jueves, 9 de noviembre de 2017

Introducción del [libro] España Traicionada (Stalin y la guerra civil) Ronald Radosh, Mary R. Haberck (eds)




El 16 de julio de 1936, gran parte del cuerpo de oficiales del ejército español se alzó en armas contra el gobierno legítimamente elegido del Frente Popular. El golpe de Estado de los generales rebeldes no triunfó inmediatamente, sino que inició una guerra civil, un combate en el que simpatías y la solidaridad de millones de personas en todo el mundo se pusieron de un lado de otro. España, un país que se había visto durante siglos relegado a un papel secundario en la historia, se encontró de repente convertido en centro de la atención mundial. Sobre ella se concentró la política exterior de otros países y también el deseo de muchos voluntarios idealistas de acudir en ayuda de la República amenazada. Desde aquel momento, la guerra civil española se convirtió en algo más que un capítulo de la historia, en una alegoría de la necesidad de responder cuando las fuerzas de la tiranía intentan aplastar movimiento progresistas tendentes a la democracia, el cambio social y la libertad.

La importancia actual de la guerra civil española

La lucha por salvar a la República española se convirtió, de hecho, en materia de leyenda. Una vez que miles de bravos jóvenes, la mayoría de ellos organizados por los partidos comunistas de Occidente, se precipitaron hacia España para unirse a la batalla en defensa de la República, era inevitable que España llegara a ser símbolo de lo que más tarde se llamaría << la buena guerra>>, esto es, ese tipo de guerra en la que la gente honrada pretende derrotar a los poderosos enemigos de la democracia. El nuevo enemigo era, en este caso, el fascismo, el flagelo con que amenazaban al mundo Hitler, desde Alemania, y Mussolini, desde Italia. España estaba destinada a ser el primer país en el que se iba a enfrentar las tres grandes ideologías y sistemas políticos del siglo XX: democracia, fascismo y comunismo.

Según la convincente leyenda que nació con la derrota de la República y que se ha mantenido hasta hoy, Joseph Stalin y la Unión Soviética se pusieron al frente del esfuerzo para detener al fascismo en España. La Internacional Comunista (Comintern) dio a sus cuadros de todo el mundo la orden de reclutar inmediatamente voluntarios de los partidos comunistas nacionales para formar unidades militares que fueran a luchar junto al ejército republicano. Para esos jóvenes idealistas voluntarios, el conflicto español era una noble cruzada contra Hitler y Mussolini, y su marioneta española, Franco. Muchos años después, los voluntarios se describían a sí mismos, orgullosamente, como <<antifascistas de primera hora>>, aquellos que supieron por adelantado lo que el resto de Occidente no entendió hasta la entrada de Estados Unidos en la segunda guerra mundial. Los supervivientes de las Brigadas Internacionales definieron el esfuerzo por salvar la República como una de las más nobles y desinteresadas iniciativas del movimiento comunista internacional, bajo la égida de la Unión Soviética. La historia puede haber probado que Stalin fue uno de los peores tiranos y asesinos del siglo XX, pero en España, según esa leyenda, se puso del lado bueno y movilizó a su débil país y a sus aliados internacionales para salvar una república democrática.

Es esa presentación del significado de la guerra la que llevó al periodista e historiador Paul Johnson a comentar acertadamente que << no ha habido ningún episodio en los años treinta sobre el que se dijeran más mentiras que éste, y sólo muy recientemente han comenzado los historiadores a excavar en la montaña de falsedades bajo la que estuvo enterrado durante toda una generación>>. (1) De hecho, incluso cuando Johnson escribió esas palabras en la década de los ochenta estaba claro que para muchos intelectuales la guerra civil española era un motivo de celebración más que un territorio que explorar. Alfred Kaizin, uno de los críticos literarios estadounidenses más distinguidos, definió la guerra civil española como << la herida que no sana>>, y declaró a continuación que << los que destruyeron la República española serán siempre mis enemigos>>. (2) Para la gente de esa generación, la de España fue su guerra, la única causa noble que no podían dejar que escapara. El periodista Murray Kempton explicaba las raíces de esa convicción tan leal; provenía de <<un pequeño segmento de mi generación- escribía Kempton- que se sentía personalmente comprometido con la revolución>>. (3). Como Vietnam para los jóvenes hombres y mujeres de la Nueva Izquierda en la década de los sesenta, España, para quienes se hicieron adultos en los treinta, era un acontecimiento histórico que no precisaba ser reevaluado, que debía servir para siempre como fuente inagotable de inspiración.

La verdad, evidentemente, no es tan simple. La guerra civil española tuvo lugar porque las elecciones de febrero de 1936 pusieron de manifiesto un país dividido; la irresponsable actitud de sectores de ultraizquierda alimentó los propósitos de los generales insurgentes. Una vez estalló la guerra civil, ambos bandos fueron responsables de indecibles atrocidades. La intervención de Alemania e Italia impidió la derrota de Franco, incluso cuando la ayuda militar soviética concedió a la República medios para contrarrestar el avance inicial de las fuerzas de Franco.

El problema fue que la Unión Soviética exigió un alto precio a la República española por la concesión de esa ayuda militar. El historiador británico Gerald Howson ha suministrado abrumadoras pruebas que muestran hasta qué punto Stalin estafó a la República española. A partir de la amplia investigación de Howson, ya no se puede volver a afirmar que la Unión Soviética fue el baluarte de la lucha contra Franco. Por el contrario, Stalin defraudó a la República varios cientos de millones de dólares en su venta de armas mediante una hábil manipulación contable. Los soviéticos alteraron el precio de sus armas- cañones, aviones y tanques-, a fin de quedarse con las reservas de oro de España. Lo hicieron del siguiente modo: el tipo oficial de cambio era de 5´3 rublos por dólar, pero los rusos crearon un tipo de cambio especial que les resultaba más favorable para las armas que vendían a los españoles. Así, el tipo de cambio de 2´5 rublos por dólar para una ametralladora Maxim hacía que esa arma resultara casi dos veces más cara de lo que lo habría sido comprándola con oro en otro mercado. Por sólo dos aviones, Stalin recibió más de cincuenta millones de dólares de la República. Por añadidura, muchas de las armas suministradas eran antiguas e inútiles, y fueron entregadas con frecuencia sin municiones. Como escribe Howson, de todos los << timos, estafas, fraudes y traiciones que los republicanos tuvieron que aguantar, eses comportamiento trapacero de Stalin y los altos funcionarios de la nomenklatura soviética es con seguridad el más repugnante, el más pérfido y el menos defendible>>. Cabía esperar algo así de los enemigos de la República; pero, como escribe Howson, al defraudar al gobierno republicano español millones de dólares, <<manipulando secretamente los tipos de cambio al establecer los precios para los artículos que les estaban suministrado>>, los soviéticos << traicionaban cuanto decían defender>>. (4)

Por otra parte, el precio político que pagaron los republicanos por la ayuda soviética fue el factor determinante de su derrota final. A cambio de la ayuda militar, Stalin exigió la transformación de la República en un prototipo de las llamadas democracias populares que se iban a establecer tras la segunda guerra mundial en el centro y este de Europa. Además de generales y pertrechos, Stalin envió la policía secreta soviética (la NKVD) y la inteligencia militar (el GRU). El GRU estableció prisiones secretas, llevó a cabo asesinatos y secuestros, y funcionó con sus propias reglas y leyes, independientemente del gobierno republicano. Hace ya años, uno de los primeros desertores soviéticos de la NKVD, Walter Krivitsky, aseguraba que <<parecía que la Unión Soviética tenía cogida a la España leal por el gaznate, como si ya fuera un dominio soviético>>. (5) Durante años, el informe de Krivitsky fue considerado poco fiable, sospechoso por provenir de un desertor; pero con el paso de las décadas, los historiadores han llegado al convencimiento de que sus contundentes afirmaciones eran esencialmente correctas. (6) El historiador británico E.H.Carr, cuyas simpatías estuvieron siempre de parte de la Unión Soviética, escribió en su último libro, publicado póstumamente, que la República española se había convertido en << lo que sus enemigos afirmaban de ella, la marioneta de Moscú>>. (7)

Las obras más recientes sobre la guerra civil dejan claro, por tanto, que la Unión Soviética, que controlaba la participación de los voluntarios izquierdistas europeos en la guerra, tenía motivos heterogéneos, si no del todo siniestros, para ayudar a los republicanos. Esa opinión tampoco es nueva: muchos autores expusieron hace ya tiempo que la Unión Soviética, actuando en gran medida a través de la Comintern y de la policía secreta, manipulaba para sus propios fines a la República española. Subsistía, no obstante, la dificultad de aportar las pruebas de esas alegaciones sobre las intenciones soviéticas durante la guerra. Hasta ahora dependíamos de unos pocos documentos que habían hecho públicos miembros de la Comintern, alguna documentación d los archivos españoles y las memorias de los participantes. Aunque muchos se referían al papel soviético, faltaban pruebas directas que cubrieran la intervención de la URSS en España. En 1991 y 1992 comenzaron a abrirse archivos soviéticos  hasta entonces cerrado, con lo que se hizo posible investigar de nuevo aquel período. Por primera vez, todo un conjunto de registros dedicados a la guerra civil española salieron a la luz en los archivos militares del Estado ruso. La búsqueda en eses y otros depósitos de Moscú, dio a conocer un nuevo lote de importantes documentos de la Comintern, del Politburó y de los servicios de espionaje.

La importancia de ese nuevo material es enorme. Ahora disponemos, por primera vez, de pruebas que demuestran lo que muchos habían sospechado desde el comienzo de la guerra civil española: que Stalin prendió, desde un principio, controlar los acontecimientos en España y manipular o impedir la extensión de la revolución social allí iniciada. Por medio de funcionarios militares, de los servicios de inteligencia y del Comintern, Moscú intentó dominar y dirigir la economía, el gobierno y las Fuerzas Armadas española. Evidentemente, a Stalin no le fue fácil hacer que prevaleciera su criterio, y tuvo que afrontar la oposición de gobernantes como el jefe de gobierno Francisco Largo Caballero y otros miembros más moderados del Frente Popular. A los consejeros soviéticos enviados a Madrid les resultó más difícil de lo que esperaban imponer su voluntad a la República española; pero empleando la potencial ayuda como chantaje virtual, esos hombres consiguieron, finalmente, poner en práctica casi todas las decisiones importantes que dictaba Moscú y apartar del poder a los españoles que trataron de oponerse.

Algunos historiadores contemporáneos han intentado contradecir esas conclusiones. El historiador británico Tin Rees, por ejemplo, ha argumentado que, en realidad, la Comintern, y por tanto la Unión Soviética, era<<incapaz de conseguir un elevado nivel de control sobre el PCE [Partido Comunista de España] y, por consiguiente, sobre los acontecimientos en los que mediara>>. Está de acuerdo con la evolución política general de la República tal como la han delineado la mayoría de historiadores, pero defiende con energía que los soviéticos no ejercían ningún tipo de << dirección central>> y que el PCE actuaba por su cuenta, buscando simplemente el respaldo de la Comintern para sus decisiones. El análisis de Rees se asemeja al de los historiadores revisionistas del comunismo americano, para quienes el PCA estaba compuesto por militantes que respondían a las condiciones locales y no hacían mucho caso de las instrucciones que les llegaban de la Unión Soviética y de la Comintern. La afirmaciones de Rees sobre <<la ausencia de mando impositivo de la Comintern>> queda rebatida por el material documental contenido en estas páginas. Mediante el flujo regular de los documentos MASK, (8), ahora descodificados, cruzados entre la Comintern y el PCE en el verano de 1936, y a la intervención sobre el terreno de los funcionarios soviéticos y agentes de la Comintern, la influencia y el control soviético sobre el partido comunista español era casi total. La afirmación de Rees, por ejemplo, de que la brutalidad mostrada por los cuadros del PCE en la <<campaña para liquidar al POUM se debía más a sentimientos autóctono que al dedicado de Moscú>> es ya, a la luz de la enorme cantidad de pruebas en contrario, simplemente indefendible. (9)

Hasta la aparición de este nuevo material de archivo, los autores que escribían sobre la guerra civil española tendían a caer en dos grupos, los que seguían la interpretación de Rees y los opuestos a ella. Para percibir mejor el contraste podemos tomar como ejemplo la obra de dos autores: el distinguido historiador británico Paul Preston, (London School of Economics)  autor de muchos libros y artículos sobre la guerra, cuya obra más conocida, publicada en 1986. Es La guerra civil española: 1936-1939, (10) y el historiador y periodista Burnett Bolloten, quien de joven cubrió la guerra para la prensa estadounidense y luego dedicó el resto de su vida a un profundo estudio académico sobre el papel de los comunistas en España. La obra clásica sobre el papel de los comunistas en España. La obra clásica de Belloten, completada poco antes de su muerte, apareció en 1991 bajo el título La guerra civil española: revolución y contrarrevolución. (11) Examinando esas dos obras históricas, los lectores pueden comprobar inmediatamente que sus autores, pese a respetar las normas académicas tradicionales de presentación, se vuelca sobre el tema desde puntos de vista preestablecidos. Preston, en la edición revisada más reciente de su importante obra sobre la guerra, deja claras sus simpatías desde el comienzo, cuando dedica su libro a <<los hombres y mujeres de la Brigadas Internacionales que lucharon y murieron combatiendo al fascismo en España>>, y manifiesta abiertamente su afinidad con la versión comunista de los acontecimientos. No por eso su obra deja gran valor, pues refleja un profundo conocimiento de las investigaciones más reciente sobre la guerra. Cuando analiza la política exterior de Stalin y sus razones para la intervención en el conflicto, Preston respalda el consenso histórico de que <<Stalin ayudó a la República española, no pasa acelerar su victoria, sino más bien para prolongar su existencia lo suficiente como para mantener a Hitler ocupado en una costosa aventura>>. (12)

Cuando Preston se vuelca sobre la política interna e la República, sin embargo, su inclinación en favor de los moderados del Frente Popular le lleva a calumniar a gente que avala una interpretación diferente. Una de las cuestiones centrales que dividían a la República y a los oponentes a Franco era si había que hacer la guerra para preservar una república de clase media o para desencadenar una revolución social; de ahí se derivó la tensa pugna entre los comunistas y los socialistas moderados, por un lado, y los anarquistas y los revolucionarios del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), por otro. Preston, sin embargo, escribe que ese debate fue propiciado durante la guerra fría de <<difundir la idea de que fue la asfixia estalinista de la revolución lo que llevó a la victoria de Franco>>, y denuncia además, sin pruebas, que las obras que defiende ese punto de vista<< fueron patrocinadas por el Congreso por la Libertad de la Cultura, financiado por la CIA para propagar esa idea>>, de lo que se derivó <<una alianza poco santa entre anarquistas, trotskistas e impulsores de la guerra fría>>. La retórica en la que se embarca este historiador muestra un notable parecido con las insidias y ataques lanzados por la Unión Soviética y el PCE contra sus enemigos ideológicos en lo más crudo de la guerra civil. Cuando menos, esa acusación tiende a suspender los análisis y el debate, desacreditando las interpretaciones contrarias como armas de la guerra fría, y elude la cuestión de si responden o no a la verdad. (13)



Bolloten, en cambio, ha escrito el informe más completo hasta el momento de cómo los comunistas fueron alcanzando la hegemonía en la República. A diferencia de otros investigadores, sostenía que en España se había iniciado una revolución social, que como dice Stanley Payne en la introducción a la gran obra de Belloten, era verdaderamente <<pluralista>> y profunda. Mientras que desde fuera se veían los acontecimientos como <<una pugna entre democracia y fascismo>>, Bolloten (y Stanley Payne) los entendía como algo de mayor sustancia, una guerra vinculada a la revolución que estalló dentro de la zona republicana. El propósito de los comunistas, según las tesis que Bolloten desarrolla con todo detalle, era el de ir ampliando gradualmente su poder y ganar influencia sobre el ejército, la policía y el aparato político. Esa tesis central de su obra- cuya primera versión apareció en 1961- llevó a algunos a decir que Bolloten intentaba, <<de algún modo, impugnar o manchar la causa republicana>>. Como indica Stanley Payne, aunque Bolloten refuta la acusación franquista de que ya en 1936 existía un complot comunista para derrotar a la República, se le llegó a acusar de haber escrito su obra por encargo de la CIA, precisamente la acusación que Preston todavía repite. (14)

Si esa discusión indica algo, es que la Guerra civil Española sigue siendo hasta hoy una cuestión muy cargada. Es historia, pero para quienes la escriben y para quienes mantienen un vínculo político o romántico con aquellos acontecimientos se trata de algo todavía vital y por lo que vale la pena luchar. Hay una cuestión primordial que los historiadores enfocan de forma diferente, según sus simpatías políticas. ¿Acertaron los comunistas y la Unión Soviética al mantener que la única salida era ganar primero la guerra, o bien el POUM y los anarquistas tenían razón cuando afirmaban que la única forma de ganar la guerra era desarrollando una auténtica revolución social? Los historiadores responden a esta pregunta de dos formas. En primer lugar, veamos de nuevo lo que dice Preston: <<La cuestión tenía que ver, en definitiva, con la primera otorgada a la guerra o la revolución. En el planteamiento defendido por Partido Comunista, el ala derecha del Partido Socialista y los políticos republicanos burgueses, había que ganar primero la guerra si es que se quería dar a la revolución cualquier posibilidad de triunfar más tarde. Para la anarcosindicalista CNT, el más o menos trotskista POUM y el ala izquierda del PSOE, la revolución proletaria era en sí misma la condición esencial para la derrota del fascismo. Después de 1939, los republicanos españoles se hundieron en amargas polémicas. La posición avanzada por los comunistas y sus aliados era que en la guerra civil española se había enfrentado el fascismo y una república popular democrática y antifascista. Según esa opinión, los movimientos revolucionarios populares era un estorbo que no sólo obstaculizaba la tarea central [….], sino que también amenazaba con descargar sobre la cabeza de la República una alianza de las democracias conservadoras de Occidente con las potencias del Eje. La posición contraria era [que] sólo una revolución proletaria a gran escala podría destruir el capitalismo que engendraba el fascismo>> (15)

La explicación que da Preston de las diferencias entre el planteamiento que hacían de la guerra los comunistas españoles y el que hacían los revolucionarios está escrita de tal modo que el lector solamente puede llegar a una conclusión: que la única posición sensata era la adoptada por Moscú y el Partido Comunista de España. Aunque admite que los comunistas eludían el dilema planteado por el hecho de que el arma principal de la República, el <<entusiasmo popular>>, tendía a desvanecerse en la medida en que aquélla parecía defender únicamente los intereses de la clase media acomodada, objeta que las fuerzas revolucionarias ignoraban la situación internacional y el poderío militar convencional de las fuerzas franquistas. Presto reconoce que, cuando la República perdió al final la guerra, fue fácil para las fuerzas revolucionarias derrotadas- el POUM, los anarquistas y los trotskistas- argumentar que si la República no se hubiera plegado a la estrategia comunista sus tropas podrían haber vencido. Sostiene, sin embargo, que las pruebas demuestran que los comunistas estaban acertado, y apunta a la <<indiscutible percepción de los comunistas de que una vez que el alzamiento se había convertido en una guerra civil, la primera prioridad tenía que ser la de ganar la guerra>>. (16)

Otros investigadores han puesto en cuestión ese planteamiento. Robert Alexander, por ejemplo, se enfrenta directamente a eses análisis: <<Cabe pocas dudas de que eses incansable esfuerzo por establecer en la España republicana una réplica de la Unión Soviética estalinista socavó en gran medida la moral de quienes luchaban y trabajaban por la causa republicana. Crear una situación en la que gran número de oficiales y soldados republicanos temían más a los estalinistas que tenían cerca que a los soldados de Franco, que estaban al otro lado de las trincheras, no estimulaba precisamente la voluntad de aquellos soldados de luchar contra los rebeldes. Dado que la mayoría de los miembros de las fuerzas republicanas eran obreros y campesinos que habían participado en un grado u otro en la revolución al principio de la guerra, el afán estalinista de aplazar esa revolución no podía sino contribuir negativamente el esfuerzo de guerra. Del mismo modo, esos esfuerzos planteaban dudas cada vez más turbadoras a los obreros y campesinos de la retaguardia sobre si valían la pena sus sacrificios en aquella lucha >>. (17)

La presente colección de documentos ofrece nuevos y a veces sorprendente datos que arrojan luz sobre esos otros aspectos controvertido de la Guerra civil Española. Los archivos confirman por lo general la visión de los acontecimientos defendida por el grupo de historiadores que incluye especialistas destacados como Víctor Alba , Antony Beevor, Burnett Bolloten, Pierre Broué y Emile Térmime, E.H.Carr, Gabriel Jackson, Stanley y Stephen Schwrtz. Durante muchos años, trabajando independientemente, esos investigadores han estudiado las equivocas maniobras de la Unión Soviética en la República española durante la guerra civil. Que nuestros descubrimientos apoyen los resultados de su investigación sólo ahonda nuestro respeto por quienes consiguieron tanto sin tener acceso a la información de la que ahora disponemos.

Los documentos que ofrecemos también arrojan luz sobre muchos episodios discutidos de la guerra. Esto se refiere, por ejemplo, al momento de la petición republicana de ayuda a la Unión Soviética; la guerra civil dentro de la guerra civil(los acontecimientos de mayo de 1937 en Barcelona); el ascenso y caída de las Brigadas Internacionales; el funcionamiento internó de la Comintern y su influencia en España, y muchas otras cosas. Los lectores encontrarán numerosos documentos que detallan la implicación de los principales dirigentes soviéticos, incluidos Voroshilov y Stalin, así como de importantes figuras de la Comintern, en el desarrollo de los acontecimientos en la República española. Los documentos incluidos aquí cubren todo el espectro de la intervención política diplomática, militar y económica de los soviéticos en España. Nos muestran lo que pensaban los dirigentes soviéticos sobre su implicación, cómo entendían su papel en la guerra y qué futuro preparaban para España.


                                              Kliment Voroshílov al lado de Stalin.

El aspecto más importante de estas pruebas documentales no es tanto el de las revelaciones, sino más bien la comprensión más completa de la participación soviética y de la Comintern en la guerra y la política de la República española que proporcionan esos documentos. Como algunos historiadores sospechaban desde hacía tiempo, queda demostrado que los consejeros de Moscú intentaban de hecho sovietizar España y convertirla en lo que habría sido una de las primeras democracias populares, con una economía, ejército y estructura política de tipo estalinista. Pero los documentos revelan también una incompetencia hasta ahora desconocida por parte de muchos consejeros soviéticos, cuando trataban de influir y, en definitiva, controlar el gobierno republicano. Del mismo modo, los discursos e informes de los funcionarios de la Comintern, aunque demuestra su deseo de establecer un control total sobre el Partido Comunista de España, también revelan los problemas que se encontraron. A fin de cuentas, los documentos sugieren que los soviéticos consiguieron tanto en España, no gracias a una abrumadora eficiencia, sino más bien porque eran más competentes y estaban más unidos que sus desdichados oponentes.

De algún modo, pues, este volumen se incorpora a un campo más amplio de trabajo, que se ha ido haciendo público a finales del siglo XX: obras que intentan dar sentido al papel que desempeñaron en él el comunismo y la Unión Soviética. Dos libros recientemente publicados establecen en particular la misma conexión entre el significado del comunismo y la guerra civil española que se plantea en este volumen. Ambos han despertado gran interés, sobre todo en Francia, donde el movimiento comunista goza de un prestigio ganado en la Resistencia durante la segunda mundial. Uno de ellos, El libro negro del comunismo: crímenes, terror, represión, editado por Stéphne Courtois y un grupo de distinguidos autores de izquierda, intentaba un análisis a escala mundial del efecto del comunismo en diferentes países, presentado una convincente semblanza del fenómeno como intrínsecamente <<malvado>>. El otro, del desaparecido historiador francés François Furet, El pasado de una ilusión: ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX, es un extenso y pormenorizado estudio de ese gran historiador de la Revolución francesa, miembro en otro tiempo del partido comunista, que aquilata el impacto del comunismo en todo Occidente y en su vida intelectual.

Las provocadoras consideraciones sobre las relaciones entre el comunismo y la guerra civil española que ofrecen esos libros se ven confirmadas por los documentos recogidos en este volumen. En un breve pero profundo y excepcional resumen de la tempestuosa cronología de la República, Furert ofrece una sobria evaluación del propósito de Stalin, que era, según escribe, <<poner a la España republicana bajo la égida soviética y convertirla en un “amigo de la URSS”, expresión que implica dejar en su lugar a la burguesía mientras fuera pro soviética>>. Como explica Furet, eses objetivo era tanto defensivo como ofensivo, y podía servir <<bien como base para negociones en caso de un retroceso, o como una oportunidad para llevar adelante una revolución al estilo soviético del tipo de las que tuvieron lugar en Europa central y oriental después de la segunda guerra mundial>>. Furet observa que aunque la presión ejercida por los comunistas pudo unificar la organización militar, también destruyó los fundamentos del auténtico antifascismo español. Con el aplazamiento de la revolución popular, la destrucción del POUM, el enfrentamiento con las alas prietista y caballerista del partido socialista, <<la llama de la República española se había extinguido>>. Furet insiste en que el pacto de no-intervención era una farsa; para él, la política occidental permitió a los soviéticos chantajear con mayor facilidad a los republicanos. Pero la lógica antifascista en Moscú era falsa; su versión del antifascismo <<llegaba hasta matar la energía republicana con el pretexto de organizarla, del mismo modo que comprometía la causa republicana pretendiendo defenderla>>. Las concepciones soviéticas de la solidaridad y el antifascismo <<ocultaban siempre la aspiración al poder y la confiscación de la libertad>>. (18) Stéphne Courtois y Jean-Louis Panne ofrecen un análisis parecido en su ensayo El libro negro del comunismo. El objetivo de los comunistas, según escribe, <<consistían en ocupar más y más puestos en el gobierno republicano para dirigir su política de acuerdo con los intereses de la Unión Soviética>>. Su ensayo, no obstante, se concentra deliberadamente en los feos detalles de la brutalidad de la NKVD en España, durante su prolongado esfuerzo por aniquilar a todos los elementos designados como <<contrarrevolucionarios>>, especialmente a los anarquistas y a la dirección del POUM. Mostrándose de acuerdo con Furet, concluyen que <<la intervención de Moscú pretendía únicamente promover los intereses soviéticos, arguyendo que era esencial para luchar contra el fascismo>> El verdadero objetivo de Stalin <<era tomar el control sobre el destino de la República. A eses fin, la liquidación de la oposición de izquierda a los comunistas-socialistas, anarcosindicalistas, POUMistas y trotskistas- no era menos importante que la derrota militar de Franco>>.(19)


Reconforta comprobar que se va haciendo realidad la esperanza de Paul Johnson de que las mentiras y la ofuscación que rodea la historia de la guerra civil española salgan, por fin, a la luz del día. Esperemos que nuestro libro forme parte de este proceso y se una a los Furet y Courtois, así como a los Víctor Alba, Stephen Schwartz y Rober Alexader. Al proporcionar a la siguiente generación de investigadores los instrumentos necesarios para examinar el papel de la Unión Soviética y del comunismo en España, los documentos ofrecidos en este libro ayudarán a refrenar la tendencia a convertir aquel conflicto en una leyenda de los tiempos modernos. Tal vez fuera cierto, como  escribía Furet, que <<la historia de la guerra civil española fue cubierta con un manto de silencio y mentiras que se mantuvo durante todo el siglo XX>> (20), pero gracias al material que hemos encontrado en los archivos de Moscú, así como a las obras pioneras de los autores que hemos citado, en el nuevo siglo ese ocultamiento ya no es posible.



(2) Alfred Kazin, << The Wound That Will Not Heal>>, New Republic, 25 de Agosto de 1986, pp. 39-41

(3) Murray Kempton, Part of Our Time, Nueva York, Dell, 1955, p. 317

(4) Gerald Howson, Arms for Spain: The Untold Story of the Spanish Civil War,  Londres John Albermarle, 1998 pp. 146-152, 251 [ Armas para España: la historia no contada de la Guerra civil Española, Barcelona, Península, 2000]; cf Neal Ascherson, <<How Moscow Robbed Spain of Its Gold in the Civil War>>, Observer, Londres, 27 de septiembre de 1998

(5) Walter G. Krivitsky, In Stalin´s Secret Service, Nueva York, Haarper, 1939, pp. 102-107, 291.


(6) Veáse por ejemplo, Burnett Bolloten, The Spanish Revolution: The Left and the Struggle for Power During the Civil War, Chapel Hill, University of North Carolina Press, 1979, p. 110 [La Revolución Española, Barcelona, Grijalbo Mondadori, 1979]; Howson, Arms for Spain, pp. 208-217; Hugh Thomas, The Spanish Civil War Londres, Eyer and Spottiswood, 1961, p.263 [La Guerra civil Española (1036-1939), Barcelona, Grijalbo Mondadori, 10º ed., 1999]; cf. Thomas The Spanish Cvil War, ed. Rev., Londres, Penguin, 1965, p. 337, en la que escribe que << el testimonio de Krivitsky debe darse por bueno en general>>.

(7) E.H. Carr, The Comintern and the Spanish Civil War, Nueva York, Pantheon, 1984, pp. 31, 44.

(8) Los documentos MASK eran los mensajes secretos codificados descifrados por el servicio secreto británico durante los años de la guerra, equivalentes a los documentos de Verona descodificados por los estadounidenses. Aquí aparecen tal como fueron recibidos y transmitidos por la inteligencia británica a la Nacional Security Agency.

(9) Tim Rees, <<The Highpoint of Comintern Influence. The Communist Party and the Civil War in Spain>>, en Tim Rees y Andrew Thorpe, eds., International Communism and the Communist International. 1919-43, (Manchester, Inglaterra, Manchester University Pres, 1998, pp. 144-165.

(10) Paul Preston, The Spanish Civil War: 1936-39, Londres, Weidenfield and Nicolson, 1986 [La guerra civil Española. Barcelona, Plaza Janés, 1987].

(11)  Burnett Bolloten, The Spanish Civil War. Revolution and Counterrevolution, Chapel Hill, University of North Caralina Press, 1991 [La Guerra civil Española: revolución y contrarrevolución, Madrid, Alianza Editorial, 1997]

(12) Paul Preston, A Concise History of Spanish Civil War, Londres, Fontana, 1996, p.108.

(13) Ibid., 4.Preston se manifiesta resueltamente conforme con la argumentación del PCE, cuando escribe (p.173): << Contra todo queda en pie la indiscutible apreciación de los comunistas, los republicanos burgueses y los socialistas moderados de que una vez que el alzamiento se había convertido en una guerra civil, la primera prioridad tenía que ser ganarla.>>

(14) Stanley G. Payne, << Prólogo>> a Bolloten, The Spanish Civil War, pp.XI-XIV.

(15) Preston, A Concise History of the Spanish Civil War, pp. 171, 172

(16) Ibid, p.173.

(17) Robert Alexander, The Anarchists in Spanish Civil War, Londres, Janus, 1999, pp. 1.028, 1029.

(18)  Francois Furet, The Passing of an Illusion: The Idea of Communism in the Twentieth Century Chicago, University of Chicago Press, 1999, pp. 245-265 [Le Passé dúne illusion: Essai sur lídée communiste au XXe siècle, París, Robert Laffon  Calmann- Lévy, 1995; El pasado de una ilusión: ensayo sobe la idea comunista en el siglo XX, Madrid, Fondo de Cultura Económica de España, 1995.

(19) Stéphane Courtois y Jean-Loui Panne, <<The Shadow of the NKVD in Spain>>, en Stéphane Courtois et al., The Book of Communism: Crimes, Terror, Represssion, Cambridge, Harvard University Press, 1999, pp. 333-352 [Le livre noir du communism: Crimes, terreur, repression, París, Robert Laffont, 1997; El libro negro del comunismo, Barcelona, Editorial Planeta, 1998.

(20) Furet The Passing of Illusión- p.261








Índice

Agradecimientos   9

Introducción         11

Trasfondo histórico   25

Notas sobre los documentos   31

Abreviaturas y acrónimos   33

CAPÍTULO UNO.1936       35

Moscú y la Comintern montan la escena   35

Primeras maniobras políticas    49

Intervienen los soviéticos    53

Los consejeros inician su trabajo    56

Ilya Ehrenburg    58

André Marty     67

Vladimir Gorev   93

Vladimir Antonov- Ovseenko   109

Iosif Ratner     125

Artur Stashevsky   129

Los consejeros y las purgas    134

Los soviéticos instan a los catalanes a mantenerse firmes  137

La guerra civil española y el espionaje   140

Las Brigadas Internacionales   145

CAPÍTULO DOS. 1937    149

El comienzo de un nuevo año     149

Luchas internas entre facciones     165

Se agrava el conflicto interno     197

Barcelona: guerra civil dentro de la guerra civil    220

El gobierno Negrín y la guerra contra el POUM    262


El declive de las Brigadas Internacionales    290

El GRU, los consejeros soviéticos y el control del ejército republicano  320

El año toca a su fin   440

CAPÍTULO TRES. 1938-1939     497


Armas para España   497

La desintegración de las Brigadas Internacionales    507

El problema de Negrín    581

Resumen final y una nota a pie de páginas   585

Notas   599

Índice onomástico   615




Walter Germanovich Krivitsky. La mano de Stalin sobre España.


Julio Álvarez del Vayo




Víctor Alba. La revolución española en la práctica. Documentos del POUM


Víctor Alba. Sobre el frente único proletario, documentos complementarios.


[El marxismo en España (1919-1939)] Historia del BOC y del POUM




El fascismo y el papel de la Internacional Comunista y el PCE durante la Guerra Civil española


Marcel Rosenberg




The Spanish Civil War, the Soviet Union, and Communism.



Stanley G. Payne



Reiner Tosstorff. Andreu Nin como líder del POUM.


Vida, obra y muerte de Andreu Nin



Notas de lectura del libro (El POUM: Revolución en la Guerra Civil Española) de Wilebaldo Solano



Indalecio Prieto El destino del oro del Banco de España


Prólogo o introducción de Pelai Pagés, del [libro] La Revolución Española, día a día (1936-1937) de Juan Andrade


Algunos capítulos del [Libro] El POUM en la historia (Andreu Nin y la revolución española)


Primera campaña de difamaciones y calumnias, en la que se identificaba al POUM con el fascismo internacional, se intensificó desde finales de 1936 y en los primeros meses de 1937



George Orwell explica en una carta de 1944 que revela por qué había Escribir 1984


Timothy Garton Ash y Bernard Crick ,los voceros del capital, los que han difundido, lo de George Orwell era anticomunista, chivato, agente de la CIA , entre otros,  los mismos descalificativos utilizan los estalinistas, entre otros muchos es,  Albert Escusa, y el que afirma que George Orwel plagió la obra de Nosotros los rojos de Yevgueni Zamiatin y que era anticomunista, chivato, agente de la CIA.


Orwell y la polémica con el estalinismo



José Ignacio Torreblanca y Timothy Garton Ash entre otros, son voceros y lacayos de los capitalistas (George Soros)





Timothy Garton Ash

Ganó el Premio Orwell de periodismo en 2006.7



La UE encarga artículos sobre la crisis a Soros y Garton Ash

Como los médicos, pero menos



Creación acelerada de un Consejo Europeo de Relaciones Exteriores

24 DE OCTUBRE DE 2007 


George Orwell delató a 38 simpatizantes comunistas en los años de la guerra fría



Bernard Crick
Crick nació en Inglaterra y se educó en la Whitgift School , University College London y la London School of Economics (LSE) para su doctorado (1950-52). Comenzó a enseñar en Harvard y enseñó en McGill antes de regresar a Gran Bretaña y la LSE en 1956, donde enseñó durante 11 años.



El proceso contra el POUM (Un episodio de la Revolución española)



El terror estalinista en Barcelona 1938 (Agustín Guillamón)



El POUM en la ilegalidad bajo Negrín



Joaquín Maurin. No soy un trotskista, pero... 1 de mayo de 1936.



Discurso de Andrés Nin en la reunión de la Juventud Comunista Ibérica, Gran Premio, Barcelona, 30 de enero de 1937


Juan Andrade. España en poder del estalinismo


Notas de lectura del libro (El POUM: Revolución en la Guerra Civil Española) de Wilebaldo Solano


Juan Andrade Apuntes para una historia del PCE



Guy Hermet: Los comunistas en España


Como se gestó la pinza, entre Julio Anguita y José María Aznar. El lado fascista de Julio Anguita y de Pablo Iglesias.


Julio Anguita, elogiado en la CIA



La CIA desvela que Santiago Carrillo defendió la permanencia de las bases de EEUU en España en 1975



El origen del concepto de Frente Popular o Frente interclasista



Frente Popular o Frente Único Proletario y el Populismo de Podemos


Reiner Tosstorff . Nin y la Internacional Sindical Roja: un esbozo




Los casos de uso de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en el extranjero, 1798-2015. Instances of Use of United States Armed Forces Abroad, 1798-2015.





















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