viernes, 12 de julio de 2013

EL GOBIERNO APROVECHA LA DESMOVILIZACIÓN VERANIEGA PARA INCREMENTAR LA REPRESIÓN




Publicado el por PDLD

Enfangado en el mayor escándalo de corrupción desde la transición, el PP se revuelve en su propia basura mientras, consciente de su aislamiento y descrédito, busca una salida a su deterioro interno reprimiendo la protesta social y disparando contra ella con toda su artillería de esbirros policiales y legales.

Aprovechando que la movilización y la lucha contra la destrucción de las conquistas colectivas han dado síntomas de cansancio y falta de perspectivas en los últimos meses, el gobierno de ultraderecha liberal aprovecha el período veraniego y vacacional que añade su propia dosis de desmovilización social.

Este verano va a pasar a la historia como el más cruento en cuanto a agresiones a las organizaciones que resisten a la incautación delictiva de lo público por parte del gobierno natural del capital.

En los últimos días hemos asistido a algunas violaciones de los derechos de manifestación, expresión e incluso información de las luchas sociales.

Hace tan sólo tres días dos periodistas – Blasco de Avellaneda, corresponsal de Periodismo Humano en Melilla, y Richard Mateos, de la valenciana Radio Malva- fueron detenidos acusados de estar haciendo fotos en ese momento del salto de la valla de Melilla por inmigrantes sin papeles, cuando la realidad es que al producirse su detención ambos periodistas estaban viajando en el coche del primero, el salto a la valla se había producido una hora antes y los equipos fotográficos  y de video iban dentro de una mochila en el asiento trasero del vehículo.

Es sabido que una parte de los periodistas entorpecen la acción policial al ser testigos indeseados de las brutalidades con las que los distintos cuerpos de las fuerzas de seguridad actúan contra los más débiles.  No todos los periodistas cumplen con la labor de informar en cualquier circunstancia. Otros rinden pleitesía de forma rastrera y babosa, como el señor Marhuenda, director de La Razón, que fue diputado autonómico del PP en el Parlament de Catalunya y jefe de gabinete del ministro para las Administraciones Públicas, Mariano Rajoy, y hoy ejerce de portavoz no oficial del Gobierno y de oposición indigna a todo lo que se oponga al mismo, por moderada que sea la forma en que lo haga.

En un Estado que fuese democrático montar una falsa acusación de delito –estar en la zona próxima a la valla que separa Melilla de Marruecos cuando se produce o se prevé un salto de sin papeles de la misma hacia el interior de la ciudad autónoma- debiera ser delito en sí mismo. Pero no somos ingenuos. El retroceso en las garantías democráticas es tan profundo desde hace más de año y medio en este país que el carácter de Estado democrático se desdibuja peligrosamente y a gran velocidad.

Por otro lado, raramente la brutalidad y la arbitrariedad de la acción policial se producen a iniciativa propia o de los mandos inmediatos de los agentes. Detrás de estos comportamientos están las Delegaciones del Gobierno y el Ministerio del Interior que miran para otro lado, mientras alientan tales actuaciones, siquiera por omisión e incluso defendiendo, arengando y disculpando tales acciones.

Días antes, en Pontevedra, los estafados por el escándalo de las preferentes recibieron una nueva tanda de multas con argumentos tales como no llevar puesto el cinturón de seguridad o tocar el claxon sin motivo justificado al manifestarse en coche.

Los preferentistas gallegos vienen sufriendo multas por manifestarse a pie desde el mes de abril, en unos casos bajo el argumento de no haber comunicado la realización de las manifestaciones y en otros a pesar de haberlo hecho.

Pero entre las multas más recientes se encuentra el absurdo y delirante caso de una anciana de 81 años, con problemas de movilidad (utiliza andador), que fue denunciada y multada por coacciones. El caso tendría su parte humorística si no demostrase el grado de encanallamiento y degeneración moral del partido del Gobierno en las instituciones gallegas.

El más sangrante de todos los casos lo hemos visto forjarse a lo largo del último año: la criminalización del SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores) y de sus principales dirigentes. Después de intentar arruinar al SAT a base de multas, con el fin de hacerle desistir de sus protestas, hemos ido asistiendo al proceso de criminalización social y político del sindicato a través los aparatos del Estado, el mundo judicial y la Brunete mediática de la derecha.

El pasado lunes se llamaba a Diego Cañamero a declarar ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) y, al negarse éste a asistir por lo que no consideraban ni él ni su sindicato un delito (la ocupación el pasado año de la finca Las Turquillas),  el miércoles era detenido, siendo puesto en libertad a las pocas horas, tras negarse a prestar declaración.

Por el mismo caso, ayer jueves  el Abogado del Estado pedía 2 años de cárcel para él y el alcalde de Marinaleda y diputado autonómico andaluz, Juan Manuel Sánchez Gordillo, junto a otros dos militantes del SAT, a los que considera cabecillas de la ocupación de Las Turquillas. Para otros 50 militantes de la organización sindical se piden 18 meses de prisión.

En paralelo el grupo ultraderechista “Manos Limpias” inicia una campaña de acoso y difamación contra Sánchez Gordillo y el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Marinaleda, por supuestos gastos municipales injustificados,  que cuenta con la difusión por la Brunete mediática (“el cascabel al gato” de 13tv, La Razón,…), apoyándose en la indecente denuncia del portavoz del PSOE en dicho ayuntamiento, Mariano Prados.

Aún recordamos muchos los ladridos de la caverna cuando el pasado verano 200 sindicalistas del SAT expropiaron 9 carritos de la compra cargados de alimentos en un supermercado de Mercadona para entregar su contenido a un comedor social.

Independientemente de la relevancia en sí misma de la acción o de su idoneidad, lo cierto es que el sindicato pretendía con esta acción poner el foco sobre el hambre que en Andalucía está produciendo esta crisis del capitalismo que no padecen los capitalistas sino la clase trabajadora.

De ahí que la caspa ultra pretendiera desenfocar la cuestión hacia una historia de bandolerismo, robo o acción grotesca y clamase por el sagrado respeto a la propiedad privada, el mismo respeto que permite la sustracción impune de lo público por mafiosos privados, con la ayuda de sus corruptos comisionistas políticos del PP.

Una última cuestión no debe pasársenos por alto. Nos referimos a la suspensión por el Tribunal Constitucional durante un período de cinco meses, sin duda con la intención posterior de una anulación definitiva, del decreto andaluz sobre desahucios.

Este decreto, que partió de la Consejera de Fomento y Vivienda de la Junta de Andalucía, Elena Cortés, de IU, en ningún caso ha sido una iniciativa de carácter revolucionario o bolchevique. Los referentes de la misma están en la legislación británica, danesa y de otros países europeos, nada sospechosos de ser partidarios de una economía de tipo socialista.

Más allá del alcance real de dicho decreto, de lo poco ambiciosos de sus presupuestos políticos (uso , nunca propiedad, que seguía en manos de los bancos antes embargantes durante un límite de dos años de viviendas a familias con una gravísima situación de exclusión social derivada de las pérdida de sus casas), lo cierto es que esta medida suponía reconocer de un modo real por parte delas instituciones políticas el derecho de las personas a una vivienda.

IU es una organización reformista y su pacto con el PSOE en el Gobierno de Andalucía sólo suaviza el grado de agresión a la clase trabajadora andaluza, siempre por comparación a las políticas que aplica el gobierno central del PP, aunque no por ello el pacto está dejando de aplicar medidas antisociales.

Pero ese grado algo menor de agresión a la clase trabajadora andaluza preocupa, por un lado, al gobierno del PP porque permite hacer comparaciones entre unas y otras políticas, por pequeñas que sean estas diferencias y, por el otro, al capital, pues aunque el decreto andaluz sobre desahucios nunca ha cuestionado la propiedad bancaria de las viviendas ocupadas por un período de dos años, supone tomar decisiones sobre las mismas que no quedan sólo en manos del capital “propietario”.

Precisamente por ese motivo la Comisión Europea y el Banco Central Europeo presionaban a la Junta de Andalucía y reforzaban el recurso presentado por el Gobierno español contra el decreto andaluz de antidesahucios  bajo el “argumento” de que el mismo “tendría un impacto negativo sobre la estabilidad financiera española en España y en la actividad del banco malo que gestiona los activos inmobiliarios (Sareb)”.

Es obvio lo ridículo que resulta afirmar que sólo 10 expropiaciones temporales puedan ser tan perniciosas para el inmaculado sistema financiero español. Lo que preocupa es el precedente que para una España de estructura territorial autonómica pudiera crear dicho decreto; no por revolucionario, sino por el pequeño grado de autonomía de la política sobre lo económico en un momento en el que la dinámica histórica va en sentido opuesto.

Del mismo modo en que a pesar de que la dación en pago es, en sí misma, reaccionaria porque justifica el “derecho” al desahucio y a la cobranza por los bancos de la deuda por encima del derecho humano a la vivienda a cambio de la cancelación de la deuda pendiente, la resistencia física y de movilización de las asociaciones de afectados por los desahucios (PAH y otras) implica un intento solidario de negarse desde la práctica a aquello que se reconoce en lo programático como legal.

Por ese motivo, los dos casos últimos, como todos los mencionados merecen nuestra solidaridad, si bien es necesario añadir la crítica a las insuficiencias de las propuestas meramente reformistas y respetuosas con lo que la legalidad burguesa plantea.

Dado que el capital y su gobierno rechazan de plano las medidas más moderadas y situadas dentro del orden constitucional del capitalismo es hora ya de poner desde las izquierdas la cuestión de la propiedad en el centro del debate, ya que no otra cosa han hecho tanto el capital como sus gobiernos desde el inicio de la crisis. Es hora de levantar frente al indiscutido derecho a la propiedad privada su refutación política, que no es otra que la abolición de dicha forma de propiedad en beneficio de otra forma superior, la p

ropiedad social y colectiva.

Y es hora de hacerlo también desde la defensa de nuestras libertades, las de la clase trabajadora, a manifestarse, protestar, expresarse y oponerse al desorden del actual régimen económico y político.

La criminalización de la protesta social que hoy hace “de facto” y “de iure”, amparado en viejas leyes, el gobierno del PP, muy pronto lo hará con las nuevas de un Código Penal que permitirá un incremento aún mucho más brutal de la represión.

Los hechos son tercos. La realidad ha venido a demostrar que no hay otro camino para oponerse al escenario de barbarie y descomposición social al que este gobierno del capital nos conduce que derribarlo.

Para ello son necesarias todas las fuerzas, sin sectarismos ni exclusiones, la más amplia alianza de las organizaciones políticas que se oponen a sus medidas salvajes y una movilización permanente que tumbe al actual gobierno e impida nuevos engaños y decepciones por parte de quienes puedan llegar a sustituirlo.

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