mínima de ser persona activa [y]contribuir a la producción social.[4]


Así pues, el capital tiene una lógica interna de actuación que le obliga a incrementar la explotación para poder seguir aumentando las ganancias, mientras mantiene inversiones crecientes en medios de producción. Pero una cosa es que la lógica interna fuerce el movimiento en una dirección predefinida, y otra cosa es que ese movimiento se mantenga solo. El problema surge porque esa lógica también alimenta una serie de contradicciones que pueden actuar como freno, y que son tan inevitables como la necesidad de la explotación. Una de las dos contradicciones primarias dentro del capitalismo surge precisamente de la propia explotación, y es la que enfrenta a los capitalistas con los trabajadores, al explotador y al explotado. Los trabajadores siempre tenderán a actuar, más instintiva o más organizadamente, en contra del capital. La otra es la que enfrenta mediante la competencia a los capitalistas entre sí. Este enfrentamiento, que es permanente, se manifiesta de una forma más o menos civilizada cuando hay beneficios para todos. Pero es en momentos de crisis cuando realmente muestra el nivel que puede llegar a alcanzar, tal y como estamos viendo en los últimos años en el recrudecimiento de tensiones proteccionistas, nacionalistas o imperialistas. El siglo XX nos enseñó que no se detienen ante ningún nivel de destrucción.


Por eso el capitalismo necesita de herramientas que le permitan gestionar la cohesión del sistema. Las más antiguas operan al nivel del Estado-nación burgués -en forma de parlamentos, judicatura, fuerzas de orden público, etc-. Pero, conforme la necesidad expansiva del capitalismo lo hizo necesario, estas herramientas se diversificaron en forma de instituciones internacionales en su más amplio espectro, desde una Unión Europea que cada día acumula más funciones de Estado plurinacional, pasando por las organizaciones, acuerdos, pactos y alianzas económicas y militares, hasta la multitud de supervisores e interventores “técnicos”, como puedan ser el FMI o la OCDE. Todas ellas son herramientas creadas por y para el capital y, por tanto, carecen de neutralidad desde su origen. Deben aparentar una cierta ecuanimidad que preserve su legitimidad, pero puestas en la disyuntiva, siempre defenderán los intereses del capital. Podrás entender con total claridad cómo han actuado estas herramientas en el caso del Estado español durante los últimos cuarenta años echando un vistazo a la sección de conclusiones[3] de la reunión del EEC ya mencionada.


Pero hace mucho tiempo que el capital descubrió que la legitimidad de su modo de producción no se puede apoyar solo en estamentos e instituciones, y que es infinitamente más seguro instalarlo directamente en la mente de los trabajadores. Este mecanismo se da, en parte, de forma casi automática; ya lo señaló Marx cuando escribió que “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante[5]. Desde el momento que las relaciones sociales se adaptan al modo de producción, las partes asumen su rol sin cuestionarlo. Así, el trabajador que solo conoce en su vida el trabajo asalariado, da por hecho que el salario paga la totalidad del trabajo. A pesar de ser la razón de ser del trabajo asalariado, a sus ojos no existe la explotación, o la confunde con la sobre-explotación. Sin embargo, con la aparición del marxismo, la clase trabajadora comienza a tomar conciencia de que da su trabajo para que otros vivan muy bien sin trabajar. En ese momento se hace necesario para el sistema actuar conscientemente para volver a naturalizar la explotación.



No nos referimos solo al papel que juegan los medios de comunicación y de formación. Desde finales del siglo XIX se descubrió que lo más efectivo era integrar en el sistema a partidos y a organizaciones sindicales que hablaran en nombre de los trabajadores, pero desde una perspectiva de comunidad de intereses capital-trabajo. Esta táctica alcanzó su máxima efectividad en la segunda mitad del siglo XX, cuando la época de beneficios fáciles que siguió a la Segunda Guerra Mundial permitió al capitalismo conjugar las ganancias empresariales con ciertas concesiones materiales a los trabajadores de occidente. Es en ese momento cuando las antiguas organizaciones de los trabajadores se atreven a dar el paso definitivo al abandonar la línea de pensamiento que explica el capitalismo hasta sus últimas contradicciones y adoptan como credo determinadas teorías burguesas que en su origen no buscaban más que estabilizar el sistema tras la crisis de los años treinta. La idea de un capitalismo sin contradicciones y sin crisis siempre ha sido criticada por los economistas marxistas como algo que, en el mejor de los casos, no pasa de ser una idea utópica. Como veremos ahora -y como hemos experimentado en nuestras vidas-, llevaban razón.



Acabada a principios de los años setenta la fase de crecimiento más o menos estable, desde entonces hemos vivido en una permanente montaña rusa de crisis capitalistas, recuperaciones más o menos inseguras y estallidos especulativos. La búsqueda del incremento del beneficio ha adoptado diversas formas, desde la expansión del capitalismo a nivel mundial que hemos conocido como globalización [6a], la deriva hacia la financiarización del capital que no encuentra beneficios en la producción, hasta el recurso sempiterno a la sobre-explotación aplicada sobre la clase trabajadora -esta vez global-, que ha vivido permanentemente en un carrusel que Arrizabalo describe como de “crisis-ajuste-crisis”[7].


Este proceso ha sido internacional, pero sus manifestaciones son dependientes del contexto económico de cada lugar. España se encuadra en la segunda división del capitalismo, entre los países de baja productividad. Ello hace que los capitales nacionales se defiendan de la mayor calidad y menor coste de los capitales extranjeros a base de explotar más a la mano de obra local. O sencillamente intentan escapar a la competencia, y se especializan en sectores como la agricultura, el turismo o la construcción. La entrada en el euro -una moneda creada según las necesidades de países más fuertes- ha puesto más de relieve esta carencia, y la solución decretada por Europa, por el PSOE de Zapatero y el PP de Rajoy fue la de la devaluación interna, por el mecanismo de la bajada de salarios directos, de nuestras pensiones y de la reducción y empeoramiento de nuestros servicios públicos [6b].


Es importante subrayar que no se trata de algo limitado a los últimos diez años de crisis. Como hemos indicado unos párrafos atrás, en la sección de conclusiones de la charla del 9 de febrero, tuvimos la oportunidad de hacer un repaso bastante exhaustivo de cómo en los últimos cuarenta años todo el aparato del Estado ha estado fomentando el trasvase de riqueza desde los productores directos -los trabajadores- a las cuentas de los capitalistas. En ello se han volcado todos los poderes del estado burgués, independientemente de su adscripción momentánea a la marca PSOE o a la marca PP. Además, se ha contado con la colaboración necesaria de los sindicatos de concertación, que trabajan con toda naturalidad movidos por la lógica del capital.



Aquellos que acostumbran a ver el fin del sistema detrás de cualquier tumulto, afirman que este proceso de ataque sistemático a los trabajadores ha terminado por dañar la imagen del régimen, y que estallidos como el del 15 de mayo de 2011 son síntomas de que las semillas revolucionarias pueden prender en el seno de la clase trabajadora. Nuestra opinión no es esa en absoluto. El régimen -entendido como los propietarios y gestores del capital- no está nada intranquilo, goza de una salud perfecta. Lo que ha sufrido un desgaste evidente ha sido su sistema de representación, ante lo cual pusieron en marcha inmediatamente las acciones necesarias para cerrar la herida abierta. Es en ese momento cuando se demuestra la eficacia de un trabajo de décadas: desde el momento en que mucho antes ya habían conseguido que los trabajadores naturalizaran las relaciones de explotación, la culpa del empeoramiento de las condiciones de trabajo y de vida ya no se buscan en la raíz, en la lógica del capital, sino que se dispersan en sus manifestaciones externas: no nos representan, son unos corruptos, “no es una crisis, es una estafa”, la culpa es del neoliberalismo y de la financiarización, son una casta, etc.


De este modo, ha bastado con poner en escena a nuevos actores para volver a encauzar la confianza de la gente hacia las mismas instituciones. Si la campechanía del monarca anterior ya no basta para compensar su grotesca desfachatez, se le sustituye por un monarca “preparado” a base de cursillos de formación que ríase usted de los másteres de la Universidad que lleva el nombre del campechano. Si los de antes no nos representaban, los de ahora sí lo hacen. Lo importante es que los que habían perdido la confianza en la representación y pudieran estar pensando en organizarse con otros como ellos, puedan volver a asumir que su papel es simplemente votar. Total, si los problemas tienen orígenes parciales como el neoliberalismo, la financiarización, la corrupción, el patriarcado o el racismo, debe ser posible atacar estos defectos uno a uno y dejar un capitalismo que funcione. Así pues, una vez sustituido el cuadro de actores y convenientemente modernizado el discurso, el sistema ha cargado las pilas para poder seguir funcionando con la misma lógica de explotación creciente que necesitan los capitalistas.


Había, sin embargo, un riesgo latente. Estamos lejos de afirmar que el PCE de la transición tenga las características de un partido comunista revolucionario. Sin embargo, si Felipe González llevó a cabo la catarsis de extirpar el marxismo del PSOE en 1979 como paso previo a ser una pieza clave del nuevo período de democracia capitalista moderna, el Partido Comunista se había quedado peligrosamente anclado en una dialéctica de clase -aunque traicionada en una práctica socialdemócrata-. Hacer el tránsito por una etapa de crisis de representación con el riesgo de que una parte importante de los votantes se volcaran hacia ese discurso era un peligro que el sistema no podía asumir.


Se diseña así el mecanismo por el que se va a extirpar definitivamente la semilla del discurso de confrontación de clase del menú de opciones de voto mayoritario. Para ello no basta con crear Podemos [8], pues el riesgo de que la trampa se descubra demasiado rápido, hace necesario que simultáneamente haga falta meter a alguien en Izquierda Unida para hundirla desde dentro.


Podemos e Izquierda Unida están actuando, pues, como restauradores de la confianza en la representación. Ya han realizado ese papel con creces al rehabilitar la confianza en el PSOE, un partido que hace ocho años realizó su propia reforma de las pensiones, su reforma laboral y una modificación de la Constitución pactada con el PP y con Bruselas. Pero seríamos muy cortos de miras si pensáramos que su traición queda ahí.



Toda la nueva hornada de progres que ahora afirman que no tiene sentido hablar de izquierdas y de derechas son furiosamente anticomunistas [9]. Su discurso se mueve hábilmente entre la naturalización del capitalismo, el guiño canalla que haga patente que se ha leído a los clásicos y la constante reclamación de parches que alivien las penas extremas -no las cotidianas- de los explotados y oprimidos. Para dotarse de un programa allí donde no plantean alternativa alguna al capital, rebuscan entre las teorías keynesianas, los idealismos más toscos e incluso entre las propuestas más liberales. Por eso se puede prometer cualquier cosa para renunciar a ella al poco tiempo: si hoy se promete el repudio de la deuda, mañana se asegura el trabajo garantizado, pasado mañana el no respeto al techo de gasto de Bruselas y al otro el fin de las desigualdades de género. Nada parece sujeto a condiciones materiales, pero cuando las condiciones materiales hacen patente la imposibilidad de la propuesta, se apela a la responsabilidad de gobierno o se echa uno a un lado para volver a reengancharse en la próxima lista.


Cayendo en la trampa de elegir entre las falsas dualidades presentadas por el sistema, se opta por la transversalidad, que no esconde más que la naturalización del entramado capitalista. De pronto nos enteramos de que estamos con los empresarios patriotas [10], con “nuestra” Guardia Civil o por “nuestra” bandera. Se firman textos para que los jueces actúen en favor de los intereses de “la gente”[11] o sus expertos en economía firman un manifiesto marciano que reclama nada menos que “la democracia en la empresa[12]. ¿Cómo es posible tomar elementos tan opuestos a los intereses del trabajo y convertirlos en objeto de valoración por los trabajadores? Pero no es solo que se tomen como propios conceptos ajenos, es que además se adoptan como luchas propias las que responden a otros intereses de clase. Así, se acepta en comunidad de intereses a cualquier burgués desconcertado que se siente víctima de la crisis capitalista: los pequeños y medianos empresarios, más propensos a la sobreexplotación por su incapacidad de competir mediante inversión tecnológica, son ensalzados como representantes del capitalismo “productivo”; los burgueses de la periferia, que juegan la carta del nacionalismo como medio desesperado de elevar en el reparto su tasa de ganancia, son considerados como oprimidos demócratas a “la europea”… Por supuesto, en el análisis no se contempla que son esos mismos burgueses, asustados ante la perspectiva de su proletarización, los que, por el otro extremo, alimentan las filas de la reacción más retrógrada a la que tanto se dice temer.


La supuesta falta de base material para explicar los problemas hace que la sociedad sea una infinita fragmentación de luchas en busca de preferencias personales individuales. En su discurso el feminismo se confronta al patriarcado, y aparentemente une en el mismo bando a la mujer que quiere entrar en un Consejo de Administración con aquella que, en la misma empresa, no le renuevan el contrato cuando se queda embarazada. En ningún momento se hace un análisis de la necesidad del capitalismo para concentrar en determinados colectivos la sobreexplotación y la opresión [13]. La clase social, que es el eje que une a todos los que realmente sufren estas situaciones, es ignorado, rompiendo en mil pedazos las luchas allí donde podrían confluir con daño real para el capital.


A cambio de todos estos servicios, merecen el honor de ser calificados de “izquierda radical” por los telediarios de Antena 3. Pudiera parecer un ataque, pero no es más que un favor que les hacen, pues es la única manera en la que pueden conservar el espacio de voto a la izquierda del PSOE ante el riesgo de que quedara libre para ser ocupado por una izquierda radical sin comillas. En realidad, todos estos ciudadanistas que apelan a la gente, al sentido común -no dicen el de quién- o al noventa y nueve por ciento, ni son izquierda radical y ni siquiera cuestionan el capitalismo. No se diferencian del resto de partidos que componen la oferta electoral.


Es innegable el éxito del sistema para generar una y otra vez nuevas confrontaciones “ineludibles” que hacen necesario que los desencantados se vean en la obligación de volver a ir a votar, aunque afirmen hacerlo con la nariz tapada. En estos momentos, mantener este teatro funcionando requiere, aparte de tres partidos de derecha, otros tres que dicen ser de izquierda con la boca pequeña, además de un buen número de clones nacionalistas. Cada uno va a recibir un buen puñado de votos. ¡Qué bien montado está todo para que ni uno solo de ellos afirme querer sentar a alguien con conciencia de clase en el congreso, para que ni uno solo diga que su objetivo es acabar con el capitalismo! Dicen que el bipartidismo ha muerto, cuando la única diferencia es que ahora necesita de una actuación coral en cada uno de los bandos.


Nuestro proyecto no encuentra una zona de intersección con el reformismo. Una concepción marxista de la realidad y una línea política comunista exigen que la perspectiva de clase ocupe el lugar central de nuestra elaboración teórica y que dé sentido coherente al conjunto de nuestra acción política. No apelamos a los ciudadanos, a “la gente”, al 99% ni al interclasismo. Como trabajadores con conciencia de clase, defendemos ante todo nuestros intereses y la lucha de clase contra el capital. Estudiamos, nos formamos, difundimos, hacemos propaganda, nos organizamos con la clase e intentamos participar en los procesos de lucha que ésta emprende. Puede que este discurso resulte seco, pero no pretendemos ilusionar ni prometer utopías, lo que podamos conseguir dependerá de nuestro trabajo militante.


Tampoco entramos a jugar desde la base de las dicotomías que presenta la burguesía, ni pretendemos gestionar para salvar al capitalismo de sus problemas. No vamos a entrar a disputar el concepto o el sentimiento de patria o nación, nuestra postura solo puede ser internacionalista. No pretendemos introducir la democracia en las empresas, queremos el control de los medios de producción. No nos vanagloriamos de pagar la deuda capitalista antes de tiempo ni de cumplir los objetivos de déficit, ambos son mecanismos de transferencia de riqueza de los trabajadores al capital. No queremos consensuar las pensiones dentro del Pacto de Toledo ni ligar los salarios a la productividad de la empresa, queremos el control social del excedente. No vamos a defender que el futuro de los trabajadores locales esté en el euro o en la peseta, una opción u otra nos mantienen con las manos atadas mientras permanezcamos dentro de un capitalismo cada vez más globalizado. Si alguien quiere sentarse a hablar de alguno de estos aspectos como alternativa táctica o paliativo, desde una posición de clase y asumiendo la situación coyuntural, bienvenido sea el debate. Pero al que esté pidiendo el voto usando estos conceptos para salvar a la ciudadanía desde el parlamento, no lo consideraremos más que un charlatán.


Nosotros no reconocemos el capitalismo de estado como paso previo al socialismo. Reivindicamos mejoras en nuestras condiciones de explotación y queremos que tengan el máximo rango de garantía en el Estado capitalista para que sea más difícil arrebatárnoslas. Por eso peleamos para que se hagan ley. Pero nosotros estamos contra el Estado, contra el Gobierno de turno, contra la Ley, contra los jueces y contra las instituciones, pues todas ellas no son más que piezas del Estado burgués. No se trata de ninguna contradicción. Si conseguimos arrancar un buen Convenio Colectivo, lo que queremos es asentarlo para que nos dé cobertura durante un tiempo, pero sabemos que la vía para acabar con la explotación no son los Convenios Colectivos. Estamos siempre jugando con la utilización de elementos políticos, pero sin reconocer a la institución. Los jueces defienden al Estado capitalista, así que no podemos esperar resolver nuestras reivindicaciones por la vía judicial; nos da igual que esté Marchena o que estén los de Jueces para la Democracia. Si se consigue una sentencia favorable, es porque se aplica al caso particular, pero cuando se trata de obtener o mantener derechos de clase, los criterios que vuelven a primar son los de la clase capitalista.


Tampoco estamos en ningún caso por martirizar a la clase trabajadora. Estamos por la defensa de las libertades democráticas. Como sabemos lo que significa la dictadura, queremos libertad de asociación y libertad de reunión. Sabemos lo que son las detenciones y las multas, por tanto estamos en contra de la Ley Mordaza: nos quita libertad de asociación a la clase trabajadora y nos penaliza. Pero eso no significa que estemos de acuerdo con el resto del Código Penal. Queremos que el sistema no nos reprima, por eso estamos por la defensa de las libertades básicas dentro de la democracia burguesa: libertad de organización, libertad de manifestación. Como sabemos que la acción represiva tiene una orientación de clase, exigimos poder convocar una huelga general sin acabar con trescientos camaradas presos. Sin embargo, todo esto no quiere decir que creamos en la democracia burguesa, pues sabemos perfectamente que ésta no es más que la forma más cómoda para el capital de intensificar la explotación.


Tenemos que luchar porque no nos bajen el salario, tenemos que luchar porque no nos repriman, tenemos que luchar contra los trabajos temporales, tenemos que luchar contra las opresiones, etc. Pero tenemos que ser conscientes de que todas estas luchas necesarias no acaban con el sistema; todas ellas no son más que paliativos mientras acabamos con el sistema.


De igual modo, nosotros no evitamos la lucha política en cualquier terreno que se pueda dar: desde los comités de empresa, desde los sindicatos de clase, desde las asociaciones vecinales, desde las asambleas o desde el parlamento burgués, si llegara el caso. Pero no es lo mismo acudir a las elecciones y entrar en el parlamento como herramienta de lucha que pretender que la participación en el gobierno puede acabar con los males de los trabajadores cambiando el sistema desde dentro. Es mentira que algún gobierno pueda aplicar mediadas anticapitalistas; y tenemos ejemplos en la historia que lo demuestran. En este país, cuando se intentó ir más allá de lo que el sistema permite, provocaron una guerra civil y cuarenta años de dictadura. En Argentina y en Chile mataron y desaparecieron a decenas de miles de personas. En Grecia, el gobierno reformista tuvo que aceptar la humillación de tener que aplicar la política contraría a la que su pueblo le había reclamado en referéndum unos días antes [14]. Y es que esta gente no va a permitir que nosotros apliquemos por la vía electoral más que los paliativos que mejoren ligeramente nuestras condiciones, y sólo mientras no interfieran con su necesidad de incrementar los beneficios. Y, por supuesto, tampoco es lo mismo presentarse a las elecciones como movimiento calculado tras un trabajo organizativo de largo recorrido ajeno a los ciclos electorales, que hacerlo de forma rutinaria cada cuatro años para limitarse a comprobar si se han perdido o ganado mil votos [15].


Como comunistas, debemos tener claro que lo prioritario es la organización de la clase. Pensar en un voto táctico en función de las dificultades del momento está bien; si un camarada piensa con ese criterio, adelante. En lo que no podemos caer es en la ilusión de que por ahí vaya a venir ni siquiera el alivio a nuestros problemas. Si queremos actuar con coherencia entre el análisis y la praxis marxista, lo importante es que, votemos o no, estemos a continuación trabajando en la calle por la organización de los trabajadores y por un proyecto de sociedad socialista.

Espacio de Encuentro Comunista, abril de 2019

¡No os lametéis, organizaos!

Notas y referencias



[2] EEC. Crónica de la reunión del 17 de noviembre de 2018. https://encuentrocomunista.org/articles/cronica-de-la-reunion-del-17-de-noviembre-de-2018/


[3] EEC. Crónica de la reunión del 9 de febrero de 2019. https://encuentrocomunista.org/articles/cronica-de-la-reunion-del-9-de-febrero-de-2019/

[4] Diego Guerrero. Transformación y evolución del capitalismo español desde los pactos de la Moncloa a los retos de la competitividad.https://www.researchgate.net/publication/327249817_'Transformacion_y_evolucion_del_capitalismo_espanol_desde_los_pactos_de_la_Moncloa_a_los_retos_de_competitividad


[5] Karl Marx y Friedrich Engels. Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista. (Primer Capítulo de La Ideología Alemana) https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/feuerbach/3.htm


[6a] Duval; Crónica de clase. Contexto económico y social 2019 (y 2). Globalización, proteccionismo y nacionalismo. https://cronicadeclase.wordpress.com/2019/02/24/contexto-economico-y-social-2019-parte-2/

[6b] Duval; Crónica de clase. Contexto económico y social 2019 (y 3). La situación en el Estado español. https://cronicadeclase.wordpress.com/2019/03/06/contexto-economico-y-social-2019-parte-3/

Referencias:

Agenda del Cambio. Viernes 8 de febrero de 2019


Agenda del Cambio





[7] Xabier Arrizabalo. Capitalismo y economía mundial (2014). Capítulo 8.

[8] Ángeles Diez. Podemos, un fenómeno mediático que pretende ser político. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=181945


Anticomunismo y prefascismo.



[10] Marat. Podemos encontró a los “empresarios patrióticos” en el hotel Ritz. https://encuentrocomunista.org/articles/podemos-encontro-los-empresarios-patrioticos-en-el-hotel-ritz/


[11] Desde el PCE siguen pensando, y por lo tanto trasmitiendo, la idea de que en el capitalismo es posible otra justicia. Se lamentan ingenuamente de que “España no tiene un Poder Judicial a la altura de las exigencias democráticas de nuestra sociedad”. Deciden olvidar cómo el poder judicial no es más que una de las piezas que salvaguarda, en última instancia, los intereses del capital. Ver sección “Conclusiones” en el enlace [2]


[12] El “Manifiesto fundacional. Reivindicando la democracia en la empresa” está firmado por responsables de economía de los partidos socialdemócratas (PSOE, Podemos) y de sindicatos de concertación. La petición que hacen deja ver que no deben haber trabajado nunca en una empresa. Tampoco deben conocer la legislación laboral; si no, sabrían que según el artículo 5 del Estatuto de los Trabajadores (que supuestamente defiende nuestros derechos) “los trabajadores deben cumplir las órdenes e instrucciones del empresario en el ejercicio regular de sus facultades directivas…”.



[13] T. Barahona; Canarias Semanal. El 8 de marzo. Un día que no puede ser de todas las mujeres. http://canarias-semanal.org/art/24826/el-8-de-marzo-un-dia-que-no-puede-ser-de-todas-las-mujeres


El 8 de marzo: un día que no puede ser de todas las mujeres.




[14] R. Astarita. Lección práctica de capitalismo, nacionalismo e internacionalismo. https://rolandoastarita.wordpress.com/2015/07/13/leccion-practica-de-capitalismo-nacionalismo-e-internacionalismo/
[15] Este enfoque ya se presentó desde que se realizaron los textos de discusión para la tercera asamblea del EEC. Aunque los textos no fueron formalmente consensuados, se puede consultar el planteamiento desarrollado en el borrador de propuesta de programa político, en el apartado 8: el papel del parlamentarismo en el comunismo.https://encuentrocomunista.org/static/media/medialibrary/2016/06/DocumentoPropuestaProgramaPolitico.pdf







Referencias complementarias.


V. I. Lenin: Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución mundial (sigo revindicando el capitalismo de Estado)



Antes de tomar el poder defiende el capitalismo de estado.


V. I. Lenin La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla 

Defiende el capitalismo de estado

V. I. Lenin. Acerca del infantilismo "izquierdista" y del espíritu pequeñoburgués. 1918


(Friedrich Engels, Protective tariffs or free trade system, 1847)

Tarifas de protección o sistema de libre comercio
Por Frederick Engels
Artículos de Marx y Engels en Deutsche-Brüsseler Zeitung 1847


Rosa Luxemburgo. Una cuestión de táctica. Escrito: julio de 1899 (La participación activa de los socialistas con un gobierno burgués. La clase obrera no puede aliarse con el enemigo de clase para defender sus conquistas democráticas).



Rosa Luxemburgo. ¿Qué es la Economía? (Bibliografía complementaria)




Desde del 1977 hasta el 2018
‘Saqueo y sabotaje de los fondos de pensiones. Cronología de las contrarreformas laborales, sanitarias y de las pensiones, por la burguesía contra la clase obrera en el Estado capitalista español



Los expertos aprueban el informe sobre pensiones con un único voto en contra y artículos relacionados


Desenmascarando a Santiago Carrillo, Julio Anguita, Francisco Fruto, Gaspar Llamazares, Alberto Garzón y muchos más: caballos de Troya en el movimiento obrero.




Rosa Luxemburgo y la cuestión nacional (primera parte)



Sobre el concepto de  Pueblo

Vladímir Ilich Uliánov Lenin. Informe sobre la revolución de 1905





V. I. Lenin. Acerca del infantilismo "izquierdista" y del espíritu pequeñoburgués
Escrito: El 5 de mayo de 1918.

Lenin y el socialismo en un solo país. El término marxismo-leninismo fue creado por José Stalin




George Soros y Barack Obama defiende la permanencia de Gran Bretaña en la Unión Europea, está en contra del Brexit




Vladimir Ilich Lenin. La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo. 1920



Herman Gorter. Carta abierta al camarada Lenin (1920). [Respuesta al folleto de Lenin "El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo"].



Franz Pfempfert. La Enfermedad Infantil de Lenin. . .y la Tercera Internacional








Carlos Marx Crítica del programa de Gotha 1875
[3] La Liga de la Paz y la Libertad, organización pacifista burguesa, fue fundada en 1867 en Suiza por un grupo de pequeñoburgueses republicanos y liberales (V. Hugo y G. Garibaldi así como otros tomaron parte activa en sus actividades). De 1867 a 1868, Bakunin participó en su trabajo. Al comienzo, la Liga trató de utilizar el movimiento obrero para sus propios fines. Difundía entre las masas la ilusión de que la creación de unos "Estados Unidos de Europa" permitiría poner fin a las guerras, y desviaba así al proletariado de la lucha de clases.





Rosa Luxemburgo: Utopías pacifistas - Estados Unidos de Europa 1911


Lenin y Trotsky: la consigna los Estados Unidos de Europa, el socialismo en un solo país y el capitalismo de Estado


V. I. Lenin. El imperialismo y la escisión del socialismo. 1916



Anticomunismo y prefascismo



Rosa Luxemburgo La cuestión nacional (1909) (segunda parte)



Georges Haupt Los marxistas frente a la cuestión nacional: La historia del problema. Rosa Luxemburgo La cuestión nacional (tercera parte)


Rosa Luxemburgo En defensa de la nacionalidad (1900). Lenin El orgullo nacional de los rusos 1914. Rosa Luxemburgo La cuestión nacional (cuarta parte)


Rosa Luxemburgo: La memoria del "Proletariado" 1903. Rosa Luxemburgo La cuestión nacional (quinta parte)


Rosa Luxemburgo: La acrobacia programática de los socialpatriotas (1902). Rosa Luxemburgo: La cuestión nacional (sexta parte)



Carlos Marx, Federico Engels y Rosa Luxemburgo LOS NACIONALISMOS CONTRA EL PROLETARIADO


Diego Guerrero Jiménez. Sobre la cuestión nacional y los nacionalistas.

Este documento está en el documento anterior

Diego Guerrero Jiménez.
 Texto presentado a las X Jornadas de Economía Crítica en Marzo de 2006


La izquierda y Lenin, sobre imperialismo y explotación de países


EL IMPERIALISMO, FASE SUPERIOR DEL CAPITALISMO (esbozo popular) V. I. Lenin


El imperialismo, fase superior del capitalismo


C. Marx. Salario, precio y ganancia. (Resume las principales categorías desarrolladas en detalle en El Capital) 1865



Rosa Luxemburgo. Introducción a la economía política (1916-1917)



 (Friedrich Engels, Protective tariffs or free trade system, 1847)

Tarifas de protección o sistema de libre comercio
Por Frederick Engels
Artículos de Marx y Engels en Deutsche-Brüsseler Zeitung 1847



Monográfico: introducción al debate sobre la economía en el comunismo



Maxi Nieto Ferrández: “Cómo funciona la economía capitalista: una introducción a la teoría del valor-trabajo de Marx


Reabriendo el debate sobre la planificación socialista de la economía. Maxi Nieto – Lluís Catalá



Desenmascarando al gobierno atrapalotodo griego de Syriza-ANEL, que preside Alexis Tsipras de la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza), (la relación con el partido atrapolotodo de Podemos y los tontos útiles de IU)



Gobierno Syriza de Grecia promete servir a la Troika. Varoufakis hace públicas sus intervenciones y propuestas al Eurogrupo. La presentación de su proyecto




Cinco huelgas generales en Grecia, por la política reaccionaria del gobierno de Tsipras




Deutsche Bank pone en su lista de partidos populistas: a Podemos y a la Coalición Radical de izquierda (Syriza)



Claves internacionales de Podemos: la delgada línea floja




El Manifiesto Comunista cumple 169 años de su publicación. Berth Andreas. La Liga de los Comunistas. Documentos constitutivos




Rusia y China actual, países imperialistas



Imperialismo humanitario: Los Derechos Humanos como arma de destrucción masiva. Primera parte.



Desenmascarando la hipocresía de las ONGs “humanitarias” al servicio del imperialismo, deciden qué países deben ser intervenidos militarmente, fabricando pruebas falsas. Segunda parte.


Desenmascarando el engendro del movimiento 15 M o Spanish Revolution. Las tides o mareas ciudadanas de colores. Tercera parte.



Desenmascarando las primaveras o revoluciones de colores en el mundo (la no violencia al servicio del imperialismo). Cuarta parte



PROGRAMA POLÍTICO
Apartado 8: el papel del parlamentarismo en el comunismo.

8. EL PAPEL DEL PARLAMENTARISMO EN EL COMUNISMO pág. 44



NOTA: Dado que se trata de un documento de debate hemos tratado de plantear las preguntas a las que debemos responder y la que a nuestro entender debería ser la postura del Espacio de Encuentro.


En primer lugar debemos dejar claro que el papel del Espacio de Encuentro Comunista (EEC) no es el de convertirse en un partido político, por ello, el objeto de este documento es discutir cómo debe un partido comunista plantearse la participación o no dentro del sistema parlamentario burgués y cuál debe de ser la relación del EEC con estos partidos en los procesos electorales y con el proceso electoral en sí.


En este sentido también debemos plantear la posibilidad de que aunque el EEC no se organice como partido sí pueda tomar una posición en las citas electorales, tanto de denuncia de la impostura de la democracia burguesa como de apoyo concreto a algún partido que se decida representa los principios ideológicos comunistas.


El problema básico radica en el mismo concepto de democracia burguesa y hasta qué punto es posible una revolución dentro del sistema 1. Es evidente que aunque se trata de un debate que ha permanecido latente durante toda la historia del comunismo 2 es necesario que el EEC tenga una posición clara. A medida que consigamos que el Espacio de Encuentro se afiance como una referencia de todos los comunistas con y sin partido será necesario definir nuestra participación en los procesos electorales, ya sea tomando la decisión de ignorarlos completamente o de usarlos como oportunidad de difusión de nuestras ideas. Así como nuestra posición respecto a la representación política en el sistema capitalista.


Estamos en una situación en la cual la revolución es imposible a corto y medio plazo, y por tanto se nos plantea la pregunta de si la participación en la democracia burguesa es una opción aceptable para un movimiento o partido comunista. Esta participación tiene dos aspectos fundamentales, la concurrencia a citas electorales y la participación de los representantes elegidos en las instituciones de la democracia capitalista. En principio el que un partido comunista participe en un proceso electoral y en las instituciones implica una serie de interesantes oportunidades.

En primero lugar la no participación puede suponer la existencia casi clandestina que hace muy difícil que el mensaje de denuncia del capitalismo y la propuesta de una economía socialista sea difundido.

Es por ello que las citas electorales se pueden plantear como un momento interesante para la concienciación y la batalla ideológica, denunciando las contradicciones del sistema capitalista y la farsa de la democracia burguesa. Exponer como la democracia burguesa solo permite que las elecciones se celebren sobre unos parámetros en los cuales las bases del sistema capitalista no puedan ser modificadas, ni incluso discutidas, se puede hacer con mucha más facilidad en una etapa electoral. La participación posterior en las instituciones con el mismo objetivo también puede ser un altavoz adecuado a las ideas comunistas.

1 Personalmente creo que no es posible ningún cambio real del sistema capitalista desde dentro de las instituciones como nos demuestra la historia.

2 Es básicamente el debate que ya planteaba Rosa Luxemburgo en su obra Reforma o revolución.

Por otro lado, la participación en las elecciones y las instituciones tiene la posibilidad de acceder a medios de comunicación e incluso a fuentes de financiación que pueden ser instrumentos valiosos para la lucha ideológica.

Sin embargo, es evidente que como demuestra una y otra vez la historia de los partidos comunistas en todo el mundo, la participación en la democracia burguesa entraña enormes riesgos que han llevado a que la práctica totalidad de partidos comunistas que han tenido una representación parlamentaria reseñable hayan migrado primero a la social democracia e incluso en muchos casos, como en Italia, al social liberalismo.

Podemos exponer los riesgos de participación en las elecciones e instituciones más importantes como los siguientes:

· Apuntalamiento del sistema capitalista mediante la apariencia de existencia de una democracia real donde la clase trabajadora está en condiciones de defender sus derechos de igual manera que el capital. La participación de partidos comunistas es así la coartada para defender que todas las ideas son defendibles y que solo es necesario conseguir el apoyo de los votantes para implementar las ideas políticas que uno defiende. El abrumador poder del capital y sus medios para imponer el pensamiento único quedan así enmascarados en una apariencia de libertad que es muy útil al sistema.

· Derivación del proyecto comunista de sus bases ideológicas para convertir las elecciones no en un medio sino en un fin. Es claro que esto le ha ocurrido a la mayoría de los partidos comunistas en el mundo. La participación en los procesos electorales suele traer de forma inevitable el enorme error de empezar la casa por el tejado. En lugar de reconocer que los resultados electorales deben ser un reflejo de la victoria en la lucha ideológica, se tiende a modificar el mensaje en función de lo que quiere la mayoría de la población, que no es más que lo que quiere el capital. Así se pasa de ser un partido de trabajadores a un partido de clase media, que no es otra cosa que la pequeña burguesía.

· Institucionalización del partido y sus dirigentes. La participación en las elecciones suele convertir a los partidos comunistas en organizaciones estructuradas en torno a sus cargos electos, en lugar de en torno a los militantes y a la centralidad de la clase trabajadora. A medio plazo, en incluso a corto plazo, esto convierte a los partidos comunistas en meras estructuras burocráticas donde sus dirigentes convierten al partido en su puesto de trabajo y todo se supedita a ello. En muy poco tiempo esto consigue convertir al partido en una estructura sin principios ideológicos de ningún tipo y una organización endógena que hace de su propia supervivencia su único fin. Esta ha sido una de las razones que han llevado a la destrucción ideológica de la mayoría de partidos comunistas en Europa y el resto del mundo.


Ante estos riesgos es evidente que debemos decidir si existen propuestas de participación que puedan evitar estos peligros y que por lo tanto puedan ser aceptables para el EEC.

Tratar de resolver este problema puede resultar un tanto ambicioso, dados los continuos fracasos que el parlamentarismo ha traído a los partidos comunistas. Sin embargo podríamos plantear al menos unos principios mínimos que serían necesarios para incluso estimar la posibilidad del parlamentarismo. Esto no significa que el cumplimiento de estos principios fuera suficiente, pero sí que ellos deberían ser necesarios.


La primera condición debería ser que la participación debe de hacerse siempre plateando el parlamentarismo como una estrategia, nunca como un fin en sí mismo. Las elecciones deben ser una forma de plantear las contradicciones y la profunda perversión del sistema capitalista. Aprovechar las citas electorales y los posibles instrumentos que el sistema ponga a disposición de los partidos comunistas para avanzar en la lucha ideológica y en la creación de conciencia de clase trabajadora.


Un segundo punto importante es la postura que debe tener el EEC sobre la participación de los partidos comunistas en las instituciones una vez se haya celebrado el proceso electoral.

En este sentido debemos distinguir dos aspectos. Por un lado la participación representativa en los parlamentos nacional o autonómico y los ayuntamientos y la participación en los gobiernos ya sea como fuerza hegemónica o como coaligada con otros partidos no comunistas.

En la práctica, el caso de la institucionalización de los partidos comunistas nos demuestra que mantener una postura comunista dentro de las instituciones resulta tarea casi imposible. El recorrido realizado en los últimos años por el Partido Comunista de España, el Partido Comunista Italiano o el Partido Comunista Francés nos alerta de los riesgos de participación en las instituciones burguesas. En Portugal el Partido Comunista de Portugal (PCP) ha decidido apoyar un gobierno social liberal de Antonio Costa, defensor de las políticas de destrucción de la clase trabajadora que se están llevando a cabo en toda Europa. Como manejará el PCP este apoyo será un interesante lección sobre los límites que tiene una partido comunista cuando decide participar en las instituciones de los estados que ya son meros consejos de administración del capital que es quién detenta el poder real.


La participación de los comunistas en las estructuras de poder implica un riesgo aún mayor. Resulta muy evidente que los límites a la acción del poder político son muy estrechos. Ni siquiera opciones meramente socialdemócratas, como Syriza en Grecia, son consideradas admisibles por el capitalismo. Incluso cuando estas opciones consiguen la mayoría de representantes que teóricamente en el sistema capitalista les daría la legitimidad para implantar cualquier política prometida.

Es por ello que cualquier participación de un partido comunista en las instituciones de poder del capitalismo solo tendría la posibilidad de gestionar la miseria del capitalismo dentro de estrechos límites. Creemos por lo tanto que el EEC debe rechazar siempre la participación en instituciones de poder sin margen de maniobra del capitalismo y cuya presencia solo sirve para apuntalar el sistema actual.

8.1. Conclusiones

Aunque como hemos expresado se trata de un documento de trabajo y por lo tanto estas conclusiones son solamente una propuesta para ser debatida en el encuentro, creemos que es interesante plantear una serie de conclusiones que puedan centrar la discusión.

La propuesta tendría los siguientes puntos:

1.    El Espacio de Encuentro Comunista debe permanecer como un punto de encuentro de todos los comunistas con o sin partido. Por lo tanto no debe aspirar a convertirse en un partido ni a participar en procesos electorales con el objetivo de obtener representación.

2.    Existe la posibilidad de que el EEC pueda participar en procesos mediante la elaboración de documentos destinados a denunciar la farsa de la democracia burguesa y del teatro de las elecciones. Esta participación, aunque necesita un debate muy profundo para definir nuestra propuesta nos puede servir de escaparate para hacernos más visibles y atraer a todos aquellos comunistas que en la actualidad se encuentran desorientados y sin saber qué hacer.

3.    Existe también la posibilidad de que el EEC pueda apoyar a determinados partidos comunistas en los procesos electorales, siempre que se piense que estos partidos defienden sin ambages los principios comunistas. Esta última posibilidad debe manejarse con mucho cuidado ya que entraña muchos riesgos. Por un lado, los riesgos de identificarse con un proyecto comunista que puede acabar cayendo en todos los problemas de institucionalización que hemos descrito. Por otro lado, el apoyo a un cierto partido puede tener el efecto no deseado de dejar de ser percibidos como un espacio de encuentro donde todos los comunistas tienen cabida. Es por ello, que creemos que está posibilidad debe ser descartada a corto plazo y debatida de forma profunda antes de tomar una decisión en esta dirección


Estas creemos que serían las conclusiones globales. Como comentario final, creemos que el Espacio de Encuentro debe visibilizarse en las citas electorales para usar estas citas como forma de denuncia del capitalismo, pero con un extremo cuidado en no caer en la enfermedad de la “electoralitis” que ha tenido efectos tan nefastos para todos los partidos comunistas y no confundir que el objetivo en unas elecciones es poner en evidencia la contradicción del sistema capitalista y la farsa de una elecciones que no tiene capacidad de realizar ningún cambio real para la clase trabajadora.





Tarifas de protección o sistema de libre comercio

Por Frederick Engels

Artículos de Marx y Engels en Deutsche-Brüsseler Zeitung 1847
Fuente: MECW Volumen 6, p. 92;
Escrito: a principios de junio de 1847;
Publicado por primera vez: en Deutsche-Brüsseler-Zeitung el 10 de junio de 1847.


Desde el momento en que la falta de dinero y crédito obligó al Rey de Prusia a emitir la Patente de Cartas del 3 de febrero [65]ninguna persona razonable podría dudar más de que la monarquía absoluta en Alemania y el manejo "cristiano-germánico" tal como ha existido hasta ahora, también conocido bajo el nombre de "gobierno paterno", tuvieron, a pesar de toda resistencia y ruido de sables. Discursos desde el trono, abdicados para siempre. Ahora había amanecido el día desde el cual la burguesía en Alemania puede fechar su gobierno. Las Cartas de Patentes en sí mismas no son más que un reconocimiento, aunque todavía envuelto en una gran cantidad de niebla y niebla de Potsdam, del poder de la burguesía. Gran parte de esta niebla y niebla ya se ha desvanecido por un poco de soplo débil de la Dieta Unida, y muy pronto todo el fantasma brumoso cristiano-germánico se disolverá en su nada.




Pero tan pronto como comenzó el gobierno de las clases medias, la primera exigencia que se hizo estaba destinada a ser que toda la política comercial de Alemania, o de la Unión Aduanera, [66] se eliminara de las manos incompetentes de los príncipes alemanes, sus ministros, y arrogantes, pero en asuntos comerciales e industriales son burócratas ignorantes e ignorantes, y se hacen dependientes y decididos por aquellos que poseen tanto la intuición necesaria como el interés más inmediato en el asunto. En otras palabras: la cuestión de los aranceles proteccionales y diferenciales o el libre comercio debe caer dentro de la única decisión de la burguesía.


La Dieta Unida en Berlín le ha demostrado al gobierno que la burguesía sabe lo que necesita; En las recientes negociaciones arancelarias, se dejó claro al Sistema de Gobierno de Spandau [67] con palabras bastante claras y amargas, que es incapaz de captar, proteger y promover los intereses materiales en cuestión. El asunto de Cracovia [68] solo habría sido suficiente para marcar la frente de la Santa Alianza William [Federico Guillermo IV] y sus ministros con el sello de la más cruda ignorancia o la traición más culpable contra el bienestar de la nación. Para horror de su majestad suprema y de sus excelencias, se discutieron otras muchas cosas, en el curso de las cuales las capacidades y el discernimiento reales y ministeriales, tanto vivos como difuntos, podían sentirse cualquier cosa menos halagada.

En la propia burguesía, de hecho, dos opiniones diferentes dominan con respecto a la industria y el comercio. No obstante, no hay duda de que la parte a favor de las tarifas protectoras o, más bien, las tarifas diferenciales es, con mucho, la más poderosa, numerosa y predominante. La burguesía no puede, de hecho, mantenerse a sí misma, no puede consolidar su posición, no puede alcanzar un poder ilimitado a menos que resguarde y fomente su industria y comercio por medios artificiales. Sin protección contra la industria extranjera, sería aplastada y pisoteada en una década. Es muy posible que ni siquiera la protección ayude mucho o por mucho tiempo. Ha esperado demasiado tiempo, ha permanecido demasiado tranquila en las ropas envueltas en que ha sido atada durante tantos años por sus preciosos príncipes. Ha sido superado y superado por todos lados.


Ahora se ha dado vuelta a una nueva página. Los príncipes alemanes solo pueden ser, en adelante, siervos de la burguesía, solo el punto sobre la "i" de la burguesía. En la medida en que todavía haya tiempo y oportunidad para la regla de este último, la protección para la industria alemana y el comercio alemán es la única base sobre la cual puede descansar. Y lo que la burguesía quiere y debe querer de los príncipes alemanes, también podrá lograrlo.


Existe, sin embargo, junto a la burguesía, un número considerable de personas llamadas proletarios, la clase trabajadora y sin propiedad.

Por lo tanto, surge la pregunta: ¿qué gana esta clase con la introducción del sistema de protección? ¿Recibirá así más salarios, podrá alimentarse y vestirse mejor, albergarse de manera más saludable, disponer de algo más de tiempo para la recreación y la educación, y algunos medios para la educación más sensible y cuidadosa de sus hijos?


Los caballeros de la burguesía que defienden el sistema de protección nunca dejan de poner en primer plano el bienestar de la clase trabajadora. A juzgar por sus palabras, una vida verdaderamente paradisíaca comenzará para los trabajadores con la protección de la industria, Alemania se convertirá entonces en un canaan "que fluye con leche y miel" para los proletarios. Pero, por otro lado, escuche a los hombres de libre comercio que hablan, y solo bajo su sistema, los que no tienen propiedad podrán vivir "como Dios en Francia", es decir, en la mayor alegría y alegría.


Entre ambas partes todavía hay muchas mentes limitadas que más o menos creen en la verdad de sus propias palabras. Los inteligentes entre ellos saben muy bien que todo esto es un vano engaño, simplemente calculado, además, para engañar y ganar a las masas.


La burguesía inteligente no necesita que se le diga que si el sistema en vigor es el de las tarifas de protección o el libre comercio o una combinación de ambos, el trabajador no recibirá un salario mayor por su trabajo del que bastará para su escaso mantenimiento. De un lado a otro, el trabajador obtiene precisamente lo que necesita para seguir trabajando como una máquina de trabajo.


Por lo tanto, podría parecer una cuestión de indiferencia para el proletario, para los que no tienen propiedad, ya sea que los proteccionistas o los comerciantes libres tengan la última palabra.


Sin embargo, como se ha dicho anteriormente, la burguesía en Alemania requiere protección contra países extranjeros para eliminar los restos medievales de una aristocracia feudal y los parásitos modernos por la Gracia de Dios, y desarrollarse de manera pura y simple. , la esencia más interna (!) - entonces la clase obrera también tiene interés en lo que ayuda a la burguesía a gobernar sin impedimentos.

No se verá a una sola clase, la burguesía, explotar y oprimir, sino hasta que ya no se pueda culpar a la penuria y la miseria en este estado, ahora en eso, o simplemente en la monarquía absoluta y sus burócratas, solo entonces será la última decisión decisiva. estalló la batalla, la batalla entre los propietarios y los sin propiedad, entre la burguesía y el proletariado.


Sólo entonces el campo de batalla habrá sido barrido de todas las barreras innecesarias, de todo lo que es engañoso y accesorio; La posición de los dos ejércitos hostiles será clara y visible de un vistazo.


Con el gobierno de la burguesía, los trabajadores, obligados por las circunstancias, también harán el avance infinitamente importante de que ya no se presentarán como individuos, como máximo un par de cientos o miles, en rebelión contra el orden establecido, pero todos juntos, como una clase, con sus intereses y principios específicos, con un plan común y una fuerza unida, lanzarán su ataque contra el último y el peor de sus enemigos mortales, la burguesía.


No puede haber ninguna duda sobre el resultado de esta batalla. La burguesía caerá y deberá caer ante el proletariado, al igual que la aristocracia y la monarquía absoluta han recibido su golpe de gracia de la clase media.


Con la burguesía, la propiedad privada al mismo tiempo será derrocada, y la victoria de la clase obrera pondrá fin a toda regla de clase o casta para siempre.