martes, 19 de abril de 2016

EL PROCESO CONTRA EL POUM. (Un episodio de la revolución española)




NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG. Le he añadido todos los enlaces que hace reseña el libro y algunos libros e incluso le he puesto el índice




El proceso contra el POUM Autor: Suárez, Andrés.
Editorial: Ruedo Ibérico.
Lugar y fecha: París, 1974.
Páginas: 210, de 22 X 13,5 cm
                                                Índice
Preámbulo
Las causas de la intervención soviética en España                             5
El papel del Partido Comunista de España                                       27
Los acontecimientos de mayo y sus repercusiones                          50
Palabras finales                                                                                 61


La represión y el proceso contra el POUM

A modo de introducción                                                                       67
I.                   Cómo se preparó la represión contra nuestro partido           73
II.                 El golpe estalinista del 16 de junio: la represión contra
 el POUM                                                                             83

III.              La represión en el frente y la disolución de nuestra
División                                                                               89

IV.              Los autores materiales de la represión y el trato
Dado a los detenidos                                                          101


V.                La desaparición y secuestro del Camarada Andrés Nin   105
VI.              ¿Quiénes son los hombres del POUM                             119
VII.           Las supuestas pruebas contra el POUM, y sus
Dirigentes                                                                          137

VIII.         Las declaraciones prestadas por los procesados              149
IX.              El auto de procesamiento y el comentario que
Merece                                                                               157

X.                 Recurso pidiendo la revocación del auto de proce-
samiento                                                                             168

XI.              Lo que han dicho y confesado algunos ministros y
otras personalidades                                                           171
XII.            El carácter eminentemente político del proceso contra
 el POUM                                                                            177
Anexos
I.                   Escrito de calificación del fiscal de la República en el
proceso contra el POUM                                                    195


II.                 Sentencia número 54 contra el POUM                             202

Estos son los capítulos que no está en la reseña del libro
La represión y el proceso contra el POUM



CONTENIDO

La obra consta de tres partes: «preámbulo», «la represión y el proceso contra el POUM» y anexos. El preámbulo comienza con la causa de la intervención soviética en España, donde se establece que no se puede juzgar aisladamente la actuación del Partido Comunista en España, sino en el marco de la política de la Unión Soviética, país del cual ha dependido siempre en última instancia. De otra forma no podría explicarse que ese Partido se pronunciara alborotadamente contra la República en 1931 y no menos ruidosamente en favor de la República en 1936.


Hay que recordar que la política seguida por la Internacional comunista hasta 1934 estuvo determinada por el falso análisis establecido por los dirigentes soviéticos, los cuales consideraron que el capitalismo había entrado en una crisis definitiva. Ante esta perspectiva, los comunistas concentraron sus ataques contra las otras organizaciones obreras, pues se trataba de ser ellos los únicos que heredasen la sucesión del capitalismo.


Hasta 1935, Stalin se esfuerza en mantener relaciones amistosas con el régimen alemán, pero luego, asustado por el desplazamiento a la derecha de los regímenes políticos en bastantes países, cambia radicalmente de política con el acercamiento a los países occidentales y el llamamiento de los comunistas en favor de los Frentes Populares.


En España, pese a las directrices de Moscú, la situación se hizo cada vez más explosiva. Y en julio de 1936 se produce lo que un antiguo dirigente comunista español, Fernando Claudín, denominará «la revolución inoportuna». Inoportuna porque perturbaba por completo la acción diplomática de la Unión Soviética, que trataba de obtener no sólo las buenas gracias de las democracias occidentales, sino incluso de la Italia mussoliniana para mejor aislar a Alemania. A Stalin le interesaba mucho más el equilibrio europeo que la suerte de la revolución española.




Merced a la entrega de las 510 toneladas de oro, la Unión Soviética envía las primeras armas a la República. Con las armas llegan, asimismo, unos centenares de oficiales rusos, y con ellos, los innumerables agentes políticos y policíacos, disfrazados de agentes comerciales, que eran los que orientarían la política republicana y los que habrían de preparar la eliminación de cuantos se opusieran a su hegemonía. A la vez que se realizaba la ayuda, comenzaba la ingerencia en todos los asuntos del país. La URSS busca reemplazar a Largo Caballero por un sustituto más flexible y desarrolla una campaña inusitada contra él y a favor del Dr. Juan Negrín. Las presiones comunistas eliminan al POUM de la Generalidad catalana.


No es verdad que se recurriera a la URSS ante la imposibilidad de adquirir armamento en otros países. De la lectura del libro de Félix Gordón Ordás, «Mi política fuera de España», se deduce con nitidez que el gobierno perdió un tiempo increíble en decidirse a efectuar la compra de armamento en diversos países y escatimó incomprensiblemente los medios económicos para hacer frente a esas adquisiciones.




La influencia soviética en el gobierno republicano se hace irresistible a partir de 1937. La campaña de los rusos en pro de un ejército unificado no era sólo técnica, sino también política. Los comunistas se daban cuenta de que si conseguían unificar al ejército podrían después apoderarse de sus resortes de mando con relativa facilidad.


Para calibrar la «ayuda rusa», nada mejor que compararla con la prestada por Italia y Alemania al régimen de Franco: «se comprobará fácilmente que la ayuda rusa casi iguala el importe conjunto de las que Alemania e Italia prestaron al general Franco». Las cifras son: 394.5 millones de dólares la ayuda italiana; 202,5 la alemana; 578 millones de dólares representó el oro enviado a Moscú, pero a este hay que añadir las colectas efectuadas entre los trabajadores rusos, las exportaciones con destino a la URSS, las fábricas enteras que se llevaron los rusos, una veintena de buques mercantes españoles que la URSS se apropió, más de 50 millones de dólares que, según Pravda, les queda adeudando la República.




El papel del Partido Comunista de España.


El Partido Comunista de España fue el instrumento visible y activísimo de la intervención soviética. No era ni reformista ni revolucionario: limitábase a aplicar al pie de la letra la línea de conducta que le dictaba Moscú. Su actitud fue, desde los primeros momentos, de franca oposición al gobierno provisional de la República. Su táctica fue la de atacar siempre a socialistas y anarquistas, aplicando así ciegamente los acuerdos del VI Congreso de la Internacional Comunista.


El viraje lo dio en la preparación del movimiento de octubre de 1934, al ingresar súbitamente en las Alianzas Obreras por orden superior. Sin haber participado lo más mínimo en dicha preparación, se jactó luego en Moscú de haber sido el verdadero promotor de la revolución de octubre.






En 1935, el Partido Comunista abandonó las Alianzas Obreras para lanzarse a la propagación del Frente Popular. Pasa así a ser más republicano, que los republicanos, más demócrata que los demócratas. Durante los cinco meses trascendentales que preceden a la guerra civil, los comunistas acentuaron su franca orientación de sostén a los republicanos. A la Unión Soviética le interesaba que se mantuvieran en España las apariencias democráticas, de cara, sobre todo al extranjero.

Andrés Nin. Los problemas de la revolución española




Andreu Nin. El significado y alcance de las jornadas de mayo de 1937 frente a la contrarrevolución


1938: el trotskismo en el Servicio de Franco - Folleto publicado en la campaña estalinista contra el POUM


POUM 1937. La respuesta del POUM a  los artículos en Pravda y L'Humanité


Operación Nikolai o el asesinato de Andreu Nin
Maria Dolors Genovés


Operación Nikolai. El secuestro y asesinato de Nin (1992) M. D. Genovès



José Díaz Ramos. TRES AÑOS DE LUCHA



José Díaz Ramos. Tres años de lucha
Por la unidad, hacia la victoria

Informe pronunciado en el Pleno del CC del PC celebrado en Valencia los días 5 a 8 de marzo de 1937


1(3) POR LA UNIDAD HACIA LA VICTORIA




HISTORIA DEL PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA
(Versión abreviada 1960)
Redactada por una comisión del Comité Central del Partido, formada por la camarada Dolores Ibárruri, que la ha presidido, y por los camaradas Manuel Azcárate, Luis Balaguer, Antonio Cordón, Irene Falcón y José Sandoval.


Cita en la página 126-127
“mayo de 1937. Provocadores y organizadores del movimiento fueron los elementos trotskistas, aventureros y tránsfugas de la clase obrera, que figuraban en la Dirección del llamado POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) y los «grupos específicos de la FAI» que con su demagogia habían logrado confundir y arrastrar al motín a algunos trabajadores. Los trotskistas habían hecho todo lo posible para sembrar el derrotismo y la desmoralización en la zona republicana, para desacreditar al Frente Popular y romperlo.


 Los objetivos de los amotinados eran encender una nueva guerra civil en la zona republicana, destruir el Frente Popular y establecer el poder absoluto de la FAI y del POUM, liquidar el Ejército regular, romper la unidad popular, desorganizar por completo la producción.


 Los agentes franquistas en Cataluña desempeñaron un papel importante en la preparación del «putch»


Entre los documentos oficiales alemanes, recogidos y publicados después de la guerra mundial, figura un despacho del embajador alemán a su Gobierno, del que son estas frases:

«En cuanto a los desórdenes de Barcelona, Franco me ha informado que los combates de calle habían sido iniciados por sus agentes. Como Nicolás Franco me dijo después, en total ellos tenían 13 agentes en Barcelona. Uno de éstos había informado mucho antes que la tensión entre comunistas y anarquistas era tan grande en Barcelona que podría garantizar el hacer estallar el combate entre ellos. El Generalísimo me dijo que primero no había prestado confianza a estos informes de su agente, pero que luego los había confrontado con otros que los confirmaban. lntentó primero no hacer uso de esa posibilidad hasta que hubiese empezado una operación en Cataluña... pero había juzgado propicio el actual momento para iniciar los desórdenes en Barcelona...»
El PSUC, los miembros de la UGT y los jóvenes encuadrados en la JSU en Barcelona hicieron frente a los amotinados sin ninguna vacilación, en defensa de la legalidad republicana. Muchos comunistas fueron muertos o heridos en la lucha y durante los sucesos fue asesinado el camarada Antonio Sesé, Secretario de la UGT de Cataluña. La actuación del Partido Socialista Unificado fue decisiva en la derrota del levantamiento trotskista y faísta en Barcelona que se inició ya en la tarde del día 3 de mayo.


Después de esta sangrienta aventura, que en tan grave peligro había puesto a la República, el Partido Comunista y el Partido Socialista Unificado exigían la disolución del POUM. Interpretando el sentir de los trabajadores socialistas, decía el Secretario General del Partido Socialista, Lamoneda:

«El pueblo deseaba y exigía un Gobierno con autoridad en los frentes y en la retaguardia y, ante todo, el correspondiente y rápido castigo de los revoltosos».
Largo Caballero, apoyado por los dirigentes de la CNT, se negaba a adoptar ninguna clase de medidas contra el POUM en el que, en el fondo, veía un posible aliado en la lucha contra el Partido Comunista.



Los acontecimientos de mayo y sus repercusiones.

Los acontecimientos de mayo de 1937, acaecidos principalmente en Barcelona, son capitales en el estudio de la revolución española. Representan la explosión violenta de una crisis política grave, provocada por la ambición hegemónica de los comunistas y la resistencia casi desesperada a la misma de los trabajadores catalanes. La campaña comunista contra los que se resistían a su dominación, principalmente contra los hombres del POUM, alcanzó en 1937 límites insospechados. Pero como Largo Caballero no permitía represiones, fue reemplazado por Negrín, que ya había mostrado su fidelidad a Moscú meses antes con la entrega del oro a la Unión Soviética.


Negrín se apresuró a dar satisfacción a los comunistas iniciando o permitiendo una brutal represión contra el POUM, que culminó con el asesinato de Andrés Nin.


A partir de aquellos luctuosos hechos, los comunistas se desenvolvieron a sus anchas en la zona republicana. Llegaron a tener en sus manos la policía, a controlar los servicios de censura, a dominar en el Comité de Guerra y a disponer de la mayor parte de los mandos militares.


La represión y el proceso contra el POUM.


La represión contra el movimiento revolucionario no es de ahora ni siquiera de años, sino de hace décadas y aun centurias. La represión específica contra el POUM estaba en el marco de la «línea» del Partido Comunista que, desde la proclamación de la República hasta octubre del 34, consideraba que todas las demás facciones del movimiento obrero eran meros servidores de la burguesía y, por tanto, agentes directos o indirectos del fascismo.



¿Dónde está Andreu Nin?







Huellas del estalinismo en España

Juan Manuel Vera

"Espionaje en España", atribuido a Max Rieger



Espionaje en España, de Max Rieger, un clásico de la escuela de falsificación estaliniana.



[Libro] Homenaje a Cataluña, por George Orwel



Libro de Pierre Broué. Los procesos de Moscú,



La indignidad de Bergamín



El libro recoge también esta imagen. Las dos primeras líneas, "¿Gobierno-Negrín? / ¿Dónde está NIN?" fueron escritas por las juventudes del POUM. La de abajo, por las JSUC, las juventudes del PSUC. Nin estaba muerto. Lo habían matado agentes comunistas. Sus restos siguen sin aparecer.




El Partido Comunista adquiere preponderancia merced a un hecho que merece ser anotado por su importancia: la ayuda de la Unión Soviética a España. Coincide este hecho con el monstruoso proceso de Moscú y el fusilamiento de dieciséis viejos bolcheviques; la ocasión se aprovecha para comenzar la campaña contra el POUM. Comienza en el extranjero. En el interior da la nota el PSUC, que plantea la crisis de la generalidad con un solo objetivo: eliminar al POUM del gobierno. Mientras tanto, en Madrid, el POUM es puesto, de hecho, fuera de la ley, incautada su emisora de radio, su prensa y sus locales.


En Barcelona comienza una feroz campaña de prensa contra el POUM, pero esta maniobra queda desbaratada. Luego vendrían los hechos de mayo, de los que el asalto a la Telefónica sería la gran provocación que habría de producir la chispa. Los agentes estalinistas intentaron dar un golpe de mano y apoderarse de la central telefónica que estaba bajo el control de los trabajadores del ramo. El POUM apoyó abierta e incondicionalmente a los trabajadores en armas. Estos hechos de mayo pudieron haber constituido un triunfo resonante para los trabajadores si las organizaciones mayoritarias de la clase trabajadora -la CNT y la UGT- hubieran querido, pero prefirieron gastar el tiempo justificando su inhibición.



El golpe, estalinista del 16 de junio contra el POUM.


El 16 de junio fue detenido el camarada Andrés Nin. Pocas horas más tarde se detiene a otros muchos militantes del partido. Los presos del POUM suman centenares. La represión iniciada en Barcelona y extendida a Levante y Madrid tuvo también sus repercusiones en las distintas comarcas de Cataluña. En la madrugada del 9 de julio fue asesinado el militante del POUM, José Navarro López. El 6 de agosto fue fusilado el compañero Mena; igual suerte corrió José Cullares, herido tres veces en el frente. Se montaron procesos y más procesos, todos bajo órdenes expresas del que fue jefe de la policía, teniente coronel Burillo, verdadero sabueso del estalinismo.


La represión en el frente y la disolución de nuestra División.


La División número 29 estaba constituida a base de los milicianos reclutados por el POUM. El jefe de la División, camarada Rovira, fue detenido y permaneció veinte días incomunicado en Valencia. Fue puesto en libertad, pero la División fue disuelta y sus batallones desarmados, despojando incluso a los soldados de sus prendas.


Los autores materiales de la represión y el trato dado a los detenidos.


Toda la represión contra el POUM, tanto en Barcelona como en Valencia y Madrid, fue dirigida -y en parte realizada personalmente- por agentes de la llamada Brigada Especial, todos ellos miembros del Partido Comunista. El jefe, los inspectores y los agentes de más confianza del estalinismo se trasladaron a Barcelona dos o tres días antes del 16 de junio, sin duda para mejor preparar las «operaciones». En Barcelona ultimaron su plan y el día 16 comenzó la represión.


Todos los detenidos fueron rigurosamente incomunicados y encerrados en locales inmundos o en malas condiciones. Se les despojó de su documentación y dinero. A los más se les insultó. Fueron objeto de vejaciones. Tuvieron que dormir en el suelo días y días, pues les fue prohibida la entrega de mantas y colchones. No se atendió a los enfermos ni a los heridos.


Los domicilios de los detenidos fueron asaltados sin levantar acta alguna. Los policías destrozaron lo que no se llevaban.


Cuando el camarada buscado no era encontrado, la policía se llevaba a su compañera o algún familiar. Y cosa interesante, prohibían el uso del catalán a los familiares durante los registros.




La desaparición y secuestro del camarada Andrés Nin.


Andrés Nin fue detenido el 16 de junio en la Secretaría General del POUM por supuestos agentes de policía que llevaban una orden de detención firmada por el que fue jefe superior de policía de Barcelona, Burillo. Nin fue trasladado a Valencia con gran lujo de fuerzas y convenientemente esposado. Cuantas gestiones se hicieron luego para conocer su paradero exacto resultaban infructuosas; los centros oficiales se encerraron en el mutismo más absoluto. A los cuarenta y nueve días de su detención, el Ministro de Justicia dice en una nota que Nin había sido detenido por la policía de la Dirección General de Seguridad y luego «desaparecido».


Parece ser que Nin fue conducido desde Valencia a Madrid, pasó por los locales de la llamada «checa de Atocha» y por la Brigada Especial de la Castellana. La impresión general es que fue asesinado por sus raptores. La patraña de que había sido liberado por agentes de la Gestapo no merece consideración alguna.


Otros capítulos de la obra tratan: de los hombres del POUM, especie de ficha biográfica de sus dirigentes desde Andrés Nin a Víctor Verdejo; de las supuestas pruebas contra el POUM y sus dirigentes, aducidas por el abanderado Francisco Antón y que no resisten el más ligero análisis; de las declaraciones prestadas por los procesados; del auto de procesamiento; de lo que dijeron y confesaron algunos ministros y otras personalidades, y del carácter eminentemente político del proceso contra el POUM.


JUICIO


La obra que aquí consideramos no necesita realmente juicio crítico alguno dirigido; basta la lectura de la misma -muy recomendable- y el peso incontrastable de los datos que aporta y argumentaciones que aduce para poder captar en toda su realidad las causas de la intervención soviética en España, el papel del Partido Comunista en nuestra guerra, los acontecimientos de mayo de 1937 y sus repercusiones, la represión y el proceso contra el POUM.


El libro es tremendamente aleccionador, ya que no procede de fuentes «capitalistas» o «reaccionarias», sino de elementos revolucionarios muy cualificados. Lo que queda bien al desnudo en la actitud del Partido Comunista de España, su fidelidad total a la línea que en cada caso establece el Partido Comunista de la Unión Soviética, sus represiones y métodos criminales de actuación a despecho de sus apariencias democráticas, la fabricación de sus procesos contra los que quiere eliminar, todo un mundo de horror que nadie debiera ignorar. Y es evidente que el marchamo de «Ruedo Ibérico» ha de dar credibilidad a lo que en la obra se dice ante muchos sectores, como no «fabricado» por departamentos oficiales ni por escritores «al servicio de la burguesía».


In Boletín de Orientación Bibliográfica nº 101-102, enero-febrero 1975, pp. 67-71



EL PROCESO CONTRA EL POUM. (Un episodio de la revolución española)

El proceso contra el POUM (Un episodio de la Revolución española)
Las causas de la intervención soviética en España



                                          Preámbulo


Las causas de la intervención soviética en España


El análisis de la actuación del Partido Comunista de España desde su fundación hasta nuestros días, y, sobre todo -puesto que es el periodo que ahora nos interesa-, durante la guerra civil española, sólo puede resultar fecundo en la medida en que se articula con la política de la Unión Soviética, país del cual ha dependido siempre en última instancia. Juzgar aisladamente la política del Partido Comunista de España, considerándolo como una organización española más, cual uno de tantos partidos, sería no sólo erróneo, sino asimismo inútil. Inútil, porque entonces no se comprendería nada; erróneo, ya que contribuiría a mantener un equívoco. Al cabo de cuentas, cuanto han dicho, escrito o hecho los dirigentes comunistas españoles de todos los tiempos, no ha sido más que un eco directo de cuanto han hecho, escrito o dicho -mejor aún : ordenado- los dirigentes de turno en el Kremlin. No cabe duda de que los vaivenes, los zigzags, los « virajes » como suelen decir en su jerga propia, que el Partido Comunista de España ha conocido a lo largo de su medio siglo de existencia, no tendrían el menor sentido si no fuesen el resultado directo de la política dictada desde Moscú. ¿Cómo explicarse, por ejemplo, que ese partido se pronunciara alborotadamente contra la República en 1931 y no menos ruidosamente en favor de la República en 1936, yendo así a contrapelo no sólo del más elemental análisis político, sino también de la simple lógica? Pura y simplemente, en una y otra ocasión no hizo otra cosa que aplicar con la máxima sumisión las consignas que le dictaba la Internacional Comunista, la cual estaba a su vez sometida a las necesidades de la política exterior soviética. Por tanto, para comprender la acción del Partido Comunista de España en ese momento crucial que es julio de 1936, es indispensable ocuparse previamente de la política desarrollada durante aquellos años por la Unión Soviética y de la situación europea imperante entonces.


Recordemos inicialmente que la política seguida por la Internacional Comunista hasta 1934 -sobre todo a partir de 1927-, estuvo determinada por el falso análisis establecido por los dirigentes soviéticos, los cuales consideraron que el capitalismo había entrado en una crisis definitiva, que ineluctablemente acarrearía su derrumbamiento inmediato. Fue el llamado « tercer periodo », el de la lucha intransigente de « clase contra clase », según la terminología comunista. Los comunistas, ante esta perspectiva en la que creían ciegamente, concentraron sus ataques contra las otras organizaciones obreras, pues se trataba para ellos de ser los únicos que heredasen la sucesión del capitalismo. Así surgió en Moscú la noción del « socialfascismo » que se lanzó a los cuatro vientos, completada en España con la del « anarco-fascismo ». El estalinismo se consideró motu proprio como el representante exclusivo de la clase trabajadora, el único intérprete de sus intereses. Llegó a más : a proclamarse el depositario de la verdad absoluta, convirtiendo así su organización en una Iglesia y su programa en un dogma, al mismo tiempo que los discrepantes se convertían en herejes y los militantes en fieles seguidores sujetos a la jerarquía superior y sometidos a permanente inquisición. Esta táctica impuesta por Stalin a la Internacional Comunista, no obstante la grave crisis económica y financiera que sacudió al mundo durante los años 1929-1930, indispuso a los comunistas con el resto del movimiento obrero y les acarreó no pocos fracasos.


Su congénito dogmatismo les impidió ver a tiempo dos hechos capitales : que el capitalismo superaba sus contradicciones internas y alejaba así el día de su derrumbamiento, y, sobre todo, que en el corazón de Europa, en Alemania, el hitlerismo se iba imponiendo amenazador, lo cual supondría a corto plazo un cambio radical en la situación política europea. Todavía dos meses después de la subida al poder de Hitler, la Internacional Comunista afirmaba en un documento fechado el 1 de abril de 1933 que « la instauración de la dictadura fascista disipa todas las ilusiones democráticas de las masas, las libera de la influencia de la socialdemocracia y acelera la marcha de Alemania hacia la revolución proletaria ». Esta resolución fue publicada en Francia en un folleto prefaciado por Jacques Duclos, en el que éste escribía : « He aquí comprobadas por los acontecimientos las acusaciones de socialfascismo que hemos lanzado contra la socialdemocracia, cuya evolución ha sido definida por Stalin con una claridad que no dejará de impresionar... » La misma actitud adoptaron -¡naturalmente!- los dirigentes del Partido Comunista de España y uno de ellos, Vicente Arroyo, afirmaba en La Correspondencia Internacional (25 de agosto de 1933) : « Nuestra tarea esencial en estos momentos es desenmascarar implacablemente la nueva posición de traición de los jefes socialfascistas españoles. » Los trascendentales acontecimientos que había cambiado la faz de Alemania y estaban a punto de modificar el panorama político de Europa, no habían enseñado nada a Stalin y a sus acólitos.


Casi dos años tardó el llamado « guía genial e infalible » -la deificación de Stalin, como todos recordarán, alcanzó límites ridículos por parte de sus múltiples turiferarios- en comprender que la situación internacional se había transformado fundamentalmente. Las esperanzas que había depositado en un derrumbamiento del capitalismo se desvanecieron, puesto que a la depresión que motivó la crisis norteamericana siguió una cierta estabilización, salvo en Alemania. Pero en Alemania, con sus millones de obreros en paro forzoso, no triunfó la revolución, sino el fascismo hitleriano. (Verdad es que durante el primer año de la ascensión de Hitler al poder, es decir, a lo largo de 1933, Stalin se esforzó en establecer relaciones amistosas con el nuevo régimen alemán : en el mes de mayo se ratificó el protocolo de prórroga del pacto germano-soviético de 1926, que a su vez era una prolongación del célebre acuerdo de Rapallo; Molotov, entonces presidente del gobierno soviético, insistió más de una vez en que la Unión Soviética no tenía motivo alguno para modificar su política amistosa respecto a Alemania; por último, Izvestia escribió el 4 de marzo que la URSS era el único país que « no abrigaba sentimientos hostiles hacia Alemania, cualesquiera que fuesen la forma y la composición del gobierno ».) Ahora bien, esa estabilización económica acarreó un neto desplazamiento hacia la derecha de los regímenes políticos en bastantes países : el militarismo nacionalista se impuso en el Japón, el clericalismo en Austria, las dictaduras reaccionarias en casi toda la Europa oriental, un gobierno conservador en Gran Bretaña, el llamado « bienio negro » en España, un gabinete derechista en Francia, etc. Asustado sin duda por esta situación, Stalin dictó súbitamente a la Internacional Comunista un cambio total de política : 1935 fue el año decisivo de ese cambio, con el acercamiento de la Unión Soviética a los países occidentales y el llamamiento de los comunistas en favor de los Frentes Populares, ambas acciones complementarias. A partir de entonces, para la URSS el enemigo inmediato es Hitler, por lo que no duda en firmar un pacto militar de asistencia mutua con el reaccionario francés Fierre Laval y en buscar un acuerdo similar con el conservador inglés Anthony Eden.


El viraje es total. En el comunicado que oficializa el pacto francosoviético, firmado en mayo de 1935, se señala que Stalin « comprende y aprueba plenamente la política de defensa nacional llevada a cabo por Francia para mantener sus fuerzas armadas al nivel de su seguridad ». Los diputados comunistas, por vez primera, votan en el parlamento francés los créditos militares. Y en el VII Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en agosto del mismo año, que oficializa la nueva línea política, Thorez, secretario general del Partido Comunista francés, dice en su discurso : « No queremos dejar al fascismo la bandera de la gran Revolución, ni tampoco la Marsellesa de los soldados de la Convención » (La Correspondencia Internacional, 18 de noviembre de 1935). Desaparece entonces todo lenguaje revolucionario : « Nosotros -proclama Dimitrov- hemos eliminado sistemáticamente de los informes y resoluciones del Congreso las frases sonoras sobre las perspectivas revolucionarias. » En efecto, ya no se trataba de revolución, sino de colaboración. El fin propuesto, al cual se supeditaba todo, era reunir en una amplia unión sagrada, bajo la bandera del antifascismo, no sólo a comunistas y socialistas, sino asimismo a la fracción democrática y liberal de la burguesía. Para facilitar esta tarea, los comunistas recurrieron a las tradiciones nacionales y hasta nacionalistas, tendieron la mano a los católicos, adoptaron un vocabulario propio de simples demócratas y atacaron con su habitual virulencia a los grupos revolucionarios que no se prestaron a su juego. Aparece entonces en el horizonte político el « compañero de ruta », es decir, el que sin ser militante comunista sostiene incondicionalmente la política del partido; suele ser, por lo general, profesor o escritor y pertenece por sus orígenes y su situación social a la burguesía. A cambio de su colaboración, los comunistas lo colman de elogios y de beneficios, olvidando deliberadamente su clase social, su ignorancia política y su natural indiferencia respecto a la situación de la clase trabajadora.


Mas al mismo tiempo que la Internacional Comunista, fiel y sumisa a las órdenes de Stalin, cambia radicalmente su política orientándose hacia los Frentes Populares y ofrece así su colaboración a los « socialfascistas » y a los « enemigos de clase » de ayer en nombre del antifascismo, entran por vez primera en la dirección de la misma los máximos responsables de los servicios policíacos soviéticos. En el Comité Ejecutivo figura ahora Yegov -el hombre siniestro que dio su nombre a la yegovscina, la forma más cruel y esquizofrénica de la represión contra los antiguos bolcheviques, extendida luego a miles y hasta millones de soviéticos-, mientras que en el secretariado, también por primera vez, entra Moskvkin, el hombre fuerte de la terrible NKVD. Stalin trataba sin duda de controlar con la mayor eficacia, es decir mediante el terror, a los dirigentes comunistas encargados de aplicar la nueva política « frentepopulista »; posiblemente se proponía impedir que estos últimos tomaran demasiado en serio su colaboración con los socialistas y los demócratas burgueses, escapando por tanto a la disciplina de Moscú. En última instancia, el antifascismo no era para Stalin un fin en sí, sino un medio que le permitiese hallar circunstancialmente nuevos aliados que complementaran en la acción política cotidiana la alianza de la Unión Soviética con las democracias occidentales. En consecuencia, los comunistas establecían una línea de demarcación que no correspondía a un criterio de clase o ideológico. Ser catalogado como « amigo » o « enemigo » dependía exclusivamente de que aceptasen o no la política frentepopulista de Moscú.


La situación política europea hacía entonces bastante difícil la diplomacia soviética, basada sobre todo en la alianza con Francia y en un posible acuerdo con Gran Bretaña. El ingreso de la URSS en la Sociedad de Naciones, en septiembre de 1934, llevada a cabo con la pretensión de utilizar este organismo internacional como barrera opuesta a la expansión alemana y hacer sentir al mismo tiempo su influencia en las cancillerías de la Europa occidental, no dio el menor resultado. En efecto, la conquista de Manchuria por el Japón, el fracaso de la Conferencia del Desarme, la invasión de Abisinia por las tropas italianas y la reocupación de Renania por Alemania, quebrantaron hasta tal extremo la Sociedad de Naciones que ésta dejó prácticamente de existir. Ante esta situación, Stalin juzgó necesario oponerse al peligro hitleriano con dos acciones complementarias, pero que según las circunstancias podían resultar antagónicas : reforzar su colaboración con Francia y a ser posible con Gran Bretaña en el terreno diplomático; intensificar, en el terreno político, el movimiento antifascista sirviéndose de los Frentes Populares. Si bien estos dos actos se complementaban en la estrategia estalinista, también podían oponerse entre sí en caso de que el Frente Popular alcanzara el poder en algún país. Fue lo que ocurrió en España y en Francia, en febrero y junio de 1936, respectivamente, con el consiguiente retraimiento de Gran Bretaña, ya que sin la menor duda a los conservadores ingleses les asustaba más el frentepopulismo triunfante que el propio fascismo, al que creían poder apaciguar mediante continuas concesiones. Es indudable, pues, que a Stalin le preocupaba la posibilidad de que este difícil equilibrio se alterara demasiado en detrimento de las clases dirigentes de los países occidentales. Por eso, cuando el equilibrio se rompe en España y en Francia merced al triunfo del Frente Popular, la Unión Soviética se esfuerza en frenar el ímpetu revolucionario de las masas trabajadoras, contando para ello con los dirigentes de los respectivos partidos comunistas. Ya en el VII Congreso de la Internacional Comunista, el del espectacular cambio de política, Togliatti, uno de sus principales jefes, se cuidó de recordar : « Nosotros no defendemos a la Unión Soviética sólo en general, sino que defendemos en concreto toda su política y cada uno de sus actos. » En Francia, el 11 de junio, Thorez se enfrenta con el movimiento huelguístico, afirmando : « Si es importante conducir bien un movimiento reivindicatorio, también hay que saber terminarlo. Ahora no es cuestión de tomar el poder. » Otro dirigente francés añade : « Nosotros estimamos imposible una política que, frente a la amenaza hitleriana, podría poner en peligro la seguridad de Francia. » A decir verdad, no se trataba de la seguridad de Francia, sino de la seguridad de la Unión Soviética. En el mismo sentido se pronunciaron los dirigentes comunistas españoles. José Díaz, su secretario general, en un discurso proferido el 11 de abril de 1936, proclamaba que España « debe orientarse hacia la política de paz de la URSS » y pedía que el gobierno se adhiriese al pacto militar francosoviético. Una semana después, en otra de sus peroratas dijo : « Debemos luchar contra toda clase de manifestaciones de impaciencia exagerada y contra todo intento de romper el Frente Popular prematuramente. El Frente Popular debe continuar. Tenemos todavía mucho camino que recorrer juntos con los republicanos de izquierda. » Como puede comprobarse, los dirigentes comunistas recitaban en sus respectivos países una lección bien aprendida en Moscú.


Pese a la buena voluntad del Partido Comunista de España y de sus múltiples consejeros, la situación se hizo más explosiva de lo que deseaban y esperaban Stalin y los suyos. Y en julio se produjo lo que un antiguo dirigente comunista español, Fernando Claudín, denominó acertadamente « la revolución inoportuna ». Inoportuna porque no estaba prevista en el plan táctico establecido por la Internacional Comunista y aplicado fielmente por el Partido Comunista de España; inoportuna asimismo porque perturbaba por completo la acción diplomática de la Unión Soviética (1). El 19 de julio chocaron violentamente, con las armas en la mano, dos fuerzas antagónicas que no figuraban en el esquema establecido por los comunistas, que era el de una República democrático-burguesa animada por el Frente Popular. Una de esas fuerzas estaba representada por lo que tres meses antes José Díaz había denominado « impaciencia exagerada » y que escapaba al control del Partido Comunista de España; la otra fuerza, precisamente la que primero se lanzó al ataque consciente de su fortaleza militar, fue la que el mismo José Díaz consideró en un artículo publicado el 6 de junio « ya derrotada, aunque no totalmente destruida ». (Un mes antes, con motivo de una crisis gubernamental, la minoría parlamentaria comunista publicó un comunicado, en el que se afirmaba : « La reacción fascista, derrotada por el impulso del pueblo laborioso... ») Los que presumían de no equivocarse jamás, merced a su infalible guía del marxismo-leninismo-estalinismo, habían errado por completo. La realidad se mostró más fuerte que todas las consideraciones seudoteóricas. Lo cierto es que las fuerzas de derecha, « ya derrotadas », se sublevaron y se apoderaron de media España; la otra media la dominaron los de la « impaciencia exagerada », las fuerzas revolucionarias, reemplazando a un Estado republicano que se derrumbó como un castillo de naipes, tal vez por no tener papel alguno que jugar en aquella lucha iniciada primero en las calles y luego en las trincheras. Según Fernando Claudín (2), un historiador soviético, K. L. Maidanik, que publicó en 1960, en Moscú, un libro titulado El proletariado español en la guerra nacional revolucionaria, juzgó los acontecimientos de julio con las palabras siguientes : « Según nuestro punto de vista, los acontecimientos del 19 de julio fueron el comienzo de una etapa cualitativamente nueva de la revolución española. La acción de las masas proletarias y su disposición subjetiva confirman esta conclusión. En julio-agosto de 1936 fueron resueltos, de hecho, los problemas básicos de la revolución, los problemas del poder y la propiedad de los instrumentos y medios de producción. El poder local pasó, prácticamente, a manos del proletariado armado. A sus manos pasaron también, y en menor grado a las del campesinado, todos los instrumentos y medios de producción pertenecientes a capitalistas y terratenientes. Gran parte de la burguesía y de su aparato estatal fueron liquidados en el territorio conservado por la República. Todo esto no encaja en los marcos de una revolución democrático-burguesa. » La cita es larga pero sabrosa. Efectivamente, todo aquello no « encajaba » en el esquema de una revolución democrático-burguesa, es decir, en la política preconizada contra viento y marea por la Internacional Comunista y, por ende, por el Partido Comunista de España. Tampoco favorecía la acción exterior de la Unión Soviética.


Presentar el 19 de julio como la culminación de una especie de conspiración metódicamente preparada por los comunistas con el sostén de la Unión Soviética, como se ha repetido durante años en España, no ofrece la menor base histórica. El diplomático español Fernando Schwartz, autor de un interesante libro sobre la intervención extranjera en la guerra civil española (3), señala atinadamente : « ... Stalin no se sintió muy satisfecho de ver que estallaba un problema del calibre que pronto adquirió el español, cuando la posición internacional de la Unión Soviética era más bien incierta. [...] No hay razón para dudar de que Stalin fuera un abogado del equilibrio continental, por lo menos tan ferviente como la Gran Bretaña. » Indudablemente, a Stalin le interesaba más, mucho más, ese equilibrio europeo que la suerte de la revolución española, en la cual, sea dicho de paso, el Partido Comunista de España era un componente de poco peso específico y no el más revolucionario por los motivos apuntados. Jesús Hernández, uno de los dirigentes comunistas españoles más sobresalientes en aquel periodo, escribió años más tarde : « ... a las gestiones directas [para obtener material de guerra] de nuestro partido, Moscú contestaba con vagas razones de gigantescas dificultades técnicas para el envío de armas, al mismo tiempo que deslizaba en nuestros oídos argumentos tan capciosos como el de que la situación internacional era tan extremadamente tensa y delicada que una acción más abierta en favor de la España republicana podía crear gravísimas complicaciones a la URSS con las potencias fascistas y asustar a los Chamberlains, Daladiers y Roosevelts, acentuando a la vez que el aislamiento de la República española, el peligro de la URSS. Era ya el camino que había de conducir a la URSS a colaborar en la monstruosa política de la no intervención(4)». Y así sucedió : la Unión Soviética se apresuró a comunicar al gobierno francés, el 6 de agosto de 1936, su aceptación del principio de no intervención en los asuntos de España. Montado finalmente este artilugio, cuyo resultado final fue asfixiar la República en España y retardar sólo tres años la guerra en Europa, la Unión Soviética se adhirió plenamente al mismo el 23 de agosto, dos días después de haberlo hecho Italia. Y el 31 del mismo mes se publicó en Moscú el decreto prohibiendo la exportación de armas con destino a España, conforme a las obligaciones contraidas con los demás países que integraron el Comité de No Intervención.


Los comunistas se vieron en la imperiosa necesidad de justificar, con su « dialéctica » peculiar, esta actitud de la URSS, que de hecho abandonaba a su propia suerte a los revolucionarios españoles. Así, el órgano comunista inglés Daily Worker escribió el 9 de septiembre : « Si la Unión Soviética no hubiese accedido a la proposición francesa de neutralidad, hubiera puesto en situación gravemente embarazosa a aquel gobierno y ayudado en forma considerable a los fascistas [...]. Si el gobierno soviético adoptara alguna medida que añadiese nuevo combustible a la inflamable situación actual de Europa, sería muy bien acogido por los fascistas de todos los países y dividiría a las fuerzas democráticas (5) ». La Unión Soviética, pues, coincidía plenamente con Gran Bretaña y Francia : evitar a toda costa que la guerra civil española fuese la causa directa de una conflagración mundial. Ahora bien, el movimiento comunista internacional no podía, sin correr el riesgo de desacreditarse definitivamente, permanecer cruzado de brazos mientras la clase trabajadora luchaba en España. Una vez más Stalin se encontró en situación incómoda, casi obligado a practicar un doble juego, merced al cual trataría de dar satisfacción a los « antifascistas » del mundo entero y al mismo tiempo no asustar demasiado a las « democracias» occidentales. Se inició entonces, como escribió Fernando Schwartz en el mencionado libro, « la doble política de la Unión Soviética : de un lado, ayudar a la República española para contrarrestar la intervención de Alemania e Italia, y de otro, apoyo a la No Intervención para evitar mayores complicaciones internacionales ». Esta política significaba grosso modo lo siguiente : asegurar una ayuda que impidiese la victoria de las tropas del general Franco sin por ello asegurar la de los republicanos. Todos los historiadores serios han coincidido en señalar que la República recibió las armas suficientes para resistir, al menos hasta mediados de 1938, pero jamás las necesarias para vencer.


Esta estrategia de la Unión Soviética se explica fácilmente. Por una parte, el triunfo de la República no le interesaba lo más mínimo, no sólo porque perturbaría todavía más su acción diplomática tendiente a lograr, frente al hitlerismo, un acuerdo sólido y perdurable con Francia y Gran Bretaña, sino ante todo porque Moscú sabía perfectamente que en caso de victoria el régimen republicano presentaría en España una faz nueva, dado el carácter de lucha de clases que ofrecía la guerra en aquellos meses de 1936; empero, existía un motivo de política interior que sí incitaba a Stalin a intervenir en España : la vasta purga que se había iniciado con las detenciones de Zinóviev, Kámenev, Smírnov y otros viejos bolcheviques, pasada casi en silencio en medio del fragor de la epopeya española. (La « ayuda » soviética fue una formidable coartada bien manejada por los estalinistas : denunciar la represión llevada a cabo en la URSS era hacer el juego al fascismo, era colaborar con el fascismo. André Gide refirió las presiones que soportó, en nombre de los milicianos españoles, para que no publicara su Retour de I'URSS). Por otra, tampoco podía interesar a la Unión Soviética un triunfo de los militares españoles, puesto que ineluctablemente reforzaría en el plano internacional las posiciones de Alemania e Italia, con el consiguiente cambio en el ya harto precario equilibrio europeo que Stalin se empeñaba en mantener como mal menor; en cambio, lo que sí le convenía era que Hitler se deslizara en España hacia una guerra de desgaste que mermara lo más posible su fuerza militar antes de que pudiera llevar a cabo una guerra de agresión contra la URSS, esperando al mismo tiempo que Francia y Gran Bretaña terminasen por reaccionar y abandonasen su neutralidad ante el peligro hitleriano. Como ha puesto claramente de manifiesto el profesor norteamericano David T. Cattell en una interesante obra (6), la intervención de la Unión Soviética en la guerra civil española obedeció a tres motivos principales: inmiscuir a Hitler y a Mussolini en una guerra de desgaste, demostrar a Gran Bretaña y a Francia que la alteración de la paz en un territorio europeo cualquiera constituía una amenaza global y, finalmente, mantener con el mínimo esfuerzo, es decir, con la menor ayuda posible, una República de izquierdas en España como posición negociadora deseable. Tienen razón los historiadores Pierre Broué y Emile Témime (7) al añadir dos motivos más de orden interior : distraer la atención de la opinión militante respecto a las purgas que en la Unión Soviética comenzaban a diezmar las filas de los viejos bolcheviques y exigir a los trabajadores rusos, con el pretexto de la ayuda a la República española, un esfuerzo de producción suplementario que contribuyese a alcanzar los objetivos establecidos por el plan quinquenal de 1933.


España se convierte, por tanto, en una especie de tablero de ajedrez en el que las distintas potencias europeas se afanan por colocar sus peones en situación favorable. Para Alemania e Italia se trataba de buscar ventajas económicas y una buena posición estratégica en caso de una nueva guerra mundial, cuya ineluctabilidad ya surgía en el horizonte; para la Unión Soviética, temerosa de una invasión hitleriana, el objetivo era minar todo entendimiento imperialista efectuado a costa suya y hallar posibles aliados contra el eje Roma-Berlín, atizando al máximo su campaña antifascista; por último, por lo que concierne a Gran Bretaña, que arrastraba tras de sí a Francia, su propósito no era otro que encerrar a los demás países en el marco de la colaboración internacional, incluso a base de ciertas concesiones, con el fin de impedir la preponderancia de uno de ellos. Pero en este juego, todos coincidían en no extremar sus posiciones para que España no se convirtiera en el detonador que provocase la explosión de una guerra general. Manuel Azaña, presidente que ya no presidía nada en una República que había dejado de ser la suya, reducido al papel menor de comentarista silencioso que vertía sus impresiones en un Diario, escribió al final de la guerra civil un artículo titulado « La URSS y la guerra de España (8) », en el que con lucidez comentaba : « Las potencias opuestas al bloque ítalo-alemán en Europa, y por consiguiente en España, consideran que, en el juego europeo, la carta española era de segundo orden. Para dar jaque a Italia y Alemania en España, no solamente nadie arrostraría un conflicto grave, pero ni siquiera una tensión diplomática, ni un enfriamiento de las ententes ni de las amistades oficiales. Esta situación alcanzaba también a la URSS. » Y luego añadió : « En ningún caso podía ni quería la URSS una actitud intransigente que originase decisiones peligrosas. Las discusiones de Ginebra y del Comité de No Intervención lo prueban. Menos aún ha entrado en los cálculos de la URSS comprometerse seriamente en España. La guerra española ha sido en todo momento para la URSS una baza menor ». En el libro Papeles del conde de Ciano se refiere una conversación entre Mussolini y Goering, que tuvo lugar en Roma el 23 de enero de 1937, en la que el Duce afirmó : « Italia se propone llevar las cosas en España al límite, sin correr el riesgo de una guerra general. León Blum y sus colaboradores desean evitarla [...]. También Inglaterra teme un conflicto general y Rusia, ciertamente, no dejará que las cosas pasen del límite. » Es evidente que, en el fondo, todos los países se atenían a las reglas del juego, conociendo de antemano los límites que no cabía pasar. La Unión Soviética compartía ese juego, preocupada exclusivamente por sus propios intereses, ajena ya a las inquietudes primeras de la revolución rusa. Las organizaciones antifascistas españolas, en medio de la barahúnda promovida por los estalinistas, no supieron o no quisieron ver esa realidad. Únicamente el POUM interpretó con clarividencia la posición de la Unión Soviética. Comentando el cambio de actitud de la URSS, tras dos meses y medio de inhibición, el diario poumista La Batalla escribió el 15 de noviembre de 1936 : « Pero el factor real más importante que ha dictado dicho cambio es la constatación por parte de Stalin de que Franco, con la ayuda descarada de Hitler y Mussolini, podía llegar a triunfar en la guerra civil, lo cual reforzaría las posiciones políticas y estratégicas del fascismo hitleriano, que Stalin considera su enemigo mortal. No ha procedido la rectificación del error del deseo de servir los intereses de la revolución española -Lenin no se hubiera declarado neutral un solo momento con respecto a ésta-, sino de una preocupación de política exterior, de un instinto de conservación en la relación de fuerzas internacionales. En una palabra : lo que interesa realmente a Stalin no es la suerte del proletariado español e internacional, sino la defensa del gobierno soviético según la política de pactos establecidos por unos Estados frente a otros Estados. » Esto había que decirlo entonces, más por desgracia sólo el POUM lo dijo.


Efectivamente, dos meses y medio transcurrieron antes de que la URSS se decidiera a enviar a España el primer material de guerra : los tanques rusos hicieron su aparición en el frente de Madrid el 28 de octubre y los aviones el 11 de noviembre. Pero como Stalin no quería correr riesgo alguno, ni siquiera el puramente comercial, se hizo pagar por adelantado. Hugh Thomas, historiador inglés en el fondo bastante condescendiente con los comunistas, se ve obligado a reconocer en su conocida obra (9) : « Antes de que se utilizara en suelo español una sola arma rusa, ya habían sido enviadas a Rusia como garantía del pago todas las reservas de oro que quedaban en España. » A decir verdad, no fueron todas las reservas de oro, sino la mayor parte de ellas, exactamente 510 079 529,3 gramos de oro, que en cuanto a valor de cambio representaban entonces unos 574 millones de dólares, puesto que la onza de oro (31,10 gramos) valía 34,98 dólares. (Recordemos que, según el balance del Banco de España efectuado el 27 de junio de 1966 y publicado en la Gaceta de Madrid el 1 de julio, las reservas de oro existentes tres semanas antes de iniciarse la guerra civil alcanzaban un valor de 2 202 millones de pesetas-oro, que a la paridad establecida en 1868 de 0,29032 gramos de oro fino por peseta suponían 851 toneladas de dicho metal. Las mismas cifras se hallan en el Annuaire Statistique de la Société des Nations (17° année, Genève, 1945). España ocupaba entonces uno de los primeros lugares entre los Bancos de Emisión de Europa y América por lo que concierne a las reservas auríferas. Esas 510 toneladas de oro fueron embarcadas con el máximo sigilo en Cartagena el 25 de octubre de 1936, en cuatro buques rusos, los cuales salieron inmediatamente para Odesa, a donde llegaron en los primeros días de noviembre, siendo trasladadas acto seguido a Moscú, al « Gojran » (Departamento de metales preciosos del Comisariado del Pueblo de Finanzas). Y allí quedaron para siempre. Mientras tanto, el Partido Comunista de España iniciaba la más estruendosa propaganda sobre la « ayuda » prestada por la Unión Soviética, « ayuda desinteresada », « ayuda gratuita », propaganda extendida asimismo por los comunistas de todos los otros países. La supuesta ayuda rusa se convirtió en una especie de ritornello, propagado incansablemente, machaconamente, al que no cabía oponer el menor reparo sin verse motejado de fascista. Para favorecer esta farsa indigna, el Dr. Negrín -sin duda el máximo responsable de esa trapisonda que permitió al gobierno soviético aumentar en forma notable sus propias reservas auríferas- publicó el 20 de enero de 1937 una nota oficiosa negando que el oro hubiera salido de España. El socialista Luis Araquistáin dijo en un artículo : « Yo fui el primero que en 1937 cometió la indiscreción de decir públicamente en una conferencia dada en Barcelona, que el material enviado por Rusia se pagaba espléndidamente con el oro español depositado en aquel país. Algunos comunistas pidieron entonces que se me procesara por esa causa, que para ellos era un delito de alta traición o algo semejante (10)».


El envío de esa gran cantidad de oro a la Unión Soviética resultó un acto de enorme trascendencia, decisivo incluso para el curso ulterior de los acontecimientos. A partir de entonces, el gobierno y las organizaciones obreras más importantes, de concesión en concesión para poder recibir el armamento necesario, viéronse obligados a someterse a las exigencias soviéticas. Estos imponían poco a poco sus pretensiones tanto en el terreno militar como en el político, eliminando progresivamente a cuantos no se sometían a sus dictados. Con el oro español en sus manos, Stalin era de hecho el dueño de la situación. ¿Quiénes fueron los principales responsables? Ante todo dos hombres : Largo Caballero y el Dr. Negrín, jefe del gobierno republicano y ministro de Hacienda, respectivamente, en octubre de 1936. A estas alturas puede suponerse, con la máxima verosimilitud, que el primero fue víctima de su ceguera política, siendo así que el segundo obró sabiendo lo que hacía y dispuesto ya a ser el hombre de los rusos, a cuyo amparo podrían cristalizarse sus ambiciones políticas. Pero la responsabilidad se extiende igualmente a los demás ministros y a los dirigentes de las organizaciones socialistas, anarquistas y republicanas, los cuales permitieron se perpetrara un acto sin precedentes que enajenaba toda libertad de acción y daba además el visto bueno a una estafa colosal. Las explicaciones oficiales u oficiosas ofrecidas años después para justificar tal medida no han podido convencer a nadie con un mínimo de sentido común. Largo Caballero, en unos apuntes que redactó en Francia, se justificó así : « Como los facciosos estaban a las puertas de la capital de España, solicitó [Negrín] del Consejo de ministros autorización para sacar el oro del Banco de España y llevarlo a sitio seguro, sin decir a dónde. [...] Como primera medida lo trasladó a los fuertes de Cartagena. Luego, temiendo un desembarco, decidió trasladarlo fuera de España. [...] No había otro lugar que Rusia, país que nos ayudaba con armas y víveres. Y a Rusia se entregó. » En esta justificación existen, por lo menos, dos inexactitudes : cuando el 13 de septiembre el Consejo de ministros autorizó a Negrín, mediante un decreto reservado, para sacar el oro de Madrid, las tropas del general Franco no se encontraban a las puertas de la capital de España, ya que Toledo -a 70 kilómetros- se perdió el 27; tampoco podía hablarse el 13 de septiembre de que la Unión Soviética ayudaba con armas, puesto que éstas no llegaron a la zona republicana hasta últimos de octubre (11). Indalecio Prieto, por su parte, ha escrito en varias ocasiones que él se enteró del envío del oro a la URSS por mera casualidad, afirmación que se nos antoja poco verosímil y que sólo tiende a poner a salvo su responsabilidad personal. Otros hicieron poco más o menos lo mismo; mas lo cierto es que ninguno de ellos, cuando se enteraron de lo acaecido, elevó la menor protesta. Ninguno de ellos comprendió o quiso comprender lo que tal acto significaba en el terreno político e incluso militar.


Merced, pues, a la entrega de las 510 toneladas de oro, la Unión Soviética envió las primeras armas. Con las armas llegaron asimismo unos centenares de oficiales rusos. Y con ellos, los innumerables agentes políticos y policíacos, disfrazados de agentes comerciales, que eran los que orientarían a política republicana y los que habrían de preparar la eliminación de cuantos se opusieran a su hegemonía. Luis Araquistáin escribió a este respecto (12):« Ellos dirigían a los militares rusos, al Partido Comunista y al propio Rosenberg, que en realidad era solo un embajador de paja. Los verdaderos embajadores eran esos hombres misteriosos que entraban en España con nombres falsos y que trabajaban bajo las órdenes directas del Kremlin y de la policía rusa. » Todos los que han estudiado la guerra civil española coinciden en poner de manifiesto el hecho indiscutible de las presiones ejercidas por los delegados de la Unión Soviética en cuanto comenzó el suministro de armas a la República, presiones de orden político y militar, convertidas luego en insoportables dictados, sobre todo en cuanto el Dr. Negrín asumió la dirección del gobierno por obra y gracia precisamente de los rusos. En efecto, cuando a Largo Caballero le llegó a resultar enfadosa la ingerencia soviética -incluso en una ocasión echó al embajador ruso de su despacho con cajas destempladas-, la URSS juzgó necesario buscarle un reemplazante más flexible, es decir, mejor dispuesto a cumplir las órdenes de los representantes del Kremlin en España. A partir de enero de 1937 comenzó en el extranjero, en Francia e Inglaterra principalmente, una sinuosa e insidiosa campaña tendiente a rebajar el papel de Largo Caballero y realzar la figura del Dr. Negrín, campaña que no tardó en extenderse a la propia zona republicana. Al mismo tiempo la prensa comunista redoblaba sus ataques contra sus adversarios más irreductibles, en particular contra el POUM que era la organización que denunciaba con mayor tesón la intromisión rusa y la política antirrevolucionaria del Partido Comunista de España. Para los representantes soviéticos el POUM había cometido aún otro « crimen » : denunciar los procesos montados por Stalin contra la vieja guardia bolchevique, que acarrearon en agosto de 1936 la condena a muerte de Zinóviev, Kámenev, Smirnov y otros más. Hasta el cónsul ruso en Barcelona se permitió publicar el 28 de noviembre una nota en la prensa calificando a La Batalla, órgano del POUM, de « periódico vendido al fascismo internacional ». Pocos días después se produjo una crisis en el gobierno de la Generalidad, con el claro propósito de eliminar al representante del POUM. La Batalla del 15 de diciembre, refiriéndose a la filial catalana del estalinismo escribió : « El PSUC no se contenta con pedir nuestra eliminación; preconiza la anulación pura y simple de todas las conquistas revolucionarias de la clase obrera... » Tres días después se formo nuevo gobierno de la Generalidad sin el POUM, merced al buen éxito de las presiones comunistas. Adelantándose a esta conclusión, sin duda por estar bien informado del resultado final de aquella maniobra, veinticuatro horas antes el diario Pravda de Moscú había afirmado : « En Cataluña ha comenzado la limpieza de trotskistas y anarquistas y será llevada a cabo con la misma energía que en la URSS. » Esta fue la primera gran maniobra política, a la que seguirían otras : la eliminación, en junio de 1937, del gobierno republicano, de Largo Caballero y de los socialistas de izquierda, junto con los anarquistas, seguida en marzo de 1938 de la de Indalecio Prieto. El camino impuesto por la Unión Soviética para obtener la conquista del poder por los comunistas se cumplió en tres etapas : la primera fue la obtención del oro del Banco de España; la segunda, la exclusión de Largo Caballero y su reemplazamiento por el Dr. Negrín, y la tercera, la eliminación de Indalecio Prieto. A partir de entonces fueron los dueños absolutos.


En efecto, el gobierno Negrín se caracterizó por su entrega total e incondicional a la Unión Soviética. En cuanto tuvo este señor el poder en sus manos, se apresuró a publicar una orden -15 de agosto de 1937- prohibiendo toda clase de críticas a la URSS, « nación excepcionalmente amiga ». El periódico que intentaba insinuar, sólo insinuar, que el armamento enviado por los rusos había sido previamente pagado, tropezaba con el vigilante lápiz rojo del censor. Así se alimentaba la propaganda comunista, que hacía creer que la ayuda era gratuita e incondicional. El escritor anarquista Diego Abad de Santillán escribió (13): « Como argumento máximo para esa tolerancia de todos los partidos y organizaciones ante la ingerencia rusa irritante, se decía que era Rusia el único país que nos hacía entrega de armamento y municiones. No lo hacía gratis, claro está, sino a precios de usura enormes, y llegase o no llegase el material a nuestros puertos. [...] Nos alarmaba ver en qué poco tiempo disponían aquellos hombres recién llegados a las cosas de España, de los hombres del Gobierno, como si fuésemos una colonia bajo su tutela. Eran ellos los que resolvían quién había de detentar el Gobierno y cómo había que gobernar. » Ahí está como prueba la carta que Stalin envió a Largo Caballero el 21 de diciembre de 1936, en la que en forma de « consejos » le dicta en realidad la política a seguir. Tenía razón el POUM cuando denunciaba lo que se proponían los comunistas, bien aleccionados por el Kremlin : « la anulación pura y simple de todas las conquistas revolucionarias de la clase obrera ». La carta de Stalin resume incomparablemente sus puntos de vista respecto a España, puntos de vista que el Partido Comunista se esforzó en aplicar con la máxima fidelidad. La simple lectura de ese importante documento puede sorprender por la ignorancia o irrealidad de que hace gala : en efecto, ¿cómo podía hablarse a aquellas alturas de reducir los impuestos de los campesinos, de asegurar a la pequeña burguesía la libertad de comercio y protegerles de cualquier tentativa de confiscación, de buscar el apoyo de Azaña y de su grupo, de defender los intereses de los extranjeros, etc.? Todo eso pertenecía a una situación que había sido barrida el 19 de julio. Pero para Stalin y los comunistas no se trataba de reflejar la realidad existente, sino de afirmar la nueva realidad que prevalecería inexorablemente merced a su presión constante y a su hegemonía definitiva. No puede sorprender que el Partido Comunista de España hallara sus aliados en los desorientados partidos republicanos, que fueron obligados a abandonar la escena durante los primeros meses de la guerra civil y de la revolución. Y que tuviera, al mismo tiempo, que dirigir sus ataques contra las fuerzas revolucionarias. Sirviéndose de los hechos de mayo en Barcelona, en 1937, impusieron una feroz represión contra el POUM, al propio tiempo que desplazaron de las primeras filas a los socialistas de izquierda y a los anarquistas. Estos, sobre todo, que se habían creído inaccesibles a los ataques de los comunistas gracias al gran peso de la CNT, viéronse obligados a asistir impotentes a su desplazamiento paulatino y a la desaparición progresiva de las conquistas revolucionarias que ellos mismos impusieron. Como muchos otros, se consolaban de su capitulación con la esperanza de ganar la guerra, sin comprender que ésta estaba perdida desde el instante mismo que la Unión Soviética había logrado implantarse en la zona republicana, al convertirse en el único abastecedor de armas.


No es verdad, como se ha dicho y repetido, que se recurrió a la URSS ante la imposibilidad de adquirir armamento en otros países. Es este uno de tantos mitos creados interesadamente para ocultar la desidia de los unos, la miopía política de los otros y el propósito de los comunistas de que España se entregara atada de pies y manos a la Unión Soviética. Existieron, desde luego, dificultades, agravadas todavía más desde que se creó el Comité de No Intervención. Pero lo cierto es que hubo posibilidades que no se aprovecharon a su debido tiempo. Se contaron desde el primer día con medios poderosos : las reservas de oro del Banco de España. Tenía razón Indalecio Prieto al afirmar en su discurso radiado del 8 de agosto de 1936 : « ¿De quién pueden estar las mayores posibilidades del triunfo en una guerra? De quien tenga más medios, de quien disponga de más elementos. Ello es evidentísimo. Pues bien : extensa cual es la sublevación militar que estamos combatiendo, los medios de que dispone son inferiores a los medios del gobierno. Si la guerra, cual dijo Napoleón, se gana principalmente a base de dinero, dinero y dinero, la superioridad financiera del Estado, del gobierno y de la República, es evidente (14)». Mas esa superioridad no se supo aprovechar por parte de quienes disponían del oro del Banco de España. Salvo las gestiones realizadas con el gobierno francés -lentas y plenas de incidentes por hallarse la embajada de París en manos de elementos adictos a la sublevación militar, prueba más de la indolencia del gobierno republicano-, se dejaron transcurrir las semanas y hasta los meses sin enfrentarse resueltamente con el problema capital entonces de la adquisición del armamento necesario. De la lectura de uno de los libros de Gordón Ordás (15), embajador de la República en México durante todo el periodo de la guerra civil, principalmente del capítulo titulado « Armamentos y alimentos », se deducen con nitidez dos cosas : primero, que el gobierno perdió un tiempo increíble en decidirse a efectuar la compra de armamento en varios países de Hispanoamérica y en Estados Unidos; segundo, que escatimó incomprensiblemente los medios económicos para hacer frente a esas adquisiciones, no habiendo sido capaz, además, de centralizar sus compras de manera que resultaran más efectivas, más rápidas y más económicas. Escribe Gordón Ordás : « Antes de cumplirse el mes de haber estallado la guerra [...] me permití decirle al gobierno, en cable núm. 58 para el ministro de Estado, que era muy conveniente enviar agentes de confianza a Estados Unidos con seguridad de que podrían adquirir abundante material de guerra. Como ni se me contestó ni supe que se hubiera tomado resolución alguna al respecto, me decidí a realizar discretamente yo mismo, para no desaprovechar una oportunidad magnífica, gestiones desde México y como preveía dieron pronto un copioso resultado. En sucesivos cablegramas [...] trasladé ya ofertas valiosas que se me hicieron, las más importantes de las cuales [...] era una de la Casa Henry Green por 50 aeroplanos de bombardeo y bombas para ellos, cinco mil ametralladoras Thompson y 400 más Hotchkies francesas. » La respuesta no llegó nunca. Como no llegó a otros ofrecimientos procedentes de Bolivia, del Canadá, del Japón y de los Estados Unidos. Y cuando el gobierno se decidía por ciertas adquisiciones, resultaba que Gordón Ordás no disponía del dinero necesario para pagarlas. Este reproduce en su libro el siguiente cablegrama enviado al ministro de Estado, el 21 de noviembre de 1936 : « Reservado para V. E. y ministros Guerra y Marina : Con fecha 12 me pidió V.E. de orden ministro Guerra compra de treinta y dos hidroaviones Sikorsky militares y hube de contestar en telegrama 135 que no podía ocuparme de ello por carencia absoluta dinero. Sin contestación a este telegrama recibí otro de V.E. encomendando de orden ministro Marina compra de numeroso material militar para envío urgente Valencia defensa zona Levante. Esperé unos días creyendo vendrían al fin los millones de dólares tantas veces pedidos por mí y prometidos por el gobierno. En vista de que sigo sin noticias sobre el dinero contesto a V.E. una vez más que nada puedo hacer. [...] Someto consideración V.E. y ministros Guerra y Marina esta prolongada situación anómala. » ¿A qué se debía esta actitud negativa? No estará de más señalar que estos ofrecimientos transmitidos por el embajador Gordón Ordás se efectuaban por conducto del ministro de Estado, el cual no era otro que Alvarez del Vayo, acusado luego por Largo Caballero de ser el hombre de paja de los rusos; y que el encargado de facilitar esos millones de dólares que Gordón Ordás reclamaba una y otra vez era el ministro de Hacienda, el Dr. Negrín, otro hombre de paja de los rusos. Estos se esforzaban por todos los medios en conservar el monopolio del suministro de armas, al mismo tiempo que la prensa comunista propagaba insistentemente la falsedad de que el único país que aceptaba facilitar a la República el armamento necesario era la Unión Soviética. Refiere Gordón Ordás en ese libro, sin sacar las debidas consecuencias, un hecho revelador, que resumiremos. Un día se presentó ante él, en la embajada, un tal Robert Cuse, que afirmó haber sido nombrado por el gobierno republicano para adquirir material de guerra, pero al no presentar documento oficial alguno, Gordón Ordás no le hizo caso. Apareció tiempo después en los Estados Unidos y allí se le ocurrió efectuar públicamente vanas compras y solicitar del gobierno norteamericano una autorización oficial de exportación. « El escándalo público -escribe Gordón Ordás- originado por la insólita petición abierta que Robert Cuse había hecho para exportar desde Norteamérica material de guerra a España, iba a engendrar, y engendró, una severa reacción oficial perniciosa para los planes que yo tenía en marcha.» Y añade : « Creo conocer bien el tartufismo norteamericano y por eso actuaba seguro de que sabían mis actuaciones, pero no oficialmente, y guardando las formas allí se puede hacer todo. En Los Angeles tenía numeroso material de guerra ya encajonado y dispuesto para entrar en México por tren. Lo sabían y hacían como que lo ignoraban las dos aduanas, norteamericana y mejicana. Fue entonces cuando se produjo el escándalo Cuse y ya me era imposible sacar el material como tenía proyectado. » ¿Quién era ese Robert Cuse, que conscientemente había imposibilitado el que se continuara adquiriendo armas en los Estados Unidos? Un cablegrama de Indalecio Prieto a Gordón Ordás, fechado el 4 de enero de 1937, nos lo dice : « Cuse debe ser persona cuyo nombre dieron representantes soviéticos aquí para que sirviera de mediador en compras aeroplanos cuyo ofrecimiento se había hecho a los rusos. Deploro todo el trastorno que me detalla. Sería necesario saber si Cuse lo provocó conscientemente. » Prieto comprendió los verdaderos motivos de lo sucedido. Pero se calló. Los soviéticos habían logrado lo que se propusieron (16).


El destino de las conquistas del 19 de julio y el resultado final de la propia guerra, quedaron sellados definitivamente. La influencia de la Unión Soviética en el gobierno republicano se hizo irresistible a partir de 1937, sobre todo después del nombramiento del Dr. Negrín como presidente del Consejo de ministros. El historiador D. T. Cattell, en otro libro suyo (17), señala que las intervenciones de Moscú fueron especialmente decisivas en 1937, asumiendo los comunistas extranjeros todas las funciones importantes del Partido Comunista de España, salvo en lo que concierne a las manifestaciones públicas y a la acción de propaganda sobre la población. Y no sólo las funciones políticas del Partido Comunista de España, sino asimismo las militares de la República, tan importantes en la guerra civil. Refiere Salvador de Madariaga (18) : « El embajador soviético solía invadir el despacho del presidente del Consejo con imponente batallón de técnicos, generalmente para hacer presión a fin de que se entregasen a militantes comunistas los puestos más estratégicos de la jerarquía estatal. » Lo confirmó Indalecio Prieto en varios de sus escritos. « En la izquierda -añade Madariaga- sube de pronto el influjo que el Estado Mayor ruso ejerce sobre el ministro de la Guerra. Con frecuencia prevalece la opinión rusa sobre la de los técnicos españoles que, aunque pocos, eran competentes y veían con malos ojos imperar un concepto de la estrategia y de la organización mucho más político que técnico. Los rusos preconizaban vigorosamente un ejército unificado bajo un mando unificado, mero sentido común, en sí, pero que perdía mucho de su valor ante los españoles que veían al Partido Comunista mantener un dominio riguroso sobre el Quinto Regimiento, del que habían hecho una especie de ejército comunista. En realidad la campaña de los rusos en pro de un ejército unificado no era sólo técnica sino también política. Los comunistas se daban cuenta de que si conseguían unificar el ejército podrían después apoderarse de sus resortes de mando con relativa facilidad, ya que la única fuente de aprovisionamientos militares era la Unión Soviética; y con el ejército en la mano podrían apoderarse de España. » Y así ocurrió. En la aviación mandó Smuchkievich (« Douglas »), en la marina Kutnezov (« Kolia »), en los tanques Paulov (« Pablo »), en la artillería Voronov (« Valter »), en el Ejército del Centro Goriev, etc., amén de los Manilovski (« Manolito »), Zhukov, Koniev (« Paulito »), Rodintsev (« Pablito ») y otros que pululaban en el Estado Mayor Central y en los mandos de las divisiones y brigadas. Asimismo, la policía estuvo en manos de la antigua GPU, cuyo principal representante en España fue el tristemente célebre Orlov. (Parece ser que intervino en el transporte del oro del Banco de España desde Madrid a Cartagena, según asegura Alvarez del Vayo (19); Krivitski (20)afirma que Orlov fue el « organizador » de la provocación de mayo de 1937 en Barcelona, y Prieto, por su parte, le culpa de haber sido el principal promotor de la detención, secuestro y ulterior asesinato de Andrés Nin.) Por lo que concierne a la acción política, Fernando Claudín (21) confirma : « Togliatti desempeñó un papel primordial en la orientación política e, incluso, en la dirección operativa del Partido Comunista de España durante la guerra civil. Junto con él, el búlgaro Stepanov, el húngaro Gero, el argentino Codovila y los altos consejeros militares y políticos soviéticos. » Aún más : el historiador italiano Paolo Spriano, en su citada obra Storia del Partito Communista italiano señala que de las emisiones para el extranjero desde Madrid y Valencia se ocupó Ezio Zanelli; de la radio de la Generalidad Carlo Farini, Giovanni Fornari y Cesare Colombo; de la radio de Aranjuez Velio Spano, Giuseppe Reggiani y Nicola Potenza; del periódico Verdad -publicado en Valencia por el Partido Comunista de España- Ettore Vanni, etc. Según Vittorio Vidali -lo afirma el comunista Paolo Spriano- Palmiro Togliatti intervino en la redacción de los « trece puntos » del gobierno Negrín.
En 1938, con todos los resortes de mando en poder de los comunistas, la situación comenzó no obstante a evolucionar de manera casi imprevisible. En efecto, la Unión Soviética apenas envió material a España, como si la suerte de ésta ya estuviese echada y no precisamente por los reveses que sufría el ejército republicano. Azaña escribió en « La URSS y la guerra de España », artículo ya mencionado anteriormente : « Según mis noticias, en 1938, hubo un lapso de seis u ocho meses en que no entró en España ni un kilo de material ruso. Por otra parte, los pedidos del gobierno español nunca eran atendidos en su totalidad; lejos de eso. [...] Resultado : en ningún momento de la campaña, el ejército republicano no solamente no ha tenido una dotación de material equilibrada con la del ejército enemigo, pero ni siquiera la dotación adecuada a su propia fuerza numérica. » Alvarez del Vayo(22) refiere que en la ofensiva del general Franco durante los meses de abril a julio de 1938, la relación de fuerzas era la siguiente : cañones medios y pesados, 1 de los republicanos por 8 o 10 de los nacionalistas; cañones ligeros, 1 por 5 a 6; aviones de bombardeo, 1 por 10; aviones de caza, 1 por 8. En la contraofensiva del Ebro, del 30 de julio al 15 de noviembre del mismo año, la desproporción se agrava todavía más : cañones medios y pesados, 1 por 12 a 15; cañones ligeros, 1 por 7 a 10; aviones de bombardeo 1 por 15; aviones de caza, 1 por 10. Estas cifras ofrecidas por Alvarez del Vayo para demostrar la impotencia del ejército republicano y la inevitable pérdida de la guerra, representan al cabo de cuentas el cargo más abrumador que se puede hacer respecto a la « ayuda » soviética. ¿Por qué la URSS no enviaba material? Ciertos signos harto elocuentes descubrían en realidad lo que se preparaba. El 20 de junio de 1938, el embajador alemán en Moscú, Schulenburg, comunicaba a su ministro de Asuntos exteriores (23) : « Las declaraciones de Ehrenburg sobre los falangistas me parecen dignas de ser señaladas. [...] En otro lugar, Ehrenburg llama a los falangistas « los patriotas españoles del otro lado de las trincheras », y declara que su actitud podía resultar importante para el desarrollo político futuro de España. [...] Es lo que en cierta medida confirman las declaraciones de Litvinov al consejero de la embajada de Francia en Moscú, Payart, que acaba de regresar a Moscú tras haber estado destinado un año en Valencia. Litvinov dice que el gobierno soviético estaría dis¬ puesto a retirarse de España con una condición : « España para los españoles ». Litvinov ha dado a entender en esta ocasión que un acuerdo entre las dos partes constituiría un compromiso aceptable, puesto que permitiría a la Unión Soviética liquidar la aventura española. » Esta afirmación de Litvinov, sin duda sugerida por Stalín, era una mera disculpa, puesto que sabía perfectamente que ya era demasiado tarde para lograr un compromiso, si es que alguna vez pudo lograrse. No; lo que se proponía la URSS era, pura y simplemente, «liquidar la aventura española» abandonando la República a su suerte, es decir, a la derrota. ¿Por qué? El motivo capital se encuentra en el pacto germano-soviético firmado un año más tarde, pero que por aquellas fechas estaba sin duda en sus primeros prolegómenos (24). La Unión Soviética ofrecería a Hitler, como prueba de su buena voluntad, la liquidación de su intervención en España y, por tanto, la terminación de la guerra civil. Lister escribió en su libro ¡Basta! (sin editorial ni fecha, probablemente publicado en 1971) : « En la primavera de 1939 se inició en Moscú, por parte de dirigentes de nuestro Partido, un examen de nuestra guerra y, sobre todo, de su desenlace. Simultáneamente nos reunimos con el secretariado de la Internacional Comunista para examinar idéntico problema. Pero la discusión fue cortada poco después, lo mismo entre nosotros que con el secretariado de la Internacional Comunista. » Claro, a Stalin no le interesaba que se removiera el asunto, hecho que Lister no llegó a comprender.
Así terminó, pues, la intervención soviética en España. Para la URSS fue un gran negocio político, estratégico y comercial. Por un lado, desvió la atención de las terribles purgas que Stalin había ordenado contra los antiguos bolcheviques para mejor asentar su poder omnímodo, se presentó ante el mundo como el único régimen que ayudó a la República española, desvió el peligro nazi sobre sus fronteras y, por último, dispuso de un peón que pudo ceder -cual aconteció- en un posible acuerdo con la Alemania hitleriana; por otro, se encontró, como llovido del cielo, con un capital de casi un millar y medio de millones de pesetas oro, ofreciendo a cambio material de guerra de todas las edades. Aunque moleste a no pocos, cabe establecer las cuentas de la famosa « ayuda » soviética, tema de propaganda comunista durante unos cuantos años y aceptado ligeramente por algunos historiadores, que no se han preocupado lo más mínimo en analizarlo como es debido. Y para calibrar esa « ayuda », nada mejor que compararla con la prestada por Italia y Alemania al régimen del general Franco. Se sabe que la concedida por Italia fue oficialmente consolidada en 5 000 millones de liras, unos 394,5 millones de dólares según el cambio de entonces, deuda que se amortizó en veinticinco años, del 31 de diciembre de 1942 al 30 de junio de 1967; la otorgada por Alemania, según los documentos oficiales que figuran en Les archives secrètes de la Wilhelmstrasse, pagada más rápidamente que la italiana- en general merced a las exportaciones españolas-, no alcanzo los 500 millones de marcos, es decir, 202,5 millones de dólares. Ahora bien, el oro enviado a Moscú representaba unos 578 millones de dólares, a los cuales cabe añadir -cosa que ningún historiador o economista se preocupó de hacer- las colectas efectuadas entre los trabajadores rusos y que el 27 de octubre de 1936 ascendían a más de 47 millones de rublos, según la propia prensa soviética; las exportaciones de plomo, mercurio, potasa, textiles, naranjas, etc., con destino a la URSS; las fábricas enteras que, según afirmó Santillán en su citado libro, se llevaron los rusos, entre otras las de papel de fumar de Alcoy, así como algunos secretos de fabricación de ciertas industrias; por último, para terminar esta breve relación, la veintena de buques mercantes españoles que quedaron internados en los puertos soviéticos al finalizar la guerra civil y que la URSS se apropió. ¡Y todavía habría que agregar los 50 millones de dólares que según afirmó el diario Pravda el 4 de abril de 1957 les quedó adeudando la República! Conviértase todo esto en dólares, súmese a los 578 millones que representó el oro enviado a Moscú en octubre de 1936 y se comprobará fácilmente que casi iguala el importe conjunto de las ayudas que Alemania e Italia prestaron al general Franco. Por si fuera poco, obligado es afirmar que en los campos de batalla se vio que el material enviado por esos dos países superó -no sólo en cantidad, sino también en calidad- al recibido por la República de su « protector » soviético. Por tanto, cabe decir sin temor a ser desmentido que la tan cacareada « ayuda » soviética representó una mayúscula estafa. « Un desfalco y una estafa », tituló elocuente y acertadamente Indalecio Prieto uno de sus artículos sobre este asunto.
El papel del Partido Comunista de España
El instrumento visible y activísimo de la intervención soviética fue, naturalmente, el Partido Comunista de España. Como señaló el historiador David T. Cattell, esta organización se ocupó sobre todo de las manifestaciones públicas y de la propaganda, puesto que la verdadera dirección y el poder de decisión estaba en otras manos más sólidas, pero en realidad fue la mampara tras la cual maniobraron los representantes directos de Moscú. Este papel asignado al Partido Comunista de España nos permite afirmar que la política que llevó a cabo resultará incomprensible si se la juzga según los viejos conceptos y se la encuadra en un mero significado reformista, como se hizo durante nuestra guerra civil a causa de su posición irreductible a la revolución desencadenada el 19 de julio de 1936. Al fin y al cabo, este partido tan « demócrata » y « republicano » durante el periodo de la guerra era el mismo -casi con los mismos hombres- que se mostró tan « antirrepublicano » y « revolucionario » en 1931-1935, ¿Por qué? ¿Cómo interpretar un cambio de política tan radical? A decir verdad, el Partido Comunista de España no era ni reformista ni revolucionario : limitábase a aplicar al pie de la letra, con absoluta fidelidad, la línea de conducta que le dictaba Moscú, que unas veces podía parecer revolucionaria y otras reformista, según unas actitudes que correspondían a las circunstancias del momento, pero que en todo instante respondían a los intereses particulares de la Unión Soviética. Quien no haya comprendido una verdad tan elemental y a la par tan evidente, será incapaz de escapar al dédalo de las aparentes contradicciones de la política comunista, por lo que acabará por limitarse a comentarios meramente epidérmicos o aceptará resignado -por comodidad o por cobardía- las explicaciones « dialécticas » de los comunistas. Precisamente ha sido esta incomprensión lo que ha permitido a estos últimos imponerse poco a poco durante la guerra civil, mientras las demás organizaciones -socialistas y anarquistas, sobre todo- se dejaban atrapar merced al señuelo de la lucha antifascista, de la unidad de acción, del mando único, etc., todo ello necesario en general pero que en el contexto imperante servía en realidad la política hegemónica del Partido Comunista de España, es decir, de la Unión Soviética.
El Partido Comunista de España dependió de Moscú desde el mismo instante de su fundación. La escisión en las Juventudes Socialistas, primero, y en el Partido Socialista, después, fueron obra no sólo de la impaciencia de algunos militantes cegados por la gran llamarada de la revolución rusa, sino de las « sugestiones » de los dos primeros delegados que la Internacional Comunista envió a España, el ruso Mijail Borodin y el mejicano Manuel Ramírez, reemplazados luego por el italiano Antonio Graziadei y por el suizo Jules Humbert-Droz. El Partido Comunista de España fue definitivamente creado en noviembre de 1921 y un mes más tarde conoció su primera crisis, a la que sucederían no pocas, todas ellas resueltas burocráticamente por los delegados de Moscú, los cuales ignoraban todo cuanto se relacionaba con España y los españoles, incluso la propia lengua del país. Por tanto, a pesar de las motivaciones revolucionarias de sus militantes, dicho partido fue desde su fundación un injerto artificial y extraño en la vida social española. Aún agravó esta situación la política que le impuso la Internacional Comunista, basada principalmente en un enfrentamiento -a veces violento y hasta sangriento- con el Partido Socialista y con la Confederación Nacional del Trabajo, las dos organizaciones obreras más importantes de España. El resultado fue que el Partido Comunista no pasó de ser una pequeña secta, que vegetó sin pena ni gloria durante los años de la dictadura del general Primo de Rivera, hasta tal punto que por decisión de la Comintern la dirección del partido terminó por instalarse en París, puesto que en España no tenía nada que dirigir. En la capital de Francia se celebro incluso, en 1929, el llamado III Congreso del Partido Comunista de España. Los consejeros y delegados de la Internacional Comunista se sucedían los unos a los otros -Humbert-Droz, Doriot, Duclos, Stoeker, Purmann, Neumann, Grieco, Rabaté, etc.--, pero todos ellos se sacudían las pulgas en sus informes a la Comintern, culpando a los dirigentes comunistas españoles de « individualismo »,«insuficiencia », «indisciplina», «incomprensión», etc. En resumen : la política de la Internacional Comunista que ellos se encargaban de transmitir era justa, pero la dirección española no sabía aplicarla. Incluso tres de sus dirigentes sucesivos habían terminado mal, nada menos que en las filas del enemigo : García Cortés se convirtió en primorriverista, Merino Gracia en protegido del Sindicato Libre y Pérez Solís fue nombrado por el general Primo de Rivera para un alto puesto en la CAMPSA. La descomposición de la reducida organización comunista resultó total. Joaquín Maurín juzgó así la situación (25) : « En 1931, en vísperas de la proclamación de la República, al cabo de once años de existencia, el Partido Comunista era un fracaso. La inmensa mayoría de los que lo integraron en su época heroica y difícil, defraudados, lo habían abandonado. Por una razón u otra, descubierta la trampa, se negaban a formar parte de una organización que estaba al servicio de una nación extranjera. El Partido Comunista era ruso y no español. Estaba dirigido desde Moscú y se sostenía con la ayuda económica suministrada por Moscú. Dejado a sí mismo, se hubiese desvanecido sin pena ni gloria. »
En 1930, como es sabido, el régimen monárquico español entró en franca crisis. Sin embargo, los «teóricos » de la Internacional Comunista no la percibieron. Informando ante el Ejecutivo de la Comintern, Manuilski, uno de sus principales dirigentes, afirmaba sentenciosamente que « una huelga parcial [en cualquier país] puede tener mayor importancia para la clase obrera internacional que ese género de « revolución » a la española, efectuada sin que el Partido Comunista y el proletariado ejerzan su función dirigente ». Según los burócratas estalinistas no podía haber revolución ni cambio alguno en España, puesto que el Partido Comunista no era el dirigente principal. ¿Cómo podía serlo, si prácticamente no existía? Curiosa situación, que la Internacional Comunista resolvía mediante su peculiar dialéctica. No obstante, la « revolución a la española » era algo real de la que todos se daban perfecta cuenta en España, salvo los numerosos delegados de la Comintern y sus amos de Moscú. Al iniciarse 1931, había en Barcelona nada menos que cinco « consejeros », que no tenían a quien aconsejar : el suizo Humbert-Droz, los franceses Duclos y Rabaté, el caucasiano « Pierre » y otro suizo, Stirner (Adgar Woog). Ahora bien, el propio Humbert-Droz escribió años más Tarde (26) : « El Partido Comunista no existía en Barcelona. [...] Era la primera vez que tenía como tarea poner en movimiento un partido que nos existía .» ¿Y en las otras ciudades españolas? En Madrid « continuamos siendo una pequeña secta sin influencia » y en Bilbao « va mal, muy mal », pues sólo cuentan con « catorce miembros ». Luego añade: « Parece ser que en Sevilla las cosas van mejor, pero será preciso controlar los números que nos dan, un poco demasiado redondos y astronómicos. » Prosigamos con estos informes reveladores : « Nuestro partido continúa viviendo en una pasividad absoluta y temiendo aparecer a la luz del día. [...1 Stirner y yo tenemos que escribir una buena parte de los artículos, si se quiere que el periódico se publique. » Y aún : « En el partido domina el sueño profundo e inocente de la infancia, todavía en la cuna; de un cementerio abandonado, por decirlo así, lo que sería más justo ya que el niño no se desarrolla (27). » En una carta dirigida a su esposa, fechada el 5 de febrero de 1931, Humbert-Droz le dice : « Te diré que los cuatro peregrinos de la Meca no tienen gran cosa que hacer [...]. Rabaté está en su elemento : se levanta a mediodía, lee los periódicos en la terraza de un café bebiendo el aperitivo, ajenjo o vermut, se va a comer, luego vuelve para tomar el café, pasa el resto del día en el cine o en las cervecerías. El joven [« Pierre », el caucasiano], aunque un poco menos perezoso, sigue poco más o menos su ejemplo. Stirner multiplica los paseos y las excursiones, y yo me esfuerzo en hacer algo útil redactando los documentos del partido [...]. La censura no deja pasar nada y como nuestra filial [el Partido Comunista español] está fuera de toda vida política y de la vida obrera, no se sabe nada, ni siquiera lo que pasa en la propia ciudad. ¡Gracias al Berliner Tagblatt supimos que había una huelga en la universidad! » Empero, en su informe a Moscú que lleva fecha del 14 de febrero, Humbert-Droz cambia de tono y escribe : « Un rasgo característico respecto a la posición de Bullejos (28)[entonces secretario general del PCE] : está contra la consigna de los soviets, incluso como consigna de propaganda, por lo que nos ha costado mucho trabajo convencer a nuestros camaradas del Ejecutivo, después de este veto de Bullejos, que el programa del partido debe trazar como perspectiva una España soviética. » No existía partido, pero para ser grato a Moscú, Humbert-Droz, buen funcionario, repite las tonterías habituales y como necesita hallar un responsable no duda en señalar a Bullejos, el secretario general, que al fin y al cabo no hacía otra cosa que repetir lo que se le ordenaba, con un fideísmo irracional.
Once días más tarde, el 25, vuelve Humbert-Droz a enviar un nuevo informe a su jefe de la Comintern, Manuilski, en el que olvidando las zarandajas de los soviets, insiste sobre la situación real del Partido Comunista de España : « Jamás apareció con tal nitidez la tragedia de la situación de aislamiento de nuestro partido, de su pasividad, de su absoluta falta de organización y de relación con las masas. [...] No obstante las orientaciones enviadas a las regiones para organizar mítines tan pronto se restablecieran las garantías constitucionales, ninguno fue organizado en parte alguna. » Y el 1 de marzo escribe a su esposa : «Resulta poco interesante trabajar por la simple razón de que no existe partido y que lo que aquí se denomina Partido Comunista es una pequeña secta sin posibilidad de irradiación. » Esto era cierto pero no lo era menos que ni él ni los demás delegados de la Internacional Comunista, encargados de dirigir el Partido Comunista de España, eran capaces de comprender la verdadera situación española. El ciego sometimiento a la orientación impuesta desde Moscú les impedía abrir los ojos como era obligado. A mediados de marzo, Humbert-Droz informaba a Manuilski: « Las ilusiones republicanas y parlamentarias se disipan y las huelgas, los conflictos económicos se multiplican. » ¡Y un mes más tarde se proclamaba la República! El derrumbamiento de la monarquía no figuraba en el esquema que los profesionales de la Comintern habían trazado, pero esto no fue óbice para que en un nuevo informe Humbert-Droz escribiera : «Las elecciones municipales fueron una victoria inmensa de los republicanos y de las fuerzas de izquierda pequeño burguesas. El rey abdicó y abandonó el país precipitadamente, acompañado de varios grandes de España, la nobleza terrateniente del régimen. Se quemaron un buen número de iglesias y de conventos. En una palabra : el desarrollo de los acontecimientos confirmó mi análisis de la situación. » Como puede comprobarse, estos burócratas no tienen cura : a imagen y semejanza de su «jefe supremo » Stalin, nunca se equivocan, todo lo tienen previsto, la verdad les acompaña como su propia sombra... Sin embargo, como esa certeza que muestran en sus análisis políticos no va acompañada de resultados tangibles, entonces recurren al socorrido argumento de la incapacidad del partido para aplicar sus orientaciones. En otro informe redactado días después de la proclamación de la República, nuestro hombre dice : « Las elecciones municipales han puesto de manifiesto la enorme debilidad del partido, su aislamiento completo, su mínima influencia sobre las masas. Estamos obligados a comprobar que nos mecíamos de ilusiones y que no hemos contado con la influencia que creíamos tener. Los resultados son inferiores a los cálculos más pesimistas. En Barcelona mismo, fue una verdadera tragedia. [...] No hemos recogido ni 100 votos, mientras los maurinistas, que desarrollaron una campaña más intensa que nosotros, reunieron más de 3 000 votos. En Sevilla [...] no obtuvimos ni 800. En Madrid no lógranos 200. No compartía, desde luego, el optimismo de los que evaluaban nuestra influencia a base del éxito de nuestros actos electorales, pero no creía que el partido fuese tan débil La oleada republicano-socialista fue considerable y supera todas las previsiones de los propios republicanos. Fue un verdadero plebiscito contra la Monarquía en todos los lugares donde se pudo votar, es decir, en todos los grandes centros urbanos. La masa estaba en la calle. Centenares de miles de personas de toda clase, que aplaudían las banderas republicanas, cantaban, bailaban y no tenían deseo alguno de luchar ni manifestarse en favor de consignas precisas. Hay que tener en cuenta este ambiente de fiesta popular para comprender el fenómeno que se ha producido : los comunistas que intentaban manifestar, repartir octavillas o dirigir la palabra a la multitud fueron silbados, abroncados y acogidos con hostilidad amenazadora. » Lo que no dice es la causa real de esa hostilidad amenazadora : la consigna de los comunistas, en aquellos momentos de general euforia republicana era « ¡Abajo la República y viva los soviets! »


Y esa consigna aberrante, políticamente absurda y tácticamente contraproducente, había sido impuesta por los Humbert-Droz, es decir, por la Internacional Comunista. Bullejos, secretario general del Partido Comunista de España en aquellos tiempos, escribió años más tarde1 : « Desde los primeros momentos, la actitud de los comunistas fue de franca oposición al gobierno provisional de la República. En su primer manifiesto, redactado en perfecto acuerdo con la delegación internacional que la componían Humbert-Droz -antiguo secretario de la Internacional para los países latinos- y Rabaté -destacado militante del partido francés- se invitaba al pueblo español a derrocar la República burguesa, como había derrocado la Monarquía, instaurar el Gobierno Obrero y Campesino. Pocos días después recibíanse de Moscú las nuevas directivas políticas y tácticas, todas las cuales tenían como meta la creación de soviets en España.» A pesar de la ruda lección recibida, Moscú se limitó a criticar la dirección española y a insistir en los mismos errores. El 21 de mayo de 1931, cinco semanas después de la proclamación de la República, Manuilski dirigió al Comité Central del Partido Comunista de España una carta abierta, en la que dictaminaba : « El papel del partido en el desarrollo de tal revolución no era el de defender al gobierno contrarrevolucionario de la República, de gritar ¡Viva la República! y de colocarse a remolque de la pequeña burguesía, como lo han hecho trotskistas y maurinistas. Debía llamar a las masas obreras y campesinas a luchar contra las fuerzas del antiguo régimen, contra los aristócratas, los altos dignatarios de la Iglesia, los oficiales monárquicos, los somatenes, la Guardia civil, la policía de Alfonso XIII, etc.; exigir y arrastrar a las masas a llevar a cabo el encarcelamiento del rey y de todos los elementos monárquicos, la creación de un tribunal revolucionario designado por los soviets para juzgar al rey y a los ministros de la realeza y de la dictadura, el secuestro de los capitales y valores de la Corona, de los aristócratas y de la Iglesia, y su utilización para socorrer inmediatamente a los parados, la toma de la tierra y la creación de los soviets... » Pero, ¿cómo los soviets podían designar un tribunal revolucionario cuando un par de líneas después se aconsejaba la creación de esos mismos soviets? ¿Cómo el Partido Comunista podía arrastrar a las masas si tal partido no existía? Manuilski, desde luego, hablaba por hablar y no sabía lo que decía. Refiriéndose a aquel trascendental periodo y al papel desempeñado por los comunistas, escribió Maurín en el mencionado libro : « Bajo la frondosa dirección de la Comintern, el Partido Comunista hizo tantas y tales tonterías en 1931 y 1932, que prácticamente quedó separado de las masas. Iba a contrapelo de la historia. No comprendió nunca el proceso histórico que vivía España. Incapaz de pensar, trasladaba a España lo que había ocurrido en Rusia en 1917. En segundo lugar, en Rusia, en 1917, había gigantes revolucionarios de la talla de Lenin, Trotski, Bujarin, mientras en España había pulgas importadas de la talla del suizo Humbert-Droz, el argentino Codovila, el francés Rabaté, el búlgaro Stepanov, etc. »


La sublevación del general Sanjurjo contra la República, en agosto de 1932, sorprendió, naturalmente, al Partido Comunista de España y a su farándula de consejeros internacionales, empeñados todos ellos en la lucha contra esa misma República. Bullejos, en su libro ya citado, afirma : « El Partido Comunista, en estas circunstancias, pretendió modificar la orientación de su política, colocando en plano preferente la lucha contra la reacción monárquica y de derechas. No fue posible conseguirlo dada la intransigencia de la Internacional, sobre todo de su delegación en España, que, prisionera del espíritu de la Resolución del VI Congreso mundial, no se avenía a considerar a los monárquicos y reaccionarios como los verdaderos enemigos de la democracia. Para Moscú toda contemporización con los socialistas era una desviación de la línea revolucionaria. » Moscú, en efecto, había sentenciado en la carta abierta dirigida en enero de 1932, en vísperas del IV Congreso del Partido Comunista de España, a todos los militantes del mismo : « El Partido Socialista es el campeón de la reacción en la ofensiva de la contrarrevolución burguesa y agraria contra la clase obrera y las masas laboriosas. [...] En el momento en que los socialistas se manifiestan como el partido más activo de la contrarrevolución burguesa-agraria, en que con discursos demagógicos, promesas y el terror del aparato del Estado se esfuerzan en apoderarse del movimiento sindical obrero, en transformar los sindicatos en organizaciones que persigan los fines de un Estado fascista, es menester que el Partido Comunista despliegue el máximo de actividad para desenmascarar a los socialistas... » En aquellos años, pues, mal que les pese hoy a los « historiadores » del Partido Comunista de España, para éste el enemigo principal eran los socialistas, motejados además de « socialfascistas », representantes de la « contrarrevolución burguesa-agraria » según los infaustos « teóricos » de la Internacional Comunista. Comentando precisamente esta carta abierta de Moscú a los comunistas españoles, escribió por aquel entonces Andrés Nin(29): « Se traza un esquema, se lanza una fórmula abstracta y los hechos han de adaptarse a este esquema y a esta fórmula. Y si no es así, tanto peor para los hechos. Claro está que la historia sigue su camino y la realidad demuestra a cada paso la falsedad del esquema; pero esto no inmuta a los burócratas de la Internacional. Cuando la catástrofe es inminente se cargará el muerto a los celosos ejecutores de la línea general. » Y así sucedió. La opinión de Bullejos respecto a la sanjurjada del 10 de agosto de 1932 le costó sin duda el puesto que venía ocupando, puesto que el 18, una semana más tarde, fue excluido del Buró Político junto con los otros miembros de la dirección (30), declarando acto seguido su sumisión al nuevo equipo : « Los miembros del Buró político reunidos declaran ante la Internacional Comunista que reiteran su más incondicional adhesión a su política y que están dispuestos a acatar sus disposiciones y continuar fieles a ella, ocurra lo que ocurra. » Perinde ac cadaver, disciplina y obediencia ciega. Semanas después, el 21 de octubre, Bullejos, Adame, Trilla y Vega fueron expulsados del partido. En La Correspondencia Internacional correspondiente al 11 de noviembre de 1932, se publicó una resolución referente a esta expulsión firmada por la Comisión española elegida por la XII sesión plenaria del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, en la que se decía que « la contrarrevolución española ha hecho cuatro nuevos reclutas ». Dato curioso : esa Comisión española -vale la pena subrayar lo de española- estaba presidida por el francés Marty e integrada por el alemán Thaelmann, el francés Duclos, el italiano Togliatti, el japonés Katayama, el húngaro Bela Kun, el polaco Lensky, el chino Van Min y el mejicano González. Estos nombres muestran palmariamente que los comunistas españoles no eran otra cosa que simples peones manejados a voluntad -muy mal, sea dicho de paso- por los burócratas que constituían la cohorte de « revolucionarios profesionales », a las órdenes a su vez del Kremlin. Unos revolucionarios profesionales que tenían más de profesionales que de revolucionarios. Sin embargo, con la nueva dirección española la política del Partido Comunista siguió siendo la misma, porque idéntica era la política impuesta por la Internacional Comunista : soviets, gobierno obrero y campesino, revolución soviética, es decir, una política que nada tenía que ver con la realidad española. « Los dirigentes del partido -comentó Andrés Nin en su folleto La huelga general de enero y sus enseñanzas (marzo ds 1933)- parecen no tener otro empeño que el evitar que, a pesar de las circunstancias objetivas, excepcionalmente favorables, pueda dicho partido salir del estado embrionario en que se encuentra... ». Y en otro artículo suyo (31) señalaba : « Claro que para que el partido actúe de una manera eficaz, es preciso que abandone definitivamente su demagogia huera, renuncie a la absurda teoría del socialfascismo que le separa de las masas socialistas, aprenda a saber distinguir los antagonismos existentes en el seno de las clases explotadoras utilizándolos en provecho propio, emplee un lenguaje adecuado para con las masas que se hallan bajo la influencia anarquista, instituya un régimen de democracia interna que convierta al partido en la gran organización revolucionaria de la clase obrera y reniegue de su estúpida política de escisión sindical. » A decir verdad, esto era pedir peras al olmo. Sin embargo, cuarenta años después, en su mencionado artículo de la Revista Internacional, Dolores Ibárruri reconoce explícitamente los errores señalados por Nin, al escribir : « Algo había en nuestra política que no era correcto y que chocaba con las posiciones de la clase obrera, de los campesinos y de las fuerzas democráticas. Y ese algo era nuestro infantilismo revolucionario que nos separaba de las masas, ilusionadas por la facilidad con que había sido derrocada la monarquía. Con un criterio extremista comparábamos a los dirigentes socialistas con los socialfascistas... » Y en el mismo artículo confiesa : « Al constituir la sección española de la Internacional Sindical Roja, sacamos a los comunistas de los sindicatos en los cuales actuaban como grupos de oposición, y con ellos constituimos una nueva organización, al margen de las organizaciones sindicales, y por tanto sin posibilidad de actuar en éstas, y en la cual los comunistas se freían en su propia salsa, sin poder influir ni en el movimiento obrero, ni en las luchas de los trabajadores. Esto lo sentíamos todos, más o menos, pero nadie lo decía, o por pereza mental o por una mal entendida disciplina. » ¿Disciplina hacia quién? La autora de estas líneas no lo dice, pero se adivina. En realidad tratábase del sometimiento a Moscú.


Mientras los comunistas continuaban impertérritos atacando a socialistas y anarquistas, aplicando así ciegamente los acuerdos del VI Congreso de la Internacional Comunista, tenían lugar graves acontecimientos en Europa y en España : en Europa a causa de la subida al poder del hitlerismo y en España por el reforzamiento de las derechas, aglutinadas en la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas). En noviembre de 1933 se creó Falange Española y el mismo mes fue escenario del triunfo derechista en las elecciones a Cortes. No obstante la agudización de la amenaza reaccionaria, el Partido Comunista trató de dividir aún más el movimiento obrero creando la llamada Confederación General del Trabajo Unitaria. Su política la vemos reiterada en un artículo titulado « Las tareas fundamentales del PCE en la etapa actual del desarrollo de la revolución en España », publicado en tres números sucesivos de La Correspondencia Internacional (21 y 28 de abril y 5 de mayo de 1933) con la firma de J. Chavaroche, tras la cual se escondía el « consejero » Stepanov. En ese artículo se decía : « El Partido Comunista de España debe orientarse hacia la dictadura del proletariado y de los campesinos bajo la forma de soviets [puesto que se ha entrado] en la fase de preparación -política y orgánica- de los obreros y campesinos para la toma del poder », insistiendo el autor en que la misión de los comunistas es « abordar la preparación política y orgánica para la toma del poder ». En la misma revista y en el número de agosto, Vicente Arroyo terminaba un artículo suyo de la manera siguiente : « He aquí nuestra tarea esencial en estos momentos : desenmascarar implacablemente la nueva posición de traición de los jefes socialfascistas españoles. » La intervención de Dolores Ibárruri en la XIII sesión plenaria de la Internacional Comunista, reunida en Moscú en diciembre de 1933, o sea un mes escaso después de haber conquistado el poder las derechas en España, ofrece los mismos síntomas de desvarío político : « La lucha por el poder soviético está actualmente al orden del día en España. [...] Nosotros debemos presentar la cuestión del Gobierno Obrero y Campesino, del poder soviético, crear los comités de fábrica y los comités de campesinos, realizar el frente único de todos los trabajadores bajo la bandera del comunismo. [...] Si nosotros sabemos realizar este trabajo, si emprendemos la vía que nos ha trazado la Internacional Comunista, conseguiremos instaurar en España el poder soviético. » Mera palabrería, para mostrar su fidelidad canina a los dirigentes de Moscú. Todo esto se silencia ahora en las publicaciones comunistas y en los propios artículos de Dolores Ibárruri, para ocultar el papel nefasto que entonces desempeñaron. Refiriéndose a las Alianzas Obreras, creadas en Cataluña, Asturias y Madrid, principalmente, como un intento sólido de oponer un valladar al avance reaccionario, los comunistas escriben en Guerra y revolución: « El Partido Comunista decidió de momento no ingresar en ellas. Pero el rápido desarrollo de los acontecimientos le hizo reconsiderar su actitud...». Lo que se callan es que durante meses y meses llevaron a cabo una desesperada lucha contra las Alianzas Obreras. Mundo Obrero, el órgano comunista, escribía el 25 de julio de 1934 : « En su origen, la creación de estas Alianzas entrañaba un manifiesto propósito de escindir el movimiento antifascista. De la garantía que ofrecen dichas Alianzas contra el fascismo podríamos remitirnos, a falta de otros elementos, a su actividad en las últimas grandes luchas del proletariado y de los campesinos. Su actuación ha sido simplemente negativa o simplemente nula. » Y el 1 de agosto, el mismo periódico insistía : « Las Alianzas Obreras son órganos fantasmas, creados a espaldas de las masas, entre los cuatro muros de una secretaría y con el fin de impedir el verdadero frente único. » El Partido Comunista sabía que cuanto decía no era cierto, que tales organismos no eran un simple slogan de propaganda y que, por el contrario, se habían convertido en un importante instrumento político de lucha; pero las combatían sin tregua porque escapaban a su control y eran un rotundo mentís a toda su política.


Esta posición absurda del Partido Comunista tenía que desazonar a algunos de sus militantes, los cuales comprobaban día tras día la distancia que mediaba entre la palabrería que se les obligaba a repetir cansinamente y la realidad imperante. El Partido Socialista entraba en un periodo de lucha de tendencias, como consecuencia de los flacos resultados obtenidos en su colaboración gubernamental y asimismo de los acontecimientos que tuvieron por escenario Austria, donde la socialdemocracia, hasta entonces poderosa, había sido barrida por las armas. Sin embargo, el Partido Comunista, atado a su esquema político, no percibía esa evolución. Mundo Obrero del 26 de julio insistía una vez más : « Es el Partido Socialista quien, después de su desvergonzada colaboración ministerial, nada más comenzó el periodo electoral, se presenta a las masas como un partido revolucionario. [...] El Partido Socialista derrocha demagogia para permitir que la burguesía vaya a la instauración de la dictadura fascista, y por eso nosotros les llamamos socialfascistas. » José Antonio Balbontín refirió en uno de sus libros los motivos de su ruptura con el Partido Comunista (32): « Agotados mis recursos dialécticos frente a Medina [Codovila, el delegado de Moscú] y sus cofrades, le pregunté un día concretamente si pensaba que existía esperanza de que la Tercera Internacional rectificase en el futuro su criterio sobre este punto, permitiéndonos pactar abiertamente con los jefes socialistas y republicanos para combatir juntos a la reacción monárquico-clerical, que se mostraba cada vez más pujante. Medina me aseguró que no creía que existiese semejante posibilidad. [...] Medina no abrigaba ni la más remota sospecha de que aquello pudiese tener efecto nunca; y como yo creí que, en aquel punto al menos, Medina estaba bien informado, decidí darme de baja en el Partido Comunista. » En la carta que envió a la prensa el 5 de marzo de 1934 para justificar su actitud, Balbontín se explicaba así : « He sido siempre y quiero ser hasta la muerte un hombre sincero, y como tal, debo deciros que estoy en absoluto desacuerdo con vuestra táctica en este instante. Después de la magnífica epopeya de los socialistas austríacos, me parece terriblemente injusto, y a todas luces para la causa de la solidaridad proletaria, seguir combatiendo al socialismo como si fuese un ala del fascismo. » Ni Balbontín, ni los dirigentes comunistas españoles que entonces le cubrieron de injurias, podían imaginarse que la Internacional Comunista estaba preparando uno de sus clásicos cambios de táctica, un « viraje » más según su jerga peculiar. Y así ocurrió. Largo Caballero refirió años después (33) : « Un individuo llamado Medina -no creo que fuera ese su verdadero nombre- que hablaba correctamente español, se hallaba en nuestro país, y era un agente de la Tercera Internacional. A dicho Medina me lo presentó Margarita Nelken, afiliada entonces al Partido Socialista, para hablarme de las Alianzas Obreras. Pretendía que se le cambiase el nombre por otro -no recuerdo cuál- más en armonía con el vocabulario ruso, a fin de facilitar la entrada en ellas a los comunistas. Tuvimos una discusión de algunas horas. Al cabo, se convenció de que no era oportuno ni práctico importar en España vocabularios exóticos. Al día siguiente, la prensa comunista dio la noticia de que los elementos de su partido habían acordado formar parte de las Alianzas Obreras. » Fue, pues, Medina [Codovila], el que decidió, cumpliendo las órdenes recibidas de Moscú, el súbito y sorprendente ingreso del Partido Comunista en las Alianzas Obreras, sin contar claro está con los dirigentes comunistas españoles. Mintiendo una vez más, la Historia del Partido Comunista de España presenta los hechos de la manera siguiente : « El Partido Comunista, con gran sentido de responsabilidad, aceptó participar en las Alianzas Obreras. Este acuerdo fue adoptado en la reunión plenaria del Comité central celebrada los días 11 y 12 de septiembre de 1934. » Este cambio brusco debió dejar desconcertados a los dirigentes comunistas españoles y a todos sus militantes. La prueba evidente de ello es que, no obstante haber adoptado los días 11 y 12 de septiembre el ingreso en dichas Alianzas, éste no tuvo lugar hasta el momento mismo de la huelga insurreccional declarada el 4 de octubre. Casi un mes les costó olvidar lo que habían despotricado contra las Alianzas Obreras y adoptar un nuevo lenguaje a tenor de las circunstancias. Un escritor que durante la guerra civil fue comunista o se mantuvo al menos muy próximo a ellos, Manuel D. Benavides, escribió (34) : « El 4 de octubre, público ya el rumor del alzamiento en armas, se presentaron [en Asturias] a los miembros socialistas del Comité revolucionario dos camaradas comunistas, y a los diez minutos de darse la consigna del alzamiento, los comunistas ingresaron en el Comité. » Poco más o menos ocurrió en otros lugares. No obstante, Dolores Ibárruri, en su artículo ya mencionado, ofreció una nueva versión : « Nuestro Partido, comprendiendo toda la gravedad de la situación que el Partido Socialista creaba con su infantilismo revolucionario, después de haber sido el primer sostén de la política represiva del gobierno republicano, decidió no quedar al margen de la insurrección revolucionaria que preparaban los socialistas, sino participar en ella para impedir en la medida de lo posible el aventurerismo y la transformación de la lucha en un movimiento anarquizante. » Ni que decir tiene que esta versión no corresponde a lo realmente sucedido.


A pesar de sus múltiples versiones, lo cierto es que el Partido Comunista de España ingresó en las Alianzas Obreras súbitamente, por orden superior, sin haber participado por tanto lo más mínimo en la preparación del movimiento de octubre de 1934. Más esto no fue óbice para que luego se jactaran en Moscú de haber sido los verdaderos promotores. La Comuna asturiana fue explotada frenéticamente por los comunistas, que trataron de minimizar el papel jugado por las otras organizaciones. Incluso adoptaron la actitud tartarinesca de hacerse responsables únicos del movimiento de octubre. José Díaz proclamó en Moscú, en la tribuna del Congreso de la Comintern : « Centenares de nuestros mejores camaradas han caído defendiendo el pabellón soviético. » En ese VII Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en el verano de 1935 y que tanta trascendencia tuvo para el movimiento comunista de todos los países, puesto que señaló un cambio fundamental de táctica al decidirse por una colaboración con los socialistas y con la pequeña burguesía en el seno de los llamados Frentes Populares, la delegación española, fiel a las consignas del pasado e ignorante de la nueva política que se preparaba en el Kremlin, continuó entonando a destiempo su cantilena de la revolución soviética. Jesús Hernández afirmó que lucharían por « derrocar la dominación burguesa e instaurar el poder de los obreros y campesinos en España »; José Díaz, que en un discurso pronunciado en el Monumental Cinema de Madrid, el 2 de junio, había insistido en que « luchamos y lucharemos siempre por la realización de nuestro programa máximo, por la implantación en España del Gobierno Obrero y Campesino, por la dictadura del proletariado », repitió en Moscú poco más o menos lo mismo; y Dolores Ibárruri no desmintió a sus compadres, añadiendo : « En el momento en que da comienzo nuestro VII Congreso, que marca una etapa decisiva en el desarrollo de la revolución mundial, nosotros dirigimos nuestro saludo caluroso al camarada Stalin. » Nada de todo esto se halla ahora en las publicaciones comunistas, ni en Guerra y revolución en España ni en la Historia del Partido Comunista de España. Como a partir de ese VII Congreso tuvieron -¡una vez más!- que adoptar una nueva política y un lenguaje nuevo, prefieren callarse. No del todo, puesto que algo tenían que decir, pero lo han dicho recurriendo a una falsificación más. Veamos : en Guerra y revolución en España escriben que « el Partido Comunista, en el mitin celebrado en el Monumental Cinema en junio de 1935, propuso solemnemente a todas las fuerzas obreras y republicanas la creación del Frente Popular », remitiendo al lector a las páginas 40 y 41 del libro Tres años de lucha, y aquí  en el que se han compilado los discursos de José Díaz; ahora bien, esas páginas corresponden, en efecto, a un discurso de Díaz, pero pronunciado el 3 de noviembre y no en junio, como ahora afirman. ¿No está clara la artimaña? Porque no cabe olvidar que entre junio y noviembre tuvo lugar precisamente ese VII Congreso de la Internacional Comunista que ordenó la creación de los Frentes Populares. A partir del mismo, no obstante la evidente radicalización de la clase trabajadora española, los comunistas proclaman que la revolución no es « socialista », sino « democrático-burguesa », carácter éste que habían negado durante la fase democrática de 1931-1932. La contradicción es notoria, pero la obligación primera y única de los comunistas españoles era cumplir fielmente la política dictada desde Moscú. Abandonaron, pues, las Alianzas Obreras para propagar el Frente Popular, encontrando desde el primer instante el sostén indirecto de los partidos republicanos, los cuales veían en la nueva política comunista una ocasión de ponerse nuevamente a flote después del naufragio que habían sufrido; tampoco les faltó la simpatía de Indalecio Prieto y los suyos, mejor dispuestos a establecer un Frente Popular con los republicanos que a reforzar las Alianzas con los obreros. El Partido Comunista de España pasó a ser más republicano que los republicanos, más demócrata que los demócratas. Como señaló Maurín en el libro al que ya nos hemos referido : « El Frente Popular fue un triunfo para el Partido Comunista por varias razones : Primera, fue él quien lanzó la idea. Segunda, pasaba a ocupar un primer plano en la política nacional. Tercera, relegaba a segundo plano la Alianza Obrera, que detestaba. Cuarta, le curaba de su complejo de inferioridad. Quinta, obtenía una representación parlamentaria que nunca hubiese podido lograr en proporción a sus seguidores. Sexta, lograba un éxito, el primero, en su ya larga carrera de fracasos y frustraciones. Séptima, valorizaba su importancia ante Moscú. »

El Frente Popular fue un magnífico caballo de Troya para los comunistas, puesto que gracias a él lograban introducirse en la vida política española. Obtuvieron 16 diputados, no obstante contar entonces con 32 000 afiliados, según afirmó -exagerando, como siempre- José Díaz en su discurso ante la Asamblea de activistas celebrada en Madrid el 26 de enero de 1937. ¡Un diputado por cada 2 000 afiliados! Tal vez menos, puesto que cuantos han escrito sobre aquel periodo dan cifras más reducidas : menos de 20 000 militantes según Henri Rabassaire, Peers, Borkenau, Mendizábal, Fischer y otros. (Empero, en La Correspondencia Internacional del 27 de marzo de 1936, comentando el resultado de las elecciones, José Díaz no tuvo reparos en escribir : « El número de diputados correspondientes a los Partidos Socialista y Comunista, especialmente en lo que se refiere a este último, no refleja, ni mucho menos, la influencia y la fuerza verdaderas que tienen en el país »). En todo caso, el Partido Comunista representaba bien poca cosa en el conjunto de la población obrera, en gran parte agrupada en torno a la UGT y la CNT, que reunían varios millones de asalariados. La progresión del Partido Comunista -32 000 militantes en enero, 60 000 en mayo y 100 000 en julio, según la Historia del Partido Comunista de España- no se efectuó a expensas de las otras organizaciones obreras, sino abriendo sus filas a sectores de la pequeña burguesía que veían en él a su mejor representante merced a su política moderada, tendiente a perpetuar su sostén a la República y su colaboración con los partidos republicanos. Incluso el Partido Socialista, sobre todo su sector « caballerista », aparecía mucho más a la izquierda que los comunistas, hasta el extremo que su prensa lanzó un slogan burlón : « Para salvar a España del marxismo, vote comunista ». Desde luego, su lenguaje revolucionario desapareció tanto en su prensa como en sus actos públicos, interesados en presentarse como los mejores colaboradores y sostenes de la República, si bien al mismo tiempo acentuaban sus posiciones populacheras y demagógicas para atraerse a lo más atrasado de la población española. En un discurso pronunciado en el Salón Guerrero de Madrid, poco antes de las elecciones, el 9 de febrero, José Díaz no tuvo reparos en iniciar su perorata con estas palabras inauditas (35) : « Recibid un saludo en nombre del Comité central del Partido Comunista de España, Camaradas que habéis llegado andando por las carreteras para asistir al mitin, recibid también nuestro saludo. Camaradas ciegos, recibid también el saludo del Comité central del Partido Comunista de España. Os decimos que cuando podamos -y podremos y lo haremos-cambiar el régimen en beneficio de la clase trabajadora y de las masas populares, estoy seguro de que muchos de vosotros, camaradas ciegos, recobraréis la vista gracias a la ciencia puesta al servicio del pueblo... » Los comunistas prometían todo a todos, hasta la vista a los ciegos, al mismo tiempo que trataban de mantener el Frente Popular, mero accidente electoral para todos los demás, como base y sostén de una República gobernada por los partidos republicanos. José Díaz afirmó (36) : « Con excepción del Partido Comunista, y en parte -aunque no con toda la claridad que se precisa- del ala izquierda del Partido Socialista, los dirigentes de todos los otros partidos que participan en el Frente Popular [...] lo consideran como una coalición electoral y no aspiran a otra cosa. » Efectivamente, así era. Los republicanos no aspiraban más que a recuperar las riendas del gobierno; el deseo primero de la UGT, del Partido Socialista y del POUM era cortar el paso a la reacción y obtener la amnistía de los 30 000 presos políticos, contando también con el apoyo de las masas anarcosindicalistas. Sólo los comunistas trataban de dar un carácter orgánico y permanente al Frente Popular, en el que veían un magnífico instrumento para sus designios políticos. No puede, pues, sorprender que José Díaz añadiera : « Debemos luchar contra toda clase de manifestaciones de impaciencia exagerada y contra todo intento de romper el Frente Popular prematuramente. El Frente Popular debe continuar. Tenemos todavía mucho camino que recorrer juntos con los republicanos de izquierda. »



Así pues, durante esos cinco meses trascendentales que preceden a la guerra civil, los comunistas, al mismo tiempo que intensificaban su propaganda populachera, acentuaban su franca orientación de sostén a los republicanos. En Guerra y revolución en España lo reconocen merced a la siguiente declaración : « La línea política del Partido Comunista de España era clara y concluyente : apoyar al gobierno republicano sobre la base del cumplimento del programa del Frente Popular. Sus esfuerzos se orientaban a garantizar el desarrollo pacífico, parlamentario de la revolución democrática. » Que esta posibilidad de « desarrollo pacífico » no existía lo sabían en España hasta las piedras, de la misma manera que era evidente, como lo demostró palmariamente, que el gobierno republicano no tenía el menor interés en ejecutar el endeble programa del Frente Popular. Por lo demás, esa « revolución democrática » tuvo su hora en 1931; mas en 1936 aparecía ya como imposible y harto superada dada la radicalización de las masas trabajadoras. Bien se vio en las semanas y meses que siguieron al 19 de julio. Y no obstante lo ocurrido, aún tratan los comunistas de desvirtuar por completo el sentido de aquellas jornadas, durante las cuales los trabajadores, sin siquiera aguardar las decisiones de sus respectivas organizaciones, se lanzaron no sólo a luchar contra los militares sublevados, sino asimismo y sobre todo a cambiar las tradicionales estructuras económicas y políticas, conscientes intuitivamente de que la guerra y la revolución eran inseparables. En Guerra y revolución en España -obra en la que sus autores hablan mucho de la guerra y muy poco de la revolución- escriben estas líneas asombrosas : « En esencia se trataba de un movimiento popular, democrático, antifascista, nacional. Su objetivo principal era la defensa de la República, de la libertad, de la soberanía... » Y como no pueden ocultar que los obreros se hicieron dueños de las fábricas y los campesinos de las tierras, ofrecen esta interpretación curiosa : « De esta forma, la lucha armada contra la rebelión, la lucha política contra el fascismo, iba adquiriendo, por su dinámica interna, una nueva dimensión en el terreno económico y social; se traducía en profundos cambios revolucionarios, que liquidaban las supervivencias feudales en el campo y ponían coto a la omnipotencia de la oligarquía financiera. Ello daba a la resistencia del pueblo a la agresión fascista y a la intervención extranjera el carácter de una guerra nacional revolucionaria, como justamente fue caracterizada por el Partido Comunista de España. » Ateníanse así, contra toda realidad, a las consignas impuestas por la Internacional Comunista, es decir, por el propio Stalin, que no tenía el menor interés en que se desarrollara y consolidara en España una revolución que por mil motivos escaparía a su control y que además se oponía a sus planes de entenderse con Francia y Gran Bretaña para establecer un frente meramente « antifascista » dirigido contra la Alemania hitleriana. Lo comprendió muy bien Azaña, el cual escribió en La velada de Benicarló: « Los comunistas vienen diciendo que en España debe subsistir la república democrática parlamentaria. Creo en su sinceridad porque tal es la consigna de Stalin. » El representante de éste en España, Palmiro Togliatti, el « Alfredo » de la guerra civil española, « Ercoli » en el secretariado de la Internacional Comunista, resumió la política del Partido Comunista de España en su ensayo « Sulle particolarità della revoluzione spagnola » (37) en el que desarrolló el tema de la « particularidad de la revolución española » caracterizándola como « revolución popular », « revolución nacional » y « revolución antifascista ». Más tarde, como no les era fácil presentarse ante las masas como los defensores a ultranza de la República democrática, los comunistas recurrieron a una nueva argucia. Por ejemplo. Mundo Obrero del 3 de febrero de 1937 afirmaba que « nuestra República es de un tipo especial, es una República democrática y parlamentaria con un contenido social que no ha existido nunca anteriormente. »


Esta posición política tenía que chocar y chocó con la adoptada por las otras organizaciones obreras, no sólo por la CNT y el POUM, sino por el Partido Socialista. El diario Claridad, órgano de los caballeristas, publicó un artículo de fondo el 22 de agosto de 1936 en el que afirmaba, refiriéndose a los comunistas : « Algunos dicen por ahí : « Aplastemos primero al fascismo, acabemos, victoriosamente la guerra, y luego habrá tiempo de hablar de revolución y de hacerla si es necesaria ». Los que así se expresan no se han percatado por lo visto del formidable movimiento dialéctico que nos arrastra a todos. La guerra y la revolución son una misma cosa, aspectos de un mismo fenómeno. No sólo no se excluyen o se estorban, sino que se completan y ayudan. La guerra necesita de la revolución para su triunfo, del mismo modo que la revolución ha necesitado de la guerra para plantearse. » No otra cosa afirmaban día tras día la CNT y el POUM. El Partido Comunista de España, fiel a las consignas que había recibido, se empeñaba en querer mantener en el poder al gobierno presidido por el Sr. Giral, compuesto exclusivamente por republicanos, que en aquellas circunstancias históricas no representaba en modo alguno las fuerzas en lucha, ni reflejaba por tanto la situación reinante. Marty, el comunista francés organizador luego de las Brigadas internacionales y al que por motivos sobrados se le llamó luego « el carnicero de Albacete », escribió (38) : « Cuando desde el primer día de la rebelión el Partido Comunista declaró que la necesidad primordial era la defensa de la República democrática, muchos altos jefes socialistas mantuvieron, por el contrario, que debía establecerse inmediatamente una República socialista. » Se refiere, naturalmente, a Largo Caballero. Sin embargo, éste no se proponía otra cosa, como luego pudo comprobarse, que presidir un gobierno del que formaran parte socialistas y comunistas, junto con los republicanos. César Falcón, redactor jefe entonces de Mundo Obrero dejó escrito en uno de sus libros (39) : « El Partido Comunista mantuvo una posición contraria a la de Largo Caballero. ¿Por qué cambiar el gobierno cuando, en realidad, las circunstancias nacionales e internacionales no eran oportunas, por varios motivos, para la participación de socialistas y comunistas en el poder? » Los motivos se los calló, aunque son fáciles de adivinar. Se trataba, ni más ni menos, que de ocultar al mundo la realidad española y de desfigurar dentro de España el verdadero carácter de la revolución. Si finalmente los comunistas aceptaron la actitud de Caballero fue a regañadientes, puesto que les era imposible oponerse a ella de manera terminante sin correr el riesgo de aislarse. Refiriéndose al gobierno presidido por el Sr. Giral, los comunistas escribieron treinta años más tarde estas líneas inusitadas (40) : « El mérito histórico del gobierno Giral es que supo aceptar y tomar acto de las nuevas realidades político-sociales que estaban surgiendo en España. Pese a que en el gobierno no figuraba ni un solo representante de la clase obrera, éste adoptó una serie de medidas jurídicas que legalizaban situaciones de hecho creadas por las masas... » En efecto, dicho gobierno se limitó a registrar sobre el papel lo consumado en la calle, a aceptar una situación de hecho contra la cual nada podía hacer. Azaña lo explicó en La velada de Benicarló: « La obra revolucionaria comenzó bajo un gobierno republicano que no quería, ni podía patrocinarla. Los excesos comenzaron a salir a la luz ante los ojos estupefactos de los ministros. Recíprocamente al propósito de la revolución, el del gobierno no podía ser más que adoptarle o reprimirle. Es dudoso que contara con fuerzas para ello. Seguro estoy de que no las tenía. » Y como no las tenía, aunque estaba en contra de aquellos « excesos » -delicado eufemismo azañista para caracterizar lo ocurrido entonces- no tuvo más remedio que « legalizarlos », actitud que el Partido Comunista de España considera, como acabamos de ver, como un « mérito histórico ». Por si fuera poco, aún agregaron los autores de Guerra y revolución en España: « El gobierno Giral, pese a sus limitaciones, llevó a cabo realizaciones revolucionarias que hasta entonces no había hecho ningún otro gobierno burgués en España. Y acerca de él sólo puede hablarse con respeto y admiración. » Tartufo fue un modelo de veracidad y franqueza al lado de estos abnegados aparatchiks.


La constitución del gobierno Largo Caballero, el 4 de septiembre de 1936, del que los comunistas se apresuraron a formar parte no obstante haberse opuesto al menor cambio ministerial, señala sin duda alguna un progreso, un paso adelante respecto al anterior presidido por el Sr. Giral; pero al mismo tiempo significa la reconstitución del viejo aparato estatal, que en lo sucesivo supondría un freno al desarrollo de la revolución. De todas formas, el acto capital, el que acarrearía las más fatales consecuencias, fue sin la menor duda su decisión de recurrir a la ayuda rusa. ¿Fue un acto unánime del gobierno? ¿Fue impuesto por Largo Caballero? Falta la debida documentación para poder saber a qué atenerse y posiblemente no lo sabremos jamás, puesto que los principales actores han preferido callarse y los archivos del Kremlin está vedados a los historiadores. (41) Quizá los oídos de Largo Caballero se habrán agudizado entonces ante las insinuaciones repetidas del embajador soviético, de los « consejeros » rusos que ya comenzaban a pulular en torno al gobierno republicano y de los Alvarez del Vayo interesados en abrir el camino a los comunistas, insinuaciones sobre la posibilidad inmediata de recibir una ayuda desinteresada y masiva en armamento. Pudiera ser asimismo que los republicanos, asustados ante el empuje revolucionario, hayan creído encontrar un cobijo en la colaboración con los comunistas, sin comprender que así se ponían una soga al cuello. Esa ayuda -palabra que en lo sucesivo habrá que escribir entre comillas- acarreó no sólo la pérdida de gran parte del oro de que se disponía, sino asimismo el dejar el camino expedito al Partido Comunista de España, que poco a poco fue ocupando los puestos más importantes, haciéndose con los mandos militares y convirtiéndose en la organización política principal del punto de vista de los efectivos. Véanse las cifras : 30 000 militantes en febrero de 1936, 100 000 en agosto, 250 000 a comienzos de 1937, 300 000 -más los 65 000 del PSUC- en junio. Son sus propias cifras, quizá algo abultadas pero que muestran en todo caso su progresión y que hicieron decir a José Díaz en el Pleno celebrado en Valencia en noviembre de 1937 : « el crecimiento de nuestro Partido ha sido más rápido de lo que nosotros podíamos esperar ». ¿A qué se debía este fenómeno? Las causas son evidentes: en el Partido Comunista de España y en su filial catalana, el PSUC, buscaron cobijo todos cuantos temían el desarrollo de la revolución, los arrivistas de toda especie que ambicionaban los puestos oficiales, los militares que aspiraban a ascensos y honores, etc., amén de las legiones de campesinos sin la menor preparación política que se encontraban en las unidades militares mandadas por comunistas. Abundan los testimonios. Escribe Claudín en su mentado libro : « A las filas del PCE acuden numerosos elementos pequeño burgueses, atraídos por el renombre que adquiere el partido de defensor del orden, de la legalidad y de la pequeña propiedad. » Prieto, en el prólogo a su folleto Cómo y por qué salí del Ministerio de Defensa nacional, señala : « Hoy me limito a registrar el hecho de que en 1936 el comunismo español era una fuerza insignificante, que creció prodigiosamente durante la guerra. [...] ¿Cómo pudo ocurrir tal fenómeno? Por un sistema de coacciones, graduadas entre el provecho personal para quien se sometía y el asesinato para quien se rebelaba...» Ramos Oliveira comenta (42): « La clase media republicana, sorprendida por el tono moderado de la propaganda comunista [...] afluyó en gran número a incrementar sus filas. Los oficiales del ejército y los funcionarios que nunca habían hojeado un folleto de propaganda marxista, se hicieron comunistas, algunos por cálculo, otros por debilidad moral, otros inspirados por el entusiasmo que animaba dicha organización. » Más elocuente todavía es el testimonio del poeta catalán José Agustín Goytisolo, el cual confesó (43) que su padre « era más bien de derechas pero entró en el PSUC para defenderse contra los anarquistas que querían apoderarse de la fábrica en la que trabajaba como ingeniero. »


Cabe afirmar, en honor a la verdad, que los comunistas no encontraron grandes obstáculos en su marcha ascendente hacia el establecimiento de su hegemonía total. Comenzaron por conquistar los principales mandos militares y los puestos civiles de poder decisivo, hasta convertirse de hecho en la fuerza política que podía hacer y deshacer según sus propósitos. Ensalzaron a Largo Caballero -« el Lenin español »- mientras lo consideraron necesario, esperando además ganarlo a su causa; lo mismo hicieron más tarde con Indalecio Prieto, del que se sirvieron -por acción o por omisión- para desbancar al anterior. Las crisis de los gobiernos de la República y de la Generalidad fueron siempre obra de los comunistas, merced a las cuales fueron ganando posiciones. ¿Cómo fue posible? El Partido Comunista contó en casi todas las otras organizaciones con hombres de paja, que le servían fielmente por ambición o por cobardía. No poca miopía e incapacidad existió en otros dirigentes socialistas y anarquistas, que a veces gritaban y hasta amenazaban, pero que terminaron siempre por plegarse de una u otra manera a los designios de los comunistas. El chantaje de que ante todo había que ganar la guerra lo practicaron estos últimos con un arte consumado. Produce asombro y al mismo tiempo pena leer algunos documentos de aquella época, por ejemplo, el firmado a comienzos de enero de 1937 por la CNT y el Partido Comunista, en el que se hacía un llamamiento para poner fin a las discrepancias que se producían en todas partes entre comunistas y anarquistas. ¡Y ese documento se firmó pocos días después de haber anunciado triunfalmente el diario moscovita Pravda que en España había comenzado «la limpieza de los elementos anarquistas y poumistas »! Asimismo ya habían iniciado los comunistas su campaña contra las socializaciones, contra las colectividades, contra los comités, contra los tribunales populares, contra los « incontrolados », en suma, principalmente contra la CNT y los anarquistas. Sin embargo, la dirección confederal se prestó a esa maniobra del Partido Comunista, como se prestó inconscientemente a muchas otras, sin que esa política de perpetuas concesiones sirviera de algo, puesto que los ataques continuaron. Así, la CNT se encontró en todo momento atada de pies y manos, sin política propia y en todo momento a remolque de los acontecimientos. José Peirats lo reconoce sin tapujos (44) : « La CNT fue en todas las etapas de la lucha española la víctima propiciatoria de las maniobras políticas. » ¿Por qué? Según este autor, « por falta de tacto político y hasta por ausencia de política alguna ». Del propio Peirats son estas líneas (45): « Como resumen de todo lo expuesto, puede deducirse que la CNT acababa de darse cuenta de que en la lucha por la conquista de la pequeña burguesía había perdido la batalla. En su error, que se remonta a los primeros momentos de la revolución, al instante preciso en que optó por la colaboración ante el presidente Companys, la CNT se había deslizado por una pendiente ininterrumpida de concesiones. Sortear esta fatalidad era difícil. Tenía que librar la batalla en un terreno ajeno completamente al suyo y contra el sentir de la base confederal y anarquista, que a regañadientes y arrastrando los pies dejábase empujar por comités, consejeros y ministros a los viscosos y resbaladizos vericuetos de la política. La CNT, heroica e inexpugnable en el sindicato, en la fábrica y en la vía pública, era completamente vulnerable en los salones y pasillos ministeriales. Sus propios representantes en ambos gobiernos no dejaban de clavarle banderillas. » Dado este estado de espíritu, resultaba lógico que la dirección de la CNT no comprendiese el verdadero carácter de la lucha emprendida por el Partido Comunista y su sección catalana, el PSUC, contra el POUM, en la que sólo veían una simple pugna « entre dos sectores marxistas ». Lo comprendió en cambio el anarquista italiano Camilo Berneri, el cual escribió el 1 de mayo de 1937, en el periódico de Nueva York Adunata dei Refrattari, un artículo titulado « Nosotros y el POUM », en el cual afirmaba : « Cabe decir bien alto que aquel que insulte y calumnie al POUM y pida su supresión, es un saboteador de la lucha antifascista que no hay que tolerar. » No fue casual, ni mucho menos, que Berneri fuese asesinado en Barcelona por los comunistas, poco después de las jornadas de mayo. Este ininterrumpido encumbramiento de los comunistas -sin reparar en medios, como hemos visto- provocó en ellos una especie de euforia, de satisfacción y ambición incontenibles. Se les antojaba que las posiciones que habían conquistado gracias a la intervención soviética eran, nada menos, que consecuencia natural de lo acertado de su política en años anteriores. En el informe presentado en el Pleno del Comité central reunido en Valencia los días 5 a 8 de marzo de 1937, José Díaz insistió en que « teníamos razón hace seis años, hace cinco, hace tres, hace uno, y también tenemos razón hoy ». Es decir, que frente a toda evidencia José Díaz insiste en que el Partido Comunista de España tuvo posiciones políticas justas en 1931, en 1932, en 1934, en 1936 y en 1937. Si así fuese, ¿cómo explicar todos sus cambios de política y el reemplazamiento de una dirección por otra? ¿Acertaron, por ejemplo, cuando en 1931 los comunistas gritaban « ¡Abajo la República y viva los soviets!»? ¿Tenían acaso razón cuando en 1932 motejaban a los socialistas de socialfascistas? ¿La tenían en 1934 al oponerse a las Alianzas Obreras? ¿Atinaron tal vez cuando dos meses antes de producirse la guerra civil proclamaban que « la reacción fascista ha sido derrotada por el impulso del pueblo laborioso »? ¿Y qué decir de su insistencia en afirmar, a partir del 19 de julio, que la lucha iniciada lo era entre el fascismo y la democracia republicana? Ellos mismos han escrito años después lo contrario de esa orgullosa afirmación de José Díaz. En Guerra y revolución en España reconocieron que en 1931 cometieron « el error infantil de propugnar una república soviética, olvidándose del carácter democrático-burgués de aquella revolución »; en 1932, ante las tonterías que habían cometido, viéronse obligados a cambiar la dirección del partido; en 1934, tras haber atacado virulentemente a las Alianzas Obreras se apresuraron a ingresar en las mismas. Y así sucesivamente. Se diría que los comunistas escriben para ciegos y hablan para sordos. Otro ejemplo de la consecuencia del Partido Comunista: en el Pleno a que nos hemos referido anteriormente, José Díaz ataco al POUM porque La Batalla del 30 de noviembre de 1936 había afirmado que el Parlamento estaba superado, « coincidencia perfecta, absoluta, con los fascistas », según el orador; pues bien sólo unos meses después, en otro Pleno del Comité central reunido del 13 al 16 de noviembre, el mismo José Díaz dijo que « el Parlamento actual fue elegido en una época en que el gobierno de la reacción estaba en el poder », por lo que « no reflejaba, exactamente, todos los cambios que se han producido en las relaciones de clase en el país durante el periodo de la guerra civil ». Y en su afán de controlarlo todo, de dirigirlo todo, de imponerse en todas partes, los comunistas lanzaron entonces la idea de una convocatoria electoral, en plena guerra, para elegir nuevas representaciones en el Parlamento, en los Consejos provinciales y en los Ayuntamientos. Consideraban que había llegado el momento de apoderarse de todos los resortes del poder, pequeños y grandes. Ahora bien, mientras parte de ellos quería mantener las apariencias democráticas, sirviéndose de una consulta electoral, otros preconizaban la toma del poder directa. En dicho Pleno José Díaz reconoció que en su partido existía « el peligro de que los éxitos y el crecimiento del Partido Comunista hagan perder la cabeza a algunos camaradas », según los cuales « el Partido Comunista debería, fatalmente, en la etapa actual de la revolución, enfrentarse con todas las otras fuerzas políticas de nuestro país »; el orador tuvo, pues, que llamar la atención « de todos los camaradas sobre la posibilidad de que se manifiesten en nuestro Partido hoy, en una situación grave, difícil, complicada, ciertas impaciencias »; Santiago Carrillo, en una entrevista concedida al diario parisiense Le Monde (4 de noviembre de 1970) declaró: « Durante la guerra civil, el Partido Comunista pudo tomar el poder, pues tenía las mejores unidades militares, los blindados la aviación... » A decir verdad, no tuvo necesidad de conquistarlo militarmente, puesto que lo logró a partir de la liquidación política de Largo Caballero y la elevación a la jefatura del gobierno del Dr. Negrín. A la Unión Soviética le interesaba que se mantuviesen en España las apariencias democráticas, de cara sobre todo al extranjero. El historiador Burnett Bolloten resumió incomparablemente la política del Partido Comunista de España mediante el título en inglés de su libro : The Grand Camouflage.


Los acontecimientos de mayo y sus repercusiones


Los acontecimientos de mayo de 1937, acaecidos principalmente en Barcelona, son capitales en el estudio de la revolución española. Representan la explosión violenta de una crisis política grave, provocada por la ambición hegemónica de los comunistas y la resistencia casi desesperada a la misma de los trabajadores catalanes, que una vez más, como en julio de 1936, prescindieron de los aparatos dirigentes sindicales y políticos para lanzarse a la calle en defensa de sus libertades. El incidente de la Telefónica, provocado o no conscientemente por los hombres del PSUC y los agentes de Moscú que los manejaban, fue el chispazo que desencadenó aquel movimiento armado, en el que se expresó una vez más el espontaneísmo de las masas. No existió preparación alguna, ni obedeció a los designios de tal o cual organización : la CNT no lo quería, la FAI tampoco, el grupo « Los amigos de Durruti » no era capaz de llevarlo a cabo aunque lo quisiera y el POUM no podía tener el menor interés, dada su situación minoritaria, en buscar un enfrentamiento armado de aquella naturaleza. La tesis de que los sucesos de Barcelona fueron inspirados por los agentes franquistas, a la cual suscribieron apresuradamente los comunistas, no merece la menor atención por absurda, sobre todo a estas alturas (46). ¿Fue acaso, como escribió el anarquista Diego Abad de Santillán (47), una provocación de origen internacional en la que también figuraban los comunistas? ¿La provocación partió tal vez de la Conserjería de Gobernación de la Generalidad de Cataluña, de acuerdo con el PSUC, como lo afirma otro anarquista, Ricardo Sanz (48)? ¿Se debió, como insinuó Azaña (49), a meras disputas por el mando y a las consiguientes rivalidades entre partidos y sindicales? ¿Se desconocen en realidad las causas y propósitos de dicho movimiento, según asegura James Joll (50)? ¿Representó, como cree Manuel Cruells (51), el encuentro violento y sangriento de dos concepciones ideológicas diferentes, el comunismo y el anarquismo? En todo caso, tiene razón Burnett Bolloten, al sostener (52) que las circunstancias que rodearon los hechos de mayo no han sido todavía analizadas plenamente. Por nuestra parte consideramos, hoy como ayer, que fue un movimiento espontáneo en el que confluyeron la ambición hegemónica de los comunistas, el resentimiento de los catalanistas, la desazón de los anarquistas, la inquietud de los poumistas y, sobre todo, la indignación de las masas populares, frustradas en sus esperanzas. El historiador Gabriel Jackson analizó así la situación de aquellos días (53) : « Entre el proletariado, el ingenuo optimismo de las conquistas revolucionarias del agosto anterior dio paso al resentimiento, como si hubieran sido engañados en algo. El costo de la vida se había duplicado desde el 18 de julio, mientras que los salarios habían aumentado sólo un 15 por ciento. Las mujeres se pasaban horas y horas haciendo cola para comprar pan, y la policía era tan brutal con los que se quejaban como en los tiempos de la Monarquía. »


Empero, si bien la situación económica no tenía nada de boyante -en casi todos los hogares se hacían sentir las dificultades de abastecimiento-, el motivo principal del descontento era eminentemente político. Como ya hemos dicho y repetido, el afán hegemónico del Partido Comunista y de su sección catalana, el PSUC chocaba con el verdadero sentimiento de las masas trabajadoras. Azaña comenta en sus « Memorias políticas y de guerra » (54) una conversación que tuvo con Tarradellas, miembro del gobierno de la Generalidad : « La razón del malestar y de las peleas es según Tarradellas, la política invasora y absorbente de los comunistas, a través del PSUC, en cuya representación está Comorera en el gobierno. « Los comunistas no son nadie en Cataluña, no tienen nada que hacer allí. » Sin embargo, aspiran a dominar. Se presentan como republicanos y demócratas, pero van a lo suyo. Se teme que se implante en Cataluña una dictadura militar comunista. « ¡Pero hombre! »... « Sí, señor Presidente. Se han dado consignas... » « ¿Qué consignas? ¿Quién las ha dado? » « En nuestras discusiones, Comorera nos ha dicho que hemos de pasar por lo que ellos quieran, o de lo contrario se nombrará un gobernador general en Cataluña y se suprimirá la Generalidad.» (Recuerdo que Comorera era partidario de implantar el estado de guerra.) Muy naturalmente, ese hilo le lleva a hablar de lo que han hecho los jefes militares asistiendo al mitin del PSUC. » Lo evidente es que la política absorbente de los comunistas no sólo tenía que irritar a las otras organizaciones obreras, sino que les intranquilizaba asimismo respecto al porvenir. Adivinaban lo que les ocurriría tras una victoria de los franquistas, mas presentían que su destino no sería mucho mejor caso de que la guerra la ganara una República mediatizada por el Partido Comunista. Fernando Claudín escribió en su libro ya varias veces citado : « Y el terror desencadenado por Stalin contra las oposiciones dentro de la URSS vino a sumarse a las motivaciones propiamente españolas para llevar esa inquietud al colmo. El terror estalinista aparecía ante caballeristas, anarcosindicalistas y poumistas como la prefiguración de lo que les esperaba en caso de un final victorioso de la guerra civil con hegemonía comunista. Y la posición que inmediatamente había adoptado el Partido Comunista de España no era como para tranquilizarles. En perfecta sincronización con los « procesos de Moscú » reclamaba, en efecto, el exterminio del POUM, y acusaba de enemigos de la Unión Soviética, de cómplices del fascismo, a los caballeristas y anarcosindicalistas que denunciaban los crímenes de Stalin. » La campaña de los comunistas contra los que resistían a su dominación, principalmente contra los hombres del POUM, alcanzó en 1937 límites hasta entonces casi insospechados. Su prensa no sólo calumniaba sin la menor cortapisa, sino que ignominiosamente pedía el exterminio físico de los militantes poumistas. Frente Rojo del 6 de febrero -entre otros- se expresaba así : « La canalla del POUM, desenmascarada en los cueros vivos de su infamia ante los trabajadores, se revuelve ahora con la desesperación de quien se ve descubierto y acusado, en el término de la postura falsa a que pudo conducirle una campaña meditadamente demagógica, dirigida al sólido muro de la unidad antifascista, con la perseverancia y la intención que sus amos extranjeros le dictan. Nosotros hemos venido acusándoles consecuentemente, demostrando su aventurerismo, señalándoles como un grupo de la facción organizado a nuestra espalda. No se trata de disensión ideológica ni siquiera repugnancia física hacia una partida de traidores, sino de algo más profundo y más vasto. Se trata de la distancia que puede haber entre quienes figuramos a la vanguardia de los intereses de nuestro pueblo y los esbirros de la Gestapo. Se trata de la punta de bandidos que el fascismo ha dejado todavía entre nosotros. » Ni más ni menos. José Díaz no se quedaba atrás en esta especie de emulación denunciatoria, que servía para medir la fidelidad a la URSS y la supeditación a sus representantes en España. En su informe ante el Pleno del Comité central, celebrado en marzo de 1937, criticó a socialistas y anarquistas -« con los republicanos, nuestras relaciones son buenas »- pero al tratar del POUM afirmó que no había que considerarlo como una fracción del movimiento obrero (55) : « Se trata de un grupo sin principios, de contrarrevolucionarios clasificados como agentes del fascismo internacional. »


Los comunistas se esforzaban, pues, en crear un ambiente de Pogrom contra el POUM que les facilitara luego la represión física. Consideraron que los hechos de mayo les ofrecía esa posibilidad. Ahora bien, sabían también que la represión no podrían desencadenarla mientras estuviera a la cabeza del gobierno Largo Caballero. El 11 de mayo, el periódico Adelante de Valencia, portavoz de los caballeristas, escribió : « Si el gobierno aplicase las medidas de represión a que incita la sección extranjera del Komintern, obraría como un gobierno Gil Robles o Lerroux, destruiría la unidad de la clase obrera y nos expondría al peligro de perder la guerra y de minar la revolución. [...] Un gobierno compuesto en su mayoría de representantes del movimiento obrero no puede utilizar los métodos que son atributo de gobiernos reaccionarios y de tendencia fascista. » Había, por tanto que eliminar previamente a Largo Caballero. He aquí la versión que dio este en un discurso que logró pronunciar en octubre de 1937 -el gobierno del Dr. Negrín le prohibió luego participar en actos públicos-, discurso publicado en folleto (56) : El 15 de mayo se reunió el gobierno y los dos ministros comunistas, Jesús Hernández y Vicente Uribe, pidieron la disolución del POUM en términos vigorosos, a lo cual se negó Largo Caballero, afirmando que él no disolvería ningún partido ni sindicato, ya que no había entrado en el gobierno para servir los intereses políticos de ninguna de las fracciones representadas en el mismo y que los tribunales decidirían si una organización determinada debía o no ser disuelta. Idéntica versión dio Juan Peiró (57) y otros ministros de aquel gobierno. Todos los historiadores coinciden en señalar que la crisis gubernamental la provocó deliberadamente el Partido Comunista, para desembarazarse de Largo Caballero y colocar En su lugar a otro más dóci1 que consintiese en acabar con el POUM. José Díaz no tuvo inconveniente en proclamarlo públicamente, al afirmar (58) que en « la caída del gobierno Largo Caballero [...] nuestro partido, como todos conocen, ha jugado efectivamente un papel de primer orden ». Logrado este primer objetivo, con el Dr. Negrín en la jefatura del gobierno, el Partido Comunista pudo pasar a la segunda fase de sus planes. Hugh Thomas, escribió (59): « A mediados de junio [1937] los comunistas consideraron que su posición era lo suficiente fuerte como para permitirles llevar a cabo el ataque final. » Elena de la Souchère hizo el comentario siguiente (60): « La embajada rusa y los comunistas desencadenaron a mediados de junio una operación punitiva contra sus adversarios del POUM. El gobierno, que se había apoyado en el Partido Comunista para acabar con los poderes extralegales, no sólo se vio obligado a tolerar que una organización comunista, que tenía sus ejecutantes y sus cárceles clandestinas, operase en las calles de Barcelona por cuenta de la embajada rusa, sino que tuvo que decretar la disolución del POUM y « oficializar » así la vasta purga llevada a cabo por los « estalinianos » contra los cuadros de ese partido. » Uno de los representantes del Kremlin que deambulaba por España presentándose como simple periodista, Mijail Koltsov, ofreció esta versión, harto novelesca (61): « La policía republicana ha vacilado largo tiempo, indecisa [...]; por fin no ha aguantado más y ha comenzado a eliminar los nidos más importantes del POUM, deteniendo a los cabecillas [...]. En el hotelito en que se hallaba instalado el Comité central del POUM se han encontrado muchos valores y ocho millones de pesetas en moneda. (En Barcelona, durante todo el último mes, la población ha sufrido por la falta de moneda para los cambios.) En los edificios requisados, se han izado banderas republicanas. El público se reúne ante estas banderas y aplaude. En la detención de los trotsquistas, ha insistido sobre todo la policía madrileña. En ella trabajan socialistas, republicanos y sin partido que, hasta ahora, consideraban la lucha contra el trotsquismo asunto particular de los comunistas; de pronto se ha encontrado con tales actos de los poumistas que les han revuelto las entrañas. » Ni que decir tiene que esta prosa florida estaba destinada a los lectores de Pravda. Años después, Ilya Ehrenburg, refiriéndose a Koltsov, dijo (62): «Un historiador difícilmente podrá fiarse de sus artículos e incluso de su Diario de España. » Lo mismo habrá que decir, claro está, de los escritos de Ehrenburg (63), George Orwell -el conocido autor de 1984Rebelión en la granja y otras notables obras-, que formó parte de las milicias del POUM en el frente aragonés, escribió estas líneas atinadas (64): (aquí y aquí, está el libro)« Decían de nosotros que éramos trotskistas, fascistas, traidores, asesinos, cobardes, espías, etc. Admito que no resultaba agradable, en especial cuando uno pensaba en algunas de las personas responsables de esa campaña. No era muy bonito ver a un muchacho español de quince años transportado en una camilla, con el rostro pálido y asombrado asomando sobre las frazadas, y pensar en los astutos señores que en Londres y París escriben panfletos para demostrar que ese muchacho es un fascista disfrazado. Uno de los rasgos más asquerosos de la guerra es que toda la propaganda bélica, todos los gritos y mentiras y el odio, provienen siempre de quienes no luchan. Los milicianos del PSUC a quienes conocí en el frente, los comunistas de la Brigada Internacional con quienes me encontraba de tiempo en tiempo, nunca me llamaron trotsquista ni traidor; dejaban ese tipo de cosas para los periódicos de la retaguardia. Los individuos que escribían panfletos contra nosotros y nos insultaban en los periódicos permanecían seguros en sus casas, o, en el peor de los casos, en las oficinas periodísticas de Valencia, a cientos de kilómetros de las balas y el barro. » A esa clase de panfletos que denunció Orwell pertenece Espionaje en España, publicado simultáneamente en varias lenguas, cuya edición castellana lleva un prólogo de José Bergamín, escritor católico que se ha creído siempre un genio de primera categoría cuando en realidad jamás pasó de ser un necio de segunda, el cual no dudó en escribir esto : « El POUM se revela como un instrumento eficaz que el fascismo empleaba en el interior del territorio republicano [...]. Una organización de espionaje y de colaboración con el enemigo [...] parte integrante de la organización fascista en España. » Como autor de ese panfleto aparece el nombre de Max Riegel. ¿Quién es? Misterio. ¿En qué lengua fue escrito el libro? Misterio también. Como traductor al castellano aparece Arturo Perucho, director -¿qué casualidad!- de Treball, órgano del PSUC y ex redactor -¡qué nueva casualidad!- de El Imparcial de Madrid, en los tiempos en que era propiedad del multimillonario Juan March y llevaba a cabo una furiosa campaña contra la República. Digamos, para terminar, que el texto de Espionaje en España coincide en forma tal con las conclusiones provisionales establecidas por el fiscal que intervino en el proceso contra el POUM, que cabe afirmar que el acta de acusación fue redactada por « Max Riegel » o bien que el libro en cuestión es obra de dicho fiscal. Aunque lo más probable es que ambos sean fruto de la pluma de uno de los escribas de la antigua GPU, es decir, la NKVD, la policía secreta rusa.



Tales fueron, pues, las repercusiones inmediatas de los acontecimientos de mayo. Sin embargo no cabe duda de que aquel movimento, bien encauzado y dirigido, sostenido incondicionalmente por la CNT, pudo haber cambiado la situación política y ofrecer un nuevo curso. Pero no fue así. Los dirigentes confederales se apresuraron inexplicablemente a facilitar la liquidación de las jornadas de mayo, sin contrapartida alguna. Lo confesó luego, arrepentido, Diego Abad de Santillán (65) : « Nos acusamos de haber sido la causa principal de la suspensión de la lucha. No con orgullo, sino con arrepentimiento, porque a medida que fuimos paralizando el fuego por parte de los nuestros, hemos visto redoblar las provocaciones de los escasos focos de resistencia comunistas y republicanos catalanes. [...] Era hora todavía de oponerse a ese desenlace y de dejar las cosas mejor situadas. No nos faltaba la fuerza material. Estábamos en condiciones de devolver a Valencia al general Pozas y su escolta con nuestro rechazo de su nombramiento, y estábamos a tiempo para detener las columnas, de fuerzas de asalto y de carabineros, que llegaban con el coronel Torres. Pero nos faltaba confianza en los que se habían erigido en representantes de nuestro movimiento; no teníamos un núcleo de hombres de solvencia y de prestigio a quien echar mano, para respaldar cualquier actitud de emergencia. [...] Por disgustados que estuviésemos al ver la conducta de los compañeros propios que hacían funciones de dirigentes, no era posible cruzarnos de brazos. Nos reunimos en un primer cambio de impresiones con el secretario general de la CNT, Mariano R. Vázquez, y con García Oliver. De esas primeras impresiones, después de lo acontecido, dependía la actitud a seguir. Expusimos nuestro juicio sobre los sucesos de mayo; habían sido una provocación de origen internacional y nuestra gente fue miserablemente llevada a la lucha; pero una vez en la calle, nuestro error ha consistido el paralizar el fuego sin haber resuelto los problemas pendientes. Por nuestra parte estábamos arrepentidos de los hechos y creíamos que aún era hora de recuperar las posiciones perdidas. Fue imposible llegar a un acuerdo. Se replicó que habíamos hecho perfectamente al paralizar el fuego y que no había nada que hacer, sino esperar los acontecimientos y adaptarnos lo mejor posible a ellos. Entonces nos sentimos doblemente vencidos. » Y añade Santillán : « Estos dirigentes [Cenetistas], en pugna con el espíritu, los intereses y las aspiraciones de la masa obrera y combatientes, después de haber hecho pública su adhesión a la política de Largo Caballero, fueron a comunicar a Prieto que estaban con él y cuando, a pesar de ese apoyo, cayó también Prieto del gobierno, se ligaron con Negrín hasta más allá de la derrota. » Por desgracia así fue. Según José Peirats, como consecuencia de los hechos de mayo «la CNT encajó la primera y más grave de sus crisis por falta de tacto político y hasta por ausencia de política alguna (66) ». Y continúa : « Y lo más trágico para ella fue esa situación confusa de no poder hacer política ni querer dejar de hacerla. El resultado fue siempre una falta de agilidad en las resoluciones, casi siempre tardías. En la mayoría de los casos predominaba la confusión y la duda. El constante recurso a la lealtad antifascista, al sacrificio y a la transigencia, era el mejor exponente de su impotencia política. » No cabe duda, a la luz de toda su actuación durante la guerra civil, que los dirigentes confederales, tras toda una vida entregada al apoliticismo, se pusieron alegremente no a hacer política, sino a jugar a la política. En este juego, como neófitos, estaban ineluctablemente condenados a perder. Perdieron, arrastrando en su pérdida a toda la clase trabajadora española.


Negrín remplazó, pues, a Largo Caballero a la cabeza del gobierno. Negrín ya había mostrado su fidelidad a Moscú meses antes, cuando se las arregló para que el oro del Banco de España fuese depositado -mejor dicho, entregado- en la Unión Soviética, arrojando así la República en los brazos de los rusos. La siguió mostrando en la jefatura del gobierno, puesto que se apresuró a dar satisfacción a los comunistas iniciando o permitiendo una brutal represión contra el POUM, que culminó con el asesinato de Andrés Nin. A este respecto, cabe reproducir las nobles palabras de Fernando Claudín, que figuran en su libro varias veces mencionado : « Agregamos, por nuestra parte, que la represión contra el POUM, y en particular el odioso asesinato de Andrés Nin, es la página más negra en la historia del Partido Comunista de España, que se hizo cómplice del crimen cometido por los servicios secretos de Stalin. Los comunistas españoles estábamos, sin duda, alienados -como todos los comunistas del mundo en esa época y durante muchos años después- por las mentiras monstruosas fabricadas en Moscú. Pero eso no salva nuestra responsabilidad histórica. Han pasado catorce años desde el XX Congreso y el PCE no ha hecho aún su autocrítica, ni ha prestado su colaboración al esclarecimiento de los hechos. » Y asimismo estas otras, menos nobles, que tratan de salvar la responsabilidad de los comunistas españoles, cargándola exclusivamente sobre el « estalinismo », ente casi metafísico y sin rostro alguno, magnífica excusa de las manos asesinas : « Una hipótesis serena, con un cierto distanciamiento histórico, podría encuadrar la muerte de Nin en el mismo capítulo sangriento que, por aquel entonces, inauguraba el estalinismo. No se olvide que cayeron comunistas (muchos de ellos veteranos de la guerra de España) que estaban limpios de toda sospecha. No era éste el caso de Nin, dedicado, además, desde hacía años, a una labor difamatoria de Rusia y de la política frente populista; elementos que abonan, aún más, nuestro juicio. Sin embargo, en el estado actual de las investigaciones, ni tan siquiera esta apreciación amplia es sostenible; en todo caso, hay algo cierto : la ignorancia de los ministros comunistas españoles (67). » Sin embargo, estos « ignorantes » impidieron que se esclareciera el secuestro y asesinato de Nin, al mismo tiempo que alimentaban una escandalosa campaña en su prensa afirmando que el dirigente poumista había sido liberado por agentes de la Gestapo y que se encontraba en Salamanca. La desaparición de Nin causó gran sensación; tanto en España como en el extranjero, lo que no dejó de preocupar a algunos ministros y al propio presidente de la República. Azaña se refiere extensamente en sus Memorias a este asunto : « Prieto me descubre un hecho muy grave. La policía detuvo en Barcelona a muchos afiliados al POUM, entre ellos a Andrés Nin. Leí en los periódicos que Nin había sido traído a Valencia y que se instruía sumario. Prieto me cuenta que Nin fue trasladado a la cárcel de Alcalá, y que allí se presentaron una noche unos individuos, no sé si de la policía, o con autorización de la policía, o simplemente « por las buenas », y se lo llevaron. No se sabe donde está. Zugazagoitia le ha dicho a Prieto que tienen una pista. Los raptores eran comunistas. Prieto le ha escrito sobre eso una carta a Negrín, a consecuencia de una gestión de Víctor Basch, llamándole la atención sobre la importancia del suceso. También le hablaré yo, mañana. » Azaña habló, pues, con Negrín : « Sobre esto, vuelvo a preguntar por el caso Nin. Dice el presidente [Negrín] que una noche se presentaron en la cárcel de Alcalá unos individuos con uniforme de las brigadas internacionales, maniataron a los guardianes y se llevaron al preso. No cree, como se ha dicho, que fuese obra de los comunistas. Por supuesto, los comunistas se indignan ante la sospecha. Negrín cree que lo han raptado por cuenta del espionaje alemán y de la Gestapo, para impedir que Nin hiciese revelaciones. No parece que lo hayan matado. » Comentario de Azaña : « ¿No es demasiado novelesco? » Negrín le afirma que no, que es la pura verdad. Continúa Azaña : « Le pedí [a Negrín] noticias del asunto Nin. Creen ahora, después de las minuciosas pesquisas hechas, que Nin no fue secuestrado y que se trata de una evasión. [...] A propósito de este asunto, llamé la atención del presidente sobre la feroz campaña que realiza parte de la prensa, pidiendo el castigo inexorable, el escarmiento, el exterminio de todos los acusados. No sé por qué lo consienten ustedes, teniendo la censura. Esa campaña siempre estaría mal; pero tratándose de gente que está ya sometida a los tribunales, peor. ¿A quién se pretende impresionar? ¿Al Tribunal, al gobierno, a la opinión? Por grande que sea la capacidad imitativa de los comunistas, aquí no podemos adoptar los métodos moscovitas, que cada tres o cuatro meses descubren un complot y fusilan a unos cuantos enemigos políticos. Supongo que el proceso aún tardará, pero sepa usted desde ahora, y sépalo el gobierno, que no estoy dispuesto a que los partidos se ensañen unos contra otros ferozmente; mañana fusilando a los del POUM pasado a los de otro. » En otra página de sus Memorias, Azaña escribe : « Ayer tarde me trajeron una carta de Companys, dejada por un secretario suyo en la Capitanía de Valencia, donde oficialmente resido. Me dice que ha enviado dos cartas al presidente del Consejo, relativas, la primera, a la detención y proceso de Nin y otros del POUM... »


Sobre lo acontecido respecto a las diligencias llevadas a cabo para descubrir la verdad del caso Nin, disponemos asimismo del testimonio del ministro de Justicia de entonces, Manuel de Irujo. En un libro escrito por un hermano suyo (68) se dice : « Este [Nin] y sus compañeros, tras el golpe de mayo ingresaron en prisión. Trasladados por una medida arbitraria policíaca, de Barcelona a Valencia y Madrid, el señor Nin fue secuestrado en esta última villa por los comunistas estalinianos, sin que volviera a saberse nada de él. [...] El señor Irujo, ministro de Justicia, nombró un magistrado para seguir como juez especial la causa por la desaparición de Nin, ordenando la detención de un considerable número de policías, sobre los que recaían sospechas. Algunos de éstos para escapar de la autoridad judicial encontraron asilo en la embajada rusa. Días más tarde, una brigada policial intentaba detener en Valencia al juez especial. Este logró hacer llegar al ministro la noticia del peligro. En ese momento el señor Irujo planteó en dos consejos de ministros el problema con crudeza, presentando por anticipado su dimisión, a la que se sumaron los señores Prieto y Zugazagoitia. El segundo consejo celebrado en Valencia, provocó la destitución fulminante del director general de Seguridad, coronel Ortega, comunista, que venía actuando en acción independiente del ministro del departamento señor Zugazagoitia, que no tuvo inconveniente en manifestarlo entonces y aun después de la guerra en su interesante e histórico libro (69). Al señor Ortega le sustituyó en la dirección general de Seguridad el propio inspector fiscal de la República, don Carlos de Juan, propuesta formulada por el ministro de Justicia. Y resuelto el incidente el sumario continuó su curso. Se comenzaron las detenciones y se siguieron las diligencias. [...] Un día cesaba el señor Irujo en el Ministerio de Justicia. Y desde aquel momento sobre el expediente comenzó a amontonarse el polvo del olvido. » La influencia del Partido Comunista de España era ya demasiado fuerte y decisiva para que pudiera prevalecer el deseo de algunos republicanos y socialistas de aclarar lo sucedido. El asunto Nin fue asimismo el ejemplo evidente de la impunidad de que disfrutaban los agentes de la NKVD en la España republicana. Otras desapariciones y asesinatos siguieron al de Nin : el del inglés Bob Smile, el del austríaco Kurt Landau, el del polaco Moulin, el del checo Erwin Wolf, el del norteamericano José Robles, el de Marc Rhein, hijo del menchevique ruso Abramovich, etc. Nikita Jruschev, en su celebre « informe secreto » de febrero de 1956, descorrió un poco el velo respecto a los crímenes de Stalin en la Unión Soviética, pero guardó total silencio respecto a los perpetrados en España durante la guerra civil (70). El Partido Comunista de España, en todas sus publicaciones, ha hecho lo mismo. Su silencio es, al cabo de cuentas, harto elocuente.


A partir de aquellos luctuosos hechos, los comunistas se desenvolvieron a sus anchas en la zona republicana. Llegaron a tener en sus manos la policía, a controlar los servicios de censura, a dominar en el Comité de Guerra, a disponer de la mayor parte de los mandos militares -altos y subalternos-, a imponer en el frente y en la retaguardia el carnet de su organización. La política del Dr. Negrín, que no era otra que la de los comunistas se oponía sin embargo a los sentimientos de la mayoría del sector antifascista. Era, pues, inevitable que tras más de un año y medio de soportar esa dictadura se produjese un estallido final: la sublevación de Madrid, en marzo de 1939. En una carta de Tritón Gómez a Fernando de los Ríos, fechada el 24 de mayo de dicho ano, se decía : « Solamente unos hombres cegados por la vanidad y la soberbia podían ignorar que todo les era hostil en España cuando regresaron a la zona Centro-Sur; todo, menos el plantel de comunistas que seguían manejando a Negrín. [...] El gobierno de Negrín se paseaba sobre un inmenso depósito de dinamita; faltaba la chispa que produjese la explosión y actuaron como tal unos nombramientos desdichados de elementos comunistas para desempeñar los siguientes cargos : Secretaría general del Ministerio de Defensa; Jefatura de la Base naval de Cartagena; los gobiernos militares de Albacete, Alicante y Murcia. Por si esto era poco fueron ascendidos los jefes militares comunistas que mandaban los Ejércitos del Este y del Ebro en Cataluña; se quitó el mando que tenía al general Miaja y se intentó quitar a Casado de jefe del Ejército del Centro, enviando en su lugar a un comunista recién ascendido al generalato. Tal como estaba el ambiente ni hecho a propósito se acierta a conjugar mejor todos los elementos descontentos para producir el levantamiento. » Es muy posible que en efecto, haya sido hecho a propósito : a Moscú le interesaba acabar definitivamente con la guerra de España, puesto que ya estaba entonces prácticamente ultimado el pacto germanosoviético. El mejor medio para salvar de la responsabilidad del triste final al Partido Comunista era provocar un levantamiento, de manera que sus promotores visibles apareciesen como los culpables del inevitable derrumbamiento. Y así se hizo.


Palabras finales


Respecto a la campaña escrita y oral emprendida por los comunistas contra el POUM durante la guerra civil, que culminó con el proceso montado contra sus dirigentes, contamos con un documento de importancia. Trátase de un folleto publicado por la dirección clandestina del POUM, en el que se denunciaba la persecución estalinista, poniendo al desnudo los métodos empleados, los verdaderos objetivos buscados y, sobre todo el carácter eminentemente político del proceso, que el Partido Comunista se empeñaba en convertir en causa criminal por connivencia con el enemigo. Escasamente difundido, como suele ocurrir con casi todas las publicaciones clandestinas, aún influyó en su corta propagación el hecho de haber sido impreso semanas antes de la caída de Barcelona; la casi totalidad de la edición se perdió entonces, perdiéndose igualmente los ejemplares enviados a Francia a causa de la ocupación alemana ocurrida poco después. Por tanto, el folleto en cuestión sólo pudo ser leído por escasas personas. En la actualidad, que sepamos, amén del ejemplar que obra en nuestro poder, existe otro en Madrid, en el Centro de Documentación Histórica del Ministerio de Información y Turismo; por lo que parece, según nuestras noticias, hay asimismo un ejemplar en la biblioteca de la Cátedra de Historia Militar Palafox de la Universidad de Zaragoza. Tal vez se encuentre algún otro ejemplar en alguna de las bibliotecas oficiales de España, que ahora comienzan a abrirse al historiador. Por todo ello, consideramos necesario reproducir dicho documento sin modificación alguna, salvo la corrección de algunas erratas sin importancia fruto de las condiciones en que fue impreso. Añadimos un par de documentos que aclaran el proceso contra los hombres del POUM : el acta de acusación del fiscal que, caso inaudito, fue publicada en folleto por el Partido Comunista de España antes de que se iniciara el proceso, y la sentencia del tribunal, pieza desconocida por no haber sido publicada en castellano y a la que nunca han aludido los escribas comunistas, ya que, como se verá, se condenó a los dirigentes poumistas por su actitud revolucionaria, no habiendo aceptado el tribunal la acusación de confabulación con el adversario franquista y de colaboración con el hitlerismo, leitmotiv de la propaganda escandalosa del Partido Comunista.


De contar con mayor espacio, valdría la pena reproducir igualmente -más como colofón que como complemento- una buena parte del informe presentado por Jruschev ante el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, celebrado a últimos de febrero de 1956, que tantas e infundadas esperanzas despertó entre los que aún creían posible la desestalinización motu proprio del régimen estalinista. Trátase, como se sabe, de una verdadera requisitoria contra Stalin y los métodos estalinistas, aunque no es menos cierto que si bien Jruschev descorrió el velo que cubría bastantes misterios, dejó todavía ocultos muchísimos más. Empero, lo que puso al descubierto -con gran inquietud de todo el movimiento comunista- bastó para hacerse una idea precisa de la verdadera naturaleza de las purgas y procesos que Stalin montó contra sus propios camaradas de partido; « procesos de brujería », según la acertada frase del socialista austríaco Federico Adler, el cual recordó con razón que las brujas que antaño se enviaban a la hoguera inquisitorial confesaban habitualmente su comercio con el diablo. (Recordemos, por nuestra parte, a los infinitos desmemoriados que todos esos procesos, hasta los más inverosímiles, fueron aprobados e incluso ruidosamente aplaudidos por los estalinistas de todos los países y por los inefables « compañeros de ruta ».) Aunque Jruschev se lo ha callado, idénticos métodos se extendieron luego a los otros países del este europeo donde imperan las llamadas « democracias populares », que no son ni populares ni democracias. Y con anterioridad, es decir casi al mismo tiempo que en la Unión Soviética, se trató de montar uno de esos procesos típicamente estalinistas en España, durante la guerra civil, contra el POUM, al que tampoco aludió Jruschev. Gracias a su informe se sabe hoy -muchos lo supieron a su debido tiempo- que todos esos procesos « fueron montados mediante documentos falsificados y falsas acusaciones », sirviéndose además de « confesiones obtenidas con la ayuda de torturas crueles e inhumanas ». La lectura del informe de Jruschev arroja una luz definitiva sobre lo que en realidad fue o, mejor dicho, quiso ser, el proceso contra el POUM. Si los propósitos de los verdaderos instigadores fallaron a medias, la responsabilidad no incumbe a los comunistas españoles, que hicieron todo lo posible por cumplir al pie de la letra el papel que Stalin les había designado.


Sin duda no faltará gente de buena fe que considere, harto precipitadamente, que se trata en este caso de hechos pasados, por tanto superados y liquidados por el transcurso de los años, es decir, definitivamente enterrados en la historia. Contestaremos a esta alegación afirmando que esa actitud es la que desean los autores y numerosos cómplices de aquel monstruoso episodio de la guerra civil española. A éstos les comprendemos muy bien: el crimen reclama siempre la sombra y el silencio, que facilitan la impunidad. Es cierto que la época actual es rica en toda clase de crímenes políticos y ninguno de ellos puede resultarnos indiferente. Pero nos sublevan todavía más los cometidos en nombre de la clase obrera y del socialismo. Efectivamente, los comunistas -hoy como ayer- continúan presentándose en todas partes | como la única fuerza en lucha permanente contra el capitalismo. (En realidad su lucha contra las actuales estructuras sociales no tiene otro objetivo que reemplazarlas por su propio sistema burocrático, por lo que en última instancia el poder conquistado no pasa a manos de la clase obrera como ellos afirman, sino que les pertenece por completo, como puede comprobarse en la Unión Soviética y en los demás países donde han implantado su dictadura de partido único.) Y cuantos no les reconocen ese título, ni se prestan por tanto a someterse a sus dictados, prefiriendo juzgarles por lo que hacen y no por lo que dicen, son inexorablemente víctimas de su odio, de sus calumnias y de sus persecuciones. España fue, de 1936 a 1939, un escenario privilegiado a este respecto. Entonces se vio con la máxima claridad que, en el fondo la política comunista resultaba una mezcla dosificada de demagogia y de gansterismo. José Blanco White, el liberal español exiliado en Londres, escribió hace siglo y medio que la treta favorita de todos los ortodoxos consiste en « marcar a cada nuevo adversario con el nombre de alguna secta previamente derrotada ». Asi se explica el afán que han manifestado los comunistas -los ortodoxos del llamado « marxismo-leninismo »- de motejar de trotsquistas, por ejemplo, a los militantes, del POUM acusados al mismo tiempo -curiosa paradoja- por Trotski y sus partidarios de « centrismo » impenitente. El Partido Comunista de España, en su ambición hegemónica, tuvo siempre necesidad de presentarse como el representante único de la clase trabajadora, necesidad que ineluctablemente le impelía a desacreditar por todos los medios a las otras organizaciones obreras sin excepción alguna. Todavía en la actualidad, no habiéndose curado de ese mal quizá congénito, tratan de arrogarse tal representación, si bien su vocabulario ha bajado de tono, sin duda por imperativos tácticos dado que los tiempos son otros, mas también porque no pocos de sus jóvenes militantes no deben estar muy de acuerdo con esa especie de aquelarre inquisitorial que predominó en sus filas en tiempos pasados. Leyendo su prensa y en particular las resoluciones que adoptaron en su VIII Congreso, celebrado a últimos de 1972 en un país del este, se observa que el lenguaje ha cambiado -¡cambió tantas veces!-, pero los propósitos que persiguen, hasta que no se demuestre lo contrario, son los de siempre, resumidos en uno capital : imponerse a todos los demás de una u otra manera. Esto nos demuestra que, no obstante las apariencias, el pasado no es tan pasado y que las lecciones de antaño pueden muy bien servir hogaño.

Andrés Suárez


París, 16 de junio de 1973.

Nota bene. Señalemos, a título anecdótico, aunque tiene asimismo su importancia política, que la mayor parte de los soviéticos que actuaron en España durante la guerra civil -diplomáticos, policías, militares, etc.-, fueron fusilados a su regreso a la URSS : así desaparecieron para siempre Rosenberg, Gaikins, Antonov-Ovseenko, Koltsov, Stachevski, Marchenko, Gorev, Kleber, Berzin, Gregorovich y muchos otros. Idéntica suerte corrieron años después en Hungría, Checoslovaquia, Polonia, etc., la mayor parte de los dirigentes de las Brigadas internacionales. Bastantes estalinistas españoles, alejados por suerte suya del « paraíso soviético», no tuvieron otro castigo que la expulsión del partido, cargados con los mismos epítetos denigrantes que ellos habían aplicado en España a los miembros del POUM; mencionemos, entre otros, a Juan Comorera, Jesús Hernández, Miguel Valdés, José del Barrio, Enrique Castro Delgado, Félix Montiel, Miguel Ferrer, Jesús Monzón, César Falcón...

NOTAS


1. Debe tenerse en cuenta que la URSS trataba entonces de obtener no sólo las buenas gracias de las democracias occidentales, sino incluso de la Italia mussoliniana para mejor aislar a Alemania. Lo Stato operaio, revista del Partido Comunista de Italia, publicó en su número de junio de 1936 un editorial con este título que no necesita traducción : « La riconciliazione del popolo italiano è la condizione per salvare il nostro paese della catástrofe ». En él se tendía la mano a los fascistas, para unirse en « la santa batalla por el pan, el trabajo y la paz ». Dos meses después, en agosto, dicha revista insistía en la misma política mediante un editorial titulado « Per la salvezza dell'Italia riconciliazione del popolo italiano ». El Partido Comunista de Italia incluso reivindica y hace suyo el programa fascista de 1919, presentado ahora por los comunistas como « de paz, de libertad, de defensa de los intereses de los trabajadores ». En ese mismo mes, se publica un documento que lleva las firmas de Togliatti y de los principales dirigentes comunistas italianos, verdadero llamamiento a la reconciliación con los fascistas. Precisamente en ese mes de agosto la revolución española se halla en su punto culminante. Paolo Spriano, profesor de Historia en la Universidad de Cagliari y militante comunista, autor de una interesante Storia del Partito Communista italiano (Einaudi, Torino, 1970), se pregunta atónito : « Sin embargo, ¿cómo conciliar esta lucha ahora iniciada con el embrassons-nous lanzado en el llamamiento? »


2. Fernando Claudín, La crisis del movimiento comunista, I. Ediciones Ruedo ibérico. París, 1970.





3. Fernando Schwartz, Internacionalización de la guerra civil española. Editorial Ariel, Barcelona,1971.

4. Acción Socialista, 1 de febrero de 1952.

5. El comunista Daily Worker ya se había situado el 9 de septiembre en la línea de Moscú, pues unas semanas antes, el 22 de julio, quizá dejándose arrastrar redacción por el entusiasmo revolucionario que había despertado la revolución española, afirmaba que ésta « se encamina hacia la República soviética » merced al triunfo de las « milicias rojas ».

6. David T. Cattell, Soviet Diplomacy and the Spanish Civil War. University of California Press, 1957.

7. Pierre Broué et Emile Temime, La révolution et la guerre d'Espagne. Editions de Minuit, París, 1961.




8. Manuel Azaña, Obras completas, III. Ediciones Oasis, México, 1967.

9. Hugh Thomas, La guerra civil española. Ediciones Ruedo ibérico, París. 1967.


10. Luis Araquistáin, « La intervención rusa en la guerra civil española », revista Cuadernos, marzo-abril de 1958, París.


11. Una prueba nos la ofrece el discurso pronunciado en el Monumental Cinema de Madrid, el 22 de octubre, por José Díaz, secretario general del Partido Comunista de España, en el que éste dijo : « Tenemos también la ayuda de los pueblos de la Unión Soviética, que habéis visto que cada vez con mayor rapidez traen para los españoles comida, mantequilla; que traen bacalao, azúcar; que traen zapatos y ropa para los niños... » (Tres años de lucha. Colección Ebro, París, 1970). Díaz no se refirió a las armas rusas por la sencilla razón de que aún no las habían enviado. Más tarde sí lo hizo, con machacona insistencia.


12. Luis Araquistáin, El comunismo y la guerra de España. Carmaux, 1939.


13. Diego Abad de Santillán, Por qué perdimos la guerra. Ediciones Imán, Buenos Aires, 1940.

Por qué perdimos la guerra. Diego Abad de Santillán y Luis Galindo



“Por qué perdimos la guerra” de D. Abad de Santillán


14. Indalecio Prieto in El Socialista, Madrid, 9 de agosto de 1936.

15. Félix Gordon Ordás, Mi política fuera de España, I, México, 1965.


16. En el informe de Pierre Besnard en el VII Congreso de la AIT, celebrado en París en 1937, aún en plena guerra civil española, se refiere un hecho interesante que también resumiremos. El 2 de octubre de 1936 llegó Besnard a Madrid acompañando a dos representantes de un importante consorcio dedicado a la venta de armas. Junto con Durruti, celebraron una reunión con Largo Caballero, al objeto de poder ultimar la adquisición del armamento ofrecido por el consorcio. Largo Caballero les prometió presentar el asunto en la misma tarde al Consejo de ministros. El gobierno aceptó y las líneas generales del mercado fueron establecidas con los vendedores el día 3, en el Ministerio de Marina, en presencia del propio Durruti. En la madrugada del 4, el embajador de la URSS, Rosenberg, telefoneó al hotel donde se alojaba Durruti, para que éste fuera a verle a la embajada, invitación que Durruti declinó, regresando inmediatamente al frente de Aragón. Unos días más tarde, Fierre Besnard comunicó a Durruti que el gobierno se había vuelto atrás y desistido de efectuar la operación. Besnard, en el mencionado informe, hace este comentario : « La ruptura de este contrato es la primera intervención de los rusos en los asuntos españoles. A partir de este momento, la presión soviética se acentuó y Rosenberg supo convencer a Largo Caballero, que titubeaba, que la ayuda soviética sería desinteresada. Se le prometió el envío masivo de armas. Caballero cedió a la tentación, ignorando qué clase de ayuda le reservaba Stalin. Véase, a este respecto, Abel Paz : Durruti. Le peuple en armes. Editions de la Tête de Feuilles, París, 1972.
17. David T. Cattell, Communism and the Spanish Civil War. The University of California Press, 1955.
18. Salvador de Madariaga, España. Ensayo de historia contemporánea. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1964.
19. Julio Alvarez del Vayo, The Last Optimist. The Viking Press, New York, 1950.
20. W. G. Krivitsky, Yo, jefe del servicio secreto militar soviético. Suc. H. de Pablo, Guadalajara, México, 1945.
21. Fernando Claudín, op. cit.
22. Julio Alvarez del Vayo, Freedom's Battle. Alfred A. Knopf, New York, 1940.
23. Les archives secrètes de la Wilhelmstrasse, III: L'Allemagne et la guerre civile espagnole. Librairie Plon, París, 1952.
24. En el diario parisiense Le Monde, correspondiente al 19 de febrero de 1969 se publicó una carta de M. Luciani, corresponsal en Moscú de varios periódicos franceses en aquella época, en uno de cuyos párrafos decía : « Fui invitado el 25 de diciembre de 1937 -fecha para mí inolvidable- a visitar a Máximo Litvinov en el Narkomindiel. Con gran estupefacción por mi parte, el comisario del pueblo me anunció que el Kremlin había establecido contactos para iniciar una aproximación germano-soviética. » M. Luciani se apresuró a comunicar esta noticia al embajador francés en Moscú y éste, a su vez, a su gobierno. Pero nadie lo tomó en serio. Sin embargo, con gran asombro del mundo entero Ribbentrop y Molotov firmaron en el Kremlin, en la noche del 24 al 25 de agosto de 1939 un Pacto de no agresión, así como un protocolo secreto repartiéndose Polonia. Con este motivo Stalin levantó su copa para brindar por el dictador alemán : « Sé cuan la nación alemana adora a su Führer. Por eso tengo el gusto de beber a su salud. »

25. Joaquín Maurín, Revolución y contrarrevolución en España. Ediciones Ruedo ibérico, París, 1966.


26. Jacques Humbert-Droz, De Lenine á Staline. Dix ans au service de l'Internationale Communiste, II. A la Baconnière, Neuchatel (Suiza), 1971.

27. Sin embargo, en el tomo I de la obra Guerra y revolución en España (Editorial Progreso, Moscú, 1967), elaborada por una comisión del PCE presidida por la inefable Pasionaria, los actuales dirigentes comunistas escriben lo siguiente : « En vísperas de la revolución de 1931, el Partido Comunista no era sólo el partido obrero de ideología más avanzada, sino también el que daba mayores pruebas de combatividad. » Ni más, ni menos.


28. José Bullejos, Europa entre dos guerras. Ediciones Castilla, Méjico, 1945. Los comunistas, como jamás reconocen sus yerros, recurren a las malas artes de amañar la historia a su gusto. La obra Guerra y revolución en España, ya mencionada, se inicia con estas palabras : « El 14 de abril de 1931 se estableció en España la Segunda República. El pueblo español iniciaba una revolución que abría amplias perspectivas democráticas, de progreso y de bienestar. » Ni una sola alusión a los soviets y a la España soviética, consignas defendidas entonces por el Partido Comunista de España, y que en grandes titulares figuraron en el número extraordinario de Mundo Obrero del 15 de abril de 1931. Lo cómico del caso es que en el prólogo escriben : « La razón de ser de estas páginas, no es otra que la imperiosa necesidad de colocar los hechos en su lugar... »


29. Andrés Nin, «La Carta abierta de la Internacional Comunista y el Congreso del partido », Comunismo, nº 10, marzo de 1932.


30. La Pasionaria, en un artículo que publicó en Revista Internacional (julio de 1972) falsifica una vez más los hechos, al escribir : « En la primavera de 1932 se celebró en Sevilla el IV Congreso del Partido Comunista de España, que representó un cambio decisivo en la política y en la dirección del Partido. [...]El alma de la nueva política fue nuestro camarada José Díaz, que en el Congreso de Sevilla fue elegido secretario general del Partido Comunista de España. » Tres falsedades: el IV Congreso no cambió la política, ni la dirección, ni nombró secretario general a José Díaz. La dirección siguió en manos de Bullejos, Adame, Trilla y Vega, hasta que fueron excluidos por imposición de la Internacional Comunista, como consecuencia, repetimos, de su actitud ante la sublevación del general Sanjurjo, en agosto de 1932. José Díaz fue nombrado por Moscú secretario general del Partido Comunista de España en las últimas semanas de 1932, después de la exclusión de Bullejos y sus amigos.


31. Andrés Nin, « La situación política española y los comunistas », Comunismo, nº 22, marzo de 1933.



32. José Antonio Balbotín, La España de mi experiencia, México, 1952.
33. Francisco Largo Caballero, Mis recuerdos. Editores Unidos, México, 1954.
34. Manuel D. Benavides, La revolución fue así. Octubre rojo y negro. Imprenta Industrial, Barcelona, 1935
35. José Díaz, op. cit.
36. José Díaz in La Correspondencia Internacional, 17 de abril de 1936. No obstante, años después. Dolores Ibárruri y demás redactores de Guerra y revolución en España afirmaron que « la izquierda socialista no comprendía la importancia del Frente Popular ».
37. Lo Stato operaio, nº 11, noviembre de 1936.
38. André Marty, En Espagne... où se joue le destin de 1'Europe. Bureau d'Editions, París, 1937.
39. César Falcón, Madrid. Editorial Nuestro Pueblo, Madrid-Barcelona, 1938./P>
40. Guerra y revolución en España, I, op. cit.
41. En Guerra y revolución en España los comunistas publicaron la respuesta de Stalin a la supuesta petición de ayuda efectuada por Largo Caballero. Pero no hicieron lo mismo con la carta en la que se hizo tal petición. ¿Existió realmente? La lectura de la misiva de Stalin, fechada el 21 de diciembre de 1936, no permite suponer el que se hubiera hecho esa demanda, puesto que los asuntos tratados son otros, por lo general de carácter político. Lo mismo sucede con la respuesta a Stalin, firmada por Largo Caballero el 12 de enero de 1937.
42. Antonio Ramos Oliveira, Politics, Economics and Men of Modern Spain. Londres, Gollancz Ltd., 1946.
43. En Sergio Vilar, Protagonistas de la España democrática. La oposición a la dictadura. Editions Sociales, París, 1968.
44. José Peirats, La CNT en la revolución española, II. Ruedo ibérico. París, 1971.
45. Ibid., I.
46. Un historiador en general favorable a los comunistas, Manuel Tuñón de Lara, escribió en La España del siglo XX (Librería Española, París, 1966) : « Hay que reconocer que los documentos alemanes conocidos muchos años después han venido a apoyar la tesis según la cual los sucesos de Barcelona fueron inspirados por los adversarios de la República. En efecto, Faupel [embajador alemán en Burgos] informaba el 11 de mayo a su ministro que el general Franco le había dicho que « los combates callejeros [de Barcelona] habían sido desatados por sus agentes », uno de los cuales había informado de que « la tensión entre comunistas y anarquistas era tan grande que podía garantizar provocar el estallido de la lucha entre ellos ». Se trataba, no obstante, de 13 agentes, según Nicolás Franco había dicho anteriormente a Faupel. Estos datos -e incluso las expresiones que se usan- inducen a creer en una de las habituales exageraciones de los servicios secretos y de sus agentes, así como el deseo de apuntarse un tanto en una conversación diplomática. » Efectivamente, ¿cómo puede creer nadie que 13 individuos -ni uno más- pueden ser capaces de arrastrar a una lucha armada a miles de trabajadores?
47. Diego Abad de Santillán, op. cit.
48. Ricardo Sanz, Los que fuimos a Madrid. Imprimerie Dulaurier, Toulouse, 1969
49. Manuel Azaña, Obras completas, III.
50. James Joll, Los anarquistas. Grijalbo, México-Barcelona 1968
51. Manuel Cruells, Els fets de Maig. Editorial Juventud, Barcelona, 1970
52. Burnett Bolloten, La revolución española. Las izquierdas y la lucha por el poder. Editorial Jus, México 1962
53. Gabriel Jackson, La República española y la guerra civil. Grijalbo, México 1967
54. Manuel Azaña, Obras completas, IV.
55. José Díaz, Tres años de lucha, op.cit.
56. Francisco Largo Caballero, La UGT y la guerra. Editorial Meabe, Valencia 1937
57. Juan Peiró, Problemas y cintarazos. Imprimeries Réunies, Rennes, 1946
58. José Díaz, ibidem
59. Hugh Thomas, La guerre d'Espagne. Robert Laffont, París, 1961.
60. Elena de la Souchère, Explication de l'Espagne. Grasset, París, 1962.
61. Mijail Koltsov, Diario de la guerra de España. Ruedo ibérico, París, 1963.
62. Ilya Ehrenburg, La nuit tomba. Gallimard, París, 1968.
63. En efecto, Ehrenburg incurrió en las mismas bajezas que todos los que habían puesto su pluma al servicio de Stalin. Ofreceremos un ejemplo. Gide, Mauriac, Duhamel, Martin du Gard y Paul Rivet se habían dirigido al gobierno republicano español para mostrar su inquietud por el proceso contra el POUM y pedir se respetaran los derechos de la defensa. Pues bien, Ehrenburg se apresuro a publicar en el diario soviético Izvestia, el 3 de noviembre de 1937, un artículo injurioso contra los mencionados escritores franceses, en particular contra Gide, al que los comunistas no le habían perdonado su reciente libro Retour de l'URSS. Vale la pena reproducir algunas líneas de dicho artículo, que muestra la suerte que se les reservaba a cuantos no comulgaban con las ruedas de molino del estalinismo : « Debo expresar el sentimiento de vergüenza que ahora sentí por un hombre. El mismo día en que los fascistas fusilaban a las mujeres de Asturias, apareció en los periódicos franceses una protesta contra la injusticia. La protesta aparecía firmada por estos escritores : André Gide, Duhamel, Roger Martín du Gard, Mauriac y el profesor Paul Rivet. Pero esta gente no protestaba contra los verdugos de Asturias, ni contra el gobierno de su país que se niega a poner a disposición de los asturianos condenados a perecer aunque sea un solo velero, un solo barco. un solo bote. No; esos escritores con el corazón sensible protestaban contra el gobierno de la República española que osa detener a los fascistas y provocadores del POUM. Prescindo de Mauriac. Es un católico, hombre de derecha. Valientemente se había pronunciado en la prensa derechista contra las atrocidades fascistas en el país vasco. Pero, ante mis ojos, aparece André Gide con el puño levantado, sonriendo a miles de obreros ingenuos. Oigo su voz (me lo dijo hace un año) : « Pienso sin cesar en los obreros españoles y no puedo dormir. » Es asqueroso y es triste. A pesar de todo, han permanecido siendo la carne de la carne de su clase, tanto los Duhamel librepensadores y los Gide « ultracomunistas ». Y la clase dominante los persigue y los cubre de suciedades. Así, superando a veces su cobardía, levantan su puñecito para, inmediatamente después, con su hipocresía de humanistas, arrastrarse de nuevo a los pies de los verdugos. Ayer, en el periódico Diario de Navarra, portavoz de los verdugos de Asturias, se reproducía, en lugar destacado, la « protesta » del nuevo aliado de los moros y de las Camisas negras, del viejo ruin, del renegado de sucia conciencia, del llorón de Moscú, de André Gide. »
64. George Orwell, Cataluña 1937. Editorial Proyección, Buenos Aires, 1964.
65. Diego Abad de Santillán, op. cit.
66. José Peirats. Op. cit., II.
67. Manuel Tuñón de Lara : La España del siglo XX. La argumentación de Tuñón de Lara es harto casuista : puesto que el « estalinismo » asesinó a bastantes comunistas « limpios de toda sospecha », ¿por qué no había de hacer lo mismo con Nin que no sólo no estaba « limpio de toda sospecha », sino que se dedicaba « además, desde hacía años, a una labor difamatoria de Rusia »? Y todavía añade : « en todo caso, hay algo cierto : la ignorancia de los ministros comunistas españoles ». ¿Qué sabe él? Y si así fuese, ¿no sería prueba evidente de que los comunistas españoles -incluidos los ministros- no eran otra cosa que simples ejecutantes a las órdenes de los rusos? ¿Acaso ese triste papel les exime de toda responsabilidad?
68. A. de Lizarra: Los vascos y la República española. Contribución a la historia de la guerra civil (1936-1939). Editorial Vasca Ekin, Buenos Aires, 1944. A. de Lizarra es, por lo visto, el seudónimo de Andrés María de Irujo, hermano de Manuel de Irujo. El libro fue redactado a base de las notas que había escrito este último.
69. Julián Zugazagoitia, Historia de la guerra de España. Editorial La Vanguardia, Buenos Aires, 1940.
70. En aquellos años el terrorismo estalinista se extendió fuera de las fronteras de la Unión Soviética, mediante la eliminación física de los opositores de algún relieve y de aquellos miembros de los servicios secretos rusos que habían roto con Moscú. Pero no siempre aparecieron los cadáveres de los ajusticiados por los sicarios de la NKVD; en efecto, cuando les era posible recurrían al secuestro y la víctima era trasladada secretamente a la URSS. Es muy posible que hayan hecho esto con Andrés Nin, cuyo traslado a dicho país les resultaba muy fácil merced a los numerosos barcos soviéticos que fondeaban en puertos republicanos. Este es el parecer del señor Barba del Brío, expuesto en la declaración que prestó ante las autoridades franquistas una vez terminada la guerra y que se encuentra en el volumen publicado por el Ministerio de Justicia (Madrid, 1943) con el título Causa general. El señor Barba del Brío dice haber sido nombrado por el gobierno republicano, por razón de su cargo, para intervenir en las actuaciones que se instruyeron con motivo de la desaparición de Nin, relatando a continuación las incidencias del sumario y las coacciones que sufrió para que no se descubriera la verdad de lo ocurrido, dado el interés que tenían los comunistas en que se suspendiera la tramitación del citado sumario, cosa que terminaron por conseguir. Terminó así su declaración : « Como manifiesta anteriormente, cree que Andrés Nin no fue ejecutado en España. »












La represión y el proceso contra el POUM
Folleto publicado por Ediciones POUM en 1938 con la firma de Andrés Suárez, seudónimo de Ignacio Iglesias. Volvió a ser editado por Ruedo Ibérico. También se ha incluido en el libro Experiencias de la revolución española, que recopila los trabajos más importantes de Ignacio Iglesias sobre la guerra civil y la revolución.

«Las tormentas levantan siempre basura; las épocas revolucionarias no huelen nunca a agua de rosas, y nadie puede librarse en ellas de verse salpicado de lodo; es natural. No hay escape por lo demás, si se tienen en cuenta los esfuerzos sobrehumanos desplegados contra nosotros por todo el mundo oficial, y que, para aniquilarnos, vuelca sobre nosotros todo el Código penal; sí paramos mientes en todas las injurias que sobre nosotros vierte el hocico de esa democracia de la estupidez que no podrá nunca perdonar a nuestro partido el tener más inteligencia y más carácter que ella; si nos detenemos a estudiar la historia contemporánea de todos los demás partidos y, por último, nos preguntamos qué es lo que en realidad se puede aducir contra el nuestro llegaremos a la conclusión de que no hay ningún otro que se caracterice por su pureza» (Marx; Carta a Freiligrath)

1.A MODO DE INTRODUCCIÓN

«...la vileza reptante de los sucios calumniadores» (de un poema de Freiligrath)


La represión contra el movimiento revolucionario no es de ahora ni siquiera de años, sino de hace décadas y aun centurias. En todos los tiempos y en todas las épocas, contra las fuerzas progresivas se han levantado siempre los intereses creados, es decir, la reacción. Esto, lo mismo en el terreno político que en los dominios del arte y de la ciencia. No hace falta sacar muchos ejemplos del gran archivo de la historia. Por sus ansias renovadoras Tomás Moro fue decapitado, Giordano Bruno quemado vivo, Campanella torturado; Jean Jaures, Matteotti y otros pagaron con su vida su amor al socialismo. Si Galileo fue obligado por la Inquisición a que abjurara de rodillas sus propias teorías, Alberto Einstein deambula por el mundo arrojado de su cuarto de estudio por el fascismo hitleriano. En la Unión Soviética, Zinoviev y Kamenev han sido fusilados después de más de treinta años al servicio de la revolución y del socialismo; Trotski rueda de uno a otro país por no haber querido entonar su mea culpa a tiempo, por mostrarse ejemplarmente fiel al marxismo revolucionario. Así ha sido siempre y así será mientras la sociedad esté dividida en clases y mientras la defensa de intereses particulares o de grupo se imponga a todas las demás consideraciones.



«La Historia de la Humanidad -escribieron Marx y Engels- es la historia de la lucha de clases». Y la lucha de clases se ha desarrollado y se desarrolla a través de pugnas inmensas, de luchas encarnizadas con vencedores y vencidos. El vencedor ha tratado siempre de disponer del vencido; como Brennus, también ha querido entonar el vae victis. ¡Ay de los vencidos! La frase sigue siendo de palpitante actualidad en nuestro tiempo, aplicada con harta frecuencia. Como siempre, el arma más utilizada por los vencedores del momento ha sido la calumnia, la mentira, la injuria, la falsificación. En el mundo nunca han faltado gentes suficientemente ignorantes para dar crédito a las más monstruosas calumnias, ni tampoco individuos lo bastante envilecidos para ponerlas en práctica. Sobre todo en la actual época histórica de grandes guerras y de revoluciones cruentas, estos procedimientos han estado en todo momento a la orden del día. Pero no siempre se han puesto en uso los mismos métodos, aunque el objetivo propuesto fuera idéntico. Las luchas de la burguesía contra la clase trabajadora forman una rica gama de matices. El capitalismo lanza contra el proletariado y contra sus organizaciones revolucionarias no solo las fuerzas tradicionales del Estado –el ejército, la policía, el peso de su burocracia-, sino también otras nuevas que le proporcionan sus inmensas posibilidades económicas y su situación política privilegiada: el cine, la prensa, la radio, etc. Todos los medios y procedimientos científicos son puestos al servicio del que manda. Periodistas y escritores venales, individuos sin escrúpulos, son los encargados de envenenar ideológicamente a las masas productoras para que éstas no logren ver la verdad. Y no solo esto. Cuando todos estos procedimientos, que pudiéramos denominar normales -los que se amparan en la legalidad burguesa-, fallan en sus propósitos, entonces se falsifican textos, se inventan documentos y se montan procesos monstruosos contra los sectores más avanzados de la clase trabajadora.



Hoy como ayer. Contra la I Internacional se vertieron las especies más grotescas y calumniosas: se llegó a culparla de incendios, tormentas y altas mareas. Los revolucionarios más representativos de la época no escaparon a lo que el poeta revolucionario Freiligrath denominaba «vileza reptante de los sucios calumniadores». Se quiso presentar a Marx como un vulgar agente de Bismarck; a Bakunin como un aliado del zarismo. Federico Engels fue blanco de los plumíferos reaccionarios por su origen burgués; lo propio aconteció a Bebel y a muchos otros, pero éstos por su origen proletario. Contra Marx, principalmente, se publicaron artículos y otros escritos tratando de presentarlo como un estafador de los obreros; incluso un sabio como Vogt escribió un folleto en este sentido. Más tarde se descubrió que el calumniador Vogt era un agente a sueldo de Bonaparte. Pasaron los años y no por ello se aminoró esta modalidad de lucha contra el movimiento revolucionario. Supieron bien lo que era la calumnia los héroes espartaquistas, por haber luchado por la revolución y por el socialismo. Entonces, la prensa de la nueva república alemana llamaba locos y provocadores a los de la Liga Spartakus, a la par que pedía la cabeza de Karl Liebknecht y de Rosa Luxemburgo. En uno de aquellos días de enero de 1919, Vorwarts, órgano central de la socialdemocracia alemana, publicó un poema de Zickler que rezaba así: «Millares, millares de cadáveres en fila. Karl, Rosa, Radek. Ninguno está entre ellos». Días después también Karl y Rosa estaban en la fila, asesinados por la contrarrevolución que hablaba, obraba y mataba en nombre de la democracia. Ni con su vida cesaron las calumnias.



¿Cómo no referirse a Lenin y a los bolcheviques? También sobre Lenin y los bolcheviques la mentira, la falsificación y la calumnia hizo carne. Lo hizo antes de la revolución de 1917, durante toda la revolución y después de la revolución. Sobre todo durante los meses de julio y agosto de dicho año. Los partidarios interesados o ilusos de la democracia nada tenían que oponer políticamente a los bolcheviques, a sus consignas y puntos de vista. Y como nada podían hacer en este terreno se utilizó contra ellos el arma más pérfida y la más envenenada: la calumnia. Se sacó a relucir el viaje de Lenin a través de Alemania, se preparó el medio ambiente y una feroz represión se desencadenó contra el partido bolchevique. Lenin y Zinoviev hubieron de buscar refugio en Finlandia; Trotski y otros fueron detenidos y encarcelados. La calumnia hizo su camino: ¡agentes vendidos a Alemania! La prensa de todo el mundo denunció a los revolucionarios rusos con pruebas, como agentes a sueldo del espionaje alemán. ¿Las pruebas? Las oficinas oficiales las fabrican a gusto en provecho de la democracia burguesa. Se publicaron facsímiles de cartas, de recibos de cantidades recibidas, de mensajes confidenciales que propagaban todas las infamias, que era preciso probar...«¡Cuánta vileza hace falta -escribía Lenin por aquel entonces- para confundir la lucha razonada e inteligente con la difusión de calumnias!». Y luego, en un artículo destinado a responder a los calumniadores, decía: «La burguesía mecha su cruzada política de provocación contra los bolcheviques, contra el partido del proletariado revolucionario internacional, con las más viles calumnias y abre en la prensa una campaña muy parecida a aquella que desplegaron los clericales franceses y los periódicos monárquicos de Francia cuando el asunto Dreyfus. ¡A todo trance hay que acusar y conseguir que se condene a Dreyfus por espionaje!: tal era la consigna entonces. ¡A todo trance hay que conseguir se acuse y se condene por espionaje a cualquier bolchevique!: tal es hoy la consigna. Calumnias de la más vil especie, escamoteos, mentiras grandes como el puño y el más refinado engaño del lector: he ahí los métodos que emplea, desviviéndose en ello, la prensa amarilla y toda la prensa burguesa en general. De sus columnas se eleva un bramido salvaje, rayano en la locura, en el que, a veces, no solo no hay modo de descubrir un principio de prueba, sino ni siquiera un sonido articulado».



La revolución de octubre abrió el camino a la verdad, barriendo toda aquella inmundicia, poniendo la realidad al descubierto. La insurrección bolchevique impidió que unos jueces sin escrúpulos condenaran e hicieran fusilar, con ayuda de las pruebas amañadas, a los hombres más fieles al proletariado. Sin embargo, los ataques de este género contra el partido bolchevique no cesaron. En espléndidos salones y ante encopetadas damas y damiselas, el pobre diablo de Kerenski continuó alimentando la torpe calumnia, quizá como único consuelo para toda la reacción que había sido aventada del que fue imperio de los zares. La burguesía de todos los países siguió fabricando documentos y más documentos, supuestas pruebas comprometedoras y otras zarandajas por el estilo. No hace mucho, una revista francesa -Mai 1936- reprodujo un texto publicado en 1919 por toda la gran prensa internacional contra los bolcheviques y que muestra en qué términos calumniaba la burguesía y sus agentes a Lenin y Trotski, principalmente. Subrayemos algunos párrafos: «El Comité de Información Pública -Committee of Public Information-, publica un determinado número de cartas que han sido cambiadas entre el gobierno imperial alemán y el gobierno ruso de los bolcheviques [...]. Estos documentos establecen que los jefes actuales del gobierno bolchevique, Lenin, Trotski y demás consortes, son agentes alemanes; que la revolución bolchevique ha sido preparada por el Estado Mayor alemán y sostenida económicamente por la Banca del Imperio -Reichsbank- y por las entidades financieras alemanas. [...] En una palabra, estos documentos demuestran que el actual gobierno bolchevique no es en manera alguna un gobierno ruso, sino un gobierno alemán que trabaja exclusivamente en interés de Alemania y que engaña al pueblo ruso de la misma manera que engaña a los aliados naturales de Rusia, en interés único del gobierno imperial alemán. Existen alrededor de 70 documentos. Se posee el original de muchos de ellos, con notas marginales procedentes de funcionarios bolcheviques. Los demás son reproducciones fotográficas de los originales y presentan, igualmente, notas marginales».



A diecinueve años de distancia, en dos países tan diferentes como son Rusia y España, las mismas causas producen los mismos efectos. No nos extrañamos de ello. En tanto que marxistas revolucionarios hemos estado y estamos siempre dispuestos a aceptar por adelantado todas las pruebas que la historia nos quiera imponer, incluso ésta. Con harta razón escribía Marx que las épocas revolucionarias no huelen nunca a agua de rosas. En la revolución española, el POUM se halla en situación parecida a la de los bolcheviques a fines del verano de 1917. Todo se repite: hoy como ayer, la calumnia ha sido lanzada de boca en boca, por la radio, en la prensa: «agentes de la Gestapo alemana», «espías al servicio de Franco», etc. ¿Y qué es lo que se oculta detrás de todo esto? En realidad, tras nuestros calumniadores están todas las fuerzas de la reacción y todos los intereses creados. Los últimos defensores de la burguesía española, la nueva casta burocrática de la URSS, las oligarquías financieras del extranjero: tales son las fuerzas que han organizado y laboran esta campaña de descrédito y de bajas calumnias. Estas fuerzas tan distintas y heterogéneas se hallan de acuerdo en un punto fundamental: no quieren que en España triunfe la democracia de los trabajadores y para los trabajadores. Nuestro partido estorba por su espíritu revolucionario, por su intransigencia revolucionaria, por su fidelidad revolucionaria. Les estorba sobre todo a los renegados y traidores, a los ultraizquierdistas de ayer agarrados hoy a la cola de la democracia burguesa. El POUM estorba al estalinismo porque le hace sombra, porque le grita cotidianamente la verdad, porque le impide siga engañando miserablemente a los trabajadores. Por esto y por intereses que tienen su sede en Moscú, es por lo que el estalinismo se ha convertido en la fuerza de choque contrarrevolucionaria y en el principal calumniador nuestro. En un acto celebrado el pasado mes de julio en Barcelona, la conocida militante anarquista Federica Montseny recordaba con muy buen acierto que en nuestro país siempre se había obrado entre las distintas fracciones obreras con un poco de decoro y de honradez. «Siempre luchamos con armas limpias -dijo-; nos enfrentábamos unas organizaciones con otras, pero costaba mucho recurrir al crimen, recurrir a la infamia, recurrir a la calumnia. Eso lo hacía la monarquía, no lo habían hecho ni los republicanos, ni los socialistas, ni los anarquistas». En efecto, eso lo hizo la monarquía. ¿No acusó a Ferrer Guardia de haber organizado el regicidio del 31 de mayo de 1906? ¿No le acusó más tarde de haber sido el organizador y jefe de la insurrección de julio de 1909 en Barcelona, hasta que consiguió encontrar un tribunal lo suficientemente servil para condenarle a muerte por delitos que no había cometido y un gobierno lo bastante infame para hacer cumplir la monstruosa sentencia de muerte, a pesar de la unánime protesta universal? ¿No hubo en 1912 un semanario de chantaje, al que un turbio diario madrileño hizo coro, que acusó a Pablo Iglesias de haber organizado el atentado contra Canalejas? ¿No se lanzó la leyenda del abrigo de pieles para mejor desacreditar al mismo Iglesias? ¿No se acusó en 1917 a los hombres que dirigieron la huelga del 13 de agosto de estar a sueldo de los aliados? Y así sucesivamente. Esto lo hizo la monarquía, cierto. Pero esto lo hace hoy el estalinismo con la complicidad más o menos manifiesta de otros partidos y organizaciones. Lo único nuevo en la campaña que se desarrolla en nuestros días contra nosotros son los cuantiosísimos recursos que se ponen a su servicio y el cinismo insuperable que en ella ponen los que la realizan. Y también esto: que en otros tiempos las campañas difamatorias sublevaron siempre a las conciencias honradas. En defensa de Ferrer Guardia, de Pablo Iglesias, de los hombres de 1917, se alzaron todas las voces honradas de nuestro país, incluso las de muchos que estaban bien lejos de compartir las concepciones políticas, sociales o filosóficas de los difamados. Lo que hay de nuevo, sobre todo, en la campaña que se ha realizado y se viene realizando aún contra el POUM, es un estado de cobardía colectiva que hace que, en privado, desde los ministros hasta el último afiliado a cualquier partido antifascista u organización sindical, se reconozca y proclame que esta campaña es pura y simplemente una canallada, sin que -salvo raras y honrosas excepciones- públicamente, oficialmente, se atreva nadie a salir por los fueros de la verdad y a exigir que se demuestren las acusaciones o se castigue merecidamente al difamador.



La calumnia política ha sido el arma de todos los tiempos y lo que ahora viene sucediendo no es más que una lamentable y monótona repetición del pasado. ¿Por qué aparece tan indigente y uniforme la calumnia política? ¿No se observa fácilmente que, pese al tiempo, siempre resulta un calco y una repetición? Trotski, en su magna Historia de la revolución rusa, ofrece una contestación justa y acertada: «Porque la sicología social es económica y conservadora. No hace más esfuerzos que los que necesita para sus fines; prefiere tomar prestado lo viejo cuando no se ha obligado a construir algo nuevo y aun, en este último caso, combina los elementos de lo viejo. Las nuevas religiones no han creado nunca mitología propia, sino que se han limitado a transformar las supersticiones del pasado. De la misma manera se han creado los sistemas filosóficos, las doctrinas del Derecho y de la moral. Los hombres, incluso los más criminales, se desarrollan de un modo tan armónico como la sociedad que los educa. La fantasía audaz convive dentro de un mismo cráneo con la tendencia servil a las fórmulas hechas. Las audacias más insolentes se concilian con los prejuicios más groseros. Shakespeare alimentaba su obra creadora con argumentos que habían llegado hasta él desde la profundidad de los siglos. Pascal demostraba la existencia de Dios con ayuda del cálculo de probabilidades. Newton describió las leyes de la gravedad y creía en el Apocalipsis. Desde que Marconi instaló la telefonía sin hilos en la residencia del papa, el representante de Cristo difunde por medio de la radio la bendición mística. En tiempos normales estas contradicciones no salen del estado latente. Pero durante las catástrofes adquieren una fuerza explosiva. Cuando se trata de una amenaza a los intereses materiales, las clases ilustradas ponen en movimiento todos los prejuicios y extravíos que la Humanidad arrastra en pos de sí».



En el Congreso celebrado por la I Internacional en La Haya, Carlos Marx comentaba jocosamente la especie que culpaba a la organización obrera del gran incendio de Chicago, extrañándose no atribuyeran a su demoníaca intervención el ciclón que por aquel tiempo devastó las Antillas. Apenas hace unos meses, el agente soviético Mijail Koltzov, tan mal escritor como pésimo periodista, descubría en un sensacional articulo publicado en la Pravda las pruebas inequívocas de la culpabilidad de los hombres del POUM: éstos eran los responsables de diversos descarrilamientos de trenes, de los desbordamientos de los ríos y puede que hasta de los cambios de luna. Como se ve, el arte del gran embuste y de la calumnia no ha progresado mucho.

2. CÓMO SE PREPARÓ LA REPRESIÓN CONTRA NUESTRO PARTIDO



«El POUM debe ser eliminado de la vida política del país»
(José Díaz, en el Pleno del Comité central del Partido Comunista celebrado en mayo de 1937)



Para explicarse no pocas cosas y conocer suficientemente ciertas actitudes, no estará de más subrayar esto: desde la proclamación de la República hasta después del movimiento insurreccional de octubre de 1934, toda la política del llamado Partido Comunista se reduce a una detonante y estrepitosa campaña extremista. La «línea» imponía un común denominador, según el cual todas las demás fracciones del movimiento obrero eran meros servidores de la burguesía y, por tanto, agentes directos o indirectos del fascismo: los socialistas, los anarquistas, los de la UGT, los de la CNT, los grupos comunistas de oposición cual la Izquierda Comunista y el Bloque Obrero y Campesino, fusionados actualmente formando el POUM. Los hechos están demasiado cerca aún para que necesiten ser recordados; a la interpretación política se substituía el esquema que todo lo reducía a fascismo: social-fascismo, anarco-fascismo, trotsqui-fascismo... Después del movimiento de octubre, mejor dicho, después de la celebración del VII Congreso de la Internacional Comunista, Moscú ordena cambiar de política y los epígonos de por acá obedecen cristianamente. El estalinismo da un brusco viraje de 180 grados y donde ayer era negro hoy es blanco, y viceversa. Desde entonces no hay mejor defensor de la democracia burguesa que el Partido Comunista y el resto de las organizaciones obreras sigue siendo combatido a sangre y fuego, ahora por no apoyar suficientemente a la burguesía republicana.



Repasar en el presente toda la prensa del estalinismo correspondiente al período señalado, es sumergirse en un verdadero lodazal de monstruosas aberraciones políticas, de campañas escandalosas y sin sentido, de mentiras, de calumnias y de injurias. Cuesta trabajo poner la vista sobre esta literatura de apaches, carente de todo sentido de responsabilidad. De la difamación, el estalinismo hizo un arma política; de la mentira, una escuela; de la calumnia, uno de sus argumentos. No hay nadie –¡nadie!- que se haya escapado: ni personas ni organizaciones. ¿A quién no le saltó alguna salpicadura de la sucia política estalinista? Burgueses y proletarios, demócratas y revolucionarios, liberales y librepensadores, todos ellos fueron en un tiempo determinado blanco de los envenenados dardos que a diestro y siniestro arrojaba el Partido Comunista. Podríamos reproducir artículos, sueltos y caricaturas que harían sonrojar a sus autores, en el supuesto de que esos autores tuvieran el divino don de sonrojarse. Pero preferimos dejarlos en el olvido a tener que mancharnos las manos. Recordemos solo un hecho: los tristes acontecimientos de Casas Viejas fueron aprovechados por el estalinismo, no para reforzar su propaganda revolucionaria, sino para unir torpemente su voz al coro de la reacción monárquica. Durante algún tiempo coincidieron perfectamente El Debate y ABC con Mundo Obrero. Y si no coincidieron con los fascistas en huelgas y movimientos -en Alemania si coincidieron: recuérdese el plebiscito para la disolución de la Dieta prusiana y la huelga de transportes en Berlín, donde hitlerianos y estalinistas se dieron el brazo para dar la puñalada a la socialdemocracia- fue porque en nuestro país el fascismo no tenía base obrera.


El movimiento unitario iniciado en España después de las elecciones generales de noviembre de 1933, tuvo un exponente: las Alianzas Obreras. Pues bien, desde el primer momento el Partido Comunista se situó frente a ellas. Si más tarde entró en las mismas fue para hacer todo lo posible e imposible al objeto de liquidarlas. Y lo logró. Allí donde el estalinismo no desempeña un papel de total hegemonía y de absoluta dirección, es siempre contrario seguro. Por eso estaba contra las Alianzas Obreras. De todas formas, el Frente Popular creado con vistas a las elecciones de febrero de 1936, se formó sin que el Partido Comunista pasara de ser un componente más. Del mismo formó parte nuestro Partido con carácter provisional y sentido condicionado; no se les ocurrió entonces a los estalinistas denunciar nuestro papel «contrarrevolucionario». Se limitaron a escuchar con rabia y en silencio los discursos parlamentarios de nuestro camarada Maurín, mientras aplaudían jubilosos las oraciones de cualquier demócrata del momento. Y sin embargo, es Maurín quien pone al descubierto los planes de la reacción, el que acusa a los republicanos de su indecisión, el que sienta la necesidad absoluta de aplastar al fascismo antes de que sea demasiado tarde. En pleno idilio democrático no se escuchaba nada, ni siquiera las voces del adversario cada vez más audaces. La Unión Militar Española se organiza, conspira y prepara la sublevación. Algunas de sus circulares son conocidas. En una de ellas se habla del exterminio de las organizaciones siguientes: Unión Republicana, Izquierda Republicana, Esquerra Catalana, Partido Socialista, Unión General de Trabajadores, Partido Sindicalista, POUM, Confederación Nacional del Trabajo y Federación Anarquista Ibérica. Se mencionan también estos nombres: Martínez Barrio, Azaña, Companys, Largo Caballero, Andrés Nin, Maurín, Pestaña y Galán. No está incluido en la lista negra el Partido Comunista, ni ninguno de sus dirigentes aparte de Galán. Seria olvido o lo que se quiera, pero así es. La terrible indecisión de los republicanos, con la manifiesta complicidad del estalinismo, posibilita la sublevación militar del 18 de julio. En aquel 19 de julio los hombres del POUM están los primeros en la lucha, en primera fila. Hombro a hombro con los combatientes de otras organizaciones participan en el asalto del Cuartel de la Montaña en Madrid, en el de Atarazanas en Barcelona; la primera víctima antifascista en la ciudad barcelonesa es Germinal Vidal, secretario de nuestra Juventud Comunista Ibérica. Cae con el arma en la mano en la plaza de la Universidad. Otros muchos lugares quedan regados con la sangre de nuestros mejores militantes. En todos los pueblos de Cataluña, en las capitales de comarca, los del POUM dan el ejemplo; también en Madrid, en Levante, en el Norte... En Galicia y en Extremadura nuestros camaradas mueren a centenares, oponiendo dura resistencia a la bestia fascista. Pronto se organizan las milicias del Partido y sus columnas parten hacia Huesca, hacia Teruel, hacia todos los lugares donde se precisa un combatiente. Nos emociona la epopeya de nuestros camaradas de Madrid en Sigüenza: allí, entre las ruinas de la catedral, perecen ochenta militantes del POUM. Mueren muchos más en la Moncloa, en Somosierra, en la Casa del Campo. En la heroica defensa de Madrid nuestro Partido tiene una participación notable. Creemos recordar que fue el diario Informaciones el que un día comentó elogiosamente el hecho de que en aquel triste 1 de noviembre de 1936 fueron los dirigentes de nuestra sección de Madrid de los pocos que no abandonaron la capital de la República. Pudiéramos ir subrayando hechos y más hechos. Ínterin, muchos de los antifascistas notorios en la hora actual esperaban agazapados poder pasar desapercibidos en aquel remolino revolucionario que algunas cabezas absorbió. El PSUC nada decía porque nada era ni nada representaba. El Partido Comunista aguardaba angustiado tiempos mejores; no era entonces momento oportuno para calumniar a ninguna fracción proletaria.



A partir del 19 de julio el estalinismo colabora a nuestro lado en multitud de organismos oficiales u oficiosos. No pone el menor reparo, ni lo podía poner, porque nadie le haría caso. Su prensa pone también sordina a sus aviesas intenciones. Había que aguardar tiempos mejores; tal era su lema. Y los tiempos mejores fueron llegando. Comenzaron con la preponderancia que fueron adquiriendo merced a un hecho que merece ser anotado por su importancia: la ayuda de la Unión Soviética a España. Durante tres largos meses, que pudieron ser decisivos, la URSS se inhibió de nuestra guerra civil. Causas de índole internacional, que ya han sido suficientemente explicadas, empujaron a la Unión Soviética a prestarnos una ayuda que habría de resultarnos más que cara. En efecto, especulando groseramente con la ayuda rusa, el estalinismo fue apoderándose de todos los resortes del Estado, de la policía, de la burocracia, de los mandos del ejército. Coincide este hecho con otro acontecimiento igualmente destacado: el monstruoso proceso de Moscú y el fusilamiento de dieciséis viejos bolcheviques, entre ellos Zinoviev y Kamenev. Para la prensa soviética la señal está dada: la ocasión se aprovecha para comenzar la campaña contra el POUM.



Pero la campaña que contra nosotros inicia internacionalmente la prensa estalinista, aún no comienza en España. No estaba el fruto lo suficientemente maduro y bien se sabía que la clase trabajadora española no comulgaba con ruedas de molino. Lo sabia bien el Partido Comunista y su segundo el PSUC, los cuales todavía no se sentían con suficientes fuerzas para comenzar. Durante uno, dos, tres y más meses el estalinismo sigue colaborando a nuestro lado, mientras su prensa del extranjero nos denigra e injuria. No dimos al hecho la importancia debida y, si bien esto moralmente puede honrarnos, políticamente resultó un error. En los medios revolucionarios, auténticamente revolucionarios, existe una gran propensión a no hacer caso de las llamadas miserias humanas, como si estas miserias no fueran un fruto humano y jugaran su papel en el desarrollo de los acontecimientos. Mas insistamos en lo apuntado: durante ese periodo el estalinismo hispano cierra la boca y contra nosotros no dice ni pío. ¡Bien habría de gritar el condenado más tarde!



Como siempre ocurre, la nota habría de darla el más despreciable de todos: hemos nombrado al PSUC. El PSUC plantea la crisis de la Generalidad en el mes de diciembre de 1936 con un solo objetivo: lograr nuestra eliminación del gobierno. La maniobra se vio bien clara desde el primer momento y, por si fuera poco, nosotros nos encargamos de denunciarla. Trabajo costó a los beduinos del PSUC y al director de orquesta que era el consulado soviético obtener sus fines. Pero lo lograron. Los medios de que se sirvieron y los procedimientos puestos en práctica aún no son muy conocidos. De todas formas es lo mismo. Señalemos el lamentable papel jugado por los representantes de la CNT. Cuesta trabajo comprender cómo se les pudo hacer pasar por el tubo; desde luego, su miopía política y su candidez tradicional tuvieron su parte. Para la CNT todo aquello, que representaba el porvenir mismo de la revolución, no porque la revolución hubiera de triunfar y consolidarse a través del gobierno de la Generalidad, sino por lo que la crisis significaba, no eran más que disputas de grupos que no tenían sentido alguno. Y dándonos caballerosamente el pésame colaboraron en aquella maniobra que es el punto de arranque de la campaña que posteriormente se llevó a cabo contra el POUM. También los anarquistas -¡ay!- querían estar por encima de las miserias humanas, de esas mismas miserias que amenazan hundirnos definitivamente a todos.


La maniobra de Cataluña fue combinada con otra asentada en Madrid. El traslado del gobierno a Valencia dio como resultado la creación en la capital de la República de una Junta de Defensa. Por causas que no viene al caso explicar nació bajo el signo estalinista y también con la exclusión de la misma de nuestro Partido. No se quiso tener en cuenta la gran labor y el gran esfuerzo realizados por nuestra sección madrileña. Pero no era esto lo peor. Aprovechando su influencia en esa Junta de Defensa, el Partido Comunista extendió su omnímodo poder a la policía, a los mandos del ejército, a la nueva burocracia nacida al calor de las necesidades nuevas. Hace algunos meses, los diarios confederales de la capital denunciaban las andanzas de la Nelken por cuarteles y cuartelillos, ofreciendo prebendas y ascensos a la par que el carnet de su partido. Todo esto lo sabe muy bien la Confederación regional del Centro, que hubo de luchar con dificultades mil para poder mantenerse firme en medio de tantos nuevos intereses creados. Y también los obreros y campesinos que vieron surgir ante sí al nuevo cacique, mejor dicho, al antiguo cacique; amparado ahora por el carnet político del que se llamó «vanguardia de hierro de la revolución». Pues bien, de la Junta de Defensa hicieron los estalinistas una ciudadela, de la cual dispararon contra el movimiento revolucionario en general y contra nuestra organización en particular. Para la Delegación de Orden público buscaron y encontraron un hombre de paja o de mala hierba, el Cazorla, que meses después fue obligado a dimitir por las monstruosidades cometidas en el desempeño de su cargo. El Cazorla persiguió sañudamente a nuestros militantes, les acorraló y les encarceló; con manifiesta ilegalidad se incautó de nuestra emisora de radio, de nuestra prensa, de nuestros locales. De hecho, el POUM fue puesto en Madrid fuera de la ley, aunque no hubo sentencia judicial alguna. Todo esto pudo conseguirse con cierta facilidad por ser nuestra sección madrileña un tanto joven, aprovechándose además hábilmente del ambiente creado por la guerra, que en Madrid se vivía tan de cerca.


En Cataluña no resultaba posible hacer lo mismo con idéntica facilidad. Nuestro Partido tenía, tiene y seguirá teniendo hondas raíces en la clase trabajadora catalana. Un golpe policiaco no era bastante. Hacía falta preparar sicológicamente el ambiente y se preparó. De ello se encargaron todos los aventureros del periodismo, los que un día ponen una vela a Cristo y otra al diablo, los que nadan a sus anchas en las aguas turbias del estalinismo. Existen muchos Peruchos en este pícaro mundo. Treball, Las Noticias, La Rambla y algún otro diario lanzaban día tras día, con perseverancia aldeana, calumnias y falsedades contra el POUM. Apuntaron primero contra los Comités, luego contra las Patrullas de Control; del ataque contra los órganos de la revolución se pasó a la lucha contra las organizaciones revolucionarias. La nuestra fue el blanco principal. Así cumplían el mandato que se les habla dado. Llegó un momento en que la intensidad de la campaña alcanzó un limite insospechado. Subrayemos la serenidad de nuestros militantes ante las provocaciones de un Comorera, ese rico tipo de gitano de la baja política. Después de haber agotado todos los recursos, el estalinismo y su hermano siamés el psuquismo pasaron de la simple calumnia a la incitación al atentado personal. «¡Cuánta vileza hace falta para confundir la lucha razonada e inteligente con la difusión de calumnias!» La frase es de Lenin y bien vale la pena de repetirse, no porque sea de Lenin, sino porque es justa. Ante esa campaña nuestro Comité ejecutivo lanzó la propuesta siguiente: formación de una Comisión de encuesta internacional que se pronuncie respecto a las acusaciones de que el POUM es objeto. Así, cara al proletariado internacional, quería nuestro partido que fuera juzgada toda su política y toda su actuación revolucionaria. Pero no era esto lo que convenía a la pandilla de calumniadores.



La maniobra primera quedó desbaratada. No hay organismo, institución, corporación municipal que no se pronuncie a favor de nuestros hombres. Todos los Ayuntamientos de Cataluña se solidarizan con los representantes del POUM, en algunos de ellos con los votos incluso de los miembros del PSUC. En el mes de marzo, nuestra sección de Lérida plantea ante el Tribunal popular el hecho de que nuestro Partido es acusado de fascista. Ante ese Tribunal se presentan nuestros camaradas y el organismo judicial se inhibe aduciendo que se trata de un pleito político que no es de su incumbencia, es decir, que implícitamente reconoce que el POUM no es ni mucho menos fascista. Pero no amilana esto a los calumniadores. La prensa estalinista sigue lanzando bulos y publicando folletines sin par en la historia del periodismo español. Un buen día nos hablan de una reunión celebrada en Friburgo por hombres del POUM y de la Gestapo alemana. Sin embargo, Friburgo es ciudad por completo desconocida para todos los camaradas del POUM; ninguno de nuestros militantes estuvo jamás allí. Que así era resultaba bien fácil de comprobar, pero no era esto lo que les interesaba. Lo que les interesaba era que la campaña fuera prendiendo poco a poco en las mentes de las gentes impresionables y en las cabezas o calabazas de los burócratas que sabiéndolo falso llegaban a creer que fuese verdad. Los diarios psuquistas Treball y Las Noticias fueron llevados a los Tribunales por nosotros para que respondieran de sus acusaciones.



Vinieron los hechos de mayo. El curso de los acontecimientos mismos, la lucha implacable que desde las esferas gubernamentales se llevaba a cabo contra las conquistas revolucionarias, la natural reacción que en un momento dado había de producirse en las masas trabajadoras, todo esto hacía inevitable el estallido. Sobre todo, en las semanas anteriores a mayo se agudizó la situación, viviéndose en un ambiente sumamente enrarecido. Bien se vio que la campaña contra el POUM no era más que una parte de la campaña contra el espíritu vivo del 19 de julio, contra el movimiento revolucionario y contra la revolución. No hubo institución, organismo cualquiera de los Comités surgidos al calor y en los primeros días de la revolución que no sufriera los ataques del estalinismo, la fuerza de choque de la contrarrevolución burguesa-democrática. Contra las Patrullas de Control se desató una campaña de insultos y calumnias, después que la UGT y el PSUC se hubieran retirado de las mismas. (Esta guardia obrera, la máxima garantía del proletariado, fue más tarde disuelta y sus componentes perseguidos y  encarcelados. Luego se comenzó a explotar por la prensa estalinista una consigna que era toda una maniobra política: las armas, todas las armas, al frente. Pero al mismo tiempo, el PSUC se armaba y retiraba armas del frente, realizó una substracción de doce tanques de guerra y empujaba al gobierno de Valencia a que llenara la retaguardia catalana de guardias de asalto, de carabineros y de guardias civiles. Resumiendo: lo que sobraban eran las armas de los trabajadores. Poco a poco las fuerzas armadas de las antiguas instituciones gubernamentales se fueron apoderando por la violencia de diversos pueblos de Cataluña. Un día es Figueras, el otro Puigcerdá, luego Molins de Rey... El plan estaba claro: se quería cercar a Barcelona, encerrarla en un cinturón de fuerzas represivas dispuestas a dar el golpe sobre la capital en el momento oportuno. Los asesinatos de obreros revolucionarios se suceden; las comarcas comienzan a vivir una época de terror. Un dirigente de la UGT catalana, Roldán Cortada, cae muerto sin que nadie sepa quién es el autor. Su entierro es convertido por el PSUC en una verdadera manifestación en la cual se alza el puño contra el movimiento revolucionario. El éxito de la misma parece decidir a los autores del plan contrarrevolucionario. La señal parece dada. El asalto a la Telefónica es la gran provocación que había de producir la chispa.



Sirviéndose de una parte de la fuerza pública, los Ayguadé y Rodríguez Salas, agentes directos de los provocadores estalinistas, intentan dar un golpe de mano y apoderarse de la Central telefónica, que estaba bajo el control de los trabajadores del ramo. Se trataba de algo más que de una simple incautación. La Telefónica era la piedra de toque y el elemento de prueba. El plan elaborado en París o en Bruselas por los Comorera, Dencás y demás pescadores de río revuelto era infinitamente más vasto. Pero desde el primer momento tropezaron con la unánime oposición de todos los obreros. La clase trabajadora se lanzó a la calle dispuesta a defender con las armas en la mano sus conquistas revolucionarias. Pudo haber llevado el movimiento hacia adelante y llegar hasta la misma Generalidad. Pero no lo hizo; no lo hizo por causas diversas, una de ellas porque el movimiento nació con signo defensivo. No se trataba, como luego se quiso propagar, de una lucha fraticida entre hermanos, entre los obreros de la UGT y los de la CNT. Esto es totalmente falso. Muchos obreros de la UGT estuvieron en las barricadas de mayo aliado de los demás trabajadores. La única fuerza que se opuso a éstos fue la compuesta por los diversos cuerpos de Orden público y Seguridad: asalto, guardia civil, mozos de escuadra, y entre ellos algún que otro mozuelo de Estat Catalá, que se movían por móviles verdaderamente inconfesables. No se vio por parte alguna a los 60.000 militantes del PSUC. La huelga fue unánimemente sostenida y a ninguna organización se le ocurrió romperla. Y subrayemos igualmente este otro hecho: en los primeros días del movimiento, cuando todavía aún no se sabía cuál habría de ser el final, los discursos por radio de los hombres del PSUC resultaban en extremo prudentes. Fue después, cuando la situación se aclaró, que valientemente reanudaron su lenguaje insultante y provocador.



El POUM interviene en los hechos de mayo como tenía que intervenir, como correspondía a su condición de partido revolucionario. Desde el primer momento intentó dar al movimiento unos objetivos determinados y concretos. Pero no llegó a tener la dirección efectiva del mismo. En realidad dirección no hubo, ya que las más de las veces se obró con la misma espontaneidad que se había comenzado. Es interesante establecer bien cuál ha sido la participación efectiva del POUM en las jornadas de mayo, puesto que posteriormente se ha intentado y se intenta encontrar en las mismas nuestro mayor delito. Todos los documentos y resoluciones de la época determinan nuestra posición: apoyo absoluto e incondicional a los trabajadores en armas. Este apoyo está suficientemente justificado por nuestra propia trayectoria política. Lo está al igual que lo estuvo el del partido bolchevique durante los hechos de abril y las jornadas de julio de 1917 en Petrogrado. Explicando este movimiento, escribía Lenin: «¿Tan difícil es comprender que ningún bolchevique del mundo sería capaz de provocar un movimiento popular si no concurrieran causas económicas y políticas profundas, que se encargan de poner en acción al proletariado?» En el mismo sentido podríamos nosotros responder a los que intentan acusarnos de ser los que provocaron los hechos de mayo en toda Cataluña. Por otra parte, no solo en nuestra literatura, sino también -esto es lo más interesante- en multitud de artículos y folletos editados por otras fracciones obreras queda suficientemente aclarado todo. La CNT y su Comité nacional han dado a la luz varias resoluciones y algunos estudios de carácter oficial, en todos los cuales la verdad se pone una vez más al descubierto. La participación del POUM queda aclarada en sus justos términos. Sin embargo, la prensa estalinista aprovechó ese movimiento para intensificar su campaña de calumnias contra nosotros. Se llegó a escribir -cuesta trabajo leer tales mentecateces- que las jornadas de mayo fueron producidas por los agentes de la Gestapo alemana, los elementos de la llamada quinta columna y los hombres del POUM. Lo decía a voz en grito, uno y otro día, el estalinismo, que intentaba y logró aprovechar dicho acontecimiento en beneficio de su política.



Las jornadas de mayo tienen, políticamente, una importancia fundamental. El equilibrio del antifascismo gubernamental y del Frente Popular -dos cosas y una sola verdadera- queda roto por completo. Igualmente desde mayo ya no existe el menor equívoco sobre la verdadera naturaleza de la política contrarrevolucionaria del bloque republicano-estalinista. Dichas jornadas parten en dos mitades, quiérase o no se quiera, el llamado Frente antifascista: a un lado los que tratan de liquidar por completo nuestra revolución, de borrar las hondas huellas del 19 de julio; al otro, los trabajadores revolucionarios y las organizaciones obreras que saben el peligro que nos amenaza y que estiman que aún es tiempo de reconquistar lo perdido. Pero lo más fundamental es eso: los grupos más avanzados, más conscientes, llegan a la conclusión de que ya no hay salida posible mediante las simples fórmulas o combinaciones gubernamentales, de que el problema es más hondo y terrible, y de que la clase trabajadora solo podrá reconquistar su hegemonía mediante un golpe de fuerza, mediante la violencia. De las jornadas de mayo la clase trabajadora sale debilitada y no lo sale. Cierto que todo movimiento que no se lleva hasta sus últimas consecuencias resulta las más de las veces de consecuencias funestas. Pero en mayo fue tal la exhibición de fuerzas que la clase obrera realizó, resultó tan claro su espíritu de lucha y quedaron tan patentizadas las grandes posibilidades que aún tenía por delante, que a pesar de haber terminado el movimiento como terminó, pudo haber sido un triunfo resonante para los trabajadores si las organizaciones mayoritarias de la clase trabajadora -la CNT y la UGT- hubieran querido; pero éstas prefirieron gastar el tiempo justificando su inhibición y dejar así que se recobraran los partidos que formaban el frente del bloque republicano- estalinista. Hay una muestra evidente del miedo sufrido por estos partidos: sus tendencias conciliadoras durante el movimiento y la tregua que se impusieron después del mismo. Es evidente que el estalinismo tenía preparado todo el plan y que los hechos que comentamos habrían de servirle para dar su golpe definitivo sobre las organizaciones revolucionarias, principalmente contra nosotros. Sin embargo, no se atrevió a darlo inmediatamente después de finalizados los acontecimientos de mayo. Lo lógico es que se aprovechara de la entrada en Barcelona de los diez mil jaramas para dar la puntilla al movimiento revolucionario e iniciar la represión contra el POUM. ¿Por qué no se hizo así? Ya queda dicho: porque la clase trabajadora había mostrado cuáles eran sus intenciones, había enseñado bien claramente sus dientes y sus uñas dispuesta a todo. Durante más de un mes -del 7 de mayo al 16 de junio- tal parecía como si las aguas que se habían desbordado hubiesen vuelto de nuevo a su cauce tranquilo. Solo las campañas alborotadoras y chirriantes de la prensa estalinista eran un signo de que aún no se había realizado la última jugada. En efecto, el 16 de junio habría de ser la comprobación terrible de lo que apuntamos. Existió en la represión llevada a cabo contra nosotros una causa política de gran importancia, que no hemos visto señalada en lugar alguno. Es ésta: se necesitaba nuestra eliminación en tanto que organización para impedir la formación de un Frente obrero revolucionario y para fortalecer de rechazo el Frente Popular. Porque no solo el Frente Popular y el bloque antifascista salieron fuertemente quebrantados de las jornadas de mayo, sino que éstas señalaron inequívocamente cual era el nuevo camino. Es decir, que después de mayo era y resultaba inevitable la formación del Frente Obrero Revolucionario, el reagrupamiento sobre una base común de todas las fuerzas fieles a la revolución socialista. Esto era lo que el estalinismo necesitaba evitar; por eso dio el golpe de mano del 16 de junio. La represión efectuada contra el POUM encogió a las demás organizaciones obreras, de tal manera que el gobierno Negrín pudo sostenerse casi en el aire. Más tarde la pérdida de Bilbao fue aprovechada muy hábilmente para desviar la atención de los trabajadores de lo que se había hecho con nosotros y para obligar a la CNT y a la UGT a prestar directa o indirectamente un apoyo incondicional al gobierno.



La gran fuerza de los hechos de mayo no fue aprovechada por quien debía y tenía la obligación de hacerlo. Ya hemos señalado el interés que hubo en aparecer como chicos buenos ajenos a los actos callejeros. Y lo que otros no hicieron lo hizo el estalinismo. Este maniobró bien y con suerte indudable, logrando ganar terreno de forma sensible. La crisis del gobierno de Valencia, provocada por el Partido Comunista para lograr la eliminación de la CNT y de Largo Caballero, les vale un buen tanto. Un fiscal a sus órdenes suspende a últimos de mayo nuestro órgano central La Batalla, por causa bien singular: «La publicación en el número correspondiente al 1 de mayo de un manifiesto del Comité ejecutivo del POUM, manifiesto que se considera delictivo». Se van preparando poco a poco las condiciones precisas para dar el golpe final. Al fin llega el día tan soñado y preparado por el estalinismo: el 16 de junio se desencadena la represión más violenta que recuerda el movimiento obrero de nuestro país.
3. EL GOLPE ESTALINISTA DEL 16 DE JUNIO CONTRA EL POUM



«Y no callaremos hasta ver eliminados de la vida política a las bandas del POUM y exterminados sus dirigentes».
(Del diario estalinista Ahora).

El miércoles día 16 de junio, al mediodía, es detenido el camarada Andrés Nin, cuando se encontraba en la secretaría general del POUM, en Barcelona. La detención la efectuaron miembros de una policía especial del estalinismo, como más tarde se pudo poner en claro; llevaban una orden firmada por el Jefe superior de Policía, teniente coronel Burillo. En la noche del mismo día el camarada Nin fue sacado de la Jefatura con dirección desconocida. Pocas horas más tarde de la detención de Andrés Nin se hace lo propio con otros muchos militantes del partido, entre ellos los miembros del Comité ejecutivo Juan Andrade, Julián G. Gorkin, Jordi Arquer y Pedro Bonet. La policía realiza un registro en el diario La Batalla y se lleva consigo al redactor-jefe José Escuder. Días después se detiene a José Rovira, jefe de la 29 División, aprovechándose de una orden de presentación ante el general jefe del Ejército del Este. En estos días los presos del POUM suman centenares. Nuestros camaradas se ven perseguidos, acorralados, incluso los milicianos que estaban en el frente y habían venido a Barcelona con permiso. Jamás la historia del movimiento obrero español conoció hecho semejante.



Los agentes estalinistas asaltan brutalmente las diversas dependencias del Socorro Rojo, los locales del partido, sus sanatorios, sus bibliotecas, el Instituto Maurín. Los domicilios particulares sufren igual procedimiento; se destroza, se roba, se llevan hasta los objetos más insignificantes de uso particular. No se trata de registros en regla, con el correspondiente mandamiento judicial. No; es una banda de ladronzuelos que no busca el hecho delictivo, sino el objeto de provecho. Nunca se vio tal cosa. Los insultos y las amenazas acompañan su labor. No se detienen ante nada ni ante nadie. Se violan cajones, se rompen y destrozan muebles, desaparecen entre sus manos objetos y valores. Así en todos los locales del partido, en el edificio del diario La Batalla, en varios domicilios particulares. No se detenía a tal o cual persona mediante mandato previo, sino que se procedía a la caza despiadada de todo militante o simpatizante del Partido Obrero de Unificación Marxista por el simple hecho de serlo. También por el simple hecho de serlo se detuvo e incomunicó a las compañeras de Andrade y Julián Gorkin. El Hotel Falcón, habilitado por nuestro partido para los milicianos con permiso, es igualmente asaltado y detenidos sus ocupantes. De todos los locales asaltados por la policía, ninguno fue sellado como habitualmente se hacía. Por el contrario, la mayor parte de ellos fueron habilitados inmediatamente, de manera extraoficial, como oficinas policiacas donde se interrogaba y coaccionaba a los militantes que se iban presentando ignorando lo que sucedía. Muchos de estos interrogatorios fueron hechos por personas completamente ajenas a los organismos oficiales correspondientes, siendo algunas de ellas extranjeras. Eran los «chekistas» soviéticos en acción.



Los camaradas Juan Andrade, Pedro Bonet, José Escuder, Julián G. Gorkin y David Rey -seudónimo por el cual es conocido en el movimiento obrero Daniel Rebull-, sobre los cuales pesa todo el proceso que se ha intentado montar contra los dirigentes del POUM, fueron detenidos el día 16 y encerrados en los locales de la Jefatura superior de Policía. Allí permanecieron hasta el 18, a las seis de la mañana. A esa hora fueron sacados de los calabozos los cuatro primeros. En el patio, en presencia de gran número de guardias y de agentes, nuestros camaradas fueron esposados. A la puerta del edificio aguardaban cinco coches. Se hizo subir a cada uno de nuestros camaradas en uno de ellos. Con cada detenido montaron en los coches cuatro agentes. En el quinto vehículo subieron cuatro personajes probablemente policías y, desde luego, extranjeros. Nuestros compañeros no tienen la menor duda sobre este extremo. En total, a los cuatro detenidos acompañan veinte agentes. La comitiva se puso inmediatamente en marcha. Sin detenerse ni para desayunar ni comer, y siempre esposados, llegaron los detenidos a las cuatro de la tarde a la Dirección General de Seguridad, en Valencia. Cada uno de nuestros compañeros fue encerrado, rigurosamente incomunicado, en un calabozo: Gorkin y Andrade en dos del piso alto, Bonet y Escuder en dos de la planta baja. En el calabozo de Bonet, en un momento en que eran numerosos los detenidos en calidad de incomunicados, metieron a un teniente coronel de la Guardia civil, fascista. Bonet protestó de que se le adjudicase tan desagradable compañía e inmediatamente fue atendida su reclamación. Nuestros amigos permanecieron cuatro días en la Dirección de Seguridad, sin ser interrogados ni fichados. El día 22, a primeras horas de la tarde fueron trasladados, en unión de nuestros camaradas de la sección de Valencia detenidos dos días antes, a la Cárcel modelo. En la cárcel ingresaron todos sin orden de incomunicación. Fue acaso un olvido...



El día 23, a las tres de la tarde, se recibió en la cárcel la orden de poner en libertad a Escuder, Bonet, Andrade y Gorkin. Esta libertad inesperada llenó de asombro tanto a los que iban a ser liberados como a los restantes militantes del POUM también detenidos. Nuestros compañeros quisieron cerciorarse de que, efectivamente, se trataba de una orden de libertad. El personal de la prisión lo confirmó. Cuando nuestros cuatro compañeros salieron a la calle se encontraron con unos agentes de policía, que los hicieron montar en dos coches. Los vehículos partieron rápidamente camino de Madrid.



Entre tanto, nuestros camaradas de Valencia hacían gestiones para averiguar el paradero de los cuatro liberados. Por fin, un empleado de la prisión informó a nuestros amigos que los detenidos habían sido conducidos a Madrid. (Subrayemos la gravedad del hecho. ¿Qué es lo que se trataba de hacer con nuestros camaradas? La interrogante se impone cuando se observa el interés que ha puesto la policía en que no quedase en sitio alguno huellas del paso de nuestros compañeros. El único centro oficial donde consta que han estado detenidos era la prisión celular de Valencia. Para borrar esta huella, la policía sacó de la cárcel a los detenidos simulando que habían sido puestos en libertad. ¿Por qué no comunicar a la dirección de la cárcel que entregase los detenidos, a disposición de la Dirección general de Seguridad, a la policía, portadora de la orden de su traslado a Madrid? ¿Qué interés había en ello? ¿No es más que sospechoso? ¿Qué se fraguaba contra nuestros camaradas? ¿Se pensaba fugarlos, cómo se ha hecho con Nin? ¿Se pensaba hacerlos desaparecer, sin que quedase rastro de ellos?) En efecto, llegaron los detenidos a Madrid el día 24, a las dos de la madrugada. Directamente fueron conducidos a las oficinas de la Brigada especial, sitas en el Paseo de la Castellana. Allí fueron encerrados en los sótanos, rigurosamente incomunicados. No se les hizo ficha, ni se les tomó filiación alguna. La policía seguía sin dejar huella del paso de los detenidos por los centros oficiales. Oficialmente, nuestros camaradas detenidos seguían sin existir. En los sótanos de la Brigada especial permanecieron nuestros camaradas cuatro días. El día 28, a las ocho de la noche, fueron conducidos a una dependencia policiaca conocida en Madrid por la Checa de Atocha. A cada uno de los detenidos se le encerró, rigurosamente incomunicado con el exterior, en un calabozo en unión de un fascista, excepto Bonet, a quien se le puso en compañía de un confidente de la policía. Nuestros camaradas protestaron insistentemente contra esta vejación y, al fin, al cabo de cuatro días, consiguieron se les diese satisfacción. Se encerró a Bonet y a Gorkin en una celda y a Escuder y a Andrade en otra, siempre incomunicados con el exterior. Así permanecieron hasta el día 20 de julio, día en que, por la tarde, fueron trasladados a la Prisión de San Antón.



También nuestro camarada David Rey fue trasladado de Barcelona a Madrid, en unión de los compañeros Francisco Gómez, Dositeo Iglesias y José Rodríguez Arroyo, estos tres militantes de la sección madrileña, pero detenidos en Barcelona, donde se hallaban para asistir al Congreso del partido anunciado para el 18 de junio. Fueron conducidos en automóvil directamente a Madrid, donde ingresaron en los calabozos de la llamada «Checa de Atocha». David Rey fue incomunicado y siguió la misma suerte que los camaradas Bonet, Andrade, Gorkin y Escuder. En cambio, los tres camaradas de la sección madrileña no fueron incomunicados.



El día 13 de julio, casi al mes de efectuada la detención de los compañeros Andrade, Bonet, Gorkin y Escuder, fueron interrogados por vez primera por un agente de policía, miembro del Partido Comunista, joven de unos 23 o 25 años, comunista de la última hornada, tan sectario como puede serlo un estalinista de nuestros días e ignorando todo lo referente a la doctrina e historia del movimiento comunista. El interrogatorio fue originalísimo. He aquí las principales preguntas que formuló a nuestros camaradas: «¿Consideran ustedes mejor camarada a Trotski que a Stalin?», «¿Solo consideran obreros revolucionarios a los del POUM y a los de la FAI?», «¿Por qué consideran pequeño-burgueses a los del PSUC y a los del Partido Comunista?», «¿Están ustedes conformes con la política actual del Gobierno?», «¿Por qué no están de acuerdo con Stalin?», «¿Qué críticas tienen que hacer sobre la URSS, que es el país más democrático del mundo y el que tiene una ley electoral que concede las más amplias garantías?». A estas preguntas fuera de lugar se redujo todo el interrogatorio. Naturalmente, nuestros camaradas, después de hacerle observar que esas preguntas nada tenían que ver con la Ley de Enjuiciamiento criminal, respondieron cumplidamente al joven policía y neófito comunista.


La represión desencadenada contra el POUM en Cataluña y Levante se extendió igualmente a Madrid. El día 21 de junio fueron detenidos en la capital de la República y en los locales del partido los camaradas Víctor Berdejo, Francisco Clavel, José Lorenzo, Manuel Borrero, José Docal, Absalom Infante y Enrique Sanz. Algunos de ellos permanecieron incomunicados varios días. El 14 de julio fueron interrogados por el mismo agente que había tomado declaración a los camaradas citados anteriormente. Pero esta vez limitó sus preguntas a inquirir desde qué fecha pertenecían al POUM y si estaban sindicados. (Destaquemos por su importancia este otro hecho: a ninguno de nuestros camaradas detenidos se le habló para nada de la acusación de espionaje, ni en los interrogatorios se abordó esta cuestión.) A los pocos días, justamente el 19 del mismo mes, fueron puestos en libertad José Lorenzo, Manuel Borrero, José Docal, Absalom Infante y Enrique Sanz. Los policías les habían comunicado que serían liberados todos los detenidos en Madrid. No obstante, Francisco Clavel, José Rodríguez Arroyo, Dositeo Iglesias, Víctor Berdejo y Francisco Gómez continuaron y continúan detenidos, puestos a disposición del Tribunal especial encargado de juzgar los delitos de espionaje, en unión de los camaradas Juan Andrade, Pedro Bonet, Julián Gorkin, David Rey y José Escuder.



El día 31 de julio, a las doce de la noche, salieron para Valencia diez camaradas del POUM, puestos a disposición del Tribunal especial de Espionaje. Las autoridades habían adoptado grandes precauciones con este motivo. La emoción que en el movimiento obrero internacional ha provocado la desaparición de Andrés Nin y la repulsa que ha producido en todos los trabajadores y antifascistas de nuestro país este hecho, indujeron sin duda al gobierno a adoptar las medidas de precaución necesarias para que no se pudiera repetir con nuestros diez camaradas lo ocurrido con el camarada Andrés Nin, secretario del POUM y ex consejero de la Generalidad. (Había más de un motivo para temer por la vida de nuestros camaradas. No se olvide que el traslado de Valencia a Madrid fue un verdadero secuestro; el deseo expreso de la policía estalinista de que no figurara en lugar alguno rastro del paso de los detenidos, es un signo y motivo alarmantes. Cuando después de varias e inmediatas gestiones se supo el sitio donde estaban encerrados en Madrid y se denunció públicamente, el estalinismo tuvo que parar el golpe que preparaba contra ellos. El traslado a Valencia podía ser aprovechado para atentar contra la vida de los diez camaradas, mediante la aplicación de la ley de fugas.) En el momento de salir los presos de la cárcel de San Antón se hallaba presente el Inspector general de Prisiones. Un capitán del Cuerpo de Asalto, persona de confianza del gobierno, dirigía la conducción. Abría marcha un coche ocupado por cinco agentes de la Brigada especial, precisamente los cinco que más se han distinguido en la represión contra el POUM y que la dirigieron en Barcelona los días 16 y siguientes de junio. seguía el coche celular con los diez detenidos y a continuación iba un coche de turismo ocupado por el capitán, un sargento y un cabo del Cuerpo de Asalto. Cerraba la marcha una camioneta con fuerzas también de Asalto. Cada vez que el convoy hacia alto, el capitán y las fuerzas de Asalto a sus órdenes descendían de sus vehículos y rodeaban el coche celular. Era bien visible que las fuerzas de Asalto habían recibido instrucciones severísimas para proteger la vida de nuestros camaradas. A su llegada a Valencia fueron  conducidos a la Dirección General de Seguridad, permaneciendo allí breves horas, pasadas las cuales fueron trasladados a la Cárcel Modelo, donde se encuentran en la galería llamada de antifascistas, por serlo la casi totalidad de sus ocupantes. Allí permanecen alojados cuatro en cada celda unipersonal.



La represión iniciada en Barcelona y extendida a Levante y Madrid tuvo también sus repercusiones en las distintas comarcas de Cataluña, al menos en algunas de ellas. Camaradas curtidos en la lucha revolucionaria, que habían dirigido el 19 de julio la lucha contra las fuerzas armadas del fascismo, que figuraban en puestos representativos y en Ayuntamientos, fueron encarcelados sin motivo alguno por ser militantes del POUM. No había delito alguno, ni se les acusaba de nada. Solo ser miembro de nuestro partido era motivo suficiente. Se les detenía en grupos, a docenas. Expediciones de jaramas mandados por policías estalinistas recorrían los distintos pueblos de las comarcas; los reaccionarios emboscados en el PSUC se encargaban de ir señalando con el dedo. Las cárceles de todos los sitios se llenaron con militantes del POUM; y sin embargo, la bestia no estaba ahíta. El diario Treball copiaba a la Lliga y lanzaba también públicamente su ¡Delateu! La delación fue una ocupación para estalinistas y psuquistas.



En la madrugada del 9 de julio fue asesinado por esta gente el militante del POUM José Navarro López. El camarada José Navarro había luchado el 19 de julio contra el fascismo en las calles de Barcelona. A los pocos días marchó hacia Aragón, formando parte de las primeras columnas. Fue herido en la conquista de Monte Aragón. Apenas curado de sus heridas marchó nuevamente al frente, siendo herido por segunda vez en la toma de Las Lomas de Arascués. Regresó luego a Barcelona, a cumplir con sus deberes de militante revolucionario. Los cobardes del PSUC emboscados en la retaguardia, lo asesinaron. Presentaba en el cuello un terrible tajo que le seccionó la yugular y ocho balazos en el vientre. Sus últimos alientos de vida fueron para balbucear el nombre de su querido partido. Sobre una cama del Hospital general dio ejemplo de cómo muere un revolucionario.



No pararon aquí los crímenes del estalinismo. El día 6 de agosto fue fusilado el compañero Mena, cuyo caso relataremos más adelante; igual suerte corrió José Cullarés, heroico combatiente que había sido herido tres veces en el frente. Se montaron procesos y más procesos, todos bajo órdenes expresas del que fue jefe de Policía, teniente coronel Burillo, verdadero sabueso del estalinismo. Los sindicatos, las organizaciones antifascistas, las corporaciones municipales, todos responden de nuestros compañeros; los juzgados y tribunales populares comienzan a decretar libertades por falta de pruebas para condenar. Sin embargo, casi todos ellos continúan detenidos gubernativamente o bien son entregados a tribunales especiales que no existen. Jamás se conoció tanta ruindad y tan mala fe. En una carta abierta de varios de nuestros presos en la Cárcel Modelo de Barcelona, dirigida al citado Burillo, se le decía: «Cuando todos los jueces “leales” le hayan fallado, no dude ni un momento: pónganos a disposición del de Salamanca y, buen amigo suyo indudablemente, tendrá mucho cuidado en no ponerle a Ud. en ridículo». En efecto, en Salamanca encontrarían bien fácilmente las pruebas acusatorias del estalinismo contra el POUM, pruebas que ningún juez digno de la España republicana ve por parte alguna.




4. LA REPRESIÓN EN EL FRENTE Y LA DISOLUCIÓN DE NUESTRA DIVISIÓN



El jefe de la circunscripción Norte del frente de Aragón, al camarada Rovira, jefe de nuestra División: «Llegado a mi conocimiento brillante comportamiento sus fuerzas, me complazco en felicitarle, rogándole transmita felicitación»
(De la prensa, 5-3-1937)



La represión desencadenada a instigación del Partido Comunista y por policías y otras autoridades a sus órdenes contra el POUM, ha tenido también su repercusión en el frente. No se ha detenido el odio africano que a los estalinistas inspira nuestro partido ante los combatientes que desde la primera hora empuñaron el fusil contra el fascismo. Ni siquiera se ha detenido, como vamos a ver, ante aquellos militantes del POUM que habían derramado repetidas veces su sangre en el curso de la guerra. No se ha detenido tampoco ante aquellos hombres que sin ser miembros de nuestro partido, perteneciendo incluso a otros partidos, convivieron en el frente con los hombres del POUM. No se ha detenido ante nada ni ante nadie.



Se desencadenó la represión contra el POUM a mediados de junio. Simultáneamente, los estalinistas -en Cataluña los llamados Socialistas Unificados- emprendieron la ofensiva contra la División número 29, constituida a base de las milicias antifascistas reclutadas por el POUM. El jefe de esta División, nuestro camarada Rovira, fue detenido. Temiendo que se produjese una violenta reacción entre los hombres que, bajo su mando, habían combatido durante un año en el frente de Aragón, que conocían y estimaban su valor y su valía, la policía no se atrevió a efectuar su detención en el frente. Rovira fue llamado telegráficamente a Barcelona, al Cuartel general del Ejército del Este. Acaso se esperaba verle llegar allí rodeado de una numerosa escolta. Rovira llegó solo, presentándose inmediatamente al general Pozas. En el despacho de éste hallábanse unos agentes de policía. El general Pozas advirtió a estos funcionarios que él no podía permitir la detención del jefe de una de sus Divisiones sin conocer los motivos. Los agentes, con aire misterioso, respondieron al general que se trataba de un asunto grave de espionaje. Rovira se echó a reír. Los agentes mostraron entonces a nuestro camarada un documento burdamente escrito en clave, que según ellos era la prueba abrumadora del delito de que se le acusaba. Rovira se echó a reír de nuevo. La versión policiaca era demasiado infantil. El general Pozas recomendó a los agentes tratasen a Rovira con las consideraciones debidas a su cargo y nuestro camarada fue trasladado a la Comisaría General de Orden Público. De allí, a las pocas horas, fue llevado en automóvil a Valencia, en unión de Jordi Arquer y de María Teresa Andrade. En la cárcel de Valencia permaneció Rovira cerca de veinte días, rigurosamente incomunicado. Al cabo de este tiempo, sin sufrir otro interrogatorio que el realizado por dos agentes de policía y que consistió en preguntarle si sabia por qué estaba detenido y si era persona afecta al régimen, Rovira fue puesto en libertad. ¿Qué quedaba de las supuestas abrumadoras pruebas de espionaje -los documentos escritos en clave-, cuando la policía ni siquiera se atrevió a mostrárselos a un juez? 



Inmediatamente después de la detención del camarada José Rovira, las Divisiones 25, 28 y 29 que operaban en el frente de Aragón enviaron al Ministerio de Defensa Nacional un extenso documento, en el cual respondían de la personalidad de nuestro compañero, así como del magnífico comportamiento de siempre de nuestra División. Interesa reproducir parte de este documento:



«Si de verdad el motivo de su detención es por ser jefe de una División que, desde el primer momento, fue organizada por el POUM, entonces se llega a la conclusión de que la detención obedece a un carácter político. Parece que a los miembros de este partido se les tacha de dudosos en cuanto a su antifascismo. No vamos a salir en defensa de los miembros que podíamos llamar políticos de este partido, porque esto ya no entra en nuestra esfera. Pero sí que queremos salir a la defensa de la actuación antifascista del jefe de la División 29 y garantizar solemnemente su conducta revolucionaria, no de ahora, sino de siempre, porque esto ya entra dentro de la esfera y la dignidad militares».



«José Rovira no es un militante del 19 de julio para acá. Su actuación es conocida en Cataluña de mucho antes. Durante la Dictadura de Primo de Rivera, tuvo que traspasar la frontera española y buscar refugio en el extranjero para evitar la represión del dictador. Vino el movimiento de Prats de Molló y Rovira fue el jefe técnico que utilizó el primer presidente de la Generalidad, Francisco Maciá, para llevar a efecto su empresa. Ya sabemos que en aquellos tiempos un gran sector de la juventud revolucionaria catalana estaba enrolado en las filas que acaudillaba Maciá. Vino la República y con ella pudieron regresar a su país todos los exilados. Rovira, tan pronto como se encontró en Cataluña, ingresó totalmente en el movimiento proletario, como evolución moral de su carácter revolucionario y progresivo. Pidió el ingreso en el Bloque Obrero y Campesino (ahora el POUM es una continuación de este partido) y desde el primer momento fue un militante destacado. Vino Octubre de 1934, y Rovira formó parte del Comité Central de la Alianza Obrera, en donde tuvo una participación preeminente, siendo perseguido nuevamente por el bienio negro. Cuando las elecciones del 16 de febrero, él fue el propagandista incansable de la candidatura única de izquierdas y movimiento obrero que se presentó en Cataluña. Y llegamos al criminal movimiento faccioso de los militares traidores. Rovira estuvo en su puesto de honor como lo ha estado siempre; con sus camaradas, el 19 de julio luchó en Barcelona, en la Plaza de la Universidad, donde vio caer a su lado a Germinal Vidal, destacado miembro de la Juventud Comunista Ibérica, y muchos otros. Se constituye en Cataluña, como consecuencia del movimiento, el Comité central de Milicias, en el cual han participado los mejores militantes revolucionarios de Cataluña. Pues bien, Rovira no podía faltar a este Comité. Fue él mismo un miembro activo, audaz e inteligente. Los componentes de este inolvidable Comité central de Milicias pueden dar fe de ello. Pero su temperamento inquieto no podía avenirse mucho con la retaguardia, y muy pronto, al mes justo de la Revolución, Rovira se marchó al frente de su Columna, después convertida en División. De allí ya no se ha marchado, hasta que una pretendida orden de detención le ha arrancado de su puesto de responsabilidad. Estos son los antecedentes políticos del jefe de la División 29, que se supone ha sido detenido por dudoso en cuanto a su condición de antifascista».



«Por su larga permanencia en el frente de Aragón, le conocen todos los jefes y oficiales del Estado Mayor del frente de Aragón que han pasado por los Cuarteles generales de Barbastro y Sariñena. Todos ellos pueden responder, también, de su actuación. Sin haberlos consultado, como se comprenderá, estamos convencidos de que todos ellos tienen un gran concepto de la capacidad y la convicción antifascista de Rovira».



«Últimamente, en ocasión de las operaciones en el frente de Huesca, ha sido como siempre, él personalmente, el que ha dirigido las operaciones que correspondían ejecutar a la División 29. Fue a esta División 29 a la que le correspondió tomar la Loma de los Milagros, haciéndolo con puntualidad y cumpliendo los objetivos que se le señalaron. Esta actuación mereció felicitaciones entusiastas del general Pozas, dirigidas personalmente al camarada Rovira».

«Por lo que dejamos expuesto, se comprende claramente que nosotros estamos convencidos de la inocencia del jefe de la División 29. Pero si se demostrase lo contrario, desde luego, entonces procedería juzgarlo. Pero es que aparte de esto, se ha seguido un falso procedimiento. José Rovira es militar, por el hecho de ser el jefe de la División 29. Por consiguiente, la detención de este jefe no podía hacerse por otro conducto que el militar, sin la intervención más mínima de la policía gubernativa. Es una cuestión de procedimiento tan importante, que estamos convencidos de que S. E. el Subsecretario de Tierra, coincidirá con nosotros que esto procede remediarlo para dejar en su sitio a nuestro ejército».



«A los dos días de haberse producido la detención y cuando pudo convencerse el Comisario de la División 29 que no se trataba de una detención circunstancial, envió al Ministro de Defensa nacional el siguiente telegrama»:



«José Rovira, jefe División, ha sido detenido en Plana Mayor Ejército Barcelona Stop Ignoramos los motivos concretos; suponemos trátase complicarlo plan base urdido contra Partido que milita Stop Es paradójico quiérase acusar de sospechoso quien como Rovira lucha en el frente desde el primer momento mereciendo su actuación felicitaciones unánimes componentes Estado Mayor Ejército del Este y anteriormente Consejería de Defensa Stop Recientemente últimas operaciones Loma Milagros su conducta mereció felicitaciones entusiastas general jefe Stop Confiando recto proceder usted agradeceré se interese suerte Rovira y gestione su libertad por tratarse una lamentable equivocación».



«Este telegrama fue contestado por el Sr. Ministro con el siguiente»:



«Pido telegráficamente informes detención José Rovira ignorada por mí».



«Este telegrama nos hace suponer todavía más que la detención se ha producido sin el conocimiento del Ministro de Defensa Nacional o sus organismos militares representativos en el Ejército, es decir, de los organismos de guerra adecuados para el caso y facultados para ello. Y es por esto que hacemos este informe, razonado, amplio, con abundantes explicaciones en la confianza que no será estéril, sino que merecerá la atención de usted, a fin de poder dar una solución satisfactoria al mismo y, de esta forma, enaltecer todavía más los organismos militares que hoy día son el arma fundamental de nuestra victoria sobre el fascismo».



«SOLICITAMOS, pues, de S.E. el Subsecretario de Tierra se sirva intervenir sin dilación en este asunto y si de su información resulta, como se espera, la inculpabilidad del jefe de la División 29, se sirva ordenar su inmediata libertad».



Este documento de las Divisiones 25, 28 y 29 es de gran importancia, no solo porque en él se ve el concepto que de nuestros camaradas se tenía en el frente de guerra, sino también porque subraya lo anómalo del procedimiento seguido en la detención de José Rovira. Este solo podía ser detenido por las autoridades correspondientes a su cargo y graduación, es decir, por las altas autoridades militares. Sin embargo, éstas no intervinieron para nada, siendo la policía estalinista la que usurpó atribuciones que no eran suyas. El telegrama de Prieto, ministro de Defensa Nacional es suficientemente explícito: «Pido telegráficamente informes detención José Rovira, ignorada por mí». Y como consecuencia de esta intervención, nuestro compañero fue puesto inmediatamente en libertad.



Pero no por eso estaba parada la ofensiva contra la División 29. No sabemos si con orden del Ministro de Defensa Nacional o sin ella, esta División fue disuelta. ¿Por qué? ¿Se habían producido en la División actos de indisciplina?, ¿había dejado de cumplir las misiones que se le habían confiado? ¿Se había manifestado como pieza inútil en el engranaje del Ejército? Nada de eso. Todos cuantos conocen la marcha de los frentes de Aragón desde el comienzo de la guerra civil saben que las milicias del POUM, más tarde División Lenin y finalmente División 29, han cumplido en todo momento con su deber; que han superado a fuerza de valor y de sacrificios la carencia o escasez de elementos de combate; que en ningún momento han perdido terreno, que fueron los que conquistaron posiciones tan importantes como Monte Aragón y Estrecho Quinto. Precisamente en el momento en que se detenía a Rovira, la División 29 actuaba. Setecientos hombres regaban con su sangre los campos de Aragón y, entre ellos, sucumbía el camarada Cahué, jefe de una brigada, militante conocidísimo en Tarrasa. Se disolvió la División 29 porque estaba constituida por fuerzas reclutadas por el POUM; porque gran parte de sus mandos estaba en manos de militantes de nuestro partido. No existía otro motivo. Se trataba, por tanto, de una represalia y de una maniobra de marcado carácter político.



¿Qué se perseguía al disolver la División 29? ¿Se trataba, acaso, de empujar a un acto de indisciplina a estos hombres que durante un año habían sufrido penalidades sin cuento; habían visto caer a muchos de los suyos y habían puesto toda su fe y toda su pasión de revolucionarios al servicio de la causa común? Hay que pensar que si, que era eso lo que se buscaba. Hubiera sido tan bonito para el Partido Comunista y para el PSUC el que la División 29 se hubiera sublevado; que hubiera habido que reducirla por la fuerza, quizá empleando la artillería y la aviación; que hubieran podido celebrarse algunos Consejos de guerra sumarísimos y fusilado a unas docenas, a unos centenares de militantes del POUM. Los hombres de la División 29 no se prestaron a este juego criminal.
Devorando en silencio su amargura, conteniendo penosamente su indignación, los jefes, los oficiales y los soldados de la División 29 acataron la injusta y vejatoria orden de disolución.



Pero fracasada la primera tentativa de impulsar a un acto de rebeldía a estos combatientes, los estalinistas, las gentes del PSUC, sirviéndose de la División 27 -la antigua Carlos Marx, que está en sus manos-, acentuaron hasta el limite extremo sus provocaciones. Se hizo el relevo de las fuerzas de la División 29 que estaban en las trincheras. Al día siguiente, cuando esas fuerzas no habían tenido tiempo para descansar, se recibió orden del Cuartel general para que enviasen dos batallones a Boltaña, donde el enemigo presionaba. A pesar de que estaban agotadas por seis meses de permanencia en las trincheras, motivo por el cual se les relevaba, los dos batallones designados al efecto cumplieron la orden y se trasladaron al lugar que se les había señalado. Entonces llegó la orden de disolución. Estos dos batallones son desarmados por compañías. Las fuerzas que realizan este triste cometido hacen sufrir a los soldados toda clase de vejaciones tanto de tipo político como personal. Se insulta, por parte de los hombres del PSUC, al POUM y a sus militantes. A los soldados se les despoja de sus ropas, incluso de sus prendas interiores, de su dinero, de sus relojes, de sus plumas estilográficas. Los milicianos del POUM aguantan estoicamente todas estas canallescas provocaciones, porque saben lo que pretenden los que las realizan. Estos hechos fueron denunciados al Cuartel General de Barbastro, y posteriormente lo han sido al ministro de Defensa Nacional. Al mismo tiempo que se realizaban estos actos de provocación y de robo, el jefe accidental de la División 29, un comandante y varios oficiales y soldados fueron detenidos, amenazándoles con ser fusilados sin previa formación de causa. Posteriormente se les puso en libertad, lo cual indica que no existía contra ellos acusación alguna.



Casi simultáneamente, las fuerzas estalinistas de la División 27 asaltaron el Parque Móvil de Velillas. La orden que llevaban las fuerzas de la antigua División Carlos Marx era incautarse de los 1.500 fusiles que se había denunciado existían almacenados en el polvorín de Velillas. No se encontró allí fusil alguno, por una razón muy sencilla: porque no existían ni habían existido nunca. Y aunque hubieran existido, nada habría tenido de sorprendente, tratándose de un polvorín dependiente de una División del ejército regular. El propio general Pozas reconoció más tarde, ante camaradas nuestros, que le habían hecho una falsa denuncia. Lo cierto es que, sin tratar de comprobar la veracidad de la denuncia, se enviaron allí fuerzas para incautarse de los fusiles por sorpresa, actitud que pudo haber provocado un conflicto violento, que solo fue evitado gracias a la prudencia de que en todo momento han dado pruebas los milicianos, oficiales y soldados del POUM. No encontrando los fusiles que decían buscar, los asaltantes de la plaza de Velillas se llevaron todos los vehículos que encontraron en el Parque Móvil. El mando de la División 29 protestó ante el general Pozas contra esta arbitrariedad. La protesta no surtió efecto alguno.



No quedaron ahí las cosas. Los asaltantes detuvieron a varios jefes, oficiales y soldados, entre ellos al camarada Rafael Bescós, comandante de la plaza de Velillas; al camarada Francisco Ursul, capitán jefe del Parque móvil; a Francisco Pelegri Garrigues y Juan Rocavert Guillén. Estos camaradas se hallan detenidos en la cárcel de Lérida. Contra ellos se sigue proceso. ¿De qué se les acusa? Al comandante Bescós se le detuvo por negarse a hacer entrega del mando de la plaza. Al proceder así no hizo más que cumplir con su deber; habría merecido el encarcelamiento y proceso si hubiera procedido de otro modo. El comandante Bescós no podía hacer entrega del mando de la plaza a nadie sin una orden expresa del jefe de la División 29 o del general jefe del Ejército del Este. La orden que tenían las fuerzas que se presentaron en Velillas era exclusivamente de incautarse de las armas que se decía ocultadas, o al menos almacenadas, en el polvorín de Velillas. La orden en cuestión no decía que el comandante de la plaza tuviera que resignar su mando. Al capitán Ursul se le detuvo porque se opuso a que las fuerzas de la División 27 se llevaran los vehículos que se hallaban en el Parque móvil bajo su custodia y de los cuales era responsable. La orden, ya lo hemos dicho, solo autorizaba la incautación de los fusiles, no la de los coches. Al proceder como lo hizo, el capitán Ursul se limitó a cumplir con su deber. Ahora se le pretende acusar de preparar un cargamento de armas en un camión. El chofer del camión que se señaló como el que debía hacer el transporte de esas armas, detenido en un primer momento, al cabo dé pocos días fue puesto en libertad. Esto indica la falsedad de las acusaciones. Indicamos, de paso, que el capitán Ursul no es miembro del POUM; desde hace mucho tiempo milita en el partido Acció Catalana Republicana. Y este detalle indica también que la División 29 no era coto cerrado de los miembros del POUM, sino que en ella se daban los puestos de mando y de responsabilidad a los combatientes por sus merecimientos y su capacidad, y no por su filiación política. Pelegri y Rocavert fueron enviados a Velillas por el jefe accidental de la División para informarse de lo que sucedía, a causa de los rumores alarmantes que llegaban al Cuartel general de la División señalando que, a unos cuantos kilómetros de la carretera de Barbastro a Huesca, se detenía a todos los vehículos de la División 29. Ahora se acusa a estos dos camaradas de haber ido a Velillas para organizar la resistencia de la División a la orden de disolución de la misma.



El llamado Partido Comunista y el PSUC no se han contentado con obtener la disolución de una División que repetidas veces había merecido las felicitaciones del Alto Mando por su actuación en el frente. Disuelta ya la 29 División, los oficiales y soldados licenciados, que debían incorporarse a otras Divisiones o a sus Cajas de recluta correspondientes, durante los breves días de permiso que con este motivo disfrutaban en la retaguardia han sido objeto de continuas molestias y vejaciones. En muchos casos ha bastado la simple presentación, a requerimiento de cualquier guardia o agente de la autoridad, de la licencia de los no comprendidos en las quintas actualmente en filas o del permiso de la División 29, para que los soldados procedentes de esta unidad fueran detenidos y encerrados en el castillo de Montjuich, en Barcelona, donde permanecen encerrados en espera, según parece, de ser enviados a un batallón disciplinario. Es de advertir que tanto las licencias como los permisos estaban avalados con el sello del XII Cuerpo de Ejército, al que había pertenecido la División 29.



Y ahora viene la parte más terrible y sangrienta de esta represión. El día 7 de agosto publicaba la prensa la noticia de haber sido fusilado en Lérida Marciano Mena Pérez. ¿Quién era Marciano Mena? Un antiguo militante de nuestro partido. En octubre de 1934 tuvo ya una participación en la insurrección. Terminada la lucha hubo de refugiarse en el extranjero, para evitar la represión de las derechas vaticanistas. El 19 de julio fue uno de los principales asaltantes del Castillo de Lérida, cuya guarnición militar se había sublevado. Desde aquel momento fue el comisario indiscutible del Castillo, que él había ayudado a conquistar a los fascistas. Más tarde fue designado comisario de un batallón. Al tomar posesión de su cargo de comisario del Ejército del Este, Virgilio Llanos, miembro del PSUC, lo primero que hizo fue destituir a este auténtico revolucionario de su cargo, reemplazándolo por un militante del PSUC. Ha sido este mismo comisario del PSUC quien jugó el repugnante papel de acusador de Marciano Mena ante el Consejo de guerra sumarísimo que lo condenó a muerte.



¿De qué se ha acusado a Marciano Mena? Nada menos que de exaltación a la rebelión. Según rezaba en el apuntamiento, en el mencionado castillo de Lérida se produjeron algunos actos de indisciplina. Los soldados -siempre según el apuntamiento del fiscal-, después de asistir a una reunión, que no se celebró ni en el cuartel ni en ningún local militar, hicieron un pequeño plante. En su primera declaración, algunos soldados afirmaron que a esa supuesta reunión habían acudido Marciano Mena, ex comisario del batallón, miembro del POUM, y Jaime de Paula, comisario de compañía en activo y militante de la CNT. En el acto del juicio los soldados rectificaron su primera declaración y manifestaron unánimemente que les había sido arrancada, pistola en mano, por el comisario del PSUC que actuó de delator y acusador. En el juicio todas las pruebas fueron favorables a los dos acusados. El abogado defensor hizo resaltar la falta absoluta de pruebas y la poca consistencia jurídica de la acusación; demostró que la reunión a que aludía la acusación se celebró legalmente, convocada por la CNT, y nada tenía que ver el objeto de la misma con la apreciación que daba el fiscal; hizo destacar el hecho anómalo de que el parte-denuncia no fue firmado por los oficiales de guardia, sino cursado horas después de los hechos supuestos por el comisario del batallón, es decir, por el hombre del PSUC, cuyo nombre destacamos aquí: Narciso García Caballero.



La impresión general, visto el curso del Consejo de guerra, era que las penas graves que pedía el fiscal no serian aplicadas. Al final, el Tribunal pidió a nuestro camarada si tenía algo que alegar. Marciano Mena, que en todo momento dio pruebas de gran entereza y serenidad, se levantó a hablar ante el silencio general. Para todos los que escucharon el breve parlamento será un recuerdo inolvidable. Habló un revolucionario de verdad, un comunista. Habló con serenidad sin temor al peligro, sin miedo al desenlace que él mismo preveía. Quince minutos duró su oración, durante los cuales el Tribunal escuchó la vida de un revolucionario y su ruego final: «Es una cobardía moral vuestra pretender darme muerte junto a la tapia de un cementerio, lugar donde en cumplimiento de sentencias del Tribunal popular tuve que presenciar el fusilamiento de muchos fascistas. No podéis hacerlo; no debéis hacerlo. Los revolucionarios hemos de morir como tales. Dando el pecho. Cara a cara con la muerte. No me espanta el morir. Sé que he cumplido con mi deber de obrero revolucionario y si la revolución precisa que yo muera, cúmplase el destino. Pero no en una tapia del cementerio. Mandadme al frente, en primera línea, cara a cara con mi enemigo de siempre, contra el fascismo. Que sea la bayoneta de un alemán, la gumia de un moro o las balas de un italiano quienes me quiten la vida. Y nada más». Al final, el público, tanto los militares como los paisanos, presa de una fuerte emoción por las palabras de Mena, prorrumpió con una fuerte ovación que duró varios minutos, sin que el Tribunal se atreviera a hacer objeción alguna. Rígidos, pálidos, los miembros del mismo asistieron y presenciaron la identificación espontánea del público con el acusado. Militares de significación como García Miranda y otros varios de la plaza abrazaron emocionados a Marciano Mena. Nadie pensaba en que su vida habría de terminar muy pronto por imposición de la canalla estalinista.



A las dos de la mañana terminó el Consejo, que había comenzado a las cinco de la tarde. El Tribunal se retiró a deliberar y el camarada Mena fue conducido de nuevo a la cárcel. Momentos de angustia para todos sus compañeros. El Tribunal deliberó horas y horas, con muchas consultas y llamadas telefónicas. No hay duda: pugnaba el convencimiento de la inocencia de Mena con la fría orden de ejecución, impuesta de antemano. Después de terminadas las deliberaciones, hay una reserva impenetrable sobre el resultado final de las mismas. Hasta la una y media de la tarde no conoció el abogado defensor del acusado la confirmación de
la sentencia de muerte contra Mena, sentencia que habría de ejecutarse a las cinco de la tarde del mismo día. No había tiempo que perder. Nuestro partido se movilizó inmediatamente para obtener el indulto o al menos, de momento, el aplazamiento de la sentencia. Apenas quedaban tres horas. La CNT, la FAI, Esquerra Republicana de Cataluña, Acció Catalana, Izquierda Republicana, la alcaldía de Lérida, numerosos sindicatos de la UGT, todos conjuntamente enviaron telegramas urgentes al presidente del Consejo de ministros, en Valencia, solicitando el indulto. Solo el PSUC y el Comité local de la UGT callan. Todas las organizaciones citadas intentan comunicar con el ministro de Defensa Nacional. Más tarde, una llamada telefónica de la Casa del Pueblo comunica al alcalde que la UGT y el PSUC se adherían a la petición de indulto. Pero no enviaron ninguna delegación para hacerla: se veía bien clara la venganza partidista que representaba el proceso. Se intentan gestiones en Auditoría y en otros centros militares. Media hora antes de la ejecución, los representantes de todas las organizaciones antifascistas de Lérida hicieron una visita al general Pozas para conseguir el aplazamiento. El citado general solo quiso recibir a un representante. Fue el de la CNT y el general le dijo que no podía aplazarse el cumplimiento de la sentencia, que no había nada a apelar, que no sería el último fusilamiento y que le extrañaba fuesen las organizaciones antifascistas quienes pidieran el indulto.



Nada podía hacerse. El camarada Mena fue sacado de su celda sin que se le comunicara la sentencia de muerte, ni se le hiciera firmar documento alguno. Tampoco se permitió el que pudiera despedirse de sus familiares y camaradas más queridos. Mena, de pie en el camión que le conducía al cementerio, fue con las manos atadas, pero con los brazos en alto y los puños cerrados, despidiéndose de los trabajadores de toda Lérida, que profundamente emocionados presenciaron su paso. A las cinco en punto de la tarde, el camión llegó al lugar de la ejecución, donde se habían tomado extraordinarias precauciones para impedir el
acceso al público. Diversos pelotones de soldados y guardias vigilaban intranquilos. No se aguardó la llegada del defensor ni la de los familiares. había gran prisa en terminar. Nuestro camarada se dirigió a la tapia del cementerio, mientras se formaba el pelotón que había de fusilarlo. En aquel momento terriblemente difícil y dramático, les dijo: «Vais a ver cómo muere un revolucionario. Desatadme y no me tapéis el rostro. Tirad sobre seguro». Y sus últimas palabras fueron estas: «¡Abajo el fascismo!, ¡Viva el POUM!, ¡Viva la revolución!». El cuerpo del camarada Marciano Mena se desplomó al suelo, asesinado por los instrumentos del estalinismo.



Y aún otro crimen más: el cometido con José Cullarés, también del POUM. José Cullarés Cabestany se incorporó desde las primeras semanas a las milicias del POUM. Ha permanecido diez meses en el frente. Tres veces fue herido en campaña. Encontrándose en la retaguardia convaleciente de su última herida, al ordenar el gobierno la incorporación de su quinta a filas, se presentó en la Caja de reclutas. Destinado al frente, al partir con un grupo de soldados se produjeron en la estación algunos incidentes. A José Cullarés se le acusa concretamente de haber proferido estas palabras: «También los enchufados deberían ir al frente». Se le detuvo y pasó ante un Consejo de guerra sumarísimo. Según nuestras noticias, el fiscal consideraba el delito tan leve que "solicitó para el acusado un mes de arresto. El Tribunal lo condenó a muerte. Fue conducido al cementerio, lugar señalado para el cumplimiento de la sentencia. El propio Tribunal solicitó la conmutación de la pena. Ya se hallaba Cullarés ante el pelotón de ejecución cuando se recibió la orden de aplazar el cumplimiento de la sentencia. Cullarés fue devuelto a la cárcel y la sentencia enviada al gobierno. Se discutió ampliamente en Consejo de ministros. Algún ministro hizo destacar la refinada crueldad que representarla colocar por segunda vez ante el pelotón de ejecución a ese hombre. Llegó la hora de votar. Los votos se repartieron así: por la conmutación de la pena cuatro votos, los de los ministros republicanos; por la ejecución, cinco votos, los de tres ministros socialistas y, naturalmente, los de los dos estalinistas. Es triste, pero es así.



Otros procesos contra camaradas del frente se encuentran en puerta. Es una ofensiva implacable que no se detiene ante nada. El partido estalinista y su filial catalana, el PSUC, llevan al frente, sin escrúpulo alguno y sin temor a las graves repercusiones que pueden tener, sus mezquindades de retaguardia, su afán de anular política y físicamente al resto de las organizaciones obreras. Nada hay sagrado para ellos. ¿Qué puede detener en su vesania a gentes capaces de condenar a muerte a un revolucionario de siempre, a un voluntario de primera hora, a un hombre que como Cullarés ha derramado tres veces su sangre? El estalinismo convierte el Código Militar en un arma política más. Y con él el resto de los partidos que se han doblegado, por intereses bastardos, a sus imposiciones y a su política. Les tendremos en cuenta a todos, cuando hayan de responder de tanto crimen.


5. LOS AUTORES MATERIALES DE LA REPRESIÓN Y EL TRATO DADO A LOS DETENIDOS



«Pero no basta disolver al POUM y a la llamada JCI»
(Mundo Obrero, junio de 1937)



Toda la represión contra nuestro Partido, tanto en Barcelona como en Valencia y Madrid, ha sido dirigida -y en parte realizada personalmente- por agentes de la llamada Brigada especial, con residencia en la capital de la República. Todos ellos eran miembros del Partido Comunista; no lo ocultaron en momento alguno. El jefe, los inspectores y los agentes de más confianza del estalinismo se trasladaron a Barcelona dos o tres días antes del 16 de junio, sin duda para mejor preparar las «operaciones». En Barcelona ultimaron su plan y el día 16 comenzó la represión. La policía de la capital catalana no hizo, en realidad, más que secundar órdenes; no creemos haya intervenido para nada; la que dependía de la Generalidad; agentes de Madrid, es decir, agentes estalinistas, iban a la cabeza de todos los grupos que practicaron las detenciones, registros y robos, tanto en los locales del diario La Batalla como en el Instituto Maurín, en el Hotel Falcón, en las dependencias del Comité local y Comité ejecutivo, en los edificios de nuestro Socorro Rojo, en nuestros sanatorios, en los domicilios de los camaradas... También fueron agentes de Madrid los que dirigieron la represión en Lérida y otras capitales de las comarcas catalanas. El estalinismo lanzó contra nosotros a sus hombres de más confianza. Esto demuestra dos cosas: primera, que el Partido Comunista concedía a esta operación policiaca para desembarazarse de nosotros la máxima importancia, y, segunda, que el golpe lo realizaba el estalinismo al margen de las autoridades gubernamentales y contando solo con su silencio o aprobación posteriores.



Todos nuestros camaradas detenidos fueron rigurosamente incomunicados y encerrados en locales inmundos o en malas condiciones. Igualmente se les despojó de su documentación y dinero, sin que los que más tarde fueron puestos en libertad lograran recuperar los objetos y valores de su pertenencia. A los más se les insultó de palabra y al mismo Gorkin se le amenazó con darle un puñetazo en el rostro y pegarle un tiro. Asimismo fueron objeto de la vejación que supone encerrar a nuestros camaradas con elementos fascistas. Mantenidos en la más absoluta incomunicación, les fue prohibida la entrega de ropa interior, de mantas y colchones, teniendo que dormir en el suelo días y días. Algunos de los detenidos se encontraban enfermos y en mal estado físico; sin embargo, no se les atendió lo más mínimo en sus justas peticiones. Incluso se siguió este trato inhumano y criminal con compañeros que estaban heridos del frente y aún no restablecidos por completo. Todo esto duró hasta que los detenidos pasaron a las cárceles ordinarias, bajo jurisdicción de las autoridades del Estado.


Los domicilios de los detenidos fueron asaltados, literalmente asaltados. No se realizó registro alguno en debida forma, con las normas y formalidades señaladas por las leyes correspondientes. Así sucedió a los compañeros Gorkin y Escuder, entre otros muchos, cuyas habitaciones fueron saqueadas por completo, llevándose los agentes de policía hasta los más insignificantes objetos de uso personal. No se levantó las más de las veces acta alguna; los policías que realizaban el servicio se llevaban lo que les parecía y lo demás lo destrozaban. Jamás se había visto hecho tan insólito, incluso en nuestro país, donde la arbitrariedad policiaca es algo tradicional. El odio del estalinismo contra nuestro partido, la pasión concentrada y torpemente puesta al uso por los estalinistas contra nuestros camaradas revistió carácter insuperables. No se paraban ante nada, cumplían al pie de la letra el encargo recibido: aplastar al POUM. Y trataban de aplastarlo, creían aplastarlo mediante aquellos procedimientos típicamente fascistas. Los muebles, los libros, los objetos de arte, todos pagaban el pecado de sus dueños. Lo grotesco se confundía con lo trágico.



Se llegó a algo aún mucho peor: cuando el camarada buscado no era encontrado, la policía se llevaba como rehén a su compañera o algún familiar. De esta manera ingresaron en prisión Maria Teresa Andrade y Luisa Gorkin, siguiendo ésta todavía detenida a pesar de que su compañero también se encuentra en la cárcel y procesado. Quizás haya sido la primera vez que el procedimiento se ha puesto en práctica en nuestro país. Fue preciso que la injerencia de los elementos de la GPU rusa alcanzara el grado que alcanzó para que sus métodos se dejaran sentir entre nosotros. En ningún país civilizado del mundo se ha seguido jamás procedimiento tal; los familiares de los perseguidos, por el solo hecho de serlo, han merecido siempre el debido respeto. Solamente los países fascistas y semifascistas han roto con esta tradición liberal, descargando la represión contra todos los familiares. En los campos de concentración y cárceles de Italia y Alemania existen aún como rehenes gran número de familiares de los antifascistas que ya hace algún tiempo lograron escapar y pasar la frontera. También la Unión Soviética de Stalin y el estalinismo han escogido como norma policiaca este abominable y monstruoso procedimiento. La influencia del estalinismo en los destinos de España se ha dejado sentir en este mismo sentido. Por vez primera en nuestro país, las compañeras y familiares de los revolucionarios perseguidos se han visto arbitrariamente encarcelados. Esto ha sucedido a varios militantes del POUM.



Consignemos un caso entre otros muchos: después de estar detenido desde hacia varios días el camarada Arquer, la policía fue a casa de su madre para efectuar un registro. No llevaban orden alguna y tuvieron que ir a buscarla ante la exigencia de los familiares de Arquer. El registro, naturalmente, no dio resultado alguno, puesto que nada delictivo había en la casa. Sin embargo, los policías se llevaron -más propio seria usar el verbo robar- numerosos objetos de uso particular, libros y colecciones de prensa editada años atrás legalmente, objetos y estampas religiosas propiedad de la anciana madre del camarada Arquer y hasta un pijama de éste. El comportamiento de la mayoría de los policías, que solo trataban con mujeres, fue en todo momento grosero y reprobable. No tuvieron la menor atención ni delicadeza, entrando y saliendo del domicilio como si estuviesen en su propia casa. Mientras unos registraban y revolvían todo, los demás se dirigieron a la parte de la casa que mejor les pareció para descansar de su faena; otro de ellos se sentó a sus anchas y sin autorización alguna puso en marcha el aparato de radio, quizá para amenizar la «operación» policiaca. Cuando los familiares de Arquer -repetimos que todos eran mujeres- hablaban alguna palabra en catalán, se les replicaba airadamente, tratando de obligarles a que usaran la lengua castellana. Por fin, después de bastante tiempo, terminaron el registro llevándose los objetos que hemos mencionado. Cuando el compañero Arquer fue puesto en libertad no pudo lograr, a pesar de sus gestiones y denuncias presentadas ante quien correspondía, se le devolviese lo que habían llevado del domicilio de su madre.



Todo esto y aún más se ha repetido exactamente en los distintos pueblos y capitales de comarcas de Cataluña. No sabemos si los policías y guardias que hacían los registros y detenciones tenían carta blanca para proceder como mejor les viniera. Desde luego, lo que sí se veía claramente es que se sabían bien respaldados y que su manera de obrar, a todas luces arbitraria e ilegal, no les acarrearía responsabilidad alguna. Y así sucedió. Cuantas denuncias se hicieron sobre el particular cayeron en el vacío. Algunas autoridades, bastantes, se escandalizaron luego de ese procedimiento ignominioso de la policía, pero dejaron hacer; sabían bien que ésta contaba con la mayor de las impunidades. No hace mucho, el ministro de la Gobernación, el señor Zugazagoitia, trazó en presencia de camaradas nuestros un perfecto diseño de la personalidad moral del policía español. Según el ministro, la policía estaba compuesta en su mayor parte de «gente sin la menor cultura ni moralidad, formada a base de sectarios estalinistas llenos de odio contra todo y contra todos». No seremos nosotros quienes pongamos en tela de juicio tales palabras. Sin embargo, el ministro de la Gobernación, señor Zugazagoitia, sigue reclutando a su policía entre esa gente «sin cultura ni moralidad».



El trato dado más tarde a los detenidos y procesados de nuestro partido varió bastante. Quizás obedezca a haber pasado a un régimen carcelario y a depender de funcionarios ajenos a la policía. También influyó no poco la gran protesta internacional contra la represión estalinista y la presión de las organizaciones y personalidades internacionales, que desde el primer momento se interesaron cerca del gobierno Negrín por el estado de nuestros camaradas. Todo esto detuvo la mano criminal de los agentes de la GPU y de los policías estalinistas españoles que hubieran querido completar, de muy buena gana, las instrucciones que diariamente les daba en público su prensa.




6. LA DESAPARICIÓN Y SECUESTRO DEL CAMARADA ANDRÉS NIN



«...Hay que exterminar a Nin y a su grupito de amigos...»
(Miguel Valdés: UHP, Lérida, 11-5-1937)



Como queda apuntado, el camarada Andrés Nin fue detenido el 16 de junio en la secretaría general del POUM por varios agentes de policía o supuestos agentes de policía -al menos presentaron la documentación que los acreditaba como agentes de la autoridad-, los cuales llevaban una orden de detención firmada por el que fue jefe superior de Policía en Barcelona, señor Burillo. El camarada Nin fue conducido a los calabozos de Jefatura, según se hizo saber a la prensa aquel mismo día. A las pocas horas, y ya cerrada la noche, fue trasladado a Valencia con gran lujo de fuerzas y convenientemente esposado. Cuantas gestiones se hicieron luego para conocer el paradero exacto del camarada Nin resultaron infructuosas; los centros oficiales se habían encerrado en el mutismo más absoluto. Hubo que ir atando hilos, siguiendo su pista, investigando al margen de las autoridades y realizando cuantas pesquisas resultaban posibles en medio de las inmensas dificultades de aquellos días. Todos llegamos a creer que se encontraría en Madrid, encerrado en alguna de las numerosas «checas» allí existentes. Sin embargo, cuando se supo con justeza la situación del resto de los camaradas detenidos y llevados a Madrid -Andrade, Bonet, David Rey, Gorkin, etc.- y que entre ellos no se encontraba Andrés Nin, cundió la alarma. Nuestro abogado, don Benito Pabón, dirigió con fecha 2 de julio un escrito al señor ministro de Justicia, en el cual se le decía: «El día 16 del pasado junio, fue detenido Andrés Nin, secretario general del POUM, por orden de la Dirección General de Seguridad y seguramente obedeciendo acuerdos del Gobierno -otra cosa sería inadmisible cuando ninguna variación se nota en dicha Dirección General- se procedió a la anulación práctica del POUM». Más adelante, entre varios ruegos que hacia a dicho ministro, señalaba el abogado Pabón: «4° Que se me comunique la situación actual y lo ocurrido con Andrés Nin y con los demás detenidos, para tranquilidad de sus familiares y satisfacción de la opinión pública».



A este escrito de Benito Pabón, contestó el ministro de Justicia con una carta de la cual son estos párrafos: «Reitero a usted, para que pueda darlo a conocer con el testimonio de esta carta, la disposición del Gobierno de la República a que el proceso contra los señores Nin, Gorkin y demás asociados en el POUM se desarrolle dentro de las normas del Derecho, con toda la garantía que las leyes imponen para juzgar a los ciudadanos y con la defensa que éstos quieran utilizar dentro de la ley». Y más adelante: «Puedo asegurarle que nadie de los detenidos ha sufrido un rasguño, ni un mal trato, ni otra presión que la de su propia conciencia». Esta carta está fechada en Valencia, el 7 de julio de 1937.



A partir de entonces se realizaron diversas gestiones para poder ver a Andrés Nin. Una delegación internacional, compuesta por representantes de diversas organizaciones obreras de varios países, vino a España para realizar una encuesta respecto a la represión llevada a cabo contra nuestro partido, investigar el verdadero carácter de las acusaciones que se lanzaban contra el POUM y poder visitar a los detenidos. Estos se encontraban en Madrid, con vistas a ser trasladados a Valencia, causa por la que no se complació por quien correspondía a los componentes de la delegación. De todas formas, todos los ministros que fueron visitados, particularmente el de Justicia, señor Irujo, aseguraron una y otra vez que todos los dirigentes del POUM se encontraban bien. Se hicieron mil promesas y la delegación regresó al extranjero en la seguridad de que así sería. El secretario del Partido Laborista Independiente de Inglaterra, Fenner Brockway, que había venido al frente de la misma, a su marcha dirigió un escrito de despedida al Presidente del Consejo, al ministro de la Gobernación y al ministro de Justicia. De este escrito son los párrafos siguientes: «Por mi parte me marcho con la impresión de que la instrucción del sumario se realizará por parte del gobierno dentro del respeto más absoluto a las normas jurídicas y constitucionales en vigor, permitiendo a todos los acusados el beneficio de un procedimiento normal, lo que les agradezco profundamente en nombre de la opinión liberal y obrera de Inglaterra. Les agradecería también que, en cuanto sea posible, los delegados franceses puedan visitar a los acusados cuando éstoS sean trasladados de Madrid a Valencia...». Bien pronto habría de comprobar el camarada inglés la realidad de la seriedad española, mejor dicho, la seriedad de nuestros demócratas republicanos y de un ministro cristiano, apostólico y romano, que vulneraba tan abiertamente uno de los diez mandamientos de su Iglesia.



El día 28 de julio, el ministro de Justicia facilitó una nota por demás sorprendente: «La Dirección General de Seguridad venía ocupándose de temas interesantes derivados y en relación con actividades subversivas y de espionaje. Han sido entregados a los tribunales de Espionaje y Alta traición los atestados correspondientes a los encabezados que siguen: Juan Andrade, José Escuder Poves, Pedro Bonet Cuito, Julián Gómez Gorkin, Daniel Rebull, Francisco Gómez Palomo, José Rodríguez Arroyo, Dositeo Iglesias, Francisco Clavé Ruiz, Víctor Berdejo Giménez y Javier Fernández Calver. Los diez primeros pertenecen al POUM y el último a Falange Española...». Dejando de lado la mala fe y aviesos designios que significa mezclar a un fascista con nuestros camaradas, interesa esto: el nombre de Andrés Nin no figura en la relación de procesados. La inquietud y el desasosiego prenden en todos, en toda la clase trabajadora española, en los medios obreros internacionales. Algunos diarios de nuestro país, movidos más por solidaridad proletaria y afán de justicia que por afinidad ideológica, elevaron su voz de protesta a pesar de todos los impedimentos de la censura puesta al servicio del estalinismo y del atropello. La pregunta que todo el mundo se hacia era esta: ¿dónde está Andrés Nin? Sobre los muros y paredes de toda Cataluña, sobre las fachadas de los edificios barceloneses se clavó en gruesos caracteres imborrables esta interrogante: «¿Qué habéis hecho de Nin?». La pregunta iba dirigida a un gobierno que no había logrado más que cosechar derrotas en el frente militar, a un gobierno que se había convertido en vulgar instrumento del estalinismo. Diversas personalidades y organismos oficiales también se preocuparon por la suerte del que había sido Consejero de la Generalidad de Cataluña y que, por este mismo hecho, tenía derecho a un trato especial y a comparecer exclusivamente ante el Tribunal de Garantías constitucionales. La conocida propagandista anarquista Federica Montseny, ministro de Sanidad en el anterior gobierno presidido por Largo Caballero, en un mitin celebrado en el teatro Olympia de Barcelona el día 21 de julio, dijo: «Acaban de decirnos que han sido hallados en Madrid los cadáveres de Nin y dos compañeros más. Esta noticia no ha sido aún confirmada, pero hasta tanto el gobierno lo desmienta diciéndonos dónde está Nin, hemos de creer que es cierto». Palabras acogidas con rabia e indignación por miles y miles de proletarios, que allí mismo expresaron con gritos significativos todo su odio hacia un gobierno que asesinaba o dejaba asesinar a los mejores militantes del movimiento revolucionario.



Una ola de protestas se levantó contra el gobierno Negrín. De todo el país, de todo el mundo llegaban enérgicas resoluciones. El gobierno, alcahuete del estalinismo, encubridor del crimen, se vio en duro trance. El ministro de Justicia, que había sido el que más se había distinguido en asegurar la buena situación de todos los detenidos del POUM, se vio obligado a hablar; había estado, naturalmente, al corriente de todo pero se calló por puras razones de gobierno. Pero se calló hasta donde juzgó oportuno y hasta donde consideró no deber comprometerse más. El 4 de agosto facilitó a la prensa una nota que decía así:



«Al hacerse cargo esta jurisdicción de los varios atestados formados por la policía a las órdenes de la Dirección General de Seguridad con respecto a los sucesos subversivos ocurridos en Cataluña en mayo pasado, en relación con denuncias, información y documentos de espionaje recogidos en Madrid, de los que se ha dado nota pública anteriormente, se observó que entre los detenidos puestos a disposición de los Tribunales de Justicia no aparecía don Andrés Nin, ex consejero de Justicia de la Generalidad, dirigente de POUM.



Practicadas las necesarias informaciones, resulta que el señor Nin, en unión de otros directivos del POUM, fue detenido por la policía de la Dirección General de Seguridad, trasladado a Madrid y recluido en un preventorio habilitado al efecto por el comisario de policía de Madrid, del cual desapareció, habiendo resultado hasta la fecha infructuosas cuantas gestiones se han llevado a cabo por la policía para rescatar al detenido y a su guardia.



El hecho ha sido puesto en conocimiento del Fiscal General de la República, con orden de instar con la máxima urgencia del Tribunal de Espionaje que entiende en el asunto, cuantas medidas se reputen adecuadas para averiguar el paradero del señor Nin y la conducta de todos los elementos que han entendido en los hechos, a partir de los documentos en que aparece insinuada la figura del señor Nin, sobre los cuales, su contenido y autenticidad, el Tribunal está conociendo ya. Todo ello sin perjuicio de la acción de la policía, que continúa realizando pesquisas conducentes al rescate de aquel detenido para ser puesto a disposición de los tribunales de Justicia de la República en las cárceles del Estado».



Desde la fecha de su detención, nada se ha vuelto a saber en concreto de la suerte corrida por el camarada Nin. A los cuarenta y nueve días -¡a los cuarenta y nueve días!-, la comunicación del ministro de Justicia descubre la trágica verdad y su desaparición toma ya estado oficial. Hasta entonces no se había hablado por parte de los estalinistas de la desaparición de Andrés Nin. Su prensa se había callado prudentemente; cumplía una consigna más. Cierto que venía día tras día pidiendo nuestro exterminio físico, pero sin sacar a relucir para nada el nombre de Nin; se hablaba solo de Andrade, de Gorkin, de Bonet, del resto de los detenidos, pero de Nin, no. Mas después de hecha pública la nota del Ministerio de Justicia, también los estalinistas rompieron el silencio. Con rara y sospechosa unanimidad, los periódicos que reciben las inspiraciones de Moscú o de los agentes directos de Moscú, tanto los que oficialmente pertenecen al Partido Comunista y al PSUC como los que han sido sus cómplices vergonzosos durante estos últimos tiempos, dieron una versión extraordinaria: Andrés Nin, según ellos, se había evadido. Iban en su audacia más allá que el propio Gobierno; se sentían más papistas que el Papa. En esta innoble tarea colaboró un diario -Adelante, de Valencia- que el prietismo había tenido que arrebatar a Largo Caballero con la ayuda decidida de los carabineros y que dirigía un periodista -Cruz Salido- que en el Norte había sufrido los más rudos ataques de los estalinistas desde Euzkadi Roja. Este borrón no lo quitará de encima el citado periodista y el mencionado periódico.



La nota del señor Irujo merece un amplio comentario. En primer lugar, aunque redactada en forma bastante equivoca, sienta un principio: no habla ni se refiere para nada a una posible o probable evasión. Habla de desaparición, habla después de rescate; dice, finalmente, que ha instado al Tribunal para que adopte «cuantas medidas se reputen adecuadas para averiguar el paradero del señor Nin y la conducta de todos los elementos que han intervenido en los hechos». No es éste el tono que las autoridades suelen emplear, sobre todo en circunstancias tan especiales, cuando dan a conocer a la opinión pública la fuga de un detenido. Cuando un detenido se evade no se dice que ha desaparecido, sino lisa y llanamente que se ha evadido; y no se habla de su rescate, sino de su captura. Y si se trata de averiguar «la conducta de todos los elementos que han intervenido en los hechos», eso quiere decir que en el Ministerio de Justicia saben a qué atenerse respecto a la verdad de todo. Como lo sabemos nosotros, como lo sabe toda la clase trabajadora española, como lo saben las personalidades extranjeras que han visitado a los ministros del gobierno Negrín en demanda de explicaciones sobre la desaparición de Nin. Por otra parte, es claro como el agua pura que si los estalinistas hubieran sabido que Nin se había fugado, no habrían aguardado a que el gobierno hiciera pública la noticia de la desaparición. ¿Aguardaron quizá a que dictaminara la justicia o se pronunciara el gobierno para cantar a los cuatro vientos la «existencia de documentos comprometedores contra el POUM y sus dirigentes»? ¡Poco ruido habrían armado los estalinistas si fuera cierto que Nin se había evadido para hurtarse a la acción de los Tribunales! Después de haber leído los crepitantes editoriales de la prensa estalinista, a nadie le cabe la menor duda sobre la suerte corrida por Nin. Podrá dudarse si está muerto o si aún vive, pero nadie vacila en afirmar que Andrés Nin ha sido secuestrado. Tanto el ministro de la Gobernación como el de Justicia, no se han recatado en afirmarlo públicamente. ¿Por quién ha sido secuestrado? ¿A quién podía interesar la desaparición de Nin? Solo y exclusivamente a los estalinistas. Ellos fueron los que prepararon el golpe contra el POUM, los que lo llevaron a cabo, los que se proponían la eliminación, la exterminación, para decirlo con palabras de un vulgar analfabeto cuya cabeza no contiene más que odio y serrín -Miguel Valdés-, de los mejores hombres de nuestro partido. Andrés Nin, el mejor de todos, era también el primero en la lista. Hicieron con él lo que hubiesen querido hacer con todos; pero con los demás el cálculo les salió mal.



Aún merece otras consideraciones la mentada nota del ministro de Justicia. En ella reconoce que nuestro camarada Nin «fue detenido por la policía de la Dirección General de Seguridad» -esto es de importancia capital, puesto que el gobierno ha tratado luego de mostrarse ajeno a tal hecho y el ministro de la Gobernación declaró repetidamente que la policía no había intervenido para nada en la detención de Nin- y que su desaparición tuvo lugar en «un preventorio habilitado al efecto por el Comisario de policía de Madrid». Es decir, queda bien claro que tanto en la detención como en la desaparición de nuestro camarada han intervenido necesariamente -a menos que se demuestre que el rapto fue acompañado de un acto de fuerza, lo cual no se ha insinuado hasta el presente- elementos que pertenecen a la policía oficial. Otro detalle que interesa destacar es que con Nin ha desaparecido su guardia y que el ministro confiesa «que han resultado hasta la fecha infructuosas cuantas gestiones se han llevado a cabo por la misma para rescatar al detenido y a su guardia». Y subrayemos la palabra gestiones, que emplea el ministro de Justicia en lugar de «pesquisas», que es la expresión adecuada cuanto se trata de un caso de evasión; esto lo sabe bien el señor Irujo, que es leguleyo de profesión. En realidad, lo que se señala claramente es que los raptores son harto conocidos y que con ellos se habían entablado negociaciones más o menos oficiales para conseguir la entrega de todos los secuestrados, es decir, de Andrés Nin y de sus guardianes.



Merced a nuestras averiguaciones hemos podido ir conociendo por dónde pasó el camarada Nin, después de su detención en Barcelona. Como ya hemos dicho, fue sacado en la noche del mismo día 16 de la Jefatura de policía y, fuertemente esposado, trasladado a Valencia. Parece seguro que permaneció rigurosamente incomunicado en los calabozos de la Dirección General de Seguridad durante tres días. Desde Valencia fue conducido a Madrid. ¿Adónde? Eso no lo hemos podido averiguar. Lo que sabemos es que estuvo detenido en los calabozos de la Brigada Especial, sita en el Paseo de la Castellana. Un guardia de Asalto, de servicio
en esta dependencia, preguntó a nuestro camarada Bonet, que había salido del calabozo a evacuar una necesidad fisiológica: «¿Tú eres el del POUM que ha venido hace unos días y sobre el cual nos dieron órdenes muy severas?». Bonet respondió afirmativamente, dándose cuenta de que el guardia aludía a Nin, pues él había ingresado con otros tres camaradas y no se le había aplicado régimen distinto al de sus otros compañeros de detención. Bonet consiguió, al mentir al guardia, lo que se proponía: hacerle hablar. El guardia habló. No es prudente decir aquí lo que dijo. Nos basta su pregunta para poder afirmar que Nin pasó por los calabozos de la Brigada especial del Paseo de la Castellana. 



También tenemos la seguridad absoluta de que Nin pasó por los locales de la llamada Checa de Atocha. Un camarada nuestro de Madrid lo vio allí. Pero hay otro dato. Un día, nuestro camarada Andrade llamó a un agente de los que allí prestaban servicio para hacerle una reclamación sobre la comida. El agente le preguntó: ¿A qué partido pertenece? » Andrade le respondió que era miembro del Comité ejecutivo del POUM. Entonces, espontáneamente, el agente le dijo: «¡Ah!, ¿entonces tú perteneces al mismo partido que el ex consejero de la Generalidad que está abajo?». Se refería a los calabozos de incomunicados que se encuentran en la parte baja del edificio. Esta manifestación espontánea del agente de policía es una prueba evidente de que Nin también estuvo en la llamada Checa de Atocha.



Hay detalles que abonan la creencia de que desde este último lugar, Nin fue trasladado de nuevo a la Brigada especial de la Castellana. Aquí ya perdemos su pista. Pero tenemos indicios, facilitados por una persona que ha trabajado con gran interés en averiguar el paradero de nuestro compañero o la suerte que ha corrido, de que Nin, desde el Paseo de la Castellana -o desde otro sitio- fue trasladado a Alcalá de Henares, donde la policía al servicio del Partido Comunista tiene a su disposición, o al menos tenía en aquellos momentos, determinados locales. El traslado de Nin a Alcalá de Henares obedecía a un plan: el de hacerlo desaparecer, dando a entender que había sido raptado por la Gestapo alemana. El plan fracasó porque ni la propia policía creyó esta fantástica versión.



Agreguemos que la primera versión de la desaparición de Nin que dieron al ministro de la Gobernación fue que el ex consejero de la Generalidad había sido raptado por miembros del POUM. El ministro tardó muy poco tiempo en desecharla y en orientar sus trabajos para rescatar a Nin en dirección completamente opuesta a la de nuestro partido. 


Un alto funcionario del Estado, que en funciones de su cargo tuvo ocasión de hablar con nuestros camaradas del Comité ejecutivo, detenidos a la sazón en Madrid, hablando del caso Nin les afirmó categóricamente: «Si el gobierno me diera plenos poderes, estoy casi seguro de que ahora mismo montaría en el auto y pararía a la puerta misma del sitio en que se encuentra Nin». Esto significa que no solo se sabia que nuestro camarada había sido raptado y por quiénes, sino también el lugar donde se le tenía recluido. No otra cosa se dejaba traslucir a través de las palabras de los ministros, al responder a las preguntas de la primera delegación obrera internacional que estuvo en nuestro país, en el pasado mes de julio. Particularmente el ministro de Justicia insistió repetidamente en que Nin vivía y que se hacia todo lo posible por lograr rescatarlo. Asimismo, tanto el ministro de la Gobernación como el de Justicia, rogaron a representantes nuestros que el POUM no diera publicidad al hecho, ni se entrometiera en las gestiones que se realizaban, ya que entonces se corría el peligro «de que nos devolvieran un cadáver», según afirmaron. En fin, no se ha ocultado, ni en las palabras ni en los hechos, que Nin había sido víctima de un secuestro llevado a cabo por los estalinistas. Sin embargo, estos ministros son responsables de haber permitido el estalinismo que nos atacara y atacara impunemente a nuestro camarada Andrés Nin, amparándose en una censura facciosa puesta a su exclusivo servicio.



Tenemos en nuestro poder un documento autógrafo de la compañera de Nin. Olga Tareeva Pavlova. En él se hace un resumen de las declaraciones hechas a la citada compañera por el señor Irujo, ministro de Justicia. Este documento dice así:


«Primera entrevista, el 22 de junio de 1937.


Que los ministros no sabían nada de lo sucedido. Que ignoraban por completo la orden de detención contra Nin y demás camaradas, así como la clausura de los locales del POUM.


Que hace gestiones para «encontrar» a los detenidos y que en tal sentido trabaja la policía.


Él no cree que se hayan encontrado documentos comprometedores, ni que la gente del POUM sea fascista y agentes de Hitler y de Mussolini. Que está muy disgustado por lo que ocurría y promete hacer todo lo que pueda para hallar a los desaparecidos y ponerlos en manos de la policía española».

«Segunda y tercera entrevistas.


Irujo declara que está completamente seguro de que Nin vive. El y el ministro de la Gobernación tratan de «rescatarlo». No puede decir de manos de quién ni con quién trata para tal rescate. El ministro de la Gobernación ha ido a Madrid para rescatar a Nin pero ha vuelto sin él. Todo esto es muy desagradable, pero él no puede hacer nada para remediarlo. Con todo manifiesta su confianza en que pronto podrán tener a Nin en manos de la policía española».


«Otras entrevistas.


El señor Irujo continúa afirmando que Nin vive. A la pregunta: “¿Quién puede saber lo que ha sucedido a Nin?”, responde: “Los confidentes”, y alude a los ministros estalinistas.



El ministro de Justicia sabe por confidencias de su gente, correligionarios del Partido Nacionalista Vasco, que Nin está en Madrid y vivo, pero que es muy difícil encontrarlo. Él piensa que ahora los comunistas están arrepentidos y quisieran entregar a Nin, pero no saben cómo hacerlo. La policía busca por todo Madrid, pero aún no tiene una pista segura. A la pregunta de si su gente ha visto a Nin, responde que no, pero que le han dicho que vive personas que lo han visto.



El proceso contra los dirigentes del POUM lo será por los hechos de mayo y no por espionaje. Todo esto del espionaje es falso; ese fascista llamado Golfin, que querían complicarlo con ellos, ha declarado que no conoce a Nin ni a nadie del POUM, y los documentos que el ministro ha visto son de Falange. Lo que en uno de ellos se ha puesto sobre el POUM y una N... se ha comprobado que es todo falso; dice que alguien sacó esos documentos de los archivos de la policía y añadió todo eso que se refiere al POUM. El proceso no será a puerta cerrada y él dará todas las facilidades para que puedan defenderse.



En entrevistas posteriores se ha limitado a afirmar que Nin vive, que todos los días le dan nuevas pistas, pero que aún no sabe nada en concreto.


Firmado: Oiga Tareeva
Valencia, 9 de agosto de 1937».

Como se ve, el ministro de Justicia no hace más que repetir a la compañera Olga Tareeva lo mismo que dijo a la primera delegación internacional y a los representantes de nuestro partido que le visitaron en aquellos días, es decir, que Andrés Nin vivía, que había sido secuestrado y que se efectuaban gestiones para rescatarlo. Estas eran las palabras no solo del ministro de Justicia, sino de todos los ministros, excepto -naturalmente- los estalinistas. Y esas palabras tienen una importancia fundamental ya que expresan oficialmente la realidad de lo sucedido y rectifica por completo los argumentos que la prensa del Partido Comunista intentó sacar a colación a tenor de la supuesta «fuga» de Nin. Sin embargo, las gestiones del gobierno para «rescatar» a nuestro camarada no debieron dar mucho resultado. Al menos no se avanzó un ápice en el conocimiento exacto de la situación de Nin. La impresión que iba prendiendo en todos, en la clase trabajadora en general y en los propios ministros, era la de que Nin había sido asesinado. ¿Asesinado por quién? Asesinado por sus raptores, que el mismo ministro de Justicia había señalado con el dedo: los estalinistas. A esta conclusión se debió llegar en las altas esferas oficiales, lo que cambió por completo su actitud. Desde entonces, ya no se habla ni se alude para nada a «gestiones» ni a «rescate», sino que la única preocupación ministerial es poner de manifiesto que el Gobierno nada había tenido que ver ni con la detención ni con la desaparición de Andrés Nin. Se quiere -de nuevo la complicidad más absoluta- cubrir este asunto con el manto del silencio y no hablar más de él.

La camarada de Nin presentó, en el pasado mes de agosto, una denuncia ante el Juzgado de Guardia, denuncia en la cual se pone claramente de manifiesto toda la trama de la desaparición de nuestro compañero:

«Al Juzgado.

Olga Tareeva Pavlova, mayor de edad, con domicilio en esta capital, calle de Rosellón, número 168, piso cuarto, ante el Juzgado comparezco y expongo:


Que en calidad de compañera de Andrés Nin he de denunciar al Juzgado algunos hechos de los que ha sido víctima su esposo y que presentan la figura de delitos, de los más gravemente sancionados por el Código penal.



“Nin detenido por orden de la Dirección General de Seguridad”. 


Andrés Nin fue detenido el 16 del pasado mes de junio, cuando se hallaba en su despacho del Comité Ejecutivo del Partido Obrero de Unificación Marxista, instalado en la Rambla de los Estudios. Fue trasladado seguidamente a la Comisaría general de Orden público, de donde, al cabo de unas horas, fue sacado en automóvil, con destino y dirección desconocidos.



Quienes efectuaron la detención, acreditaron su condición de agentes el Cuerpo de Investigación y Vigilancia, y exhibieron, además, una orden e detención firmada por el jefe de policía de Barcelona, señor Burillo.



La noticia de la detención de Andrés Nin la publicó toda la prensa, la cual publicó también la información de que dicha detención había sido efectuada por agentes de la Dirección General de Seguridad, que se trasladaron a Barcelona desde Madrid con el objeto de detener a Nin y a los demás dirigentes del POUM, a los que se acusaba de espionaje.



“Nin detenido al margen del gobierno de Valencia”



Desde el momento mismo de la detención de Andrés Nin, se realizaron gestiones para saber su paradero y aclarar el sentido y alcance de su detención. A pesar de ello no ha sido posible localizar el paradero de Andrés Nin. Cuantas gestiones han sido efectuadas cerca de los ministros del gobierno de la República, han sido totalmente infructuosas. Los ministros del Gobierno de la República no pudieron dar ningún dato sobre el paradero de Andrés Nin, “porque ellos mismos lo ignoran”.



Nin, detenido en Barcelona en méritos de una orden firmada por el jefe de policía señor Burillo, detenido por unos agentes de la Dirección General de Seguridad, “había desaparecido, en calidad de detenido, del control del Gobierno”.



“Andrés Nin fue secuestrado”. 



Posteriormente, una nota hecha pública por el Ministerio de Justicia el día cuatro de los corrientes, daba cuenta de que Andrés Nin había estado detenido en Madrid, en un preventorio habilitado al efecto por el Comisario de policía de aquella capital, del cual –sigue diciendo la referida nota- desapareció, habiendo resultado “hasta la fecha  infructuosas cuantas gestiones” se han llevado a cabo para “rescatar al detenido y a su guardia”.



O sea que Andrés Nin y los que tenían confiada su vigilancia han sido secuestrados, y se hacen gestiones para rescatarlos. Rescatarlos, ¿de quién?



“Liebknecht, Luxemburgo, Matteoti...”


Resumiendo: Andrés Nin es detenido por la Dirección General de Seguridad, a través del jefe de policía de Barcelona, señor Burillo. Nin es trasladado a Madrid, sin que el Gobierno conozca su paradero. Y al cabo de unas semanas, el Ministerio de Justicia nos informa que se hacen gestiones para rescatar a Andrés Nin.



En esta denuncia queremos hacer abstracción del aspecto político de la cuestión, que en su día juzgará y sancionará el proletariado. Este aspecto político nos llevaría sin duda a poner de relieve la monstruosidad de que un partido, amparándose en los instrumentos de poder que están en sus manos, detenga y haga desaparecer a un dirigente obrero, tal como se hizo con Karl Liebknecht, Rosa Luxemburgo y Giaccomo Matteotti.



No es para exponer este aspecto del caso que comparecemos hoy ante el Juzgado, sino porque entendemos que los hechos anteriormente reseñados presentan claramente la figura de delitos, perseguibles de oficio, y previstos y penados en el Código penal.



La orden de detención de Andrés Nin estaba firmada por el señor Burillo, jefe de policía de Barcelona. ¿Dicha detención fue conocida y ordenada por sus superiores jerárquicos, el Director General de Seguridad y el ministro de la Gobernación?



Andrés Nin fue trasladado a Madrid. ¿Dicho traslado fue ordenado por el Director General de Seguridad, señor Ortega, y fue conocido por el ministro de la Gobernación?



Andrés Nin fue secuestrado del preventorio donde se hallaba detenido en Madrid. ¿En qué circunstancias se realizó este secuestro? Podrán informar sin duda sobre el caso los agentes de la autoridad encargados de su custodia, y especialmente los agentes de la Brigada especial de Madrid Fernando Valentín, Rosell, Ramallo e Iglesias, los cuales estuvieron en relación estrecha con Andrés Nin.



Puede asimismo contribuir al esclarecimiento de los hechos a que puedan ser aplicadas las oportunas sanciones penales, la declaración del director del diario de Valencia “Frente Rojo”, afecto al Partido Comunista de España, por cuanto en el artículo editorial del día 10 de los corrientes ha afirmado que «conoce y sabe el paradero de Andrés Nin.



Por último, creemos que también puede facilitar datos sobre lo acaecido a Andrés Nin, el comisario de Orden público de Madrid, David Vázquez, al cual se le negó, a pesar de la naturaleza de su cargo, que Andrés Nin, detenido gubernativo, quedase bajo su control y responsabilidad.



Por todo lo anteriormente expuesto, y estimando que de los hechos que quedan reseñados aparecen indicios más que suficientes para suponer la comisión de distintos delitos de los perseguibles de oficio, es por lo que los pongo en conocimiento del Juzgado, a fin de que se disponga la instrucción del correspondiente sumario.



Barcelona, veinte de agosto de mil novecientos treinta y siete.
Firmado: Oiga Tareeva Pavlova»


Como consecuencia de esta denuncia y de las protestas recibidas de todos los países del mundo, el Ministerio de Justicia resolvió abrir una información, nombrando juez especial encargado de la instrucción del sumario por el secuestro y probable asesinato de Andrés Nin al señor Moreno Leguia y en representación del Ministerio fiscal al señor De Juan. Ambos funcionarios comenzaron su actuación y estuvieron en Madrid practicando diversas diligencias. En el sumario instruido sabemos prestaron declaración cuatro ministros, el de la Gobernación y el de Justicia entre ellos, siendo de suponer que los otros dos habrán sido los representantes estalinistas. También prestó declaración el ex Director General de Seguridad, señor Ortega, sobre quien recae, en primer término, la responsabilidad mayor por la desaparición de Nin; y el actual Director General interino, señor Morón. Igualmente fueron llamados a declarar nuestros camaradas Andrade, David Rey, Gorkin, Bonet y José Escuder. Se ignora hasta el presente el resultado de todas estas diligencias, así como el estado del sumario. De todas formas, tanto la destitución del teniente coronel Ortega de la Jefatura de la Dirección General de Seguridad como la del señor Vázquez, comisario general de Orden Público en Madrid, pueden relacionarse con la marcha de estas diligencias sumariales.



La denuncia de la compañera de Andrés Nin apunta claramente el procedimiento a seguir para ir esclareciendo los hechos. El procedimiento es el siguiente: 1) Averiguar quiénes lo detuvieron y por orden de quién; 2) A dónde lo han llevado y por los lugares que ha pasado hasta recluirlo en el preventorio que el comisario de policía de Madrid habilitó al efecto; 3) Quiénes custodiaban a Nin el día que desapareció, cosa bastante fácil de averiguar si se tiene en cuenta que en las Comisarlas se hace el recuento de los detenidos varias veces al día; 4) Filiación política de sus guardianes del día que desapareció; 5) Expresar las cárceles independientes del Estado y por las cuales ha pasado Nin; así se verá quién tenía el control de las mismas y quién tenía interés en que el detenido no estuviera bajo la protección de las autoridades gubernamentales; 6) Los detalles más interesantes pueden y deben darlos los policías de la Brigada especial de Madrid Valentín, Ramallo, Rosell e Iglesias, los cuatro en relación directa con Nin durante su detención, así como el que fue comisario general de Orden Público en Madrid señor Vázquez, al cual se le impidió, no obstante su cargo, hacerse responsable del detenido.



Es en este sentido que debe orientarse el sumario abierto por orden del ministro de Justicia. No sabemos si lo habrán hecho así o no. Pero lo que sí fue de dominio público ha sido el suceso acaecido con motivo de las diligencias practicadas. Parece ser que el juez especial que instruye o instruyó el sumario, después de las primeras diligencias verificadas, ordenó la detención de dos policías por su intervención directa en el asunto. Automáticamente, el director general de Seguridad, señor Morón, ordenó la detención del juez mencionado. Como se ve, existe la preocupación máxima de que no se esclarezca nada de este affaire.



La prensa estalinista lanzó el bulo: según ellos, el camarada Nin había sido liberado por gente del POUM, para ponerlo así a salvo. Como la patraña no prendió, su rica imaginación detectivesca parió otra, no menos ridícula y falsa: fueron agentes de la Gestapo alemana los que lo raptaron, para librarlo de la justicia republicana y llevárselo a Salamanca o a Berlín. Fíjese el lector en este hecho: tanto en una como en otra versión se habla de rapto por un simple grupo armado, como si en el momento actual, de extrema vigilancia en todas las prisiones y de las cuales no puede evadirse un vulgar raterillo, fuera posible a cualquier grupo llegar hasta una prisión, no encontrar en ésta a nadie de vigilancia, sacar al detenido y llevárselo tranquilamente sin que nadie viera nada ni supiera nada, a pesar de los controles de carretera existentes y de que no es posible dar un paso sin tropezar con fuerzas de vigilancia. La leyenda o historieta es tan burda que moverla a risa si no se tratara de la vida de Andrés Nin, incalculablemente valiosa.



En realidad, nadie se ha hecho eco de la leyenda estalinista, ni la clase trabajadora de nuestro país, ni la del mundo entero, ni siquiera los corresponsales de la prensa extranjera. Las versiones dadas en los diarios extranjeros coinciden en afirmar categóricamente el asesinato de Nin a manos de los estalinistas. El diario londinense Times, en un número del pasado mes de agosto, escribió: «Según informes privados es falsa la huida de Nin, dirigente del POUM. Este fue asesinado por sus enemigos políticos. Nin fue cogido una noche por un grupo armado, hace ya algunas semanas, en la cárcel de Madrid, y desde entonces su paradero ha quedado envuelto en el misterio. Se dice con persistencia que su cadáver fue encontrado en los alrededores de Madrid». Otro diario, L'OEuvre de París, comentaba el 7 de agosto el hecho de la manera siguiente: «Según informes dignos de crédito, el fundador del POUM fue víctima, al igual que sus acompañantes, de un accidente mortal durante su traslado. Todo el grupo fue segado por la misma ametralladora que se cargó en el auto durante su salida de la cárcel de Madrid donde Nin estaba detenido». Los relatos de la demás prensa política y de información del extranjero no difieren mucho de éstos. Las averiguaciones realizadas por camaradas de nuestro partido -y por destacados militantes de la CNT, han permitido precisar aún más lo ocurrido. En efecto, el camarada Nin fue trasladado a un preventorio -en realidad se trataba de una «villa», habilitado para tal efecto en Alcalá de Henares. Parece ser que allí se presentaron varios oficiales del Ejército republicano, algunos de ellos de las Brigadas internacionales, llevando una orden firmada por el comisario de policía señor Vázquez, en la cual se ordenaba la entrega de Nin a los portadores de dicha orden. El jefe del preventorio que casualmente conocía la escritura de Vázquez, observó que la firma era falsa, por lo que se negó a la entrega del detenido. Los oficiales, con la complicidad de la guardia y quizá de algún alto jefe militar se llevaron a la fuerza no solo a Nin, sino también al jefe de la prisión y a un par de funcionarios. Como bien se ve, no querían dejar tras de sí más que a gente comprometida y dispuesta al silencio. ¿Adónde fueron trasladados los detenidos? Esto se ignora. Lo que sí se sabe es la complicidad directa del general ruso Orlov, el cual en declaración prestada incurrió en bastantes contradicciones.



Existe un informe hecho público por la segunda delegación internacional que estuvo en España, compuesta por James Maxton, miembro de la Cámara de los Comunes y presidente del Independent Labour Party; André Weil-Curiel, abogado del Colegio de París; Pierre Foucaud, periodista y miembro del Consejo nacional del Partido Frontista, delegado en el Buró del Frente Popular francés, e Yves Levy, también periodista y militante del Partido Socialista de Francia. En ese informe, amplio y detallado, se mencionan las diversas entrevistas que la delegación tuvo con los ministros. Refiriéndose a la desaparición de Nin, el informe dice: «Los señores Irujo, Zugazagoitia y Prieto han insistido mucho sobre el hecho de que no se creyera que el gobierno estaba interesado en hacer desaparecer a Nin; que, por el contrario, este asunto les incomodaba enormemente y que habían hecho todo lo posible por encontrarlo. El señor Irujo afirmó textualmente que Nin no ha estado nunca en una cárcel del gobierno... que jamás puso los pies en una prisión del Estado. «Nin habrá sido secuestrado -dijo Irujo- por elementos fascistas, hipótesis que no le parecía muy verosímil, o por elementos de las Brigadas internacionales, hipótesis más cierta». Más adelante, refiriéndose a la entrevista celebrada con Zugazagoitia, el informe dice: «La delegación se despide del ministro, después que éste ha reafirmado su parecer de que Nin vive, de que se le encontrará y que él desea vivamente poder presentarlo a sus amigos como una prueba evidente de la tesis que sostiene. Añade que es preciso llevar las gestiones con una extrema lentitud, puesto que, si se precipitan las cosas, se corre el riesgo de no encontrar más que un cadáver». El subsecretario de la Presidencia, señor Prat García, dijo a la delegación: «No puede decirse si Nin vive o si está muerto. Si vive se le puede hallar, sea en una embajada, sea en un lugar que no goce de protección diplomática. En el primer caso sería extremadamente difícil poder descubrirlo...». ¿De qué embajada podría tratarse? Señalemos que ni Alemania ni Italia tienen embajada o consulado alguno. Solo podía tratarse de una: la de la Unión Soviética. Así lo creen también destacadas personalidades y militantes de relieve en el movimiento obrero de nuestro país.


Que el secuestro del camarada Nin ha sido fraguado y efectuado por elementos estalinistas está ya fuera de toda duda. Como ha quedado comprobado por las declaraciones mismas de los ministros, la detención de Nin fue un golpe de los estalinistas: estalinistas lo detuvieron y estalinistas eran los que formaban su escolta hasta su traslado a Madrid. Allí estuvo recluido en diversas «checas» y preventorios que, según los ministros de la Gobernación y de Justicia, no son del gobierno; es decir, que habían sido habilitados por los estalinistas. Por último, el señor Irujo no oculta su parecer de que fue secuestrado por elementos de la Columna internacional y el señor Prat García insinúa la posibilidad de que se encuentre en una embajada, que no podía ser otra que la soviética. Zugazagoitia hablaba a los camaradas extranjeros de «llevar las gestiones con extrema lentitud, puesto que, si se precipitan las cosas, se corre el riesgo de no encontrar más que un cadáver». La trama está, pues, perfectamente al descubierto: las gestiones a que se refiere el ministro de la Gobernación demuestran que el Gobierno conoce a los secuestradores y, posiblemente, hasta el lugar donde estaba Nin. En una palabra: las gestiones se llevaban a cabo con los estalinistas. Por lo que parece, no han dado el menor resultado. ¿Qué ha sido del camarada Andrés Nin? Una de dos: o bien ha sido conducido a la URSS o bien ha sido asesinado.


«Puedo asegurarle -escribía el ministro de Justicia a nuestro abogado señor Pabón- que nadie de los detenidos ha sufrido un rasguño, ni un mal trato, ni otra presión que la de su propia conciencia...».

7. ¿QUIÉNES SON LOS HOMBRES DEL POUM?


"¿Cuáles son los méritos revolucionarios de los dirigentes del POUM?"
(Frente Rojo, julio de 1937)



Un diario estalinista -Frente Rojo, de Valencia-, con la procacidad del ignorante o la falsa ingenuidad del tonto, se ha permitido preguntar públicamente por los méritos revolucionarios de los camaradas dirigentes de nuestro Partido, desaparecido uno, procesados otros y encarcelados los más, víctimas todos ellos de la infame conjura tramada por el estalinismo moscovita, secundada por el PSUC y por el llamado Partido Comunista de España y ejecutada harto diligentemente por «chekistas» importados y por policías españoles a su servicio.



¿Quiénes son los hombres del POUM? La interrogante hasta resulta baladí si se tiene en cuenta que nuestros camaradas son todos ellos sobradamente conocidos en los medios obreros, principalmente. Baste saber esto: han sido, en su mayoría, los primeros defensores de la Unión Soviética, los que primero se adhirieron a la revolución rusa, los fundadores del Partido Comunista en España. Han estado, ya hace muchos años, en primera línea en la lucha contra la monarquía, contra la dictadura militar de Primo de Rivera, contra el régimen burgués que la República intentó e intenta estabilizar. Han sufrido persecuciones, encarcelamientos, deportaciones, procesos... Cuentan con un gran historial, con un pasado y un presente revolucionario que para sí quisieran algunos de esos advenedizos del comunismo que garabatean en Frente Rojo y en Mundo Obrero. Pero dejemos que hablen los hechos. He aquí un brevísimo resumen de la vida de militantes revolucionarios de algunos de los dirigentes y procesados del POUM:



Andrés Nin


Andrés Nin comenzó sus actividades políticas muy joven, siendo casi un niño. Militó primero en el movimiento nacionalista catalán, pero pronto abandonó voluntariamente sus filas para entregarse a la causa del proletariado. Ingresó en la sección catalana del Partido Obrero Español. Muy pronto se distinguió por sus magníficas dotes de propagandista y organizador; en la prensa y en la tribuna ocupó un lugar preferente.


Fue uno de los organizadores del Sindicato de Profesiones liberales de Barcelona y como delegado del mismo asistió al histórico Congreso de la CNT celebrado en el Teatro de la Comedia de Madrid, en 1919. En este Congreso tuvo una participación destacada y lucida, figurando en varias ponencias. Aprovechó una de sus intervenciones para expresar su entera identificación con la revolución rusa y sus hombres, a la vez que anunció su abandono de las filas del Partido Socialista y su incorporación al movimiento sindicalista revolucionario. De la Memoria de dicho Congreso, publicada por la CNT años más tarde, recogemos algunos párrafos de su discurso: «Yo soy un fanático de la acción, de la revolución; creo en los actos más que en las ideologías lejanas y las cuestiones abstractas. Soy partidario de la Tercera Internacional porque ella es otra realidad, porque por encima de las ideologías representa un principio de acción, un principio de coexistencia de todas las fuerzas netamente revolucionarias que aspiran a implantar el comunismo de manera inmediata. Por esta razón, yo, que he pertenecido al Partido Socialista hasta el día en que éste acordó en su Congreso permanecer en la II Internacional, os anuncio a todos vosotros, compañeros de España, que sigo siendo revolucionario; que, desde el día en que el Partido Socialista acordó persistir en sus normas anticuadas, me he dado de baja en él para luchar incondicionalmente con vosotros en el puro terreno de la lucha de clases» Así hablaba Andrés Nin en 1919, no después del 19 de julio de 1936, sino hace más de dieciocho años.

En el año 1920, en plena represión de Martínez Anido y de Arlegui, fue nombrado secretario del Comité nacional de la CNT, para sustituir a Avelio Boal que acababa de ser asesinado. En aquel periodo, los mejores militantes de la organización confederal caían asesinados en las calles de Barcelona por las bandas armadas de la reacción. Una represión terrible se había desencadenado contra la CNT; en estas condiciones Nin pasó a ser el secretario general de dicha central sindical. Los pistoleros del Sindicato Libre lo buscan con tenacidad. Una noche, estando Nin junto con Canela en el bar El Ciclista, llegan los del Libre, que al fin creían poder satisfacer sus deseos. Una lluvia de tiros se descarga sobre los dos y Canela cae al suelo, muerto; Nin puede librarse del atentado y huir por la parte trasera del edificio. Las bandas de pistoleros no logran dar con él. Durante los años 1920 y 1921 se ve obligado a hacer una vida completamente ilegal y clandestina. Y a pesar de todas las dificultades y enormes peligros, Andrés Nin continúa firme en su puesto de máxima responsabilidad.

En 1921 la CNT designó una comisión para que se trasladara a Rusia con objeto de informar a la organización confederal sobre el desarrollo de la revolución en aquel país. Forman parte de la delegación Andrés Nin, Joaquín Maurín, Arlandís, Jesús Ibáñez y Gastón Leval. A su regreso de Rusia todos los delegados, con excepción de Leval, dieron su adhesión a la Internacional Comunista. Andrés Nin asistió al I Congreso de la Internacional Sindical Roja, siendo designado secretario de la misma, en unión de Losovski, cargo que desempeñó durante unos años.

Intervino Nin muy activamente en poner a salvo a los autores de la muerte de Dato, presidente del Consejo de ministros de la monarquía. En Berlín fue detenido por la policía alemana, al mismo tiempo que Nicolau y su compañera. El gobierno monárquico español puso gran empeño en conseguir la extradición de los tres detenidos, pero solo obtuvo la de los dos últimos. Nuestro camarada fue insistentemente reclamado por la Unión Soviética, que al fin logró salvarle. Andrés Nin fue expulsado de Alemania.


Además de sus cargos en la Internacional Sindical Roja, fue nombrado igualmente miembro del soviet de Moscú. Ha sido varias veces delegado de la Internacional Comunista y de la Internacional Sindical Roja en los países orientales, en América latina y en varios países de Europa. Representando a la Tercera Internacional asistió a diversos congresos en Holanda, Francia, etc. En 1923-1924 permaneció varios meses en Italia, de cuyo país fue expulsado. En 1926, en plena dictadura fascista, volvió a entrar clandestinamente en Italia, al objeto de orientar al Partido Comunista italiano y concurrir a la reunión de su Comité central. Allí permaneció durante algunas semanas, hasta terminar su misión.


Se ha visto expulsado de diversos países, siempre por motivos puramente políticos. Lo fue de Italia, de Alemania, de Inglaterra y de Francia. Organizó la Conferencia Sindical Panamericana y todo el movimiento sindical revolucionario de América latina y de los Balcanes. A estos problemas dedicó la máxima atención y sobre ellos escribió numerosos artículos y folletos. Durante todos esos años colaboró en lugar preferente en las principales publicaciones de la Internacional Comunista y de la Internacional Sindical Roja, en revistas soviéticas y en las de diversos países. Más tarde, cuando se produjeron las luchas de tendencias en el seno del Partido Comunista ruso, Nin se puso resueltamente al lado de la Oposición de izquierda. Es de los que reclaman en el partido de Lenin el derecho a pensar, el derecho a hablar, a pronunciarse libremente, y también una reforma capital del régimen, con vistas a un retorno a la democracia obrera. Por esta causa fue expulsado del partido, de sus puestos en la Internacional y del soviet de Moscú. Tuvo que sufrir las mismas persecuciones que el resto de los componentes de la oposición. Se le deportó oficialmente a Kazakstán; sin embargo, la medida no se cumplió a causa del renombre de Nin en el extranjero. Pero la GPU no le dejó tranquilo; atravesó momentos verdaderamente difíciles, pues se le cierran todas las posibilidades de ganarse la vida con su trabajo.


Nin intenta salir de la URSS y no le dejan. Escribe entonces una violenta carta al Comité central y otra, verdadera requisitoria, a Stalin: exige le dejen partir para España y poder ocupar un puesto de lucha en nuestro país. Después de varios forcejeos, consigue sus propósitos; le dan un plazo de unos breves minutos para que abandone la Unión Soviética y acompañado de varios chequistas sale hacia la frontera letona. Allí surgen nuevas dificultades, ya que como no tiene documentación no le dejan entrar en Letonia. Así pasan unos días de tiras y aflojas; mientras tanto llega su mujer y las dos niñas. Por fin logran llegar todos a Riga.


En España pasó a organizar la Oposición Comunista de Izquierda, de la cual fue uno de sus principales dirigentes; esta organización se transformó luego en la Izquierda Comunista, de la cual fue su secretario general hasta su fusión con el Bloque Obrero y Campesino, dando nacimiento al actual POUM. En 1932 dirigió en Barcelona el semanario El Soviet, siendo varias veces detenido y procesado; en diciembre del mismo año fue nuevamente encarcelado y trasladado a Algeciras, donde hubo de permanecer más de tres meses, procesado por rebelión militar.



Formó parte, desde su constitución, del Comité regional de la Alianza Obrera de Cataluña, interviniendo desde este organismo en la insurrección de octubre de 1934 en la región 
autónoma catalana. 

Finalizado el movimiento, se vio obligado a vivir durante algún tiempo en la clandestinidad, para escapar a la persecución policiaca. Después, desde la tribuna y la prensa ataca duramente al régimen vaticanista que se había apoderado de la República. En Valencia tomó parte en un grandioso acto en memoria del periodista Luis de Sirval, asesinado por los legionarios en Asturias; su discurso fue una magistral pieza de acusación.



Al crearse el POUM como consecuencia de la fusión de la Izquierda Comunista y del Bloque Obrero y Campesino, fue nombrado miembro del Comité ejecutivo y director de la revista Nueva Era, órgano teórico del partido; más tarde, por ausencia del camarada Maurín, ocupó la secretaría general, cargo que desempeñaba hasta el momento de su última detención.



Poco después de la sublevación militar-fascista fue designado miembro del Consejo de Economía de Cataluña y en el mes de septiembre pasó a ocupar la Consejería de Justicia del gobierno de la Generalidad. Desde allí legalizó la revolución en el Derecho, simplificó de modo revolucionario los procesos, creó los Tribunales populares, dictó una ley de divorcio y concedió los derechos políticos a la juventud a partir de los 18 años. El ejemplo de su labor revolucionaria realizada en la Consejería de Justicia perdura y perdurará durante mucho tiempo.


Andreu Nin. El fascismo italiano




Andrés Nin es autor de dos obras fundamentales en la bibliografía marxista de nuestro país: Las dictaduras de nuestro tiempo y Los movimientos de emancipación nacional. En la primera analiza y pone al desnudo la realidad del fascismo, siendo al mismo tiempo una viva réplica al libro de Cambó Las dictaduras; sobre el valor de la segunda puede leerse una cálida y entusiasta alabanza que de la misma hizo el señor Vidiella -actual Consejero en nombre del PSUC, presidente de la UGT catalana y coparticipe en la desaparición de Nin hasta que no se nos demuestre lo contrario- desde la revista madrileña Leviatán. Ha publicado asimismo Nin Las organizaciones obreras internacionales y numerosos folletos en español, catalán, francés, inglés y ruso, entre otros varios los siguientes: El proletariado ante la revolución española, Qué son los soviets, Manchuria y el imperialismo, Revolución y contrarrevolución en España, La huelga general de enero y sus enseñanzas, Los soviets: Su origen, desarrollo y funciones, etc. Desde hacia algún tiempo estaba trabajando en una obra sobre Salvador Seguí y el movimiento obrero catalán, obra que no llegó a terminar por impedírselo sus actividades revolucionarias.



Ha traducido al catalán y al castellano numerosas obras rusas y francesas de teoría marxista, de crítica y de literatura, obras publicadas por las más importantes editoriales de España: Proa, Juventud, Atenea, Apolo, Aguilar, España, Espasa Calpe, Cenit, Ediciones Hoy, etc. Igualmente ha colaborado asiduamente en diversos diarios y revistas de carácter político y literario. En nuestro país publicaron estudios suyos Leviatán, Orto, Comunismo, Nueva Era, Revista de Catalunya, etc.


Explicó importantes cursos de marxismo y de economía política en el Ateneo Enciclopédico Popular y en el Ateneo Politécnico de Barcelona; ocupó la tribuna del Ateneo de Madrid y otros centros culturales de importancia; dio conferencias en numerosas regiones de toda España. Además, pasaba Andrés Nin por ser uno de los mejores estilistas del idioma catalán.


Tal es el hombre detenido el 16 de junio y desaparecido más tarde. Esta es la vida revolucionaria de uno de los teóricos más eminentes del marxismo, de quien sabia hermanar la teoría y la práctica, el estudio y la acción. Serviría este ejemplo maravilloso de fidelidad constante a la causa suprema del proletariado
y del socialismo para dar por contestada la aviesa interrogante del diario estalinista Frente Rojo.



Daniel Rebull (David Rey)


Daniel Rebull, más conocido en el movimiento obrero por el seudónimo de David Rey, comenzó su actuación de militante obrero en 1904, a los quince años de edad, ingresando en la Sociedad de Resistencia de Mecánicos de Barcelona. 



En 1905, en su pueblo natal, donde residía por temporadas, fundó el grupo anarquista «Los trece». Con motivo de los acontecimientos revolucionarios de julio de 1909, este grupo trató de interceptar las comunicaciones telefónicas de la Estación de Guiamets, por lo que sus miembros fueron objeto de persecución. Durante la prolongada represión que siguió a aquella insurrección, vivió en continua y estrecha relación con los grupos de militantes anarquistas de Barcelona, participando en cuantas huelgas generales se plantearon.



A principios de 1914 se trasladó a Alemania y trabajó como mecánico en Mannheim hasta 1917, año en que regresó a España. A su llegada, se incorporó inmediatamente al Sindicato de Mecánicos, que tenía su local en la calle de Ataulfo. Por su constancia y actividad fue nombrado vicesecretario del mismo. Participó en la huelga general revolucionaria que se produjo con motivo de la Asamblea de Parlamentarios, actuando en ella con Seguí, Miranda, Barrera, España, Buenacasa, Viadiu y otros militantes. En ese mismo año fue nombrado por los metalúrgicos delegado a la Federación Local de Barcelona, donde actuó con Emilio Mira, que representaba al Sindicato de la Madera; Ricardo Fornells, representante del Sindicato de Vidrieros, etc. En ese Comité se encargó de la tesorería y organización. 



Asistió como delegado al Congreso regional de 1918 (Congreso de Sans), uno de cuyos más importantes acuerdos fue ir a la constitución de los sindicatos únicos de industria. Asistió también, como delegado de la Federación local de Barcelona, al Congreso nacional celebrado en Madrid, en el Teatro de la Comedia, en 1919. No hay militante de esa época, ni de las anteriores, que no conozca las actividades de David Rey. Galo Diez, Mauro Bajatierra, Paulino Díaz y otros muchos las recordarán aún. 



Durante el periodo que va de 1917 a 1919 fue cuando su actividad y sus dotes de organizador se emplearon a fondo. El Comité local de Barcelona le encargó la organización del Sindicato Único Tranviario; los tranviarios, desde época lejana, se hallaban bajo la férula militar de Foronda. Le acompañaron en esta labor el compañero Melé, del Sindicato de la Madera, y dos ex tranviarios. El éxito, a pesar de las dificultades, fue tan completo que sus resultados pudieron comprobarse pocos meses después, en la declaración de la huelga general originada por el conflicto de La Canadiense; los tranviarios dieron ese día el ejemplo de disciplina mayor que registra nuestro movimiento obrero.



Delegado por el Comité local, formó parte del comité de huelga de camareros y cocineros, junto con Boix, Moliné, Torcal y otros. Fue esta la primera huelga de conjunto que plantearon unidas las dos secciones de Alimentación. En esta huelga, dirigido y aconsejado por David Rey, hizo sus primeras armas, como muchacho de valor y valía, el compañero García Oliver, y con él otros que más tarde dieron su vida o su juventud por el enaltecimiento de la CNT. Durante la huelga de La Canadiense, suspendida Solidaridad Obrera y clausurados los sindicatos, perseguidos sus militantes, por acuerdo unánime del Comité nacional, del regional de Cataluña y del local de Barcelona, se delegó a David Rey para que organizase la publicación y reparto de la Soli clandestina.



En Villafranca del Penedés, en una pobre imprenta de un modesto impresor, David Rey imprimió la Soli. Colaboraron en ella Pestaña, Nin, Canela, Peronas, Mira, Paulino Díaz y otros. Se trabajaba día y noche. Salía dos veces por semana y de cada número se hacía la tirada máxima que permitía la imprenta.

El 6 de febrero, en plena actividad, fue detenido y trasladado al Cuartel de Caballería de Numancia, en calidad de incomunicado y a disposición de la autoridad militar. Se estaba en estado de guerra y la Soli era un panfleto antimilitarista. Se le instruyó proceso por insultos e incitación a la rebelión, condenándolo luego a seis años de prisión correccional. Paralelamente a este proceso y también por la jurisdicción de guerra se le instruyó otro por asociación ilegal -el Sindicato de Tranviarios-, condenándolo asimismo a seis años, más seis meses por empleo de nombre supuesto.



Con motivo del atentado contra el conde de Salvatierra, en Valencia, David Rey fue de nuevo procesado. Se le acusaba de haber inspirado aquel acto. Durante todo el periodo en que las bandas terroristas de la patronal y de Martínez Anido asesinaban diariamente a militantes obreros, David Rey permaneció en su puesto, desplegando una infatigable actividad.



En 1920 fue deportado al Castillo de la Mola, en unión de Companys, Seguí, Viadíu, Botella, Barrera, Amador, Salvadoret, Piñón, Arín, los hermanos Vidal y otros más, hasta treinta y seis.



En 1921, estando en la cárcel, deriva sus actividades hacia el comunismo y se incorpora al grupo que, dirigido por Maurín, se reunía en torno al semanario Lucha Social de Lérida.



Con motivo de un indulto general, fue puesto en libertad a últimos de 1924, incorporándose inmediatamente, de manera activa, al movimiento comunista, siendo nombrado secretario general de la Federación Comunista Catalano-Balear. 



Asistió a la reunión del Comité central ampliado que se celebró en Bilbao, donde se le eligió para formar parte del Comité ejecutivo del Partido Comunista. Este Comité acordó la publicación de un semanario ilegal, La Vanguardia, contra la guerra de Marruecos, del que se publicaron varios números. Detenido al principio de 1925 solo gozó de cinco meses de libertad. Se le siguió proceso por incitación a la rebelión e insultos a Primo de Rivera, siendo condenado a seis años de prisión por publicación clandestina e insultos, a otros seis años por incitación a la rebelión y a tres años más por reincidencia. Paralelamente a este proceso se le siguió otro en Bilbao, por reunión clandestina, en el que figuraron Maurín y otros camaradas, condenándosele a tres años y medio de cárcel. Sus mayores actividades en la prensa obrera se han desarrollado desde la prisión.



En 1929 salió del penal de Burgos, gracias también a un indulto general, para ocupar inmediatamente su puesto de combate. Estableció su residencia en Sabadell. Se incorporó al sindicato y al advenimiento de la República, el 14 de abril de 1931, en plena reunión del pueblo con las nuevas autoridades municipales, exigió el desarme inmediato del somatén y el armamento del pueblo, lo cual fue llevado a cabo en menos de veinticuatro horas. Formaron el Comité revolucionario nombrado por dicha asamblea Beltrán, Rosos y otro, por la CNT, y David Rey, junto con Molins, por el Bloque Obrero y Campesino.



Desde 1918 a 1929, aparte de los encarcelamientos derivados de procesos ha sufrido numerosas detenciones de carácter gubernativo. Durante este largo período ha disfrutado de pocos y breves meses de libertad.



Ha formado parte del Comité central del Bloque Obrero y Campesino hasta su fusión con la Izquierda Comunista para crear el POUM, habiendo figurado repetidas veces en las candidaturas de aquella organización.



Colaboró activamente, en 1934, en las actividades de la Alianza Obrera. Durante las jornadas del 6 y 7 de octubre actuó valientemente en la calle.



El 19 de julio ocupó su puesto en las barricadas, oponiéndose al alzamiento militar. Inmediatamente después fue puesto al frente de las oficinas de alistamiento para la formación de las milicias del POUM. En octubre de 1936 marchó, al frente de una comisión, a México, de donde regresó en el mes de febrero siguiente, habiendo realizado durante su estancia en la República mejicana 130 mítines de propaganda en favor de la causa del proletariado español.




Juan Andrade



Después de haber militado desde los catorce años de edad en las Juventudes Radicales y haber sido redactor-jefe de su órgano en Madrid, Los Bárbaros, ingresó en 1916, a los 18 años, en el grupo de estudiantes socialistas. Al triunfar la revolución rusa intervino activamente en su defensa y en dar a conocer sus principios políticos a los trabajadores y a los medios estudiantiles y ateneísticos. Colaboró en 1918-1919 en el semanario madrileño Nuestra Palabra, primer semanario que defendió en España a la III Internacional. Al llegar a España, en 1919, Borodín y Roy como delegados de la Internacional Comunista, con el objeto de fundar la sección española, Andrade se puso en relación con ellos en nombre del Grupo de Estudiantes Socialistas. De hecho, dirigió Andrade el semanario Renovación, órgano de la Federación Nacional de Juventudes Socialistas, durante los últimos meses de 1919 y primeros de 1920.



El 15 de abril de 1920, al transformarse las Juventudes Socialistas en Partido Comunista Español, pasó a ser miembro del Comité ejecutivo de la sección española de la III Internacional y director de su órgano central El Comunista, cargos que desempeñó hasta septiembre de 1921, en que al fusionarse los dos partidos comunistas existentes fue nombrado también miembro del Ejecutivo y director del órgano central La Antorcha, puestos que ocupó hasta 1927. Ha sido, pues, miembro del Comité ejecutivo del Partido Comunista y director de su portavoz principal, ininterrumpidamente, desde 1920 hasta 1927.



En esta fecha fue excluido del Partido Comunista por haber manifestado francamente su simpatía por la oposición rusa y su hostilidad hacia la política de la dirección estalinista española. En 1930 constituyó con otros camaradas la Oposición Comunista española, que luego se transformó, en 1932, en Izquierda Comunista. Dirigió la revista mensual Comunismo, de la que fue director desde su fundación en 1931 hasta octubre de 1934, en que fue suspendida por las autoridades militares del bienio negro. Al constituirse en 1935 el POUM, como consecuencia de la fusión del Bloque Obrero y Campesino y de la Izquierda Comunista, fue designado miembro del Comité central. En la actualidad es miembro del Comité ejecutivo y director de la Editorial Marxista.



Persecuciones. En total, ha estado encarcelado 11 veces. En 1920 fue detenido en Puertollano, cuando iba a intervenir en un mitin y conducido a pie hasta la cárcel de Córdoba. Cuando el asesinato de Dato fue deportado a Soria. Al producirse el desastre de Annual, se le procesó por la jurisdicción militar a causa de la campaña llevada a cabo contra la guerra de Marruecos. En 1926, cuando el llamado complot de la noche de San Juan, fue encarcelado en unión de Fermín Galán y del comandante Perea, por formar parte con ellos del Comité de enlace revolucionario. Su último encarcelamiento fue motivado por la revolución de octubre de 1934. Ha estado procesado numerosas veces por artículos publicados en la prensa comunista.



Andrade fue funcionario del Ministerio de Hacienda, de cuyo cargo fue declarado cesante en 1924 por Martínez Anido y en el que no reingresó hasta 1931, al advenimiento de la República. Ha sido redactor de El Sol de 1927 a 1930, año en que abandonó el periódico en compañía del equipo de redactores que se negaron a someterse a la nueva dirección monárquica. En 1929 formó parte de la dirección de la revista comunista Postguerra.



Actividades literarias. Fue Andrade fundador y director de la Editorial Cenit, hasta que se vio obligado a abandonar su participación en la empresa por discrepancias políticas y personales con los otros propietarios. Entonces fundó y dirigió Ediciones Hoy, con el mismo carácter radical de Cenit. Ha sido también inspirador de Ediciones Oriente. 



Es autor de dos obras: China contra el imperialismo (1927) y La burocracia reformista en el movimiento obrero (1935).



Fue corresponsal en España, hasta su expulsión del Partido Comunista, de La Internacional Comunista y de La Internacional Sindical Roja. Igualmente colaboró en las revistas LeviatánNueva Era, etc., así como en diversas publicaciones de España y del extranjero.



Pedro Bonet



Nació en Lérida, en mayo de 1901. A los nueve años empezó a trabajar en una imprenta. En 1911 ingresó en la sociedad El Arte de Imprimir, de Lérida. Intervino en la huelga general de agosto de 1917. Fue encarcelado entonces por primera vez, por ser vocal de la junta directiva de dicha sociedad.



En 1913, a partir del Congreso regional de la CNT, trabajó activamente en la transformación de las sociedades profesionales en sindicatos del ramo, logrando canalizar el movimiento sindical hacia la CNT.



A últimos de 1918 y comienzos de 1919, fue uno de los principales dirigentes de la huelga del ramo de Artes Gráficas en Lérida por la conquista de la jornada de ocho horas, que se lograron tras una larga y esforzada lucha.



A mediados de 1919 consagró sus actividades, junto con un puñado de camaradas, a la organización de sindicatos en las comarcas leridanas, cristalizando esa campaña en un Congreso Provincial de Sindicatos, al que acudió en nombre de la CNT el compañero Juan Pey, asesinado por las bandas asesinas del Libre en 1923. Fue elegido secretario del Comité de la Federación provincial de sindicatos de la CNT. Fundó y dirigió el semanario Lucha Social, órgano de los sindicatos confederales en las comarcas leridanas, hasta que en 1920 el camarada Maurín se encargó de la secretaria de la Federación provincial y de la dirección del semanario.


A fines de 1919 formó parte, en representación de los sindicatos de Lérida, del Comité permanente de la organización confederal catalana, junto con Pestaña, Seguí, David Rey, Arin, Piñar, Nin y otros, creado en momentos graves dado que la patronal preparaba el lock-out y un ataque a fondo contra la clase obrera.



En 1920 organizó en Lérida la Juventud Sindicalista, de la que fue elegido presidente. En 1921, cuando el camarada Maurín junto con Nin y otros fueron delegados por la CNT para visitar a Rusia, se hizo de nuevo cargo de la secretaria del Comité provincial y de la dirección de Lucha Social, desde cuyas columnas se sostuvo una violentísima campaña contra la represión de Arlegui-Martínez Anido.



En julio de 1922 asistió a la Conferencia que la CNT celebró en Zaragoza, delegado por los sindicatos de Lérida y Sus comarcas. En septiembre del mismo año intervino en el Pleno regional confederal celebrado en Blanes.



A principios de 1923 se trasladó a Barcelona. Ayudó a Maurín en la redacción y confección de La Batalla. En el verano de ese año intervino en el importante Congreso Regional de la CNT que tuvo lugar en Lérida. En agosto fue detenido en Barcelona por haber tomado parte en un mitin confederal celebrado en Juneda, después del Congreso. Fue conducido a Lérida, donde permaneció encarcelado hasta fines de año.



Como elemento dirigente de la Federación Comunista Catalano-Balear desarrolló una gran actividad tanto legal como ilegal. En octubre de 1924 fue detenido; sufrió prisión gubernativa hasta mayo de 1926, en que fue liberado para ser desterrado a Lérida. Al cabo de unas semanas fue de nuevo detenido en esta ciudad y conducido a Barcelona, en cuya cárcel permaneció 19 meses como preso gubernativo. En 1928 fue puesto en libertad, para ser luego detenido diferentes veces en las diversas razzias policiacas ordenadas por Martínez Anido y Fenoll. Durante la dictadura primorriverista ha estado, pues, más de cuatro años en la cárcel como preso gubernativo.



Estuvo dos años en París, colaborando con el camarada Maurín en los trabajos de las Ediciones Europa-América.



Fusionados en 1931 la Federación Comunista Catalano-Balear y el Partit Comunista Catalá, surge el Bloque Obrero y Campesino, del que fue miembro del Comité ejecutivo hasta su fusión con la Izquierda Comunista, en septiembre de 1935, de la que surgió el POUM. Es miembro del Comité ejecutivo del POUM desde su creación.



Desde que se creó la Alianza Obrera en Cataluña, en diciembre de 1933, hasta que se disolvió en 1935, fue miembro del Comité regional de la misma.



Al reorganizarse los ayuntamientos en Cataluña, en octubre de 1936, el POUM le designó concejal del ayuntamiento de Barcelona, ejerciendo el cargo de teniente de alcalde del distrito IV.


Julián Gómez (Gorkin)


Nació en Los Valles (Valencia), en 1901. Es hijo de un carpintero republicano de los tiempos heroicos.


Empezó su vida de militante a los dieciséis años. Ingresó en el Sindicato de la Distribución de Valencia (CNT) y poco después en la Juventud Socialista, de la que fue secretario hasta la escisión y la fundación del Partido Comunista de España, en 1921. Despedido varias veces de las casas donde trabajaba por intervenir en huelgas. En 1920 fundó, en unión de otros jóvenes, el periódico La Revuelta, favorable a la revolución rusa, el cual fue suspendido al tercer número. Fundador, en 1921, de la Agrupación Comunista de Valencia y de la Federación Comunista de Levante, de las que pasó a ser el secretario. Fundador, el mismo año, del periódico Acción Sindicalista de Valencia. En ese mismo año desempeñó cargos en el Sindicato de la Distribución. Propagandista activo desde la edad de 18 años.



A comienzos de 1922, a consecuencia de la campaña realizada en torno al proceso sobre el desastre de Annual, tuvo que huir con documentación falsa al extranjero. Fundador de los grupos comunistas españoles en Francia, de los que fue secretario hasta 1929; fundador y director, hasta la misma fecha, de los periódicos El Proletario, Vida Social, Luz, La Verdad y Adelante, dedicados principalmente a combatir a la monarquía y a la dictadura españolas y muy perseguidos por la embajada española en París. El último de estos periódicos tuvo que hacerlo en Bruselas.



Colaborador, durante ese tiempo, de las principales publicaciones comunistas: L'Humanité y La Vie Ouvriere, de París; La Correspondance Internationale y otros periódicos y revistas de Rusia y varios países.



En 1925 asistió como delegado al Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en Moscú. Ese mismo año también concurrió como delegado al Congreso de la Internacional de los Trabajadores de la Enseñanza, que tuvo lugar en Viena. Durante ese periodo -1925 a 1929- recorrió trece países de Europa y participó en diversos mítines y conferencias internacionales. Fue uno de los fundadores del Buró latino del Socorro Rojo Internacional.


En 1926 entró ya en conflicto con la Internacional Comunista, a causa del nuevo curso estalinista que ésta había adoptado. Este conflicto duró hasta 1929, año en que dimitió de todos sus cargos en el Partido Comunista francés, «porque no podía combatir a la burocracia estalinista siendo un burócrata más». Ese mismo año asistió en Berlín al Congreso mundial contra el fascismo, en el que hizo un informe en nombre de la delegación española y leyó dos mensajes: uno de Unamuno y otro de Eduardo Ortega y Gasset, actual fiscal de la República. En ese año, al no capitular ante la política estalinista, fue expulsado de la Internacional Comunista.



A partir de este momento comenzó a escribir y publicó varios libros: una novela, un volumen de teatro, una compilación sociológica titulada Capitalismo y comunismo, una obra sobre literatura norteamericana y una Antología española, publicada en Londres y en París. Tradujo también y prefació una treintena de libros sociales. Desde su fundación, fue redactor y crítico literario de Monde, revista dirigida en París por Henri Barbusse.



Regresó a España a la proclamación de la República e ingresó en el Bloque Obrero y Campesino, fundado por Maurín, con el cual ha coincidido políticamente desde 1921. A fines de 1932 fue uno de los fundadores del Comité español contra la guerra, que le nombró su secretario internacional y en representación del mismo asistió al Congreso de Amsterdam, convocado por Henri Barbusse y Romain Rolland.



En 1934 fue uno de los fundadores de la Alianza Obrera de Valencia, formando parte de su secretariado. Asimismo fue redactor-jefe del diario Adelante, dirigido por Maurín. En octubre de 1934 formó parte del Comité revolucionario de la Alianza Obrera de Valencia, teniendo que huir luego a Francia, junto con Domingo Torres (CNT) y Molina Conejero (UGT). Fundador en Francia del Comité de Refugiados españoles y secretario del mismo; colaboró entonces en diversos periódicos franceses y de otros países. A su regreso a España, fue uno de los fundadores del Comité Luis de Sirval y publicó el folleto ¡Acusamos!, denunciando el asesinato de dicho periodista, en el que colaboraron, entre otros, Azaña, Prieto, Alomar, Araquistáin, González Peña...



Después de las jornadas de julio de 1936, formó parte del Comité central de Milicias de Cataluña, en representación del POUM. En el Comité ejecutivo desempeñó el cargo de secretario internacional. A la desaparición de Maurín, pasó a ser el director de La Batalla, órgano central del POUM.



Veinte años de militancia obrera. Diez años de emigración política. Varios encarcelamientos por delitos políticos. Expulsiones. Luchador antifascista y revolucionario de siempre. Detenido el 16 de junio de 1937, bajo la infame acusación de fascista, espía y alta traición, por la policía estalinista.




Dositeo Iglesias Docampo


Electricista de profesión, 37 años de edad y natural de Triacastela (Lugo). Inició sus actividades políticas en 1912, en el grupo infantil socialista, pasando en 1915 a la Juventud Socialista, en La Arboleda (Vizcaya).



En 1916 hubo de expatriarse, con motivo de unos sucesos acaecidos en esta última localidad, incorporándose en Francia a las juventudes socialistas y al movimiento sindical. En el socialismo francés trabajó en el ala izquierda, que más tarde se transformó en el movimiento en favor de la Tercera Internacional, hasta que en el Congreso de Tours, en 1921, se convirtió en el Partido Comunista.



Fue miembro del Comité de radio 3, en París. Expulsado de París en 1926 por ser «extranjero indeseable», se trasladó a la URSS, donde permaneció seis meses, solicitando luego incorporarse al Partido Comunista de España.



Fue detenido a su llegada a España. Ingresó en la cárcel de San Sebastián, trasladándosele luego a Madrid, donde quedó a disposición de Martínez Anido. De Madrid fue llevado a la cárcel de Lugo, procesado por la autoridad militar por el delito de prófugo. Tuvo que hacer el servicio militar, incorporándose luego a la Federación Vasco-Navarra del Partido Comunista hasta 1929.



Marcha de nuevo a Francia, siendo expulsado de nuevo por haber fundado el Sindicato Metalúrgico de Narbona y ser uno de los organizadores de la huelga metalúrgica declarada en dicha ciudad.



Se traslada a Bélgica, militando en el Partido Comunista belga. Poco tiempo después regresa a nuestro país, como consecuencia del llamamiento hecho en tal sentido por el Partido Comunista de España. En 1930 se incorpora a la Federación Vasco-Navarra, ocupando la secretaria sindical, pasando luego a la secretaria de organización del Comité provincial de Vizcaya. Más tarde es nombrado secretario político de éste y miembro del Buró político de la Federación.



En 1934, a consecuencia de sus divergencias con los métodos políticos de la dirección, fue expulsado del Partido Comunista. Con motivo de los sucesos de octubre estuvo encarcelado en el Altunamendi, barco-prisión.



Encontrándose en Madrid accidentalmente como obrero transportista de la Compañía Transportes Norte en los días de la sublevación militar, se incorporó al POUM (Sección de Madrid), prestando servicios de vigilancia y pasando después a ser comisario político del Cuartel Lenin de milicias del POUM en Madrid.



En el momento de ser detenido en Barcelona el 16 de junio era miembro del Comité local de Madrid y delegado al Congreso del POUM que había de celebrarse el día 19.



Era colaborador de El Combatiente Rojo y de La Antorcha, órganos en Madrid del POUM y de sus juventudes, respectivamente. Sindicalmente está organizado en la CNT (Transportes).



Ha sufrido 15 encarcelamientos y fue procesado cuatro veces. Actualmente se halla recluido en la cárcel de Valencia por el supuesto delito de «alta traición y espionaje».


Francisco Gómez Palomo


Nació en Madrid, el 7 de septiembre de 1917. Tiene en la actualidad 20 años. Sus actividades políticas comenzaron a los 15 años, en 1932, militando en las juventudes de la Izquierda Radical Socialista, siendo miembro responsable del Comité local de Madrid.



A mediados de 1933 ingresó en la Juventud Comunista, donde militó activamente hasta principios de 1935 en que, disconforme con la nueva línea del Partido Comunista, se separó junto con un grupo de compañeros del sector sur de Madrid, ingresando entonces en la Izquierda Comunista y más tarde en el POUM, al fusionarse aquélla con el Bloque Obrero y Campesino.



En el POUM y en la Juventud Comunista Ibérica (juventudes poumistas) ha ocupado diversos cargos políticos y de organización, principalmente en su barriada. Desde comienzos de 1936 hasta el momento de ser detenido el 16 de junio de 1937, formó parte del Comité de la sección madrileña del POUM, desempeñando la secretaria administrativa.



Ha sido delegado de la sección madrileña a la Conferencia militar del POUM, celebrada los días 18 y 19 de enero de 1937 y formaba parte de la delegación madrileña al Congreso del POUM, que tenía que reunirse en Barcelona el 19 de junio.



Sindicalmente pertenece a la UGT, al sindicato de Seguros, desde 1933. Estuvo anteriormente, durante el llamado bienio negro, detenido con motivo de una manifestación obrera de despedida a los nuevos reclutas, en 1935.


José Escuder Poves



Hasta 1925 estuvo empleado en el Banco de Vizcaya, en Barcelona, como jefe del departamento de Crédito e Información. Se trasladó luego a los Estados Unidos y durante un año formó parte de la redacción del periódico en lengua española La Prensa, de Nueva York, puesto que abandonó para ingresar en el sindicato periodístico norteamericano, North American Newspaper Alliance, dirigiendo el departamento extranjero hasta septiembre de 1934, fecha en que regresó a Barcelona para ver a su padre que se hallaba gravemente enfermo. Permaneció en España hasta junio de 1936. Durante este periodo de tiempo preparó y dirigió el nuevo diario Última Hora, órgano nocturno de la Esquerra Republicana de Cataluña. De regreso a Norteamérica, en junio de 1936, ingresó en la casa de películas Fox, como experto en publicidad. Abandonó este puesto voluntariamente para regresar a España en diciembre de 1936, atraído por la lucha de los trabajadores españoles contra el fascismo. Una vez en nuestro país rechazó diversas ofertas de varios periódicos e ingresó en el diario La Batalla como jefe técnico del mismo. Continuó siendo corresponsal de la North American Newspaper Alliance en Barcelona.



Aparte de sus actividades profesionales y técnicas en el campo del periodismo, ha sido corresponsal del diario Luz en los Estados Unidos. Dio numerosas conferencias en varios centros docentes y universidades norteamericanas. También colaboró en la revista Leviatán de Madrid y en numerosas publicaciones españolas y extranjeras.



José Rodríguez Arroyo


Nació en Madrid, en marzo de 1917. Ingresó en la Juventud Ibérica (POUM) a últimos de 1935, trabajando activamente en la misma durante el periodo electoral de febrero.



Al producirse el levantamiento fascista de julio de 1936, y vencido éste en Madrid, marchó con la columna motorizada de la sección madrileña del POUM al frente de Sigüenza. Por enfermedad fue retirado del frente, ocupando entonces el cargo de responsable político de los transportes del POUM, hasta que la policía estalinista se incautó de todo nuestro material, en febrero de 1937.



Más tarde ingresó en la Editorial Marxista de nuestro partido, en la cual trabajaba en el momento de ser detenido en Barcelona, el 16 de junio. Sindicalmente pertenecía al Sindicato Metalúrgico, de la CNT, en Madrid.


Francisco Clavel Ruiz



Nació el 7 de septiembre de 1917. De oficio peluquero, ingresó en las Juventudes Comunistas en 1933, en Madrid. Tomó parte activa en el movimiento revolucionario de octubre de 1934. En diciembre del mismo año fue expulsado de las Juventudes Comunistas por discrepancias políticas con la nueva posición política. A primeros de 1935 ingresó en la Izquierda Comunista, pasando luego a formar parte del POUM.



Fue uno de los organizadores de los Gapos en Madrid, es decir, de los grupos de choque del Partido, que tuvieron una actuación muy destacada contra los falangistas antes y después de las elecciones de febrero de 1936.



Ha sido miembro del Comité de la sección de Madrid del POUM desde abril de 1936 a enero de 1937, pasando luego a ocuparse especialmente del trabajo juvenil. Miembro del Comité madrileño de la Juventud Comunista Ibérica (POUM) y redactor de su órgano La Antorcha.


Fundador del Sindicato de Repartidores de Revistas y Correspondencia de la UGT en Madrid.


Víctor Verdejo


Nació en 1898. En 1915 ingresó en el partido que acaudillaba Melquíades Álvarez, en la localidad de Tarazona (Zaragoza), lugar donde residió hasta 1917.


Habiéndose trasladado a Zaragoza por motivos de trabajo, dio su adhesión al movimiento sindicalista, contribuyendo activamente a su propaganda y desarrollo. Esta actividad sindical le valió la pérdida del empleo que tenía en el despacho de Rualceliano Irábal -diputado republicano por Tarazona- y varios arrestos y detenciones gubernativas por reuniones clandestinas.



De 1919 a 1923 sufrió dos deportaciones, impuestas por el entonces comisario de policía Aparicio, de triste recuerdo para los trabajadores zaragozanos. La primera vez lo enviaron a Toledo, a consecuencia de su supuesta participación en el atentado que costó la vida a tres empleados municipales que hacían de esquiroles durante la huelga de los empleados del Gas; la segunda, a Logroño, por «tenencia ilícita de armas».



En febrero de 1923 fue detenido de nuevo y conducido a prisiones militares de Madrid, llevado luego a África para cumplir en el ejército cinco años de castigo; por fortuna, no llegó a cumplirlos, merced a una amnistía concedida por el general Primo de Rivera. 



Fracasado el intento de asalto al Cuartel del Carmen de Zaragoza, en el que tomó parte activa, tuvo que abandonar esta capital. Encontrándose en Salamanca a la proclamación de la República, trabajó activamente la candidatura para las Constituyentes de republicanos y socialistas, en unión de Unamuno y C. Santamaría.



Al producirse el movimiento militar de julio de 1936, ingresó en la sección madrileña del POUM, de cuyas milicias fue nombrado pagador-habilitado, hasta que éstas pasaron a integrar el Ejército regular, el 1 de enero de 1937.



Fue redactor de El Combatiente Rojo, órgano del POUM en Madrid y colaborador de La Antorcha, semanario de las juventudes del Partido. Actualmente era delegado del Comité de Madrid.

8. LAS SUPUESTAS PRUEBAS CONTRA EL POUM Y SUS DIRIGENTES


«...a pesar de nuestras denuncias concretas, a pesar de las abrumadoras pruebas que contra ellos han sido acumuladas...»
(Treball, 19 de agosto de 1937)

El estalinismo ha acusado a nuestro Partido de traición a la causa revolucionaria, de su alianza con Franco, de su vasallaje a la Gestapo alemana, de espionaje el servicio del fascismo nacional e internacional, de fraguar atentados contra los miembros del actual gobierno Negrín y contra diversos jefes del Ejército popular, en una palabra, de los crímenes más absurdos y monstruosos. En la prensa extranjera -en esa prensa al servicio de Moscú o pagada y subvencionada por Moscú- se ha informado de esos imaginarios crímenes con todo lujo de detalles y se ha precisado el nombre de sus ejecutantes, es decir, los miembros del POUM. Un señor Koltsov , corresponsal acreditado en nuestro país, ha informado a los infortunados lectores de un diario ruso, Pravda, que los militantes del POUM consagran sus noches a asaltar los coches que circulan por las carreteras, robando y asesinando a sus ocupantes; a volar los trenes de mercancías y de viajeros; a destrozar fábricas y talleres, y no sabemos cuántas cosas más. Lo más curioso es que, según Koltsov, esta terrible
organización, a la que no consiguen reducir los centenares de miles de soldados del Ejército republicano, ni los millares de guardias de Asalto, de Seguridad, de Carabineros y de agentes de policía a las órdenes del gobierno, cuenta exactamente con ochenta afiliados. Pocas veces lo ridículo se habrá combinado tan fácilmente con lo cómico. Sin embargo, al servicio de tales mentecateces y de esta campaña difamatoria se han puesto, en España y en el extranjero, poderosos recursos: numerosos diarios, millares y millares de carteles, gran número de mítines, la radio, etc. En fin, todas las enormes posibilidades del Estado soviético.


La prensa estalinista de nuestro país, que desde hace varios meses viene hablando, uno y otro día, de las pruebas de la traición del POUM, no ha hecho sino recurrir a los materiales y argumentos novelescos que le ofrecían y le ofrecen los diversos Koltsov del orbe, traduciendo así al castellano sus abigarradas elucubraciones, tan faltas de verdad como de buena lógica y de sentido común. La campaña difamatoria emprendida contra nuestro Partido asombra por su monotonía, por lo absurdo de la misma, por la ausencia de inteligencia y hasta de imaginación. Todos los materiales de las supuestas pruebas de convicción han salido del mismo laboratorio moscovita y los Koltsov, Antón y demás epígonos no han hecho más que repetirlas de palabra y por escrito, con una unción digna de mejor causa. Refiriéndose al mentado artículo de Koltsov, el periódico anarquista Frente Libertario de Madrid, escribió: «Pero quien lea el trabajo de marras tiene risa para una semana. Porque en él se hacen las afirmaciones más descabelladas y se deja en mantillas la imaginación de Salgari, de Julio Verne y de Conan Doyle». Pues bien, «el trabajo de marras» ha sido la bandera que ha agitado el estalinismo indígena para solicitar nuestras cabezas y ha servido de guión a un juez sin dignidad y sin escrúpulos para redactar un sumario tan truculento y tan falto de lógica como los artículos publicados en Pravda y reproducidos por Mundo Obrero, Frente Rojo y Treball.


El mismo día de la detención de nuestros camaradas y de iniciarse la terrible y monstruosa represión que ha sufrido y sufre aún nuestro partido, la prensa estalinista mentaba las «pruebas» de la traición del POUM. Y lo hacía con tan perfecta unanimidad y con criterio tan exacto que se veía la mano que manejaba todo. Hasta el 28 de julio -fíjese bien el lector: el 28 de julio-, el ministro de Justicia no publicó su primera nota sobre la detención y probable responsabilidad de nuestros camaradas. Sin embargo, durante este mes de intervalo el estalinismo se secó la garganta de tanto gritar atribuyéndonos hechos que ni las mismas autoridades se atrevían a hacer públicos. La nota en cuestión del ministro de Justicia es por demás discreta y confusa. Dice así: 



«La Dirección general de Seguridad venía ocupándose de temas interesantes derivados y en relación con actividades subversivas y de espionaje. Han sido entregados a los tribunales de Espionaje y Alta Traición los atestados correspondientes a los encabezados que siguen:

Juan Andrade, José Escuder Poves, Pedro Bonet Cuito, Julián Gómez Gorkin, Daniel Rebull Cabré, Francisco Gómez Palomo; José Rodríguez Arroyo, Dositeo Iglesias Docampo, Francisco Clavé Ruiz, Víctor Berdejo Jiménez y Javier Fernández Calver. Los diez primeros pertenecen al POUM y el último a Falange Española.


Confirman los atestados policiacos abundantes fotografías encontradas en locales del POUM, claves, códigos telegráficos, documentos referentes a tráficos de armas, contrabando de dinero y objetos de valía a Francia, diversos periódicos de varías capitales, singularmente de Barcelona; comunicaciones de elementos extranjeros alusivas a entrevistas habidas dentro y fuera del territorio leal y participación de elementos extranjeros en los antecedentes de espionaje y movimiento subversivo de mayo último.



El señor fiscal de la República ha recibido órdenes de comparecer y actuar en el expediente a nombre del gobierno. Asimismo, y por mediación del Ministerio de Justicia, ha sido remitido al tribunal el documento por el cual es designado don Benito Pabón abogado defensor de los encartados pertenecientes al POUM.



En breve comenzará a actuar el juez especial con designación del Tribunal de Espionaje, con las facultades necesarias para traer a su conocimiento aquellos sumarios del expediente que sean precisos para la total definición de los hechos recogidos por la Dirección general de Seguridad y de cuanto tenga causa con los mismos.



El ministro de Justicia contesta por medio de esta nota a las demandas de información que ha recibido en relación a los atestados referidos y a los hechos de su razón.



Los detenidos, cuya cita se hace al comienzo de esta nota, han sido puestos a disposición directa e inmediata del tribunal en la prisión del Estado donde actualmente se encuentran.

No necesita reiterar el ministro la seguridad de que en el asunto a que esta nota afecta, como en todos los sujetos al conocimiento de los tribunales de justicia, han de llevarse todas las garantías del Derecho para aplicar la ley en defensa de la República, sin aceptar presiones ni dar lugar a hechos incompatibles con el recto sentido del Derecho que informa la actuación de jueces y tribunales. Son, pues, inútiles cuantas gestiones se intenten que no se reduzcan a la estricta y leal aplicación de las leyes».



Más adelante, cuando hagamos el debido comentario al auto de procesamiento de nuestros camaradas, dejaremos bien sentado en qué consiste la verdad de todas esas supuestas pruebas. Pero interesa consignar esto: ninguna de las informaciones hechas tiene carácter judicial, sino policiaco, y no de la policía regular del Estado republicano, sino de los individuos que el estalinismo incrustó en el Cuerpo de investigación. Tal hecho es más que suficiente para no dar valor jurídico alguno a los atestados. Sin embargo, no importa. Es tan burda la maniobra y tan ridículas las acusaciones lanzadas contra el POUM, que la trama de todo aparece bien al descubierto, sin que pueda resistir la menor critica. En la nota transcrita, el señor ministro de Justicia da de lado las «pruebas» que diariamente le servía en bandeja la prensa estalinista. Prefiere remitirse a vaguedades y apuntar un supuesto delito por haberse encontrado en nuestros locales fotografías, claves, códigos telegráficos, diversos periódicos de varias capitales, singularmente de Barcelona -¿y desde cuándo es delito poseer prensa legalmente editada?-, comunicaciones de elementos extranjeros... Las fotografías, claves y códigos telegráficos no fueron encontrados en ninguno de los locales del POUM, ni figuran en ninguna de las actas de registro levantadas por la policía; no son más que piezas añadidas piadosamente por los policías estalinistas, como más tarde intentaron hacer con documentos de la Gestapo a nombre de Andrés Nin, documentos que por cierto habían desaparecido de los archivos del Comisario general de Policía de Madrid, según este mismo declaró indignado. La responsabilidad de nuestros camaradas tampoco aparece por parte alguna, puesto que la nota en cuestión solo habla, y repetidamente, de elementos extranjeros.



El 4 de agosto, el ministro de Justicia dio a la prensa una nueva nota, esta vez sobre la desaparición de Andrés Nin. Lo más importante de la misma, que por nuestra parte queremos subrayar, es el párrafo en el que deja traslucir sus dudas sobre la autenticidad del documento «en que aparece insinuada la figura del señor Nin», es decir, del plano milimetrado hallado en el domicilio del falangista Golfin, y en el cual, con propósito infame, se ha escrito con tinta simpática y en clave una frase que pretende comprometer al POUM en las actividades contrarrevolucionarias de Falange Española. En efecto, si ese documento o supuesta pieza de convicción no ofreciese duda alguna, no habría por qué encargar al Tribunal el que comience por estudiar la autenticidad del mismo. ¿Qué quiere decir esto? Sencillamente, que ni el mismo ministro creía en la culpabilidad del camarada Andrés Nin, ni en la autenticidad de los documentos que figuraban en los atestados policiacos.



Pasaremos por alto las trepidantes y estruendosas informaciones de los diarios estalinistas, que día tras día hablaban y escribían sobre las «pruebas» existentes contra el POUM, sin aportar luz alguna. Igualmente daremos de lado al contenido del auto de procesamiento, que no es más que una repetición y calco de las truculencias estalinistas y al cual dedicaremos capítulo especial. Limitémonos -no será poco- a las pruebas que aporta Francisco Antón en un discurso dedicado única y exclusivamente a ello, pronunciado en el Pleno del Comité Central del Partido Comunista celebrado en noviembre último en Valencia. Es el dernier cri del estalinismo, lo último y más reciente. Y adelantaremos que si nuestros lectores sufren a causa de la prosa del pobre Antón la culpa no es nuestra; también a nosotros nos resulta indigesta esa especie de algodón en rama que este fervoroso estalinista nos sirve en forma de discurso.



Examinemos uno por uno los documentos hechos públicos por el abanderado Antón , comisario del Ejército del Centro, el cual se salta a la torera las últimas disposiciones del ministro de Defensa nacional contra la participación en actos públicos de elementos militares. Vale la pena, para dejar bien al descubierto toda la falacia, toda la maldad y al mismo tiempo las verdaderas intenciones de nuestros macacos estalinistas, que han de saltar y gesticular según las órdenes de Moscú. Las pruebas que aporta Antón son seis:

1º.Los hechos de mayo. Según él, los hechos de mayo en Cataluña son más que suficientes para demostrar nuestra condición de agentes de Franco. El sinvergüenza de Antón falsifica y tergiversa algunos escritos de La Batalla, para así poder dar cierto colorido a su acusación. Sobre la insurrección de mayo existe sobrada documentación que esclarece la verdad de lo ocurrido, sin necesidad de transcribir ahora textos. Solo nos interesa subrayar este párrafo de Antón: «...el Comité de Control, de acuerdo con las potencias fascistas, quería justificar un desembarco de tropas en Cataluña». Por lo visto esto lo hacia el Comité de Control de acuerdo con el POUM, que según Koltsov cuenta justamente con «ochenta afiliados». Pero, se nos ocurre una pregunta: ¿Qué hacía la URSS, miembro del Comité de No Intervención y al corriente por lo mismo de los planes del Comité de Control?



Como complemento, el acusador estalinista lee un documento que, según dice a sus cándidos oyentes, es una información de carácter secreto -¡qué gastado está este truco, harto conocido!-, en el cual, además, no se menta para nada a nuestro Partido. Sin embargo, para Antón, el Yermolenko II, «estas son las pruebas claras de que el plan estaba perfectamente combinado entre el POUM y los fascistas». El estalinismo sigue dando por demostrado lo que es preciso demostrar. Por algo es una nueva religión, con su Iglesia y su aparato papal, en la cual sus beatos están obligados a una absoluta creencia con exclusión del libre raciocinio. Y si el creyente no cree, peor para él, pues será excomulgado. Pero el creyente estalinista está harto acostumbrado a comulgar con ruedas de molino.


«No debían ser precisas más pruebas...». «Aún existen más pruebas...». Pues bien, examinemos esas nuevas pruebas.


2°.El plano milimetrado. En este plano, cogido por la policía a una organización falangista de Madrid, se detallan nuestras posiciones militares y la situación de las baterías de artillería de la región Centro. Las investigaciones y detenciones de este affaire se efectuaron durante los meses de abril y mayo, según confiesa el propio Antón. En aquel entonces, el plano en cuestión apareció limpio y sin escritura marginal alguna. Fue bastante tiempo más tarde, después de la represión contra nuestro partido y la detención de nuestros camaradas, cuando al dorso del plano de marras surgieron súbitamente unos caracteres gráficos. Primeramente se dijo que estaban escritos en clave y con tinta simpática, y que se referían a un tal N, al que se trató de confundir con Nin; luego resultó que no se trataba de unas líneas, sino de un informe dirigido al generalísimo Franco y en el que se aludía no solo a N, sino también al POUM y a los anarquistas. Debe extrañar que los falangistas, hábiles en el espionaje en nuestra retaguardia, dirigieran un informe al Cuartel general de su caudillo, información amplia y extensa, en el dorso de un plano milimetrado. Pero en fin, no es esto lo que nos interesa. Lo que sí interesa a todos es la opinión que sobre la autenticidad de esta «prueba» tienen destacadas personalidades que ocupan cargos de la máxima importancia. Ya conocemos el criterio del ministro de Justicia, que ha creído oportuno, pese a todo lo dicho, el que primeramente el Tribunal juzgara la autenticidad de esa pieza, que figura en cabeza del atestado policiaco. Y esto seria suficiente. Pero aún hay más: en el informe publicado por la primera delegación internacional que vino a España para investigar sobre la verdad de las acusaciones lanzadas contra el POUM, se transcribe una conversación sostenida por dicha delegación con Jaime Miravitlles, comisario general de propaganda de la Generalidad de Cataluña. Se dice lo siguiente: «Miravitlles nos declaró espontáneamente que enseguida de la detención de Nin por espionaje, acusación que nadie puede creer, fue llamado por Companys y los dos decidieron que este último escribiría inmediatamente una carta al gobierno de Valencia indicando la deplorable impresión producida por esta detención, pues “la opinión pública catalana no podía creer que Nin fuese un espía fascista y Companys mismo no tenía necesidad de hacer un gran esfuerzo para pensar también así”». Esta carta fue llevada enseguida a Valencia por el propio Miravitlles y entregada por él a Ortega, Director General de Seguridad. Ortega declaró entonces que se tenían pruebas abrumadoras contra Nin y enseñó a Miravitlles una de las piezas (un plano milimétrico de Madrid con un texto en tinta simpática en el dorso, en el que se trataba de un cierto N), que era tan evidentemente falsa, dice Miravitlles, «que rompí a reír y creo que nadie tendrá ya la osadía de hacer más uso de esa prueba». 



Posteriormente, el falangista Golfín, en cuyo poder se encontró el plano, procesado actualmente por espionaje, declaró que el plano le pertenecía, que las señales que situaban las baterías que defienden Madrid las había hecho él; que, en efecto, su propósito era hacerlo pasar a manos del «generalísimo», pero que lo escrito detrás del plano con tinta simpática debía ser obra de la policía; así lo ha mantenido siempre, a pesar de las amenazas y malos tratos de que le han hecho objeto los policías estalinistas para que declarara comprometiendo al POUM y a Nin.


Y por si todo esto fuera todavía poco, tenemos el auto de procesamiento dictado contra nuestros camaradas por el Juez especial del Juzgado número 1 del Tribunal de Espionaje. En él no se alude para nada al ya famoso plano milimétrico.


Una nueva prueba que ha fallado y que ni el juez ni el fiscal tienen en cuenta.


3°.La organización de espionaje recientemente descubierta por el señor Burillo. Esta es la tercera de las pruebas mentadas contra nosotros, tan ridícula y falsa como las anteriores, sino más. El señor Burillo, Jefe Superior de Policía de Barcelona e instrumento fiel del estalinismo, se encontraba en situación de dimitido. No merecía otra cosa, después de las monstruosidades cometidas por él en toda Cataluña, monstruosidades que superaban a las tan conocidas de Martínez Anido. Pues bien, el dimitido señor Burillo, antes de hacer entrega de su cargo, quiso dejar realizado algún importante servicio que lo rehabilitara ante el Gobierno y que a la vez sirviera para recrudecer la represión contra los hombres del POUM. El 23 de octubre último, el Jefe Superior de Policía, personalmente, hizo entrega a los periodistas de una nota de elevado sabor detectivesco y en la que se decía haber descubierto una importante organización de espionaje que, claro está, no era otra que el POUM. Entre otras cosas decía la nota en cuestión:



«El registro del domicilio de R., uno de los principales miembros de la organización, ha permitido descubrir entre los colchones importantísimos documentos que, juntamente con las declaraciones de dicho miembro de la organización, demuestran que uno de los núcleos más importantes de esta organización de espionaje se encontraba en un numeroso y bien organizado grupo de espías, militantes del POUM.



Este grupo tenía como distintivo la letra C y cada uno de los agentes de esta red de espionaje del POUM llevaba la letra C y el número que le correspondía personalmente.


En una carta encontrada en la librería propiedad del padre de R., en un registro practicado el 18 de septiembre, se pone en conocimiento del Estado Mayor de Franco lo siguiente:

Primero. El grupo dirigido por el agente C 16 había conseguido el 26 de agosto inutilizar tres piezas de artillería en la División N y cuatro en la División M, todo esto en un momento decisivo de las operaciones.

Segundo. Se preparaba volar los puentes del Ebro.

Tercero. Haber llegado un tren militar con armamento, que se especificaba.

Cuarto. Datos sobre la artillería del frente de Aragón.

Quinto. Se había utilizado la nueva forma de abastecimiento para incitar a la población a manifestaciones de protesta.

Sexto. Se seguían preparando los atentados contra Walter y Modesto, destacadas figuras del Ejército popular.

Séptimo. Igualmente proseguía la organización del atentado proyectado contra un ministro de la República, y a tal efecto se pensaba aprovechar la ocasión de su paso en auto hacia determinado lugar de las afueras.

Con este objeto, dos coches con hombres armados de bombas de mano, estaban destinados a la persecución del auto del ministro. La dirección del asesinato del ministro se había encargado a dos terroristas, miembros del POUM, que se designaban con las indicaciones de C 18 y C 23.

En la carta iba unido un croquis de un taller del POUM, en el cual se fabricaban bombas de mano.

Las investigaciones practicadas en el frente han permitido confirmar la exactitud de los datos transmitidos.

La dirección de la organización de espionaje del POUM se quejaba en la carta citada de no poder utilizar toda la red de sus agentes por el hecho de que la relación completa de confidentes militantes del POUM solamente era conocida de dos miembros destacados de la misma, los cuales actualmente se encuentran en la prisión de Valencia, donde esperan comparecer ante los Tribunales».

Inmediatamente después de ser publicada en cierta prensa esta nota -no todos los periódicos la acogieron en sus columnas, a pesar de haber sido entregada personalmente por el señor Burillo-, de cuya rocambolesca fantasía no vale la pena hablar, el Comité ejecutivo del POUM envió a varios diarios un escrito en el cual se respondía adecuadamente al Jefe de Policía. La censura, en manos del mismo señor Burillo, se cuidó de que la nota del POUM no viera la luz en Barcelona -tenemos en nuestro poder las galeradas censuradas correspondientes a Catalunya y a Solidaridad Obrera-, pero apareció en algunos diarios de Valencia. Esta respuesta del Comité ejecutivo de nuestro Partido, dice así:

«El POUM y las calumnias del Jefe superior de Policía.

El pueblo antifascista se ha visto sorprendido otra vez con la publicación en los periódicos de la noche del día 23 y los de la mañana del 24, de una nota sensacionalista del Jefe Superior de Policía, entregada personalmente por él a los periodistas. Esta actuación personal del señor Burillo demuestra ya el interés que ha puesto en el asunto.

Los que no conocen la actuación partidista, mejor dicho, fanática del señor Burillo en favor del PSUC y del Partido Comunista de España, podrán creer de buena fe en la veracidad de la nota en cuestión. Pero los que saben que el señor Burillo ha utilizado los resortes que su cargo le facilita para ponerlos a disposición de la política desenfrenada de su partido, éstos se hallan frente a la verdad. Les habrá movido a risa las manifestaciones del Jefe superior de Policía. Como en todas, en esta ocasión la nota de referencia puede ser calificada de novela policiaca.

La seriedad de los agentes policiacos queda muy mal parada. Ni el redactado ni el mismo contenido de la nota dan la más mínima sensación de veracidad. Esos agentes señalados con letras y cifras; esos Estados Mayores en el extranjero; ese derrotismo en el frente de Aragón, todo eso invita a reír. Y, sobre todo, el hecho de no mencionar nombres reales, ni indicar qué clase de detenciones son las efectuadas. El señor Burillo, que a causa de su política sectaria ha sido invitado a dimitir, bien claro se ve que con esta nota ha redactado su testamento político en favor del PSUC.

El PSUC y el Partido Comunista, después de sus acusaciones de espionaje contra los miembros de nuestro Comité ejecutivo; después que el ministro de la Gobernación ha prohibido a Frente Rojo de Valencia la publicación de unos artículos contra los dirigentes del POUM, por no considerar a éstos culpables; después de la dimisión obligada de los dos Directores generales de Seguridad, Ortega y Morón, por su manera de proceder contra el POUM; después de haberle fracasado a Treball la maniobra tendente a envolver al POUM en las negociaciones para una paz separada de Cataluña, noticia que según dijeron publicó el New Chronique y que el Comisario de Propaganda de la Generalidad Jaime Miravitlles se negó a publicar en el Boletín oficial por considerarla falsa, después de todo esto, los «amos» del señor Burillo tenían necesidad de otra noticia sensacionalista para distraer a su público. Este es el motivo de la nota del señor Burillo y aquí queda demostrado el bajo contenido de la maniobra.

Esta mañana, una delegación del actual Comité ejecutivo del POUM se ha entrevistado con el Delegado de Orden público en Cataluña, para protestar del proceder ignominioso del Jefe Superior de Policía y ponerse a su disposición para llevar a cabo una encuesta a fondo de la cuestión que nos ocupa y desenmascarar a quien sea.

Estamos convencidos de que, en definitiva, no será el POUM quien saldrá perjudicado de estas calumnias, sino los que las utilizan para servir bajos intereses de partido».

Ni el Delegado de Orden Público estimó necesario efectuar la encuesta solicitada, ni el Gobierno tomó en consideración el nuevo descubrimiento de Burillo, ni las autoridades tomaron medidas de ninguna clase. Ni se volvió a mentar para nada la nota en cuestión, ni camarada alguno fue detenido bajo inculpación por este nuevo affaire de espionaje. Su falsedad saltaba tan a la vista, que el señor Burillo fracasó en sus propósitos.

Otra prueba más que corrió la misma suerte que las anteriores.

4º.El pretendido atentado contra Comorera. Como complemento o segunda parte de su «descubrimiento» final, el señor Burillo estimó oportuno describir asimismo un atentado contra el dirigente y muy amado jefe del PSUC, Juan Comorera. En una nota tan sensacionalista como todas las suyas, lo dio a conocer el que fue Jefe Superior de Policía en Barcelona, ante la sorpresa no exenta de regocijo de toda la población barcelonesa, que ya sabia a qué atenerse. Este episodio fugaz lo teníamos ya olvidado; ahora nos lo recuerda Francisco Antón, Yermolenko II, como la cuarta de las actividades fascistas del POUM. Tampoco vale la pena refutar tal acusación. Nos basta con reproducir un suelto publicado por Solidaridad Obrera en su número del 26 de octubre pasado, suelto que le acarreó una semana de suspensión. Dice así:

«Hacer el ridículo

Créannoslo, amigos; aquí no somos partidarios de hacer el ridículo. Ni de ayudar a nadie a que lo haga. Pues nos acreditaríamos de tontos, lo primero, y de malintencionados, lo segundo. Y, francamente, no sentimos debilidad por ninguna de las dos cosas.

El ridículo lo hace quien, muy prosopopéyicamente, confunde la gimnasia con la magnesia, y también quien confunde una explosión de gas con el fin del mundo. Quien pretende hacer mártires propalando versiones inexactas, de hechos ajenos a toda intervención casual, con o sin tener explicación ni justificación posibles.

Se predica lealtad a todo pasto; escríbense resmas y toneladas de papel recomendando tal medicina; no hay quien la omita en sus peroratas... Pero todo inútil. El empeño de algunos es dar al traste definitivamente con ella, de muy distintos modos, entre otros urdiendo falsedades que hacen reír hasta a los niños de teta. Y algunos se las echan de Sherlock Holmes.

Créannoslo, amigos; aquí no somos partidarios de hacer el ridículo. Ni de ayudar a nadie a que lo haga. Las columnas de Solidaridad Obrera tienen otra más noble y elevada misión. Porque en ellas, aunque les duela, mandamos nosotros. Y nosotros somos gente que sabe lo que se pesca».

Así contestaba el órgano nacional de la CNT a la nota del señor Burillo, nota a la que no dio acogida en sus columnas. Y esta es la prueba número cuatro que el estalinismo esgrime contra nuestra organización.

5°.Una carta del señor Angulo. El abanderado Antón enumera como pieza de convicción de nuestra responsabilidad una carta «recientemente descubierta» del abogado Enrique de Angulo a Gil Robles, cuando éste era ministro de la Guerra. Aun dando de lado la autenticidad o no de tal carta -el señor Angulo falta de Barcelona desde el 19 de julio de 1936, ocurriendo lo mismo con Gil Robles, ausente de Madrid desde días antes de la sublevación militar, si bien los papeles y documentos de ambos fueron escrupulosamente examinados a su debido tiempo; ¿por qué es ahora y precisamente ahora cuando se descubre esta carta?,-el contenido de la misma es tan inocuo que apenas tiene importancia. En la misma, el señor Angulo no menta para nada al POUM, ni es fácil que pudiera ser así, puesto que cuando Gil Robles era ministro de la Guerra nuestro partido aún estaba en vías de formación mediante la fusión de dos organizaciones: el Bloque Obrero y Campesino y la Izquierda Comunista. Por otra parte, esa carta tampoco figura en atestado policiaco alguno, ni en el auto de procesamiento de nuestros camaradas. Tal es el valor que los jueces y fiscales le han dado.

6°.Una carta más. Todavía hay una carta más, que es la prueba última; es de un camarada de nuestra organización en el Norte, enviada por correo ordinario desde Bayona a la secretaría de nuestro Partido. Rabiamos visto en la prensa estalinista tantas versiones de la misma, que ya no sabíamos a qué atenernos. Daremos como buena la reproducción que Antón leyó a sus compadres en el último Comité central. La recortamos y reproducimos de Frente Rojo, correspondiente a l8 de noviembre de 1937:

«Bayona, 12 de julio de 1937. Al Comité Ejecutivo del POUM. Confirmo mis informes anteriores. Al fin, en el grupo de los Bajos Pirineos, de que hemos venido hablando, se han producido unas diferencias que nos convienen, porque son el principio, si nosotros las cuidamos, de la creación de un grupo de nuestro partido. Lo mejor del grupo, entre ellos Walter, Bobinot, etc., los de decisiva influencia, han chocado violentamente con los de San Juan de Luz, porque éstos se niegan hasta tanto reciban instrucciones concretas de la CNT, a procurar personal para viaje eventual. Hay que procurar en esa la correspondiente autorización cenetista, aunque los de Bayona van a hacer gestiones por otro lado, en las que confían. Hay, sobre todo, una manifestación verdaderamente interesante, y es ésta “que se nos envíe material desde Barcelona y medios en abundancia para hacer conocer las posiciones del partido, y entonces trabajaremos de firme y conseguiremos fortalecer un grupo dispuesto a todo”. Estas son, entre otras, las manifestaciones de los “disidentes”. Pero hay más. La compañera del generalísimo Franco, su mujer, está en Francia. ¿Os acordáis de lo que os hablaba, en un informe anterior, acerca de las probabilidades de hacerla conocer por una temporada Barcelona? Y qué posibilidades nos proporcionarla esto, para lo que Bonet decía acerca del «Quim». Por todo ello insisto en la necesidad de mantener, material e ideológicamente, a este grupo que puede reportar muchísimos beneficios; pero para esto debéis de hacer que vaya a Barcelona Walter. El camarada C. en Perpiñán se halla ya en contacto. Al sitio en que definitivamente voy hoy es difícil que lleguen noticias concretas. Necesito que me aviséis telegráficamente acusando recibo de todo esto y diciendo si lo ponéis en práctica. Salud y POUM. Jma».

Causa estupor que los estalinistas traten de aprovechar para sus siniestros propósitos una carta tan clara, tan sencilla y a la par tan noble como ésta. El lector pronto interpretará en sus justos términos el sentido de la misma. Sin embargo, el falsario de Antón dice como comentario: «El POUM tiene, pues, relaciones directas con la oficina de San Juan de Luz. ¿Qué es la oficina de San Juan de Luz? Como todo el mundo sabe, una agencia de la Gestapo, el centro de espionaje de Franco en Francia». Pero lo que no dice Antón es que en dicha oficina se esperan órdenes, no nuestras, ni de la Gestapo, ni de Franco, sino de la CNT. Según afirma la carta. ¿Es que también la CNT está envuelta en este affaire de espionaje?

Pongamos de manifiesto la verdad de todo esto: el camarada que firma la carta pertenecía a nuestra organización en el Norte, donde desempeño altos cargos después del 19 de julio de 1936: secretario de la Junta de Defensa de Vizcaya, delegado de la misma para la compra de armas en el extranjero. Director general de Comercio en todo el Norte, etc. Más tarde vino a Cataluña, expresamente llamado por nuestro Comité ejecutivo, junto con otros camaradas, para que informaran sobre la situación en Euzkadi, Santander y Asturias. Ultimando su regreso a Bilbao, el partido le confió una importante misión: organizar en Bayona un grupo de camaradas dispuestos a dirigirse a Asturias cuando llegara la hora de la evacuación, al objeto de salvar a todos los compañeros nuestros. Y también averiguar si eran ciertos los rumores que habían llegado hasta nosotros de que Maurín no había sido fusilado y se hallaba en una cárcel franquista, con nombre supuesto. Nuestro camarada hizo en Bayona las gestiones necesarias y consecuencia de las mismas fue la carta que ahora airea el estalinismo, carta enviada a nuestro secretario general por correo ordinario y que estaba en la secretaría como una carta más, es decir, sin haber tomado con ella las precauciones naturales que se hubieran adoptado caso de ser un informe secreto. El contenido de la carta en cuestión es por demás evidente: «Los de San Juan de Luz -dice uno de los párrafos- se niegan hasta tanto reciban instrucciones concretas de la CNT a procurar personal para viaje eventual. Hay que procurar en esa la correspondiente autorización cenetista». Por tanto, no se trata de ninguna oficina de la GESTAPO, sino simplemente de unos camaradas anarquistas de Bayona que exigían, para acceder a nuestras pretensiones de ir a Asturias cuando llegara la hora de la evacuación. La correspondiente autorización de la dirección nacional de la CNT. Después, nuestro camarada escribe: «La compañera del “generalísimo” Franco, su mujer, está en Francia. ¿Os acordáis de lo que os hablaba en un informe anterior, acerca de las probabilidades de hacerla conocer por una temporada Barcelona? Y qué posibilidades nos proporcionaría esto para lo que Bonet decía acerca del “Quim”». Que Quim es Maurín lo saben en Cataluña hasta las piedras, puesto que es el nombre familiar que se le daba en los medios del Partido. Lo que se proponía era, ni más ni menos, el secuestro de la señora de Franco, para poder luego canjearla por nuestro querido camarada Joaquín Maurín.

Creemos que todo esto está suficientemente claro, sin necesidad de dar más detalles que solo beneficiarían al enemigo y que pondrían en difícil situación al camarada que escribió la carta, puesto que a estas horas no sabemos si está prisionero de los franquistas . Pero el contenido de la carta refleja tanta claridad y se presta tan poco a cualquier equivoco que nadie la ha tomado en cuenta para nada, salvo los estalinistas, que en su afán de acusarnos igual se agarran a un clavo ardiente. Inútil señalar que tampoco figura en el auto del proceso, ni el juez ni el fiscal han considerado necesario interrogar sobre la misma a los camaradas procesados.

Y aquí terminan las acusaciones y pruebas del abanderado Francisco Antón, Yermolenko II, tan ignorante y falsario como su colega ruso, aquel Yermolenko que en 1917 acusaba también públicamente a Lenin y a los bolcheviques de estar al servicio de Alemania y de la reacción.


9. LAS DECLARACIONES PRESTADAS POR LOS PROCESADOS

«Jamás hemos ocultado, ni ocultaremos, nuestra condición de marxistas revolucionarios, de bolcheviques».
(Lenin)

Nuestros camaradas Andrade, Gorkin, David Rey, Bonet y Escuder, detenidos el 16 de junio, no fueron interrogados hasta el 13 de julio, es decir, casi un mes después. Solo este hecho sería más que suficiente para poner en evidencia el poco escrúpulo de una justicia puesta al servicio y órdenes del estalinismo, así como los escasos deseos que todos sentían de llevar el affaire hasta el fin. Hubo de ser nuestra organización -tal es la paradoja- la que solicitara una y otra vez que el proceso se viera pronto, para que así se demostrara sin pérdida de tiempo la falsedad de las acusaciones lanzadas contra el POUM y sus dirigentes. Tal era y es la confianza que tenemos.

El 13 de julio, pues, fueron interrogados nuestros camaradas por vez primera. Ya hemos expuesto en otro lugar la naturaleza del interrogatorio y su verdadero carácter. Caso curioso: acusados de espionaje, no son interrogados sobre nada relacionado con tales actividades; ni se les menta tampoco esos famosos documentos que ha venido jaleando la prensa estalinista y que nadie conoce, ni siquiera las autoridades y el Ministerio Fiscal. A continuación damos a conocer la declaración prestada por cada uno de los compañeros mencionados, declaraciones que reproducimos in extenso :


Juan Andrade

Declaración prestada por Juan Andrade ante agentes de policía de la Brigada Especial de Madrid, el 13 de julio de 1937:

«Juan Andrade Rodríguez, natural de Madrid, de 39 años de edad, de profesión periodista, hijo de Adolfo y Vicenta, casado y con domicilio en Barcelona, plaza de Trilla 1, a las preguntas de los agentes contestó aproximadamente:

Que el interrogado es miembro del C.E. del POUM. Que el C.E. no adoptó anteriormente a las “jornadas de mayo” decisión o acuerdo alguno sobre éstas, porque fueron un movimiento espontáneo de las masas obreras. Que el C.E. no condenó el movimiento precisamente por ser un movimiento espontáneo. Que considera a Trotski un excelente camarada, mejor que Stalin y que los componentes del actual gobierno español. Que solo considera obreros revolucionarios a los de la FAI y el POUM. Que los militantes del Partido Comunista están influenciados por la ideología democrática pequeño-burguesa. Que no está conforme con la política que sigue el gobierno del Frente Popular. Que niega que entre los extranjeros que trabajan con el POUM hubiera agentes de la Gestapo. Que desconoce y duda que en casa de algunos de ellos se descubrieran insignias hitlerianas. Que desconoce una carta de la sección del POUM de Palamós (Gerona) en que se piden armas al C.E. Que desconoce y duda que David Rey se trajera de México, para el POUM, el importe de una suscripción hecha a favor del gobierno de la República. Que desconoce una carta de David Rey en la que desde México pide a Nin papel oficial de la Generalidad».


Daniel Rebull («David Rey»)

«-P. ¿Qué cargo desempeñaba usted en el POUM?
-R. Era miembro del Comité Central.
-P. ¿Asistió usted al pleno celebrado por el POUM después del mes de mayo?
-R. Sí, señor.
-P. ¿Qué posición fue la suya? ¿Está usted conforme con la resolución de dicho pleno y publicada en La Batalla?
-R. La opinión sobre la conformidad o disconformidad de los hechos de mayo y las resoluciones del Ejecutivo es un deber de todo marxista manifestarla ante un Congreso del partido y no ante la policía.
-P. ¿Qué hizo usted durante los días en que se desarrollaron los sucesos?
-R. La vida normal de todos los días.
-P. ¿Así pues, usted no hizo nada en favor ni en contra?
-R. Exacto.
-P. ¿El POUM es trotskista?
-R. No señor, en absoluto.
-P. ¿Qué concepto tiene usted de Trotski?
-R. Siento una gran admiración por el pasado revolucionario de Trotski, admiración que se agranda ante la feroz persecución de que es objeto. Políticamente, considero que en la actualidad, tanto Trotski como Stalin, son los dos mayores obstáculos para la unidad revolucionaria mundial.
-P. ¿Está usted de acuerdo con la política del actual Gobierno?
-R. En todo, no.
-P. ¿Fue usted a México enviado por su partido?
-R. Sí, señor, en concepto de jefe de una expedición deportivo-política.
-P. ¿Es verdad que usted recogió en México el producto de una suscripción que los obreros mejicanos hacían en favor del Frente Popular Español?
-R. Nosotros fuimos a México en representación del Frente Popular
Obrero. Realizamos una campaña de propaganda y tomamos parte en más de ciento treinta mítines y reuniones. La suscripción para el Gobierno del Frente Popular Español la controlaba el licenciado Vicente Lombardo Toledano, secretario general de la Confederación de Trabajadores de México y era enviada a España por mediación del Buró de la II Internacional.
-P. ¿Al llegar a México, se pusieron ustedes inmediatamente en relación con el grupo trotskista?
-R. La expedición la formábamos miembros de la CNT, UGT, PSUC y POUM. Por lo tanto, al llegar a México nos pusimos en relación inmediata con todas las organizaciones, sindicales y grupos revolucionarios mejicanos.

Esta declaración fue prestada el 13 de julio de 1937 en Madrid».


Pedro Bonet

«El declarante, hijo de Pablo y Teresa, de 36 años de edad, de profesión tipógrafo, de estado casado, que habita en Barcelona, calle Gerona, 111, dice:
Que es miembro del Comité ejecutivo del POUM y teniente alcalde del Distrito IV del Ayuntamiento de Barcelona en representación del mismo partido.

En relación con los sucesos de Barcelona, ocurridos a comienzos de mayo, declara que fue un movimiento espontáneo de la clase obrera, como respuesta a la provocación hecha al ocupar la Telefónica. Que no sabe de dónde salieron las armas ni dónde se encuentran. Que el Comité central no sancionó aquellos sucesos, puesto que respondían a una provocación. Declara que el POUM no tiene nada que ver ni con Trotski ni con Stalin. Que la delegación enviada a México era puramente deportiva y que si visitó a las diversas organizaciones obreras era con el fin de interesarlas en la ayuda a la revolución española. Que desconoce la carta en que una sección del POUM pide al C.E. armas para luchar contra los obreros. Que su posición ante el gobierno actual era de apoyo en todo cuanto contribuya a ganar la guerra y vencer el fascismo, pero de crítica ante las vacilaciones observadas en la preparación de la ofensiva».


Julián G. Gorkin

«El declarante, hijo de Pascual y Consuelo, de 36 años de edad, de profesión periodista, de estado casado, que habita en Barcelona, calle de Muntaner,161, dice :Que es miembro del Comité ejecutivo del POUM y director de La Batalla, órgano central de este partido. Respecto de los sucesos de Barcelona, ocurridos a comienzos de mayo, declara que fue un movimiento espontáneo de la clase obrera, como consecuencia de la provocación llevada a cabo al ocupar la Telefónica. Que él se ocupó de aquellos acontecimientos, que constituían la preocupación central en aquellos momentos. Que cuando se consideró desbaratada la provocación, el C.E. del POUM lanzó la orden de abandonar la lucha, orden que fue seguida. Que no sabe de dónde salieron las armas, ni dónde se encuentran. Declara que el POUM no es un partido trotskista y que él ha hecho críticas de la posición actual de Trotski, de la misma manera que éste las ha hecho con respecto a la política del POUM. Que la comisión enviada a México era simplemente deportiva, y que cumplió con su deber haciendo actos de propaganda antifascista y visitando a las organizaciones obreras. Que no fue esta comisión la que recibió el dinero recaudado en México para el gobierno de la República, y que quizá fuera otra comisión que se encontraba allí del Partido Comunista. Que no tiene conocimiento de la carta en que una sección del POUM pide armas para luchar contra otros obreros. Que su posición ante el gobierno actual es la siguiente: apoyo decidido en todo lo que contribuya a ganar la guerra contra el enemigo común y actitud de crítica por sus medidas de carácter social y que van en contra del desarrollo de la revolución en España. Que no cree que ninguno de sus colaboradores internacionales fuera agente de la Gestapo, pero que de haber descubierto alguno lo hubiera entregado a la justicia o hecho justicia. Y para que conste, firmo la presente en cuatro ejemplares, en Madrid, catorce de julio de 1937».

(Nota aclaratoria de Julián Gorkin). Se impone una aclaración respecto a cómo se desarrolló la declaración anterior. Me fue tomada por tres agentes de policía: uno de ellos, con unas notas en la mano, interrogaba; otro escribía a máquina y el tercero presenciaba la declaración. Esta se desarrolló al comienzo en tonos violentos, casi a gritos. Se me hacían preguntas y más preguntas y el interrogante, que empezó diciendo que tenía escasa cultura social, por lo cual debía perdonarle si me hacía alguna pregunta absurda, trataba de coaccionarme para que contestara conforme a sus deseos. Yo le pregunté: «¿En calidad de qué me interroga usted a mí?» Él: «En calidad de agente de policía». Yo: «No, señor; en calidad de agente del Partido Comunista. Yo declaro lo que me interesa a mí, no lo que le interesa a usted. ¿Estamos?» Él, con visible despecho: «Son ustedes muy inteligentes». Yo: «Naturalmente, muy inteligentes; por eso somos del POUM». Él: «¿Eso quiere decir que en los demás partidos no hay personas inteligentes?». Yo: «En algunos, sí; pero en su partido, no. Prueba de ello: este burdo proceso». Después me hizo varías preguntas respecto de Stalin y de Trotski. Yo pregunto: «Dígame usted, ¿en qué articulo de la Ley de Enjuiciamiento Criminal puede considerarse delictivo el que yo opine de una manera o de otra sobre Stalin, sobre Trotski o sobre el moro Muza?». Él, cortado y corrido, me respondió: «Eso es solo para mi información. Ya le he dicho a usted que no tenía una gran cultura social». Yo: «¿Y para informarle a usted de todo esto, que más bien parece una vulgar interviú periodística, me han traído de Barcelona a Madrid y me han tenido un mes incomunicado?». A partir de este momento, sus humos fueron bajando y me rogaron los tres agentes que dejáramos de lado la declaración y que conversáramos como camaradas en torno a las posiciones políticas del Partido Comunista y del nuestro. Así lo hicimos durante cosa de media hora, convenciéndome de que, en efecto, eran novatos en el comunismo y carecían de cultura político-social. Cuando yo les dije que Maurín, Nin, Andrade, yo mismo, habíamos sido los fundadores del P.C. en 1921, se quedaron muy sorprendidos. Luego me preguntaron: «Pero, ¿por qué fundasteis luego el POUM?». Yo: «En primer lugar, porque nos dio la gana. Si queréis os daré una explicación política. De la misma manera que en 1921 fundamos el P.C. para poder seguir siendo marxistas revolucionarios, fundamos luego el POUM, cuando el P.C. ha dejado de ser un partido marxista revolucionario». En el curso de la conversación me hablaron muy mal de la CNT diciendo que había recogido a todos los apaches en su seno. También me dijeron que entre nuestros colaboradores extranjeros había dos que tenían el carnet de la Gestapo. Y me enseñaron todos los documentos que habían encontrado en los registros: cartas de David Rey desde México, de Juana Maurín desde París, de Luis Portela desde Valencia, una de Palmaos reprochándole al C.E. de no haberles enviado las armas pedidas multitud de veces, etc. Así fue mi declaración en la famosa checa de Atocha, sobre la cual puede hacerse un libro siniestro.


José Escuder

«José Escuder Poves, hijo de Pilar y José, de 34 años de edad, nacido en Barcelona, casado. Se le pregunta primeramente cuáles son sus ideas políticas. Responde el declarante que es marxista. “¿Qué clase de marxista?”, pregunta el agente de policía que interroga. Contesta que solo hay una clase de marxismo. A continuación se le pide si desempeña algún cargo político en el POUM. “Ninguno -contesta-; era el redactor jefe de “La Batalla”, encargado del aspecto técnico del periódico”. Seguidamente el declarante explica que vino a España de los Estados Unidos a fines de octubre de 1934, para ver a su padre que se encontraba gravemente enfermo y que falleció en enero de 1935. Permaneció en Barcelona hasta el 13 de junio de 1936. Durante este tiempo confeccionó y dirigió el diario “Ultima Hora”, órgano nocturno de la Ezquerra Republicana de Cataluña. Regresó a los Estados Unidos, como dijo antes, el 13 de junio de 1936, porque se acababa el permiso legal dado por las autoridades americanas para permanecer en España. El día 23 de diciembre de 1936 regresó a España por “considerar que sus ideas sociales le obligaban a ello como un deber”. Luego se le preguntó cómo consideraba las jornadas de mayo en Barcelona, contestando que las estimaba inoportunas para la revolución».

(Aclaración de José Escuder). Mi declaración fue breve y sin carácter político
alguno, salvo la pregunta sobre las jornadas de mayo en Barcelona. Me limité a exponer la realidad, o sea que yo soy un elemento de carácter técnico. El policía que me interrogó dijo espontáneamente que el juez me pondría en libertad tan pronto como viera la declaración. Yo le dije que para esto no valía la pena tenerme encerrado e incomunicado 27 días. Contestó que se debió a la precipitación de los primeros momentos. Durante toda la declaración el agente se extendió en manifestaciones de elogio para Rusia y sus dirigentes. Me recomendó que leyera la ley electoral, etc. Yo le expresaba mis puntos de vista, pero en la declaración no quiso poner nada de esto. No preguntó nada sobre espionaje ni demás tonterías que se han publicado contra nosotros.


Francisco Clavel Ruiz

«Declaración prestada ante los agentes de la Brigada Especial por Francisco Clavel Ruiz, de 19 años de edad, natural de Madrid, habitante en la calle Almendro, 10, y de profesión peluquero.

-P. ¿Pertenece a alguna central sindical?
-R. Al Sindicato de Repartidores de Revistas y Correspondencia de Madrid (UGT) del cual he sido fundador.
-P. ¿Sabe dónde se encuentran las emisoras clandestinas del POUM?
-R. Yo no he conocido más que una emisora legal, que fue incautada por los agentes de la Brigada Especial.
-P. ¿Dónde tienes el fichero de los militantes de la sección de Madrid?
-R. Yo no tengo ninguna clase de ficheros ni sé quién los pueda tener.
-P. ¿Conoces a Nin?
-R. No conozco a Nin más que de vista, pues en una ocasión, estando comiendo, me dijeron que él estaba comiendo en otra mesa.
-P. ¿Conoces el paradero del Comité local de Madrid?
-R. Ignoro dónde puede encontrarse el Comité local de Madrid, pues las únicas referencias que tengo son que han salido para asistir al Congreso del Partido, que estaba anunciado en Barcelona.
-P. ¿Tienes actualmente algún cargo responsable en el Partido?
-R. No. He pertenecido al Comité local de Madrid hasta el mes de enero, en que en un Pleno de delegados de células se nombró nuevo Comité.
-P. ¿Estás movilizado?
-R. He pertenecido a las milicias del Batallón 20 de Julio y al Batallón Lenin del POUM de Madrid.
-P. ¿Habéis recibido la visita de un emisario del Comité ejecutivo, que venía de Barcelona?
-R. Yo, en el tiempo en que he estado en Madrid no he recibido a ningún camarada que viniera de Barcelona.
-P. ¿Cuándo fuiste a Barcelona?
-R. Salí de Madrid el 11 o 12 de mayo, para Barcelona. Mi viaje no tenía otro objeto que el de ver si el Ejecutivo de la JCI nos podía proporcionar papel para la tirada de “La Antorcha” (órgano de la Juventud Comunista Ibérica de Madrid), dado que en Madrid no lo había».

A todo esto se ha reducido el interrogatorio a que la policía tuvo a bien someter a nuestros camaradas. Después las cosas siguieron como antes, es decir, sin el menor asomo de proceso ni nada que lo pareciera. En un documento enviado por Andrade. Gorkin, Bonet, David Rey y demás camaradas presos en Madrid al presidente del Consejo de ministros ya los ministros de Justicia y de la Gobernación, después de varias consideraciones sobre la represión contra el POUM, se decía:

«Nosotros pedimos al gobierno que defina nuestra situación, pues la desconocemos en absoluto a los cuarenta y tantos días de nuestra detención. ¿Estamos procesados o no lo estamos? Si no lo estamos, debe de ponérsenos en libertad. En caso afirmativo, debe de decírsenos -y decirse a la opinión- por qué. ¿Acaso por los sucesos de mayo en Barcelona? Pues debe de trasladársenos nuevamente a Barcelona. ¿Cae nuestro caso -el que sea- dentro del reciente decreto del ministro de Justicia? Pues debemos ser trasladados a Valencia. Y debe de permitírsenos esa cosa tan elemental y tan legítima que no se les niega a los propios fascistas: defendernos. Defendernos de la persecución y de la calumnia. Nuestra vida y nuestro honor de viejos militantes del movimiento obrero -el que menos lleva veinte años ya-, de activos luchadores antifascistas, de simples ciudadanos españoles, no puede estar a merced de la difamación y de las maniobras de un partido que, en momentos tan graves ara la clase obrera española e internacional, antepone su odio sectario a todo otro razonamiento de conveniencia general antifascista. Y tampoco puede estar a merced de un gobierno que se arroga la representación de todos los antifascistas, pero que cubre la rencorosa acción de un partido en el lamentable menester de destruir otro».

La protesta de nuestros compañeros, junto con la presión que sobre el Gobierno ejercieron diversas organizaciones obreras del extranjero, surtió su efecto. El 31 de julio, a medianoche, los diez detenidos del POUM en Madrid fueron trasladados a Valencia, puestos a disposición del Tribunal especial de Espionaje y Alta traición. El 12 de agosto, ya en la Cárcel Modelo de Valencia, fueron sometidos a interrogatorio por el juez que entendía en el caso, junto con el teniente fiscal en que había delegado el Fiscal general de la República. Los primeros interrogados fueron los camaradas Francisco Clavel, Víctor Berdejo, Dositeo Iglesias, José Rodríguez Arroyo y Francisco Gómez, todos ellos de nuestra sección de Madrid. Como el interrogatorio y la declaración fue la misma e idéntica para todos, nos limitaremos a la prestada por Francisco Clavel.


Francisco Clavel Ruiz

«El juez da lectura a la declaración anterior prestada ante la Brigada Especial de Madrid, mostrándose el procesado de acuerdo con el contenido de la misma.   

-P. ¿Se encontraba usted en Barcelona durante los sucesos de mayo?
-R. No; salí de Madrid el día 11 ó 12 de mayo, para adquirir en Barcelona papel para el semanario “La Antorcha”.
-P. ¿Continuaban los sucesos cuando llegó a Barcelona?
-R. Cuando llegué a Barcelona todo estaba normalizado.
-P.¿Qué criterio tiene usted del gobierno Largo Caballero y del gobierno actual?
-R. Son dos gobiernos de Frente Popular y por tanto no representan los intereses de la clase trabajadora.
-P. ¿Cree que los trabajadores deben de apoyar al Gobierno en la guerra actual?
-R. La clase trabajadora debe ayudar a ganar la guerra al Gobierno, pero lo que no puede hacer éste es arrebatar las conquistas logradas por la clase trabajadora.

El juez da por terminado el interrogatorio y el representante del Fiscal de la Republica hace algunas preguntas:

-P. ¿Ha observado usted algo anormal en el terreno de organización en la sección de Madrid durante los meses de marzo y abril?
-R. Durante esos meses Y, durante otros, el movimiento de altas y bajas en la organización fue normal y no observé nada extraño, salvo durante los primeros meses del movimiento en que el POUM, como las demás organizaciones políticas y sindicales, se fortalecieron numéricamente al organizar las milicias.
-P. ¿Cuántos combatientes tenía la sección de Madrid, en el mes de abril en los frentes del Centro?
-R. Ignoro la cifra exacta que podía tener en el frente de Madrid, pero creo serian unos 200.

Con esto se dio por terminado el interrogatorio».

Al día siguiente, el 14, tomaron declaración a los demás procesados, o sea a Juan Andrade, Pedro Bonet, Julián G. Gorkin, José Escuder y David Rey. También coincidieron las preguntas y las respuestas, salvo en la declaración de José Escuder, que fue más corta. Resumimos limitándonos a reproducir, pues, las declaraciones de Andrade y de Escuder.


Juan Andrade Rodríguez

«Que me ratifico en la declaración mía que figura en el atestado policiaco. Que no reconozco como existentes en el local del Partido dieciséis fotografías panorámicas de los frentes, que el fiscal me muestra. Que niego también que en el local del Partido hubiera el código telegráfico que me muestra y las claves supletorias. Que recuerdo a A. Moya como militante del Partido y que creo estuvo alguna vez en París. Que conozco a Jordi Arquer y en cuanto a Puig hay varios en el partido y no sé a cuál puede referirse. Que no conozco la letra de Moya, por haberle tratado muy poco. Que el partido no ha mantenido correspondencia Con Moya acerca de venta de joyas o de billetes estampillados. Que quizá se le encargase a Moya alguna gestión para compra de armas, cuando los partidos tenían que atender al equipamiento de sus milicias, pero que no se llegó a concretar nada porque la mayoría de las ofertas eran timos. Que Juana Maurín era la representante del partido, pero que jamás nos escribíamos con ella en clave. Que las cartas a Juana se las enviaban unas veces por correo ordinario y otras a mano. Que nunca hemos enviado a nuestras secciones instrucciones en clave, porque lo hacíamos por correo o personalmente. Que en el subsecretariado internacional trabajaban unos 15 extranjeros y que con ese motivo entraban y salían otros extranjeros a visitarles. Que nuestro abogado Benito Pabón nos ha visitado a Bonet, Gorkin, Rebull y a mi dos veces en la prisión, la última el miércoles, para tratar de los problemas de abogados en nuestro caso».

José Escuder Poves

«Que me ratifico en lo dicho en la primera declaración ante la policía. El juez pregunta dónde estuve durante los sucesos de mayo. Contesto que estuve en casa y no salí para nada a la calle, como puede comprobarse. El fiscal pregunta si había visto en el periódico fotografías de aeroplanos y campos de aviación. Contesto que no recordaba haberlas visto y que todas las fotos publicadas en el diario eran proporcionadas por agencias que las sometían antes a la censura. El juez pregunta si tengo confianza en los dirigentes del partido. Contesto que absoluta. La declaración se dio por terminada sin que se hiciera referencia para nada a cuestiones políticas o de espionaje. Se debe hacer constar que el representante del fiscal actuó correctísimamente en el diálogo».

Tampoco en este nuevo interrogatorio del juez y del representante del fiscal -como en el anterior ante la policía de Madrid-, se habló para nada del Supuesto delito de espionaje y de las pruebas que existían en el sumario. Solo se presentó a alguno de nuestros camaradas unas fotografías inocentes y sin importancia alguna, fotografías que, por otra parte, no fueron encontradas en ningún local del partido, por lo que no figuran en ninguna de las actas de registro levantadas por la policía. De las preguntas del juez y del representante fiscal se llega a deducir que, de haber proceso, se limitará a la responsabilidad del POUM por las jornadas de mayo y quizá a una supuesta evasión de capitales, delito éste que está de moda para buscar las cosquillas a los revolucionarios. La respuesta más adecuada a las calumnias estalinistas es esta: las tan cacareadas pruebas de traición no aparecen por parte alguna y los representantes mismos de la justicia dan de lado, por inocentes, los folletines acusatorios de Mundo Obrero, Frente Rojo, Treball y demás hojas en las que el estalinismo vierte su odio hacia nuestro partido.



10. EL AUTO DE PROCESAMIENTO Y EL COMENTARIO QUE MERECE

«...deben ser juzgados como enemigos del pueblo. Como decíamos ayer, el piquete debe entrar en funciones».
(La Hora, Madrid, agosto de 1937)

Después de más de dos meses de detención y de mil protestas motivadas por la indignación ante el proceder arbitrario contra nuestros camaradas, éstos fueron procesados. Con fecha 23 de agosto de 1937 les fue comunicado el auto de procesamiento. Aquí es preciso un pequeño comentario a la actuación del juez, actuación que pone al descubierto quién maneja los hilos de la acusación y del proceso. Debido a la ineptitud del juez, que lo era el del Juzgado especial número 1 del Tribunal de Espionaje, señor Taroncher Moya, a los manejos que se traía o a sus procedimientos sumamente comprometedores, el ministro de Justicia
y la Sala de gobierno del Tribunal Supremo, de acuerdo con el Fiscal General de la República, acordaron la sustitución del mismo, dándose orden, con fecha 23 de agosto, de que no realizara más diligencias en el sumario abierto contra los dirigentes del POUM. Subrayemos bien la fecha: 23 de agosto. Sin embargo, a pesar de esas órdenes terminantes, el señor Taroncher Moya prosigue las diligencias, monta el proceso y comunica el auto del mismo a nuestros camaradas. Solamente después de haber hecho todo esto, da posesión de su cargo al juez nombrado para sustituirle. ¿Qué motivos existían para que obrara así?

No hay la menor duda, por ser del dominio público, que el señor Taroncher Moya era un simple juguete en manos del estalinismo. Lo era por pura conveniencia, para mejor ocultar su pasado reaccionario. Conocemos perfectamente su vida y su historia. Don José Taroncher Moya es hombre que poseía buenas y extensas propiedades en Valencia. Durante la monarquía fue candidato romanonista por el distrito de Sagunto. En el periodo del llamado bienio negro fue juez de vagos y maleantes en Valencia. Últimamente estuvo separado de su cargo, al parecer por un supuesto cohecho... Tal era el hombre, ni pintado para el estalinismo y para llevar adelante el monstruoso proceso contra nuestros camaradas dirigentes. Y manejado por el estalinismo montaba pacientemente las piezas de la farsa. Pero ocurrieron dos hechos: uno, la seguridad absoluta para todos de que nuestros compañeros serían procesados única y exclusivamente por los sucesos de mayo en Barcelona, puesto que no solo existía la convicción moral de que las acusaciones de espionaje eran falsas, sino que en el mismo atestado policiaco no existía ninguna prueba ni indicio alguno en tal sentido; el otro hecho que precipitó y puso en peligro la maniobra estalinista fue la destitución del juez. No interesaba ni lo uno ni lo otro al estalinismo: por ello el señor Taroncher Moya ultimó un proceso que no le correspondía y usurpó para ello un puesto que tampoco le correspondía ya; por si fuera poco- nuestro abogado lo denunció en su recurso pidiendo la revocación del auto de procesamiento-, este juez sin escrúpulos adelantó la fecha del documento procesal, para que no apareciera como posterior a su cese.

El auto de procesamiento, copiado textualmente, dice así:

«Juzgado Especial número uno del Tribunal de Espionaje: Sumario nº 1 sobre espionaje

AUTO: Valencia, veinte y tres de agosto de mil novecientos treinta y siete.

RESULTADO: Que de lo actuado en este sumario, en síntesis aparece:

Que los hasta ahora detenidos Juan Andrade Rodríguez; José Escuder Poves; Pedro Bonet Cuito; Julián Gómez García; Daniel Rebull Cabré; Francisco Palomo; José Rodríguez Arroyo; Dositeo Iglesias Docampo; Francisco Clavel Ruiz y Víctor Berdejo Jiménez, todos pertenecientes al Partido Obrero de Unificación Marxista; el 1º, 3°, 4°, 5° y 8° como miembros del Comité ejecutivo; el 2° como jefe de Redacción-Confección del periódico “La Batalla”, órgano del partido; el 6° como secretario administrativo; el 7°, que perteneció a las Milicias del referido partido; el 9° como miembro del Comité de Víveres y el último que fue pagador de las referidas milicias, “puestos de acuerdo con los individuos extranjeros afectos a la Gestapo alemana”, que hasta ahora no han sido presentados, por el mes de mayo último realizaron en Barcelona, con el fin de perturbar la acción del gobierno, actos hostiles a ella con carácter secreto o reservado, así como un levantamiento de tipo militar, haciendo llegar a dicha capital las Milicias formadas por el POUM bajo la advocación del Batallón Lenin, abandonando el frente de Huesca con sus armas, incluso artillería, para restar fuerzas a la defensa de la República y ayuda a la actitud rebelde, así como para conseguir la descomposición de la retaguardia; actos éstos que, a más de haber sido aprobados por el Comité del partido, han sido alentados por el periódico “La Batalla”, órgano de aquel partido y han causado victimas y daños materiales de suma importancia; ocupándose además en los locales del POUM una serie de fotografías de aeródromos, sin poseer autorización para ello, ni guardar relación alguna con elementos militares, y documentos que demuestran que el referido partido realizaba un tráfico ilícito de armas en beneficio propio, al objeto del levantamiento referido; así como el que procedieron a exportar dinero y efectos de valor a Francia, ocupándose también claves circulares de sustitución y un código telegráfico, que demuestran se empleaban por aquel partido con fines de ocultación, para la transmisión de noticias y consignas; y que mantenían relaciones secretas con elementos extranjeros y entrevistas fuera de España, para fines sospechosos.

CONSIDERANDO: Que los hechos relacionados, a juicio del proveyente, y sin prejuicio de ulteriores calificaciones, revisten los caracteres de los delitos de espionaje y alta traición, definidos en los números 3°, 4°, 5°, 8° y 12° del artículo 5° del Decreto de 22 de junio último y en los números 1° y 4° del artículo 6° del mismo, apareciendo de lo actuado indicios racionales de criminalidad bastantes para estimar responsables de los mismos a Juan Andrade Rodríguez; José Escuder Poves; Pedro Bonet Cuito; Julián Gómez García; Daniel Rebull Cabré; Francisco Gómez Palomo; José Rodríguez Arroyo; Dositeo Iglesias Docampo; Francisco Clavel Ruiz y Víctor Berdejo Giménez, contra los que procede hacer la declaración de procesamiento que determina la Ley; decretar la prisión incondicional de los mismos y exigirles fianza para las responsabilidades civiles.

Su Señoría, por ante mí el secretario DIJO: Se declara procesados por los hechos por que se procede en este sumario y sujetos a sus resultas a Juan Andrade Rodríguez; José Escuder Poves; Pedro Bonet Cuito; Julián Gómez García; Daniel Rebull Cabré; Francisco Gómez Palomo; José Rodríguez Arroyo; Dositeo Iglesias Docampo; Francisco Clavel Ruiz y Víctor Berdejo Giménez, a quienes se les notifique este auto, recibiéndoles indagatoria.

Se decreta la prisión incondicional de los referidos procesados expidiéndose mandamiento al director de la Cárcel celular, sin necesidad de que sea ratificada aquélla, según proviene la Ley de Orden Público; y con testimonio de este particular de auto, fórmese ramo separado.

Requiérase a dichos procesados para que dentro de una Audiencia presten fianza a responder de las penas pecuniarias que en definitiva puedan declararse procedentes, en cantidad de quinientas mil pesetas cada uno de ellos y si no lo
verifican al día siguiente de ser requeridos, procédase al embargo de sus bienes y con testimonio de este particular de auto, fórmese ramo separado.

Para el acto de recibir indagatoria a los procesados se señala el día de mañana, veinticuatro del actual, a las diez y seis horas.

En cuanto a la última parte de la súplica del escrito anterior, dése cuenta por separado para acordar lo procedente.

Y póngase este auto en conocimiento del Ministerio fiscal.

Lo manda y firma el señor don José Taroncher Moya, juez especial del Juzgado número UNO del Tribunal de Espionaje. Doy fe. (Firmado)».

Antes de comentar como se merece el auto de procesamiento transcrito, queremos dejar señalado que el Tribunal especial de Espionaje es incompetente para juzgar a nuestros camaradas. Baste saber que el decreto de creación del citado Tribunal es posterior a la detención de aquellos; resulta, pues, una verdadera monstruosidad jurídica darle un efecto retroactivo. Uno de los abogados más acreditados de nuestro país, nos expresó su opinión desde el punto de vista jurídico-legal, opinión que es de suma importancia por la autoridad de su autor. Nos ha escrito: «Es un principio incurso de derecho, o sea de aquellos que no admiten argumentación en contra, y, además, admitido por el derecho constituyente nacido de todas las revoluciones, aquel de que los preceptos legales de carácter penal no tendrán nunca efectos retroactivos cuando perjudiquen a los presuntos reos y, por el contrario, se aplicarán siempre con efecto retroactivo cuando beneficien a los inculpados. Así es que, evidentemente, en buenos principios jurídicos y de acuerdo con los postulados revolucionarios, la legalidad penal represiva, dictada después de haber sido privados de libertad vuestros compañeros actualmente presos, no puede serles aplicada. No creo que la osadía de los que actualmente dirigen la vida pública de la España leal llegue hasta el extremo de conculcar los más elementales principios del Derecho penal, cometiendo la monstruosidad de aplicar a vuestros presos unas disposiciones legales de carácter represivo, que jurídicamente no se les puede aplicar». Y ahora, he aquí nuestra respuesta al auto de procesamiento urdido por el señor Taroncher Moya, gran propietario, antiguo candidato monárquico, ex juez de vagos y maleantes, acusado no ha mucho de cohecho e instrumento fiel del estalinismo:

1°. El auto de procesamiento considera como miembros del Comité ejecutivo a Juan Andrade, Pedro Bonet, Julián Gómez (Gorkin), Daniel Rebull y Dositeo Iglesias. Son miembros, efectivamente, del C.E. y así lo han declarado Andrade, Bonet y Gorkin. Daniel Rebull no pertenece al C.E., ni figura como tal en el atestado policiaco, ni en su declaración ante el juez. Dositeo Iglesias fue detenido el 16 de junio en Barcelona, donde estaba desde el día anterior para asistir al Congreso del partido, anunciado para el día 19; ha residido siempre en Madrid y, por tanto, no podía ser miembro del C.E., no figurando como tal en el atestado policiaco, ni en la declaración que prestó ante el juez.

2°. El auto de procesamiento considera como jefe de redacción-confección de La Batalla a José Escuder. El propio atestado de la policía manifiesta que Escuder era confeccionador-técnico y que, por consiguiente, no desempeñaba un cargo político.

3°. El auto de procesamiento señala como secretario administrativo a Francisco Gómez Palomo. El juez, en su infinita torpeza, confunde todas las cosas. Efectivamente, Gómez Palomo era secretario administrativo, pero de la sección de Madrid, que nada tiene que ver con el Comité ejecutivo.

4°. El auto de procesamiento culpa a José Rodríguez Arroyo de que «perteneció a las milicias del referido partido». Esto se comenta por sí solo; por el mismo motivo se podía haber procesado a los millares y millares de milicianos que hay en todos los frentes pertenecientes al POUM. Pero, además, Rodríguez Arroyo perteneció a las milicias de Madrid.

5°. El auto de procesamiento establece la responsabilidad de Francisco Clavel por ser «miembro del Comité de Víveres». Clavel fue detenido en el local del POUM en Madrid, cuando la policía se presentó a efectuar un registro. En el atestado policiaco solo consta que había tenido en otros tiempos el cargo de intendente en el Cuartel del POUM en Madrid.

6°. El auto de procesamiento establece la responsabilidad de Víctor Berdejo por haber sido «pagador de las referidas milicias». Berdejo fue detenido en Madrid, al igual que el compañero anterior, cuando la policía registró el domicilio social del POUM. Fue, en efecto, pagador de las milicias del POUM de Madrid hasta el 31 de diciembre de 1936, fecha en que se suprimieron los pagadores de milicias al formarse el Ejército Popular. Así consta en el atestado de la policía y en las declaraciones que prestó ante el juez.

7°. De lo anterior se deduce que el juez ni siquiera se ha enterado o ha comprendido los atestados y demás papeles que la policía ha puesto a su disposición. Ignora que hay camaradas que residían en Barcelona y eran miembros del Comité ejecutivo o no, y otros que pertenecen a la sección de Madrid. El juez, con manifiesta mala fe, trata, ante todo, de no librar del proceso a ninguno de los detenidos puestos a su disposición por la policía y para ello recurre al fácil recurso de repartir todos los cargos dirigentes del Partido entre los detenidos. El POUM tiene trescientas secciones locales en España; con arreglo al criterio seguido por el juez, podía haber procesado a todos los militantes con el mismo fundamento que el seguido por él.

Aún hay más: la responsabilidad de los procesados se concreta principalmente en los sucesos de mayo en Barcelona. Pues bien, los camaradas Dositeo Iglesias, Víctor Berdejo, Francisco Clavel y Francisco Gómez se encontraban en aquellas fechas en Madrid, a cuya sección del POUM pertenecen. Es una prueba más de que el juez no ha tenido en cuenta ni siquiera el atestado policiaco, a pesar de deberse éste a una policía sectárea al servicio de un partido adversario del POUM.

8°. El auto de procesamiento, en general, no está basado, ni mucho menos, en el resultado de las diligencias sumariales. Está inspirado exclusivamente en las suposiciones gratuitas, falsas e infames que ha venido divulgando en su prensa el Partido Comunista. En realidad, el auto de procesamiento no se diferencia en nada de un editorial de Frente Rojo contra el POUM. Evidentemente, el juez ha obrado presionado o coaccionado por el Partido Comunista y el auto en cuestión parece destinado únicamente a dar satisfacción a dicho partido.

La primera afirmación que sienta el auto de procesamiento es la de que los procesados estaban «puestos de acuerdo con individuos extranjeros afectos a la Gestapo alemana, que hasta ahora no han sido presentados». ¿Se concibe mayor monstruosidad, mayor insulto a un partido que ha perdido centenares de militantes en la revolución y en la guerra, y a unos camaradas que han consagrado la vida entera a la causa del proletariado? El propio juez, para cubrirse por anticipado del deber de ofrecer pruebas, dice que los agentes de la Gestapo «hasta ahora no han sido presentados». Pero hay más: el juez, en sus interrogatorios, ni siquiera ha hecho alusión a esta historia, seguramente porque hasta a él mismo le parecía grotesca.

Por su misma monstruosidad y por el hecho de que el juez establece tal acusación sin convicción alguna, solo bajo la presión del Partido Comunista o por congraciarse con él, no vale la pena de esforzarse en argumentar más. Pero si hemos de decir: ¿Es posible que alguien pueda insinuar que un partido de 30.000 afiliados revolucionarios sea capaz de ponerse de acuerdo con la Gestapo?

9°. Sobre los hechos de mayo en Barcelona ha habido ya suficientes documentos y declaraciones, tanto de gobernantes como de dirigentes de partidos y centrales sindicales, para que nadie pueda ignorar cómo surgieron y mucho menos para que se quiera adjudicar al POUM el papel de organizador y director de los mismos. En esto, tanto el juez como los comunistas -en cuya prensa se inspira el señor Taroncher Moya-, incurren en terminante contradicción. Se dice constantemente que el POUM es un reducido grupo sin influencia alguna. ¿Cómo es posible, pues,
que un grupo sin ascendente sea capaz de desencadenar un movimiento de la extraordinaria envergadura del de mayo en Barcelona?

Ni siquiera los estalinistas se han atrevido a decir que las milicias del POUM se trasladaron a Barcelona -¡con cañones!- durante las jornadas de mayo. Sin embargo, el juez lo afirma terminantemente. ¿Podrá probarlo? Claro que ni lo intentará, porque su único propósito es justificar un auto de procesamiento que es una verdadera represalia política.

En fin, las jornadas de mayo ni fueron aprobadas por el Comité -¿qué Comité?- ni alentadas por La Batalla. Nos limitamos a opinar sobre las mismas.

10º. Las fotografías de aeródromos -en el ligero vistazo que el juez permitió dar a nuestros camaradas, no les pareció a éstos que las fotos mostradas tengan alguna importancia- no se sabe dónde fueron halladas, pues el juez, a pesar de ser requerido varias veces, ni indicó nada, ni siquiera si figuran en el acta de registro del local donde la policía asegura haberlas encontrado. Pero por encima de estas consideraciones, que tienen su valor puesto que pueden llevarnos a la conclusión de que la policía las juntó al sumario para acrecentar la responsabilidad de nuestros camaradas, existen otras no menos evidentes. Aceptemos que dichas fotos fuesen halladas en un local nuestro. Pues bien, si el juez quisiera conducir a los procesados a un local del partido Comunista estos encontrarían a montones fotos de este género. Y es natural, porque a los locales de las organizaciones llevaron sus afiliados objetos, fotos, papeles, etc., que encontraron en los lugares requisados o simplemente en los registros efectuados en los domicilios de elementos fascistas. Todo esto, claro está, independiente del hecho de que estimamos que tales fotos no fueron halladas en un local nuestro y que creemos asimismo que no tienen valor probatorio alguno, ¿Por qué el juez no presenta el acta levantada por la policía después del registro donde dice fueron encontradas las fotografías en cuestión? Digamos, además, que algunas de ellas están tomadas desde un zeppelín o globo cautivo. Aparte de que el POUM no cuenta ni ha contado jamás con globos cautivos o zeppelines, tal hecho demuestra que se tratan de fotos muy antiguas y sin importancia.

11°. Cabe destacar que es incorrecta la expresión «milicias formadas por el POUM bajo la advocación del Batallón Lenin». El juez, una vez más, no sabe lo que dice. Unas milicias no pueden estar bajo la advocación de un batallón. Lo que sucede es que las milicias del POUM constituían la División Lenin. Pero, por otra parte, las milicias del POUM que formaban la División Lenin habían desaparecido ya como tales milicias, para transformarse en la División 29 del Ejército popular. Y es harto sabido que, desde hace meses, las organizaciones no tienen jurisdicción sobre las milicias, porque éstas se han transformado en Ejército popular bajo las órdenes inmediatas y la autoridad del ministro de la
Guerra.

12°. Respecto a la acusación de que existen «documentos que demuestran que el referido Partido realizaba un tráfico ilícito de armas en beneficio propio» y de que «procedieron a exportar dinero y efectos de valor a Francia», no creemos valga la pena oponer abundantes razonamientos. En cuanto a eso de «documentos que demuestran» dudamos mucho los tenga, porque de tenerlos el juez los hubiera mostrado y no habría dejado de interrogar sobre ello a nuestros camaradas; en realidad el juez solo enseñó una carta de carácter particular. Pero aunque existieran esos documentos, el hecho de que nos hayamos procurado armas, mejor dicho, que hayamos intentado procurárnoslas puesto que las gestiones no dieron resultado, no indica más que hemos procedido como verdaderos revolucionarios y hecho todos los esfuerzos posibles para suministrar a los combatientes armas contra el fascismo, cuando el gobierno no las suministraba. En la misma situación se encuentran todos los partidos y organizaciones sindicales. Aún hay más: mientras nosotros no hemos tenido éxito en la adquisición de armas -con gran sentimiento nuestro, claro está-, todo el mundo sabe que el Partido Comunista ha recibido barcos enteros con armamento, fletados por los partidos comunistas europeos (no nos referimos al ruso, porque esta es otra cuestión diferente.) Es conocido también que los obreros comunistas franceses de las fábricas de armas, con un sentido profundo de la solidaridad revolucionaria internacional, han sustraído de sus fábricas material de guerra que entregaban al Partido Comunista francés y éste ponía luego a disposición del Partido Comunista de España. En determinados momentos se han reunido en París, no ya docenas, sino centenares de representantes de las organizaciones antifascistas españolas, todos los cuales querían adquirir armas.

13°. En cuanto a que se procedió a exportar dinero y efectos de valor a Francia, diremos que no es más que una calumnia. Y esperamos que algún día se dignará presentar las pruebas de esta afirmación gratuita; tal vez entonces podamos conocer cualquier documento falsificado, de buena factura estalinista.

14°. Referente a que se nos ha encontrado «claves circulares de sustitución y un código telegráfico», dudamos mucho que hayan sido hallados en locales de nuestro Partido. Según nuestras informaciones se encontró a David Rey, en su domicilio particular, un código telegráfico que había adquirido en París hace bastante tiempo, y así lo declaró al juez. ¿Hay alguna ley que prohíba tener códigos telegráficos? Pero aunque se hubiera hallado en un local nuestro, pudiera ser, como en el caso de las fotos, que procediera de algún lugar requisado o de registros domiciliarios. Incluso, condescendientes con el juez, vamos a suponer que ni las claves ni el código telegráfico tuvieran esa procedencia. ¿Es que el juez ignora -por el auto de procesamiento se ve que ignora todo, porque en su vida plácida de juez de vagos y maleantes no ha tenido que enfrentarse con los gobernantes del «bienio negro», sino por el contrario, se dedicó a servirles procesando como vagos y maleantes a auténticos obreros revolucionarios-, ignora, repetimos, que durante la represión del Gobierno Leeros-Gil Robles y, principalmente, durante octubre de 1934, todos los partidos y organizaciones recurrieron a la acción ilegal, por lo que tenían que servirse de mil trucos y procedimientos? Pues es incluso posible que dichas piezas datasen de dicha época, aunque esto es solo una hipótesis, puesto que ignoramos dónde y en qué circunstancias se han encontrado. Por otra parte, todas las organizaciones antifascistas han dispuesto en estos últimos tiempos de suficientes medios de transporte para no tener que dar instrucciones a su militantes mediante claves o códigos telegráficos.

15°. Otro cargo que hace el auto de procesamiento es de que «mantenían relaciones secretas con elementos extranjeros y entrevistas fuera de España para fines sospechosos». El juez, acostumbrado a los términos de los autos de procesamiento dictados durante la monarquía contra los revolucionarios, emplea la misma terminología: «elementos extranjeros», «fines sospechosos», etc. Términos semejantes han figurado en los numerosos autos de procesamiento dictados contra militantes nuestros en la épica monárquica y en el «bienio negro». Hemos mantenido y mantenemos, efectivamente, relaciones con elementos extranjeros, pero con unos elementos que en todo el mundo, sobre todo en Francia e Inglaterra, frente a la política de No Intervención de sus gobiernos predican y propagan con toda efectividad la necesidad de una ayuda activa a la revolución española; con esos «elementos extranjeros» que han venido a España a combatir a nuestro lado.

Nuestro partido es una organización con relaciones internacionales, como el Partido Comunista, que obedece las órdenes de Moscú, o como el Partido Socialista, que pertenece a la II Internacional de Bruselas, o como la CNT, que está adherida a la Asociación Internacional de Trabajadores, domiciliada en Estocolmo. El POUM está adherido al Comité por la Unidad del Socialismo revolucionario, que reside en Londres. Pero estas relaciones no tienen nada de sospechosas; son claras y públicas, y se manifiestan en resoluciones y acuerdos de congresos o conferencias.

Después de lo expuesto, creemos suficientemente demostrado el valor de las pruebas que figuran en el sumario procesal. Por si todavía esto fuera poco, daremos a conocer el recurso presentado por nuestro abogado pidiendo la revocación del auto de procesamiento por sus anomalías, por sus errores jurídicos y por la monstruosidad política que supone. Así se verá qué queda de toda la argumentación estalinista, de todas sus acusaciones y de todas sus calumnias.


11. RECURSO PIDIENDO REVOCACIÓN DEL AUTO DE PROCESAMIENTO

«La justicia igual para todos de que nos hablaba el pedante don Fernando de los Ríos cuando era ministro de Justicia, es la hipocresía mayor de la «República de Trabajadores».
(Frente Rojo, 17 de junio de 1932.)

«AL JUEZ ESPECIAL DEL TRIBUNAL DE ESPIONAJE

Benito Pabón y Suárez de Urbina, abogado defensor de Juan Andrade Rodríguez, José Escudé Poves, Pedro Bonet Cuito, Julián Gómez García, Daniel Rebull Cabré, Francisco Gómez Palomo, José Rodríguez Arroyo, Dositeo Iglesias Docampo, Francisco Clavel Ruiz y Víctor Berdejo Jiménez, procesados por auto fecha 23 de los corrientes por supuestos delitos de los comprendidos en los números 3°, 4°, 5°, 8° y 12° del articulo 5° del Decreto de 22 de junio último, y en los números 1° y 4° del articulo 6°, ante el Juzgado comparezco y como mejor proceda alego:

Que con fecha de 24 de los corrientes le fue notificado dicho auto de procesamiento y prisión provisional, dándose el caso verdaderamente extraño de que aparezcan las copias entregadas del repetido auto modificadas las fechas, enmendadas y corregidas, con el número veintitrés. Extrañeza que se produce al saber que en esa misma fecha 23, le es notificado al juez que venía actuando el acuerdo de la Sala e gobierno del Tribunal Supremo de Justicia para que cesara en la instrucción de este sumario e hiciera entrega al nuevo juez especial designado para seguir su diligenciado. Es curioso y anómalo que habiendo transcurrido, en un procedimiento que tiene carácter sumarísimo, varias semanas desde que el señor juez especial número uno del Tribunal de Espionaje entiende en este sumario, sin tomar resolución alguna, ésta se produzca y aparezca cuando ha dejado de tener jurisdicción y por ende competencia para dictarla.

No obstante, hubiéramos silenciado el caso, en honor al respeto que nos merecen las actuaciones judiciales y en aras de la brevedad que la deseamos como más interesados en que resplandezca pronto toda la verdad que haya en el fondo de este asunto, oscurecido en el ambiente envenenado por la pasión política, si en la redacción del auto a que nos referimos, tanto en el Resultando como en el Considerando que sirven de premisas a la resolución adoptada, no hubiera una tal deformación de la verdad por una parte, y desconocimiento tan supino -dichos sean con los debidos respectos y en términos de defensa- de los más elementales preceptos del Derecho, que nos obliga, como primera e imprescindible reacción de defensa, a recurrir al Juzgado, poniendo de relieve aquellas inexactitudes y errores jurídicos.

Repetimos que hubiéramos aguardado gustosamente, sin hacer uso de recursos que la ley concede, a que llegara el momento procesal del articulo 548 del Código de Justicia Militar, de aplicación a este procedimiento, para iniciar todas las cuestiones que el auto de procesamiento plantea. Pero, ya no es el interés particular de defensa; es que el presente proceso, por circunstancias y causas de todos conocidas, tiene una envergadura extraordinaria (pendiente de él se encuentra la opinión internacional) y creemos que por decoro y prestigio de la Justicia española debe modificarse un auto de procesamiento en el que el Derecho, la verdad a incluso la lengua castellana resultan tan mal parados porque al saltarse las reglas jurídicas. lógicas y gramaticales, pone en pobre criterio la capacidad en los tres aspectos de una Magistratura que, salvo en esta lamentable excepción, tan alto está dejando el prestigio de la Justicia de la España leal.

Por ello, utilizamos el recurso que nos concede el párrafo 3° del artículo 421 del Código de Justicia militar.

La procedencia de este recurso se justifica poniendo en relación el artículo 4° del Decreto de 22 de junio del presente año (Gaceta del 23) con los 653 y 421 del Código de Justicia militar. En aquel artículo se determina que estos sumarios se tramitarán por el procedimiento sumarísimo establecido en el Código de Justicia militar. En el primer párrafo del artículo 653 del Código de Justicia militar se indica que la tramitación de los juicios sumarísimos se arreglará a la del juicio ordinario en todo aquello que no esté modificado por las reglas que en el título XIX del Tratado III del citado código se establecen. Y como entre éstas no existe ninguna que prohíba la utilización del recurso que plantearnos (normado para el procedimiento ordinario en el artículo 421) es evidente su procedencia.

Por analogía e interpretando razonablemente lo dispuesto en esta última disposición legal, este recurso lo formalizamos y presentamos ante el juez instructor, para que la petición de revocación, reforma o modificación del auto de procesamiento sea elevada por éste al Tribunal Especial de Espionaje.

Y para razonar la procedencia de la revocación y reforma del auto de procesamiento, hacemos los siguientes razonamientos, separando lo que son consideraciones sobre el Resultando como materia de hechos, de los que son argumentos de índole jurídica respecto al absurdo Considerando que pone en relación aquellos hechos con la resolución judicial recurrida.

CONSIDERACIONES SOBRE LOS HECHOS

PRIMERA. Es absurdo que en un proceso de la amplitud del presente, en el que la más elemental prudencia indica la necesidad de discriminar y separar hechos y actitudes, para poder señalar posibles responsabilidades, se recoja, como en pesca en barrido total, todo aquello que al Juzgado instructor ha traído una policía judicial de cuya competencia y capacidad tan pobre muestra da lo que se deja entrever de estos atestados, y se establezca un solo voluminoso y fantástico hecho, en el que por igual se señalan a los más altos dirigentes de un partido político, que un simple miliciano que tuvo la desgracia de caer en esa redada total de la policía. Esto si no fuera triste y lamentable por la pobreza de competencia y de inteligencia que representa, seria sencillamente donoso hasta el punto de producir hondos regocijos a cualquier espíritu humorístico. Porque graciosa, repetimos, si no fuera trágica, seria la actitud de un Juez que prácticamente exclama: “Esto que trae la policía, esto entrego yo, sin añadir ni quitar, a las manos de la Justicia”. Actitud comodísima y absurdo solo comparable a la del juez rabelesiano que encomendaba a la alta discreción y al azar de los dados la resolución de los pleitos que le sometan a su conocimiento.

SEGUNDA. No conocemos, ni podemos conocer, por vedárnoslo el secreto del sumario, el contenido de su diligenciado, pero en nombre de la honradez política y revolucionaria de nuestros defendidos, hemos de protestar de la primera afirmación que establece el Resultando comentado, al establecer una relación entre la Gestapo alemana y las actividades de los dirigentes y afiliados del POUM.

Tenemos la seguridad absoluta de que en el sumario no existe prueba ni indicio racional que permita hacer tan grave y gratuita aseveración. Y esta seguridad está avalada por la misma peregrina redacción de esa afirmación, digna no ya de los jueces de una democracia, sino de los métodos policiacos de países en que la verdad, el honor individual, la libertad personal y todos los valores y derechos personales no merecen estimación alguna, porque están sometidos por métodos maquiavélicos al interés totalitario de las dictaduras allí imperantes; nos referimos a los países donde el fascismo reina.

Puestos de acuerdo -se dice en el Resultando comentado- con individuos extranjeros afectos a la Gestapo alemana, que hasta ahora no han sido presentados. Es decir, que los tiene que extraer el juzgado del país de la Quimera y de la fantasía, no acordándose que esos terrenos pertenecen exclusivamente a los acreedores de la literatura imaginativa y de ensueño, pero que son vedados por los distribuidores y administradores de la práctica y realista Justicia.

TERCERA. Igualmente es absurdo lanzar así, sobre todos los componentes de un partido, dirigentes y simples afiliados, las supuestas consecuencias de la aparición (no sabemos dónde, pues el Resultando no lo indica) de unas supuestas fotografías y códigos telegráficos, por otra parte al alcance de cualquiera.

CUARTA. Del mismo modo estamos seguros que no puede haber pruebas en el sumario que indiquen como origen del movimiento del mes de mayo en Barcelona, una preparación meditada del mismo en la finalidad que se le señala en el Resultando comentado, ni la participación en el mismo de todos y cada uno de los procesados. Abrigamos la certeza de que a poco que los encargados de esclarecer la verdad, policiacamente en el atestado y judicialmente en el sumario, hayan tenido un cierto celo en su cometido, se habrá podido comprobar que en los orígenes de ese movimiento, más o menos razonable de las masas, que todos condenamos y lamentamos, no hubo labor de inducción, sino solamente una reacción colectiva, emocional, neurótica si se quiere de causas complejas, con participación por acción o por omisión de muchos cuya responsabilidad será muy difícil precisar.

Pero sobre esto no hemos de insistir, porque el momento procesal más oportuno llegará cuando se dé conocimiento de los cargos, a los procesados y a esta defensa.

QUINTA. En el sumario va de aparecer que Julián Gómez García era director del periódico La Batalla y responsable por tanto (cuando los autores de los escritos que se suponen delictivos- no aparezcan, y no creemos que sobre esto baya realizado investigación alguna; siendo tan primordial) de aquellos escritos.

Esto se silencia indebidamente, para poder extender la responsabilidad a un simple redactor-jefe, que legalmente no puede tenerla. Es además incierto que José Escuder sea redactor-jefe de La Batalla. Es simplemente confeccionador-técnico. Y no creemos que un cajista pueda ser nunca responsable del contenido de un periódico.

SEXTA. Se cometen inexactitudes al señalar quiénes son los miembros del Comité ejecutivo del POUM, pues no lo son Daniel Rebull ni Dositeo Iglesias, que por otra parte no sabemos por qué están presos.

Y, por otra parte, es sencillamente ridículo suponer a un pobre secretario administrativo, a un sencillo miembro del Comité de Víveres, a un simple miliciano de una columna o a un pagador de milicias, complicados en todo ese cúmulo de manejos de alta traición o profunda política subversiva, con cuyas referencias el Resultando nos asombra.

Pudiendo afirmar, con plena confianza de estar en lo exacto, que no aparece en todo el atestado, ni en el sumario, el menor indicio que autorice esta ligera y alegre complicación de posibles responsabilidades.

ERRORES DE DERECHO

PRIMERO. Y el de más bulto. El Decreto de 22 de junio del presente año (Gaceta del 23), al crear el Tribunal Especial de Espionaje y Alta Traición, establece en sus artículos 5º y 6º nuevas figuras delictivas y nuevas penalidades. No es necesario insistir, dada la alta competencia del Tribunal a quien este escrito en definitiva se dirige, sobre lo que supone el desconocimiento que en el único Considerando del auto recurrido se muestra de la realidad jurídica anteriormente expresada.

Se podrá discutir, teniendo en cuenta la disposición transitoria del Decreto citado, sobre la competencia del Tribunal de Espionaje para entender o no en ciertos sumarios, pero lo que no cabe duda es que, por un precepto legal de Derecho, intangible y sagrado (garantía, contra la que no se puede ir, de la libertad individual) las nuevas figuras de delito que en el Decreto aparecen y las nuevas penas no pueden aplicarse, de ninguna forma, a hechos ocurridos con anterioridad a la aparición en la Gaceta del referido Decreto.

Y se falta a esa normal esencial del Derecho penal cuando por un juez se decreta a voleo procesamientos fundados en casi todos los apartados del Decreto, sin tener en cuenta que la mayoría de ellos (todos, mejor dicho, porque para fijar responsabilidades en su día, al aplicar penas tendrá que recurrirse, si hubiere tales responsabilidades, a las Leyes en vigor en mayo, cuando ocurrieron los sucesos que se examinan) no pueden tener aplicación en el presente sumario.

SEGUNDO. En vigor, por no haber sido derogadas, las normas que señala la legislación vigente sobre delitos de imprenta, respecto a quienes deber ser reputados autores de hechos que por tal medio se cometieren, es antijurídico el fundar un auto de procesamiento en el hecho de ser una persona redactor de un periódico.

TERCERO. Es indudable que se falta a lo preceptuado en el artículo 421, párrafo 1°, del Código de Justicia militar, en relación con el 364 de la Ley adjetiva penal, cuando (y por más notorio señalamos los nombres de Daniel Rebull, Dositeo Iglesias, José Escuder, Francisco Gómez Palomo, José Rodríguez Arroyo, Francisco Clavel Ruiz y Víctor Berdejo Jiménez) sin indicios de ninguna clase, por la sola desgracia doble de haber nacido y ser presentado al juzgado por la policía, se le somete a las torturas de un tan grave procedimiento judicial. La mayor parte de ellos no ha estado siquiera en Barcelona, ni tienen los gratuitos cargos que el señor Juez quiere atribuirles.

Así, José Escuder, a quien el juez llama redactor-jefe de “La Batalla”, es sencillamente un confeccionador técnico, y así consta en el atestado policiaco. Dositeo Iglesias no es del Comité ejecutivo y residía en Madrid, estando accidentalmente en Barcelona. Daniel Rebull tampoco es del Comité ejecutivo. Francisco Gómez Palomo es secretario administrativo, pero no del Comité Ejecutivo, sino de la sección local de Madrid. A Francisco Clavel, el señor juez, en esta distribución arbitraria de cargos y honores, lo nombra miembro del Comité de Víveres, y del atestado solo puede deducirse que pertenecía a la intendencia del Cuartel del POUM en Madrid. A Víctor Berdejo lo designa pagador de las Milicias del POUM, y efectivamente lo fue, pero en Madrid hasta el 31 de diciembre pasado nada más. Y a José Rodríguez Arroyo lo procesa por simple miliciano del POUM. El caso es como para no comentarlo.

En virtud de los razonamientos expuestos, que no alargamos ni ampliamos en honor a la brevedad, SUPLICAMOS al juzgado instructor que teniendo por presentado este escrito y por entablado en tiempo y forma el recurso que autoriza el artículo 421 del Código de Justicia militar, se sirva elevarlo al Tribunal Especial de Espionaje y Alta traición, con la posición que ante él hacemos de que sea revocado el auto de procesamiento recurrido como es de Justicia, que pedimos en Valencia, a 25 de agosto de 1937».


12. LO QUE HAN DICHO Y CONFESADO ALGUNOS MINISTROS Y OTRAS PERSONALIDADES

«No existe ninguna prueba de espionaje contra ninguno de los dirigentes del POUM».
(Irujo, ministro de Justicia)

«No creo el que los dirigentes del POUM sean espías».
(Prieto, ministro de Defensa Nacional)

«La opinión pública catalana no puede creer el que Nin sea un espía fascista». (Companys, presidente de la Generalidad)


Nada prueba mejor la vesania del estalinismo, lo absurdo de sus calumnias y los propósitos que le guían al sostener su gran campaña de escándalo contra el POUM, que las declaraciones de los ministros y otras varias personalidades con cargos de importancia y responsabilidad. Ante las delegaciones internacionales que vinieron a nuestro país para verificar, mediante una información a fondo, la verdad de las acusaciones lanzadas contra nuestro partido, ante familiares de los camaradas detenidos y procesados, ante los representantes de nuestro actual Comité Ejecutivo, ninguno de los interrogados, ningún ministro, ninguna otra personalidad sostuvieron, ni remotamente, el criterio de que le POUM estuviera al servicio de Franco, ni de que nuestros camaradas fueran agentes de la Gestapo. Mejor dicho, creemos que hay una excepción. Se trata de aquel simpar Manuel Cordero, el hombre de los mil y un cargos retribuidos durante el primer bienio republicano-socialista, el militante más desacreditado en el seno del Partido Socialista, y que ahora, por lo que parece -¡cosas veredes mío Cid!- es un incansable propagador del llamado y sobado Partido Único, es decir, de la fusión de su partido con el Partido Comunista. Don Manuel Cordero, no sabemos con cuántos cargos hoy día, para mejor sostener su amistad con los estalinistas pone en duda la integridad revolucionaria de nuestra organización y de nuestros hombres. Pero no vale la pena -¡es de tan poca importancia don Manuel!- hablar más de él.

Nos vamos a remitir a los documentos hechos públicos por las delegaciones que estuvieron en nuestro país. Los informes que presentaron al proletariado mundial podrán ofrecer más objetividad que nuestras propias palabras. Del rapport publicado en Francia por R. Louzon, el conocido y viejo militante sindicalista francés, que formó parte de la primera de dichas delegaciones, transcribimos:

«Las visitas de la primera categoría nos han enseñado dos cosas: la primera, es que ningún partido creía, o al menos no aparentaba creer, en la acusación de espionaje lanzada contra Nin, Gorkin, etc. ;la segunda, es la amplitud de la represión, la cual ha castigado no solamente al POUM, sino a todas las otras organizaciones antifascistas que no están actualmente en el poder.

Vázquez y Montseny encuentran escandalosa la arrestación de Nin y los otros, y su posición, tal como Vázquez acabara de definiría en un discurso del cual hemos visto las pruebas de imprenta, es ésta: si hay espías en el POUM, como probablemente los hay en todos los partidos antifascistas, que se les castigue, pero esto no da derecho a exterminar el POUM en cuanto organización.

(...)

Miravitlles nos ha declarado espontáneamente que en seguida de la detención de Nin por espionaje, acusación que nadie puede creer, fue llamado por Companys y los dos decidieron que éste escribiría inmediatamente una carta al gobierno de Valencia señalando la deplorable impresión producida por esta detención, que “la opinión pública catalana no podía creer que Nin fuese un espía fascista, y que Companys casi no tenía necesidad de hacer un gran esfuerzo para poderlo admitir”. Esta carta fue enviada en seguida a Valencia por el propio Míravítlles y entregada por él a Ortega, Director General de Seguridad (el verdadero ministro). Ortega declaró entonces que se tiene pruebas abrumadoras contra Nin, y enseñó a Miratvilles una pieza (plano milimétrico de Madrid, con texto en el dorso escrito con tinta simpática, en el que se trata de un cierto N), tan evidentemente falsa según Míravitlles, “que rompí a reír y que nadie tendrá la osadía de hacer ya más uso de esa pieza”.

(...)

Largo Caballero nos declara que conocía personalmente desde hacia mucho tiempo a Nin, Gorkin y otros más, y que, a pesar de ser su adversario político, sabia perfectamente que éstos no eran ni podían ser espías fascistas. Si Nin y los otros miembros del POUM son actualmente perseguidos por espionaje, es solo por razones políticas, porque el Partido Comunista quiere destruir el POUM.

Si en esta necesidad el Partido Comunista se ve apoyado por los otros partidos gubernamentales (socialistas de derecha y partidos burgueses) –añade Largo Caballero-, es únicamente porque la derecha socialista tiene necesidad del sostén comunista para la salvaguardia de la democracia burguesa. Las persecuciones contra el POUM son el rescate que éstos pagan al Partido Comunista.

(...)

Companys nos confirma la gestión que había hecho cerca del gobierno de Valencia, y que nos había relatado Miravitlles. Luego habla de consideraciones generales, explicándonos que Cataluña había tenido que interrumpir su revolución, porque se había encontrado insuficientemente sostenida por el proletariado de los demás países que, actualmente por todas partes está a la defensiva (frentes populares).

(...)

Pabón nos informó que el ministro de la Gobernación había telefoneado a Madrid, a su colega de Justicia, el cual había visto a todos los presos, Nin inclusive; que éstos estaban ya todos en las prisiones del Estado y que dentro de ocho días el asunto sería retirado a la policía para pasar al juzgado. Además, que los presos actualmente en Madrid serían trasladados todos a Valencia. Pedimos tener confirmación directa de todo esto, sea por el ministro de la Gobernación o sea por el de Justicia.

(...)

Al día siguiente fuimos recibidos, en compañía de Pabón, por el ministro de Justicia.

Este, después de habernos afirmado que en España no se podían producir cosas como en Rusia, nos confirma lo que nos había dicho la tarde del día anterior por mediación de Pabón y se compromete a escribirlo, lo que hizo la misma tarde en una carta a este último, de la que hemos visto el original y sacado reproducciones.

Por el contrario, si bien el ministro nos declaró explícitamente que «yo no puedo creer que Nin fuese un espía, como no podría creer que Franco sea un agente de Inglaterra», no hizo ninguna alusión a la posibilidad de abandonar la acusación de espionaje».


Del informe publicado por la segunda delegación internacional, compuesta por un miembro de la Cámara de los Comunes británica, por un periodista francés, por un abogado del Colegio de París y por un componente del Consejo nacional del Partido Frontista y delegado al Buró del Frente Popular en París, extractamos lo siguiente:

«Los señores Irujo, Zugazagoitia y Prieto han insistido mucho sobre el hecho de que no se pensara que el Gobierno estaba interesado en hacer desaparecer a Nin; que, por el contrario, este asunto les incomodaba enormemente y que habían hecho todo lo posible por encontrarlo. La delegación afirma no haber pensado jamás en una participación directa del Gobierno en esta desaparición.

(...)

El señor Irujo afirma textualmente: «Nin no ha estado nunca en una cárcel del Gobierno. Nin jamás ha puesto los pies en una prisión del Estado». Ha desaparecido en una «casa particular que no era una cárcel»; se trataba, según Irujo, “de una villa, de un hotel particular rodeado de un jardín y situado en Alcalá de Henares, de un hotel deshabitado y que la policía ocupó especialmente para encerrar a Nin”. Este habrá sido secuestrado por «elementos fascistas, hipótesis que no le parecía muy verosímil, o por elementos de las Brigadas internacionales, hipótesis que creía más cierta.

Dice que se abrirá un sumario por el secuestro de Nin y que los autores serán juzgados por crimen de alta traición, “aun cuando el mismo Nin fuese condenado a muerte por rebelión”. Varios ministros -dice Irujo- declararán sobre este asunto. Se irá a buscar a los autores, por altos que éstos estén.

El señor Irujo se duele que la policía se haya convertido casi en independiente y que los elementos extranjeros puedan tener el control real de la misma. Se queja de la influencia del Partido Comunista sobre la policía.

(...)

El señor Zugazagoitia, ministro de la Gobernación, afirma que es inexacto que Nin haya estado en prisiones del Estado. Una casa en la cual se instalan policías oficiales se convierte -dice- en un local oficial. El ministro se queja muy vivamente de la policía, compuesta -según él- de elementos reclutados apresuradamente después del 19 de julio, elementos procedentes de partidos en los cuales se les enseñaba el desprecio a la policía, cargados de pasiones políticas y que comprendían hasta un buen número de analfabetos.

(...)

El abogado Pabón comunica a la delegación que en el mismo día había sido nombrado un juez especial para instruir el proceso, que su informe estaría terminado en algunos días (en efecto, estuvo terminado el 23 de agosto) y que él, Pabón, tendría entonces conocimiento del dossier y solicitarla un plazo de 15 o 20 días para realizar las encuestas y contraencuestas que le parecieran indispensables.

Pabón afirma que, según sus noticias, el dossier no contenía ninguna prueba sería de espionaje y que el documento N (el plano milimetrado) aparecía definitivamente descartado. Pabón, por su situación. tiene la posibilidad de conocer casi todo el dossier y éste no reserva más que la posibilidad de improbables piezas secretas.

(...)

Irujo, ministro de Justicia, declara que los dirigentes del POUM, interrogados por la policía respecto a si eran espías, lo han negado, e interrogados a si eran responsables de las jornadas de mayo, han dicho que si. Habla de la gravedad de los hechos de mayo, diciendo que es preciso una sanción a tales hechos. pero añade que tiene la intención de presentar al Consejo de Ministros un proyecto de amnistía para los delitos políticos y sociales, precisando que solo serían excluidos los de traición y espionaje. «La extrema derecha -dice- se opondrá probablemente a este proyecto». Irujo precisa igualmente que la extrema derecha son los comunistas, el presidente del Consejo forma el centro y él, en tanto que liberal, la izquierda. Si el Tribunal pronuncia penas de muerte, intervendrá una medida de gracia, conmutando esas penas por la reclusión perpetua, viniendo en seguida la amnistía.

Respondiendo a varías preguntas, el ministro precisa que si ciertos miembros del POUM fueran convictos de espionaje, serían juzgados en dos procesos (espionaje y jornadas de mayo), pero que la distinción entre los dos procesos subsistiría; y añade que, por otra parte, no existe ninguna prueba de espionaje contra los dirigentes del POUM y que en particular el documento N no tiene valor alguno.

Un miembro de la delegación pregunta si será posible que observadores extranjeros asistan al proceso. El ministro afirma con vehemencia que el proceso será público, puesto que no se trata de espionaje. El miembro de la delegación señala, sin embargo, el caso de que el documento N, por ejemplo, fuera a pesar de todo mantenido. El ministro responde enérgicamente que el problema no puede ser planteado, que el proceso será por las jornadas de mayo y público, que aunque él no ha hecho sino dejar a la justicia seguir su curso sin intervenir, puede pensarse que todas las piezas han pasado por sus manos y que no ha dejado de tomar conocimiento de las mismas. Señala que ya ha tenido ocasión de afirmar más de diez veces en el curso de esta entrevista que no habrá acusación de espionaje contra los dirigentes del POUM. “El POUM -dice- responderá de su gesto revolucionario contra la República”. Un miembro de la delegación plantea el problema de las responsabilidades fuera del POUM por los sucesos de la primera semana de mayo. El ministro responde que estima que los hechos de mayo deben de ser sancionados, pero que le parece que en unos hechos en que ha participado tanta gente, un sentimiento de humanidad aconseja no llevar ante la justicia más que a los principales responsables y que, por otra parte, las leyes españolas autorizan a juzgar individualmente o por pequeños grupos a las personas inculpadas en los affaires de este género, ya que así se habla hecho en numerosas ocasiones, principalmente en 1933 y 1934.

(...)

Eduardo Ortega y Gasset, Fiscal de la República, ha recibido a los camaradas Maxton y Weil-Curiel; les ha expresado toda la estimación que tenía por los dirigentes del POUM, es decir, que él estaba bien lejos de creer que fueran fascistas.

(...)

Prieto, ministro de Defensa nacional, dice que él no cree que los dirigentes del POUM sean espías. Se eleva contra los sucesos de mayo, que han sido -según él- organizados por el POUM; dice que son un resultado de los artículos de “La Batalla”. El Gobierno, añade el ministro, debe defenderse contra los que quieren “la revolución a toda costa”, cuando no es ese el momento de España. Dice que el programa mínimo que se ha asignado el Gobierno es el de ganar la guerra y que es preciso terminar con los partidos de ideología demasiado estrecha, como el POUM, la CNT y «los mismos comunistas”, agrega.

El señor Prieto se refiere a la situación militar de España y a la situación internacional. Dice que la delegación no representa más que a los países que han hecho poco por ayudar a España, a los partidos cuya acción ha resultado ineficaz o demasiado poco eficaz, mientras que los rusos envían las armas que permiten a la República española resistir el asalto del fascismo.

Dejando estas ideas generales, el ministro dice que “lo que es más grave es que la detención de los dirigentes del POUM no ha sido decidida por el Gobierno, que la policía ha procedido a estas detenciones por su propia autoridad”. El ministro no cree, sin embargo, que haya que inculpar a Ortega, que era entonces Director General de Seguridad. Recuerda a este respecto que cuando la detención ilegal de Rovira, Ortega le respondió que ignoraba por completo el encarcelamiento del jefe militar del POUM. Los responsables, según él, se encuentran en torno al jefe de policía, los cuales habían sido reclutados entre los elementos comunistas “según sus procedimientos ordinarios”. Sin embargo, añade que fue a causa de negarse a restituir a Nin por lo que Ortega fue destituido.

(...)

Prat García no cree que los dirigentes del POUM sean espías; estima que los artículos de “La Batalla” son pruebas evidentes de la responsabilidad del POUM en los hechos de mayo.

Un miembro de la delegación plantea varias cuestiones sobre el valor jurídico de las detenciones de los dirigentes del POUM, pero no pudo obtenerse sobre estos extremos respuestas bastante precisas. La delegación solo puede señalar que las explicaciones del subsecretario de la Presidencia del Consejo son más confusas en este aspecto.

La visita al señor Prat García fue la última entrevista oficial en Valencia de la delegación».


Igualmente, entre otros muchos documentos, fue hecho público un escrito del compañero Jordi Arquer, del Comité ejecutivo del POUM, en el cual refiere la entrevista que tuvo con el ministro de Trabajo, Jaime Aiguader Mir, el 21 del pasado mes de julio. Dice así:

«Entrevista celebrada el miércoles día 21 de julio de 1937, a las once y cuarto de la mañana, en el local del Ministerio de Sanidad, Departamento de Asistencia social afecto al Ministerio de Trabajo, entre el ministro de Trabajo Jaime Aiguader Miró (Esquerra Republicana de Cataluña), Jordi Arquer Saltó del C.E. del POUM y José Rabassa, del Comité regional de Levante del POUM.

Una vez que el camarada Arquer le hubo expuesto los pormenores de su detención y encarcelamiento, y proporcionado datos sobre las detenciones y traslados, con indicación de días y horas, de los camaradas Pedro Bonet, Julián Gómez Gorkin, Juan Andrade, José Escuder, David Rey y otros compañeros cuyos nombres no conoce, de todo lo cual tomó nota por escrito para plantearlo en la próxima sesión del Consejo de ministros, que tendría lugar, según dijo el ministro, mañana jueves por la mañana, o sea el día 22. Dijo, en resumen:

1°. Que todos los miembros del gobierno, excepto los del Partido Comunista, estaban indignados de la forma anormal e improcedente como se había actuado contra los militantes del POUM, al margen de las personas de responsabilidad titulares de la dirección de los organismos del poder, y que lo que se nos había hecho merecía su condena y la de sus camaradas del Ministerio.

2°. Que durante tres reuniones consecutivas del Consejo de ministros se había hablado de la cuestión del POUM y de la situación de sus dirigentes detenidos.

3°. Que él, personalmente, estaba muy indignado de la actuación del POUM, pero que como hombre liberal y por sensibilidad humana estaba en contra de las actuaciones policiacas al margen de los órganos regulares del poder constituido, y que lo sucedido con las detenciones de los dirigentes del POUM, de innegable gravedad, comprometía y responsabilizaba al propio gobierno.

4°. Que no tenía que ocultarnos que estaba en el ánimo de todo el gobierno la necesidad de decretar la disolución del POUM. El camarada Arquer le advirtió que una medida de tal naturaleza solo podía tomarse mediante sentencia condenatoria de los Tribunales de Justicia y que tal medida no se atrevió a ponerla en práctica la dictadura de Primo de Rivera contra el Partido Comunista, a lo cual contestó el ministro que podía ser una necesidad impuesta por la guerra.

5°. Que si bien no creía que se hubiera matado a Andrés Nin, y por tanto no podía afirmar que éste estaba muerto, tampoco podía asegurar que vivía, por cuanto el propio ministro de Justicia tampoco podía asegurarlo.

6°. Que él estaba a nuestra disposición para todo lo que creyéramos pudiera sernos útil, a fin de evitar cualquier clase de atropello en las personas de los detenidos y proporcionarles toda clase de garantías policiacas y judiciales.

7°. Telefoneó en nuestra presencia al ministro de la Gobernación, notificándole que la policía nos había quitado toda nuestra documentación personal, política y sindical, así como libros, ropas y otros efectos personales, pidiéndole nos fuera devuelto, contestándole el ministro de la Gobernación que él telefonearía al Director General de Seguridad, señor Gabriel Morón, para que nos fueran devueltos la documentación y demás objetos».


En fin, en aras a la brevedad nos rehusamos a seguir transcribiendo documentos y escritos de toda índole; en los cuales se pone de manifiesto que el estalinismo es el responsable directo de la represión desencadenada contra nuestro partido, que el Gobierno era ajeno a la razzia del 16 de junio y que ninguno de los ministros -excepción hecha, claro, del señor Uribe, primer agricultor del reino y ministro de Agricultura, y ese otro gran analfabeto que está en Instrucción Pública- cree en las acusaciones lanzadas contra el POUM. Pero asimismo es preciso subrayar esto: todos esos ministros, ministrillos y demás personajes tienen una responsabilidad más o menos directa. Cierto es que no se han preocupado ni se preocupan sino de salvar su responsabilidad en la represión y en la campaña de calumnias; cuantas veces se les planteó cara a cara el affaire, se apresuraron en pocas palabras a manifestar que ellos eran ajenos a todo. Pero nunca han movido un dedo para impedir esa campaña, para destruir la gran calumnia, para apartar el puñal envenenado que se ha levantado contra los hombres de nuestro Partido. No han hecho más que seguir al pie de la letra la misma actitud que hace siglos manifestó el procurador romano Poncio Pilatos. Y la mancha de esta responsabilidad jamás se la quitarán de encima.

José Escuder Poves

«Que me ratifico en lo dicho en la primera declaración ante la policía. El juez pregunta dónde estuve durante los sucesos de mayo. Contesto que estuve en casa y no salí para nada a la calle, como puede comprobarse. El fiscal pregunta si había visto en el periódico fotografías de aeroplanos y campos de aviación. Contesto que no recordaba haberlas visto y que todas las fotos publicadas en el diario eran proporcionadas por agencias que las sometían antes a la censura. El juez pregunta si tengo confianza en los dirigentes del partido. Contesto que absoluta. La declaración se dio por terminada sin que se hiciera referencia para nada a cuestiones políticas o de espionaje. Se debe hacer constar que el representante del fiscal actuó correctísimamente en el diálogo».

Tampoco en este nuevo interrogatorio del juez y del representante del fiscal -como en el anterior ante la policía de Madrid-, se habló para nada del Supuesto delito de espionaje y de las pruebas que existían en el sumario. Solo se presentó a alguno de nuestros camaradas unas fotografías inocentes y sin importancia alguna, fotografías que, por otra parte, no fueron encontradas en ningún local del partido, por lo que no figuran en ninguna de las actas de registro levantadas por la policía. De las preguntas del juez y del representante fiscal se llega a deducir que, de haber proceso, se limitará a la responsabilidad del POUM por las jornadas de mayo y quizá a una supuesta evasión de capitales, delito éste que está de moda para buscar las cosquillas a los revolucionarios. La respuesta más adecuada a las calumnias estalinistas es esta: las tan cacareadas pruebas de traición no aparecen por parte alguna y los representantes mismos de la justicia dan de lado, por inocentes, los folletines acusatorios de Mundo Obrero, Frente Rojo, Treball y demás hojas en las que el estalinismo vierte su odio hacia nuestro partido.



10. EL AUTO DE PROCESAMIENTO Y EL COMENTARIO QUE MERECE

«...deben ser juzgados como enemigos del pueblo. Como decíamos ayer, el piquete debe entrar en funciones».
(La Hora, Madrid, agosto de 1937)

Después de más de dos meses de detención y de mil protestas motivadas por la indignación ante el proceder arbitrario contra nuestros camaradas, éstos fueron procesados. Con fecha 23 de agosto de 1937 les fue comunicado el auto de procesamiento. Aquí es preciso un pequeño comentario a la actuación del juez, actuación que pone al descubierto quién maneja los hilos de la acusación y del proceso. Debido a la ineptitud del juez, que lo era el del Juzgado especial número 1 del Tribunal de Espionaje, señor Taroncher Moya, a los manejos que se traía o a sus procedimientos sumamente comprometedores, el ministro de Justicia
y la Sala de gobierno del Tribunal Supremo, de acuerdo con el Fiscal General de la República, acordaron la sustitución del mismo, dándose orden, con fecha 23 de agosto, de que no realizara más diligencias en el sumario abierto contra los dirigentes del POUM. Subrayemos bien la fecha: 23 de agosto. Sin embargo, a pesar de esas órdenes terminantes, el señor Taroncher Moya prosigue las diligencias, monta el proceso y comunica el auto del mismo a nuestros camaradas. Solamente después de haber hecho todo esto, da posesión de su cargo al juez nombrado para sustituirle. ¿Qué motivos existían para que obrara así?

No hay la menor duda, por ser del dominio público, que el señor Taroncher Moya era un simple juguete en manos del estalinismo. Lo era por pura conveniencia, para mejor ocultar su pasado reaccionario. Conocemos perfectamente su vida y su historia. Don José Taroncher Moya es hombre que poseía buenas y extensas propiedades en Valencia. Durante la monarquía fue candidato romanonista por el distrito de Sagunto. En el periodo del llamado bienio negro fue juez de vagos y maleantes en Valencia. Últimamente estuvo separado de su cargo, al parecer por un supuesto cohecho... Tal era el hombre, ni pintado para el estalinismo y para llevar adelante el monstruoso proceso contra nuestros camaradas dirigentes. Y manejado por el estalinismo montaba pacientemente las piezas de la farsa. Pero ocurrieron dos hechos: uno, la seguridad absoluta para todos de que nuestros compañeros serían procesados única y exclusivamente por los sucesos de mayo en Barcelona, puesto que no solo existía la convicción moral de que las acusaciones de espionaje eran falsas, sino que en el mismo atestado policiaco no existía ninguna prueba ni indicio alguno en tal sentido; el otro hecho que precipitó y puso en peligro la maniobra estalinista fue la destitución del juez. No interesaba ni lo uno ni lo otro al estalinismo: por ello el señor Taroncher Moya ultimó un proceso que no le correspondía y usurpó para ello un puesto que tampoco le correspondía ya; por si fuera poco- nuestro abogado lo denunció en su recurso pidiendo la revocación del auto de procesamiento-, este juez sin escrúpulos adelantó la fecha del documento procesal, para que no apareciera como posterior a su cese.

El auto de procesamiento, copiado textualmente, dice así:

«Juzgado Especial número uno del Tribunal de Espionaje: Sumario nº 1 sobre espionaje

AUTO: Valencia, veinte y tres de agosto de mil novecientos treinta y siete.

RESULTADO: Que de lo actuado en este sumario, en síntesis aparece:

Que los hasta ahora detenidos Juan Andrade Rodríguez; José Escuder Poves; Pedro Bonet Cuito; Julián Gómez García; Daniel Rebull Cabré; Francisco Palomo; José Rodríguez Arroyo; Dositeo Iglesias Docampo; Francisco Clavel Ruiz y Víctor Berdejo Jiménez, todos pertenecientes al Partido Obrero de Unificación Marxista; el 1º, 3°, 4°, 5° y 8° como miembros del Comité ejecutivo; el 2° como jefe de Redacción-Confección del periódico “La Batalla”, órgano del partido; el 6° como secretario administrativo; el 7°, que perteneció a las Milicias del referido partido; el 9° como miembro del Comité de Víveres y el último que fue pagador de las referidas milicias, “puestos de acuerdo con los individuos extranjeros afectos a la Gestapo alemana”, que hasta ahora no han sido presentados, por el mes de mayo último realizaron en Barcelona, con el fin de perturbar la acción del gobierno, actos hostiles a ella con carácter secreto o reservado, así como un levantamiento de tipo militar, haciendo llegar a dicha capital las Milicias formadas por el POUM bajo la advocación del Batallón Lenin, abandonando el frente de Huesca con sus armas, incluso artillería, para restar fuerzas a la defensa de la República y ayuda a la actitud rebelde, así como para conseguir la descomposición de la retaguardia; actos éstos que, a más de haber sido aprobados por el Comité del partido, han sido alentados por el periódico “La Batalla”, órgano de aquel partido y han causado victimas y daños materiales de suma importancia; ocupándose además en los locales del POUM una serie de fotografías de aeródromos, sin poseer autorización para ello, ni guardar relación alguna con elementos militares, y documentos que demuestran que el referido partido realizaba un tráfico ilícito de armas en beneficio propio, al objeto del levantamiento referido; así como el que procedieron a exportar dinero y efectos de valor a Francia, ocupándose también claves circulares de sustitución y un código telegráfico, que demuestran se empleaban por aquel partido con fines de ocultación, para la transmisión de noticias y consignas; y que mantenían relaciones secretas con elementos extranjeros y entrevistas fuera de España, para fines sospechosos.

CONSIDERANDO: Que los hechos relacionados, a juicio del proveyente, y sin prejuicio de ulteriores calificaciones, revisten los caracteres de los delitos de espionaje y alta traición, definidos en los números 3°, 4°, 5°, 8° y 12° del artículo 5° del Decreto de 22 de junio último y en los números 1° y 4° del artículo 6° del mismo, apareciendo de lo actuado indicios racionales de criminalidad bastantes para estimar responsables de los mismos a Juan Andrade Rodríguez; José Escuder Poves; Pedro Bonet Cuito; Julián Gómez García; Daniel Rebull Cabré; Francisco Gómez Palomo; José Rodríguez Arroyo; Dositeo Iglesias Docampo; Francisco Clavel Ruiz y Víctor Berdejo Giménez, contra los que procede hacer la declaración de procesamiento que determina la Ley; decretar la prisión incondicional de los mismos y exigirles fianza para las responsabilidades civiles.

Su Señoría, por ante mí el secretario DIJO: Se declara procesados por los hechos por que se procede en este sumario y sujetos a sus resultas a Juan Andrade Rodríguez; José Escuder Poves; Pedro Bonet Cuito; Julián Gómez García; Daniel Rebull Cabré; Francisco Gómez Palomo; José Rodríguez Arroyo; Dositeo Iglesias Docampo; Francisco Clavel Ruiz y Víctor Berdejo Giménez, a quienes se les notifique este auto, recibiéndoles indagatoria.

Se decreta la prisión incondicional de los referidos procesados expidiéndose mandamiento al director de la Cárcel celular, sin necesidad de que sea ratificada aquélla, según proviene la Ley de Orden Público; y con testimonio de este particular de auto, fórmese ramo separado.

Requiérase a dichos procesados para que dentro de una Audiencia presten fianza a responder de las penas pecuniarias que en definitiva puedan declararse procedentes, en cantidad de quinientas mil pesetas cada uno de ellos y si no lo
verifican al día siguiente de ser requeridos, procédase al embargo de sus bienes y con testimonio de este particular de auto, fórmese ramo separado.

Para el acto de recibir indagatoria a los procesados se señala el día de mañana, veinticuatro del actual, a las diez y seis horas.

En cuanto a la última parte de la súplica del escrito anterior, dése cuenta por separado para acordar lo procedente.

Y póngase este auto en conocimiento del Ministerio fiscal.

Lo manda y firma el señor don José Taroncher Moya, juez especial del Juzgado número UNO del Tribunal de Espionaje. Doy fe. (Firmado)».

Antes de comentar como se merece el auto de procesamiento transcrito, queremos dejar señalado que el Tribunal especial de Espionaje es incompetente para juzgar a nuestros camaradas. Baste saber que el decreto de creación del citado Tribunal es posterior a la detención de aquellos; resulta, pues, una verdadera monstruosidad jurídica darle un efecto retroactivo. Uno de los abogados más acreditados de nuestro país, nos expresó su opinión desde el punto de vista jurídico-legal, opinión que es de suma importancia por la autoridad de su autor. Nos ha escrito: «Es un principio incurso de derecho, o sea de aquellos que no admiten argumentación en contra, y, además, admitido por el derecho constituyente nacido de todas las revoluciones, aquel de que los preceptos legales de carácter penal no tendrán nunca efectos retroactivos cuando perjudiquen a los presuntos reos y, por el contrario, se aplicarán siempre con efecto retroactivo cuando beneficien a los inculpados. Así es que, evidentemente, en buenos principios jurídicos y de acuerdo con los postulados revolucionarios, la legalidad penal represiva, dictada después de haber sido privados de libertad vuestros compañeros actualmente presos, no puede serles aplicada. No creo que la osadía de los que actualmente dirigen la vida pública de la España leal llegue hasta el extremo de conculcar los más elementales principios del Derecho penal, cometiendo la monstruosidad de aplicar a vuestros presos unas disposiciones legales de carácter represivo, que jurídicamente no se les puede aplicar». Y ahora, he aquí nuestra respuesta al auto de procesamiento urdido por el señor Taroncher Moya, gran propietario, antiguo candidato monárquico, ex juez de vagos y maleantes, acusado no ha mucho de cohecho e instrumento fiel del estalinismo:

1°. El auto de procesamiento considera como miembros del Comité ejecutivo a Juan Andrade, Pedro Bonet, Julián Gómez (Gorkin), Daniel Rebull y Dositeo Iglesias. Son miembros, efectivamente, del C.E. y así lo han declarado Andrade, Bonet y Gorkin. Daniel Rebull no pertenece al C.E., ni figura como tal en el atestado policiaco, ni en su declaración ante el juez. Dositeo Iglesias fue detenido el 16 de junio en Barcelona, donde estaba desde el día anterior para asistir al Congreso del partido, anunciado para el día 19; ha residido siempre en Madrid y, por tanto, no podía ser miembro del C.E., no figurando como tal en el atestado policiaco, ni en la declaración que prestó ante el juez.

2°. El auto de procesamiento considera como jefe de redacción-confección de La Batalla a José Escuder. El propio atestado de la policía manifiesta que Escuder era confeccionador-técnico y que, por consiguiente, no desempeñaba un cargo político.

3°. El auto de procesamiento señala como secretario administrativo a Francisco Gómez Palomo. El juez, en su infinita torpeza, confunde todas las cosas. Efectivamente, Gómez Palomo era secretario administrativo, pero de la sección de Madrid, que nada tiene que ver con el Comité ejecutivo.

4°. El auto de procesamiento culpa a José Rodríguez Arroyo de que «perteneció a las milicias del referido partido». Esto se comenta por sí solo; por el mismo motivo se podía haber procesado a los millares y millares de milicianos que hay en todos los frentes pertenecientes al POUM. Pero, además, Rodríguez Arroyo perteneció a las milicias de Madrid.

5°. El auto de procesamiento establece la responsabilidad de Francisco Clavel por ser «miembro del Comité de Víveres». Clavel fue detenido en el local del POUM en Madrid, cuando la policía se presentó a efectuar un registro. En el atestado policiaco solo consta que había tenido en otros tiempos el cargo de intendente en el Cuartel del POUM en Madrid.

6°. El auto de procesamiento establece la responsabilidad de Víctor Berdejo por haber sido «pagador de las referidas milicias». Berdejo fue detenido en Madrid, al igual que el compañero anterior, cuando la policía registró el domicilio social del POUM. Fue, en efecto, pagador de las milicias del POUM de Madrid hasta el 31 de diciembre de 1936, fecha en que se suprimieron los pagadores de milicias al formarse el Ejército Popular. Así consta en el atestado de la policía y en las declaraciones que prestó ante el juez.

7°. De lo anterior se deduce que el juez ni siquiera se ha enterado o ha comprendido los atestados y demás papeles que la policía ha puesto a su disposición. Ignora que hay camaradas que residían en Barcelona y eran miembros del Comité ejecutivo o no, y otros que pertenecen a la sección de Madrid. El juez, con manifiesta mala fe, trata, ante todo, de no librar del proceso a ninguno de los detenidos puestos a su disposición por la policía y para ello recurre al fácil recurso de repartir todos los cargos dirigentes del Partido entre los detenidos. El POUM tiene trescientas secciones locales en España; con arreglo al criterio seguido por el juez, podía haber procesado a todos los militantes con el mismo fundamento que el seguido por él.

Aún hay más: la responsabilidad de los procesados se concreta principalmente en los sucesos de mayo en Barcelona. Pues bien, los camaradas Dositeo Iglesias, Víctor Berdejo, Francisco Clavel y Francisco Gómez se encontraban en aquellas fechas en Madrid, a cuya sección del POUM pertenecen. Es una prueba más de que el juez no ha tenido en cuenta ni siquiera el atestado policiaco, a pesar de deberse éste a una policía sectárea al servicio de un partido adversario del POUM.

8°. El auto de procesamiento, en general, no está basado, ni mucho menos, en el resultado de las diligencias sumariales. Está inspirado exclusivamente en las suposiciones gratuitas, falsas e infames que ha venido divulgando en su prensa el Partido Comunista. En realidad, el auto de procesamiento no se diferencia en nada de un editorial de Frente Rojo contra el POUM. Evidentemente, el juez ha obrado presionado o coaccionado por el Partido Comunista y el auto en cuestión parece destinado únicamente a dar satisfacción a dicho partido.

La primera afirmación que sienta el auto de procesamiento es la de que los procesados estaban «puestos de acuerdo con individuos extranjeros afectos a la Gestapo alemana, que hasta ahora no han sido presentados». ¿Se concibe mayor monstruosidad, mayor insulto a un partido que ha perdido centenares de militantes en la revolución y en la guerra, y a unos camaradas que han consagrado la vida entera a la causa del proletariado? El propio juez, para cubrirse por anticipado del deber de ofrecer pruebas, dice que los agentes de la Gestapo «hasta ahora no han sido presentados». Pero hay más: el juez, en sus interrogatorios, ni siquiera ha hecho alusión a esta historia, seguramente porque hasta a él mismo le parecía grotesca.

Por su misma monstruosidad y por el hecho de que el juez establece tal acusación sin convicción alguna, solo bajo la presión del Partido Comunista o por congraciarse con él, no vale la pena de esforzarse en argumentar más. Pero si hemos de decir: ¿Es posible que alguien pueda insinuar que un partido de 30.000 afiliados revolucionarios sea capaz de ponerse de acuerdo con la Gestapo?

9°. Sobre los hechos de mayo en Barcelona ha habido ya suficientes documentos y declaraciones, tanto de gobernantes como de dirigentes de partidos y centrales sindicales, para que nadie pueda ignorar cómo surgieron y mucho menos para que se quiera adjudicar al POUM el papel de organizador y director de los mismos. En esto, tanto el juez como los comunistas -en cuya prensa se inspira el señor Taroncher Moya-, incurren en terminante contradicción. Se dice constantemente que el POUM es un reducido grupo sin influencia alguna. ¿Cómo es posible, pues,
que un grupo sin ascendente sea capaz de desencadenar un movimiento de la extraordinaria envergadura del de mayo en Barcelona?

Ni siquiera los estalinistas se han atrevido a decir que las milicias del POUM se trasladaron a Barcelona -¡con cañones!- durante las jornadas de mayo. Sin embargo, el juez lo afirma terminantemente. ¿Podrá probarlo? Claro que ni lo intentará, porque su único propósito es justificar un auto de procesamiento que es una verdadera represalia política.

En fin, las jornadas de mayo ni fueron aprobadas por el Comité -¿qué Comité?- ni alentadas por La Batalla. Nos limitamos a opinar sobre las mismas.

10º. Las fotografías de aeródromos -en el ligero vistazo que el juez permitió dar a nuestros camaradas, no les pareció a éstos que las fotos mostradas tengan alguna importancia- no se sabe dónde fueron halladas, pues el juez, a pesar de ser requerido varias veces, ni indicó nada, ni siquiera si figuran en el acta de registro del local donde la policía asegura haberlas encontrado. Pero por encima de estas consideraciones, que tienen su valor puesto que pueden llevarnos a la conclusión de que la policía las juntó al sumario para acrecentar la responsabilidad de nuestros camaradas, existen otras no menos evidentes. Aceptemos que dichas fotos fuesen halladas en un local nuestro. Pues bien, si el juez quisiera conducir a los procesados a un local del partido Comunista estos encontrarían a montones fotos de este género. Y es natural, porque a los locales de las organizaciones llevaron sus afiliados objetos, fotos, papeles, etc., que encontraron en los lugares requisados o simplemente en los registros efectuados en los domicilios de elementos fascistas. Todo esto, claro está, independiente del hecho de que estimamos que tales fotos no fueron halladas en un local nuestro y que creemos asimismo que no tienen valor probatorio alguno, ¿Por qué el juez no presenta el acta levantada por la policía después del registro donde dice fueron encontradas las fotografías en cuestión? Digamos, además, que algunas de ellas están tomadas desde un zeppelín o globo cautivo. Aparte de que el POUM no cuenta ni ha contado jamás con globos cautivos o zeppelines, tal hecho demuestra que se tratan de fotos muy antiguas y sin importancia.

11°. Cabe destacar que es incorrecta la expresión «milicias formadas por el POUM bajo la advocación del Batallón Lenin». El juez, una vez más, no sabe lo que dice. Unas milicias no pueden estar bajo la advocación de un batallón. Lo que sucede es que las milicias del POUM constituían la División Lenin. Pero, por otra parte, las milicias del POUM que formaban la División Lenin habían desaparecido ya como tales milicias, para transformarse en la División 29 del Ejército popular. Y es harto sabido que, desde hace meses, las organizaciones no tienen jurisdicción sobre las milicias, porque éstas se han transformado en Ejército popular bajo las órdenes inmediatas y la autoridad del ministro de la
Guerra.

12°. Respecto a la acusación de que existen «documentos que demuestran que el referido Partido realizaba un tráfico ilícito de armas en beneficio propio» y de que «procedieron a exportar dinero y efectos de valor a Francia», no creemos valga la pena oponer abundantes razonamientos. En cuanto a eso de «documentos que demuestran» dudamos mucho los tenga, porque de tenerlos el juez los hubiera mostrado y no habría dejado de interrogar sobre ello a nuestros camaradas; en realidad el juez solo enseñó una carta de carácter particular. Pero aunque existieran esos documentos, el hecho de que nos hayamos procurado armas, mejor dicho, que hayamos intentado procurárnoslas puesto que las gestiones no dieron resultado, no indica más que hemos procedido como verdaderos revolucionarios y hecho todos los esfuerzos posibles para suministrar a los combatientes armas contra el fascismo, cuando el gobierno no las suministraba. En la misma situación se encuentran todos los partidos y organizaciones sindicales. Aún hay más: mientras nosotros no hemos tenido éxito en la adquisición de armas -con gran sentimiento nuestro, claro está-, todo el mundo sabe que el Partido Comunista ha recibido barcos enteros con armamento, fletados por los partidos comunistas europeos (no nos referimos al ruso, porque esta es otra cuestión diferente.) Es conocido también que los obreros comunistas franceses de las fábricas de armas, con un sentido profundo de la solidaridad revolucionaria internacional, han sustraído de sus fábricas material de guerra que entregaban al Partido Comunista francés y éste ponía luego a disposición del Partido Comunista de España. En determinados momentos se han reunido en París, no ya docenas, sino centenares de representantes de las organizaciones antifascistas españolas, todos los cuales querían adquirir armas.

13°. En cuanto a que se procedió a exportar dinero y efectos de valor a Francia, diremos que no es más que una calumnia. Y esperamos que algún día se dignará presentar las pruebas de esta afirmación gratuita; tal vez entonces podamos conocer cualquier documento falsificado, de buena factura estalinista.

14°. Referente a que se nos ha encontrado «claves circulares de sustitución y un código telegráfico», dudamos mucho que hayan sido hallados en locales de nuestro Partido. Según nuestras informaciones se encontró a David Rey, en su domicilio particular, un código telegráfico que había adquirido en París hace bastante tiempo, y así lo declaró al juez. ¿Hay alguna ley que prohíba tener códigos telegráficos? Pero aunque se hubiera hallado en un local nuestro, pudiera ser, como en el caso de las fotos, que procediera de algún lugar requisado o de registros domiciliarios. Incluso, condescendientes con el juez, vamos a suponer que ni las claves ni el código telegráfico tuvieran esa procedencia. ¿Es que el juez ignora -por el auto de procesamiento se ve que ignora todo, porque en su vida plácida de juez de vagos y maleantes no ha tenido que enfrentarse con los gobernantes del «bienio negro», sino por el contrario, se dedicó a servirles procesando como vagos y maleantes a auténticos obreros revolucionarios-, ignora, repetimos, que durante la represión del Gobierno Leeros-Gil Robles y, principalmente, durante octubre de 1934, todos los partidos y organizaciones recurrieron a la acción ilegal, por lo que tenían que servirse de mil trucos y procedimientos? Pues es incluso posible que dichas piezas datasen de dicha época, aunque esto es solo una hipótesis, puesto que ignoramos dónde y en qué circunstancias se han encontrado. Por otra parte, todas las organizaciones antifascistas han dispuesto en estos últimos tiempos de suficientes medios de transporte para no tener que dar instrucciones a su militantes mediante claves o códigos telegráficos.

15°. Otro cargo que hace el auto de procesamiento es de que «mantenían relaciones secretas con elementos extranjeros y entrevistas fuera de España para fines sospechosos». El juez, acostumbrado a los términos de los autos de procesamiento dictados durante la monarquía contra los revolucionarios, emplea la misma terminología: «elementos extranjeros», «fines sospechosos», etc. Términos semejantes han figurado en los numerosos autos de procesamiento dictados contra militantes nuestros en la épica monárquica y en el «bienio negro». Hemos mantenido y mantenemos, efectivamente, relaciones con elementos extranjeros, pero con unos elementos que en todo el mundo, sobre todo en Francia e Inglaterra, frente a la política de No Intervención de sus gobiernos predican y propagan con toda efectividad la necesidad de una ayuda activa a la revolución española; con esos «elementos extranjeros» que han venido a España a combatir a nuestro lado.

Nuestro partido es una organización con relaciones internacionales, como el Partido Comunista, que obedece las órdenes de Moscú, o como el Partido Socialista, que pertenece a la II Internacional de Bruselas, o como la CNT, que está adherida a la Asociación Internacional de Trabajadores, domiciliada en Estocolmo. El POUM está adherido al Comité por la Unidad del Socialismo revolucionario, que reside en Londres. Pero estas relaciones no tienen nada de sospechosas; son claras y públicas, y se manifiestan en resoluciones y acuerdos de congresos o conferencias.

Después de lo expuesto, creemos suficientemente demostrado el valor de las pruebas que figuran en el sumario procesal. Por si todavía esto fuera poco, daremos a conocer el recurso presentado por nuestro abogado pidiendo la revocación del auto de procesamiento por sus anomalías, por sus errores jurídicos y por la monstruosidad política que supone. Así se verá qué queda de toda la argumentación estalinista, de todas sus acusaciones y de todas sus calumnias.


11. RECURSO PIDIENDO REVOCACIÓN DEL AUTO DE PROCESAMIENTO

«La justicia igual para todos de que nos hablaba el pedante don Fernando de los Ríos cuando era ministro de Justicia, es la hipocresía mayor de la «República de Trabajadores».
(Frente Rojo, 17 de junio de 1932.)

«AL JUEZ ESPECIAL DEL TRIBUNAL DE ESPIONAJE

Benito Pabón y Suárez de Urbina, abogado defensor de Juan Andrade Rodríguez, José Escudé Poves, Pedro Bonet Cuito, Julián Gómez García, Daniel Rebull Cabré, Francisco Gómez Palomo, José Rodríguez Arroyo, Dositeo Iglesias Docampo, Francisco Clavel Ruiz y Víctor Berdejo Jiménez, procesados por auto fecha 23 de los corrientes por supuestos delitos de los comprendidos en los números 3°, 4°, 5°, 8° y 12° del articulo 5° del Decreto de 22 de junio último, y en los números 1° y 4° del articulo 6°, ante el Juzgado comparezco y como mejor proceda alego:

Que con fecha de 24 de los corrientes le fue notificado dicho auto de procesamiento y prisión provisional, dándose el caso verdaderamente extraño de que aparezcan las copias entregadas del repetido auto modificadas las fechas, enmendadas y corregidas, con el número veintitrés. Extrañeza que se produce al saber que en esa misma fecha 23, le es notificado al juez que venía actuando el acuerdo de la Sala e gobierno del Tribunal Supremo de Justicia para que cesara en la instrucción de este sumario e hiciera entrega al nuevo juez especial designado para seguir su diligenciado. Es curioso y anómalo que habiendo transcurrido, en un procedimiento que tiene carácter sumarísimo, varias semanas desde que el señor juez especial número uno del Tribunal de Espionaje entiende en este sumario, sin tomar resolución alguna, ésta se produzca y aparezca cuando ha dejado de tener jurisdicción y por ende competencia para dictarla.

No obstante, hubiéramos silenciado el caso, en honor al respeto que nos merecen las actuaciones judiciales y en aras de la brevedad que la deseamos como más interesados en que resplandezca pronto toda la verdad que haya en el fondo de este asunto, oscurecido en el ambiente envenenado por la pasión política, si en la redacción del auto a que nos referimos, tanto en el Resultando como en el Considerando que sirven de premisas a la resolución adoptada, no hubiera una tal deformación de la verdad por una parte, y desconocimiento tan supino -dichos sean con los debidos respectos y en términos de defensa- de los más elementales preceptos del Derecho, que nos obliga, como primera e imprescindible reacción de defensa, a recurrir al Juzgado, poniendo de relieve aquellas inexactitudes y errores jurídicos.

Repetimos que hubiéramos aguardado gustosamente, sin hacer uso de recursos que la ley concede, a que llegara el momento procesal del articulo 548 del Código de Justicia Militar, de aplicación a este procedimiento, para iniciar todas las cuestiones que el auto de procesamiento plantea. Pero, ya no es el interés particular de defensa; es que el presente proceso, por circunstancias y causas de todos conocidas, tiene una envergadura extraordinaria (pendiente de él se encuentra la opinión internacional) y creemos que por decoro y prestigio de la Justicia española debe modificarse un auto de procesamiento en el que el Derecho, la verdad a incluso la lengua castellana resultan tan mal parados porque al saltarse las reglas jurídicas. lógicas y gramaticales, pone en pobre criterio la capacidad en los tres aspectos de una Magistratura que, salvo en esta lamentable excepción, tan alto está dejando el prestigio de la Justicia de la España leal.

Por ello, utilizamos el recurso que nos concede el párrafo 3° del artículo 421 del Código de Justicia militar.

La procedencia de este recurso se justifica poniendo en relación el artículo 4° del Decreto de 22 de junio del presente año (Gaceta del 23) con los 653 y 421 del Código de Justicia militar. En aquel artículo se determina que estos sumarios se tramitarán por el procedimiento sumarísimo establecido en el Código de Justicia militar. En el primer párrafo del artículo 653 del Código de Justicia militar se indica que la tramitación de los juicios sumarísimos se arreglará a la del juicio ordinario en todo aquello que no esté modificado por las reglas que en el título XIX del Tratado III del citado código se establecen. Y como entre éstas no existe ninguna que prohíba la utilización del recurso que plantearnos (normado para el procedimiento ordinario en el artículo 421) es evidente su procedencia.

Por analogía e interpretando razonablemente lo dispuesto en esta última disposición legal, este recurso lo formalizamos y presentamos ante el juez instructor, para que la petición de revocación, reforma o modificación del auto de procesamiento sea elevada por éste al Tribunal Especial de Espionaje.

Y para razonar la procedencia de la revocación y reforma del auto de procesamiento, hacemos los siguientes razonamientos, separando lo que son consideraciones sobre el Resultando como materia de hechos, de los que son argumentos de índole jurídica respecto al absurdo Considerando que pone en relación aquellos hechos con la resolución judicial recurrida.

CONSIDERACIONES SOBRE LOS HECHOS

PRIMERA. Es absurdo que en un proceso de la amplitud del presente, en el que la más elemental prudencia indica la necesidad de discriminar y separar hechos y actitudes, para poder señalar posibles responsabilidades, se recoja, como en pesca en barrido total, todo aquello que al Juzgado instructor ha traído una policía judicial de cuya competencia y capacidad tan pobre muestra da lo que se deja entrever de estos atestados, y se establezca un solo voluminoso y fantástico hecho, en el que por igual se señalan a los más altos dirigentes de un partido político, que un simple miliciano que tuvo la desgracia de caer en esa redada total de la policía. Esto si no fuera triste y lamentable por la pobreza de competencia y de inteligencia que representa, seria sencillamente donoso hasta el punto de producir hondos regocijos a cualquier espíritu humorístico. Porque graciosa, repetimos, si no fuera trágica, seria la actitud de un Juez que prácticamente exclama: “Esto que trae la policía, esto entrego yo, sin añadir ni quitar, a las manos de la Justicia”. Actitud comodísima y absurdo solo comparable a la del juez rabelesiano que encomendaba a la alta discreción y al azar de los dados la resolución de los pleitos que le sometan a su conocimiento.

SEGUNDA. No conocemos, ni podemos conocer, por vedárnoslo el secreto del sumario, el contenido de su diligenciado, pero en nombre de la honradez política y revolucionaria de nuestros defendidos, hemos de protestar de la primera afirmación que establece el Resultando comentado, al establecer una relación entre la Gestapo alemana y las actividades de los dirigentes y afiliados del POUM.

Tenemos la seguridad absoluta de que en el sumario no existe prueba ni indicio racional que permita hacer tan grave y gratuita aseveración. Y esta seguridad está avalada por la misma peregrina redacción de esa afirmación, digna no ya de los jueces de una democracia, sino de los métodos policiacos de países en que la verdad, el honor individual, la libertad personal y todos los valores y derechos personales no merecen estimación alguna, porque están sometidos por métodos maquiavélicos al interés totalitario de las dictaduras allí imperantes; nos referimos a los países donde el fascismo reina.

Puestos de acuerdo -se dice en el Resultando comentado- con individuos extranjeros afectos a la Gestapo alemana, que hasta ahora no han sido presentados. Es decir, que los tiene que extraer el juzgado del país de la Quimera y de la fantasía, no acordándose que esos terrenos pertenecen exclusivamente a los acreedores de la literatura imaginativa y de ensueño, pero que son vedados por los distribuidores y administradores de la práctica y realista Justicia.

TERCERA. Igualmente es absurdo lanzar así, sobre todos los componentes de un partido, dirigentes y simples afiliados, las supuestas consecuencias de la aparición (no sabemos dónde, pues el Resultando no lo indica) de unas supuestas fotografías y códigos telegráficos, por otra parte al alcance de cualquiera.

CUARTA. Del mismo modo estamos seguros que no puede haber pruebas en el sumario que indiquen como origen del movimiento del mes de mayo en Barcelona, una preparación meditada del mismo en la finalidad que se le señala en el Resultando comentado, ni la participación en el mismo de todos y cada uno de los procesados. Abrigamos la certeza de que a poco que los encargados de esclarecer la verdad, policiacamente en el atestado y judicialmente en el sumario, hayan tenido un cierto celo en su cometido, se habrá podido comprobar que en los orígenes de ese movimiento, más o menos razonable de las masas, que todos condenamos y lamentamos, no hubo labor de inducción, sino solamente una reacción colectiva, emocional, neurótica si se quiere de causas complejas, con participación por acción o por omisión de muchos cuya responsabilidad será muy difícil precisar.

Pero sobre esto no hemos de insistir, porque el momento procesal más oportuno llegará cuando se dé conocimiento de los cargos, a los procesados y a esta defensa.

QUINTA. En el sumario va de aparecer que Julián Gómez García era director del periódico La Batalla y responsable por tanto (cuando los autores de los escritos que se suponen delictivos- no aparezcan, y no creemos que sobre esto baya realizado investigación alguna; siendo tan primordial) de aquellos escritos.

Esto se silencia indebidamente, para poder extender la responsabilidad a un simple redactor-jefe, que legalmente no puede tenerla. Es además incierto que José Escuder sea redactor-jefe de La Batalla. Es simplemente confeccionador-técnico. Y no creemos que un cajista pueda ser nunca responsable del contenido de un periódico.

SEXTA. Se cometen inexactitudes al señalar quiénes son los miembros del Comité ejecutivo del POUM, pues no lo son Daniel Rebull ni Dositeo Iglesias, que por otra parte no sabemos por qué están presos.

Y, por otra parte, es sencillamente ridículo suponer a un pobre secretario administrativo, a un sencillo miembro del Comité de Víveres, a un simple miliciano de una columna o a un pagador de milicias, complicados en todo ese cúmulo de manejos de alta traición o profunda política subversiva, con cuyas referencias el Resultando nos asombra.

Pudiendo afirmar, con plena confianza de estar en lo exacto, que no aparece en todo el atestado, ni en el sumario, el menor indicio que autorice esta ligera y alegre complicación de posibles responsabilidades.

ERRORES DE DERECHO

PRIMERO. Y el de más bulto. El Decreto de 22 de junio del presente año (Gaceta del 23), al crear el Tribunal Especial de Espionaje y Alta Traición, establece en sus artículos 5º y 6º nuevas figuras delictivas y nuevas penalidades. No es necesario insistir, dada la alta competencia del Tribunal a quien este escrito en definitiva se dirige, sobre lo que supone el desconocimiento que en el único Considerando del auto recurrido se muestra de la realidad jurídica anteriormente expresada.

Se podrá discutir, teniendo en cuenta la disposición transitoria del Decreto citado, sobre la competencia del Tribunal de Espionaje para entender o no en ciertos sumarios, pero lo que no cabe duda es que, por un precepto legal de Derecho, intangible y sagrado (garantía, contra la que no se puede ir, de la libertad individual) las nuevas figuras de delito que en el Decreto aparecen y las nuevas penas no pueden aplicarse, de ninguna forma, a hechos ocurridos con anterioridad a la aparición en la Gaceta del referido Decreto.

Y se falta a esa normal esencial del Derecho penal cuando por un juez se decreta a voleo procesamientos fundados en casi todos los apartados del Decreto, sin tener en cuenta que la mayoría de ellos (todos, mejor dicho, porque para fijar responsabilidades en su día, al aplicar penas tendrá que recurrirse, si hubiere tales responsabilidades, a las Leyes en vigor en mayo, cuando ocurrieron los sucesos que se examinan) no pueden tener aplicación en el presente sumario.

SEGUNDO. En vigor, por no haber sido derogadas, las normas que señala la legislación vigente sobre delitos de imprenta, respecto a quienes deber ser reputados autores de hechos que por tal medio se cometieren, es antijurídico el fundar un auto de procesamiento en el hecho de ser una persona redactor de un periódico.

TERCERO. Es indudable que se falta a lo preceptuado en el artículo 421, párrafo 1°, del Código de Justicia militar, en relación con el 364 de la Ley adjetiva penal, cuando (y por más notorio señalamos los nombres de Daniel Rebull, Dositeo Iglesias, José Escuder, Francisco Gómez Palomo, José Rodríguez Arroyo, Francisco Clavel Ruiz y Víctor Berdejo Jiménez) sin indicios de ninguna clase, por la sola desgracia doble de haber nacido y ser presentado al juzgado por la policía, se le somete a las torturas de un tan grave procedimiento judicial. La mayor parte de ellos no ha estado siquiera en Barcelona, ni tienen los gratuitos cargos que el señor Juez quiere atribuirles.

Así, José Escuder, a quien el juez llama redactor-jefe de “La Batalla”, es sencillamente un confeccionador técnico, y así consta en el atestado policiaco. Dositeo Iglesias no es del Comité ejecutivo y residía en Madrid, estando accidentalmente en Barcelona. Daniel Rebull tampoco es del Comité ejecutivo. Francisco Gómez Palomo es secretario administrativo, pero no del Comité Ejecutivo, sino de la sección local de Madrid. A Francisco Clavel, el señor juez, en esta distribución arbitraria de cargos y honores, lo nombra miembro del Comité de Víveres, y del atestado solo puede deducirse que pertenecía a la intendencia del Cuartel del POUM en Madrid. A Víctor Berdejo lo designa pagador de las Milicias del POUM, y efectivamente lo fue, pero en Madrid hasta el 31 de diciembre pasado nada más. Y a José Rodríguez Arroyo lo procesa por simple miliciano del POUM. El caso es como para no comentarlo.

En virtud de los razonamientos expuestos, que no alargamos ni ampliamos en honor a la brevedad, SUPLICAMOS al juzgado instructor que teniendo por presentado este escrito y por entablado en tiempo y forma el recurso que autoriza el artículo 421 del Código de Justicia militar, se sirva elevarlo al Tribunal Especial de Espionaje y Alta traición, con la posición que ante él hacemos de que sea revocado el auto de procesamiento recurrido como es de Justicia, que pedimos en Valencia, a 25 de agosto de 1937».


12. LO QUE HAN DICHO Y CONFESADO ALGUNOS MINISTROS Y OTRAS PERSONALIDADES

«No existe ninguna prueba de espionaje contra ninguno de los dirigentes del POUM».
(Irujo, ministro de Justicia)

«No creo el que los dirigentes del POUM sean espías».
(Prieto, ministro de Defensa Nacional)

«La opinión pública catalana no puede creer el que Nin sea un espía fascista». (Companys, presidente de la Generalidad)


Nada prueba mejor la vesania del estalinismo, lo absurdo de sus calumnias y los propósitos que le guían al sostener su gran campaña de escándalo contra el POUM, que las declaraciones de los ministros y otras varias personalidades con cargos de importancia y responsabilidad. Ante las delegaciones internacionales que vinieron a nuestro país para verificar, mediante una información a fondo, la verdad de las acusaciones lanzadas contra nuestro partido, ante familiares de los camaradas detenidos y procesados, ante los representantes de nuestro actual Comité Ejecutivo, ninguno de los interrogados, ningún ministro, ninguna otra personalidad sostuvieron, ni remotamente, el criterio de que le POUM estuviera al servicio de Franco, ni de que nuestros camaradas fueran agentes de la Gestapo. Mejor dicho, creemos que hay una excepción. Se trata de aquel simpar Manuel Cordero, el hombre de los mil y un cargos retribuidos durante el primer bienio republicano-socialista, el militante más desacreditado en el seno del Partido Socialista, y que ahora, por lo que parece -¡cosas veredes mío Cid!- es un incansable propagador del llamado y sobado Partido Único, es decir, de la fusión de su partido con el Partido Comunista. Don Manuel Cordero, no sabemos con cuántos cargos hoy día, para mejor sostener su amistad con los estalinistas pone en duda la integridad revolucionaria de nuestra organización y de nuestros hombres. Pero no vale la pena -¡es de tan poca importancia don Manuel!- hablar más de él.

Nos vamos a remitir a los documentos hechos públicos por las delegaciones que estuvieron en nuestro país. Los informes que presentaron al proletariado mundial podrán ofrecer más objetividad que nuestras propias palabras. Del rapport publicado en Francia por R. Louzon, el conocido y viejo militante sindicalista francés, que formó parte de la primera de dichas delegaciones, transcribimos:

«Las visitas de la primera categoría nos han enseñado dos cosas: la primera, es que ningún partido creía, o al menos no aparentaba creer, en la acusación de espionaje lanzada contra Nin, Gorkin, etc. ;la segunda, es la amplitud de la represión, la cual ha castigado no solamente al POUM, sino a todas las otras organizaciones antifascistas que no están actualmente en el poder.

Vázquez y Montseny encuentran escandalosa la arrestación de Nin y los otros, y su posición, tal como Vázquez acabara de definiría en un discurso del cual hemos visto las pruebas de imprenta, es ésta: si hay espías en el POUM, como probablemente los hay en todos los partidos antifascistas, que se les castigue, pero esto no da derecho a exterminar el POUM en cuanto organización.

(...)

Miravitlles nos ha declarado espontáneamente que en seguida de la detención de Nin por espionaje, acusación que nadie puede creer, fue llamado por Companys y los dos decidieron que éste escribiría inmediatamente una carta al gobierno de Valencia señalando la deplorable impresión producida por esta detención, que “la opinión pública catalana no podía creer que Nin fuese un espía fascista, y que Companys casi no tenía necesidad de hacer un gran esfuerzo para poderlo admitir”. Esta carta fue enviada en seguida a Valencia por el propio Míravítlles y entregada por él a Ortega, Director General de Seguridad (el verdadero ministro). Ortega declaró entonces que se tiene pruebas abrumadoras contra Nin, y enseñó a Miratvilles una pieza (plano milimétrico de Madrid, con texto en el dorso escrito con tinta simpática, en el que se trata de un cierto N), tan evidentemente falsa según Míravitlles, “que rompí a reír y que nadie tendrá la osadía de hacer ya más uso de esa pieza”.

(...)

Largo Caballero nos declara que conocía personalmente desde hacia mucho tiempo a Nin, Gorkin y otros más, y que, a pesar de ser su adversario político, sabia perfectamente que éstos no eran ni podían ser espías fascistas. Si Nin y los otros miembros del POUM son actualmente perseguidos por espionaje, es solo por razones políticas, porque el Partido Comunista quiere destruir el POUM.

Si en esta necesidad el Partido Comunista se ve apoyado por los otros partidos gubernamentales (socialistas de derecha y partidos burgueses) –añade Largo Caballero-, es únicamente porque la derecha socialista tiene necesidad del sostén comunista para la salvaguardia de la democracia burguesa. Las persecuciones contra el POUM son el rescate que éstos pagan al Partido Comunista.

(...)

Companys nos confirma la gestión que había hecho cerca del gobierno de Valencia, y que nos había relatado Miravitlles. Luego habla de consideraciones generales, explicándonos que Cataluña había tenido que interrumpir su revolución, porque se había encontrado insuficientemente sostenida por el proletariado de los demás países que, actualmente por todas partes está a la defensiva (frentes populares).

(...)

Pabón nos informó que el ministro de la Gobernación había telefoneado a Madrid, a su colega de Justicia, el cual había visto a todos los presos, Nin inclusive; que éstos estaban ya todos en las prisiones del Estado y que dentro de ocho días el asunto sería retirado a la policía para pasar al juzgado. Además, que los presos actualmente en Madrid serían trasladados todos a Valencia. Pedimos tener confirmación directa de todo esto, sea por el ministro de la Gobernación o sea por el de Justicia.

(...)

Al día siguiente fuimos recibidos, en compañía de Pabón, por el ministro de Justicia.

Este, después de habernos afirmado que en España no se podían producir cosas como en Rusia, nos confirma lo que nos había dicho la tarde del día anterior por mediación de Pabón y se compromete a escribirlo, lo que hizo la misma tarde en una carta a este último, de la que hemos visto el original y sacado reproducciones.

Por el contrario, si bien el ministro nos declaró explícitamente que «yo no puedo creer que Nin fuese un espía, como no podría creer que Franco sea un agente de Inglaterra», no hizo ninguna alusión a la posibilidad de abandonar la acusación de espionaje».


Del informe publicado por la segunda delegación internacional, compuesta por un miembro de la Cámara de los Comunes británica, por un periodista francés, por un abogado del Colegio de París y por un componente del Consejo nacional del Partido Frontista y delegado al Buró del Frente Popular en París, extractamos lo siguiente:

«Los señores Irujo, Zugazagoitia y Prieto han insistido mucho sobre el hecho de que no se pensara que el Gobierno estaba interesado en hacer desaparecer a Nin; que, por el contrario, este asunto les incomodaba enormemente y que habían hecho todo lo posible por encontrarlo. La delegación afirma no haber pensado jamás en una participación directa del Gobierno en esta desaparición.

(...)

El señor Irujo afirma textualmente: «Nin no ha estado nunca en una cárcel del Gobierno. Nin jamás ha puesto los pies en una prisión del Estado». Ha desaparecido en una «casa particular que no era una cárcel»; se trataba, según Irujo, “de una villa, de un hotel particular rodeado de un jardín y situado en Alcalá de Henares, de un hotel deshabitado y que la policía ocupó especialmente para encerrar a Nin”. Este habrá sido secuestrado por «elementos fascistas, hipótesis que no le parecía muy verosímil, o por elementos de las Brigadas internacionales, hipótesis que creía más cierta.

Dice que se abrirá un sumario por el secuestro de Nin y que los autores serán juzgados por crimen de alta traición, “aun cuando el mismo Nin fuese condenado a muerte por rebelión”. Varios ministros -dice Irujo- declararán sobre este asunto. Se irá a buscar a los autores, por altos que éstos estén.

El señor Irujo se duele que la policía se haya convertido casi en independiente y que los elementos extranjeros puedan tener el control real de la misma. Se queja de la influencia del Partido Comunista sobre la policía.

(...)

El señor Zugazagoitia, ministro de la Gobernación, afirma que es inexacto que Nin haya estado en prisiones del Estado. Una casa en la cual se instalan policías oficiales se convierte -dice- en un local oficial. El ministro se queja muy vivamente de la policía, compuesta -según él- de elementos reclutados apresuradamente después del 19 de julio, elementos procedentes de partidos en los cuales se les enseñaba el desprecio a la policía, cargados de pasiones políticas y que comprendían hasta un buen número de analfabetos.

(...)

El abogado Pabón comunica a la delegación que en el mismo día había sido nombrado un juez especial para instruir el proceso, que su informe estaría terminado en algunos días (en efecto, estuvo terminado el 23 de agosto) y que él, Pabón, tendría entonces conocimiento del dossier y solicitarla un plazo de 15 o 20 días para realizar las encuestas y contraencuestas que le parecieran indispensables.

Pabón afirma que, según sus noticias, el dossier no contenía ninguna prueba sería de espionaje y que el documento N (el plano milimetrado) aparecía definitivamente descartado. Pabón, por su situación. tiene la posibilidad de conocer casi todo el dossier y éste no reserva más que la posibilidad de improbables piezas secretas.

(...)

Irujo, ministro de Justicia, declara que los dirigentes del POUM, interrogados por la policía respecto a si eran espías, lo han negado, e interrogados a si eran responsables de las jornadas de mayo, han dicho que si. Habla de la gravedad de los hechos de mayo, diciendo que es preciso una sanción a tales hechos. pero añade que tiene la intención de presentar al Consejo de Ministros un proyecto de amnistía para los delitos políticos y sociales, precisando que solo serían excluidos los de traición y espionaje. «La extrema derecha -dice- se opondrá probablemente a este proyecto». Irujo precisa igualmente que la extrema derecha son los comunistas, el presidente del Consejo forma el centro y él, en tanto que liberal, la izquierda. Si el Tribunal pronuncia penas de muerte, intervendrá una medida de gracia, conmutando esas penas por la reclusión perpetua, viniendo en seguida la amnistía.

Respondiendo a varías preguntas, el ministro precisa que si ciertos miembros del POUM fueran convictos de espionaje, serían juzgados en dos procesos (espionaje y jornadas de mayo), pero que la distinción entre los dos procesos subsistiría; y añade que, por otra parte, no existe ninguna prueba de espionaje contra los dirigentes del POUM y que en particular el documento N no tiene valor alguno.

Un miembro de la delegación pregunta si será posible que observadores extranjeros asistan al proceso. El ministro afirma con vehemencia que el proceso será público, puesto que no se trata de espionaje. El miembro de la delegación señala, sin embargo, el caso de que el documento N, por ejemplo, fuera a pesar de todo mantenido. El ministro responde enérgicamente que el problema no puede ser planteado, que el proceso será por las jornadas de mayo y público, que aunque él no ha hecho sino dejar a la justicia seguir su curso sin intervenir, puede pensarse que todas las piezas han pasado por sus manos y que no ha dejado de tomar conocimiento de las mismas. Señala que ya ha tenido ocasión de afirmar más de diez veces en el curso de esta entrevista que no habrá acusación de espionaje contra los dirigentes del POUM. “El POUM -dice- responderá de su gesto revolucionario contra la República”. Un miembro de la delegación plantea el problema de las responsabilidades fuera del POUM por los sucesos de la primera semana de mayo. El ministro responde que estima que los hechos de mayo deben de ser sancionados, pero que le parece que en unos hechos en que ha participado tanta gente, un sentimiento de humanidad aconseja no llevar ante la justicia más que a los principales responsables y que, por otra parte, las leyes españolas autorizan a juzgar individualmente o por pequeños grupos a las personas inculpadas en los affaires de este género, ya que así se habla hecho en numerosas ocasiones, principalmente en 1933 y 1934.

(...)

Eduardo Ortega y Gasset, Fiscal de la República, ha recibido a los camaradas Maxton y Weil-Curiel; les ha expresado toda la estimación que tenía por los dirigentes del POUM, es decir, que él estaba bien lejos de creer que fueran fascistas.

(...)

Prieto, ministro de Defensa nacional, dice que él no cree que los dirigentes del POUM sean espías. Se eleva contra los sucesos de mayo, que han sido -según él- organizados por el POUM; dice que son un resultado de los artículos de “La Batalla”. El Gobierno, añade el ministro, debe defenderse contra los que quieren “la revolución a toda costa”, cuando no es ese el momento de España. Dice que el programa mínimo que se ha asignado el Gobierno es el de ganar la guerra y que es preciso terminar con los partidos de ideología demasiado estrecha, como el POUM, la CNT y «los mismos comunistas”, agrega.

El señor Prieto se refiere a la situación militar de España y a la situación internacional. Dice que la delegación no representa más que a los países que han hecho poco por ayudar a España, a los partidos cuya acción ha resultado ineficaz o demasiado poco eficaz, mientras que los rusos envían las armas que permiten a la República española resistir el asalto del fascismo.

Dejando estas ideas generales, el ministro dice que “lo que es más grave es que la detención de los dirigentes del POUM no ha sido decidida por el Gobierno, que la policía ha procedido a estas detenciones por su propia autoridad”. El ministro no cree, sin embargo, que haya que inculpar a Ortega, que era entonces Director General de Seguridad. Recuerda a este respecto que cuando la detención ilegal de Rovira, Ortega le respondió que ignoraba por completo el encarcelamiento del jefe militar del POUM. Los responsables, según él, se encuentran en torno al jefe de policía, los cuales habían sido reclutados entre los elementos comunistas “según sus procedimientos ordinarios”. Sin embargo, añade que fue a causa de negarse a restituir a Nin por lo que Ortega fue destituido.

(...)

Prat García no cree que los dirigentes del POUM sean espías; estima que los artículos de “La Batalla” son pruebas evidentes de la responsabilidad del POUM en los hechos de mayo.

Un miembro de la delegación plantea varias cuestiones sobre el valor jurídico de las detenciones de los dirigentes del POUM, pero no pudo obtenerse sobre estos extremos respuestas bastante precisas. La delegación solo puede señalar que las explicaciones del subsecretario de la Presidencia del Consejo son más confusas en este aspecto.

La visita al señor Prat García fue la última entrevista oficial en Valencia de la delegación».


Igualmente, entre otros muchos documentos, fue hecho público un escrito del compañero Jordi Arquer, del Comité ejecutivo del POUM, en el cual refiere la entrevista que tuvo con el ministro de Trabajo, Jaime Aiguader Mir, el 21 del pasado mes de julio. Dice así:

«Entrevista celebrada el miércoles día 21 de julio de 1937, a las once y cuarto de la mañana, en el local del Ministerio de Sanidad, Departamento de Asistencia social afecto al Ministerio de Trabajo, entre el ministro de Trabajo Jaime Aiguader Miró (Esquerra Republicana de Cataluña), Jordi Arquer Saltó del C.E. del POUM y José Rabassa, del Comité regional de Levante del POUM.

Una vez que el camarada Arquer le hubo expuesto los pormenores de su detención y encarcelamiento, y proporcionado datos sobre las detenciones y traslados, con indicación de días y horas, de los camaradas Pedro Bonet, Julián Gómez Gorkin, Juan Andrade, José Escuder, David Rey y otros compañeros cuyos nombres no conoce, de todo lo cual tomó nota por escrito para plantearlo en la próxima sesión del Consejo de ministros, que tendría lugar, según dijo el ministro, mañana jueves por la mañana, o sea el día 22. Dijo, en resumen:

1°. Que todos los miembros del gobierno, excepto los del Partido Comunista, estaban indignados de la forma anormal e improcedente como se había actuado contra los militantes del POUM, al margen de las personas de responsabilidad titulares de la dirección de los organismos del poder, y que lo que se nos había hecho merecía su condena y la de sus camaradas del Ministerio.

2°. Que durante tres reuniones consecutivas del Consejo de ministros se había hablado de la cuestión del POUM y de la situación de sus dirigentes detenidos.

3°. Que él, personalmente, estaba muy indignado de la actuación del POUM, pero que como hombre liberal y por sensibilidad humana estaba en contra de las actuaciones policiacas al margen de los órganos regulares del poder constituido, y que lo sucedido con las detenciones de los dirigentes del POUM, de innegable gravedad, comprometía y responsabilizaba al propio gobierno.

4°. Que no tenía que ocultarnos que estaba en el ánimo de todo el gobierno la necesidad de decretar la disolución del POUM. El camarada Arquer le advirtió que una medida de tal naturaleza solo podía tomarse mediante sentencia condenatoria de los Tribunales de Justicia y que tal medida no se atrevió a ponerla en práctica la dictadura de Primo de Rivera contra el Partido Comunista, a lo cual contestó el ministro que podía ser una necesidad impuesta por la guerra.

5°. Que si bien no creía que se hubiera matado a Andrés Nin, y por tanto no podía afirmar que éste estaba muerto, tampoco podía asegurar que vivía, por cuanto el propio ministro de Justicia tampoco podía asegurarlo.

6°. Que él estaba a nuestra disposición para todo lo que creyéramos pudiera sernos útil, a fin de evitar cualquier clase de atropello en las personas de los detenidos y proporcionarles toda clase de garantías policiacas y judiciales.

7°. Telefoneó en nuestra presencia al ministro de la Gobernación, notificándole que la policía nos había quitado toda nuestra documentación personal, política y sindical, así como libros, ropas y otros efectos personales, pidiéndole nos fuera devuelto, contestándole el ministro de la Gobernación que él telefonearía al Director General de Seguridad, señor Gabriel Morón, para que nos fueran devueltos la documentación y demás objetos».


En fin, en aras a la brevedad nos rehusamos a seguir transcribiendo documentos y escritos de toda índole; en los cuales se pone de manifiesto que el estalinismo es el responsable directo de la represión desencadenada contra nuestro partido, que el Gobierno era ajeno a la razzia del 16 de junio y que ninguno de los ministros -excepción hecha, claro, del señor Uribe, primer agricultor del reino y ministro de Agricultura, y ese otro gran analfabeto que está en Instrucción Pública- cree en las acusaciones lanzadas contra el POUM. Pero asimismo es preciso subrayar esto: todos esos ministros, ministrillos y demás personajes tienen una responsabilidad más o menos directa. Cierto es que no se han preocupado ni se preocupan sino de salvar su responsabilidad en la represión y en la campaña de calumnias; cuantas veces se les planteó cara a cara el affaire, se apresuraron en pocas palabras a manifestar que ellos eran ajenos a todo. Pero nunca han movido un dedo para impedir esa campaña, para destruir la gran calumnia, para apartar el puñal envenenado que se ha levantado contra los hombres de nuestro Partido. No han hecho más que seguir al pie de la letra la misma actitud que hace siglos manifestó el procurador romano Poncio Pilatos. Y la mancha de esta responsabilidad jamás se la quitarán de encima.

13. EL CARÁCTER EMINENTEMENTE POLÍTICO DEL PROCESO CONTRA EL POUM

«Sería la mayor de las puerilidades considerar como un proceso judicial este proceso incoado contra los bolcheviques por el gobierno de Kerenski y Tseretelli».
(Lenin, Rabotchi y Soldat, 9 de julio de 1917)

Si todas las pruebas o supuestas pruebas acumuladas contra nuestro partido no tienen valor alguno, si nuestros camaradas presos no pueden ser considerados como fascistas o agentes de Franco, si solo existe la responsabilidad por los hechos de mayo en Cataluña según manifestación del ministro de Justicia, se impone la pregunta siguiente: ¿Por qué se mantiene el proceso incoado contra el POUM y sus dirigentes? Sencillamente porque este proceso es eminentemente político, porque responde a una presión exterior y a necesidades de política interior. Esto y no otra cosa es lo que explica la aparente contradicción que existe entre las palabras y declaraciones repetidas de los ministros y los hechos y su manera de obrar. Reconozcamos que también a los componentes del actual gobierno Negrín les debe molestar no poco la trepidante campaña del estalinismo y el papel que se ven obligados a desempeñar, papel que los compromete más de la cuenta ante las masas trabajadoras del mundo entero y ante toda conciencia liberal y honrada. Pero hay algo superior a la supuesta buena voluntad de un señor Irujo o de un Indalecio Prieto. Ya lo hemos dicho: las necesidades impuestas por una política interior y exterior ajenas al internacionalismo revolucionario. La ayuda de la URSS a la España republicana hubo de ser pagada no solo en buen oro contante y sonante, sino también mediante determinadas concesiones de particular tipo político. Una de ellas ha sido la eliminación del POUM de la vida política del país y la terrible represión que sufre nuestra organización. Comentando las detenciones del 16 de junio, el ex ministro y conocido militante de la CNT Juan López, publicó un artículo que llevaba este título significativo: «¿Se ha pasado la primera factura al cobro?». Sí, se había pasado una factura al cobro.

¿Qué interés podían tener la Unión Soviética y la Internacional Comunista en nuestra eliminación? La respuesta exige una preliminar explicación política. Stalin, dictador absoluto del Estado soviético y de la III Internacional, no puede tolerar la existencia de ningún partido comunista independiente, de ningún grupo revolucionario que levante la bandera de la revolución socialista, que el estalinismo ha abandonado. Cada vez que ha surgido una de estas organizaciones revolucionarias independientes, la ha combatido a sangre y fuego, no vacilando en los medios para destruirla. En la URSS, mediante los monstruosos procesos seguidos de ejecuciones que se van sucediendo ante el escándalo y la protesta del proletariado internacional, va destruyendo toda oposición a su política dictatorial y burocrática. En el resto de los países el estalinismo se limitaba a calumniar a los grupos y fracciones comunistas; es todo cuanto podía hacer. El proceso contra el POUM es el primero que se intenta fuera de la Unión Soviética bajo la presión directa y tenaz del estalinismo. Aunque el POUM no haya mantenido ni mantiene la menor relación orgánica con las oposiciones rusas -ni, desde luego, con Trotski y el trotskismo, los espantajos de moda-, entre los diversos procesos de Moscú y el tramado ahora contra nuestro partido existe una indiscutible línea de afinidad, un cierto parentesco ideológico. Lo que Stalin y el estalinismo intentan destruir en la URSS es el recuerdo y la tradición revolucionaria de octubre, para lo cual no vacilan en denigrar y destruir físicamente a los mejores compañeros de Lenin, testigos enojosos de la degeneración política en que han caído, bajo su férula dictatorial, el Partido Comunista y el Estado soviético. Stalin y el estalinismo intentan ahora extender sus métodos la destrucción fuera de la URSS. El proceso contra el POUM en nuestro país es -lo repetimos- el primer ensayo en este sentido. Tanto en la Unión Soviética como en España, lo que se pretende aniquilar, destruir, es la línea consecuente de la revolución proletaria.

¿Por qué ha elegido Stalin y el estalinismo al POUM como víctima propiciatoria? Ello no se debe al azar: existen también profundas razones de índole política. Éstas: Contrariamente a las esperanzas de Lenin, a la victoria de la revolución rusa siguió en el trágico periodo de la posguerra, una serie de derrotas de la clase obrera en diferentes países, derrotas que tenían que debilitar forzosamente las posiciones interiores y exteriores del Estado soviético, vinculado a la suerte del proletariado internacional. Cambió la correlación de fuerzas en favor del capitalismo y en detrimento, pues, de la clase obrera. El fracaso de la revolución alemana, por culpa principalmente de la socialdemocracia, hizo posible la consolidación provisional del capitalismo occidental sobre el andamiaje imperialista de Versalles y condujo, finalmente, al triunfo de Hitler. El fracaso de la revolución china de 1925-1927, cuya principal e incluso entera responsabilidad incumbe al estalinismo, cortó provisionalmente el proceso revolucionario en las colonias del Extremo Oriente, permitiendo la expansión del imperialismo japonés. La Rusia de Stalin, replegándose sobre si misma -al internacionalismo proletario y revolucionario de la época de Lenin siguió una especie de nacionalismo, bajo la fórmula seudoteórica del «socialismo en un solo país», a la medida del nuevo Estado burocrático-, se vio dominada por una doble obsesión: la Alemania hitleriana y el Japón imperialista, que la amenazaban como una tenaza de hierro. Desde ese momento, Stalin y el estalinismo no tienen más que una preocupación central: prepararse para la guerra, que saben inevitable. En el interior se preparaban mediante una política de superarmamentos y de militarización absoluta del país; en el exterior merced a una política de alianzas con unos países capitalistas contra otros. Pero esta política tiene un precio: el sacrificio de la revolución rusa y de la revolución internacional.

Frente al bloque que perfilan Alemania, Italia y el Japón, se trata de oponer el bloque compuesto por Rusia, Francia e Inglaterra. La democracia contra el fascismo, según la fórmula antimarxista de Dimitrov-Stalin. Este último aspira a ser el árbitro y jefe del segundo bloque, al cual debe servir de eje el pacto militar franco-soviético. Mediante la conquista de la dirección de la central sindical CGT francesa merced a la unidad sindical realizada, así como el intento de absorción del Partido Socialista francés con el pretexto de una «unificación sin condiciones», aspira asimismo al monopolio de la dirección política del Frente Popular en Francia. Una operación semejante le resulta de todo punto imposible en Gran Bretaña. Allí gobiernan los conservadores y el Partido Comunista, con sus diez mil o doce mil militantes no cuenta con influencia política ni tampoco sindical. Tanto el Partido Laborista como las Trade-Union se oponen obstinadamente a la penetración del estalinismo. Pero Stalin espera ejercer desde afuera la presión que no puede llevar a cabo desde dentro. Para ello necesita llegar a dominar, además de la política francesa, la española.

A Inglaterra y a Francia no les interesa, indudablemente, una victoria total y rotunda del franquismo, ya que fortalecería fuertemente las posiciones de Italia y Alemania; pero hay algo que les interesa aún mucho menos: es la victoria de la revolución española y su inevitable irradiación internacional. Toda su política respecto a España aparece dominada por esa preocupación: impedir la victoria de uno de los dos bandos en lucha, agotarlos política y materialmente para imponerles después sus condiciones. Stalin y el estalinismo apoyan esa política de bloque, al mismo tiempo que intentan realizar una política propia que les asegure su hegemonía. Le interesa al estalinismo más que a nadie impedir la victoria de Franco-Hitler-Mussolini; mas quiere asimismo impedir el triunfo de la revolución española. Una España revolucionaria suscitaría un fuerte movimiento revolucionario internacional, con su posible repercusión en el interior de la propia URSS. El movimiento obrero del mundo entero escaparía así a su control y toda la política estalinista podría venirse abajo. El ideal de Stalin se cifra –y a ello responde toda su política y la del Partido Comunista español- en una España democrática, frentepopulista, bajo su control efectivo y que integrara el bloque de las fuerzas del cual aspira a ser el jefe . ¿Cómo conseguir todo esto?

Para hacer imposible la revolución española e impedir su triunfo, es preciso ante todo acabar con las organizaciones revolucionarias. Para atacar en primer lugar al POUM el estalinismo ha visto una doble razón: nuestro partido es numéricamente el menos fuerte y el que, sin embargo, mantiene las posiciones revolucionarias más claras y consecuentes. Por algo hemos pasado por la escuela de Lenin y de la revolución rusa, a la que permanecemos fieles contra la escuela estalinista. Pero el plan de Stalin y del estalinismo es mucho más vasto, y ya lo anunciamos y denunciamos cuando comenzó la campaña contra el POUM. Hoy todo el mundo puede darse cuenta de ello y, por otra parte, la prensa estalinista no lo oculta. La destrucción del POUM no seria más que el preludio; después vendría la destrucción de la CNT y la FAI, así como de la tendencia de Largo Caballero. La campaña de calumnias contra éste es el signo más evidente de lo que decimos.

Al mismo tiempo, mediante la absorción del Partido Socialista -como ya se ha hecho con las Juventudes Socialistas- y la conquista de la dirección de la UGT, Stalin llegaría a ser el dueño de los destinos del proletariado español. Por eso, a las organizaciones que no se dejan absorber intenta destruirlas.

¿Cómo se ha montado el proceso contra nuestro Partido? Lo hemos demostrado en los capítulos anteriores: mediante una violenta campaña en toda la prensa estalinista, nacional e internacional. Se ha lanzado contra el POUM y sus dirigentes, contra todos sus militantes, las más graves acusaciones, las calumnias más infames. Al mismo tiempo, se nos fue eliminando por presión del estalinismo -la ayuda rusa les permitió hacer y deshacer- de todos los organismos constituidos al calor de la revolución. En diciembre del año pasado provocó el PSUC una crisis del gobierno de la Generalidad con el único propósito de eliminar al POUM, de la misma manera que el Partido Comunista produjo en mayo una crisis en el gobierno de Valencia con el objeto de eliminar a Largo Caballero y a la CNT. Esta criminal política de división y de descomposición de la retaguardia -con sus consiguientes repercusiones en el frente- se realiza aprovechando las circunstancias en que se desarrolla la guerra civil y, sobre todo, la mentada ayuda prestada por la URSS. A cambio de esa ayuda, Stalin va presentando facturas al cobro. ¿Nuestra eliminación de los distintos organismos? Una factura al cobro. ¿La eliminación de Largo Caballero y de la CNT? Otra factura al cobro. ¿El proceso contra el POUM? Una factura más. Y así, factura tras factura, se va realizando el plan de Stalin y del estalinismo. Lo repetimos: cada victoria de estos últimos significa una trágica derrota para el proletariado y mengua las posibilidades de una victoria sobre Franco.

Pero el proceso contra nuestros dirigentes, como todos los procesos montados por el estalinismo, es burdo, vulgar y está plagado de contradicciones, que no resisten la menor critica objetiva, ni política ni jurídica. ¿Pruebas? Stalin en Rusia no las necesita; allí ejerce un poder dictatorial y absoluto sobre todo y sobre todos: sobre la economía, sobre la política, sobre el aparato de justicia, sobre la policía, sobre la prensa, sobre la radio... En estas condiciones no es difícil montar un proceso y cien procesos. Pero los métodos estalinistas erigidos en norma de gobierno en la URSS, son de difícil exportación. El proletariado español no los acepta ni los aceptará. Tiene razón el camarada Juan López, cuando escribía en su articulo anteriormente citado: «En España, hasta las piedras se levantarán contra esos métodos». Nuestro proletariado lo ha comprendido: lo que se juega en este proceso contra el POUM y sus dirigentes es algo más que la suerte de un partido y de unos militantes obreros; es la suerte misma de la revolución española y de la revolución internacional. Y quizá aún más que el proletariado español, ha comprendido esta terrible verdad la clase obrera internacional. La mirada y el pensamiento de ésta no se ven empañados por la angustia directa de la guerra civil y sus crueles necesidades. La conciencia del proletariado internacional, despierta por las ejecuciones de Moscú, se ha conmovido ante el proceso montado contra el POUM. ¡Cómo! ¿No contento con ahogar la revolución rusa, Stalin quiere ahora estrangular la revolución española? Sí, camaradas; Stalin y el estalinismo quieren ahogar la revolución española y ahogarnos a todos nosotros. Para ello no vacilan en imponer desde el Kremlin sus métodos sectarios y desmoralizadores, sus procedimientos crueles y criminales. No le importa al estalinismo que nuestra lucha común contra el fascismo pueda tener un fatal desenlace. La guerra contra Franco y los suyos solo ha servido al Partido Comunista como material de agitación, para aumentar sus filas y extender su influencia. Y aprovechando esta influencia, ir liquidando al resto de las organizaciones obreras e incluso sus colaboradores de ayer. Esta evidencia la ha comprendido el proletariado de todos los países del mundo, que hoy nos claman su solidaridad. Saben que mañana les corresponderá a ellos sufrir en carne viva las consecuencias de los métodos estalinistas, de esos métodos contrarios a todo principio de moral proletaria, de moral socialista.

Quedan explicadas las razones que han movido y motivado la terrible represión sufrida por nuestro Partido, así como el proceso montado contra el POUM. Si a pesar de los meses transcurridos -esta clase de procesos son siempre sumarísimos y han de terminarse en un plazo breve de días- todavía no se ha celebrado la vista de la causa, es por tres razones principales: la protesta de la clase obrera nacional e internacional; la falta absoluta de pruebas, ya que las que el estalinismo ha fabricado no son más que burdas falsificaciones y calumnias sin fundamento y también la influencia decreciente del estalinismo en nuestro país. Esta última no es de poca importancia. Su explicación sale de los limites que ahora nos hemos impuesto; pero baste saber que las aspiraciones de Stalin de erigirse en el árbitro del bloque llamado democrático no se ven cumplidas. Inglaterra separa cada vez más a Francia de la URSS y a la vez elimina la influencia de ésta en España. Tal es la realidad, buena o mala. Tal vez no está lejano el día en que los ministros estalinistas salgan de sus despachos con la cabeza gacha para no volver. Pero el proceso que éstos han montado queda como una herencia para los republicanos. No se atreven a poner en libertad a nuestros camaradas, y por ello optan por mantenerlos en prisión, sin que el proceso tenga posibilidades de celebrarse. Lo que comenzó siendo un proceso eminentemente político va quedando en nada, en una astracanada bufa a lo Muñoz Seca. Y es que la política de nuestros demócratas tiene mucho de astracanada y de bufonería.


14. A MANERA DE EPÍLOGO

«La justicia española es independiente de toda presión política»
(Irujo, ministro de Justicia)

El proceso solo se mantiene por puro chantaje, por cobardía de un gobierno que se pliega a designios extraños y por dejación de una justicia mil veces envilecida. No lanzamos estos adjetivos a humo de paja, ni tampoco por desesperación, que en este caso estaría justificada. No hace falta sino examinar brevemente los hechos para comprender la razón que nos asiste. Cada día, durante más de un año, han podido leer el señor ministro de Justicia, el señor fiscal de la República, todos los funcionarios altos y bajos del Ministerio fiscal, las acusaciones que el estalinismo ha lanzado contra el POUM, acusaciones que de ser ciertas en una centésima parte harían, por su gravedad, ineludible el pelotón de ejecución. ¿Por qué no han actuado inmediatamente? ¿Cómo se explica que no hayan tenido la curiosidad de comprobar si lo que se denunciaba públicamente desde la prensa estalinista era cierto? ¿Cómo podían permanecer indiferentes ante acusaciones de tal magnitud, lanzadas por personas y diarios de un partido que tenía representación directa en el gobierno? Pues ni actuaron ni obraron, encerrándose en la mayor de las indiferencias. Y así meses y meses, durante todo un año. ¿Qué pensarán de esta pasividad de los funcionarios, a quienes compete la persecución de los delitos, las gentes de nuestro país y del extranjero no iniciadas en los secretos de la política gubernamental? ¿Qué opinión tendrán fuera de nuestras fronteras de la justicia española –de esa justicia «independiente de toda presión política», según ha expresado el señor Irujo-, al ver que en un país en guerra una organización puede ser acusada públicamente de los peores crímenes contra el Estado por un partido representado en el Gobierno, sin que inmediatamente se produzca una intervención judicial?

La intervención judicial solo se produjo después del golpe de mano dado por el estalinismo contra nosotros, después de la terrible represión iniciada el 16 de junio, es decir, después de encontrarse ante un hecho consumado. Las autoridades de toda clase, el gobierno y los ministros, la tan cacareada justicia, no hicieron sino dar el visto bueno a la acción estalinista y encubrirla y protegerla. Se realizó un maridaje celestinesco, a todas luces antijurídico. Una justicia miedosa y envilecida se prestó al juego criminal del estalinismo; y un juez cuyo pasado lo descalificaba -gran propietario reaccionario, antiguo candidato monárquico, castigado por delito de cohecho- redactó el auto de procesamiento que otros le dictaron. Admitió como pruebas las falsificaciones del estalinismo y como pieza de convicción la charlatanería cotidiana de su prensa. No ha habido -creemos haberlo demostrado suficientemente- más diligencias judiciales que los atestados manera policiacos, las novelonas urdidas por una policía descocadamente parcial y partidista, integrada por militantes comunistas. Sin mandamiento judicial alguno se han realizado detenciones, asaltos de locales, encarcelamientos y otras arbitrariedades mil; sin sentencia de ninguna clase se ha eliminado físicamente a varios camaradas. ¿Cabe mayor monstruosidad? Pues sí, aún ha habido mayores monstruosidades: un juez en arranque de dignidad -el que fue encargado de instruir el sumario por la desaparición del camarada Andrés Nin- ordenó el encarcelamiento de dos agentes de policía, contra los cuales existían pruebas evidentes de responsabilidad; este juez (el señor Moreno Laguía) fue detenido por orden del que era Director General de Seguridad, señor Morón. Otro caso: el nuevo juez que preside el Juzgado número 1 del Tribunal de Espionaje ha acusado a la compañera de Maurín de servir de agente de enlace con los franquistas, tergiversando previa y conscientemente unos documentos. El verdadero sentido de esos documentos lo conocen León Blum, ex jefe del gobierno francés, y André Blumel, subsecretario de la Presidencia, ya que fue a través de ellos que se realizaron las gestiones en las cuales este nuevo juez -que en el pasado perteneció al Partido Comunista y que luego abandonó por miedo a perder su empleo de funcionario en el Ayuntamiento de Madrid- quiere encontrar motivo para acusar a Juana Maurín de estar al servicio de Franco; pues bien, el señor Mora -tal es el juez de marras- se ha negado terminantemente a admitir la propuesta de nuestro abogado de que se tome declaración a Juana Maurín, a León Blum y a André Blumel. Este hecho demuestra hasta la saciedad el carácter de persecución política que tiene el proceso seguido contra nuestros camaradas.

Y todavía más: los tribunales, los jueces, todo el aparato de la justicia republicana con su ministro al frente, han consentido que la prensa estalinista lanzara las mayores acusaciones contra el POUM; el que se refiriera a pruebas que nadie conocía y publicara textos y documentos -de cuya autenticidad ya no vale la pena hablar- que ni siquiera conocía el juez encargado del sumario ni el representante del Fiscal general de la República. Una de dos: o las pruebas de nuestra culpabilidad que uno y otro día daba a conocer a sus lectores la prensa estalinista eran falsas, y en este caso se imponía el castigo del falsario; o de ser verdaderas había de aclarar cómo tenían en sus manos las averiguaciones preliminares de la policía y las piezas de convicción que figuran en un sumario que es y tiene que ser secreto. De esas pruebas sumariales nada se había hecho público oficialmente y buena prueba de ello es que ningún otro diario -a parte de los estalinistas- pudo conocerlas. Sin embargo, la prensa controlada por el Partido Comunista sirvió a sus incautos lectores las supuestas pruebas de la traición del POUM y de la responsabilidad de sus dirigentes. ¿Qué nos dice todo esto? Ante todo, algo muy importante y fundamental: que todos esos documentos, burdos y miserables, fueron falsificados y elaborados en el laboratorio estalinista, sirviéndolos luego en bandeja a una justicia dispuesta a los más bajos menesteres.

Mientras se nos había reducido casi al silencio; mientras se había suspendido nuestra prensa y asaltado nuestros locales, arrojándonos de hecho a una ilegalidad absoluta sin sentencia alguna; mientras se intentaba ponernos mordaza de hierro, la prensa del Partido Comunista seguía lanzando a placer, en la mayor de las impunidades, injuria tras injuria, calumnia tras calumnia. Se permitió esto: que se condenase públicamente a unos hombres antes que de los tribunales llamados a ello juzgasen; que se batieran los tambores antes de que los acusados fueran interrogados. ¿En dónde ha sucedido cosa igual? Esta es la justicia de la España republicana, una justicia reservada única y exclusivamente a los revolucionarios, a los que lucharon contra la monarquía, contra la dictadura de Primo de Rivera, contra la reacción vaticanista del llamado bienio negro; justicia que apunta directamente al corazón de los que el 19 de julio impidieron con su esfuerzo, con su decisión, con la vida de los suyos, a que se entronizara el fascismo en toda la península. Para los falangistas cogidos in fraganti con las armas en la mano, los magistrados y autoridades antifascistas reservan toda su consideración y mesura; las condesitas prisioneras en Brunete se pasean hoy por tierra de Franco; los que continúan encarcelados en territorio republicano son tratados con miramientos mientras esperan que los tribunales decreten su libertad y se les otorgue luego, oficialmente, un pasaporte para ir junto a los suyos; el hijo de Goded, militar sublevado el 19 de julio en Barcelona, no ha sido fusilado ni lo será, pero lo fue nuestro camarada Marciano Mena por un simple delito de cuartel que ni siquiera había cometido. Nuestros camaradas y nuestras compañeras están encerrados en calabozos inmundos, húmedos, fríos, llenos de miseria; pero uno de los Primo de Rivera, el diputado de la CEDA señor Lucia, el líder falangista Fernández Cuesta , los familiares de Queipo del Llano, de Aranda y de otros militares sublevados, pasan el tiempo en magnificas celdas, donde no falta ni la más mínima necesidad. Esta es la desigualdad irritante que nuestros presos, todos los presos políticos de la clase trabajadora, palpan día tras día. Y, mientras tanto, la prensa estalinista sigue pidiendo a gritos la cabeza de nuestros hombres. Si alguien intenta replicar, un gabinete de censura al servicio de esta política monstruosa impide la publicación del menor escrito.

Este trato de la censura merecerla también capitulo aparte. Ejercida por periodistas sin dignidad y sin valor, ha alcanzado el mismo grado de venalidad y envilecimiento que logró durante el periodo dictatorial del general Primo de Rivera, en manos entonces de unos militares que escribían con el sable en lugar de emplear la pluma. Mejor dicho, ha alcanzado mayor degeneración aún. Ha permitido la publicación de cualquier escrito contra el POUM; ha consentido al estalinismo el calumniarnos a su libre antojo; a dejado pasar sueltos ignominiosos, en los cuales se prejuzgaban supuestos delitos sobre los que no existía ni existe sentencia alguna; ha sido un vulgar instrumento del estalinismo y se ha hecho eco de las truculencias de un Burillo cualquiera. Basta que lo escrito se refiriera al POUM para dejarlo publicar si se nos llenaba de lodo. Incluso se erigieron en jueces, a veces, para sentenciarnos, como cierta nota que recordamos del jefe de los servicios de censura de Barcelona, señor Solsona, periodista que ha rodado por toda España en busca de un buen puchero, sirviera quien lo sirviese, en plan además de sablista profesional; como no sabia escribir fue nombrado gobernador de no recordamos qué provincia, de la cual tuvo que irse; más tarde lo fue de Valencia, de donde también lo echaron, para ser últimamente jefe del gabinete de censura de Barcelona. Y cuantas veces un diario con dignidad trató de defendernos, el lápiz rojo de la censura lo impidió, como impidió la publicación de la noticia del encarcelamiento en Jaca, primero, y luego en Zaragoza, de nuestro querido camarada Joaquín Maurín, que era diputado a Cortes. De esas galeradas censuradas a Solidaridad Obrera, a Catalunya, a La Correspondencia de Valencia, a Adelante, a Nosotros, etc., tenemos a montones en nuestro poder. El derecho a la defensa, reconocido en todas partes y que figura en los códigos de todos los países civilizados, es pisoteado, escarnecido y denigrado por unos censores sin dignidad ni conciencia.

Esto es lo que hacen el gobierno y sus ministros, la censura y sus servidores, los jueces y magistrados, todo el curial reaccionario que se cobija en el antifascismo de ahora. Venalidad y gangsterismo por todas partes, arriba y abajo, dentro y fuera. La corrupción alcanza limites insospechados y la inmoralidad estalinista encuentra ayudantes, coadjutores y servidores en todos sitios; donde no los encuentra dispone al menos de un silencio cómplice y de una impunidad absoluta. Al que se rebela se le envía a la cárcel, cuando no a la fosa; al que protesta se le amordaza, se le impide hablar más alto de la cuenta. Y mientras tanto la prensa estalinista se sigue despachando a su gusto, atacando a quien no puede defenderse. Los periódicos extranjeros que protestan uno y otro día de esta situación anómala y contrarrevolucionaria se les proscribe, impidiendo su entrada en nuestro país. Por la frontera franco-española no pasa más que L'Humanité, el órgano del estalinismo francés, y de vez en cuando La Dépéche de Toulouse, el diario donde escriben los Chaves Nogales preconizando un armisticio. Tal es la libertad republicana, la democracia del gobierno Negrín. Cuando una delegación extranjera viene a España, los estalinistas se encargan de ladrarle y cubrirla de injurias; ahí está el caso muy reciente de James Maxton, miembro de la Cámara de los Comunes y presidente del Partido Laborista Independiente, y de sus compañeros. El gobierno y sus componentes, la censura y los censores y la justicia y sus servidores, lo permiten.

El estalinismo, pese a toda la ayuda con que ha contado y a la complicidad de todos los demás, no ha podido llevar adelante el proceso contra el POUM y sus dirigentes. Le ha ido fallando todo; ya no tiene la posibilidad de que una condena aparentemente legal arrebate la vida a nuestros camaradas. Los jueces, los policías y los gobernantes son poca cosa ante la clase obrera internacional, que monta la guardia. Por eso lo que han hecho con Nin el estalinismo quisiera realizarlo ahora con el resto de los dirigentes del POUM. En el último Pleno del Comité central, los comunistas se han quitado la careta y han hablado claro. José Díaz ha dicho: «El pueblo pide que el pelotón de ejecución funcione para terminar con los traidores...». Los traidores, en este caso, somos nosotros, y el pueblo, son ellos. Francisco Antón discurseó así: «...si los obreros y los antifascistas siguen viendo que los criminales trotskistas y demás canalla de la Quinta columna entran en la cárcel por una puerta y salen por la otra, nada ni nadie podrá evitar que, celosos de asegurar su victoria, tengan con estos enemigos encarnizados del pueblo una actitud que les impida continuar su trabajo de provocación, de sabotaje y de espionaje con entera libertad». Estas líneas de gravedad indudable se han publicado el día 20 de noviembre en el diario estalinista de Valencia La Verdad, sin que el gobierno se haya dado por enterado, ni las autoridades tomaran medida alguna; tampoco la censura intervino para impedir esta preparación consciente de nuevos crímenes. Porque de nuevos crímenes se trata. Lo que el estalinismo prepara es el asesinato de nuestros camaradas por sus bandas de apaches y de asesinos, en nombre del «pueblo». Denunciamos esta nueva trama. No es invención nuestra, sino palabras -más que palabras, amenazas- lanzadas desde la prensa estalinista. Por si esto fuera poco, existe otro hecho revelador y un documento que acaba de descubrir la verdad. Nos referimos a la marcha definitiva de España de nuestro abogado Benito Pabón y a la carta que nos ha dirigido comunicándonos los móviles de su determinación. No estará de más copiar algunos párrafos de la misma, con la debida autorización del autor:

«Después de escrita la carta que ustedes conocen al señor Negrín, tenía aún la esperanza -no por la influencia que aquella pudiera suponer en las decisiones del gobierno, sino porque se impusiera en la política española el sentido común- que la situación se modificase en términos que me permitiesen cumplir mi más vehemente deseo: el volver a Valencia.

Les confieso que, conociendo como conozco el ambiente y los autores de la gran tragedia española y la situación de ésta al día, aquella esperanza no tenía otro fundamento que ese deseo mío que la alimentaba. No obstante, mi vacilación era bien explicable. Es muy difícil para quien parte tan activa tomó, como me sucede, en los acontecimientos de España desde el 19 de julio, romper sin esfuerzo supremo todas las ligaduras afectivas, nacidas a través de esta actuación. Había puesto en ella tal dosis de cordialidad que hasta el momento -¡caso raro!- tenía la seguridad de no haberme creado un solo enemigo.

Sobre estos puntos y otros igualmente interesantes, salvadas diferencias puramente nominales y de fórmula, el acuerdo era real aunque no se llegara a traducir en un expreso convenio. Y, sin embargo -he aquí lo extremadamente doloroso-, el afán de hegemonía de ciertos sectores y destacadísimamente del comunista, ha hecho que donde se debió llegar a una armonía y compenetración perfectas, solo existían odios, desavenencias y luchas sordas e intestinas que acabarán por dar al traste, ayudados por notorios errores de gobierno, con la capacidad de resistencia de nuestra retaguardia.

El Partido Comunista -a fuer de leal he de reconocerlo- tiene sobre todos los demás partidos y organizaciones la ventaja -a pesar de la mediocridad de sus dirigentes- de las minorías bien organizadas. [...] Y en virtud de estos factores, reorganizadas las fuerzas coercitivas del Estado, es el absoluto dueño de la situación.

Y esta hegemonía del Partido Comunista supone, y los hechos lo demuestran, la implantación de los métodos políticos característicos de Rusia. La desaparición y asesinato de Andrés Nin fue un síntoma alarmante y trágico. La organización comunista, con la complicidad de los sectores de la Dirección General de Seguridad, burlando la buena fe del señor Zugazagoitia –tan buen periodista como detestable ministro de la Gobernación-, lo secuestró y asesinó. Y no bastándole con esto, inventó el burdo cuento, muy apropiado para niños o idiotas, de haber sido arrebatado a la policía por una organización fascista, con la que el ex secretario de la Internacional Sindical Roja -según ellos- estaba de perfecto acuerdo. Lanzados por este camino, los secuestros se repiten y poniendo empeño en acabar con todos los que no se someten a sus propósitos, los comunistas usan no ya solo de la violencia, sino lo que aún es más repugnante: de todos los resortes que Maquiavelo pudiera soñar como empleables contra los enemigos de los dueños del poder. La vida, la libertad y la honra, el prestigio de cualquiera por muy alto que esté, no merece el menor respeto. A diestro y siniestro, falsificando si es preciso documentos e inventando historias, lanzan las excomuniones calificando de traidores o de espías a los hombres de más clara historia revolucionaria. El caso de Trotski se repite cien veces. Largo Caballero, el hombre íntegro y honrado por excelencia entre los políticos españoles; el ídolo de las masas marxistas, por ellos mismos elevado a tal categoría, es hoy un traidor a quien no se le permite el derecho de hablar en su defensa. Y así todo.

A veces el gobierno quiere dar sensación de su parecer adverso a estos procederes estalinianos. Nombra un juez especial, un fiscal y unos funcionarios auxiliares y se empieza un proceso con vistas a dar sensación de la legalidad y orden en el exterior. Como consecuencia de ello se impone alguna dimisión; el dimisionario pasa a otro cargo tan pingüe y honorífico como el dimitido; se procesa algún desgraciado de tercera categoría, con la seguridad para el mismo de que nada en definitiva habrá de ocurrirle. Ya veces, como en el caso de los procesados con motivo de la desaparición de Nin, al ser encarcelados por orden del juez, de la Dirección general de Seguridad sale un piquete que los excarcela por la violencia y los pone en seguridad y buen recaudo, con la amenaza al juez de repetir en él la historia del alguacil alguacilado.

Y, a todo esto, los señores ministros no comunistas, todos ellos venerables y honradísimos como padres de familia, pero todos ellos también -excepción hecha del inteligentísimo y vivísimo Prieto- verdaderas nulidades, se ven y se desean para poner pudorosos velos a las atrocidades y arbitrariedades de los estalinianos, con la congoja al mismo tiempo de no molestar a los camaradas de Moscú...

Ante tal presente y tal porvenir un hombre como yo, leal en sus métodos, que no admite sino la belleza y la moral en sí de los procedimientos, en España no tiene que hacer por hoy. Tendría que callar, mostrar una sumisión hipócrita. Hablar, protestar no es posible. Solo el hecho simple de haber aceptado la defensa de los compañeros del POUM, bastó para que se me llamase en los medios comunistas y a través de su prensa traidor y vendido a Franco.

Pero antes de alejarme de España he creído un deber darles estas explicaciones. No fue el menor motivo, en mis dudas sobre el retorno a Valencia, el afán de defender a los compañeros de ustedes, militantes del POUM, sometidos al más injusto y absurdo de los procesos.

Excuso decirles que pese a toda mi repugnancia, si tuviera no ya la seguridad, sino una mínima garantía de que mi gestión era eficaz, hubiera vuelto a España.

Este proceso me atraía como ninguno, porque la monstruosidad del mismo me hacia reaccionar en forma que encontraba un placer en intervenir en él como abogado. Y en ello, dado la envergadura de verdadero suceso internacional del mismo, mi nombre, conocido solamente en los medios españoles, iría ganando en probabilidades para el futuro.

Desgraciadamente he de confesarles que conociendo a fondo la situación, todo mi esfuerzo, es decir, todo lo que se me había de permitir, lo considero inútil y lleno de riesgos. Últimamente en la España antifascista, la policía, y al eco de ella la justicia, ha descubierto una donosa teoría, que jamás se imaginó ni en las épocas más despóticas de la monarquía. En el hecho de que un abogado se encargase de un asunto -¡oh valor de la elasticidad que se concede por policías y jueces al término legal de indicios racionales!-, se puede encontrar la presunción de su participación en el hecho sometido a procedimiento. Así ha sido explicada la detención y prisión de un abogado notable. La prensa comunista, en varios artículos, expresó claramente su criterio de que yo, por ser abogado de los del POUM, era tan traidor, tan espía y tan amigo de Franco como ellos. ¿Quieren decirme, en un ambiente tal, en un medio donde inventar calumnias, falsificar documentos acusatorios están a la orden del día, qué garantías tengo yo de no convertirme de abogado en acusado, sin posibilidades de defenderme contra la inmunidad que quieren lanzar sobre mi nombre?

Por otro lado, el Tribunal que ha de juzgar a los del POUM es similar, por su idiosincrasia, a todos los Tribunales de uno y otro lado, gubernamental o rebelde. Perdida toda realidad de independencia y toda noción de dignidad, ellos son hoy, como hace ya muchos años en España -salvados en el ayer y no en el presente contadísimas excepciones-, más que garantía del ciudadano contra el poder ejecutivo, una arma más de violencia disimulada, que éste tiene contra aquellos.

Juez y Fiscal -ello dio lugar a escritos lógicamente fuertes y agresivos míos, influidos por el ambiente- admitieron como piezas de cargo para procesar como espías a los compañeros de ustedes, las patrañas absurdas lanzadas por los estalinistas, cuentos para infantes e imbéciles, y citaron como base de tales cargos documentos a simple vista falsificados. Ustedes saben bien, y ello quedó patente en los escritos que presenté recurriendo de las resoluciones del juez, cuán claro expuse las añagazas comunistas y cómo hice realzar el ridículo en que incurrían jueces, fiscal y magistrados, aparentando tan grandes tragaderas mentales como eran precisas para engullir las patrañas acusatorias lanzadas por las pobres fantasías de los estalinistas españoles. Todo inútil. El Partido Comunista transigirá tal vez con todo menos con la posibilidad de que de ésta salgan libres y absueltos de los cargos de espías y traidores los camaradas del POUM. Esto no podrán hacerlo. Esto no podrán hacerlo los estalinianos españoles, fieles repetidores al dictado de Moscú.

No es todo doblez en el Tribunal de Espionaje de Valencia, nobleza obliga a confesar la verdad íntegra. Sus componentes están convencidos -algunos de ellos particularmente y en el seno de la confianza me lo dijeron- de que no hay en este asunto tales delitos de traición y espionaje. Sus conciencias sienten aún cierto pudor en cometer una definitiva injusticia con una sentencia condenatoria, injusticia mayor que la que supone el mantener a aquellos hombres bajo el peso de una falsa acusación. y jueces, fiscales y magistrados encuentran la solución a este problema de conciencia en el socorrido procedimiento de dar largas al asunto, con la íntima esperanza de que se solucione la situación, aunque sea por la llegada de Franco, antes de que hayan tenido que tomar una determinación definitiva.

Esta es la parte grotesca del drama que este proceso criminal supone. Así, un procedimiento que según la ley vigente debe durar cinco días, lleva ya varios meses de tramitación. Y he aquí el dilema para un abogado: o tomar parte en la comedia del alargamiento sin término del asunto o exponerse con sus apremios a una segura e injusta y gravísima sentencia para sus defendidos. Y ni esto ni aquello».

Ante estas acusaciones de un abogado que se ve imposibilitado materialmente de cumplir con su misión, sobran las palabras. Esta determinación de Benito Pabón entraña una extraordinaria gravedad, puesto que no se trata de un indocumentado cualquiera, sino de unos de los mejores abogados de España, hombre sobradamente conocido en los medios obreros, sobre todo en la CNT. El ejercicio de la defensa legal y jurídica ya no es posible en nuestro país. Lo dice a los cuatro vientos Benito Pabón y a estas horas lo sabrán todos los juristas del mundo. Jamás en la historia se ha dado caso igual. En la Alemania hitleriana, el abogado norteamericano David Lewison pudo defender con toda clase de garantías al comunista Dimitrov, durante el conocido proceso de Leipzig; idénticas facilidades encontró en la defensa de los lideres estalinistas Rakosi y Prestes, en Hungría y Brasil, respectivamente. En ningún país del mundo se puso jamás cortapisa alguna a las defensas; éstas contaron siempre con las máximas facilidades en sus gestiones preliminares y en su función ante el tribunal correspondiente. En España, durante los peores tiempos de la reacción monárquica, incluso durante el periodo de dictadura militar, fue respetado el libre ejercicio de la defensa jurídica Sin embargo, en la España actual, en la España republicana y democrática, un abogado español, antifascista conocido y con un alto puesto en el Tribunal Supremo, no puede ejercer sus funciones de defensor de unos procesados; se le escarnece, se le violenta y se le amenaza hasta obligarle a irse definitivamente al extranjero. Esta es la realidad que nadie podrá borrar.

Bien claro está lo que el estalinismo quiere hacer con nuestros camaradas. Hasta el presente se lo ha impedido la protesta airada y consciente del proletariado mundial, francamente solidario con nuestra organización. Pero el peligro subsiste. Ante esta situación, el POUM lanza un llamamiento solemne: Proletarios de todos los países, ¡Unios en torno a la revolución española! ¡Defenderla contra todos los que quieran estrangularla y estrangularnos!


ANEXO 1. ESCRITO DE CALIFICACIÓN DEL FISCAL DE LA REPÚBLICA EN EL PROCESO CONTRA EL POUM

«Al Tribunal Central Especial de Espionaje y Alta Traición:

EL FISCAL, evacuando el traslado que se le ha conferido, ha quedado instruido de la presente pieza del sumario número 1, letra O de 1937 del Juzgado Especial, rollo de sala número 23 del mismo año, y se muestra conforme con el auto de conclusión del sumario. Y antes de formular en este mismo escrito sus conclusiones provisionales, solicita:

1°. Que se dicte auto de sobreseimiento provisional del párrafo 1° del artículo 641 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal a favor de los procesados FRANCISCO GÓMEZ PALOMO, JOSÉ RODRÍGUEZ ARROYO, VÍCTOR BERDEJO JIMÉNEZ, FRANCISCO CLAVEL RUIZ, DOSITEO IGLESIAS DOCAMPO y PEDRO AGUILERA SARDÁ, que, por ser recluta no presentado y poseer sin licencia un arma corta de fuego, deberá ser puesto simultáneamente a disposición de la autoridad militar competente y del Tribunal Popular de Barcelona, remitiendo a tales hechos testimonios y literal de los folios 743 vuelto, 748 y 792 del sumario.

2°. Comoquiera que los folios 1.021 al 1.073 contienen la causa 78 del Juzgado de Instrucción de Gerona, rollo 392 de 1937 de su Audiencia, cuyos hechos no tienen relación alguna formal con la presente, deberán ser desglosados dichos folios y remitidos a su origen conjuntamente con los procesados SALVADOR VIZCARRI, JUAN RIBO, ALBERTO FARRA, FRANCISCO MILL y AGUSTÍ BAQUÉ.

3°. Solicita la apertura del juicio oral para los demás procesados, a cuyo
efecto formula las siguientes CONCLUSIONES PROVISIONALES:

Primera

A)Desde poco después del día 18 de julio de 1936, el partido titulado «Partido Obrero de Unificación Marxista» (POUM), inició, bajo la dirección de su Comité ejecutivo, una intensísima propaganda demagógica, en la que, a pretexto de disparidades doctrinales con todas las organizaciones políticas y obreras que desde el día referido se opusieron con las armas al Ejército sublevado, se atacaba duramente a dichas organizaciones, a la República y a su gobierno central, así como a los gobiernos autónomos de Cataluña y Euzkadi. Como norma directriz de su propaganda o enunciado programático propugnaba el POUM por la supresión de la República y de su gobierno democrático mediante la violencia y la constitución de una dictadura del proletariado, ejercitada por un gobierno de obreros y campesinos, el cual, como es lógico, tendría que recaer en manos de los afiliados del POUM.

A los fines de tal propaganda, a más del mitin y de las diversas emisoras de radiodifusión instaladas en Barcelona y en otros lugares, utilizaba el referido partido una copiosa prensa diaria y semanal que aparecía en Cataluña, Levante, Castilla, Aragón y otras regiones españolas, e incluso en los frentes como el de Aragón, donde el POUM tenía algunas de sus Milicias. Dicha prensa se inspiraba toda ella en el periódico La Batalla, órgano central del partido, editado en Barcelona, y cuyos editoriales y artículos doctrinales eran reproducidos por Juventud Comunista, órgano de la Juventud Comunista Ibérica y entre otros por los siguientes periódicos pertenecientes al partido: “El Combatiente Rojo”, “Guía”, “El Plà de Bagues”, “Avanti”, “Impuls”, “Alerta”, Front, POUM, Lluita, Camarada, Artillería Roja, Adelante, La Hispana “Revolución”, “Horizons Nous”, “Emancipación”, “Combat”, “L'Hora”, “Acció”, “El Comunista”, “Avanzada”, “Obreros y Soldados”, “La Torxia”, “L'Espurna”, “Socorro Rojo del POUM”, “Escola Socialista”, “Baix Panadés”, etc. Como se ve por sus títulos, dicha prensa iba redactada en castellano y en catalán; pero además poseía el POUM otros órganos en idioma extranjero, como “Bulletin Mededtlinger Van de POUM”, “The Spanish Revolution”, “Bolletino d'Informazione del POUM”, “Die Spaniche Revolution”, “Juillet” y otros. A toda esta copiosa redacción, impropia de la exigua masa de afiliados que tuvo siempre el POUM, se ha de agregar una enorme cantidad de pasquines, hojas volanderas y boletines de orden interior, parte de los cuales fueron ocupados en los locales del partido, y otros se deducen de la prensa poumista obrante en los autos o de la prensa no perteneciente al partido que se acompaña. Por todo ello se observa, pues, el enorme esfuerzo desarrollado por el POUM de disponer en cantidades desproporcionadas a su fuerza política de armas tan poderosas de difusión y de sugestión de masas, como son la radio emisora, la prensa y la organización de mítines, armas costosísimas de mantener y que el POUM derrochó en forma ascendente desde julio de 1936 a julio de 1937, con un presupuesto de gastos que forzosamente tenía que ser superior a los ingresos que podían proporcionarle sus afiliados.

Leyendo detenidamente en forma cronológica toda esa prensa, y muy en particular “La Batalla”, fuente oficial del POUM, se observa que la difusión “meramente doctrinal” de la tendencia político-social que el partido dice encarnar, se transforma en una agresión sistemática constante y decidida a todas las instituciones de la República, de los partidos republicanos al nacionalista y católico vasco, a los de contenido obrerista, a las sindicales CNT y UGT y a todos los obreros representativos y dirigentes de los mismos, desde su excelencia el presidente de la República a los componentes del último Comité local del Frente Popular. No se limitan los ataques del POUM al ámbito civil, sino que alcanzan, con violenta estridencia, al Ejército popular. Y si compulsamos las distintas etapas de nuestra guerra civil y de independencia, desde que se inició hasta julio de 1937, con los ataques del POUM a las instituciones de la República y organizaciones políticas y sociales que la sostienen, vemos que dichos ataques coinciden con los momentos en que más grave es la situación interior e internacional de España: en los momentos en que las vicisitudes de la guerra exigen del pueblo el máximo esfuerzo para oponerse al paso de los ejércitos italo-alemanes que invaden la patria, apoyados por el ejército espolique de los generales sublevados. No se detiene aquí el POUM en su agresión, sino que alcanza de modo soez e inaudito a los pueblos que en el ámbito internacional con más tesón defienden la causa de la República, y en el ámbito nacional tal auxilio material y moral nos han prestado que gracias a él el pueblo español puede defender su independencia. A seguida de la pérdida de Málaga, en febrero de 1937, aumenta la violencia de la campaña emprendida por el POUM y ésta llega a su grado álgido a fines de abril y principio de mayo del citado año, precisamente cuando los ejércitos invasores ocupan Euzkadi y el pueblo español se bate heroicamente en Asturias, Andalucía y Castilla, frente a un enemigo considerablemente más poderoso en armamento, en técnica y en hombres. Y cuando más angustiosa es la situación militar para la República, cuando mayor es la indiferencia internacional para ella, la provocación del POUM llega al punto final que se había propuesto: a producir las luctuosas jornadas del 3 al 7 de mayo de 1937 en Cataluña, que tuvieron también repercusiones en Valencia y Aragón. Las fechas inmediatamente anteriores a dichas jornadas, y especialmente la del 1 de mayo, La Batalla es en cada una de sus líneas una excitación al alzamiento contra los gobiernos de Valencia y de Cataluña, una provocación a las fuerzas de Orden público y al Ejército popular y una llamada al desorden y a la desmoralización de la población leal. Individuos afiliados al POUM y dirigidos por el Comité ejecutivo nacional de dicho partido inician el alzamiento disparando desde la Telefónica de Barcelona contra las fuerzas de la Guardia de Seguridad; levantan por las calles barricadas; asaltan los edificios públicos; se preparan a formar un gobierno que denominan de «obreros y campesinos»; arrastran con su demagogia a algunos sectores obreros que creyeron de buena fe que el alzamiento era para defender las conquistas sociales de la República; asesinan a numerosas personas pertenecientes a partidos y organizaciones del Frente Popular; ponen en peligro la vida y los bienes de los súbditos extranjeros: utilizan contra las fuerzas del Ejército popular, que acuden a contener el alzamiento, los fusiles, las ametralladoras, los cañones y los tanques y autos blindados que las Milicias del POUM fueron detrayendo del armamento que el gobierno central enviara para el frente de Aragón. Y mientras esto sucedía en Barcelona y en otras poblaciones de Cataluña -con repercusiones en Valencia, Gandía, Barbastro, etc.-, la «DIVISIÓN 29», formada en su inmensa mayoría por afiliados o simpatizantes del POUM, mandada por uno de los dirigentes del partido, el procesado Rovira, y cuyo cuadro de oficiales estaba integrado también por individuos del mismo partido, abandonó las posiciones que ocupaba ante el enemigo en el frente de Aragón y marchó sobre Barbastro, Binéfar, Lérida y otras localidades, donde los milicianos poumistas, en unión de otros incontrolados que también abandonaron el frente, cometieron toda clase de desmanes y llevaron el terror hasta los campesinos de dicha comarca durante los días 5, 6 y 7 siguientes del referido mes de mayo; y esto hasta que el gobierno de la República hubo de mandar fuerzas de otros frentes para ocupar la brecha abierta por el abandono de la División 29 y para reducir a los batallones de la misma. En coordinación con estos hechos, en Barcelona y en el cuartel Lenin, residencia de la 135 Brigada Mixta, formada por el POUM, las fuerzas de la misma se unieron el día 4 de mayo a los grupos sublevados en la calle. Todo ello repercutió notablemente en la situación militar de la República y en favor de las armas enemigas, y puso a Cataluña y al resto de España leal al borde de una intervención directa de las potencias europeas, especialmente Italia, cuya intervención hubiera dado fin al mandato del gobierno republicano para sustituirle por el de los generales rebeldes, pues, como decía la prensa internacional- «el generalísimo Franco es el único que puede en España formar un gobierno de orden que sea garantía de paz en Europa». Todo ello enaltecía el prestigio de los rebeldes en el extranjero, deprimía acusadamente el del gobierno de la República y ayudaba eficacísimamente a la propaganda internacional contra el pueblo español, que era representado como incapaz de gobernarse por sí mismo.

Al poco tiempo de lo relatado se descubrió en Madrid una organización fascista de espionaje, capitaneada al parecer por el arquitecto Javier Fernández Golfín, a quien se le intervino un plano de Madrid, milimetrado, que había de ser remitido al campo faccioso, y al dorso del cual, en tinta simpática se halló escrito, con clave descifrada por el Estado Mayor, y entre otras cosas, lo siguiente: «Su orden sobre la infiltración de nuestros hombres en las filas extremistas anarquistas y del POUM se lleva a cabo con éxito... En cumplimiento de su orden fui yo mismo a Barcelona para entrevistarme con el miembro activo del POUM N. Le comuniqué todas sus indicaciones. La falta de comunicación entre usted y él se complica por la avería que sufrió la emisora, la cual comenzó a funcionar de nuevo estando yo todavía allí. Seguramente habrá recibido usted la contestación referente al problema fundamental. “N” ruega encarecidamente de usted y de los amigos extranjeros que sea yo única y exclusivamente la persona señalada para comunicarme con él. Él me ha prometido enviar a Madrid nueva gente para activar los trabajos del POUM. Con estos esfuerzos el POUM llegará a ser, a la altura que en Barcelona, un firme y eficaz apoyo de nuestro movimiento».

Este documento hubo de ser escrito entre el 24 al 28 de abril de 1937. Si unimos este importante documento a los que obran en autos y los que emanan de otros procesos seguidos por espionaje y alta traición, especialmente el sumario 14 de 1938 del Juzgado especial número 2, afecto al Tribunal central, se llega a la conclusión de que el POUM, como entidad social dirigida por su Comité ejecutivo, estaba en íntimo contacto con las organizaciones fascistas de la España rebelde, a las cuales servía, y asimismo en relación directa con las organizaciones internacionales conocidas con el nominativo genérico de «trotsquistas», y cuya actuación en determinada potencia amiga de la República española puso de relieve que se hallan al servicio del fascismo europeo y asiático. Y es al llegar hasta aquí con las pruebas documentales anteriores a la incoación del sumario, con las aportadas durante la tramitación misma y con las que han ido apareciendo hasta el momento de redactar estas conclusiones, cuando se dibuja claramente toda la línea de conducta seguida por el POUM desde que se produjo el alzamiento militar hasta la fecha: un partido que al amparo de un izquierdismo estridente y de una pretendida doctrina revolucionaria, estaba, por medio de su Comité ejecutivo, al servicio de los generales traidores y de las naciones totalitarias que invaden nuestra patria. Necesario es decir que la masa obrera aliada al POUM no ha sido más que un instrumento ciego de sus dirigentes, hasta el momento en que, producido el fallido putsch de mayo de 1937, la inmensa mayoría se dio cuenta del precipicio a que el POUM conducía a la República. Con todos estos antecedentes y con hojear simplemente la colección de La Batalla y de los otros órganos periodísticos citados, podemos ya fijar de un modo claro y terminante las actividades del POUM contra el pueblo español, y que se caracterizan:

1°. Por los ataques constantes y sistemáticos contra el Parlamento de la República y el de Cataluña, la supresión de los cuales se preconiza incluso mediante la violencia.

2°. Por la campaña más desenfrenada que conocen el periodismo y la política española contra el Frente Popular, sustentador éste de nuestra democracia, y al que el POUM achaca todos los males imaginables.

3°. Por la constante difamación de los hombres que van integrando los distintos gobiernos de España y Cataluña, cuya sustitución pide violentamente el POUM, a fin de formar él otros de «obreros y campesinos», asaltando «el Poder».

4°. Por la enconada diatriba contra los partidos que forman el Frente Popular: Izquierda Republicana, Unión Republicana, Esquerra de Cataluña, Nacionalistas y Católicos Vascos, Partido Socialista Obrero Español, Partido Comunista, Partido Socialista Unificado de Cataluña y Juventud Socialista Unificada.

5°. Por el afán constante de enemistar a las dos grandes Centrales sindicales
obreras, CNT y UGT, fomentando entre los sindicatos cualquier mínimo motivo de discordia.

6°. Por la identidad de criterio con el fascismo nacional e internacional respecto a la interpretación dada a la ayuda que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas ha venido prestando en bienes morales y materiales a la República, a la difamación sistemática contra los dirigentes políticos rusos, y a la injuria y a las calumnias propaladas contra la justicia, el Ejército y la Administración soviética.

7°. Por la intensa propaganda contra nuestro Ejército Popular, su mando único, su oficialidad y su Comisariado, a los que se atribuyen todos los naturales descalabros que en guerra tan violenta como la que sostenemos forzosamente se tienen que producir; por la insistente petición de que se suprima tal Ejército popular y se le sustituya por otro «revolucionario», con interpretación sui géneris del POUM, y por la excitación a favor de que los movilizados no se incorporen ni obedezcan al gobierno.

8°. Por facilitar en la zona leal la propaganda facciosa publicando los pasquines y proclamas arrojados por los rebeldes sobre el campo republicano (v. gr.: el número del 5 de diciembre de 1936 de La Batalla).

9°. Por el derrotismo sistemático que con noticias falsas respecto a medidas de gobierno, de orden económico, de abastecimiento, etc., se ha realizado, así como en el enjuiciamiento de las operaciones militares.

10º. Por la íntima relación que se advierte en la intensa campaña que contra la República ha venido haciendo el POUM con aquella que los fascistas han hecho y hacen, y asimismo con la que amparan los periódicos extranjeros hostiles a nuestra causa.

11°. Por la concomitancia que se observa entre las actividades de algunas organizaciones fascistas de espionaje y el POUM, genéricamente considerado; y

12°. Finalmente, con el monstruoso alzamiento de mayo de 1937 en Cataluña y Aragón, y cuya referencia más arriba se dice.

B) Idénticas actividades de orden colectivo deben atribuírsele a la Juventud Comunista Ibérica, por cuanto el Comité central ampliado del POUM resolvió el 23 de diciembre de 1936:

1° La Juventud Comunista Ibérica es la organización juvenil del POUM. [...] 4° La Juventud Comunista Ibérica depende política y orgánicamente del partido. Los Comités del partido nombrarán delegados en los Comités de la Juventud. [...] 9° Entre el partido y la Juventud existirá una relación constante a través de los Comités y las Comisiones de Trabajo». De donde se advierte que lo mismo el partido como su Juventud actuaban de consuno, con unidad de acción y de propósito, en los hechos hasta ahora relatados.

C) En el ámbito de la actuación individual de los procesados hemos de colocar en primer término a ANDRÉS NIN PÉREZ, que ejercía cargo de secretario político del Comité ejecutivo del POUM. Este procesado fue detenido en Barcelona el 16 de junio de 1937, con motivo de haber sido descubierto por la policía de Madrid el plano milimetrado al que más arriba se hace referencia, y que dio origen a que se incoara el presente proceso. Sin que pueda afirmarse, desde el punto de vista de la individualización de la imputabilidad, que Andrés Nin sea precisamente el dirigente citado en el texto dorsal cifrado en el plano, si se puede sentar la afirmación de que hay una relación estrecha entre la frase «con estos refuerzos el POUM llegará a ser, a la altura que en Barcelona, un firme y eficaz apoyo de nuestro movimiento», y la campaña de agresión seguida por el Comité ejecutivo contra el gobierno de la República, y que culmina en el levantamiento de mayo de 1937. Relación estrecha que aumenta al hojear la documentación del sumario número 14 de 1938 del Juzgado especial número 2, entre la cual, a más de los esquemas de un lanzabombas especial de nuestro Ejército, facilitados a una organización de espionaje fascista por el POUM, se hallan comunicados y cartas en los que se pone en evidencia que dicho partido «iba a producir una sublevación» y además tenia que «eliminar» a un ministro del gobierno central y a prestigiosos jefes del Ejército popular, todo ello corroborado por declaraciones de los encartados, no ya ante el departamento especial de información de Estado, sino ante la presencia judicial. Abona además esta relación la actividad de Andrés Nin en la prensa y en el mitin, así como la parte activísima que como miembro del Comité ejecutivo y secretario político del mismo hubo de tomar en el alzamiento de mayo de 1937, cuya provocación y dirección procede se le impute, así como a sus demás compañeros de proceso que más abajo se irán citando. Asimismo se le debe imputar la actuación directa y personal algunas veces, otras la sugerencia y otras el mandato, de todos los hechos que se han relatado en el apartado A) que antecede, y cuyo relato aquí ocuparía un espacio innecesario, ya que se habrían de copiar los escritos, las conferencias y los discursos que en La Batalla se insertan (por ejemplo: los números correspondientes al 27 de octubre de 1936, 11, 13, 17 y 29 de diciembre del mismo año; 4 de marzo de 1937, 1 de mayo de 1937, etc.), así como en otras publicaciones. Detenido Andrés Nin, como queda dicho, el 16 de junio de 1937, fue trasladado a una prisión de Madrid y de ella a un hotel habilitado para prisión situado en Alcalá de Henares, de donde el día 22 de junio de 1937, a las veintiuna horas y treinta minutos, logró evadirse mediante el apoyo exterior de un grupo de individuos uniformados, que redujeron la guardia del hotel y con los que se marchó Andrés Nin, quien por no haber sido habido, a pesar de las pesquisas policiacas, fue procesado en rebeldía.

También pertenecientes al Comité ejecutivo con unidad de acción y de propósito y misma finalidad delictiva, los procesados ENRIQUE ADROHER PASCUAL (“Gironella”), secretario de Propaganda; JUAN ANDRADE RODRÍGUEZ, PEDRO BONET CUITO, JULIÁN GÓMEZ GARCÍA (“Gorkin”), director de “La Batalla”, y JORGE ARQUER SALTÓ, éste en rebeldía, cooperaron directamente con Andrés Nin en todos los hechos a éste atribuidos anteriormente, por cuanto toda la labor de dirección solamente podría realizarse de un modo colectivo por los componentes del Comité ejecutivo, que es el que firma las proclamas subversivas, las consignas contrarias a los gobiernos de Cataluña y de España, al Frente Popular, al Parlamento y al Ejército popular; es el que prepara y ejecuta el alzamiento de mayo de 1937; el que tiene las concomitancias ya referidas con organizaciones fascistas; el que utiliza las claves secretas, las emisiones de radio; el que ordena y dispone la salida de España de gran cantidad de oro y de obras de arte mal adquiridas y peormente enajenadas; el que tiene relación con la pléyade de aventureros extranjeros que bajo el disfraz de «soldados internacionales» se acogen a las filas del POUM y que la policía ha tenido que ir expulsando del territorio nacional por la vehemente sospecha a veces y otras seguridad de que eran agentes de la Gestapo y de la Ovra, especialmente de aquélla, que tan admirablemente había montado el nacionalsocialismo en Cataluña bajo la dirección del cónsul general de Alemania, Otto Koecher, y el jefe de la Sección española del NSDAP, Juan Hellemnan, y el del frente de trabajo alemán en España, Antón Leister, que el 8 de junio de 1936 colocaron la primera piedra de «La Casa de Alemania», de Barcelona. Es el Comité ejecutivo, por la actuación personal de sus miembros, el que ordena a la 29 División abandonar sus posiciones de Huesca para sumarse al levantamiento de mayo; el que después de dicho levantamiento, que resultó fallido, convoca el Comité ampliado, en cuya reunión del 11 de dicho mes de mayo logra que dicho Comité ampliado apruebe la actuación del Comité ejecutivo de toda la labor preparatoria y rectora del alzamiento, pretendiendo así diluir en una multitud de individuos la responsabilidad de todos, únicamente imputable a los procesados que se han mencionado y al también procesado en rebeldía José Rovira Canales, el ya citado jefe de la 29 División, miembro del Comité central del Partido, cuyos actos ya se han relatado y quien en dicha reunión expuso detenidamente cómo ejecutó el abandono de las posiciones de Huesca y ocupó con sus fuerzas Barbastro y marchó sobre Binéfar y Lérida.

Y como actuación pública de todos los procesados hasta ahora mentados basta ver sus escritos y sus palabras en la tantas veces citada colección de La Batalla y otras publicaciones que obran en autos, incluso el procesado Rovira, cuyas manifestaciones en el mitin del Olympia, de Barcelona, el 28 de diciembre de 1936, e interviú de 7 de marzo de 1937, suscribe y afirma en un todo la línea directriz de la conducta delictiva del Comité ejecutivo.

D) En segundo plano se hallan los procesados DANIEL REBULL CABRÉ («David Rey»), del Comité central del Partido, y JOSÉ ESCUDER POYES, jefe de redacción y confección de La Batalla. El primero, cooperando simultáneamente a los actos realizados por los miembros del Comité ejecutivo, hubo de marchar en noviembre de 1936 a Méjico para hacer propaganda a favor del POUM y obtener medios económicos para el partido, y al regresar a España en febrero de 1937 auxilió a los procesados citados en los anteriores apartados en la ejecución de los actos a ellos atribuidos. El segundo, como jefe de redacción, compuso editoriales, dirigió la confección de toda la propaganda disolvente aparecida en La Batalla y coadyuvó, por tanto, eficazmente a los hechos criminosos que con carácter de excitación y de derrotismo se hicieron por medio de la Prensa.

Segunda

Los hechos relatados anteriormente constituyen un delito de traición definido en el último inciso del número 6° del artículo 223 del Código de Justicia Militar y penado en el párrafo 1° del mismo artículo, relacionado con los números 2°, 3° y 4° del artículo 1° del decreto de 13 de febrero de 1937, y, con eso, con los delitos contra la seguridad de la patria que tipifican y sancionan el número 5° del artículo 228 y el párrafo 1° del artículo 230 del citado Código, modificados por la ley del 26 de junio de 1935.

Asimismo dichos hechos referidos constituyen un estado de asociación ilícita del artículo 185 del Código penal ordinario, en relación con el artículo 15 de la ley de 30 de junio de 1887, en cuyo estado se hallan inclusos el Partido Obrero de Unificación Marxista y la Juventud Comunista Ibérica.

Tercera

Son responsables de los referidos delitos en calidad de autores, a virtud de lo dispuesto en los números 1° y 2° del artículo 14 del Código penal ordinario, los procesados ANDRÉS NIN PÉREZ, ENRIQUE ADROHER PASCUAL, JUAN ANDRADE RODRÍGUEZ, PEDRO BONET CUITO, JULIÁN GÓMEZ GARCÍA, JORGE ARQUER SALTÓ y JOSÉ ROVlRA CANALES; y responsables en calidad de cómplices, según el articulo 16 del mismo Código, los procesados DANIEL REBULL CABRÉ y JOSÉ ESCUDER POVES.

Cuarta

Concurren cada uno de los procesados en la circunstancia especifica del articulo 173 del Código castrense, en relación con el párrafo 1° del articulo 2° del decreto del 13 de febrero de 1937.

Quinta

Esta representación, siguiendo la norma consuetudinaria establecida por el Tribunal, se reserva el derecho de solicitar la pena que estime justa después del resultado de la prueba que se efectúe en el acto del juicio. Pero si solicita, desde luego, se decrete la disolución del Partido Obrero de Unificación Marxista, así como la de su filial la Juventud Comunista Ibérica, dando a los bienes de ambas Asociaciones el destino legal.

Sexta

Habida cuenta de que se dividiría notablemente la continencia de la causa y la objetividad del proceso si se prescindiera de enjuiciar conjuntamente con los presentes a los procesados rebeldes JORGE ARQUER, ANDRÉS NIN y JOSÉ ROVIRA, deberá el Tribunal dar cumplimiento a lo dispuesto en el artículo 115 del decreto de 7 de mayo de 1937. y en su consecuencia, una vez instruidas las defensas del sumario, dándoles así las máximas facilidades que ofrece el procedimiento ordinario, y una vez evacuado el trámite de calificación con ellas y antes del señalamiento del juicio oral, se solicite la previa autorización que la ley fija.


PRIMER OTROSÍ DICE:

Para el acto de juicio oral, esta representación se valdrá de la siguiente prueba, cuya aceptación solicita del Tribunal:

a) Examen de los procesados.

b) Testifical, a cuyo efecto serán citados de oficio los siguientes testigos
sumariales:
 Manuel Aguirre Cepeda, folio 786.
 Ramón Arteu Vidal, folio 980.
 Pedro de Buen y López de Heredia, 806.
 José Maria Rabasa Reimán, 714.
 Juan Ferrer Juliá, 716.
 Emil Benvuart, 491.
 Fernando Valentín Fernández, 443-290.
 Julián Zugazagoitia Mendieta, 61.
 César Falcón y Garfias, 106.
 Jacinto Rosell Colón, 448.
 Juan Bautista Carmona Delgado, 140 vuelto.
 Santiago González Fernández, 141 vuelto.
 J. Uceda, 141 vuelto.
 Manuel Simón, 141 vuelto.
 Más todos aquellos testigos que sucesivamente se irán indicando por esta representación y los que aportará en el momento del juicio oral.

c) Documental. Por lectura de los siguientes folios del sumario: 1, 2, 3, 14, 15, 53, 65, 76 a 91, 92, 93, 94, 95 al 104, 138 al 142, 148, 153, 166, 180, 181, 182, 196, 197, 198, 240, 244, 245, 246 al 249, 312, 320, 321, 366, 367,369, 376 al 381,419 Al 422, 477, 501, 514, 530, 534, 539, 575, 576, 577 al 651, 659 vuelto al 704, 706, 707, 710, 712, 713, 762, 786, 800, 805, 807, 812, 819 al 837, 838, 839 al 843, 844 al 851, 852 al 857, 858 al 864 al 868, 889, 910, 915, 921, 922 y 923, 924 y 926, 944, 946 al 948, 981 al 986 y el 1013.

Más todos los documentos que obran en la carpeta adjunta, recogidos en los registros realizados, así como aquellos que se hallen en la maleta y en el saco de autos.

Más las colecciones del periódico “La Batalla” en el mes de julio de 1936 a junio de 1937 y demás periódicos citados en la primera conclusión, que deberán ser pedidos por el Tribunal a la Consejería de Gobernación de la Generalidad de Cataluña y a la Dirección general de Seguridad, para que por ambas entidades se ordene la incautación oportuna; sin perjuicio de que por el propio representante del Ministerio público se aporten al juicio los ejemplares que estime pertinentes.

Más los siguientes, que deberán solicitar del Tribunal: primer informe del Estado Mayor del Ejército del Este respecto a la coacción de la 29 División en los primeros días de mayo de 1937, así como los motivos y fecha de su disolución; idéntico informe de la Subsecretaria del Ejército de tierra. Segundo informe del 21 de mayo de 1937 que emitió la Asesoría jurídica del frente de Aragón respecto a los sucesos del mismo mes, y anexos posteriores a dicho informe. Tercer informe de la Comisaría de Orden público de Barcelona acerca de la actuación del POUM en los sucesos de mayo de 1937, relación de los mismos, su origen y causas y número de víctimas que hubo.

Más aquellos que esta representación pueda solicitar ínterin se señale fecha para el juicio oral y los que en el acto del mismo pueda aportar.

d) Pericial caligráfica. Los extremos a que se contraerá esta prueba se indicarán en el acto del juicio, y para su práctica deberán ser citados de oficio los peritos calígrafos que normalmente han venido compareciendo en calidad de tales y en distintos procesos, ante este Tribunal.

e) La que se ponga de contrario.

SEGUNDO OTROSÍ DICE:

Con el fin de que lo mismo las defensas que esta representación puedan tener preparada la prueba que hayan de utilizar en el acto del juicio oral, y especialmente la testifical, que necesita de citación oficial, solicita que se
modifique el comienzo de la vista con quince días de anticipación, por lo menos, a aquel que se fije por el Tribunal a tal efecto, y todo ello en méritos de la gran elasticidad que merece este proceso desde el punto de vista del procedimiento, a fin de desvirtuar infundios, con relación a las garantías
de las defensas, propalados en el extranjero.

Barcelona, 11 de junio de 1938»


ANEXO 2. SENTENCIA Nº 54 CONTRA EL POUM 

«Tribunal:

Presidente, don Eduardo Iglesias Portal. Magistrados, don Manuel Hernando Solana, don Ernesto Beltrán Díaz, don Julián Calvo Blanco y don Juan Manuel Mediano Flores.

En la Ciudad de Barcelona, a veintinueve de octubre de mil novecientos treinta y ocho.

VISTA en juicio oral y público la causa procedente del Juzgado Especial designado por el Tribunal Supremo para esclarecer hechos y exigir responsabilidades a elementos del POUM, sumario número uno, rollo número veintitrés de mil novecientos treinta y siete, instruida por delito de espionaje contra los procesados JUAN ANDRADE RODRÍGUEZ, de treinta y cuatro años de edad, casado, periodista, hijo de Adolfo y de Vicenta, natural de Madrid y vecino de Barcelona; JOSÉ ESCUDER POVES, de treinta y cuatro años de edad, casado, periodista, hijo de José y de Pilar, natural y vecino de Barcelona; JULIÁN GÓMEZ GARCÍA, de treinta y seis años de edad, casado, hijo de Pascual y de Consuelo, natural de Benifairó de les Valls y vecino de Barcelona; ENRIQUE ADROHER PASCUAL, de veintinueve años de edad, casado, maestro nacional, natural de Gerona y vecino de Barcelona, hijo de Enrique y de Narcisa; PEDRO BONET CUITO, de treinta y seis años de edad, casado, tipógrafo, hijo de Pablo y de Teresa, natural de Lérida y vecino de Barcelona; DANIEL REBULL CABRÉ, de cuarenta y ocho años de edad, casado, mecánico, hijo de Fidel y de Dolores, natural de Tibisa (Tarragona) y vecino de Barcelona, y JORGE ARQUER SALTÓ, de treinta y un años de edad, casado, dependiente de comercio, hijo de Jaime y de Josefa, natural y vecino de Barcelona: todos ellos en prisión por esta causa y defendidos por el Letrado Don Vicente Rodríguez Revilla; siendo parte acusadora el Ministerio Fiscal, representado por el Abogado Fiscal del Tribunal Supremo, Excmo. Sr. Don José Gomis Soler, y Ponente el Magistrado Iltmo. Sr. Don Ernesto Beltrán Díaz.

PRIMERO RESULTANDO: En el mes de julio de mil novecientos treinta y seis surgió en España una sublevación militar que tenía por objeto anular el régimen democrático del Estado para instaurar otro de carácter autoritario, disolver los partidos y organizaciones de ideario progresivo y hacer desaparecer las mejoras económicas conseguidas por la clase obrera a través de la política social desarrollada por los gobiernos republicanos. Inmediatamente de tener conocimiento de tal suceso, los partidos políticos republicanos, las organizaciones obreras y las masas populares, que sin estar implicadas en idearios definidos llevaban en sus sentimientos la tradición liberal del pueblo español, se unieron de modo espontáneo para oponerse al acto de fuerza de los organismos armados y defender las instituciones de la República, defensa que se hizo en un principio a través de la concepción que cada agrupación ciudadana tenía sobre la organización social y la constitución del Estado. Esta actuación
inconexa de los diversos grupos que constituían la unión defensiva del contenido democrático en la lucha contra los sublevados y de impregnación en la vida nacional de los principios propios de cada uno de ellos, creara dificultades al gobierno, que era regulador de las más diversas aspiraciones, y entorpeciera la defensa y la ordenación de la vida pública, en términos que podían poner en peligro el triunfo del poder legitimo sobre el faccioso instaurado por los sublevados. Dándose cuenta de este peligro, los partidos políticos y las agrupaciones obreras buscaron sus puntos de coincidencia y separaron cuanto pudiera dividirles en la lucha emprendida y resolvieron prescindir de la efectividad de sus propias aspiraciones ideológicas para fortalecer al gobierno legítimo, bien mediante su colaboración en el seno del mismo, bien por el apoyo que desde fuera de él pudieran prestarle; de tal forma, casi desde los primeros momentos de iniciarse la sublevación militar, se llegó a definir en la conciencia de cuantos contra ella luchaban que el deber de todos los españoles liberales era el mantenimiento de las instituciones legítimas, la solución de los problemas públicos dentro del marco constitucional y la defensa de la República democrática como denominador común de todas las tendencias progresivas, símbolo de convivencia de los españoles y estado político que permite un desarrollo pacífico de todos los idearios. El Partido Obrero de Unificación Marxista, agrupación política legalmente constituida, que aspira a la instauración de un régimen de economía socialista y de dictadura proletaria en sus comienzos, mediante el desarrollo de las teorías revolucionarias que le son propias y que le mantienen alejado de las diversas uniones internacionales, fue uno de los que, desde los primeros instantes de la sublevación, luchó contra los rebeldes al lado de los demás elementos antifascistas. Mas dicho partido, que estaba dirigido y orientado por su Comité ejecutivo, del que formaban parte los procesados en esta causa Julián Gómez García, Jorge Arquer Saltó, Juan Andrade Rodríguez, Enrique Adroher Pascual y Pedro Bonet Cuito, mostróse en todo momento poco dispuesto al renunciamiento inmediato de sus aspiraciones específicas en beneficio de la defensa de la República tal como está constituida. Lejos de ello, como vieran que la política de los gobiernos republicanos, apoyados tanto por los demás partidos políticos como por las agrupaciones obreras, seguían fielmente el cumplimiento de los preceptos constitucionales en que tuvieron su origen y procuraban encajar toda la vida nacional dentro de las leyes republicanas, sin perjuicio del respeto a la organización política, social y económica que la Nación pudiese darse de modo democrático cuando, una vez terminada la sublevación, fuera consultada su voluntad, dichos acusados, como miembros directivos del Partido Obrero de Unificación Marxista, persistieron en su línea revolucionaria, encaminada a la implantación más inmediata posible de la ideología que le es propia, sin considerar los perjuicios que en aquellos momentos podía ocasionar su actuación a los supremos intereses de defensa del Régimen como representante de las aspiraciones inmediatas de los demás sectores de la vida nacional. A tales fines, los procesados referidos, determinaron sustancialmente las siguientes actividades del Partido Obrero de Unificación Marxista, por lo que al interés de este proceso respecta:

a) Lucha en los frentes de batalla, principalmente en el de Aragón, contra las fuerzas armadas de los sublevados y contra los ejércitos de invasión, para lo cual organizaron en un principio unidades de milicias armadas, adquirieron en España y fuera de ella, o trataron de adquirir, material bélico y admitieron la colaboración de elementos extranjeros cuya lealtad y sinceridad antifascista no siempre fue debidamente comprobada. Pretendieron conservar siempre el mando de tales unidades militarizadas y extender su influencia de partido sobre cuantas otras les fuera posible, con el propósito de tener un apoyo sólido para la conquista del poder político, en caso de que se presentaran las condiciones objetivas necesarias, que ellos mismos procuraban crear, para sustituir al gobierno legítimo por otro netamente obrero y campesino dispuesto a instaurar revolucionariamente las doctrinas que le son propias y por ello se opusieron teóricamente en el periódico de su partido La Batalla a la constitución del Ejército Regular tal como el gobierno lo entendía y a la disolución de las Milicias.

b) Oposición violenta al gobierno legítimo y crítica acerba de las disposiciones adoptadas por el mismo, así como de las instituciones de la República y de los partidos y organizaciones que le apoyan, como medio de debilitar el régimen actual y crear las condiciones externas precisas para tomar el Poder, lo que harían primeramente en Cataluña y a ser posible en el resto de la España leal, e instaurar de tal forma un régimen comunista organizado con arreglo a sus postulados de partido. En tal sentido, comenta y destaca en términos desproporcionados por medio de La Batalla y de otras formas de difusión, los reveses militares que ha sufrido el Ejército leal, achacándolo no a las contingencias de la lucha y a la situación de armamento, sino a traiciones hacia el interés popular por parte del gobierno, al que llegó a llamar «gobierno de la derrota», sin tener en cuenta la desmoralización que ello podía producir en la retaguardia. Afirman falsamente en el mismo periódico La Batalla que el gobierno de la República está a las órdenes del de Moscú y que persigue a los que no quieren someterse a las órdenes de este último; sigue una tenaz campaña contra el Frente Popular, que está constituido por partidos políticos que apoyan al gobierno, y contra el gobierno de la Generalidad; acusa al gobierno central de sabotear los frentes del Este y pretende desprestigiar a sus miembros ante la clase trabajadora; combate el funcionamiento del Parlamento y tiene frases despectivas para el de Cataluña, al que llama “caricatura ridícula de la degeneración parlamentaría”. La campaña es de inusitada violencia y se manifiesta de manera continuada a través de la prensa que edita el Partido Obrero de Unificación Marxista y su organización filial la Juventud Comunista Ibérica, y también por medio de manifiestos y de hojas sueltas, para lo que aprovecha la circunstancia de que en Cataluña solo existía censura respecto de las informaciones militares. Con esta labor, los procesados antes mencionados contribuyeron a sostener un estado de agitación y rebeldía en parte de la clase trabajadora, quebrantando la disciplina colectiva que tan necesaria era en los graves momentos por que atravesaba la República, pusieron en peligro el prestigio de ésta ante la opinión internacional, de cuyas reacciones favorables a la causa del pueblo precisaba el gobierno, y favorecieron en este sentido, indirectamente y aun cuando ello no fuese su propósito, los designios de los rebeldes.

c) Paralelamente a esta labor de debilitamiento del gobierno, el Partido Obrero de Unificación Marxista trató de organizarse militarmente en la retaguardia, según acuerdos adoptados por el Comité ejecutivo militar de dicho partido, los que eran conocidos por el Comité ejecutivo del mismo, y para ello, bajo la consigna de “luchamos por un orden revolucionario”, iniciaron su labor preparatoria del golpe de Estado; acordaron la adquisición, fabricación y requisa de armamento y municiones para su defensa y ataque en la retaguardia y la intervención militar en el Valle de Arán y en otros sitios del Pirineo, así como relacionarse por medio de claves y estudiar la necesidad de un plan para desarrollar plenamente sus actividades militares desde el momento en que el Partido de Unificación Marxista tomara el poder.

Toda esta labor era realizada por el partido expresado bajo la inspiración e intervención de los acusados Julián Gómez García, Jorge Arquer Saltó, Juan Andrade Rodríguez, Enrique Adroher Pascual y Pedro Bonet Cuito, y estaban directamente encaminados a prepararse para la conquista del poder político y la implantación de las doctrinas propias de aquel, lo que pensaron llevar a cabo pacíficamente, cosa que no consideraban muy posible por la fortaleza de que daba pruebas el gobierno democrático, bien por medios violentos, tan pronto surgieran las condiciones externas que lo posibilitaran.

Se encontraban los procesados de que queda hecha mención ocupados en el desarrollo de tales actividades cuando el día tres de mayo de mil novecientos treinta y siete tuvo lugar en Barcelona una colisión entre grupos de obreros y la fuerza pública. Los servicios que la Compañía Telefónica Nacional de España tiene instalados en dicha ciudad estaban intervenidos por organizaciones sindicales de sus obreros; y el gobierno de la Generalidad de Cataluña, por motivos que no constan, resolvió incautarse de aquellos servicios e intervenirlos directamente, para lo cual dio orden a las fuerzas armadas que tenía a su servicio de ocupar el edificio de la Telefónica. Un grupo de obreros que se encontraba en el interior del edificio se opuso violentamente a la ocupación ordenada por el gobierno autónomo y esto fue la causa de la colisión que queda expresada. Algunas agrupaciones obreras de Barcelona, que no aparecen
concretadas en este procedimiento, secundaron la actitud de sus compañeros de la Telefónica para impedir se llevara a efecto lo acordado por la Generalidad de Cataluña y por consecuencia se extendió por toda la ciudad la lucha entre grupos de obreros y la fuerza pública y se produjeron víctimas por una y otra parte en número que no ha sido precisado. El Comité ejecutivo del POUM, en el que seguían figurando los procesados Julián Gómez García, Juan Andrade Rodríguez, Enrique Adroher Pascual y Pedro Bonet Cuito, así como Jorge Arquer Saltó, si bien éste se hallaba fuera de Barcelona y por consiguiente no tomó parte en los hechos que luego se dirán, acordó que el Partido se sumara al movimiento rebelde, mas habiéndose encontrado con que los elementos dirigentes de los demás partidos y organizaciones desaprobaban la actitud hostil de los grupos obreros dichos, por considerarla peligrosa para la República y capaz de favorecer los propósitos de los militares que se alzaron en armas contra el régimen legítimo, creyeron la ocasión oportuna para dar un contenido y finalidad concretos a los actos violentos y espontáneos de las masas obreras y trataron de aprovecharlo para poner en ejecución sus propósitos de adueñarse del poder, primeramente en Cataluña, la que quedaría sustraída a la autoridad del gobierno de la República, y de ser posible luego en toda la España leal, y para instaurar el régimen social, económico y político que propugnan. A este fin procuraron constituir la dualidad de poderes mediante la formación de “Comités de Defensa de la Revolución” y ordenaron a las agrupaciones de otras localidades, en la medida que les fue posible por la dificultad de comunicación, el desarme de la fuerza pública y de los partidos republicanos y obreros que apoyan al gobierno, control del orden público y de las carreteras, socialización de la economía y otras determinaciones tendentes a los fines que se proponían. Como no obstante vieran que los elementos de mayor responsabilidad de las organizaciones obreras ordenaban a los afiliados que depusieran su actitud, que el gobierno central enviaba fuerzas para reprimir el movimiento y que éste no podía ya tener el alcance que ellos querían imprimirle, cambiaron de proceder y comenzaron a aconsejar el día seis de aquel mes la retirada de la lucha y la retención de las armas por quienes las estaban utilizando contra la fuerza pública, sin que aquella terminase por intimidaciones que al efecto hubiese hecho la autoridad.

Si bien el procesado Jorge Arquer Saltó no tomó parte en la realización de los sucesos ocurridos en los primeros días del mes de mayo en Barcelona, siguió idéntica conducta que sus compañeros del Comité ejecutivo del POUM, para preparar y aprovechar todo movimiento que pudiera servir para desarrollar el programa revolucionario del Partido.

El procesado Daniel Rebull Cabré no pertenecía al Comité ejecutivo, sino al Comité central del partido expresado y no consta si tomó parte o no en los hechos que quedan relatados.

De lo actuado no se desprende como probado que los acusados facilitaran a los elementos facciosos noticias de ninguna clase referentes a la situación de los frentes de batalla u organización de la retaguardia, que hayan mantenido relaciones directas o indirectas con ellos ni con organismos policiacos ni militares de los países invasores, que estuvieran en contacto y ayudaran a grupos u organizaciones falangistas del país, o de otra clase que prestan apoyo a los combatientes rebeldes, ni que hayan recibido para la propaganda política de su partido ayuda económica de los enemigos del Estado. En cambio se desprende de lo actuado que todos ellos tienen una marcada significación antifascista, que han contribuido con sus esfuerzos a la lucha contra la sublevación militar y que la actuación que queda expresada respondía únicamente al propósito de superar la República democrática e instaurar sus propias concepciones sociales.

HECHOS QUE DECLARAMOS PROBADOS.

SEGUNDO RESULTANDO: El Ministerio Fiscal en sus conclusiones definitivas estimó que los hechos procesales eran constitutivos de un delito de alta traición definido en el número sexto, último inciso, del artículo doscientos veintitrés del Código castrense, y penado en el párrafo primero del mismo artículo, relacionado con los números dos, tres y cuatro del Decreto de trece de febrero de mil novecientos treinta y siete y conexo con los delitos contra la seguridad de la Patria que tipifican y sancionan el número cinco del artículo doscientos veintiocho y párrafo primero del artículo doscientos treinta del citado Código, modificados por la ley de veintiséis de julio de mil novecientos treinta y cinco, y un estado de asociación ilícita del artículo ciento ochenta y cinco del Código Penal ordinario, en relación con el artículo quince de la ley de treinta de julio de mil novecientos treinta y siete, en cuyo estado se hallan incursos el Partido Obrero de Unificación Marxista y la Juventud Comunista Ibérica; que son responsables de dichos delitos en concepto de autores los procesados Enrique Adroher Pascual, Juan Andrade Rodríguez, Pedro Bonet Cuito, Julián Gómez García y Jorge Arquer Saltó, y como cómplice Daniel Rebull Cabré; y solicitó para los cinco primeros procesados la pena de treinta años de internamiento en campo de trabajo y para el Rebull la de quince años de la misma pena, costas, y que se decrete la disolución del Partido Obrero de Unificación Marxista, así como la de su filial la Juventud Comunista Ibérica, dando a los bienes de ambas asociaciones el destino legal. Retiró la acusación para el José Escuder Poves, interesando su inmediata libertad, para lo que el Tribunal libró el mismo día el mandamiento de libertad de este procesado.

TERCERO RESULTANDO: La defensa, al formular asimismo sus conclusiones definitivas, estimó que los hechos realizados por sus patrocinados no constituían el delito de que les acusaba el Fiscal ni ningún otro, por lo que interesó la libre absolución de los mismos.

PRIMERO CONSIDERANDO: Que con arreglo al Decreto de veintidós de junio de mil novecientos treinta y siete, es competente este Tribunal para conocer de aquellos actos u omisiones que tiendan a perjudicar gravemente la defensa de la República, el normal funcionamiento de sus servicios de guerra o civiles, quebrantar la disciplina social en grado susceptible de debilitar la autoridad del gobierno o la eficacia de sus resoluciones o que puedan comprometer los intereses o el prestigio de la República en sus relaciones internacionales, bien se encuentren aquellos específicamente comprendidos en la propia disposición, bien se trate de delitos definidos primeramente en cualesquiera otras leyes penales vigentes; y en este aspecto de fijar la jurisdicción del Tribunal, comprende en sus preceptos el conocimiento de las causas incoadas por
delitos que anteriormente fueran de la competencia de otra jurisdicción, siempre que las infracciones perseguidas sean susceptibles de producir los efectos antes expresados y sea cualquiera la fecha en que hayan ocurrido, ya que la legislación orgánica tiene en todo caso carácter retroactivo.

SEGUNDO CONSIDERANDO: Que por el contrario, los preceptos de carácter penal sustantivo contenidos en el mencionado decreto de veintidós de junio de mil novecientos treinta y siete, solo surten efectos retroactivos en caso de que favorezcan al reo y como en el presente caso no se da esa circunstancia y los hechos enjuiciados tuvieron lugar en fechas anteriores al veintidós de junio de mil novecientos treinta y siete, ha de acudirse para su calificación y sanción a las disposiciones penales vigentes en la fecha en que han acaecido.

TERCERO CONSIDERANDO: Que el Decreto-Ley de trece de febrero de mil novecientos treinta y siete no es de aplicación al caso de autos por cuanto define y sanciona de modo exclusivo actos de espionaje y de los hechos que se declaran probados no se desprende que los mismos puedan hallarse comprendidos en los números dos, tres y cuatro del articulo primero de la indicada disposición, por los que acusa el Ministerio Fiscal, ya que ni se trata de actividades realizadas con carácter secreto o reservado, ni existe auxilio de ninguna clase a organizaciones o grupos sociales sometidos a la influencia de Estados extranjeros que favorecen la guerra contra el gobierno legítimo, ni con el propósito de secundar designios de nacionales o extranjeros en armas contra la República se realizaron los actos objeto de sanción.

CUARTO CONSIDERANDO: Que los hechos relatados en el primer resultando son constitutivos de un delito de rebelión comprendido en el articulo doscientos treinta y ocho, número cuarto, del Código penal común, y sancionados en el articulo doscientos treinta y nueve de la propia disposición, en relación con el artículo noventa y uno del Decreto de siete de mayo de mil novecientos treinta y siete, ya que en su conjunto tendían a instaurar en Cataluña, y a ser posible en el resto de la España leal, un régimen político y económico distinto del actual, tratando de sustraer parte de la nación o toda ella de la obediencia al gobierno, y si bien los hechos violentos ocurridos en Barcelona fueron en su principio un movimiento espontáneo de núcleos para impedir que la autoridad legítima llevase a efecto sus determinaciones sobre incautación de la Telefónica, tal situación fue aprovechada y utilizada por alguno de los acusados para dar realidad a sus propósitos y cima a la labor preparatoria que venían realizando de sustituir el régimen constituido por el que propugna su partido, a cuyo efecto tomaron las disposiciones que creyeron pertinentes, y el alzamiento público fue ya de abierta hostilidad contra el gobierno constitucional hasta que, convencidos de la imposibilidad de conseguir sus deseos, depusieron su actitud y aconsejaron el cese de la lucha que sostenían en las calles de Barcelona y otras localidades los grupos obreros y la fuerza pública.

QUINTO CONSIDERANDO: Que este delito es de naturaleza formal y se caracteriza por el mero alzamiento hostil contra el gobierno constitucional para conseguir cualquiera de los objetos que determina la expresada disposición, bastando el alzamiento para la realización de la objetividad jurídica, aunque no se consume la objetividad ideológica, por lo que el tipo de delito existe aun cuando los medios de ejecución al alcance del agente promotor o director no sean potencialmente eficaces para el logro del fin perseguido o que de momento se utilicen tácticas que no parezcan encaminadas directamente al logro perseguido en espera de otros apoyos materiales o morales, siempre que el propósito y la intención de dirigir el levantamiento sea congruente con alguno de los objetivos expresados en el artículo doscientos treinta y ocho del Código penal.

SEXTO CONSIDERANDO: Que de dicho delito de rebelión son responsables criminalmente en concepto de autores los procesados Julián Gómez García, Juan Andrade Rodríguez, Enrique Adroher Pascual y Pedro Bonet Cuito, a los que debe estimárseles comprendidos en las sanciones determinadas en el artículo doscientos treinta y nueve del Código penal, en relación con el artículo noventa y uno del Decreto de siete de mayo de mil novecientos treinta y siete, porque si bien no iniciaron los actos violentos de que se trata, fueron promotores de su segunda fase y sostenedores de la misma y, por consiguiente, no solo los secundaron sino que los sostuvieron, tratando de encauzarlos hacia nuevos objetivos, dirigiéndolos en relación con los grupos que les eran afines políticamente y seguían sus órdenes, y con otros que igualmente acataban y respondían a éstas, tomando el alzamiento público en carácter de abierta hostilidad contra el gobierno con las miras de sus dirigentes, los referidos inculpados, se proponían, no ya de protesta contra la orden dada por el gobierno de la Generalidad, sino de restar a la autoridad del poder público la región catalana, apoderándose del gobierno de la misma.

SÉPTIMO CONSIDERANDO: Que es cómplice del mismo delito el otro procesado Jorge Arquer Saltó, porque si bien no tomó parte en los actos de violencia, cooperó a los mismos por actos anteriores, mediante su participación en campañas de prensa y demás actividades desarrolladas por el Comité ejecutivo de su partido, que tendían a preparar o a aprovechar para sus fines actos de rebelión contra el poder público.

OCTAVO CONSIDERANDO: Que no son de apreciar circunstancias modificativas de responsabilidad, si bien para graduar el arbitrio que concede al Tribunal el artículo noventa y ocho del Decreto-Ley de siete de mayo de mil novecientos treinta y siete es de tener en cuenta la ocasión en que los hechos tuvieron lugar, cuando el gobierno se hallaba en uno de los momentos más difíciles de la guerra y cabía temer se produjera como consecuencia de lo ocurrido perjuicio a la República, por naturales e importantes repercusiones en el orden internacional.

NOVENO  CONSIDERANDO: Que no habiendo tenido participación en los hechos el procesado Daniel Rebull Cabré, procede absolverlo libremente con toda clase de pronunciamientos favorables.

DÉCIMO CONSIDERANDO: Que retirada la acusación por el Ministerio Fiscal contra el procesado José Escuder Poves, debe ser absuelto libremente con toda clase de pronunciamientos favorables.

UNDÉCIMO CONSIDERANDO: Que por imperativo del párrafo segundo del artículo quinto de la Ley de treinta de junio de mil novecientos treinta y siete, la autoridad judicial deberá acordar la disolución de las asociaciones legalmente constituidas cuando dicte una sentencia sobre delitos cometidos en cumplimiento de los acuerdos de la misma, y como quiera en el caso de autos, las infracciones que se sancionan se realizaron por el Partido Obrero de Unificación Marxista y su filial la Juventud Comunista Ibérica, por determinación del organismo directivo, que era el Comité ejecutivo, es forzoso decretar la disolución de ambas agrupaciones.

VISTAS las disposiciones legales citadas y las de general aplicación. FALLAMOS:

Que debemos condenar y condenamos a los procesados Julián Gómez García, Juan Andrade Rodríguez, Enrique Adroher Pascual y Pedro Bonet Cuito a la pena de quince años de separación de la convivencia social para cada uno de ellos, como reos del delito de rebelión antes definido, y a Jorge Arquer Saltó a la de once años de separación de la convivencia social como cómplice del mismo delito, y los que deberán cumplir en campo de trabajo, accesorias de suspensión de oficio o cargo y de derecho de sufragio durante el tiempo de la condena, siéndoles de abono el tiempo de prisión sufrida; y asimismo debemos absolver y absolvemos a José Escuder Poves y Daniel Rebull Cabré del delito de que fueron acusados; póngase a éste inmediatamente en libertad, por estarlo ya el otro, si no estuviere privado de ella por otra causa o motivo, cursando al efecto el oportuno mandamiento al Sr. Director de la Prisión del Estado.

Se decreta la disolución de las asociaciones Partido Obrero de Unificación Marxista y Juventud Comunista Ibérica. Remítase testimonio por duplicado de esta sentencia al Tribunal Popular de Responsabilidades Civiles, para que determine las procedentes, y póngase en conocimiento del ministro de la Gobernación la disolución de las sociedades referidas a los efectos oportunos.

Así por esta nuestra sentencia, definitivamente juzgado, lo pronunciamos, mandamos y firmamos: Eduardo Iglesias Portal; Manuel Hernando; Ernesto Beltrán; Julián Calvo; J. M. Mediano Flores. Rubricados».







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